Isabella… grato reencuentro
Llevaban más de dos décadas sin verse, pero el deseo no había envejecido. Cuando Isabella le abre la puerta de su casa, Lunatacas sabe que su matrimonio está condenado y que esta noche, el pasado va a cobrarlo todo.
Isabella… grato reencuentro
Durante mi época universitaria sostuve una relación amorosa con una compañera de estudios, fueron poco más de 2 años, la pasamos bien, adictos al sexo, en todo momento y lugar, de lunes a domingo, gratos recuerdos me vuelven a la mente, lamentablemente todo tiene su final y de un momento a otro, Isabella me termino y no me brindo la oportunidad alguna, pero eso quedo en el pasado.
Isabella, era una alumna aplicada, con arduo entrenamiento se volvió adicta al sexo oral, ufffff, las artes mamatorias fueron su especialidad, al comienzo no quería tragarse mi esencia, poco a poco le fue tomando el gusto y degustaba mi esencia con entero placer; nuestros encuentros furtivos entre semana se resarcían los domingos, ya que ese día nos juntábamos para tener el mejor sexo posible, ella empezaba con el felatio y no se detenía hasta que me venía en su boca, ufffff, para continuar con una larga jornada sexual, explorando y profanando sus tres agujeros.
En fin, ella terminó la termino sin opción a reclamo, lo que me dejo con la espina clavada en la garganta; ella termino primero la carrera y no la volví a ver por muchos años, sabia de ella por nuestros amigos en común, pero nada más, pasaron los años y la encontré ya casada y con hijos, en mi caso, recién me había casado y esperaba mi primera hija, apenas cruzamos palabras y seguimos en lo nuestro.
Isabella, es bajita, roza el 1.58 m, ojos achinados y negros, no es un guapa, pero su sonrisa lo compensaba todo, dientes perfectos, cintura marcada, regular trasero, piernas torneadas; su detalle que más resaltaba era la forma como se le marcaba el monte de Venus cuando usaba shorts o leggins, ufffff, que tal bulto que se le marcaba, de busto mediano y apetecible, es una chola siluetona.
Debido a que tenía que resolver unos temas laborales en Cajamarca, viaje por unos días, en el aeropuerto me encontré con un colega y charlamos durante todo el viaje, quedamos en que por la noche nos juntaríamos con otros amigos para tomar un par de cervezas, de la oficina no me habían confirmado donde me quedaría, pero no me hacía problemas, ya que conozco bien la ciudad, mientras tanto fui en búsqueda de un buen desayuno.
Estaba tomando un segundo café, cuando recibo una llamada del cliente, indicándome si podía acercarme a la brevedad a su oficina, ya que tenían una contingencia y si podía adelantar la reunión, termine y me dirigía a la reunión.
La premura del tiempo nos daría una chance para poder ingresar al site y empezar cómodamente el proyecto, me indicaron la sala donde nos reuniríamos, conecte mi laptop y probe el proyector, una asistente me acerco un café y al cabo de unos minutos llegaron los representantes de la minera, grande fue mi sorpresa cuando entre ellos, estaba Isabella, sus chinos ojos se abrieron, su rosto se ilumino y una gran sonrisa dibujó su rostro; se acercó con los brazos abiertos mi reacción fue rodearla con mis brazos, sentí sus labios besar mi mejillas y poco falto para que la cargue en vilo, pero me contuve.
- Lunatacas, ¿cómo estás?
· Bien, ¿cómo estas tú?
- ¡Que grata sorpresa!
· Sorpresa para ambos.
Nuestro abrazo fue eterno, pude percibir buenas vibras, sentir su cuerpo pegado al mío trajo varios flashes de recuerdos a mi mente, fue interrumpido sutilmente por uno de los asistentes a la reunión.
Todo fue viento en popa en la reunión y el cliente quedo contento con la propuesta, aun tendríamos un par de reuniones más para poder afinar detalles y definir el inicio de la movilización del personal.
Una vez terminada la reunión, guarde mis cosas, Isabella se acercaría para conversar; pero noto mi carry on.
- ¿Lunatacas dónde estás hospedado?
· Aun no lo he visto.
- ¿Cómo es eso?
· Acababa de bajar del avión cuando me avisaron del cambio de horario de la reunión.
- Ok, ¿puedo sugerirte algo?
· Claro
Isabella me ofreció cortésmente en darme cabida en su casa, ya que sus hijos estudian en Lima y esta divorciada hace ya tiempo, indicándome que la compañía le caería bien, la idea no me parecido desatinada, al fin de cuentas me aseguraba una buena conversa.
Sin más nos fuimos hacia su casa, me mostro el cuarto donde me quedaría y que descanse mientras ella salía a atender unos temas, a su retorno preparó algo para comer, nos pusimos a conversar mientras almorzábamos.
El resto de la tarde la dedicamos a recordar las cosas vividas en la universidad y demás anécdotas; y que era de la vida de los demás chicos que estudiaron con nosotros, amena conversa tuvimos, cayendo la noche, mi amigo me llama para confirmar la asistencia y acepte. Le indique a Isabella de la situación y que me acompañe, de paso que cenábamos algo en la ciudad, acepto y me fui a cambiar.
Salimos a un conocido restaurante, donde ya nos esperaban otros colegas, departimos gustosos y recordamos vivencias de obras pasadas, a eso de las 22:00 horas, terminamos la reunión, ya que la mayoría tiene que madrugar para trabajar, situación común en minería. Al final solo quedamos Isabella y yo, conversando un rato más:
· No quiero ser mala influencia, pero supongo que tienes que descansar, ya que mañana te levantarás temprano.
- ¿Ah?, no para nada, estoy de vacaciones.
· Menuda sorpresa, entonces podemos seguirla.
- Claro.
· Hace mucho tiempo que no vengo a Cajamarca, ¿dónde podemos tomar un trago?
- Para eso, tengo un bar bien surtido, así que tenemos para escoger.
Regresamos a su casa y me ofreció una cerveza, continuamos con la tertulia, reímos con cada recuerdo y anécdotas varias, después de un largo rato nos despedimos para ir a descansar.
Descansé tranquilamente y desperté temprano, me aliste y al escuchar el llamado de Isabella, me acerque a la cocina para degustar un buen desayuno.
- Lunatacas, buenos días.
· Buenos días.
Isabella señalo la encimera donde había varias cosas para degustar y la cafetera, serví dos tazas y degusté lo ofrecido Aquí las cosas se tornaron algo extrañas.
- Nunca, volvimos a vernos después de la ruptura.
· Así es, nunca dejaste que me acerque a ti.
- No pasaba por un buen momento.
· Peso, ya no importa.
- Es el pasado.
· Afirma, es cosa del pasado.
Mientras hablaba se acercó a mí, ya con su rostro cerca al mío, cerrando los ojos, entendí claramente lo que quería y no evite el beso, fue tierno, al punto que su respiración se entrecorto, la levante en vilo para sentarla sobre la encimera, le abrí su polera para descubrirle las tetas han pasado más de 25 años desde la última vez que estuvimos juntos, y me parecieron igual de apetitosas, recordé la fijación que tenía por su seno izquierdo y lo acaricie suavemente, ufffff, esto acelero más su respiración, me lo lleve a la boca y comencé a succionarlo, saboreando, mi mente voló a aquellas épocas, ella se dejó llevar; mientras ella me halaba los cabello suavemente; pero la conexión fue interrumpida por una llamada a mi celular, tuve que atenderla, me notificaban que tendríamos otra reunión en una hora, el celular de Isabella también sonó y le indicaron lo mismo, ambos nos soltamos y fuimos a alistarnos para la reunión.
Dicha reunión sirvió para ajustar detalles, esta vez tuvimos la participación de mi gerencia vía teams, dejando prácticamente el terreno listo para el inicio de la operación.
Invite a Isabella a almorzar fuera y esta vez el silencio fue el común denominador, regresamos a su casa y toda la tarde estuve en una reunión virtual, salí al patio para fumar un cigarrillo y veo que se había quedado dormida en el sofá de la sala, la observe mientras fumaba.
Regresé a la habitación para para atender la seguidilla de reuniones que tenía programadas, como a las 20:00 hora fui en su búsqueda, al pasar por la sala note una frigobar de esos que son para guardar vinos, saque uno y lo descorche, encontré un par de copas y fui en búsqueda de Isabella, la encontré en el estudio, revisando su laptop, le pase la voz, pero ni me hizo caso, me percate que tenía los audífonos puestos, así que me acerque para que me vea, ofreciéndole una copa de vino, al levantar su mirada se retiró los audífonos, acepto la copa y esbozo una gran sonrisa.
· Salud por el gusto de verte después de tanto tiempo.
- Salud por el mismo gusto.
- Lunatacas, aun te debo una explicación.
· No me debes nada.
- No, en serio.
· Mira ha pasado tanto tiempo, que ya no es relevante.
Acabamos la botella de vino, entre risas y demás, el alcohol ayudo a desinhibirnos, cada anécdota recordada era motivo de risa, hasta que llegamos al tema sexual, recordamos lo bien que la pasábamos los domingos:
- Que buenos polvos que nos dábamos.
· Si, eran buenos.
- Éramos jóvenes.
· Si, muy jóvenes; la pasamos bien.
- Vivimos nuestro momento.
· ¡Y qué momentos!
- ¿Te arrepientes?
· Para nada, tienen un lugar especial en mi mente.
- Estas seguro de eso.
· Como que me llamo Lunatacas.
- ¿Quieres revivirlos?
La tome por las manos y la hale hacia mí, para besarla, ella correspondió ipso facto, me abrazo y metió la mano entre mi pantalón, la levante en vilo y la posicione en el escritorio, abrí su blusa, libere sus tetas del brassier y ataque su seno izquierdo, succionado su pezón suavemente, saboreándolo otra vez, luego atendí su otro seno, ufffff, su mano sequia masajeando mi ariete, unos minutos chupando y succionando sus pezones, lamiendo las aureolas y besándola, la hice que apoye su espalda en el escritorio, baje su pantalón de buzo, ella colaboró sacándose las zapatillas, ya en calzón pude apreciar su mata de vellos, sobresalían a la prenda, Isabella levanto las caderas para ayudar a que retire el interior, una vez fuera lo olí (como era mi costumbre con ella), ese olor a hembra en celo me trajo los más gratos recuerdos, procedí a lamer una de sus piernas, oler su vulva y seguir lamiendo la otra pierna, hasta que mi lengua entro en contacto con sus labios mayores, ahhhhhh, ahhhhhh, ahhhhhh – exclamaba Isabella, mi lengua empezó la profanación de su vulva y alrededores, mordisqueando y succionando, lamiendo y saboreando, degustar su sabor después de tantos años, era algo inesperado, más cuando mis dedos separaron sus labios y entre el capullo apareció ese botón rosado, brioso y lustroso lo atendí debidamente, ahhhhhh, Lunatacas, ahhhhhh, ¡qué bien se siente!, ahhhhhh – sus gemidos comenzaron a retumbar en el estudio, mientras sus manos acariciaban mi cabello y me halaba hacia ella, como queriendo que mi lengua la penetre más.
Fueron momentos eternos y gratos, mi único objetivo en ese momento brindarle el mayor placer posible, al punto de que mi lengua sintió los estragos de esta acción, por mi mente pasaban flashes de recuerdos, ufffff, mi ariete quería acción y ya no podía más, así que lo libere, acomodándola, ubique la cabeza de mi ariete en la entrada de esa hermosa y encharcada vulva, y ella sola se la clavó, ahhhhhh, Lunatacas, ahhhhhh, ¡qué rico se siente!, ahhhhhh – gimoteaba Isabella, terminando de clavarla el vaivén empezó suave para seguir aumentando el ritmo, jalándola por las caderas, para que queden al aire y pueda acomodarla a mi antojo.
Isabella, se manoseaba las tetas, con la espalda arqueada, ufffff, me percate de eso en el reflejo del espejo, por un momento la imagen proyectada era de dos jóvenes de 20 años cachando a sus anchas, ufffff, mi mente me volvió a traicionar, sentía el calor de su vulva, por momentos no se sentía fricción por la gran lubricación propia de la acción, los movimientos de cadera de Isabella eran mejor de lo que recordaba (obviamente años de casada no son por gusto), ahora la tenía por la cintura y ella me rodeaba con sus piernas, ahhhhhh, Lunatacas, ahhhhhh, ¡muévete!, ahhhhhh, ¡cáchame!, ahhhhhh, soy tu mujer, ahhhhhh – frases que eran comunes cuando estábamos juntos.
Una llamada a su celular interrumpió la acción, ella la atendió, mientras yo seguía en lo mío; entendí que hablaba con sus hijos y por más que contenía los gemidos, sus ojos achinados los cerraba al tiempo que mordía sus labios para evitar delatarse, fue de locura esa escena me hubiera gustado tener una cámara para preservar esa situación.
Minutos después, yo estaba por venirme, mi espalda comenzó a reflejar el recorrido de la descarga; pero Isabella lo notó y me empujo con una mano, para liberarse, seguía al teléfono, esta acción espanto mi descarga, de un salto se bajó del escritorio – me empujo hacia el sillón, terminó de desvestirse, su mano me invito; antes de ir por ella termine de desvestirme.
Isabella se recostó sobre el escritorio, introdujo sus dedos en su vulva para luego llevarlos a mi boca degustando sus jugos otra vez, luego bajaron recorriendo mi torso hasta atrapar mi ariete lo masajeo suavemente, se agacho para engullirlo, ufffff, que tal mamada que me propino, como ella sabía hacérmelo, dedicando mucho tiempo al glande, su ávida lengua recorrió cada centímetro, succiona mis testículos uno a uno y ensalivaba mi escroto, ufffff, haciéndolo una y otra vez, llevándome al éxtasis; me sorprendió cuando se lo trago por completo, varias gargantas profundas, demostraban sus intenciones era hacerme venir y que le deje mi esencia en su boca, pero en ese momento mi plan era otro, antes de que logre su cometido me libere en un rápido movimiento haciéndola que se apoye contra el escritorio, la levante, ella rodeo con sus piernas mi cintura, mi ariete encontró la entrada de su vulva, de un envión la penetre, ufffff, dando rienda suelta a un mete y saca descomunal, ahhhhhh, Lunatacas, ahhhhhh, ¡muévete!, ahhhhhh, ¡cáchame!, ahhhhhh, soy tu mujer, ahhhhhh – una larga exhalación y luego un largo ahhhhhh, me hizo recordar que había alcanzado su primer orgasmo,
Isabella se desparramo sobre el escritorio, dejando caer algunos adornos al piso, seguí bombeando con fuerza y velocidad, ahhhhhh, espera, ahhhhhh, estoy sensible, ahhhhhh – haciendo caso omiso, seguí en lo mío, luego de un bombeo constante, alcanzó su segundo orgasmo; me salí, la tome por la cintura y la acomode mirando a la mesa, dándome la espalda y haciendo que empine el trasero, embarre mis dedos con sus jugos vaginales y los introduje en su arrugado ano, dejándolo lubricado; para luego poner mi glande y pujar un poco; ella reclamo; pero fue en vano – ahhhhhh, ¿qué haces?, auchhhh, ten cuidado, auchhhh, hace tiempo que no lo hago, auchhhh, duele – se quejaba Isabella; ensartada hasta la mitad, pujaba, cuando de repente reculo, clavándose todo mi ariete, ufffff, ¡muévete!, Lunatacas, ¡muévete!, auchhhh – empecé con un vaivén suave, ella empezó a manosearse el clítoris, ufffff, esa escena no se me borrara de la mente.
Isabella se entregó a la profanación anal, una parte de mi ariete era estrangulada por su esfínter, ufffff, que sensación indescriptible, de a pocos empecé a bombear, lentamente, dejando que su esfínter se acostumbre al invasor, incrementando el ritmo de las penetraciones; ¡no seas tosco!, auchhhh, ¡eres un bruto!, auchhhh, ¡despacio!, auchhhh, despacio que me duele, auchhhh, Lunatacas, auchhhh, despacio – exclamaba Isabella, empinando más el trasero para que la profanación sea más profunda, sin dejar de dedearse.
Disfrutaba del ano de Isabella, en cada embestida apretaba las nalgas, ufffff, que delicia, que bien se siente, después de muchos años volver a gozar de ella, más aún en momento de mi vida que no esperaba este acontecimiento, Isabella estaba tomada por la cintura, con sus respectivas nalgadas, acompasamos nuestro ritmo, ahora el estudio retumbaba con: ahhhhhh, Lunatacas, ahhhhhh, que bien se siente, ahhhhhh, sigue así, ahhhhhh, no te detengas, ahhhhhh, soy tu mujer, ahhhhhh – gemía Isabella.
Isabella conocía las artes anales y vaya sorpresa, ajustaba de buena manera, ufffff, sus caderas se movían acompasadas, me miraba ahora su otra mano amasaba sus tetas, el espejo nuevamente fue cómplice y colaborador de nuestro accionar, no tarde mucho tiempo en sentir la electricidad recorriendo mi espalda para terminar con una serie de descargas en mi ariete que terminarían inundándole el ano: gózalo, amor, gózalo, tienes todo el derecho, ahora mi culito es tuyo, siempre fue tuyo – exclamaba Isabella, sin dejar de moverse como si estuviera ordeñándome, ufffff, que tal llegada, sentí que me salió una enorme cantidad de semen, quise salirme, pero no me dejo agarro mis manos e hizo que le amase las tetas, un par de minutos y se señaló el sillón, recuperando la respiración. Ambos sudorosos y extasiados por el momento vivido, sentada sobre mis piernas nos besamos apasionadamente:
- Esta te la debía, acabas de terminar en mi culito.
· Fue algo que estaba pendiente entre nosotros.
- Me duele, pero no me importa, hace tiempo que no lo hacía por ahí.
· Que rico culo tienes, siempre me gusto.
- ¿Te gusta?
· Claro que sí.
Nos besamos largo rato, luego Isabella saco un pañito húmedo y me limpio, para luego engullirse mi ariete sin compasión, dejándome listo para la acción nuevamente, el segundo round empezaría con Isabella sobre el sillón en 20 uñas, su lasciva mirada dijo todo, me acomode tras ella y tomándola por la cintura, ella guio mi ariete para penetrarla, ufffff, esa vulva hervía, jugosa, ajustada, el meneo de sus caderas hacían que darle de perrito sea una grata experiencia, recordar el sonido mi pelvis chocando contra sus caderas, ufffff, las reculadas que daba, ufffff, dedicamos largo rato en las variantes habidas y por haber del perrito, ella alcanzaría un nuevo orgasmo en esta posición, embadurne con sus jugos vaginales su arrugado ano y la clave, ahhhhhh, eres un tramposo, ahhhhhh, te aprovechas de mí, ahhhhhh – acaso no te gusta, respondí – yo no he dicho eso, ahhhhhh, sigue, ahhhhhh, no te detengas, ahhhhhh – gimoteaba mi enculada Isabella.
Me pidió cambiar la posición, ella se sentó sobre mí, dirigió mi ariete a su arrugado ano, siiiiiii, ahhhhhh, qué rico, ahhhhhh, dicho esto comenzó a cabalgar lentamente, luego subía y bajaba, mientras yo tomaba sus tetas para apretarlas y llevarlas a mi boca, ufffff, la estábamos pasando muy bien.
Sentía el roce de sus labios completamente abiertos y por momentos apreciaba su clítoris henchido, ufffff, visión más que placentera, sincronizamos la máquina de meter y sacar, al cabo de unos minutos, alcanzamos juntos el clímax, quedando desplomados sobre ese mudo testigo.
Al recuperar la respiración, nos besamos y levantándola en vilo la lleve a su habitación, la gran cama fue testigo de una sesión más de sexo.
Por la mañana, Isabella me sorprendió con una gran mamada, esta vez no me dejó liberar y termine llenado su boca con mi esencia, ufffff, luego que degusto y trago mi esencia, sin dejar que se escape gota alguna, continuo con un interminable beso blanco.
- Lunatacas, hace mucho tiempo que no la pasaba también por atrás.
· No te creo.
- A mi ex, no le gusta ir por ahí.
· No sabe lo que se pierde.
- Si pues, era medio huevón para eso.
- Sabes algo…
· ¿Qué cosa?
- Fuiste mi primer hombre, te llevaste mi virginidad completa, me desvirgaste toda.
· Si, lo sé.
Y ahora reapareces después de muchos años y me vuelves a dar parejo por todos lados. Mientras hablaba no dejaba de pajearme y estas palabras lograron su objetivo, al notarlo se montó sobre mí y comenzó una cabalgata que termino con un clímax mutuo, esta vez llenando con mi esencia su peluda y apretada vagina.
- Ahora sí.
· ¿Sí, qué?
- Mis tres huecos recibieron tu leche.
· Como es los viejos tiempos.
- Así es, ahora soy tu mujer otra vez.
· Lo agradezco.
Cerramos la sesión con apasionados besos, la semana estuvo cargada de sexo, la pasamos genial sin reparo alguno, cabe acotar que mi relación con Daniela estaba en el limbo, ya no viajaba a Trujillo, ahora mi nuevo destino era Cajamarca y obviamente me quedaba con ella.
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