Mi mujer se disfrazó de Harley Quinn
La oscuridad del cuarto oscuro solo se rompe en breves instantes, pero esos segundos bastan para que él vea a su esposa siendo devorada por manos ajenas. No es solo observación; es una invitación a perder el control. Mientras ella se entrega al caos, él descubre que su propia excitación no reside en la posesión, sino en la renuncia.
- Pues sí que hay gente – me dijo R con tono de excitación.
Acabábamos de entrar al cuarto oscuro de un local liberal y ella estaba apoyada de espaldas a unos barrotes que la separaban de dos sombras cuyas manos se perdían en su cuerpo. La oscuridad del lugar solo se veía interrumpida por alguna escasa ráfaga de luz tenue que iluminaba a mi mujer cada cierto tiempo. Esa breve fracción de segundo me permitía ver las dos coletas, la cazadora, la camiseta y el pantaloncito que completaban su disfraz de Harley Quinn mientras tres manos recorrían su anatomía y una cuarta parecía penetrarla con sus dedos.
- Me han metido un dedo en el culo – me susurró mi esposa al oído mientras me entregaba su cazadora. Tenía calor.
Me alejé un poco y un nuevo rayo de luz me permitió entrever cómo R apoyaba su cabeza en los barrotes y se dejaba llevar por esas manos que la acariciaban, por esos dedos que la penetraban y vi también cómo empuñaba dos pollas, una en cada mano, masturbándolas.
Mi morbo me llevó a volver a acercarme a ella y levanté su camiseta exponiendo su sujetador y a continuación levanté este liberando sus pechos. Tenía los pezones durísimos y rápidamente recibieron la atención de esas manos sin rostro que disfrutaban de su cuerpo. No me detuve ahí y de un tirón le bajé el pantaloncito que llevaba y a continuación las braguitas. Al hacerlo pude entrever cómo unos dedos volvían a trabajar su depilado coño y su culo, tal como ella me había dicho.
Mi vista se había acostumbrado algo a la oscuridad y ya podía reconocer bultos y algún movimiento, pero eran esas breves ráfagas de luz tenue, las que permitían ver a mi esposa con los párpados cerrados, el pantaloncito y las bragas por las rodillas y con la camiseta y el sujetador subidos hasta el cuello mientras varias manos profanaban su cuerpo, sus pechos, su coño y su culo, mientras su cadera se cimbreaba ligeramente por el placer que estaba recibiendo, mientras sus manos aferraban las pollas duras de dos desconocidos y las meneaba a un ritmo pausado. Esas instantáneas se superponían a los gemidos de placer de mi mujer y a las imágenes de la cultura popular que me venían a la cabeza: la bella siendo devorada por la bestia, la protagonista siendo alcanzada por sus perseguidores... pero aquí solo había placer. Mi esposa se corrió así, manoseada por varias manos, con su coño y culo penetrados por varios dedos. Era algo primitivo, atávico. Y me excitaba.
No sé cuánto tiempo llevábamos así cuando a mi izquierda escuché como uno de los hombres que disfrutaban de mi mujer lanzaba un gruñido y poco después se apartaba. Se había corrido. Su lugar fue ocupado por otro y mi esposa empezó a masturbar una nueva polla. El deseo de aquellos hombres por mi mujer era tan denso que casi se podía palpar. Y se lo decían. Le pedían follársela, besarla en los labios, ir a una habitación, le decían todo tipo de guarradas... R decía a todo que no pero a la vez contra esos barrotes se dejaba hacer de todo mientras seguía masturbando dos pollas con sus manos, una de ellas la más gorda que había tocado nunca, tanto que su mano cerrada apenas abarcaba la mitad de su circunferencia.
Volvió a correrse y esta vez se alejó de los barrotes mientras se recolocaba la ropa.
- Vámonos – me dijo saliendo del cuarto oscuro dejando atrás a aquellos dos hombres con sus pollas fuera.
El repentino cambio de luminosidad me hizo daño en los ojos. La seguí mientras se dirigía a un lavabo.
- Voy a limpiarme, tengo semen en la mano – se disculpó mientras el agua y el jabón corrían entre sus dedos.
Hasta ese momento la noche había sido tranquila. Habíamos llegado a la fiesta disfrazados, R de Harley Quinn y yo de Joker. Si bien los dos disfraces estaban muy conseguidos era el de mi mujer el que causaba sensación, con una cazadora, una camiseta y un pantaloncito exactamente iguales a los que vestía Margot Robbie en las películas. Hasta en las dos coletas la había imitado, aunque castañas en el caso de mi esposa. Música, bebida, pronto mi mujer se animó.
- Vamos al cuarto oscuro – me dijo.
Yo la seguí de nuevo a esa habitación, procurando mantenerme cerca de ella. Se dio la vuelta y se apoyó en los barrotes. Intuí más que vi que miraba en mi dirección.
- No parece haber nadie – dijo mi mujer, y cambiando el tono de voz siguió -. Pues sí que hay gente – exclamó excitada mientras las manos de dos desconocidos empezaban a recorrerla.
Tras eliminar todo rastro de esperma de sus manos y secarse volvió a ponerse la cazadora y me llevó hasta una habitación cercana. Ya habíamos estado en ella en otra ocasión, era una pequeña habitación decorada únicamente con una cruz de San Andrés, una cruz en forma de aspa para quien no la conozca, habitual para juegos BDSM. Pero R ignoró la cruz y tras cerrar la puerta con cerrojo se puso de rodillas delante de mí, bajó la cremallera de mi pantalón y de mis calzoncillos extrajo mi polla, ya bastante dura en ese momento. Sonriéndome se la metió en la boca y empezó a chupármela.
Ni que decir tiene que llegado ese punto yo estaba excitadísimo y tenía la polla a reventar. Los labios de R envolvían mi pene procurándome un enorme placer. Cerré los ojos hasta que unos golpes en la puerta me sacaron de mi ensoñación. Nos estaban viendo a través de una celosía que tenía la habitación y querían entrar.
- ¿Quieres que abra? - le pregunté a mi mujer. Los dos sabíamos lo que pasaría si abríamos esa puerta: uno o más hombres entrarían con intención de follársela.
- No, no abras – me contestó sacando mi polla de su boca por un momento.
Volví a concentrarme en mi placer. R metía y sacaba mi pene de su boca, lo lamía, y jugaba con él. Los golpes en la puerta regresaron pero los ignoramos y finalmente pararon. Mi erección no se bajaba pero los dos sabíamos que no me iba a correr así. Así que mi esposa se detuvo y se levantó mientras yo introducía mi polla de nuevo en el pantalón.
- Vamos a buscar un sitio más cómodo – me dijo sonriendo.
Salimos de la habitación y apenas nos habíamos alejado cuando un hombre, que no llegaría a 30 años, se acercó a R y le preguntó dónde estaban los aseos. Mi mujer se lo dijo pero en vez de marcharse inmediatamente entabló conversación con nosotros. Intuí que era el autor de los golpes en la puerta y que había estado esperándonos. Dándonos palique no desaprovechó la oportunidad de decirle a mi esposa si le gustaba y si tenía alguna oportunidad. Mi mujer miró hacia mí pidiendo mi opinión y le dije que como ella prefiriese.
- Vale – le contestó R.
Mi mujer nos quiso llevar a alguna de las habitaciones del local pero todas estaban ocupadas así que tras recoger unas toallas en las taquillas se dirigió a una de las zonas comunes. Era la primera vez que estábamos allí. Se trataba de una amplia zona abierta y acolchada donde ya follaban dos parejas mientras varios hombres y mujeres observaban. Los tres nos dirigimos a un espacio un poco alejado donde extendimos las toallas y empezaron a besarse y acariciarse.
Nuestro invitado (le llamaré D), iba bastante acelerado mientras que mi mujer se dejaba llevar desnudándose los dos. De los besos pasaron pronto a que D se echase y a que R cogiese su polla y tras masturbarle para endurecérsela le colocase un condón con la boca para iniciar una mamada. Con las prendas desperdigadas a su alrededor recuperé la cazadora de Harley Quinn y se la entregué a mi mujer. Ella detuvo su felación lo justo para enfundarse de nuevo la cazadora y proseguir. Su sonrisa me decía claramente que le había excitado la propuesta. Inclinada sobre él no podía ver su rostro, solo sus dos coletas en una cabeza que subía y bajaba, una chaqueta de colores brillantes que cubría su espalda hasta la cintura, y a partir de ahí la desnudez de un culo que incitaba a besar, acariciar, morder, azotar, castigar...
D se incorporó y esta vez fue mi esposa quien se echó boca arriba, solo con la chaqueta puesta que dejaba entrever con el movimiento sus pechos y sus pezones. Nuestro invitado empezó a masturbarla primero con un dedo y luego con dos y mi mujer se retorcía de placer bajo esos dedos. Pero D tenía prisa por follársela. Aprovechando la posición no tardó en subirse encima de ella y penetrarla con su polla.
De ahí pasaron a que R se montó encima de él cabalgándolo, lo que aproveché para acariciar primero y azotar después sus nalgas, y para, a continuación, en esa misma postura, deslizar un dedo en su culo como ya habían hecho esa noche. Mi dedo entró limpiamente, sin ninguna dificultad. Su ano sencillamente se había abierto al contacto de la punta de mi índice, como si ansiase esa penetración, y el dedo se había introducido hasta el nudillo, lo que provocó un gran gemido de R. Me pasó por la cabeza que ese era el momento de probar una doble penetración que hasta entonces nunca habíamos llegado a practicar. Pero volvieron a cambiar de postura y la oportunidad pasó. Remataron con ella a cuatro patas, sus tetas colgando pero cubiertas por la tela de la cazadora que caía a ambos lados de su cuerpo, mientras él bombeaba su coño hasta que alcanzaba el orgasmo. Mi mujer ya lo había hecho dos veces.
Una vez satisfecho D se apartó y mi esposa se volvió hacia mí, brillante por el sudor.
- Ahora te toca a ti – me dijo.
Durante la follada yo me había desnudado. De mi disfraz de Joker solo quedaba el maquillaje de mi rostro. Y mi polla dura apuntaba hacia ella. Con su chaqueta de Harley Quinn, con el maquillaje corrido en su rostro y sus dos coletas se inclinó sobre mí y metió mi pene en su boca, acariciándolo y dando comienzo a una nueva mamada. Poco después le devolvía el favor comiéndole el coño, un coño especialmente abierto esa noche, hasta que se corrió en mi boca. Entonces se quitó la cazadora, le daba mucho calor. Ya completamente desnudos los dos separó las piernas y me subí encima de ella penetrando su coño a pelo. Notaba la humedad y el calor en su sexo, en su cuerpo... La miraba y me miraba y nos besábamos mientras mi polla entraba en ella una y otra vez. Gemíamos y volvíamos a ser los dos, dejábamos atrás a Harley y al Joker y nos encontrábamos de nuevo como R y V. Y entonces escuchamos no muy lejos de nosotros a una mujer gritando bajo el sonido de unos azotes.
- ¡Sí! ¡Fóllame así! ¡Fóllame más! ¡Dame más fuerte!
Y en respuesta a un hombre.
- ¡Toma! ¡Toma más! Te gusta, ¿eh? ¡Qué puta estás hecha!
Miré a R a los ojos sin dejar de follarla.
- ¿La escuchas? Una que es tan puta como tú – le susurré sonriendo.
- Nadie es tan puta como yo – me contestó devolviéndome la mirada.
Noté cómo el orgasmo me llegaba. Me aparté y mi semen se derramó sobre su pubis y abdomen.
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