Mi vecina me domina (58 Final)
Sara siempre supo que su madre era débil. Ahora, con el cepo cerrado y el látigo en la mano, la humillación es solo el comienzo. ¿Estás listo para ser su perro, o prefieres que empiece con ella?
Así pasaron los días. Paula y Sara se turnaban para estar en el piso. Los clientes iban en aumento solicitando todo tipo de servicios que obedientemente cumplíamos nosotros. Sara dejó también su trabajo, al igual que había hecho Paula. La economía de ambas aumentó considerablemente a juzgar por la ropa y los complementos que llevaban.
Paqui, ¿cómo estás?
Muy bien esclavo. ¿Y tu?
También. Estamos cumpliendo nuestro sueño y me siento muy feliz de pertenecerles. El hecho que tu hija se haya convertido en tu ama, ¿cómo lo llevas?
Pues aunque es muy humillante estar sometida a tu propia hija y ser tratada por ella como una vulgar puta a su servicio me hace sentir lo que soy, una perra sumisa. Perdona, tengo un servicio.
Hola mamá, hoy vas a venir conmigo. Sígueme puta perra.
Paqui fue tras ella tirada de la correa por su hija Sara. Entraron a la habitación que tenía la cruz y el potro.
Hija mía, por favor. No me destroces, te lo suplico.
Cállate puta y obedece. Ponte en el cepo.
Sara colocó a su madre en el cepo le amarró bien los brazos y las piernas dejando su cara fija al cerrarlo.
¿Creías que me iba a dedicar yo a ti? Que equivocada estás. No me mereces. Solo quiero ver cómo te emputecen para mi placer. Hay fuera un grupo de hombres que van a hacer de ti una auténtica puta y perra. Voy a hacerles pasar.
Entraron a la habitación un grupo de dos hombres y dos mujeres. Paqui sintió el nerviosismo de no saber lo que le esperaba. Sara sentada en el sillón se encendió un cigarrillo y fue dando las órdenes a cada uno del grupo.
Tu Luis, follatela bien fuerte, quiero que la llenes de leche.
Luis la tomó por la cadera y le insertó su gran polla sin miramientos. Mientras, Sara ordenó a una de las mujeres, Carmen, que le escupiera y abofeteara la cara mientras la follaban.
Tu, Selena, ya puedes azotarla.
Selena tomó un látigo y comenzó a azotarla sin piedad. Sus ojos se llenaron de lágrimas por lo doloroso de los azotes pero supo no manifestarlo.
Luis deja a Juan ahora y tú te pones delante para que te haga una buena mamada esta puta.
La polla de Juan era más gruesa y pronto se introdujo en su coño. Mientras Paqui tenía la boca ocupada y llena con la polla de Luis.
¿Estás disfrutando mamá? Así es la vida de las putas, todo el tiempo humilladas y obedeciendo. Seguid más fuerte.
Selena, encárgate de sus pechos y mientras que Carmen siga con ella. Carmen no tomó el látigo sino que le gustaba más otra cosa, pero necesitaba que Juan dejara de follársela.
Juan, puedes seguir con su culo y deja que Carmen disfrute.
Paqui estaba siendo torturada como nunca antes lo había sido. No paraba de chupar la polla de Luis a la vez que sentía a Juan penetrar una y otra vez su ano, ya muy dolorido. Ahora Carmen se agachó entre sus piernas y se encendió un cigarrillo.
Cariño, voy a hacer que disfrutes mucho más.
Carmen separó los labios del coño de Paqui y dándole unas caladas al cigarrillo lo iba acercando y marcando con él su coño.
¿Te gusta mi tratamiento, puta?
Paqui no podía contestar ni tampoco moverse cuando el cigarrillo de Carmen se iba pegando a su coño dejando sus marcas.b
¿Puedo, Sara?
Carmen estaba terminando de fumarse el cigarrillo y se lo mostró a Sara pidiéndole permiso para apagarlo.
Mi madre es una puta de lujo, puedes hacer lo que te apetezca con ella.
Lo que iba a ocurrir nunca se lo pudo imaginar. Carmen con los dedos de su mano separó los labios del coño de Paqui y sujetando con la otra mano la colilla del cigarro le dio una calada para que se mantuviera encendido y la introdujo en su coño para después presionar su coño con sus dedos y así apagar la colilla. Los intentos de moverse de Paqui eran infructuosos.
A que te sientes muy puta, mamá. Eres una cerda que solo se merece ser humillada y torturada para mi disfrute.
Luis y Juan no cesaban de penetrarla hasta que uno en su boca y otro en su culo se corrieron llenándola de leche toda. Carmen se levantó y se acercó a Sara besándola y agradeciéndole lo que le había dejado hacer.
-Gracias Sara. Puedes estar muy orgullosa de tu perra.
Paqui continuó soltando lágrimas de sus ojos. Miraba a su hija y no podía creer lo que había autorizado a hacer a Carmen. Su coño se estaba relajando dejando asomar la colilla y cayendo al suelo junto a toda la leche que contenía su boca, culo y coño.
Ya podéis llevarla a su jaula y traer al esclavo.
Mi jaula se abrió mientras veía a mi señora Paqui toda destrozada entrar en su celda. Al llegar les vi a todo rodeando a Sara, besándola y acariciando su cuerpo.
Cuando queráis ahí lo tenéis. Hacer con él lo que os apetezca. Se encendió otro cigarrillo mientras me hacían inclinar y amarrar mis manos a mis pies.
Juan, te toca a ti comenzar. Todo para ti.
Juan me tomó por detrás y sin más preámbulos me penetró hasta desaparecer su polla en mi culo. Mientras Luis se dedicó a coger su polla y hacer que le hiciera una mamada.
Y vosotras, ¿no le tenéis ganas a este puto perro?
Selena que estaba fumándose un cigarrillo se lo pasó a Carmen y tomó unas pesas que colgó de mis pezones dedicándose a golpearlas para que se balancearan. Nunca antes había sido usado y humillado de esta manera.
Perrito, ¿qué tal si te aplico el mismo tratamiento que a esa puta de Paqui.
Mi boca estaba llena de polla no pudiendo contestar. Si vi como Carmen se acercó a mí colocando varias pinzas en mis testículos que Selena completo colgando de ellas más pesas. El estiramiento de mis pezones y de mis testículos fue brutal
Bien, creo que ha llegado el momento de usarte, puto perro de mierda. ¿Donde puedo apagar el cigarrillo?…. Ah ya sé dónde hacerlo. Luis ¿porqué no me lo dejas un ratito?
Luis sacó su polla chorreando de saliva y flujo de mi boca para que Carmen tomara las pesas de mi polla y las separo para dejar un hueco entre la piel y el glande. Vi como apuraba el cigarrillo que había compartido con Selena y lo dejó caer dentro para soltar después las pesas y con sus dedos aplastarlo como había hecho con Paqui.
Sara, ¿tienes una grapadora?
Creo que si, voy a ver……. Toma, ¿esta te vale?
Perfecta.
Carmen que aún estaba aplastando la piel de mi polla para que la colilla encendida hiciera su efecto, la estiró tirando de las pesas y colocó la grapadora atrapando mi piel. Sin más, escuché el sonido de la grapadora y sentí que me había grapado la polla.
Así no se te caerá la colilla. Puedes seguir Luis, gracias.
Selena tomó la fusta y comenzó a marcar mi espalda una y otra vez y Luis volvió a llenar mi boca con su leche. Para terminar me mandaron entrar en mi jaula para proponerle algo a Sara.
Si, por supuesto. Son unos esclavos muy cerdos. Será una buena humillación para los dos.
Luis, Juan, Selena y Carmen se presentaron frente a nuestras jaulas, nos sacaron y nos llevaron a la habitación que estaba preparada como un aseo. Allí nos echaron al suelo y riendo a carcajadas comenzaron a orinar sobre nosotros.
Debéis beberlo todo. Después vendrá vuestra comida. Ja, ja, ja.
Mientras nuestros cuerpos se mojaban de orina, Carmen y Selena se despojaron de sus braguitas colocándose cada una sobre nosotros. Sus años comenzaron a dilatarse y a contraerse para soltar en nuestras bocas unos zurullos gordos y duros que para no asfixiarnos tuvimos que masticar sin parar. Después fue Juan quien le puso un enema a Luis. Este no tardó en hacer su efecto y con un potente chorro nos embadurno todo el cuerpo con su caca.
Que hermosos estáis ahí como cerdos retozando en la mierda.
Los cuatro se quedaron alrededor nuestro fumándose un cigarrillo y soltándonos insultos y humillaciones.
Queremos todo limpio. Además del suelo lameros uno al otro, que estáis hechos unos guarros, ja, ja, ja.
Así fueron nuestras vidas a partir de entonces. Nos convirtieron en una puta y un maricón a su entero servicio. Tanto Sara como Paula se dedicaron a explotarnos y usarnos para aumentar cada vez más sus economías. Nunca más salimos de allí salvo una vez al mes que nos llevaban a hacernos unas analíticas y unas revisiones médicas.
He de confesar que en ningún momento me he arrepentido de dar el paso que di. Tampoco Paqui que cada vez se le veía más feliz de ser tratada así.
Espero que este relato os haya gustado y solo decir que aunque es todo ficticio si es cierto que algunas de las prácticas mencionadas son fruto de mi realidad con mi Ama, a la que pertenezco de por vida.
Gracias
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