Xtories

Mi Novia la Bailarina. XI- Infiel

Maya siempre supo que Marcelo la miraba diferente, pero nunca imaginó que sus manos buscarían su cuerpo con tanta intención. Marcos investiga cada detalle, ciego a la verdad que se gestiona en el estudio de baile. Cuando la puerta se cierra y los halagos se vuelven caricias, Maya debe decidir si huye de su culpa o se entrega a la tentación.

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RELATA Marcos (Día Lunes de la última semana de ensayo)

Todo el fin de semana estuve dándole vueltas a la idea de Fabián: ¿debería investigar a esos puertorriqueños? Tomé la decisión de que sí debía hacerlo luego de que, el domingo al mediodía, casi la mitad de la conversación con Maya consistiera en ella contándome que sentía que estaba empeorando en su técnica de baile porque el que marcaba la coreografía, Marcelo, ya no le prestaba tanta atención. Esa charla me inundó de celos, pero no los aparenté, ya que no quería que Maya pensara que no la estaba apoyando. Esa noche, mientras me alistaba para bañarme, aproveché el momento de soledad para revisar Instagram. Lo primero que hice fue investigar la página del susodicho artista y ver si etiquetaba a sus bailarines en las fotos, cosa que sí hacía. Ahí conocí sus nombres y cuentas. Obviamente, revisé sus perfiles y sus fotos más recientes, pero cuando entré a ver a quiénes seguían y vi a Maya entre los usuarios, terminé de convencerme de que tenía que averiguar todo sobre este tipo.

Hoy, lunes por la mañana, al despertarme, vi el celular de Maya en la mesita de noche. Me recorrió el instinto de revisarlo; si bien no tenía la contraseña, aparecerían los mensajes y notificaciones recientes al prender la pantalla. Sería posible que uno de sus mensajes fuera de su instructor. Deseché esos pensamientos de mi cabeza, sabiendo que Maya no sería capaz de hacer algo así. Y si hubiera un mensaje, ¿qué diría? Podría ser algo del trabajo; realmente eran absurdos los pensamientos que me formaba.

Llegué a la oficina y mis pensamientos estaban dominados por mis celos, que aún no aceptaba. Nuevamente entré a la página de esos bailarines y empecé a revisar todo sobre ellos: cómo bailaban, qué tan cercanos eran con las bailarinas. Busqué en internet si había alguna polémica sobre ellos, pero no encontré nada. Tampoco encontré parejas ni exnovias en sus perfiles. ¿Qué se supone que debería hacer? Contratar un detective sería absurdo. Fue en un último intento de encontrar algo que, en efecto, encontré un hilo que me ayudaría a desatar un poco el nudo. En una foto antigua, había un comentario: "Qué guapo te ves, mi negrito", decía un perfil femenino. Al ingresar a ese perfil, noté que no seguía al tal Marcelo y viceversa, pero había un enlace a una página de Facebook. Era un perfil que, por lo visto, llevaba años abandonado, pero justamente por el abandono, había fotos antiguas donde aparecía uno de los personajes que investigaba. A lo largo de la sección de comentarios, había uno de una chica que lo insultaba severamente:

"Eres un perro maldito, eres un cabrón, eres un infiel. Espero que tus bailarinas de mierda te aguanten como yo lo hice, hijo de puta", decía el comentario de una tal María.

Sentí un hueco en el estómago. Construí toda la historia en mi cabeza: esta María era su exnovia, y él la había engañado con sus bailarinas. "Carajo", pensé. ¿Será que este tipo tiene intenciones con alguna de sus bailarinas actuales? ¿Será que querría algo con Maya? Tuve que salir a tomar aire.

RELATA MAYA (Día lunes de la última semana de ensayo)

Usé el fin de semana para tranquilizarme y mentalizarme de que lo más probable es que hubiera bajado mi rendimiento, pero tomando esto como un reto, mi objetivo era que esta última semana debía mejorar. Llegué al ensayo y me esforcé como nunca antes. Si fallaba un movimiento, lo repetía dos, tres o cuatro veces hasta que me saliera bien. Si Marcelo me observaba lo más mínimo, hacía todo lo posible por corregir esas pequeñas fallas. Incluso, por más que no me sentía cómoda usando unos shorts pegados y cortos que tenía, los usé por el sencillo hecho de que sabía que con ellos estaría más cómoda y con mayor capacidad de realizar con facilidad y flexibilidad ciertos movimientos.

—Wuuu, estás on fire —me dijo Marcelo al terminar el ensayo.

Solo alcancé a sonreír, contenta de haber conseguido un halago, dándome por señal que había cumplido sus expectativas.

—Espero esta misma actitud de todas durante esta semana. El viernes llega Mike, y le debemos demostrar todo lo que hemos practicado— dijo Marcelo.

Después de esa breve felicitación, las cuatro chicas nos dirigimos a la puerta de salida rumbo al vestuario.

—Maya, ¿puedes quedarte un momento? —dijo Marcelo.

—Espérame en la puerta, por favor —le dije a Alejandra mientras me daba la vuelta y me acercaba a Marcelo—. ¿Qué pasó? —le pregunté.

—Hoy estuviste espectacular. ¿Qué sucedió? —dijo el moreno mientras se despedía con un choque de puños con José Luis, que se dirigía al vestuario de hombres.

—Nada, solo quise superarme un poco —respondí, agachando la cabeza.

Marcelo sonrió mientras recostaba su cuerpo sobre una pared.

—¿Te acuerdas que te dije que las bailarinas que iban en dupla con nosotros —refiriéndose a los puertorriqueños— eran impuestas por antigüedad? —dijo Marcelo.

—Claro que sí me acuerdo —respondí, acercándome a él.

—La verdad es que me encantaría que seas la que baile conmigo. Tal vez pueda conversar con Mike y convencerlo de que bailes conmigo, si él lo ordena. Nadie puede oponerse —dijo él.

Yo me emocioné porque sabía que las mejores bailarinas eran las que bailaban con ellos dos, y supuse que la mejor de todas era la que bailaba con Marcelo por orden jerárquico, ya que él era el que marcaba la coreografía.

—Sería un gran honor para mí, pero no sé si me lo merezco. Ana es una gran bailarina y, hasta estéticamente, llama más la atención —dije con falsa modestia.

—Qué tonterías dices. Tú eres, con mucha distancia, la que mejor baila de las cuatro —dijo él, casi riendo.

—No creo, incluso soy la que menos experiencia tiene —respondi, acompañando su tono jovial.

—Y hasta estéticamente eres la mejor de todas —dijo él mientras se paraba firme y se despegaba la espalda de la pared.

—Jaja, ¿por qué lo dices? —dije, tomando su último comentario en broma.

—Lo digo en serio. Fácilmente eres la que baila de forma más sensual de todas —dijo él, dando un paso hacia mí.

—Ni de cerca —dije, aún en tono de broma y apartando la mirada.

—Eres la que tiene el rostro más bonito, incluso una de las sonrisas más bellas que he visto —dijo él, dando otro paso y quedando casi pegado a mí.

En este punto, ya no alcanzaba a decir nada y solo me reí, algo nerviosa por sus comentarios.

—Y por cómo te vi hoy, eres la que mejor cuerpo tiene —dijo él, señalando el short pegado que traía.

—Ni de cerca soy la más bonita, o la más sexy, o la que tenga mejor cuerpo. Alejandra, Ana y Andy me superan en todo —dije, ya excusándome, casi quebrándome por los nervios y sin saber qué más decir para pasar esta situación.

—Pues antes que Alejandra o cualquier otra, tú eres la más hermosa— dijo mientras posicionó una mano en mi mentón, dirigiendo mi mirada hacia la suya.

Yo quedé en total silencio; no sabía qué hacer, no sabía cómo reaccionar. Mi corazón bombeaba a mil por hora. Casi nadie pensaba que yo era más bonita que otras chicas, mucho menos comparada con Alejandra. Me quedé quieta, mirándolo a los ojos, y entonces él pegó sus labios a los míos. Quedé congelada; lo correcto era empujarlo o directamente esquivar el beso. Pero yo, a sus ojos, era la más bonita. Sé que esta última frase no tiene sentido como excusa, pero fue lo que me repetí en mi cabeza una y otra vez mientras él me besaba. "Yo soy la más bonita". "Él cree que soy la más bonita". Ahí me rendí; sentí mis piernas temblar, como si de un príncipe azul se tratara el que me estaba dando el beso.

No correspondí el beso, pero tampoco me hice a un lado. En el momento en que sus manos agarraron mi cintura, fue casi instintivo para mí posicionar las mías a la altura de su nuca. Juro que abrí levemente los labios únicamente para tomar un poco de aire, pero esa breve abertura sirvió para que él introdujera su lengua en mi boca, no de una forma salvaje, sino lenta y pausada. Era como si avanzara medio milímetro su lengua y la estacionara ahí un momento, hasta sentir que yo hacía algún movimiento de confirmación para que nuevamente avanzara un poco más. En algún momento, sus manos bajaron de mi cintura y empezaron a acariciar mis nalgas. Con una de mis manos intenté agarrarlo del brazo, buscando retirar sus manos con intentos vagos y, si soy sincera, intentos que deseaba que fracasaran, lo cual fue lo que sucedió. Sus manos no se retiraron, y poco a poco, lo que eran caricias y roces empezaron a convertirse en apretones. Sus manos extendidas intentaban ocupar la mayor porción de carne, y podría jurar que, por el tamaño de sus dedos, podría haber logrado agarrar en su totalidad cada nalga. Su lengua ya estaba totalmente dentro de mi boca y, por si fuera poco, era la mía la que ahora intentaba ingresar a la suya. Pero, chocando con su lengua, quedaban interceptadas ambas, a momentos en mi boca y a momentos en la suya. Fue cuando él empezó con uno de sus dedos a acariciar el pleno centro de mis nalgas, recorriendo desde la raja del culo hasta la altura de los primeros centímetros de mi coño, aún por sobre el short. Hasta que escuché los gritos de llamado.

—Maya, ya nos vamos. ¿O te vas a quedar un rato más? —gritaba Alejandra desde fuera de la sala, pero sabiendo que en cualquier momento podría ingresar.

Inmediatamente, en mi cabeza, mi subconsciente despertó y me dije: "Marcos, tienes novio, y es Marcos". Inmediatamente me separé y, por un segundo, miré el rostro de Marcelo, que tenía una sonrisa de oreja a oreja.

—Perdón, esto no debió pasar —dije antes de salir corriendo de aquella sala.

Me encontré en la entrada con Alejandra.

—¿Cómo te fue? Tardaste un poco. ¿Qué te dijo? —preguntó ella.

—Nada. Solo me corrigió algunas cosas —dije mientras caminaba a paso apresurado rumbo a la puerta de salida.

—No te vas a ir a cambiar antes —dijo Alejandra, señalando el vestidor de mujeres.

—No, olvidé que tengo algo que hacer en casa y ya se me hace tarde —dije finalmente, saliendo a la calle mientras Alejandra me seguía el paso apresurado.

Eventualmente, llegué a casa, me lancé a la cama; me sentía culpable, me sentía triste, tenía todos los sentimientos y emociones acumuladas a la vez, y, si soy sincera, una de ellas era que me sentía algo excitada. Pero no era momento para masturbarme, o tal vez pensar cómo saciaría esa excitación que quería negar. "Soy una mierda de persona" era lo único que alcanzaba a pensar. "Ya tengo mi príncipe azul, y es Marcos", pensaba constantemente. Empecé a morderme las uñas, sintiéndome cada vez más culpable en vez de relajarme. Entré a bañarme; me sentía sucia. No me importó romper la rutina, necesitaba calmarme.

Apenas salí de la ducha, me puse una pijama que casi nunca uso y escuché la notificación de mi celular.

—¿Podemos hablar? —Era un mensaje de Marcelo.

Bloqueé mi celular y nuevamente me senté en la cama, intentando ignorar todo lo que había pasado, fracasando por la lluvia de pensamientos. De repente, escuché las llaves en la puerta; Marcos había llegado.

—Amor, ¿cómo estás? Debemos hablar de un tema —dijo él.

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Att. Nonsense-X