Xtories

La boda de mis sueños (1)

La boda ha terminado, pero la noche apenas comienza. Con un vestido transparente y el corazón latiendo a mil, la novia sale a buscar a su marido, solo para descubrir que el juego es mucho más grande de lo que imaginaba. En la oscuridad de la habitación, una polla entra en su boca, pero pronto el sabor cambia, y con él, la identidad de quien la está poseyendo.

relatosAnneyJohn5.4K vistas8.4· 5 votos
Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

Mi boda estaba a punto de terminar, eran las 06:00h de la mañana y el DJ anunciaba la última canción. En contra de mi voluntad, sonaba un “flying free” tan típico de las bodas españolas de “milenials”. La mayoría de los invitados ya se habían ido, quedaban solamente los más rezagados, aquellos que intentaban ligarse a alguien en último momento, o aquellos, que se habían pasado un poco con la bebida e iban muy jodidos.

Entré en mi habitación, no encontraba a mi novio, mi cabeza automáticamente corrigió mi pensamiento, “a mi marido”, no a mi novio, me vuelvo a decir a mí misma, corroborando el previo acto realizado, hacía apenas unas horas, de haber firmado un papel, con el cual, habíamos pasado de novios o prometidos, a marido y mujer. Todavía no me había acostumbrado a ello.

Estaba exhausta pero a la vez demasiado eufórica y caliente para irme a dormir, John seguía sin aparecer, el huevo vibrador que me había obligado ponerme durante la fiesta, hacía rato que no se encendía, podía notar como mi tanga de encaje blanco todavía estaba húmedo, y mi entrepierna seguía muy caliente, aunqué ahora ya faltada de acción. Estaba maldiciendo a John por obligarme a ponérmelo durante el baile y la fiesta de mi boda, sí, la boda de mis sueños, me dejé llevar por mi calentura y por lo zorra que soy, John activaba a distancia el huevo y podía notar mi entrepierna vibrando y dándome un placer inigualable mientras bailaba, estaba desatada, vinieron a mi mente una serie de momentos en que quizá me pasé de la raya con algún que otro invitado, deseando que nadie de nuestro más íntimo círculo y familia estuvieran demasiado atentos como para darse cuenta.

Prendí la luz, la habitación seguía vacía, y continuaba sin saber dónde coño estaba John. Con un repaso rápido a la habitación, pude observar un regalo encima de la cama con una nota:

-Querida esposa mía, ahora sí, ya somos mujer y marido. Estoy seguro que si estás leyendo ahora mismo esta carta, la fiesta y por lo tanto, nuestra boda, ya han terminado, pero siento decirte, que nuestro día no. Todavía queda un pequeño acto del que debemos disfrutar. Sé que acordamos no decirnos nuestros votos en público, y es por eso mismo, te los he escrito en esta carta para que siempre los tengas presente.

Como mi esposa, voy a estar siempre a tu lado, en los momentos buenos, pero también, siempre, en los momentos más malos y dolorosos, prometo cuidarte siempre y quererte, prometo hacerte reír y conocer mundo juntos, prometo apoyarte en todos los momentos de nuestra vida, y prometo hacerte disfrutar, siempre.

Hace tiempo que perdimos nuestros celos, y aprendimos a disfrutar de la vida, de nuestro trabajo, del uno del otro y compartirlo todo junto, quiero que sepas, que ahora va a ser mucho mejor, estamos unidos de por vida, vamos a disfrutarlo todo, a compartirlo todo, y a hacerlo todo, todo, juntos. Juntos hemos sido, somos, y seremos inseparables.

Ahora sí, dejando a un lado lo “cursi y lo ñoño” que sabes que me gusta poco, ahora Anne, te has convertido en una auténtica “HOTWIFE”, ¡joder!, con 30 años quien pudiera tener a una mujer como tú, lista, guapa, atractiva, amante del deporte, con el mejor culo de todo el país y sí, y lo que más me gusta, que eres una pequeña zorra, y a partir de hoy, lo vamos a ser mucho más.

Por favor, abre el regalo que tienes a continuación, hoy, ya has llevado dos vestidos de novia, por cierto, estabas espectacular no, lo siguiente, te hubiera follado con cada uno de ellos puesto, ¿o quizá ya lo he hecho? estoy seguro que más de uno de nuestros invitados habrá pensado igual. Pues ahora, vas a ponerte un tercer vestido, por favor, póntelo y continúa leyendo cuando lo hayas hecho-.

Abrí el regalo, dentro había un pequeño vestido blanco, la verdad es que muy mono, y en su interior, había un pequeñísimo tanga de color blanco, de hilos. Dejé mis medias blancas con liguero puestas, me cambié mi tanga de encaje por aquel tanga diminuto, y me puso aquel mini vestido de color blanco perla. El vestido parecía uno de estos tipo “babydoll” o pícardia, era muy pequeño, pero muy elástico, lo suficiente para que quedará medio culo a la vista, además, tampoco ayudaba que la tela, demasiado fina, era semi transparente, por lo que mis pechos y mi tanga, visto por la espalda, transparentaban perfectamente. En ese momento me sentí una auténtica “hotwife” en busca de una guerra que quizá no pudiera controlar.

-¿Qué te parece tu último vestido?-. seguía John en la carta. Mientras estaba delante del espejo del que antes me había visto vestida de novia, ahora exploraba cada uno de los detalles de ese diminuto vestido, había pasado de una imagen pura e inocente, a una imágen totalmente de lujuria.

En un momento dado, en la parte baja de la habitación, había una ventana con las cortinas abiertas, des de ella podía ver parte del jardín de la finca que habíamos alquilado para la boda, de repente, mientras observaba la belleza de las luces perdiéndose entre las flores y la arboleda, pasó por delante uno de los seguratas que había en la finca para prevenir posibles robos o vejaciones en ella, pasó tan rápido, que no pude ver cual de los dos era, si el guapote moreno que había visto durante la ceremonia, o el tío un poco más maduro y regordete que había durante la fiesta. De bien seguro pero, fuera el que fuera, quedó perplejo al verme vestida de esa forma.

-¿Vosotros que hubierais hecho si os encontráis a la novia, la protagonista de una boda, vestida de esa forma?¿No hay algo en el ir vestida de blanco, y al ser tan protagonista pero a la vez tan radiante y susceptible a todos los factores y estímulos que la rodean ese día que no os da un morbo especial? -. Aquello, juntamente con la sorpresa y la intriga que John me estaba haciendo vivir, volvió a revivir en mí una llama muy caliente.

-¿Qué te parece tu último vestido?-. Volví a leer. – Seguramente ya te habrás dado cuenta de que hace rato que no me ves, y por supuesto que no estoy en la habitación, yo sí te puedo ver, aunque tu a mí no, sé dónde estás, y que tienes la luz encendida. Déjala así, y sal por la puerta, sí, con el vestido, sal a buscarme, no continues leyendo hasta que hayas salido a por mí-.

Sin pensármelo, salí a por él, debía consumar el matrimonio fuese de la manera que fuese, al abrir la puerta, y salir de la zona de la habitaciones, me encontré de frente con uno de los seguratas, sí, el mayor y algo regordete, se le abrieron los ojos de par en par al verme vestida de esa forma, -¿Has visto a John?-. le pregunté, me negó con la cabeza, incapaz de balbucear palabra, mientras me alejaba de él, bien seguro que no sacó ojo de mi espalda con ese vestido medio transparente y sobre todo de mi culo y de mi tanga totalmente visibles.

Me paseé vestida de ese modo por toda la finca, para mi suerte, o quizá, para mala suerte de los demás, no me encontré a nadie en todo el camino, ni siquiera a John, así que decidí volver a mi habitación.

-¿No ha habido suerte?-. me volvió a preguntar el segurata.

-No, pero él se lo pierde-. Le contesté mientras entraba en mi habitación y volvía a coger la carta.

-Bien, seguro que no me has encontrado, porqué no has buscado en profundidad, dónde tendrías que haber buscado, bien que te gusta que te la meta hasta el fondo. Bueno, seguro que a alguno de los seguratas le has alegrado el día y quizá el mes entero. Abre el último regalo.-.

Había otro regalo encima de la mesa, el muy cabrón había entrado en la habitación mientras yo estaba fuera.

-Si no me has encontrado, siempre puedes utilizar esto-. Me decía, habiendo dentro de la caja un dildo de goma, bastante grueso, “Don Jon”, ponía.

-O tienes otra opción, puedes pasar a la opción B, debes ponerte este antifaz, y las esposas que puedes encontrar en la siguiente caja, abrir la pequeña luz de la mesita de noche, y apagar la luz principal de la habitación. Ten en cuenta pero, que si la apagas, entenderé que has escogido la opción B, por lo que ya no habrá vuelta atrás.

Si escoges la opción A, juega con tu nuevo juguete, yo te estaré observado, y quien sabe si también alguien más. Por lo contrario, si quieres mucha más acción, ponte el antifaz, las esposas, apaga la luz y quédate sentada encima de la cama.

Después de meditarlo por un rato, iba tan caliente de todo el día, quizá John era lo que buscaba, pensé, ya que no había hecho más que calentarme desde el aperitivo. Así que dispuesta a jugar en una noche como aquella, que nunca más volvería a repetirse, apagué la luz, me coloqué el antifaz y las esposas en las muñecas y esperé sentada a los pies de la cama.

Pasaron quizá unos minutos cuando escuche la puerta y varios pasos acercándose a mí.

De repente algo chocó contra mis labios, no me lo esperaba, así que me asusté, acto seguido volvió hacia mi de nuevo, no había duda que se trataba de una polla, iba a decirle algo a John, cuando automáticamente entró dentro de mi boca. Después de unos segundos de mamada, la verdad es que era bastante grande, como la de John, así que pregunté. -Qué John te lo estás pasando bien?-.

Nadie contestó, solamente puso de nuevo esa polla dentro de mi boca, esta vez intentaba meterla un poco más al fondo, aunque doy unas buenas mamadas y me encanta comer pollas, no tengo mucho aguante, así que al menor movimiento profundo soy de arcadas fáciles. De repente salió de nuevo después de mi primera arcada.

-¿Qué John piensas decir algo?- ¿O vas a continuar follándome la boca?- John seguía sin contestar, y fue terminar mi pregunta que algo golpeó mi mejilla con bastante fuerza. Y acto seguido entró de nuevo en mi boca.

Mientras estaba saboreándola con mi lengua, mis ojos se abrieron de golpe, por supuesto no veía nada ya que llevaba el antifaz, pero aquella polla era distinta a la de hacía un momento, claramente no era tan gruesa y tenía un sabor distinto, casi sin poder identificar aquél sabor, salió de golpe, y volvió a entrar entre mis labios de nuevo, ahora volvía a ser la polla de la primera vez, tal y como la recordaba - ¿Qué coño estaba pasando?-¿era yo o realmente me había parecido otra polla? -¿Había alguien más en la habitación?- ¿O tan siquiera era John?-¿Por qué coño no contestaba nadie?.-