Xtories

Romance con mi ex en Carnaval

El alcohol borra los límites y Luciano aparece en su mesa. Mientras Joaquín duerme la mona en el VIP, ella y su ex comparten una noche que no debería ocurrir, pero que ambos anhelan en silencio.

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En mi ciudad es bastante común que en fechas de carnaval se realicen varios conciertos. Diferentes empresas organizan festivales y compiten entre ellas con el fin de llamar la atención de público joven e incluso adulto en estos eventos. Año a año va variando cuál termina siendo el más llamativo, y lógicamente dentro de la comunidad es normal que se elija uno de estos en el cual hay asistencia de forma masiva. Esta historia sucede en uno de esos festivales y justamente en esas fechas.

Mi nombre es María José, o también algunos me llaman Majo. Hace un año me mudé de la ciudad en la cual viví toda mi infancia, adolescencia y parte de mi juventud. Aquella ciudad es la que les comenté en un inicio donde se realizan estos conciertos. Al momento de mudarme tuve que dejar atrás a mi pareja, Luciano. Si bien cortamos la relación nunca terminamos de romper al 100% el contacto entre los dos. Tal vez por la costumbre de estar tantos años juntos, o por el cariño que nos teníamos quedamos como amigos, amigos que de vez en vez se mandaban una que otra foto subida de tono. Hace dos meses conocí a Joaquín, un chico alto de pelo negro y una familia bastante bien posicionada. El personaje que toda madre quiere para su hija. Hace un mes empecé una relación con Joaquín, por efecto intenté distanciarme de Luciano, además de cortar de raíz cualquiera frase cariñosa o las ya mencionadas fotos subidas de tono.

—Viste el tremendo Line Up del concierto por Carnaval este año— me dijo un enero Joaquín

— Sí parece que este año estará interesante— respondí

— deberíamos ir, Sería divertido, nuestro primer viaje juntos, además que podrías ver viejas amistades— dijo Joaquín tomándome de la mano

—Sí sería interesante, pero no sé, últimamente no estuve ahorrando y no creo que me alcance para un viaje de momento— invente la primera excusa que se me ocurrió

—yo te pago todo el viaje no te preocupes— dijo dándome un beso en la mejilla y dando por sentado el plan

Si ustedes se preguntan por qué inventé una excusa, no es porque no extrañe Aquel lugar, sino porque siento que es muy fresca mi ruptura con Luciano además que todavía es muy frágil mi relación con Joaquín. Eventualmente no volvimos a tocar el tema, por lo que pensé que se quedaría como un tema más que se mencionó en una ocasión pero al momento el cual él me sorprendió con dos pasajes de bien diciéndome - ya está todo hecho- para mí fue como un baldazo de agua fría. En algún momento intenté disuadirlo pero fue en vano, a falta de una semana Joaquín publicó en sus historias de Instagram una foto con las entradas al concierto mencionándome en la misma.

—Amor no compartiste la historia en la que te etiqueté- dijo Joaquín, no en forma de queja— sino más conservación

—cierto, me olvidé— mentí, sabiendo que el momento que compartiese eso viejas amistades y entre ellas Luciano sabrían de mi llegada

Joaquín no dejó pasar aquello, e insistió en que lo comparta, cosa que terminó haciendo. sabía que él no lo hacía con malicia, o por alguna situación tóxica. Tal vez el término adecuado para describir a mi novio es que él era un poco intenso con nuestra relación.

Dicho y hecho a los 5 minutos después de compartir Mi historia entre las respuestas a esta encontré el mensaje de Luciano.

—¡Estás volviendo!, ¿Qué día llegas? tal vez podríamos ir a tomar un café y ponernos al día— escribió mi ex

Intenté ignorarlo por algunas horas pero a veces el intentar ser firme no es suficiente. terminé respondiendo

— sí, estoy yendo solo al concierto, no sé si tenga tiempo para ir a un café ya que aprovecharé de ir a lugares turísticos Con mi novio— respondí, con el corazón en la mano y esperando de que mencionar la presencia de Joaquín pueda disuadir a Luciano

Pasaron algunas horas y cuando pensé que había cumplido mi objetivo nuevamente, el envío un mensaje.

—lo entiendo entonces espero te des una vuelta en medio del concierto por nuestra mesa reservada, estaremos con algunos del grupo— Dijo Luciano refiriéndose al grupo con el que solíamos frecuentar entre los cuales estaban varias amigas que genuinamente quería volverlas a ver.

—Tal vez para pueda ir un rato para saludar— respondí

Aquella noche pasaron varias horas en las cuales tenía varios pensamientos anidados en mi cabeza, cómo reaccionaría al verlo, que tanto lo extrañaba, si mis respuestas habían sido muy cortantes. Era de esas situaciones donde ninguno tenía la culpa, Luciano y Joaquín eran dos buenas personas y que hasta diría que sí se conocieran se llevarían bien. Sin embargo la situación realmente me pone un aprieto que de momento siento que solo está en mi cabeza. Conforme pasaron los días y se acercaba la fecha algunos amigos con sus respectivas parejas de Joaquín se animaron a unirse al viaje. Llegó finalmente el día, donde éramos Joaquín, yo acompañados de tres amigos suyos y dos parejitas.

Poco hay que remarcar sobre el viaje o nuestra llegada al Airbnb. Fue al llegar al festival cuando descubrimos que la mesa que Joaquín había reservado, junto a sus amigos, estaba en el sector VIP. Bastaron algunos vasos para que tomara coraje y decidiera visitar el espacio donde estaban mis antiguos amigos. Ahí estaban dos amigas con las que había sido muy cercana durante mi infancia, además de Luciano. Sentí un vuelco en el corazón apenas lo vi; al fin y al cabo, nuestra relación había terminado más por la distancia que por falta de afecto entre nosotros. Nos saludamos de una manera más cálida de lo que esperaba, con un abrazo prolongado. Por otra parte, empecé a ponerme al día con mis amigas. El resto de las personas en aquella mesa eran mayormente conocidos con los que no tenía mucha cercanía, y alguno que otro que no había visto jamás. Después de una breve visita, volví a mi mesa en el sector VIP.

Al regresar, noté que algunas de las botellas ya se habían acabado. Entre los más afectados por el alcohol estaba Joaquín, quien no paraba de reírse con sus amigos. Pasé una o dos horas en mi mesa. Aunque estaba consumiendo suficiente alcohol como para caer en un estado de ebriedad, mi novio y sus amigos empezaron a sobrepasar los límites "saludables", ya que estaban terminando las botellas con sorbos de licor puro, sin mezclarlo con refresco. Si bien no lo estaba pasando mal, tampoco me estaba divirtiendo precisamente, ya que la atención de mi novio estaba centrada más en sus amigos, y las parejas de estos no eran exactamente mis amigas. Le dije a mi novio que volvería a visitar a mis antiguas amistades, pero él hizo caso omiso; tal vez ni siquiera se dio cuenta de que le hablé. Así que mi fuga de aquel lugar fue bastante sencilla.

Volví a la mesa de mis viejas amistades y de mi ex novio, solo para encontrar a Luciano conversando con una chica. Sé que no tenía ningún derecho, pero debo admitir que eso me puso sumamente celosa. Decidí ignorarlo, o al menos hacer el intento, y me dispuse a tomar junto a mis amigas. Los vasos iban y venían, las botellas se acababan. Eventualmente, un grupo de conocidos de Luciano empezaron a conversar con segundas intenciones, tanto conmigo como con mis amigas. En mi caso, era un chico alto, de pelo muy castaño, diria incluso pelirrojo, bastante agradable a la vista. Sin embargo, solo conversé lo justo y necesario para no ser descortés. No tenía ninguna intención de permitir que algo más sucediera con aquel chico, a quien, a día de hoy, ni siquiera recuerdo su nombre, así que lo llamaré "el pelirrojo". No tenía intención alguna, primero porque tenía novio, y segundo, porque, aunque hubiera estado soltera, no estaba en mí lastimar a Luciano. A pesar de ser mi ex, el aprecio que le tenía me hacía guardar respeto y cariño hacia él. Pero, como dije, el alcohol ya hacía presencia tanto en mí como en mis amigas. Aunque no era excusa, y aunque me hubiera tomado todo el licor del mundo, no sería suficiente para que besara al pelirrojo.

Sin embargo, en algún momento, al darme la vuelta, me topé con aquella imagen: Luciano, mi ex novio, la persona de la que puedo decir que aún estaba enamorada, fundiéndose en un apasionado beso con aquella chica con la que antes conversaba. Sentí mi estómago revolverse y mi pecho comprimirse, pero, sobre todo, me sentí furiosa, como si Luciano me debiera algo o me estuviera traicionando. En un arranque de ira y, más que nada, pensando en vengarme, tomé al pelirrojo del cuello y lo atraje hacia mí, clavándole un beso. Olvidé por completo que tenía un novio que estaba en aquel mismo concierto, a tan solo unas mesas de distancia en el VIP. Al separarme de aquel beso con el pelirrojo, pude notar cómo Luciano me miró sorprendido. Apenas notó que yo lo observaba, se fundió de nuevo en un beso con aquella chica, y yo hice lo propio con el pelirrojo. Era como una competencia entre los dos, para ver quién hacía sentir más celos al otro. En este caso, había una clara víctima que pagaría los platos rotos: mi novio, que no tenía nada que ver en todo esto.

Después de casi media hora de besos que no deberían haberse dado jamás, noté que el artista principal de la noche estaba ingresando al escenario. Me despedí de mis amigas para volver a la mesa donde estaba mi novio, ya que la vista hacia el concierto era muchísimo mejor. Me despedí de todos, menos de Luciano, a quien le lancé una mirada fría y claramente llena de rencor antes de alejarme. Volví a mi mesa, y ahí estaba mi novio, más ebrio que cuando me fui. Podría incluso jurar que ni siquiera notó mi ausencia. La siguiente hora y media la pasamos viendo el concierto y disfrutándolo. Sin embargo, cuando este concluyó, toda la gente empezó a salir, generando un tumulto y una ola humana en las puertas de salida. Terminamos separándonos unos de otros, quedando yo alejada del grupito. Cuando finalmente logré salir del recinto, visualicé a lo lejos cómo mi novio, en un claro estado de ebriedad, se tambaleaba junto a sus amigos y el resto de los que nos acompañaban, subiéndose a un taxi y emprendiendo viaje, dejándome sola a la salida del concierto.

Me sentí herida y molesta, pero a la vez sabía que todo esto había sido producto de su borrachera, y no podía culparlo después de lo que yo había hecho unas horas antes.

—No quieres venir con nosotros— escuché una voz atrás mío, era Luciano que Aparentemente me vio sola y entendió bastante rápido la situación

Estaba él con todos los que estaban en la mesa que previamente ocupaban a excepción de algunos cuantos que ya se habían ido entre ellos la chica con la que se estaba besando.

—Si, esta bien— acepte la invitación sabiendo que no me quedaban muchas otras opciones

Todos los taxis se dirigieron a la casa de uno de los chicos, donde tendría lugar el "after". Por coincidencia, me senté justo en medio, entre Luciano y el pelirrojo con el que me había besado unas horas antes. La situación fue algo incómoda, no solo por los constantes intentos del pelirrojo de conversar conmigo o acercarse, sino también por la evidente incomodidad de Luciano ante esos avances.

Finalmente llegamos a la casa, un lugar grande con una sala de estar que daba inmediatamente a un jardín bastante oscuro con una piscina. Si no fuera tan tarde, seguramente nos hubiéramos metido en ella. Todos tomamos asiento mientras el dueño de casa sacaba algunas botellas para ofrecer. Pasaron las horas, y las charlas de borrachos se volvieron más constantes. Poco a poco, la gente se fue dispersando, hasta el punto en que las dos amigas con las que estaba se habían perdido en alguna de las habitaciones o tal vez en el oscuro jardín, con aquellos chicos que les habían estado coqueteando desde esa tarde.

En cierto punto, el pelirrojo nuevamente intentó llamar mi atención buscando que yo diera lugar a sus intentos de volver a besarme. Mi carta de salida fue fingir una llamada en mi celular para escabullirme al jardín oscuro y dejar que la situación se calmara. Entré a WhatsApp y me di cuenta de que no tenía ningún mensaje de mi novio; seguramente había olvidado mi existencia. Luego, ingresé a Instagram para observar las historias y vi que Joaquín había continuado la fiesta en una discoteca cerca de donde fue el concierto. Se lo veía acompañado de sus amigos, pasándolo espectacular.

¿Cómo se supondría que tendría que reaccionar al día siguiente? ¿Tendría que enojarme? Realmente no me nacía hacerlo, ya que sabía que mis errores esa noche habían sido mayores. Pero si no lo hacía, él sospecharía. Mientras seguía divagando en mis pensamientos, sentí que alguien me sujetó los hombros por detrás, de forma amistosa. Pensé que sería aquel pelirrojo cargoso, pero al darme la vuelta, vi que quien estaba parado ahí era Luciano.

—¿Ya te llamó tu novio?- preguntó él

— Creo que se olvidó de mi existencia- le respondí

— no parece que sea un muy buen novio- dijo él

—pues después de lo de esta noche parece que yo tampoco soy tan buena novia- le respondí sin quitar la mirada a mi celular

—qué onda con el rojo- abordó el tema Luciano

— lo mismo te pregunto con la chica con la que estabas en el concierto- le respondí y devolviéndole la cachetada con guante blanco

Luciano solo sonrió ante mi respuesta y mi constante actitud defensiva. Era esa sonrisa que, hace un tiempo, me había enamorado y que, por azares del destino, tuve que abandonar. Nos pusimos a conversar levemente sobre cómo nos había ido esos meses. Yo le conté sobre mi nueva vida y que, en realidad, había vuelto porque era mi nuevo novio quien quería viajar. Mientras tanto, él me contó que había intentado salir con nuevas personas, pero que ninguna generaba en él lo que sintió alguna vez conmigo.

No estaba segura si era simplemente una frase bonita y halagadora que dijo para complacerme, pero sentí un vuelco de emociones dentro de mí. Me sentí enternecida al escuchar que no se sentía con nadie como se sentía conmigo, aunque, al mismo tiempo, me generó cierta cantidad de celos al saber que había intentado estar con otras personas. ¿Pero qué reclamo podría haber, si incluso yo tenía un nuevo novio?

Nos fuimos caminando a lo largo de aquel oscuro jardín, rodeando la piscina, charlando, bromeando y recordando nuestros tiempos juntos. Sentía la constante mirada de aquel pelirrojo, pero poco me importaba. Finalmente, nos sentamos sobre el pasto, viendo la luna. Se sentía como aquellos días en los que estábamos juntos, y fue cuestión de tiempo hasta que terminamos hundiéndonos en un beso. Yo aún sentía rencor porque él se había besado con otra chica, y lo más probable es que él sintiera lo mismo hacia mí, sumado a saber que yo estaba en una relación. Sin embargo, toda la situación y el ambiente tan romántico terminaron pesando más.

Pero ese ambiente romántico se truncó por un momento de incomodidad. Tanto Luciano como yo nos dimos cuenta de que, a lo lejos, alguien estaba observando cada uno de nuestros movimientos. Cualquier abrazo, acercamiento o beso era vigilado por aquel pelirrojo de hace algunas horas. Aunque ahora, al contarlo, suena incómodo y hasta aterrador, en el momento nos generó risa. Luciano me tomó de la mano y, jalándome suavemente, me guió hasta una de las habitaciones de aquella casa de su amigo.

Entramos a la habitación, y luego de una sesión interminable de besos, nos sentamos sobre el viejo sillón que había en una de las esquinas de aquel cuarto. Él fue el primero en sentarse, y yo me acomodé sobre sus piernas, quedando cara a cara. Empezamos a besarnos con intensidad. Sentía la necesidad de mover mi cintura y acercarme más a él, mientras él, sujetándome firmemente, me empujaba hacia sí, alentando mis movimientos. Empecé a deshacerme de mis prendas superiores. Conociendo a Luciano casi como la palma de mi mano, sabía que algo que siempre le encantó era jugar con mis senos Sus ojos se abrieron como platos, y, como si fuera un niño frente a un dulce, inmediatamente acercó su rostro hacia mis pechos y comenzó a frotar su rostro

—Dios mío cómo te extrañaba- dijo el con su rostro pegado

— me extrañabas a mí o extrañabas mis bubis- respondí sonriente

— te extrañé a vos y a tus bubis- dijo Luciano

Pero en medio del paraíso tenía que aparecer el diablo, empezó a sonar mi celular. cuando me fijé, era mi novio, finalmente se habría acordado de mi existencia.

—espera, es— corte lo que iba a decir porque realmente no quería decir esas palabras frente a Luciano

— Es tu novio, no te preocupes contesta— dijo él con su tono comprensivo que muchas veces sentí que lo caracterizaba

Di un profundo respiro y finalmente contesté la llamada

—Hola— fue lo único que alcancé a decir

—amor ¿Dónde estás?, desde que bajamos del taxi no te veo- dijo él notablemente borracho

—no me llegué a subir al taxi, se fueron antes de que yo suba- dije yo

—¿de verdad? ¿ dónde estás?- dijo él

—en…. la casa de una amiga, estamos solo las tres- dije mintiendo

Parecía que el tiempo en paz que tenía para solucionar y excusarme frente a mi novio había concluido, porque Luciano, en este punto, empezó a dejar un rastro de besos en mi cuello, acelerando mi respiración. Por si fuera poco, ahora eran sus manos las que se entretienen entre mis pechos masajeandolos y amenazandolos, centrándose en ciertos momentos únicamente en las areolas

—¿Quieres que te vaya a recoger? pregunto Joaquín

—No amor, mmm, mejor quédate con tus amigos y diviértete— dije resistiendo que los gemidos que se escaparan por las acciones de Luciano

—¿segura?, creo que no fue bueno de mi parte haberte descuidado tanto esta noche— dijo Luciana a través del teléfono

—mmm, no te preocupes, más adelante tendremos más tiempo para nosotros— le respondí

Aparentemente aquella respuesta no le agradó a Luciano ya que dio un pequeño mordisco que me agarro desprevenida

—ay!- dije, expresión que se escuchó al lado del teléfono

—¿Estás bien Qué pasó?- pregunto Joaquín

— no te preocupes, Es que una amiga derramó El trago- respondí mintiendo

—Bueno amor no te molesto más. nos vemos luego- finalmente colgó

Nos miramos a los ojos, Luciano y yo. Genuinamente temía que Luciano se molestara o no quisiera seguir después de lo que había hablado con mi novio. Pero al ver aquellos ojitos, con esa sonrisa, no solo me llenó de ternura, sino que también me encendió, recordando nuestros viejos tiempos. Una vez más, lo empecé a besar, pero esta vez lentamente, aprovechando que esto no debería estar pasando, que nuestra última vez ya había sucedido, que este era un "extra" que no debería haber ocurrido.

Él me levantó entre sus brazos y se recostó sobre aquella cama vieja, que, ante el contacto de nuestros cuerpos, rechinó. Suavemente, desabrochó el botón de mi pantalón y lo bajó hasta retirármelo, dejándome únicamente con el tanga que llevaba puesto. Empezó a dar besos en mi ombligo, acompañados de suaves mordiscos, para luego descender lentamente en un camino de besos hacia mis muslos. Se detuvo a la altura de mi coño y comenzó a hacer aquello que siempre solía hacer y que nunca terminé de entender. Pegó su nariz y, después de inhalar profundamente, como si absorbiera todo el aroma que provenía de ahí, comenzó a besar sobre la tela.

Aquello me enloquecía. Sentir sus besos tan cerca, sentir que los necesitaba en mi piel, y, en vez de eso, él se concentraba en hacerlo sobre la única prenda que llevaba puesta. Lógicamente, era un juego previo, pero ¡cómo me desesperaba! Una vez que aquel pedazo de tela se humedeció, no sé si por sus besos o por mi propia humedad, con ambas manos sujetó los extremos del tanga para retirarlo y dejar al descubierto mi intimidad

Sin perder más tiempo, acerco sus labios. Después de un beso muy corto, comenzó a lamer alternando entre el interior y el exterior de mis labios. Su lengua subía y bajaba, entraba y salía, recorriendo cada centímetro. Desde las partes más sensibles, donde el contacto me hacía estremecer, hasta aquellas zonas con menos terminaciones nerviosas o, al menos, no las adecuadas. Era como si quisiera recorrer todo mi cuerpo, específicamente esa área, como si quisiera probar y recordar los sabores que, hace algún tiempo, podía disfrutar constantemente.

Yo no podía evitarlo. Echaba mi cabeza hacia atrás, entrelazaba mis dedos en su cuero cabelludo y me disponía a disfrutar.

—ufff, Por favor sí, sigue así— eran de las pocas palabras que alcanzaban a salir de mi boca. Pero no como gemidos, sino competición.

Sin dar pausa seguia dandome placer, intercalando el uso de su lengua con el de sus dedos, lo cual era una de las grandes características que tenía Luciano en el sexo.

—Por favor, házmelo- salio de mi boca casi susurrando

—por favor, qué- dijo él

—por favor hazme tuya una vez más- dije Casi rogando, recordando aquellos días antiguos

Él se detuvo, levantando su rostro desde mi entrepierna y subió hasta la altura de mi cara. Poco me importó que su boca estuviera llena de mis fluidos; lo jalé hacia mí, besándolo con desesperación. Podía incluso sentir el sabor de mis jugos en sus labios y lengua. En medio de ese beso, con sus manos sujetando firmemente mi cintura, sentí cómo su miembro lentamente se abría paso, entrando en mí. Conforme sentía que los centímetros se adentraban una vez más en mi interior, mis besos se volvían más intensos. Mi lengua llegaba más profundo en su boca, y sentía que salivaba más, como si necesitara tenerlo lo más cerca posible.

Crucé mis manos alrededor de su cuello, pegándolo contra mí, impidiendo que se separara o rompiera el beso. Al mismo tiempo, entrelacé mis piernas alrededor de su cintura, asegurándome de que su miembro no abandonara mi interior. La sensación de estar tan conectados era abrumadora, y no quería que nada nos separara en ese momento.

—mmmm, mmmm— El único sonido que alcanza a escapar de mis labios, sonido proveniente de mi garganta al sentir las cortas embestidas que me proporcionaba Luciano

Eventualmente nuestro beso se rompió, él levemente levantó su cuerpo y mirándome al rostro preguntó

—¿quieres que te coja de perrito?—

en sí era mi Posefavorita, me sentía dominada y sumisa a lo que quiera hacerme acompañante.

— no, así como lo estamos haciendo está bien— le respondí sonriente

El hecho de poder verlo, sentirlo cerca mío y a cualquier oportunidad poder jalarlo y besarlo, sentía que era lo único que quería hacer en aquel momento. El solo sonrió nuevamente acomodándose empezó a mover sus caderas esta vez logrando que sus embastidas sean más profundas.

—¿Te gusta?- preguntaba él teniendo su rostro cerca del mío

— me encanta, por favor no te detengas- le decía casi susurrando

Conforme se movía, yo no podía separar mi mirada de la suya. Ver sus ojos, sentir su cuerpo, me hacía sentir enamorada de él. Por más que ahora estábamos distanciados e incluso yo tenía una nueva pareja, creo que era inevitable caer una vez más ante Luciano. Desde un principio, no estaba segura de este viaje porque sabía exactamente que esto iba a pasar.

En algún punto, él empezó a dar movimientos más erráticos. Yo reconocí a la perfección lo que eso significaba: él estaba por venirse. Sonreí como una niña traviesa y, una vez más, con mis brazos aprisioné su rostro contra el mío, obligándolo a besarme. Al mismo tiempo, entrelacé mis piernas alrededor de su cintura, pegándolo contra mí. Esta vez, él no podía moverse, ya que mis piernas lo habían acorralado totalmente, y su miembro estaba insertado en lo más profundo de mí. Entonces, sentí cómo empezaba a ensancharse su pene dentro de mí, y poco después, el líquido blanquecino se derramó directamente en mi interior.

Una vez que sentí que había terminado, aflojé mis piernas y solté su cabeza. Él cayó a un costado, abandonando mi interior. Sentí cómo, al salir su miembro un líquido espeso comenzó a salir de mí. Me acurruque en su pecho, recibiendo un abrazo de su parte.

Estuvimos abrazados por algunos minutos, hasta que me fijé en la hora y me di cuenta de que faltaba poco para el amanecer. Ambos nos vestimos y salimos del cuarto, pero en dirección a la salida, ya que, por la hora, yo ya tendría que estar en el lugar donde nos hospedábamos con Joaquín. Ante la mirada expectante y curiosa del resto de los que aún quedaban en la sala de estar, y entre ellas, la mirada llena de rencor del pelirrojo, nos despedimos para ir a tomar un taxi.

Luciano me dejó a unos metros de la entrada de mi Airbnb. Nos despedimos con un beso, sabiendo que sería el último de esta aventura. Bajé del taxi e ingresé al recinto. Al entrar a mi habitación, encontré a Joaquín profundamente dormido. Esto me generó dos sensaciones: primero, algo de enojo, ya que le bastó con una llamada en estado de ebriedad y no se preocupó en ningún otro momento por mí; y, en segundo lugar, alivio, ya que no tendría que dar explicaciones. Me recosté a su costado y me dormí.

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Att. Nonsense-X