Iván & Raquel. Aclaraciones, besos y tonteos
Raquel no pide perdón por haberle puesto los cuernos a su novio; en cambio, le explica por qué eligió a Iván para su próximo desliz. Con la boca cerca de la suya y una sonrisa desafiante, le ofrece seguir follando sabiendo que podrían ser descubiertos. ¿Tendrá Iván el valor de aceptar el juego?
Iván & Raquel. Aclaraciones, besos y tonteos
Había pasado ya un rato —puede que veinte o treinta minutos— desde ese maravilloso clímax, y ambos continuaban en el sofá, abrazados y en idéntica postura. La joven dormía con la cabeza apoyada en el hombro de su amante, quien miraba a un punto indeterminado.
La tenía cogida por el lado izquierdo de la cintura, y le hacía cosquillitas en las partes donde su mano llegaba, a la vez que notaba su respiración, lenta y tranquila, y el leve movimiento de su cuerpo al inspirar por la nariz.
Se había quedado muy a gusto después de aquel polvazo, y tenía el guapo y el orgullo subidos por haberlo hecho con aquel bombón moreno del que nunca se hubiera esperado nada más allá de una posible relación de amigos.
No obstante, la explicación que le había dado Raquel era demasiado vaga y ambigua como para servirle a medio-largo plazo: necesitaba respuestas, y, teniendo en cuenta que follarse a la novia de un colega no era lo mismo que encamarse con la de un desconocido, estas apremiaban.
—Deberíamos hablar de lo que ha pasado, ¿no crees? —le inquirió, todavía mirando al horizonte por la ventana.
—Mmm… —ronroneó levemente ella, que no debía de dormir como tal sino solo encontrarse adormilada, a juzgar por lo pronto que le contestó—: Lo dices como si hubiéramos hecho algo malo, o… como si no te hubiera gustado.
—No es eso, no… Si ha sido fantástico, Raquel —le manifestó, tanto para hacerla sentir bien como porque realmente lo pensaba así.
—Jiji… —emitió una risita nasal que le gustó, pues transmitía sensualidad y paz—. A mí también me ha encantado, Iván —le apoyó, levantando la cabeza de su hombro para decírselo a la cara, aún mirándolo desde abajo. Aprovechó para besarlo con suma dulzura justo ahí, en el hombro izquierdo, por la zona de la clavícula, antes de dirigir nuevamente sus ojos verdosos hacia los suyos y preguntarle:— ¿Entonces?
El chico sintió una punzada de calentura, pues mientras aguardaba su respuesta le pasó su mano izquierda por su pectoral derecho y comenzó a acariciárselo con una suavidad que lo puso a cien. Aun así, le dijo:
—Raquel, eres la novia de Óscar, y Óscar es colega. Llevas poco tiempo en este grupo y no sé si tienes por costumbre cepillarte a los amigos de tu pareja, pero en todo caso necesito saber qué planes tienes tú.
—¿Tengo cara de enrollarme con cualquiera, Iván? —le devolvió, con cierto desdén y seriedad en la voz.
—No, pero tampoco tenías cara de poner los cuernos y aquí estamos.
—Ni tú tampoco de levantarle la chica a tu amigo, y… —prosiguió, arqueando las cejas.
—Óscar no es amigo, es más un co…
—¡Cállate! —le interrumpió, dándole varios picos mientras se reía, para hacerle cerrar la boca, poniéndose sobre él.
Iván trató de frenar, pero lo cierto es que aquella joven besaba demasiado bien como para contener el deseo de comérsela enterita. Disfrutó de sus labios, de su lengua y de su piel, y le pasó la mano por la nuca, a fin de que no se alejara mucho.
Cuando esos intercambios de saliva cesaron, Raquel se quedó sentada encima de su amante, y este con la espalda apoyada en el brazo del sofá. Era una posición cómoda para hablar relajadamente.
—¿Tú te crees que estoy en disposición de ir de casta después de haberme pegado tremenda follada conmigo? Jijiji —le preguntó, con una amplia sonrisa, estando sus rostros a poquita distancia.
—Hombre, es que por cómo has dicho lo de “¿Tengo cara de enrollarme con cualquiera, Iván?”, de lo que tenías cara era de haberte molestado.
—En absoluto —rechazó, manteniendo la sonrisa, ahora sincera y tranquilizadora—. Es lógico: apenas sabemos nada el uno del otro, y voy y te envío una foto mía, así del palo, y te acabo comiendo la polla y permitiendo que te vacíes en mi interior.
—Pues eso —afirmó el chico, asintiendo, feliz de que estuvieran en la misma onda—: creo que es comprensible que me interese por lo que vaya a pasar ahora.
—Totalmente, salvo por un pequeño problemita: quitando cuatro cosas importantes, la verdad es que no lo sé ni yo jijiji. Quiero decir: yo amo a Óscar, de verdad, y estoy muy feliz a su lado; por eso soy cauta cuando tengo un desliz… No quiero fastidiar la relación.
—Entiendo que no soy tu primer “desliz”...
—¡No seas cotilla! —se quejó, dándole un cariñoso golpecito en el pecho—. Jijijiji. Eso te lo puedes imaginar tú: quizás esta sea la primera vez que me acuesto con otro hombre teniendo pareja, quizás haya tenido amantes con todos mis novios o quizás tú seas el primer desliz que tengo desde que estoy con tu colega…
—Veo que no piensas soltar prenda…
—Bueno, más de las que ya he soltado… —contestó, mirando su cuerpo en cueros, y provocando la risa de ambos.
—Hablemos entonces en términos hipotéticos, porque tengo curiosidad: si yo no fuera tu primer lío extraconyugal, ¿cuál sería tu forma para elegir a quién sí y a quién no? ¿O cómo te fijaste en mí?
—Mmm… —suspiró, mirando hacia arriba, mordiéndose el labio y llevándose el dedo índice a la boca, pensativa—. Vale, me gusta este juego. Te contaré qué me llamó la atención de ti, y cómo me lo monté.
“Primero de todo: me pareciste un chico guapo e interesante. Te escuché hablar sobre cómo te lo montas en la universidad, y seguro que en el resto de ámbitos haces igual, para que la inteligencia artificial y la informática te ahorren trabajo, así como tener buena relación con quienes te conviene.
“Opino que la sociedad se divide en dos tipos de personas: las que se limitan a respetar las normas para vivir en paz, y las que estudian cómo funcionan esas normas para aprender a saltárselas y beneficiarse de ello. Y en eso me parece que somos iguales, Iván.
—Deduzco que compartes la filosofía de “Todo está permitido siempre que no te pillen”.
—Exacto, y también lo aplico a las relaciones amorosas: “Ojos que no ven…”
—”... corazón que no siente” —acabó él—. ¿Pero entonces solo te fijaste en mí porque te parecí una suerte de ‘hacker’ de la vida?
—No, por supuesto que no: bien podrías haber tenido una lealtad hacia mi novio a prueba de bombas, yo no saberlo y que todo hubiera quedado en la mera anécdota de que te mandé una foto disfrazada.
—Pero si no tenías realmente nada sólido para pensar que yo te fuera a corresponder cuando me has enviado la imagen, ¿cómo es que…?
—Bueno, siempre hay una parte de incertidumbre, de tirar una moneda al aire y jugársela: no tenía ni idea de si ibas a mostrarte receptivo hasta que tu “Ahora mismo voy” me ha confirmado que estábamos en sintonía.
“Teniendo en cuenta que apenas hemos coincidido ni hablado mucho, nuestro nivel de confianza para vernos a solas era simple y llanamente nulo. Con esto en mente, que yo te enviara una foto un poco subida de tono —nada tan explícito que fuera injustificable—, afirmando que estaría sola en casa durante horas, y que tu respuesta haya sido positiva, me ha llevado a suponer, en cuanto nos hemos tumbado aquí, cómo íbamos a acabar.
El joven la había estado escuchando muy atentamente, y, al finalizar su explicación, no pudo sino asentir varias veces, apretando los labios en un claro gesto de admiración.
—He de decir que estoy impresionado, Raquel. No dejas cabos sueltos.
—Gracias —aceptó ella, notablemente satisfecha—. Es que cuando vives de esta forma, queriendo sacarle todo el jugo a la existencia sin que te pillen, necesitas ser cuidadosa y aprender a leer a las personas.
—Ya veo… Chica lista. Oye, entonces… referente a lo de antes… ¿Habrá más “deslices” por tu parte?
—Ah, bueno… No sé… —consideró, torciendo ligeramente la cabeza hacia la derecha, transmitiendo indecisión—. ¿Tú quieres que los haya, Iván? —le preguntó, haciendo exactamente el mismo gesto de sonreír guiñando un ojo que le había dedicado en la imagen, ahora acariciándole los pectorales con lentitud y bajando sus manos por el pecho.
—Hhhmmm… —resopló él, notando cómo aquellos cariños y aquel tonteo constante volvían a endurecerle la polla—. Me estás poniendo mucho, tía… —le expresó entre dientes, con un tono de voz más bien gutural.
—¿Debo interpretar eso como un “sí”? —Formulada la pregunta, comenzó a acercar su rostro al de su amante, y se detuvo cuando las puntas de sus narices se tocaron, quedando a una distancia suficiente como para darse un besito de esquimal—. ¿Debo interpretar eso como que me ves tan mona, tan guapa, tan sexy y tan jodidamente buena que te apetece seguir follando con la novia de uno de tus amigos, aun sabiendo todo lo que implicaría que nos descubrieran?
El chico no daba crédito a las palabras de Raquel, a la forma en que sabía excitarlo jugando con el morbo del peligro: de entre todas las chicas con las que había estado, en relaciones más o menos públicas o más o menos éticas, aquella era la primera vez que se topaba con una hembra que, más allá de ser de fidelidad relajada o descuidada, no solo no sentía culpa ni remordimiento alguno por lo hecho, sino que claramente lo estaba incitando a reincidir.
Pero es que no era solo verbalmente cómo esa morena estaba apelando a sus instintos más elementales: continuaba sentada encima suya, luciendo unos atributos femeninos desarrollados y muy bien puestos, con la herramienta del joven entre sus muslos, apretada y recuperando el tamaño.
Y, evidentemente, que tuvieran sus bocas tan cerca que pudieran devorarse el uno al otro con tan solo el roce de unos labios que, saltaba a la vista, querían danzar juntos otra vez, solo hacía que reavivar el fuego de la pasión.
Iván la miró a los ojos, analizó rápidamente todo lo sucedido —tan bien como la calentura le permitía—, pensó en Óscar, en su relación, en sus amigos en común…
… y supo qué era lo que su cuerpo le estaba pidiendo a gritos.
—¿Qué decides, pues? —insistió la joven, dándole un beso de esquimal para llamar su atención al notar que se lo estaba pensando—. ¿Te apetece estar conmigo? —quiso saber, mostrándole la más encantadora de sus sonrisas.
Aquella mirada, aquellos ojos verdosos escrutando su inminente sentencia, y el tacto y calor de su rostro contra el suyo, fueron lo último que vio y sintió antes de abrazar a esa hermosa veinteañera y sucumbir a unos encantos que no tenía muy claro adónde le iban a llevar.
***
Muchísimas gracias por haber llegado hasta aquí. Ahora puedes valorar el relato y dejar un comentario explicándome qué te ha parecido este nuevo fragmento. Tengo el siguiente a medias, y prefiero no dar una fecha de publicación hasta haberlo terminado. Sí iré compartiendo algunas novedades en la sección de "Info" de mi perfil, para los interesados.
También puedes escribirme al correo ([email protected]) para contarme alguna experiencia o fantasía tuya que quisieras que inmortalizara en un próximo texto. Un saludo.
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