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Iván & Raquel. Una insinuación inesperada ✅

La notificación de WhatsApp cambió todo: una foto sugerente y una casa libre. Iván sabía que cruzar esa puerta significaba traicionar a un amigo, pero el cuerpo de Raquel lo esperaba sin ropa interior. ¿Podría resistirse a la tentación de ser el amante que su novio no es?

Martin Valdez8.4K vistas7.8· 9 votos

Iván & Raquel. Una insinuación inesperada

Iván estaba estudiando en la biblioteca de su facultad cuando vio aparecer, sobre el icono de WhatsApp del portátil que llevaba, la notificación de un nuevo mensaje. Creyendo que sería algo importante, abrió la aplicación y… vaya si lo era.

Se trataba de una imagen enviada por Raquel, una chica a quien le había presentado un amigo común, y que le había caído más o menos en gracia. Ahora le mandaba una foto de ella misma, disfrazada de Spiderman salvo en la parte de la cabeza, con su cuerpo medio estirado en el sofá y una mirada sugerente y sonriente, guiñándole el ojo izquierdo a la cámara.

Llevado por una idea más instintiva que racional, le escribió:

—Qué bien te queda…

—Gracias, Iván —fue contestado al momento—. Tengo casa libre hasta la noche. ¿Estás ocupado?

El chico sintió cómo algo se revolvía dentro de él. “Tiene que ser una broma”, pensó. “Debo de estar malinterpretándola”. Resolvió salir de dudas con una pregunta de doble sentido:

—¿Y Óscar? —refiriéndose al novio de ella.

—Trabajando hasta tarde.

No había nada más que decir, estaba todo muy claro: Raquel le solicitaba.

Su decisión fue rápida:

—Ahora mismo voy.

Y, mientras recogía sus cosas, la joven reaccionó a ese último mensaje con un corazoncito. A Iván se le aceleró el suyo y se le revolvieron los huevos de gusto.

***

Su llamada por el telefonillo del bloque fue respondida en cuestión de segundos, sin oír ninguna voz. Cogió el ascensor y se plantó en la entrada del piso de estudiantes, que halló entreabierta.

Raquel lo observaba sonriente a unos pocos metros, con la espalda apoyada en la pared y los brazos detrás, realzando sutilmente los pechos. La escena hablaba por sí misma.

Iván y Raquel tenían ciertos parecidos en su físico: ambos eran altos —él la superaba por poco— y se acercaban al 1,80; de complexión esbelta y más o menos en forma; blancos de piel —Iván tendía a la palidez—; morenos de cabello y ojos —él lo llevaba muy cortito, mientras que ella lo tenía largo y liso, con flequillo y reflejos pelirrojos—; narices rectas y respingonas —la de Raquel era algo más grande—; labios finitos y rostros sin pecas —el chico llevaba gafas y estaba bien afeitado, sin un solo pelo.

—Hola, Raquel —la saludó, con una entonación enfatizada.

—¿Cómo estás, Iván? —le devolvió, inclinando ligeramente la cabeza, como a modo reverencial—. Ven conmigo al salón: se está bien. Y hay palomitas.

La siguió a través del pasillo, contemplando su andar tranquilo y el agudo contoneo de sus caderas a través de la tela del disfraz que aún llevaba. Tenía un culo interesante, sin exageraciones, equilibrado y en sintonía con el resto de curvas.

Al ser tempranito, los rayos del sol iban iluminando poco a poco las partes de la estancia, aunque seguía notándose el frío invernal. Sobre el sofá donde Raquel se había fotografiado se amontonaban numerosos cojines y mantas, aún con la forma de haber acogido a un cuerpo humano.

Justo al lado, en el centro de aquel espacio —había otro sofá delante—, sobre una mesita de madera brillaba un bol repleto de palomitas.

—Ponte cómodo. ¿Quieres ver algo? —le preguntó, mientras cogía el mando a distancia e iba recorriendo el menú de aplicaciones de la televisión.

—Cualquier chorradita.

Iván se quitó la chaqueta y algunas prendas que llevaba y las dejó sobre la mesa de cristal que había en una punta del salón, quedando de espaldas a Raquel. Sus latidos iban rápido y no sabía muy bien qué decir.

Tenía al cerebro en estado de alerta, analizando cada detalle: no dejaba de repetirse que todo lo que estaba sucediendo era demasiado bueno para ser real, y que todas aquellas actitudes y gestos que él interpretaba como insinuaciones de la pareja de Óscar no serían otra cosa que simples muestras de la amabilidad de la chica.

—¿De dónde venías, por cierto? —le inquirió de repente.

—Estaba en la universidad… Bueno, en la zona del bar —se apresuró a mentir, porque no quería darle a entender que estaba haciendo algo importante y que lo había dejado todo para ir con ella, como realmente había sido.

—Ah, bien jeje. Hay que encontrar momentitos para relajarse, ¿verdad?

—Pues sí.

“Momentitos para relajarse”... ¡Joder, es que eso sonaba a lo que sonaba!

El chico se giró y observó que Raquel se hallaba en una posición muy similar a la que había decidido inmortalizar un rato antes. El comportamiento de la joven efectivamente no daba mucho pie a error.

Guiado por su naturaleza más primaria, optó por acomodarse al lado del brazo derecho del mueble, lugar en que la chica tenía apoyada la cabeza. Esta se incorporó levemente y se recolocó algo más en diagonal, en el costado izquierdo de él.

Así estuvieron durante un rato: Iván cogió el recipiente de palomitas, lo dejó entre ambos y fueron comiendo, sin decir gran cosa, mientras veían una serie de animación cuyo nombre ni sabía ni tenía el más mínimo interés en aprender, pues no era ahí donde tenía puesta su atención.

Consciente de que iban a lo que iban, al chico no dejaba de alucinarle su forma de actuar: habían coincidido en muy pocas ocasiones, y en estas no había percibido en ella más que un carácter agradable, recto y refinado.

Ahora, no obstante, la tenía ahí, a su lado, pegadita a él en el sofá, con un traje que le quedaba como anillo al dedo, haciendo unos ruiditos al masticar que, lejos de ser desagradables, le hicieron empezar a tener pensamientos alrededor del tacto de sus labios, de la calidez de su boca, de su lengua…

—¿Estás cómodo? —le preguntó la joven, de pronto.

—Sí —contestó rápidamente, recuperando la compostura—, ¿y tú?

—Perfectamente. Estando así juntos mantenemos el calorcito.

Tenía el brazo izquierdo mal colocado, así que lo levantó e hizo amago de pasarlo por la espalda de Raquel.

—¿Te importa…?

—En absoluto: eres mi invitado.

Dicho y hecho, sus cuerpos pasaron a tocarse por el lateral de las costillas —derecha de ella e izquierda de él—, e Iván sintió, algo más arriba de esa parte, la dureza de sus senos… y sus pezones.

Resolvió tirar por ahí:

—Oye, ¿a qué se debe tu disfraz?

Echando la cabeza un poco hacia atrás, recortando así la distancia entre sus rostros, contestó sonriendo, con aires de infundada inocencia:

—Nada, es que quería comprobar si todavía me iba bien, para ponérmelo en Carnaval y eso, y como te vi hablando con Aitor —un amigo del grupo— el otro día sobre las películas de Spiderman, pues he pensado que te gustaría vérmelo puesto… ¿Tú cómo me lo ves? —quiso saber, pronunciando ese “Tú” con una gesticulación algo exagerada, poniéndole morritos—. ¿Crees que me sienta bien, Iván?

—Te sienta realmente bien —opinó sinceramente, mirándola a los ojos—. Serás la mejor Mujer Araña de la ciudad jeje.

—¿Sí? ¿Seguro? ¿No me lo encuentras muy apretado? Es que he tenido un pequeño problemita con la talla, que no me entraba del todo, y… si salgo a la calle, tal vez pase frío.

—¿Por qué motivo? —inquirió el joven, oliéndose algo.

—Bueno, he crecido respecto al año pasado, y la única manera que he encontrado para llevarlo con comodidad ha sido desnudarme por completo. No llevo ni ropa interior.

Iván tragó saliva. Aquello ya era una insinuación demasiado explícita.

—Por eso también me interesa quedarme tranquila y comprobar que no se me transparente nada —continuaba jugando Raquel, que se irguió y se sentó, con cada vez mayor desparpajo y atrevimiento, en las piernas del chico, quedando de espaldas al sol—. ¿Y bien? Tú dirás, nene. Me fío de ti.

El nene se quedó mudo.

Aquello era impresionante.

Absolutamente impresionante.

Como no podía ser de otra forma, la luz de la mañana lo transparentaba todo: un vientre plano, sin pecas; unas tetas bien puestas, erguidas, que no necesitaban ser grandes en exceso para causar impresión y deseo; unas caderas anchas; unos brazos delgaditos pero fibrados, debidamente entrenados… Y por supuesto, su hermoso rostro: la tez aún más clara, con una piel limpia y cuidada; la cabellera castaña, con un tono rojizo oscuro en el contorno; su nariz, en una posición sombreada que remarcaba su forma puntiaguda y elegante; sus ojos, de un tono castaño ahora ligeramente verdoso; y por último, como guinda sobre el pastel, una sonrisa abierta y amplia de labios finos y dientes cuidados y casi resplandecientes.

Su lado más animal le estaba pidiendo a gritos abalanzarse de una vez por todas sobre la presa que tenía delante, pero su parte más caballeresca le indicó que todavía podía mejorar aquello.

—Ummm… Raquel, ¿me permites? —le inquirió, alzando las manos.

—Por supuesto.

—Bien, es que… —empezó a decir, palpando su vientre con suavidad—... te queda genial, pero… se puede mejorar. —Fue recorriendo su cuerpo con los dedos y las palmas, deleitándose con sus formas, subiendo hasta la zona de sus delanteras—. Deja que te recoloque esto.

Y aterrizó al fin en el contorno de sus pechos, cubiertos solo por la fina tela, que en esa parte era roja oscura. Los encontró bien duros y prominentes. Y le encantó la sensación.

La chica cerró los ojos entonces, exhaló un suspiro por la nariz y la boca, y levantó la cabeza, como haciendo amago de echarla hacia atrás.

—¿Qué…? Mmmmmm… ¿Qué querías recolocarme, Iván? No… No te entiendo…

“A tomar por culo”.

—Calla y disfruta, preciosa —sentenció él, agarrándola por la nuca y comiéndole los morros.

***

Iván & Raque. Lascivos intercambios de saliva

Abandonada ya toda sutileza y jueguecito seductor, la novia de su colega se tiró sobre él, en una vorágine de gemidos, besos, caricias y lametones sin frenos. Se devoraron con profundo ardor y la chica acabó debajo de él, sintiendo un peso masculino que la apretaba pero que no le resultaba nada molesto, siendo el fruto de la calidez de su amante.

No dejaban de besarse ni de sobarse: Raquel le pasó los brazos por el cuello y por la espalda, internando sus dedos bajo la ropa —una camiseta fina y una sudadera— y apretándose contra sus músculos —lo cual le encantó, pues los sintió fibrados y trabajados, sin las exageraciones que veía en los ‘gymbros’ de turno—; a la vez, sintió presionadas sus tetas y unos mordisquitos muy agradables por el cuello y el lóbulo de la orejilla izquierda —no acostumbraba a dejarse morder, porque Óscar era algo bruto y le dejaba marca; pero Iván parecía saber exactamente el nivel de intensidad que su delicada piel era capaz de soportar.

Llegó un punto en que sus atuendos pasaron a ser un estorbo, de modo que se los fueron quitando:

—Ayúdame con la cremallera, que yo sola no puedo —le pidió, jadeando, con la cara enrojecida y la boca entreabierta.

—Voy. —Y mientras la abrazaba y hacía descender el tirador, que iba de la altura de la nuca hasta la cintura, la seguía morreando y dándole lengua con intensidad, tocándose sus narices y dándose involuntarios besos de esquimal—. Raquel, ¿cómo te lo has puesto antes?

—Me ha llevado un ratito… Oooummm… —Le metió la lengua hasta la campanilla, jadeando y mezclando obscenamente la saliva—. A veces hay que sufrir para estar irresistible jeje —flirteó, posando sus ojos castaños oscuros con un toque verdoso en los del chico.

—Entiendo… Luego hablaremos de esto… Ahora te quiero comer enterita…

—A mí no me importaría hablarlo ahora, que lo sepas… Ooouuuhhh… —se ofreció, abriendo completamente la mandíbula para besarlo—. Pero como tú quieras, Iván…

Una vez que la mano que cogía al tirador llegó hasta la cintura de esa morena despampanante, fue cuestión de segundos liberarla del traje. Empezó así un camino descendente de besitos por aquel bello cuerpo femenino, mientras su dueña gemía y se dejaba hacer, postrada sobre los cojines, con los ojos cerrados y una sonrisa radiante.

—Te tenía por una buena chica, Raquel… Por una novia fiel…

—Pero si yo soy una buena chica, Iván… Adorable, de hecho… Mmmfff… Todos me lo dicen… Lo de la fidelidad es lo que no… jijiji —negando con la cabeza, riendo entre dientes, sintiendo a la vez cómo el joven iba llegando hasta su zona íntima—. Pero bueno… Supongo que también depende cómo interpretes lo de ser fiel.

—¿Acaso tenéis una relación abierta o algo así?

—No, pero… Uuummm… Todo está bien… Luego te cuento… Pfff… Quédate con esto, Iván: yo amo a Óscar y no quiero hacerle daño… Por eso soy cauta… Si a ti no te importa, a mí menos… Y ahora cómeme, machote…

Sin darle muchas vueltas a las palabras de la chica, su amante inició una deliciosa comida de coño que le arrancó unos gemidos que ni siquiera se molestó en reprimir, retorciéndose de placer y con todo el cuerpo en tensión, con el rostro descolocado y echado hacia atrás.

Iván levantó un momento la cabeza de entre esas exquisitas piernas de un color blanco lechoso y sonrió al contemplar la estampa: una bella mujer de indiscutible atractivo —no mayor de veinte o veintiún años, frente a su cuarto de siglo—, totalmente entregada a sus habilidades amatorias. Que fuera la pareja de su “colega” —en realidad, más bien “colega de colega”— no le podía importar menos. Por algo sería.

Su lengua trabajaba, incansable y con energía, sobre el terreno, no dejando centímetro alguno sin humedecer: le ponía muy cachondo proporcionar a las hembras con quienes se acostaba el mayor goce posible. Para él era una cuestión de honor imposibilitar que sus amantes terminaran con la más mínima queja sobre sus aptitudes.

—Iván, para… —le dijo de pronto—. Ven… Mmm… Ven aquí… Bésame, cariño… Me voy a correr y no quiero todavía…

—Pero si ya te debía quedar poco…

—Sí, por eso mismo… Mmmfff… Me gusta aguantar en ese puntito cercano al clímax… Así el orgasmo es más intenso luego… Ooohhh… Me gusta retrasar el momento final…

El joven estaba acalorado y se desnudó de cintura para arriba ante la atenta mirada de Raquel, que lo observaba y le sonreía con deseo desde abajo.

—¡Guau, Iván! Ya lo he notado antes, pero para estar delgadito, tienes los músculos muy bien puestos jiji. Permíteme ayudarte.

Y dicho esto, le bajó los pantalones y los calzoncillos hasta casi las rodillas, liberando a la polla que el veinteañero gastaba ya a esas alturas de la sesión. Medio erecta, palpitante y toda ella depilada, saltó hacia fuera y quedó a muy poquita distancia del rostro causante de su estado, que le sonrió.

Fruto de la calentura, la punta estaba humedecida por el líquido preseminal, que la joven se dispuso a saborear.

—¿Te importa que me ponga debajo, Raquel? Estaremos mejor —le pidió, frenándola justo cuando su lengua iba a comenzar la tarea.

—Oh, sí, por supuesto.

Aprovecharon entonces para terminar de desnudarse ambos: entre que el frío había ido remitiendo poco a poco durante ese rato y el calentón que llevaban, no tuvieron problema alguno en quedar como Adán y Eva.

—¿Estás segura de que no vendrá nadie? —le inquirió, mirando hacia la puerta.

—Te lo prometo. Vamos, túmbate y no te preocupes por nada, guapo.

Iván se estiró en el mismo lugar que su compañera ocupaba antes y se abrió de piernas, al tiempo que Raquel tomaba posiciones. Comenzó por acariciarle las áreas circundantes —tanto el bajo vientre como las piernas— y después fue trazando un camino de dulces besitos hasta llegar a la zona de asalto.

La chica demostró ser una maestra en el arte del morbo y la provocación: en lugar de iniciar esa tan deseada felación, se entretuvo primero en una suerte de preliminares consistentes en restregar lentamente, con gestos medidos, su rostro encima del aparato.

Exhibiendo una perenne sonrisa abierta, Raquel se puso a darle besitos de esquimal, pasándole su naricilla larga y recta por todas partes, como si su intención fuera en verdad olfatearla y quedar extasiada ante el inconfundible aroma a virilidad masculina.

Finalmente comenzó la mamada, e Iván sintió que ascendía al cielo: ¡qué boca! ¡Qué labios! ¡Qué absoluta gozada! Tenía además un primerísimo plano de sus tetas, que se movían ligeramente, al son del sexo oral, y otorgaban a la novia de Óscar un morbo extra.

Veía cómo el tronco aparecía y desaparecía de sus cuidados labios; cómo su respiración se agitaba al engullirlo casi por completo; cómo sus manos sostenían el aparato al tiempo que estrujaban los huevazos duros, como poseídas de una “inercia lechera” que las llevaba a desear tragárselo entero; y sobre todo, sentía cómo la punta de su hinchada polla llegaba a rozar la campanilla de la misma joven por la cual podía perfectamente haber entrado la herramienta de su colega la noche anterior.

Con todo, el chico estaba excitadísimo, y así se lo transmitió:

—Raquel… Mmm… La chupas de maravilla… Me estás haciendo una limpieza de sable de las mejores…

Ante sus elogios, dado que tenía la mandíbula ocupada, esbozó una sonrisa rápida y le guiñó el ojo. “Es un placer”, interpretó.

Pero si había algo que verdaderamente no dejaba de sorprenderlo de todo aquello era que la sesión de sexo inesperado que estaban teniendo la había propuesto alguien a quien él tenía como una persona recatada… Claramente debido a lo poco que se habían visto hasta ese momento, la había juzgado de forma totalmente incorrecta.

Luego de unos minutitos muy agradables en relativo silencio, únicamente interrumpidos por la voz ronca y gutural de un Iván que se sentía en una nube como consecuencia de la dulce y lenta mamada con la que Raquel lo estaba obsequiando, empezó a notar cómo se endurecía su fálico amiguito, anunciando así una más temprana que tardía descarga.

—Mmm… Ra… Raquel… Frena porque estoy llegando… —la avisó, no tanto porque realmente deseara que su lengua cesara el trabajo, sino porque no sabía si quería terminar con la garganta a rebosar de lefa.

Esta fue liberando el manjar de entre sus cálidas y húmedas paredes bucales lentamente, y lo mantuvo colocado en vertical. Seguía dando saltitos, botes, completamente hinchado, limpio y sin un solo rastro seminal.

—Aguanta un poquito, Iván, y seguimos… —le pidió, con los labios rozando el glande, tanto que casi parecía que lo usara como micrófono, haciendo que su dueño notara la respiración y el aliento de esta—. Ahora viene lo mejor jijiji…

Manteniendo la lanza en vertical obstaculizaba la más que probable eyaculación. El chico, respirando agitado, mantuvo la calma, tensando y destensando los músculos de la barriga y de la entrepierna para evitar aquella erupción volcánica que pugnaba por ascender.

Sus testículos estaban durísimos y todo el tronco vibraba. En un momento así, de máxima calentura, no hubiera tenido muchos problemas ni escrúpulos para empotrar violentamente contra la pared a cualquiera que se pusiera en su camino. Se sentía pletórico, rebosante de energía sexual.

Poco a poco fue calmándose y recuperando la compostura, aunque la lujuria seguía ahí, latente. Raquel se tumbó a su lado, le cogió de la mejilla derecha, giró su rostro y le estampó un beso con lengua que lo volvió a poner a tono. Efectivamente le sabía toda la boca a polla, pero llegados a este punto, la lascivia era excitante. Una cosa le quedaba clara, visto esto: a la chica de Óscar le encantaba hacer guarrerías con la boca… Y a él le ponía también muy cachondo vérselas llevar a cabo.

—¿Estás bien? —le preguntó ella, sonriendo.

—De puta madre, la verdad —evidenció, abrazándola por el costado—. ¿Les haces esto a todos?

—Eso es muy personal… Prefiero que te montes tus teorías jijiji. Lo único importante ahora es que lo estamos pasando bien, y que estás demostrando poseer una resistencia envidiable con respecto a mis cariños… Óscar no suele aguantar tanto, eso sí puedo decírtelo.

—Je… Mucho gimnasio y mucha historia, pero luego, a la hora de la verdad…

—Quiere ir de macizote de la vida, y a mí ese rollo ya me gusta, que conste; pero irónicamente acaba tan agotado que luego no es capaz de hacérmelo bien. Y es una pena, porque la tiene grande…

—... pero no sabe usarla —terminó la frase él, deduciendo el problema—. La tiene desaprovechada… y a ti, por lo que me dices, insatisfecha.

Raquel arqueó las cejas, en un gesto de leve afirmación, e Iván se la quedó mirando a los ojos, formando una sonrisa.

—Yo sí sé usarla.

La joven, al escucharlo, sonrió lentamente, con malicia.

—Demuéstramelo —le retó.

***

Iván & Raquel. Morreos, lametones y un gran clímax

Se enzarzaron en un morreo intenso, metiéndose mano a placer, y la veinteañera acabó debajo, emitiendo gemidos entrecortados a causa de los dedos de su amante, que le acariciaban sus hinchados labios vaginales.

—Fóllame ya, Iván… Me estoy poniendo muy malita… Uuummmfff… Cúrame… Cúrame la calentura con tu inyección del amor… Pfff…

La muy golfa sabía perfectamente cómo ponerlo a cien, y eso que apenas se llevaban conociendo carnalmente una hora o dos. Dedujo que Raquel estaba actuando igual con su novio, o que por lo menos a ella le excitaba jugar a los médicos.

De cualquier forma, el caso es que la tenía abierta de piernas, receptiva y solícita a sus cariños. Mientras se terminaba de colocar, volvió a admirar su rostro: su larga melena, lisa y castaña oscura, estaba algo despeinada por todo el trajín, pero se mantenía bonita, con el flequillo bien puesto; su piel blanca y limpia, algo enrojecida ahora debido a la calentura, transmitía una sensación de salud y de pureza muy atrayentes; al estar ella más de cara al sol en el sofá —aunque tapada por su amante—, el color castaño oscuro de sus ojos adquiría también una tonalidad verdosa, que le confería un aire juvenil y sensual; su nariz, recta y respingona, obtenía un aspecto más bien puntiagudo vista desde arriba, lo cual le daba un rollo interesante; y por supuesto, su amplia sonrisa, que ahora exhibía nada más los dientecitos de delante, mordiéndose el labio en un acto evidentemente provocativo.

Fue hacia los turgentes pechos de esa morena calentorra y los chupó y succionó, ya sin demasiados miramientos. Conforme movía su cuerpo, sentía cómo su polla y sus huevos se chocaban una y otra vez con las zonas más íntimas de la joven, que emitía sonidos entrecortados y reclamaba a su soldadito:

—Te gusta hacerme sufrir… ¿Verdad que sí… cabrón…? Hhhhhhmmm… Vamos… Tómame… Hazme feliz… Hazme tu chica, Iván… Te deseo muy adentro de mí… Eres mi mejor amante… Pfff…

Raquel estaba cada vez más desbocada, así que agarró al chaval por la nuca y estampó su cara contra la suya para darle un morreo apasionado que le succionó hasta el alma. Tenía el coño bien lubricado y unas ganas locas de sentir cómo aquel trozo de carne la follaba a base de bien. Le puso la otra mano en el culo para dirigir sus movimientos pélvicos, y porque en ese momento necesitaba, más que ninguna otra cosa, estar en contacto con ese macho que tanto y tan bien la estaba satisfaciendo.

Iván fue a la carga, y ahí ya sí que empezó la mejor parte de la fiesta: penetró a Raquel con toda la delicadeza que pudo, y halló unas paredes vaginales la mar de cálidas y acogedoras, que le dieron la bienvenida de esa forma tan especial que los coños tienen al acoplar a sus mejores amigos. Apoyando los codos a los lados de los hombros de su querida, fue acometiendo unas profundas embestidas.

—¡Ah…! ¡Ahhh…! ¡Aaahhh…! —empezó a gemir ella, retozando, con su mejilla izquierda pegada en la derecha del veinteañero, los ojos entornados por el placer y la boca abierta—. ¡Iván…! ¡Sí…! ¡Sííí…! ¡Sigue…! ¡Mmmmmm…! ¡Dios mío…! ¡Ooohhh…! ¡Qué rico…!

Su amante la besaba enérgicamente en la boca, las mejillas, mordisqueaba el lóbulo de la oreja… Estaba muy atento a la velocidad con que la follaba, porque llevaba tanto rato necesitando correrse que sabía que, si no se controlaba, aquel polvo tan delicioso tendría un rápido final.

La chica le iba sobando los músculos de la espalda y de los brazos, delgados pero fibrados, y acariciaba su corto pelo castaño oscuro con dulzura, señal que él interpretó como de sumo agrado.

—Tienes un coño maravilloso, Raquel… ¡Uuummm…! Es estrechito… pero acogedor… ¡Aaahhh…! ¡Me…! ¡Aaahhh…! ¡Me gusta! —le medio gimió al oído, intercalando palabras acaloradas con meros guturales roncos.

—Tu… Tu polla… ¡Mmmfff…! Tampoco está nada mal… La sabes… ¡Ooohhh…! ¡Sí…! La sabes usar bien… Mucho… ¡Mmmmmm…! Mucho mejor que mi novio…

—El estado del terreno también le propicia la faena a la herramienta —la piropeó, mirándola a los ojos—. Hermoso… Mmmmmm… Bien cuidado… Blandito… Profundo… —describió esto último clavándosela hasta el fondo.

—¡Ooohhh…! ¡Cariño…! Es que… ¡Mmmmmmfff…! Te la noto durísima… Pfff… Ojalá… Ojalá mi novio estuviera aquí… ¡Aaahhh…! Para tomar nota de ti… Le diría… ¡Ooohhh…! Sí… Así… ¡Más adentrooohhh…! Le diría que aprendiera…

—¿Te daría morbo que nos pillara, Raquel?

Lo miró entonces con unos ojos cargados de vicio y lascivia.

—Muchísimo… ¡Aaahhh…! Ooohhh… Sííí… Me encantaría… Pero no…. Mmm… No sería conveniente… Se le rompería por completo la imagen que tiene de mí… Pffffff… Así… Así… Muy bien… Suaaaaaaveee… Compartimos alquiler… Aaahhh… No puede ser…

A Iván le excitaba muchísimo ver cómo su polla gordota desaparecía en la entrada de la vagina de las chicas con las que estaba, de modo que se irguió lo suficiente para observarlo. Ella comprendió sus intenciones y también se levantó un poco, apoyando los codos en el respaldo del sofá.

—Raquel, eres preciosa… —le salió del alma decirle, admirando su cuerpo joven y su buena figura y disposición.

—Tú también eres muy guapo, Iván —le devolvió ella, sonriéndole con encanto, mientras seguía resoplando por esas fabulosas penetraciones que no se detenían.

En ese momento los huevos le temblaron ante la fantasía de dejarla embarazada, y supo que ya había llegado al punto de no retorno. Volvió a colocarse sobre ella y la advirtió de lo que se avecinaba.

—¿Te la saco?

—No… No hace fff… ¡Aaaaaahhh…! No hace falta… ¡Mmmmmm…! Tomo precauciones… —Se lo quedó mirando fijamente durante unos segundos antes de sentenciar—. Vacíate en mí, cielo. Me gusta.

Aquello ya fue demasiado: Iván se la hundió una última vez, con fuerza, hasta el fondo, y Raquel se sintió felizmente atravesada hasta las entrañas. Debido al rato que llevaban, la chica sintió también que no le quedaba demasiado y comenzó a frotarse con ahínco en la tremenda polla que tan bien la estaba poseyendo.

—¡Aaahhh…! ¡Aaahhh…! ¡Aaaaaahhh…! —gemía él, sin ningún tipo de escrúpulo, poniendo los ojos en blanco y buscando con desesperación los labios y la lengua de esa morena maravillosa.

Formaron entonces una vorágine de lametones, músculos en tensión, besos obscenos, bailes de lenguas y sobeteos varios, durante la cual el chico eyaculó una importante cantidad de semen entre esas paredes vaginales en las que tan cómodo había estado, a la vez que ayudaba también a su compañera de sesión a terminar de alcanzar el clímax.

Emitiendo una serie de sonidos guturales ininteligibles, con su lado más primario a flor de piel, dominándolo todo, del embrollo de piernas formado en la zona inferior acabaron saliendo viscosos fluidos sexuales, una mezcla de semen con líquidos femeninos resultado de un orgasmo mutuo.

Quedaron abrazados sobre el sofá, ambos resoplando, llenos, extasiados, acariciándose mutuamente y dándose besos suaves. Iván sentía cómo su polla iba perdiendo grosor, y cómo poco a poco salía de entre los labios vaginales en los que acababa de descargar la semilla de varios días. Adoraba aquella sensación post-coito, y se fue relajando.

—Mmm… No ha estado mal, ¿verdad? —le preguntó él, acomodando su cabeza al lado de la de la bella Raquel, quien trataba de recuperar el aliento de una forma muy similar.

La respuesta de la joven consistió en girar la cabeza hacia el chico, sonreírle y, sin mediar palabra, besarlo largamente, con suavidad, sin lengua. Iván pensó que empezaban a gustarle aquellos labios aventureros y alegres. Con las puntas de las narices tocándose, ella le acarició la mejilla y le contestó:

—Ha estado genial, nen.

***

Muchísimas gracias por haber llegado hasta aquí. Ahora puedes valorar el relato y dejar un comentario explicándome qué te ha parecido. He unido las tres partes (anteriormente publicadas por separado) a fin de compactarlas, corregido algunos fallos y, sobre todo, mejorado el inicio de la historia (guiándome por el comentario de Will Brown, a quien mando un cordial saludo).

Agradezco también los comentarios de Sebastian y Kum38, que me piden una segunda parte y me sugieren cómo podría continuarla. Mi respuesta:

"La verdad es que no tenía pensado hacer que durara mucho más (por ahora, solo tengo una escena más en la cabeza), aunque si veo que gusta puedo darle unas vueltas. Tampoco quiero prometer que subiré relatos con frecuencia porque no va a ser así: esto es solo una afición, así que, por más que quisiera, no puedo dedicarle todas las horas que me gustaría.

"Lo que sí puedo adelantar es que efectivamente estoy escribiendo una segunda entrega, que iré publicando en fragmentos conforme los termine. Agradezco las ideas sobre cómo continuarla, pero debo decir que, al menos en este caso, ya tengo en mente lo que ocurrirá.

Por último, quería recordar que podéis mandarme al correo ([email protected]) ideas para historias, confesiones personales para inmortalizar en un próximo texto (guardando el lógico anonimato), etc. También recomiendo que vayáis a "Info" en mi perfil, ya que iré comentando los avances de los relatos, fechas de publicación y todo eso. Un cordial saludo.