Xtories

La compañera de piso de mi novia

Laura no solo quería demostrar que era la dueña del piso; quería demostrar quién mandaba en la cama. Y cuando entró en esa habitación, dejó claro que su amiga no tenía nada que envidiarle.

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Esta historia totalmente real pasó hace unos años. Yo tenía una novia hace unos años, ella vivía fuera de su casa con dos compañeras de piso. Una era amiga suya desde hacía varios años pero la otra era nueva. Se llamaba Laura, 28 años, era bajita, un poco fea de cara pero muy tetona.

Laura ya vivía en ese piso y mi novia y su amiga eran las que entraron nuevas. Al principio se llevaban bien, pero después Laura mostró cómo era en realidad. Se creía la dueña del piso, todo tenía que estar donde ella decía, además de los horarios de comidas, televisión y duchas. Todo eso era algo que mi novia y la amiga no aceptaban y la convivencia era muy mala.

Yo iba a visitar a mi novia de vez en cuando, sobre todo porque yo en esa época aún vivía con mis padres y entonces ahí teníamos más intimidad. Eso era algo que Laura odiaba: decía que las visitas estaban vetadas, pero tuvo que aceptarme porque ella también tenía novio y él vivía fuera, con lo cual cuando iba se quedaba en el piso. Así que aceptó las parejas pero de malas maneras y diciendo que no se notara que estuviera.

Laura, además de creerse la dueña de la casa, era muy creída consigo misma. Ella presumía de saber hacer de todo cuando era la que peor limpiaba y cocinaba. Lo que sí hacía muy bien era arreglarse cuando tenía que salir. Pese a que no era muy guapa de cara, intentaba resaltar sus enormes tetas y se ponía faldas muy cortas. Y en casa iba siempre en ropa deportiva pero bien maquillada y peinada.

Un día estaba yo en la casa. Teníamos que comer temprano porque mi novia trabajaba por la tarde, y eso a Laura no le gustó nada (la otra compañera de piso estaba fuera esa semana). Discutieron por el horario de la comida, y Laura decía que ella había hecho ese horario y por eso era la mejor. Mi novia le respondió que presumía de saber de todo y no sabía hacer nada. En fin, gritaron durante largo rato, Laura se fue a su habitación y a mi novia se le quitó el hambre. Al poco se fue, yo me quedé recogiendo y me fui a la habitación de mi novia a echarme un rato.

Estuve un rato viendo el teléfono y ya iba a dormirme. Al rato, cuando estaba cogiendo el sueño, abren la puerta. Era Laura. Se había peinado, maquillado, llevaba una blusa con un escote enorme, una minifalda de cuero amarilla y unos botines blancos. Yo aún medio dormido le dije:

-¿Te vas Laura? ¿Necesitas algo?

-No, no me voy -me dijo-. Solo quería una cosa.

-Claro, dime.

Entonces entró en la habitación, me quitó la sábana y se puso encima.

-¿Qué haces? -le pregunté.

-La imbécil de tu novia dice que no sé hacer nada. Vamos a ver quién la chupa mejor.

Entre la situación y lo guarra que iba vestida, me puso a mil y se me puso durísima. Así que me quitó el pantalón y mi enorme polla salió de su escondite. Sin mediar palabra, se la metió en la boca del tirón y empezó a hacerme una mamada. Al principio no quería, pero es verdad que no puse ninguna resistencia. Intentaba tragársela entera pero no era capaz. Jugaba con la lengua de una forma que no me habían hecho nunca. No exagero si digo que ha sido la mejor mamada que me han hecho en la vida.

-Uufff Laura sigue, sigue.

Estuvo varios minutos hasta que la cogí del pelo y tiré su cabeza para atrás. Ella cogió aire y yo le dije.

-Como no pares me corro ya.

-Espera, aún no.

Entonces se levantó un poco la falda, no llevaba nada debajo. Se subió sobre mi polla y empezó a cabalgar. Como era tan bajita y delgadita, la cogí de las caderas y era muy manejable. Ella gemía gritando como una perra. De vez en cuando me preguntaba si me gustaba y lo decía que me encantaba. Se quitó la blusa y vi sus enormes tetas. Ella se acercó y estuve comiéndomelas largo rato.

Después se bajó y se puso a cuatro patas. Me pidió unos azotes y se los di con gusto. Me la folle mientras le tiraba del pelo y veía cómo rebotaban sus tetas. Ella solo gritaba y movía sus caderas. Cada vez le daba más fuerte y ella me decía “así, así, dame más, más”. Yo notaba cómo ella tenía un orgasmo tras otro. Al final le dije dónde quería que me corriera, ya no aguantaba más. Entonces se quitó y se puso de rodillas delante de mí, abrió la boca y sacó la lengua. Me pajeo hasta que saqué toda mi leche y cayó entre su boca y su cara. Después me limpió la polla y antes de tragarse nada nos estuvimos morreando largo rato.

Cuando acabamos me preguntó:

-¿Quién folla mejor, tu novia o yo?

-Tú sin duda, eres la mejor.

-Ahora tendrás que convencer a tu novia de que yo soy la mejor en todo.

Después de eso se fue a su habitación. Me calentó muchísimo su actitud después del polvo. Con el paso de las visitas, yo me ponía del lado de Laura, me daba muchísimo morbo estar de su lado. Eso me costó más de una discusión con mi novia, hasta que meses después cortamos.

No he vuelto a saber nada de Laura, pero aquella tarde quedará para mí para siempre.