Nuestras experiencias
Adán y Eva no se conforman con la intimidad de sus cuatro paredes. Entre parkings, playas nudistas y cuartos oscuros, descubren que el riesgo y la mirada ajena multiplican su placer. Pero cuando el mundo exterior se introduce en su juego, ¿hasta dónde están dispuestos a llevar su confianza?
Hola a todos.
Todo lo que os voy a contar es real 100%, salvo nuestros nombres.
Yo soy Adán, un tío de lo más normal de 45 años que tiene por pareja a una absoluta belleza de 31, Eva.
Lo que os voy a contar es cómo ha sido nuestro camino sexualmente hablando.
Recuerdo perfectamente la primera vez que nos acostamos, tras hablar alguna que otra vez, intercambiar cientos de mensajes y una cena juntos, nos encontramos cerrando tras nosotros la puerta de una habitación de hotel mientras nuestras bocas se fundían.
La pasión acumulada las semanas previas se estaba apoderando de nosotros, recuerdo el tacto de sus labios, mi mano en su culo y cómo nuestros cuerpos se empujaban tratando de encontrar más puntos de contacto mientras permanecíamos de pie a la entrada de la habitación.
Cada vez teníamos más calor, más necesidad de tocarnos, de hacernos el uno al otro, con lo que, a los pocos minutos nuestras ropas iban desapareciendo mientras nos tumbábamos en la cama.
Recuerdo perfectamente su aroma, su tacto, la imagen imponente de aquellos pechos que desconocían la gravedad y, sobre todo, la humedad y el calor de su sexo sediento.
Mientras seguíamos comiéndonos, nuestras manos daban buena cuenta del cuerpo del otro hasta llegar al punto en el que era necesario fundirnos en un único ser, introduciendo mi polla todo lo profundo que su estrechito sexo me permitía.
Tras ese primer encuentro en el que estuvimos horas manteniendo sexo, se produjeron distintos momentos en los días siguientes en los cuáles fui descubriendo el regalo que el destino había guardado para mí, recuerdo especialmente la imagen de su cuerpo delante de mí protegido sólo con un tanga en el que se veía perfectamente una mancha de humedad.
Con el devenir de los meses nuestros encuentros continuaban produciéndose con la misma intensidad, incorporando distintos juegos/prácticas a nuestras sesiones, como aquella vez en la que hice que se masturbara frente a la ventana de la habitación (ventana suelo/techo en un primero), o infinidad de veces en las que terminábamos follando en algún parking.
Iba pasando el tiempo, y la proximidad de la navidad nos coincidió con una habitación de hotel con chimenea… primero haciéndolo en el sofá, después en el suelo junto a la chimenea, con su cuerpo encima de mí dándome un placer hasta entonces desconocido. Pero, ese día, el plato fuerte estuvo en la cama. Había conquistado su culo en otros encuentros, pero ese día fue otra cosa… sin lubricante, casi sin trabajarlo, mi polla entraba y salía de aquella fuente de placer con una facilidad pasmosa, nunca habíamos vivido, ni hemos vuelto a vivir una follada de culo como la de aquel día.
Tras unos cambios en nuestras vidas nos decidimos por descubrir los locales liberales. El primer intento no merece ni una coma, en el segundo fueron cambiando las cosas…
Ya de entrada el local era bastante más agradable. Tras una visita guiada en la que descubrí un mundo que desconocía nos tomamos una copa, fumamos unos cigarros y, como si hubiéramos estado más veces, nos enfundamos nuestras toallas y nos fuimos a descubrir por nuestra puerta el local.
Esa primera vez los cuartos oscuros ni siquiera nos los planteábamos, pero recuerdo estar en un recoveco apretando mi sexo contra su culo mientras un hombre se masturbaba acariciando su escote, a lo que yo correspondí con una caricia al pecho de su compañera. Ese mismo día tuve el placer de poder comer su sexo, algo que me encanta, en un reservado en el que luego descubrimos que estaba a la vista de todo el que estuviera en la zona de la barra. Terminamos la experiencia follando en otro reservado.
Al día siguiente tuvimos que repetir, la experiencia nos había gustado… ya más sueltos, recuerdo estar fumando, tomándome una copa con un dedo introducido en su sexo mientras lo masajeaba… y, ese día, descubrimos los cuartos oscuros… En el primero, con un poquito más de luz, nos situamos junto a otras parejas que estaban follando, en una especie de pasillo estábamos tres parejas follando, ellas echadas hacia delante y nosotros follando desde atrás.
Después nos fuimos al otro cuarto… allí, mientras morreábamos y nos masturbábamos un comentario suyo casi hizo que me explotara la polla…: me están tocando el culo. Nuestra idea era ir a descubrir, nunca nos habíamos planteado un intercambio. A su comentario le contesté que se comportara como le hiciera sentir más cómoda, si te excita déjale, si quieres quitarlo quítale. Mi mano, que seguía tocándole se tropezó alguna vez con la otra mano que intentaba proporcionarle placer.
En esas estábamos, yo centrado en su experiencia y en que resultara plenamente satisfactoria para ella, fuera hacia un sentido u otro cuando, sin esperarlo, una mano comenzó a masturbarme, alguien me está tocando dije, a lo que una voz femenina contestó: soy yo… era la pareja del otro chico quien había comenzado a masturbarme. Un poco superado por los acontecimientos, sentí cómo otra mano aprisionaba mi polla mientras la primera acariciaba mis huevos… era mi pareja, sin que hubiera podido imaginarlo en mi vida dos mujeres estaban acariciando mi sexo. Por aquello de la cortesía y el morbo correspondí acariciándole el culo a la otra chica, llegando incluso a tocar su sexo.
Tal era la excitación en ese momento que una parte de mí deseaba que mi pareja y el chico pasaran a acariciarse un poquito más, fue él quien propuso ir a un reservado… la luz jugó una mala pasada y la realidad no iba de la mano de la imaginación, así que seguimos nuestro recorrido en solitario.
Como postre ese día, recuerdo estar en una especie de reservado tocándome mientras acariciaba a mi pareja mientras contemplaba un trío bisex a apenas metro y medio de mí.
Apenas unas semanas después hicimos nuestra incursión en las playas nudistas, la primera vez, al atardecer y sin poder esperar a que se fuera todo el mundo, terminamos follando mientras un hombre a lo lejos estaba, aparentemente a sus cosas. La siguiente vez nos llovió, por lo que improvisamos un refugio en el que, sólo medio a salvo de miradas ajenas, estuvimos un buen tiempo tocándonos y jugando. De ese día recuerdo al típico idiota que por pasarse de listo y acercarse de más se quedó sin la experiencia de vernos en acción, creo que no nos hubiera importado.
La última vez fue en una playa nudista sólo en parte, en la que tienes que elegir bien el sitio. Verla allí desnuda era increíble y, terminar uno detrás de otro masturbándonos algo que jamás siquiera habría soñado.
Tiempo después decidimos explorar un spa nudista. De entrada, el hecho de desnudarte delante de otros siempre tiene su morbo… nos metimos en la piscina y comenzamos a comernos la boca y a acariciarnos. Desde nuestra posición se veía perfectamente como una chica se comía en el jacuzzi la polla más grande que había visto hasta ese día. A los pocos minutos esa pareja se situó al lado nuestro, acariciando el dueño de ese miembro descomunal la espalda de mi chica, intuyo sus intenciones, pero se quedó con las ganas de más.
De allí nos fuimos al jacuzzi, no pasó nada, pero tenía su morbo el estar allí dentro desnudos con otra pareja.
De nuevo vuelta a la piscina donde primero ella y luego yo nos tumbamos en las camas de burbujas mientras el otro le acariciaba, una experiencia recomendable.
Cuando ya teníamos los dedos como las ranas, salimos del agua y nos fuimos a descubrir la parte de arriba, con diferentes salas, terminamos en una con una especie de camilla donde su cuerpo echado quedaba a la altura perfecta para darle una buena follada. Como había que ponerle la guinda a la experiencia, bajamos a tomarnos una copa que derivó en su cuerpo perfecto encima del mío en un sofá a la vista de todo el mundo que pasara por los vestuarios.
Pasados unos meses volvimos al local, ya con un poquito más de experiencia. Podemos decir que ya habíamos dominado el no y no había problemas para visitar el cuarto oscuro… en el primero, junto a unas 4 ó 5 parejas, follándole de nuevo desde atrás, no pude contenerme y tuve mi primera corrida rodeado de gente. Le tocaba a ella, y su premio lo obtuvo en el otro cuarto tras ser acariciada por otra mujer y rodeados de otras parejas que daban rienda suelta a su pasión.
Hasta aquí diferentes juegos que hemos tenido, con calma igual nos animamos a describirlos con más detalle. Lo único que pretendo con este texto es que ella lo lea, llegue hasta el final, y decirle que es el amor de mi vida y que no se puede imaginar lo que la quiero. Sí, en el sexo es un 10, pero en la vida es un 20.
Te quiero princesa!
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