Evelyn, su primera vez compartida, al fin
El Uber se mueve en la noche, pero el verdadero viaje comienza cuando Evelyn abre las piernas. Tu esposo no puede huir; está atrapado entre el olor a sexo ajeno y la orden implacable de mirar. ¿Podrás soportar ver cómo tu mujer es poseída por otros, mientras tú solo sirves como testigo de tu propia degradación?
Al interior del Uber cuatro cuerpos, semidesnudos compartían un peligroso juego de pasiones, humillaciones, placer y lujuria. Un matrimonio, un hombre mayor, Dan, que conocieron durante la cena y el baile y el chofer que llegó a buscarlos…, un juego que ahora termina.
El aire en el auto seguía espeso, impregnado de sal y deseo. Evelyn, con los muslos aún brillantes por las mezclas ajenas, deslizó su mano desde la barbilla de Dan hasta mi hombro, arrastrando consigo un rastro de humedad que relucía bajo la luz del farol. Sus ojos, dos brasas en la penumbra, se clavaron en los míos mientras su voz, dulce y cortante, rompió el silencio: —¿Vas a quedarte solo mirando, amor? —Sus dedos se cerraron en mi nuca, tirando de mí hacia ella con una fuerza que no admitía resistencia—. Quiero que pruebes lo que otros sembraron.
El corazón me golpeó las costillas. Sus piernas se abrieron de nuevo, pero esta vez no para invitarme, sino para ordenarme. El olor acre del semen fresco y sudor me inundó, un recordatorio crudo de lo que ya había sucedido. Mis labios temblaron a centímetros de su piel, donde los rastros blancos de Dan y el chofer aún se entrelazaban con su esencia. Evelyn apretó su mano en mi cabello, enterrando mi rostro en ella con un gemido teatral que resonó en el auto.
—Límpiame —susurró, arqueándose para frotar su vulva contra mi boca—. Demuéstrame que eres más que un espectador.
El sabor salado y metálico explotó en mi lengua, una mezcla de ellos y de ella. Tragué con esfuerzo, mientras sus gemidos se hacían más agudos, fingidos, diseñados para humillarme. Dan rio entre dientes, y el chofer, recostado en el asiento trasero, murmuró algo en otro idioma que sonó a burla.
—Así… —Evelyn jadeó, empujando mi cabeza con más fuerza—. Ahora entiendes, ¿verdad? Esto es lo que querías.
Mis manos se aferraron a sus caderas, buscando algo de control, pero ella lo saboteó al instante. Con un movimiento brusco, giró hacia Dan y le guio la mano hacia mi nuca, obligándolo a presionar mi cara contra su sexo.
—Asegúrate de que no se escape —le ordenó a Dan, cuya respiración se aceleró al cumplir.
El auto se convirtió en una cámara de eco de jadeos y risas bajas. Evelyn, ahora reclinada sobre el chofer, le acariciaba el muslo mientras este intentaba recuperar el aliento. Sus ojos no me abandonaban, disfrutando cada espasmo de vergüenza y excitación que me recorría.
—¿Te gusta ser el último? —me preguntó, fingiendo ternura mientras Dan apretaba mi cabeza—. ¿Saborear lo que sobró de ellos?
No respondí. No podía. Mi boca estaba ocupada traicionándome, succionando con una urgencia que ya no distinguía entre el asco y el placer. Evelyn soltó una carcajada y se inclinó hacia el chofer, mordisqueando su oreja mientras sus manos desabrochaban su pantalón de nuevo.
—Míralo —le dijo al chofer, señalándome con desdén—. Ahora es tu perro.
El chofer gruñó, rejuvenecido por el espectáculo, y tomó posesivo el cuello de Evelyn. Pero ella lo detuvo con un dedo en los labios.
—Tú solo observas —le advirtió—. Él necesita una lección.
Antes de que pudiera reaccionar, Evelyn se acercó a Dan y le dio instrucciones al oído. Yo de reojo vi la cara de satisfacción de Dan y cruce miradas con mi hermosa esposa que me dieron escalofríos. Dan liberó mi cabeza y pude respirar con más soltura. Mi posición al interior del auto era incomoda, yacía sobre los instrumentos centrales del vehículo, mis piernas estaban recogidas entre los asientos delanteros. Ahora que Dan ya no me afirmaba mi cabeza contra la entre pierna de Evelyn, podía mirar alrededor y ver como el chofer se masturbaba con una mano mientras la otra manoseaba una de las tetas de Evelyn.
De pronto todo se movió y la concha de Evelyn se levantó y comprendí que le estaba dando espacio para que Dan se sentara debajo de ella. Cuando alcé mi cabeza para acomodarme, recibí un reto acompañado de la mano de Evelyn que me obligaba a mirar su sexo y ser espectador en primera fila.
- ¿Esto es lo que deseabas? - ¿Ver cómo tu mujer gozaba siendo follada por otros? -
Pues ahora lo veras de cerca para que no lo olvides cabrón.
Evité mirarla, no quise darle esa satisfacción y humillarme más.
Frente a mí, estaba su monte de venus y por el trajín de la noche los vellos de sus labios mayores que protegían el ingreso a su estrecha y rosada hendidura estaban húmedos, desordenados y pegajosos. Vi cómo Dan deslizaba su miembro erecto entre los rosados labios de Evelyn, abriéndola lentamente. Ella emitió un gemido gutural mientras se dejaba caer sobre él, empalándose por completo. El auto se meció suavemente con sus movimientos.
—Míralo bien —jadeó Evelyn, agarrando mi cabello para mantener mi rostro cerca—. Observa cómo me llena otro hombre.
Mis ojos no podían apartarse de la unión de sus cuerpos. Veía cómo el miembro de Dan desaparecía una y otra vez dentro de mi esposa, brillante por sus fluidos combinados. El sonido obsceno de sus cuerpos chocando…
...llenaba el auto, mezclándose con los jadeos y gemidos de placer. Evelyn aumentó el ritmo, rebotando sobre Dan con abandono mientras mantenía mi cabeza en su lugar.
- ¿Lo ves bien, cariño? - susurró con voz entrecortada. -Así es como una mujer debe ser follada. -
Dan gruñó, aferrando las caderas de Evelyn con fuerza. -Joder, qué apretada estás-
El chofer se acercó más, su mano moviéndose furiosamente sobre su miembro erecto-Déjame probarla de nuevo, - rogó-
Evelyn sonrió maliciosamente. -Paciencia. Primero quiero que mi esposo aprenda su lección-
Me estremecí, incapaz de apartar la mirada de la escena frente a mí. El miembro de Dan se deslizaba dentro y fuera de Evelyn con un ritmo implacable, sus fluidos mezclados brillando en la tenue luz. Ella arqueó la espalda, exponiendo aún más su intimidad ante mis ojos.
-Lámelo-, ordenó Evelyn entre gemidos. -Lame donde nos unimos-
Dudé por un momento, pero su mano en mi nuca me empujó hacia adelante. Mi lengua tocó tímidamente la base del miembro de Dan, probando el sabor salado de su unión. Evelyn gimió más fuerte, animándome a continuar.
-Eso es, buen chico-, se burló Dan, pero su burla fue breve, sentí como su ritmo se aceleraba y su cuerpo se estremecía, levanté la cabeza y confirmé lo que se avecinaba, Dan estaba acabando y Evelyn le devolvió una mirada de odio e impaciencia por haber acabado sin anunciarlo y disfrutar por más tiempo de mi humillación, trató de animarlo, pero había sido mucho esfuerzo para Dan esa noche. Evelyn me miró y sin mostrar compasión se inclinó hasta el chofer que no dejaba de masturbarse y ahora entonces le correspondía su turno y sería su oportunidad que antes había rogado…
Ágilmente Evelyn se levantó de Dan y se desprendió del pene ahora disminuido dejando una huella de semen por el asiento. Yo estaba expectante y el chofer la miraba con lujuria y desesperación. Evelyn me miró y me dijo:
-Ahora es tu turno de servir-, susurró Evelyn con una sonrisa cruel. -Prepárame para él -
Sin esperar mi respuesta, se recostó sobre el asiento trasero, abriendo sus piernas. Su sexo estaba hinchado y enrojecido, brillante por los fluidos mezclados. Con un gesto imperioso, señaló hacia su entrepierna.
-Límpiame-, ordenó. -Quiero estar fresca para mi nuevo amante-.
Tragando saliva, me incliné hacia ella. Mi lengua recorrió sus labios, probando la mezcla de su excitación y el semen de Dan. Evelyn gimió, enredando sus dedos en mi cabello.
-Más profundo-, exigió, empujando mi cabeza y mis labios contra su clítoris. Creí por un segundo que lograría llevarla a un orgasmo cuando sus manos en mi cabeza empezaron a tiritar y su presión era tal que me costaba respirar…
Evelyn reaccionó justo a tiempo levantando las rodillas me expulsó de su entrepierna y las ubico frente al chofer…y le ordenó:
—Ahora, tómame —le ordenó Evelyn al chofer con voz ronca.
El hombre no necesitó que se lo dijeran dos veces. Se abalanzó sobre ella, enterrándose profundamente en su interior con un gruñido animal. Evelyn arqueó la espalda y soltó un grito de placer que resonó en todo el auto.
—Así... así es como se folla a una mujer —jadeó ella, clavando sus uñas en la espalda del chofer.
Yo permanecía arrodillado en el suelo del vehículo, incapaz de apartar la mirada de la escena frente a mí. El chofer embestía a mi esposa con fuerza brutal, haciendo que todo el auto se sacudiera.
Dan había quedado arrinconado en el asiento trasero y ahora le servía a Evelyn de apoyo, a cada embestida del chofer sobre mi esposa Dan era remecido por Evelyn, entonces se acomodó de tal forma que la cabeza de Evelyn reposaba entre sus piernas y Dan quedó con sus manos en libertad y las dirigió a los senos de Evelyn. Cada vez que podía y cuando uno de ellos era liberado de los chupones y mordiscos que el chofer le prodigaba a mi mujer.
La combinación de sensaciones estaba llevando a Evelyn al borde. El miembro grueso y vigoroso del chofer la llenaba por completo, tocando puntos en su interior que ni siquiera sabía que existían. Cada embestida la hacía ver estrellas, enviando oleadas de placer por todo su cuerpo.
Las manos expertas de Dan acariciaban y pellizcaban sus pezones, enviando descargas eléctricas directamente a su clítoris. La boca del chofer se movía hambrienta entre sus pechos, chupando y mordisqueando con avidez. Evelyn jadeaba y gemía sin control, incapaz de formar palabras coherentes.
Su cuerpo entero se estremecía, cubierto por una fina capa de sudor que la bañaba a la tenue luz del foco de la calle y a la inminente claridad del amanecer…
El chofer ahora había tomado el control de su presa y quien antes había rogado por participar y había sido desdeñado por Evelyn, le causaba tanto placer que le salían lágrimas por los ojos. El chofer entonces le abrazó y Evelyn le buscó con avidez sus labios para besarlo, sus lenguas se cruzaron apasionadamente. Era un abrazo infiel mostrándome que mi esposa era poseída por otro y ella ya no podía hacer nada por evitarlo.
El chofer continuó besando el cuello de Evelyn y torciendo sus senos y pezones como nunca yo me había sentido capaz de hacerlo. La boca de Evelyn dibujaba una sonrisa de satisfacción que se transformó en una risa con pasión y bramidos de estasis. Entonces entre murmullos el chofer le susurró algo al oído que solo ellos dos escucharon.
Evelyn desenredó sus piernas que mantenía presionadas en la cintura del chofer y le liberó, sus cuerpos se movieron como autómatas y sus movimientos en el escaso espacio del asiento trasero del auto no eran comprensibles ni para Dan ni para mí.
Hasta cuando Evelyn se puso de espaldas y levantó sus caderas ofreciéndolas al chofer…
Evelyn giró su cabeza hacia mí, sus ojos brillando con malicia. -Mira bien, cariño. Así es como una verdadera mujer merece ser follada-, dijo con voz entrecortada. -Tú nunca podrías satisfacerme así-
El chofer se acercó por detrás, sus manos ásperas acariciando las curvas de su trasero. Con dedos hábiles, separó sus glúteos, exponiendo su entrada más íntima. Evelyn soltó un gemido de anticipación cuando él introdujo lentamente un dedo, luego dos, estirándola y preparándola.
-Por favor-, suplicó Evelyn, empujando sus caderas hacia atrás. -Te necesito dentro de mí. Ahora-.
El chofer dibujó círculos con su glande alrededor del ojete de Evelyn, provocando que ella se estremeciera de placer. La punta húmeda de su miembro rozaba la sensible piel, enviando descargas eléctricas por todo su cuerpo. Evelyn gimió, ansiosa por sentirlo dentro.
Mientras tanto, Dan aprovechó la posición de Evelyn para meter su pene en su boca. Ella lo recibió con avidez, su lengua recorriendo la longitud del miembro semi erecto. El sabor salado de Dan se mezcló con los fluidos que aún quedaban en su boca.
El chofer continuó su tortuosa exploración, presionando ligeramente contra la entrada de Evelyn sin llegar a penetrarla.
Con movimientos lentos y deliberados, el chofer presionó la punta de su miembro contra la entrada de Evelyn. Ella contuvo la respiración, su cuerpo tenso mientras él empujaba gradualmente. El anillo de músculos cedió poco a poco, permitiendo que el grueso falo se abriera paso en su interior.
El chofer penetró lentamente, centímetro a centímetro, mientras el cuerpo de Evelyn se estremecía. Ella soltó el pene de Dan de su boca y lanzó un gemido suave que fue aumentando en intensidad a medida que sentía cómo era penetrada. La sensación era abrumadora - una mezcla de placer agudo y un ligero ardor que solo intensificaba las oleadas de éxtasis que recorrían su cuerpo.
-Dios mío-, jadeó Evelyn, sus dedos aferrándose al tapizado del asiento. Cada nervio de su cuerpo parecía estar en llamas. El miembro del chofer la llenaba por completo, estirándola hasta límites que nunca había experimentado.
El chofer la penetraba poco a poco, cada centímetro de su miembro abriéndose paso en el estrecho canal de Evelyn. Ella jadeaba y se estremecía, su cuerpo tensándose y relajándose con cada avance. Finalmente, con un empujón firme, la callampa del chofer entró por completo. Un bramido gutural escapó de la garganta del hombre, mezclándose con el grito ahogado de Evelyn.
Por un momento, ambos permanecieron inmóviles, sus cuerpos unidos en la más íntima de las formas. Luego, lentamente, el chofer comenzó a moverse. Retiró su miembro casi por completo antes de volver a enterrarse profundamente en Evelyn.
El chofer dijo casi en un murmullo, -estaba tan estrechita- ahora es toda una putita para darle…- ¿alguien más quiere ensartarla? -
El ritmo del chofer se intensificó, sus embestidas se volvieron más rápidas y profundas. Evelyn gemía sin control, su cuerpo sacudiéndose con cada penetración. El auto se mecía violentamente, los cristales empañados por el calor y la pasión desenfrenada.
-Más... más fuerte-, suplicaba Evelyn entre jadeos. Sus manos se aferraban desesperadamente al asiento, sus nudillos blancos por la fuerza del agarre.
El chofer respondió a su súplica, aumentando la potencia de sus embestidas. El sonido de piel contra piel resonaba en el interior del vehículo, mezclándose con los gemidos y gruñidos de placer.
Dan, excitado por la escena frente a él, comenzó a acariciarse nuevamente. Su miembro se endurecía una vez más mientras observaba cómo el chofer penetraba salvajemente a Evelyn.
-Mírala-, me susurró Dan con una sonrisa cruel. -Mira cómo disfruta siendo follada por un extraño por el ojete. Nunca la has visto así de excitada-, ¿verdad?
No pude responder. Mi garganta estaba seca y mi mente nublada por una mezcla de pena, dolor, abandono y excitación…
Excitación que una vez más me invadía en una nueva erección justo cuando escuché a Evelyn sucumbir en un orgasmo interminable, lleno de alaridos y coronado con un bufido profundo, de desahogo del chofer.
El chofer descargaba en mi esposa todos sus sueños y frustraciones de aquel extenso día de trabajo, llenaba y sembraba en mi mujer en cuanto agujero le encontró. Mi esposa descargaba toda la pasión de una tibia invitación a bailar y cenar, que terminó increíblemente de la forma más lujuriosa e impensada…
FIN
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