Xtories

Dulce desahogo

Lola está rota y furiosa, pero cuando el narrador la encuentra, su dolor se transforma en una invitación prohibida. En el silencio del auto, la traición se convierte en placer, y la venganza tiene sabor a piel desnuda.

Deverano20038.5K vistas8.7· 14 votos

En mi teléfono suena la melodía que he asignado a mis amigos/as.

― Dile a Nando que se ponga― dice una voz de mujer con el tono de quién está realmente muy enojado.

― Dime... ¿con quien quieres hablar?― pregunto haciéndome el despistado para ganar unas décimas de segundo para improvisar una respuesta que suene convincente.

― Salva, no hagas el tonto y dile a mi Nando que se ponga, que se ponga ya… inmediatamente, que no estoy para bromas…llevo media hora esperando como una tonta y no se ha presentado a la cita, ni me ha llamado para avisarme que no iba a venir… el muy cabrón…es un caradura.

― Perdona Lola, no te había conocido― le contesto fingiendo sorpresa― Nando no está conmigo, yo pensaba que estaría contigo… eso me dijo. La verdad…no sé dónde puede estar.

―¡No me tomes por tonta!... ¡Tú sabes dónde está y con quién está!... me han dicho que me engaña con otra… y ya lo tengo calado― dice Lola mostrando su enfado por el plantón que mi amigo le acaba de dar.

― Me ha vuelto a engañar, el muy cabrón... ¡ésta me la va a pagar! ¡ya verás cuando lo vuelva a ver!¡...si lo pillo con la otra me va a oír! ― me grita fuera de sí― y yo como una verdadera tonta cornuda esperando a que venga.

La oigo lamentarse y maldecir a través del teléfono, Lola está muy cabreada, se siente engañada y con ganas de devolver la humillación. Mi primera reacción es tratar de inventar rapidamente alguna excusa que sea creíble para cubrir a un buen amigo. No cabe duda que ha metido la pata, le han descubierto en una de sus múltiples mentiras… otra más. Yo le suelo dar la cobertura necesaria en estos casos pero empiezo a estar harto de cubrirle las espaldas para no obtener nada a cambio.

No me explico que encuentran las chicas en él para ser tan popular, sabiendo que las trata tan mal y que la mayoria de las veces ni se acuerda de ir a las citas que va coleccionando. Yo soy el chico normalito en el que casi ninguna se fija y que como principal rasgo tengo el “ser el amigo de Nando”. Él pone la cara y el físico llevándose siempre los éxitos. A menudo me necesita para tapar sus pifias y errores, también me necesita para hacer planes y diseñar estrategias que usa para sus conquistas. Yo me conformo con recibir algunas “migajas” como recompensa a mis colaboraciones. Si tengo suerte, la chica en cuestión tiene una amiga poco agraciada con la que me puedo emparejar.

―Lola… ¿dónde estás?...¡quédate ahí…ahora voy para allá ― le digo para tratar de intentar tranquilizarla y hacer un nuevo servicio a mi amigo.

―No tardes… estoy cansada de esperar y estoy muy cabreada…si lo pillo le arranco la cabeza a ese jilipollas

Lola me está esperando en una esquina, detengo el auto unos metros más allá y espero a que venga hasta mí. Se acerca con paso rápido…¡Que buena está!. Viste una minifalda con mucho vuelo, una camiseta ceñida sin mangas y unas zapatillas deportivas converse que le dan un toque muy alegre.

Al verla tan hermosa no puedo evitar sentir una profunda envidia de Nando. Al ver su cara de enfado justificado hacia mi amigo (Lola no se merece que la trate así) siento un amplio resentimiento hacia él, ¿por que no aprecia a esta preciosidad de mujer y como pareja?

Me recibe con los ojos un tanto enrojecidos y claramente enfadada.

―Yo ya me estaba oliendo una cosa así desde hace algunos días

Me confiesa que hace algún tiempo que sabe que Nando le pone los cuernos, y que lo está pasando muy mal. Trato de consolarla pues le tengo mucho aprecio y además creo que es mi obligación ayudar a mi amigo. Lola me agradece mucho mi gesto, mi interés por ella y el apoyo que le doy en este momento de desencanto. Yo no soy tan atractivo ni tan resolutivo como Nando, pero cuando paso el examen de las primeras impresiones, resulta que tengo una conversación entretenida y sintonizo bien con las chicas. Lola se desahoga durante un rato relatando los desaires que le ha hecho y que está a punto de mandarlo a la mierda. Cuando al fin parece que recobra la serenidad perdida me pregunta:

― ¿que miras?

―Perdona, yo…― no se que decir, me ha pillado con la mirada fijada en sus tetas.

Mientras ella iba hablando, mi cerebro ha apagado el oído y se ha centrado en estudiar las curvas de su pecho, la señal de sus pezones en la tela y el maravilloso canalillo que se forma entre sus tetas grandes y redondeadas.

―¿esto? ― dice señalando el bulto que provocan sus pezones en la camiseta―se me ponen duros cuando me enfado― me explica mientras los señala con los dos dedos índice.

―Yo…yo… ― no sé qué decir. Lola está tan rica y lamentablemente es la pareja de mi amigo

―Oh, si…las tienes muy hermosas…me gustan mucho…― finalmente me atrevo a decirle con cierto temor a su posible reacción (hoy no está de buen humor).

―¿te gustaría verlas?― me pregunta esbozando una sonrisa maliciosa.

Da un tironcito hacia abajo de la camiseta para hacer resaltar su pecho bajo la tela que amenaza con rasgarse. Lo tengo situado a solo dos palmos de mis narices y mis ojos hacen chiribitas.

Lola no necesita que le responda a su pregunta con palabras. Con la expresión de mi cara tiene más que suficiente, la respuesta es afirmativa y así lo interpreta con claridad. Responde de forma inesperada e inmediata, se saca la camiseta en un rápido movimiento, la recoge sobre su regazo. A continuación endereza la espalda para que sus tetas queden bien tiesas y desafiando la gravedad.

―¡Wow!…¡que buenas!...impresionantes…ohhhh. ¡Son perfectas!―exclamo sin salir de mi asombro

Me sonrie complacida por el halago espontáneo y sincero que me ha salido de muy adentro.

―¿quieres tocarlas? toca…toca…sin miedo… toca…te lo has ganado― me invita

Mueve el torso a izquierda y derecha para que sus tetas se muevan acompasadamente como dos deliciosos flanes

―Tócalas sin miedo, no se van a romper― dice cogiéndome la mano por la muñeca y acercandola hasta poner la palma sobre una de ellas.

―¿te gusta?― pregunta con orgullo al lucir su pecho

Está segura de que la respuesta va a ser afirmativa

―Toca, toca y disfruta de lo que tu amigo no ha querido.

Ante tal invitación, alargo las dos manos para coger sus tetas y así poder apretarlas. Al hacerlo, dejo al descubierto mi entrepierna y el bulto del pantalón es evidente. Lola lo ve y sonríe complacida al ver el efecto que el toque de sus tetas ha producido en mi.

―¿tendrás que hacerte una buena paja para rebajar eso?... Jejeje ¿verdad? ― me dice poniéndome en un serio aprieto.

Trago saliva y sigo tocándole las tetas. Como a ella no parece importarle que yo le toque las tetas, a mi deja de importarme que me vea empalmado como un burro. Una oportunidad así no la puedo desaprovechar de ninguna manera. La chica más hermosa que conozco está en manos de un tipo corriente como yo, el que nunca es el elegido por las guapas. Y aquí estoy yo…tocándole las tetas a placer.

―¿quieres hacerte la paja, verdad?― me pregunta―¿quieres que te la haga yo?

Pone su mano sobre el bulto para asegurarse que ya la tengo bien dura y que ya la tengo preparada para hacerme una buena paja. No me da tiempo a responder. Está tan segura que no me puedo resistir a sus encantos que no considera la posibilidad de que le diga que no. Se abalanza sobre mí, me baja la cremallera lo que interpreto como una clara invitación para que me masturbe delante de ella. Debe pensar que para compensar mis atenciones hacia ella es una buena recompensa mi tocarle las tetas y hacerme una paja en su presencia.

―¿puedo? ― le pregunto sin terminar de creérmelo

―Sí, sí…te lo has ganado― contesta con aplomo

Termino de desabrocharme el pantalón, levanto el culo del asiento y en un único movimiento arrastro el pantalón y el calzón hasta los tobillos dejando al aire mi polla erecta. Lola abre los ojos sorprendida y se queda boquiabierta observando lo que le presento…mi verga está totalmente erecta y con unas dimensiones que la sorprenden.

―¡Chico…vaya pollón que tienes! ¡no me lo esperaba!...¡Quién lo iba a decir! ¡Qué escondido lo tenías! ― exclama sin salir de su asombro

―No está mal ¿verdad?― le digo mientras cojo mi polla con la derecha y una teta con la izquierda.

Estoy cómodamente sentado, con la polla dura como una piedra. Junto a mi una chica hermosa que me deja que le toque las tetas. La veo muy interesada en ver cómo meneo a “mi amiguito”. Al empezar a mover la mano alrededor de mi polla siento bastante de pudor. Nunca me había hecho una paja mientras le tocaba las tetas a una chica y menos sintiéndome observado con tanto interés como ha demostrado mi amiga.

Empiezo el típico sube y baja del pellejo. He rodeado mi verga con el puño cerrado y hago aparecer y desaparecer el capullo tras los dedos. No es una paja para mi placer, es una paja para ella, para que la disfrute, para que vea como siguiendo el dictado de mi mano, una esfera morada y brillante aparece y desaparece…me gusta mostrarle mi capullo.

―Wow, chico…¡qué rico se ve!

Sigo con mi rutina…sube…baja…sube… baja. Con parsimonia, recreándome en los movimientos, quiero que lo vea bien. Que sepa que no soy el más guapo, ni el más alto, ni el más atractivo…que mis virtudes están en otros sitios… en la cabeza, en el corazón y también en mi entrepierna.

Suelto la presa para que Lola pueda ver la envergadura total, hago pinza con dos dedos sobre la parte inferior y la agito. El capullo oscila en el aire orgulloso y desafiante, invitando a ser acariciado.

Tímidamente, Lola pone su mano sobre mi muslo, no se atreve a ir más allá. Con ambas manos cojo la suya y la acompañó hasta que pone sus dedos alrededor de mi polla. Vamos hacia abajo y hacia arriba, las tres manos al unísono, abajo y arriba…la dejo sola…abajo y arriba.

Lola está ensimismada, le gusta tener entre las manos ese pedazo de carne hirviendo y ser la que decide si el capullo aflora o se esconde. Yo nunca había soñado llegar tan lejos, Lola es una chica “top”, guapa, simpática y con un físico que atrae a todo el mundo. Mira por donde, hoy la tengo totalmente concentrada haciéndome una paja muy rica.

―¿Te gusta? ¿lo hago bien? ― pregunta al ver que lleva un par de minutos con el sube y baja y todavía no me he corrido.

Eso me hace pensar que sus parejas no son como yo. He aprendido a controlarme y para prolongar mi placer hago que la corrida sea retrasada mucho tiempo.

―Si, si… lo haces perfecto…sigue sigue ― le digo volviendo a tocarle las tetas.

Pongo la mano entre sus piernas, le toco las braguitas mojadas que me demuestra que realmente le está gustando tenerme en sus manos. Se acomoda en el asiento para permitir que mi mano pueda seguir tocándole, al tiempo que ella puede afirmarse mejor para continuar con el sube y baja.

―Lola, Lola… me viene ― le advierto para que se prepare por si sale la leche disparada.

―Sí, sí ― dice aumentando el ritmo para acelerar lo que ya es inevitable.

Esperando el desenlace, cierro los ojos un instante y cuando los abro veo estupefacto como mi polla se va perdiendo dentro de su boca. Me la chupa, la ensaliva, la frota, la sacude contra sus labios. La engulle hasta llegar a la garganta, la menea, rodea el capullo con la mano y luego lo lame, para luego volver a envolverlo con una capa de saliva caliente.

Le pongo las manos sobre los hombros. Le acaricio el cuello, le paso la mano por la espalda y brazos. Le toco las tetas y vuelvo a poner las manos sobre la parte alta de su espalda.

Para retomar un poco el aliento, se retira un poco hacia atrás y me la menea haciendo que la punta roce con sus tetas. A cada meneo, Lola golpea los testículos con su puño, que se empeñan en pegarse a la base de mi polla.

Después me la chupa succionando con fuerza. La saca de su boca y me da unos meneos muy rápidos y enérgicos que me llevan al paraíso. En medio de unos tremendos gemidos, me corro llenándole los labios de leche.

Lola aguarda a que termine, para pasar a lamer de nuevo con un cuidado exquisito. Se la pone en la boca de nuevo y la deja limpia y reluciente.

― Ahora ya sabes lo que ese desgraciado se pierde cuando se va por ahí... con otras chicas

―Si después de hoy seguimos juntos, tú cuando sepas que va ha volver a ponerme los cuernos, ya sabes que tienes una obligación que cumplir: tienes que venir a consolar a chica, osea yo, que es probable que esté muy disgustada pareja―

Después se atusa el pelo, se coloca en su asiento, mira de frente hacia afuera y esboza una sonrisa al ver cumplida su venganza.

Deverano.