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Travesía a una traición - parte 6

El parque donde se conocieron se convierte en el escenario de su despedida. Ella llora, suplica y jura amor eterno, pero él ya no puede olvidar lo que le hicieron. La verdad duele más que la mentira, y esta vez, no hay vuelta atrás.

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Capítulo 6

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Sebastián llegó a casa con la mente hecha un torbellino. La conversación con Javier había sido productiva, pero la incertidumbre sobre el encuentro con Vanessa lo mantenía en vilo. ¿Qué querría hablar con él? ¿Sería una conversación dolorosa, llena de reproches y recriminaciones? ¿O tal vez una oportunidad para reconciliarse, para intentar reconstruir lo que habían perdido?

Decidió que lo mejor era no adelantarse a los acontecimientos. Vanessa le había pedido hablar a solas, y él respetaría su deseo. Sebastián tomó su teléfono y dudó por un momento antes de marcar el número de Vanessa. ¿Qué le diría? ¿Cómo abordaría la conversación? Finalmente, se decidió y pulsó el botón de llamada.

Vanessa contestó al segundo tono. "¿Sebastián?", dijo con voz suave.

"Hola, Vanessa", respondió él. "Recibí tu mensaje. ¿Cuándo y dónde quieres que nos veamos?".

"¿Te parece bien mañana por la tarde en el parque donde nos conocimos?", propuso ella.

"De acuerdo", aceptó él. "Estaré allí a la hora que me digas".

"A las cinco", confirmó Vanessa. "Te espero allí".

"Está bien", dijo Sebastián. "Nos vemos mañana"

Mientras tanto, en el hospital, Martín se recuperaba de sus heridas. La paliza que había recibido le había dejado marcas visibles en el rostro, pero también heridas más profundas, heridas en su orgullo y en su amor propio. La humillación de haber sido golpeado por Sebastián, la rabia por haber sido expuesto como un mentiroso y un manipulador, lo consumían por dentro.

En casa, Sebastián se preparó algo ligero para cenar y se sentó en el sofá a ver la televisión. Sin embargo, no lograba concentrarse en nada. Su mente estaba fija en Vanessa, en la conversación que tendrían al día siguiente. ¿Qué le diría? ¿Cómo reaccionaría ella ante sus palabras?

Después de un rato, decidió que lo mejor era irse a la cama. Apagó la televisión y las luces, y se acostó en la oscuridad. Cerró los ojos, pero el sueño no llegaba. Daba vueltas en la cama, pensando en Vanessa, en Martín, en todo lo que había sucedido.

Finalmente, se quedó dormido, pero su sueño fue intranquilo. Soñó con Vanessa, con el café, con la pelea. Se despertó varias veces, sobresaltado, con el corazón latiendo con fuerza.

A la mañana siguiente, se levantó temprano y fue a correr. El ejercicio lo ayudó a despejar la mente y a liberar tensiones. Al regresar a casa, se duchó y se vistió. Se preparó un café y desayunó rápidamente.

Durante todo el día, estuvo nervioso y ansioso. No podía dejar de pensar en el encuentro con Vanessa. ¿Qué le diría? ¿Cómo reaccionaría ella ante sus palabras?

Por la tarde, comenzó a prepararse para la conversación. Repasó mentalmente todo lo que quería decirle, las preguntas que quería hacerle. Se aseguró de tener todo claro y organizado.

El parque donde se conocieron Sebastián y Vanessa era un remanso de paz en medio del bullicio de la ciudad. Los árboles centenarios ofrecían una sombra acogedora y el canto de los pájaros creaba una atmósfera tranquila. Era un lugar cargado de recuerdos para ambos, un lugar donde habían compartido momentos felices y donde ahora se disponían a cerrar un capítulo importante de sus vidas.

Vanessa llegó unos minutos antes que Sebastián. Estaba sentada en el mismo banco donde se habían sentado por primera vez, mirando fijamente el lago. Cuando vio a Sebastián acercarse, se levantó y le sonrió tímidamente.

"Hola", dijo él, con un nudo en la garganta.

"Hola", respondió ella, con la voz suave.

Se sentaron en silencio durante unos instantes, observándose mutuamente. La tensión era palpable.

"Gracias por venir", dijo finalmente Vanessa. "Necesito hablar contigo sobre algo importante".

Sebastián asintió. "Yo también necesito hablar contigo", respondió.

Vanessa respiró hondo y comenzó a hablar. Le contó a Sebastián sobre su relación con Martín, sobre cómo se habían conocido y cómo habían empezado a salir. Le explicó que se había sentido atraída por él, pero que nunca había dejado de pensar en Sebastián.

"Fue un error, Sebastián", dijo con voz temblorosa. "Un desliz. No significó nada para mí. Tú eres el único hombre que he amado de verdad".

Sebastián la escuchaba con el corazón en un puño. Las palabras de Vanessa lo confundían. ¿De verdad no había significado nada Martín para ella? ¿O solo estaba intentando justificar su traición?

"¿Y el aborto?", preguntó con voz fría.

Vanessa bajó la mirada, avergonzada. "Fue un error también", confesó. "Estaba confundida, asustada. No sabía qué hacer. Patricia me aconsejó que lo mejor era interrumpirlo. Y yo… yo le hice caso".

Sebastián sintió un dolor profundo en el pecho. La idea de un hijo suyo, que nunca llegaría a nacer, lo destrozaba por dentro.

"¿Por qué no me lo contaste?", preguntó con voz dolida.

"Tenía miedo", respondió Vanessa. "Miedo de tu reacción, miedo de que me juzgaras, miedo de perderte".

Sebastián guardó silencio, reflexionando sobre las palabras de Vanessa. Entendía su miedo, pero no podía perdonar su traición.

"¿Qué quieres que haga?", preguntó finalmente.

"Quiero que me perdones", respondió Vanessa con voz suplicante. "Quiero que volvamos a estar juntos. Te amo, Sebastián. No puedo vivir sin ti".

Sebastián la miró a los ojos y vio la sinceridad en su mirada. Pero también vio el dolor, la culpa, el arrepentimiento.

"No puedo, Vanessa", dijo con voz firme. "No puedo perdonarte. No puedo olvidar lo que hiciste. Me has roto el corazón en mil pedazos".

Vanessa rompió a llorar. "Lo sé", dijo entre sollozos. "Sé que te he hecho mucho daño. Pero te juro que te amo. Te juro que nunca te volveré a lastimar".

Sebastián se levantó y se alejó unos pasos. Necesitaba espacio para pensar, para ordenar sus sentimientos.

"Lo siento, Vanessa", dijo finalmente. "Pero no puedo darte lo que me pides. No puedo volver contigo. Lo nuestro se ha terminado".

Vanessa se levantó y se acercó a él. Lo abrazó con fuerza y lo besó en la mejilla.

"Te amo, Sebastián", dijo al oído. "Nunca lo olvides".

Sebastián se separó de ella y la miró a los ojos.

"Yo también te amé, Vanessa", dijo con voz suave. "Pero ya no puedo más. Lo nuestro se ha terminado".

Vanessa asintió con la cabeza, con lágrimas en los ojos.

"Adiós, Sebastián", dijo con voz temblorosa.

Vanessa se dio la vuelta y se alejó, caminando con paso lento y la cabeza gacha. Sebastián se quedó parado en el lugar, observándola mientras se alejaba.

Sintió un vacío inmenso en su interior, un dolor profundo que le atravesaba el alma. Pero también sintió una sensación de alivio, de haber tomado la decisión correcta.

Sabía que había perdido a Vanessa para siempre. Sabía que su relación había terminado. Y sabía que tendría que aprender a vivir con ese dolor, con esa pérdida.

Se sentó de nuevo en el banco y se quedó mirando el paisaje. El parque, que antes era un lugar lleno de recuerdos felices, ahora era un lugar triste, un lugar donde había perdido a la mujer que amaba.

El sol comenzaba a ponerse, tiñendo el cielo de tonos naranjas y rosados. Sebastián se levantó y se fue del parque, con el corazón roto y la mente llena de recuerdos.

Sabía que el camino que le esperaba sería largo y difícil. Pero también sabía que no estaba solo. Tenía a su familia, a sus amigos, a su trabajo. Y con el tiempo, aprendería a superar esta pérdida y a seguir adelante con su vida.

Sebastián estaba con el corazón pesado. El encuentro con Vanessa había sido más doloroso de lo que esperaba. La había amado tanto, y ahora la había perdido. Se sentía vacío y un poco perdido.

En lugar de dirigirse a su apartamento, tomó el coche y condujo hasta la casa de Camila. Necesitaba hablar con ella, desahogarse, encontrar un poco de consuelo en su hermana.

Al llegar, llamó al timbre y Camila le abrió la puerta con una sonrisa. "¡Sebas! Qué sorpresa", dijo, abrazándolo con fuerza. "¿Cómo estás?".

"Necesito hablar contigo", respondió él.

Camila lo hizo pasar y cerró la puerta. "Siéntate, Sebas", le dijo, señalando el sofá. "Te veo un poco mal. ¿Qué pasó?".

Sebastián se sentó y suspiró. "Tuve un encuentro con Vanessa hoy", comenzó a relatar. "No salió como esperaba".

Camila lo miró con preocupación. "¿Qué pasó?".

Sebastián le contó a Camila sobre su encuentro con Vanessa, sobre cómo ella le había confesado su relación con Martín y sobre cómo habían decidido terminar definitivamente su relación.

Camila escuchó en silencio, con los ojos fijos en su hermano. Cuando Sebastián terminó de hablar, se acercó a él y lo abrazó.

"Lo siento mucho, Sebas", dijo. "Sé lo difícil que debe ser para ti".

Sebastián se apoyó en el hombro de Camila, sintiendo el calor de su abrazo.

"Estoy hecho un lío", dijo. "No sé qué hacer".

"Todo va a estar bien", le aseguró Camila. "Vas a superar esto".

Sebastián no estaba seguro de creerle. Pero las palabras de Camila le dieron un poco de esperanza.

"Gracias, Camila", dijo. "Significa mucho para mí".

Camila le sonrió. "Siempre estaré aquí para ti", dijo.

En ese momento, Sofía salió de la cocina con una bandeja de galletas y dos tazas de té. Al ver a Sebastián abrazando a Camila, se detuvo en seco, sorprendida.

"Hola, Sebas", dijo, sonriéndole tímidamente.

Sebastián se separó de Camila y miró a Sofía. No se había dado cuenta de que estaba allí. Se veía muy guapa, con el pelo recogido en un moño y un vestido veraniego.

"Hola, Sofía", respondió él, con una sonrisa. "¿Qué tal?".

"Bien", dijo ella. "Estaba preparando la cena. ¿Te quedas a cenar?".

Sebastián asintió. "Me encantaría", dijo.

Los tres se sentaron en el sofá y comenzaron a charlar. Hablaron de cosas triviales, tratando de distraerse de sus pensamientos. Pero el dolor seguía ahí, latente, debajo de la superficie.

En un momento de la conversación, Camila hizo un comentario sobre el amor. "El amor es algo muy complicado", dijo. "A veces te hace sentir la persona más feliz del mundo, y otras veces te destroza el corazón".

Sofía asintió. "Es verdad", dijo. "Pero también es lo más bonito que existe. Cuando encuentras a la persona correcta, todo lo demás desaparece".

Camila miró a Sebastián con una sonrisa maliciosa. "Y tú, Sebas", le preguntó. "¿Crees en el amor?".

Sebastián se quedó en silencio por un momento. Luego, respondió: "No lo sé. Supongo que sí. Pero ahora mismo no estoy seguro de nada".

Camila le guiñó un ojo. "Ya lo verás", dijo. "Cuando menos te lo esperes, el amor te encontrará".

Sofía se sonrojó levemente. "Camila...", la reprendió.

Camila se rió. "Es la verdad", dijo. "Todos merecemos encontrar el amor".

Sebastián sonrió. "Supongo que sí", dijo.

La conversación continuó durante un rato más. Hablaron de sus trabajos, de sus amigos, de sus planes para el futuro. Pero el tema del amor seguía presente en el ambiente, flotando entre los tres.

Finalmente, Sebastián se levantó para irse. "Gracias por la cena, chicas", dijo. "Me hizo bien hablar con ustedes".

"Cuando quieras, Sebas", le dijo Camila. "Siempre estaremos aquí para ti".

Sebastián abrazó a Camila y le dio un beso en la mejilla a Sofía. "Gracias por todo", les dijo.

Sebastián salió de la casa de Camila con el corazón un poco más ligero. La conversación con su hermana y su amiga le había hecho sentir mejor, más acompañado. Pero la herida de la ruptura con Vanessa seguía ahí, abierta, esperando a cicatrizar.

Sebastián salió de casa de Camila con el corazón un poco más ligero, pero la conversación con Vanessa y la incertidumbre sobre su futuro lo seguían atormentando. Al llegar a su edificio, notó una figura familiar esperando en la puerta. Patricia.

Suspiró con frustración. No tenía ganas de lidiar con ella en ese momento.

"¿Qué haces aquí?", preguntó con voz cansada.

Patricia se acercó con una expresión de preocupación en su rostro. "Necesito hablar contigo, Sebastián. Vanessa está muy mal".

Sebastián frunció el ceño. "No me interesa ahorita hablar de eso".

"Por favor, Sebastián", insistió Patricia. "Ella está sufriendo mucho. Se siente culpable, arrepentida...".

"¿Arrepentida?", interrumpió Sebastián con ironía. "¿Arrepentida de qué? ¿De haberme engañado? ¿De haber abortado a mi hijo?".

El rostro de Patricia se ensombreció. "Ella no quería hacerlo, Sebastián. Fue un error, un momento de debilidad. Estaba asustada, confundida...".

"¡Asustada!", exclamó Sebastián con rabia. "¡Y yo no estaba asustado! ¡Yo no tenía derecho a opinar sobre la vida de mi propio hijo!".

Patricia bajó la mirada, avergonzada. "Lo siento mucho, Sebastián. De verdad que lo siento. Yo solo quería lo mejor para ella, para los dos".

"¡Lo mejor!", repitió Sebastián con sarcasmo. "¡Lo mejor era que me lo ocultaran! ¡Que tomaran una decisión tan importante sin siquiera consultarme!".

"Yo solo quería ayudar", se justificó Patricia. "Vanessa estaba destrozada, no sabía qué hacer. Yo solo le di mi opinión como amiga".

"¿Tu opinión?", interrumpió Sebastián con furia. "¡Tu opinión no valía nada! ¡No tenías derecho a meterte en nuestra vida, en nuestra relación!".

Patricia comenzó a llorar. "Por favor, Sebastián, perdóname. No quise hacerte daño. Yo solo quería lo mejor para Vanessa".

"¡No me vengas con esas!", gritó Sebastián, perdiendo la paciencia. "¡Tú y Vanessa me traicionaron! ¡Me mintieron! ¡Me ocultaron la verdad!".

"¡Yo te quería!", exclamó Patricia entre lágrimas. "¡Siempre te he querido! ¡Y por eso te pedí que la dejaras! ¡Porque sabía que te haría daño!".

"¡Cállate!", gritó Sebastián, furioso. "¡No quiero escuchar ni una palabra más! ¡Lárgate de mi casa! ¡No quiero verte nunca más!".

Patricia retrocedió, asustada. "Pero, Sebastián...".

"¡Lárgate!", gritó Sebastián con todas sus fuerzas. "¡No quiero verte ni en pintura!".

Patricia salió corriendo del edificio, llorando desconsoladamente. Sebastián cerró la puerta con un golpe y se apoyó en ella, con la respiración agitada.

La rabia lo consumía por dentro. Se sentía traicionado, humillado, destrozado. La conversación con Patricia solo había empeorado las cosas.

"¡No puedo más!", gritó al vacío. "¡No puedo con todo esto!".

Se dejó caer en el sofá, exhausto, y cerró los ojos. Necesitaba descansar, olvidar por un momento todo lo que había sucedido. Pero sabía que sería difícil. Los recuerdos, el dolor, la traición, lo perseguirían en sus sueños, atormentándolo hasta el amanecer.

Sebastián se despertó al día siguiente con una sensación extraña. La tristeza y la rabia de la noche anterior habían dado paso a una calma tensa, una especie de resaca emocional. Se levantó de la cama y se preparó un café, mientras repasaba mentalmente los acontecimientos del día anterior.

La conversación con Vanessa, la discusión con Patricia... Había sido un torbellino de emociones, un torbellino que lo había dejado exhausto y confundido.

Mientras tomaba su café, sonó el teléfono. Era Camila.

"Hola, Sebas", dijo con voz dulce. "¿Cómo estás hoy?".

"Un poco mejor", respondió él. "Gracias por preocuparte".

"¿Quieres que vaya a verte?", ofreció Camila. "Podemos desayunar juntos y charlar un rato".

"Me encantaría", aceptó Sebastián. "Pero estoy bien, de verdad. No quiero que te preocupes".

"No te preocupes por mí", insistió Camila. "Me preocupas tú. ¿Estás seguro de que estás bien?".

"Sí, Camila", la tranquilizó Sebastián. "Estoy bien. De verdad. Necesitaba hablar contigo anoche, pero ya estoy mejor. De verdad".

"Está bien", dijo Camila con un tono de duda. "Pero si necesitas algo, no dudes en llamarme, ¿vale?".

"Vale", respondió Sebastián. "Gracias por todo, Camila. Te quiero".

"Y yo a ti, Sebas", dijo ella. "Cuídate mucho".

Sebastián colgó el teléfono y suspiró. Se sentía un poco culpable por no contarle a Camila lo de la pelea con Martín y la discusión con Patricia. Pero sabía que era lo mejor. No quería preocuparla más de lo necesario. Ya tenía bastante con sus propios problemas.

Además, la pelea con Martín y la discusión con Patricia eran asuntos suyos, asuntos que no quería compartir con nadie. Al menos por ahora. Quizás algún día se lo contaría a Camila, pero no era el momento.

Decidió que era hora de pasar página, de dejar atrás el pasado y de concentrarse en el futuro. Tenía que superar lo de Vanessa, lo de Martín, lo de Patricia. Tenía que seguir adelante con su vida.

En ese momento, alguien llamó a la puerta. Sebastián frunció el ceño. No esperaba visitas. ¿Quién podría ser?

Abrió la puerta y se sorprendió al ver a Sofía. Llevaba una falda vaquera, una blusa blanca y unos tacones pequeños, un look casual pero muy favorecedor. Se veía muy guapa.

"Hola, Sebas", dijo con una sonrisa tímida. "¿Te pillé en un mal momento?".

"No, para nada", respondió Sebastián, sorprendido pero contento de verla. "¿Qué te trae por aquí?".

"Quería verte", dijo Sofía. "Y traerte un regalo".

Sebastián la miró con curiosidad. "¿Un regalo? ¿Para mí?".

Sofía asintió. "Sí. Camila me dijo que te gustaba mucho Mötley Crüe, así que te compré una colección de sus discos de vinilo. Espero que te gusten".

Sebastián abrió los ojos como platos. "¡Wow! ¡Me encantan!", exclamó. "¡Muchas gracias, Sofía! No tenías que molestarte".

"No es ninguna molestia", respondió Sofía con una sonrisa. "Me alegra verte un poco mejor. Camila me contó lo de Vanessa. Lo siento mucho, Sebas".

"Gracias, Sofía", dijo él. "Significa mucho para mí".

Sofía le entregó la bolsa con los discos de vinilo. "Espero que te hagan compañía", dijo. "Y que te ayuden a olvidar un poco tus problemas".

"Seguro que sí", respondió Sebastián. "Muchas gracias de nuevo, Sofía. Eres un sol".

Sofía se sonrojó levemente. "No es nada", dijo. "Me alegra verte sonreír".

Sebastián la invitó a pasar y le preparó un café. Estuvieron charlando un rato sobre música, sobre películas, sobre cosas triviales que los ayudaron a distraerse de sus problemas.

La visita de Sofía había sido un soplo de aire fresco, un rayo de luz en medio de la oscuridad. Sebastián se sintió agradecido por su amistad, por su apoyo, por su presencia.

Después de un rato, Sofía se despidió y se fue. Sebastián se quedó solo en su apartamento, pero ya no se sentía tan solo. Tenía a su familia, a sus amigos, y a sí mismo. Y con su apoyo, con su fuerza interior, superaría este momento difícil.

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