Xtories

Evelyn, su primera vez compartida (capítulo 6)

El espejo retrovisor se convirtió en mi ventana prohibida. Mientras el conductor buscaba la ruta más larga, yo no podía dejar de mirar: mi esposa y su amante se entregaban al placer en el asiento trasero, y el ruido del motor apenas cubría sus gemidos.

mariajose12K vistas9.1· 19 votos

El grito de placer de mi esposa fue tremendo, fue desconcertante y nos volvió a la realidad.

Me eché hacia atrás y miré a Evelyn, su respiración estaba acelerada, jadeaba y sus senos subían y bajaban en su pecho.

Ruidos debajo de la mesa me confirmaron que Dan daba por terminada su sesión de cunnilingus a mi mujer.

Vi aparecer su cabeza, ordenó sus ropas sacudió sus pantalones y se sentó en su silla.

Él estaba exhausto.

Su cara mostraba plena satisfacción por la labor cumplida, sus bigotes humedecidos conservaban los líquidos de mi esposa y sus ojos fueron atraídos por los pechos de Evelyn que aún eran visibles con su vestido abierto hasta la cintura.

Dan ya había manoseado los senos de Evelyn, pero ahora podía verlos de frente sin impedimento alguno.

Evelyn de a poco volvía a la normalidad. Abrió lentamente sus ojos y lo primero que vio fue a Dan sonriendo, mirándoles sus senos. Exhaló un suspiro de cansancio y miró su vestido abierto y sus senos al aire.

Rápidamente se cubrió, justo cuando se acercaba el garzón a nuestra mesa…

Dan se acercó a Evelyn, le tomó una mano y claramente escuché cuando le dijo: las bragas que gané, efectivamente te pertenecen, conservaré tus calzones para olerlos y recordar el sabor de tus jugos.

Evelyn le sonrió fingiendo timidez y apretó su mano. El garzón interrumpió el saludo diciendo que en 15 minutos más cerraban.

Dan miró al garzón y le agradeció el aviso y de paso le pidió la cuenta, sin soltar la mano de Evelyn.

Con el aviso del garzón, comenzamos a recoger nuestras cosas. Evelyn ajustó su vestido y se levantó con elegancia, mientras Dan revisaba su cartera por la billetera. Yo recogí los abrigos y las carteras, asegurándome de no olvidar nada. El ambiente en la mesa había cambiado, y aunque la excitación latente aún flotaba en el aire, ahora predominaba un sentido de urgencia y discreción. Nos preparamos para dejar el restaurante, conscientes de las miradas de los pocos clientes que aún permanecían allí.

Al salir me crucé con sus miradas, me buscaban, algunas miradas eran libidinosas y otras de censura, me di cuenta de que quizás no habíamos sido tan discretos como yo imaginaba.

Caminábamos hacia la salida del restaurante, mi esposa Evelyn y Dan me acompañaban abrazados y coqueteando. Susurros y risas se escapaban entre ellos, mientras yo avanzaba unos pasos por delante, con la cabeza llena de pensamientos contradictorios. La noche había sido una mezcla de sensaciones intensas y, aunque la velada llegaba a su fin, la chispa que había encendido en nuestro interior aún ardía con fuerza. Al llegar a la puerta, antes de salir al aire fresco de la noche, me giré y vi cómo Evelyn y Dan compartían una última mirada cómplice se abrazaban y se besaban, sellando con este beso lo que había sido una experiencia inolvidable para los tres.

Me detuve a pensar que no estaba en condiciones para conducir, había bebido mucho esa noche y estimé que sería más seguro pedir un UBER. En ese instante se me ocurrió otra idea excitante, los dejaría a ellos dos en el asiento trasero y podría mirar por el espejo como a mi Evelyn la excitaban en el asiento trasero, incluso podríamos tener la suerte de un conductor que también mire lo que pasaba atrás y deseara participar…

Así que decidí pedir un UBER y, en pocos minutos, el auto ya nos esperaba en la entrada del restaurante. El conductor, un hombre de mediana edad con una mirada curiosa, nos dio la bienvenida tras verificar mi nombre y yo validar la patente del vehículo, nos indicó amablemente que subiéramos.

Evelyn y Dan se acomodaron en el asiento trasero, mientras yo tomaba asiento en la parte delantera, junto al conductor, con el espejo retrovisor perfectamente alineado para no perder detalle de lo que sucedía en la parte trasera. El auto comenzó a moverse suavemente, y en cuestión de segundos, los susurros y risas entre Evelyn y Dan se transformaron en besos apasionados.

Observé con atención cómo sus manos exploraban el cuerpo del otro con una mezcla de pasión y deseo. Evelyn, con su vestido apenas ajustado, parecía flotar en un mar de sensaciones, y Dan no se quedaba atrás. El conductor, que inicialmente había mostrado una actitud profesional, no pudo evitar mirar por el espejo retrovisor, atraído por la intensidad del momento.

El conductor me miró buscando conversación y una posible explicación, tratando de entender lo que ocurría en el asiento trasero. Con cierta reticencia, desvié la mirada hacia el espejo retrovisor para observar a Evelyn y Dan. Al principio, no los distinguí claramente debido a la oscuridad que reinaba en el auto, solo interrumpida por los escasos focos que iluminaban la carretera. Entonces, con más atención, volví mi cabeza hacia atrás y distinguí la melena de Evelyn entre las piernas de Dan.

El movimiento rítmico de la cabeza de Evelyn no dejaba lugar a dudas sobre lo que estaba sucediendo. Dan estaba recostado en el asiento trasero, y una de sus manos guiaba la cabeza de mi esposa en un ritmo constante arriba y abajo que se hacía evidente en la parte delantera del auto. El conductor, que trataba de mantener una actitud profesional, no pudo evitar buscar en mí una explicación con la mirada, tratando de entender la situación que se desarrollaba detrás de él.

En voz baja, me atreví a decirle al conductor: "Invité a esta amiga a bailar y conocimos a este tipo con el cual enganchó". El conductor abrió los ojos, sorprendido e interesado en conocer más detalles sobre la pareja apasionada en el asiento trasero.

"La mujer está preciosa", comentó el conductor.

"Sí, lo sé," le confirmé, "por eso la invité."

"Ohhhh," exclamó el conductor, mostrando una expresión de comprensión y compasión hacia mí. "¿Usted hizo el esfuerzo y el gasto y ella se va con otro?"

Lo que dijo el conductor, no me dolió; al contrario, me causó placer.

No necesité mirar de nuevo hacia atrás para saber lo que pasaba en el asiento trasero del auto. Los gemidos de Dan se mezclaban con los sonidos de la saliva, lengüetazos y succiones de Evelyn.

El conductor no pudo resistir más y redujo la velocidad, solo para mirar lo que hacían la pareja de enamorados.

Entonces, preferí decirle al conductor seleccionar un camino alternativo más largo a nuestro destino y con menor tráfico y luces…

Le brillaron los ojos al conductor al modificar la ruta y sentirse cómplice de esta decisión. Quizás tendría recompensa.

Hizo un brusco viraje a la derecha y el camino alternativo efectivamente tenía escaso tráfico.

La pareja de enamorados se repuso en sus asientos, por el espejo retrovisor ahora podía ver a Evelyn con su pelo muy desordenado, pero feliz. Dan, descasaba su cabeza en el asiento.

Sorprendí al conductor cuando vio que uno de mis brazos lo echaba hacia atrás buscando algo en el asiento trasero…

Alcancé un tobillo de Evelyn, lo acaricié, pero la posición era muy incómoda y decidí abandonar.

Supongo que Dan me vio y sin censura alguna, bajó el vestido de Evelyn hasta su cintura, el sonido de las ropas me obligó a mirar por el espejo y ver cuando Dan se abalanzaba sobre Evelyn y algo le decía a su oído. No logré escuchar y el conductor entre ansioso y excitado esperaba de mi alguna novedad…

Miré nuevamente por el espejo retrovisor y encontré la mirada de Evelyn, esperándome.

Sus ojos contenían una risa pícara y maliciosa, sus gestos y movimientos no daban espacio a dudas, se estaba desnudando…

-continuará-