Estudiantes de enfermería
El ruido de arriba no le dejaba dormir, pero el silencio de abajo lo estaba volviendo loco. Cuando finalmente abrió la puerta para reclamar, no encontró a la estudiante tímida que imaginaba, sino a una tormenta de provocación y fuego. Ahora, el vecino y la vecina no solo comparten la cama, sino una apuesta peligrosa que podría cambiarlo todo.
Mi apartamento es el 5C. El 6C que está justo encima, los propietarios lo alquilan todos los años a estudiantes de una cercana facultad de medicina. Para mi desgracia, la calidad de la construcción del edificio es bastante deficiente. Los estudiantes suelen poner poco cuidado en no hacer demasiado ruido. Es habitual que a principio de curso siempre tenga roces y discusiones con los nuevos inquilinos.
Muchos son los días que trabajo desde casa y me entero de todo lo que hacen, si tienen exámenes, a que horas se levantan o a que horas hacen la colada, etc. Por las tardes- noches me dedican una serie de ruidos especiales gracias a sus interminables fiestas. Éstas fácilmente se desmadran lo que se traduce en molestos ruidos con amplia variedad de espectro, desde risa y carreras por el pasillo a golpes de los muebles como si estuviesen cambiandolos de posición de forma continua. Sus ruidos me molestan mucho.
...
Apenas acaba de empezar el curso. Ayer viernes me costó mucho dormirme, la música la tenían puesta bien fuerte, el taconeo por el piso era insoportable, y se oía como daban saltos y alguna carrera persiguiéndose entre ellos.
La siguiente escena que describo a continuación ya la he vivido varias veces se que suele terminar de mala manera..
La mañana siguiente voy a darles un toque, quiero que sepan desde el principio que no están solos, que me molestan y que piensen de vez en cuando que el sufrido vecino de abajo que tiene que aguantar sus molestias. Deben saber que algunos necesitamos descansar para poder trabajar “un poco”.
Me abre la puerta una chica cuya imagen es completamente opuesta a la de la típica “fiestera”. Pelo lacio, peinado con raya en medio, largo y que tapa parcialmente la cara. Gafas grandes, viste una especie de pijama con pantalones muy amplios, unas zapatillas caseras recién estrenadas. Su cara es la que nos imaginamos cuando alguien nos describe a la típica chica estudiosa y responsable, a la que no le puedes reprochar nada.
En cuanto le explico el motivo de mi visita se desvive por darme la razón y pedir disculpas, prometiendo que no volverá a suceder. Cuando ya prácticamente estoy volviendo casi satisfecho a mi apartamento por las explicaciones recibidas, veo pasar por detrás de mi interlocutora a otra chica. Esta otra va vestida con una camiseta corta que no llega a tapar el ombligo, el pelo rubio alborotado, recogido en un extraño nudo sobre la cabeza, unas braguitas diminutas y andando descalza.
Se mete mete en la cocina, que está justo al lado del recibidor, y desde allí le grita a la compañera de piso:
—¡Mándalo a la mierda ya!... ¡que no se queje tanto... y nos deje tranquilas con nuestra vida, nuestro rollo y nuestras fiestas! ¿que se habrá creído ese estupido?
A la primera chica se le suben los colores y se apresura a pedir nuevas disculpas por lo que su compañera de piso acaba de decir.
—¡déjalo ya... y que se vaya con viento fresco, que aquí no necesitamos ningún “padrecito!
—¡más que un padre lo que necesitas es un domador!¡menuda fiera!— le digo sin poder contener el enfado que ha vuelto a mi al oir mal maleducados comentarios sobre mí.
Hay un extraño silencio y acto seguido asoma la cabeza por detrás de la puerta dirigiendome una intensa mirad, me examina de arriba abajo.
—Vaya, vaya... si el vecino quejica es joven... y está un poco bueno— dice con ironía
Y añade a continuación
—Debe ser un palurdo, que no se come una rosca, envidioso y amargado al ver que los demás sí que sabemos divertirnos
Se echa a reír a continuación, con lo que para ella la provocación está completada.
La chica morena no sabe dónde esconderse. Enfadado cruzo el umbral de su apartamento,quiero responder con energía a semejante ataque, a mi integridad como persona y como hombre. Asustada por el escándalo que se está organizando y para evitar que tales insultos se desparramen por la escalera, la chica con buen juicio cierra la puerta tras de mi.
—Tú sí que estás salida como una puta perra... seguro que nadie quiere ligar contigo…¡Tanto gorronear y nadie te quiere!... eres demasiado creída e impertinente…que confundes un buen polvo con el colacao— le digo.
―Anda vete a tu casa y no nos molestes más… no se te ocurra volver por aquí… no eres bienvenido. ¡Vete a cagar a la via…jilipollas!¡mamon!
―Si, mejor me voy. Contigo no se puede hablar. Te tienes que lavar la boca con jabón. Y eso sí, la próxima vez que arméis jaleo como ayer, llamaré a la policía local.
―Anda ya…vete a tomar por culo… que seguro te gusta un montón ¡maricón de mierda!― responde airada y con muchas ganas de ofender.
Ante tal desplante me doy la vuelta y la dejó con la palabra en la boca. No merece la pena seguir este intercambio de insultos y despropósitos, con niñatas como esta no se puede razonar… mejor dejarlo correr. Yo ya sé que tendré que hacer lo mismo que otras ocasiones, llamaré al dueño del apartamento para quejarme y si no se soluciona haré una denuncia a la policía.
Un par de horas más tarde sonó el timbre de mi apartamento. Abro la puerta y me la encuentro allí delante, ahora ya vestida para ir a la calle, completamente arreglada y con un semblante completamente distinto.
―Hola, vengo a disculparme. Tengo muy mal despertar y me has cogido en un mal momento. Ayer bebí demasiado… y todo me salió mal…y lo he pagado contigo… lo siento― trata de disculparse de la mejor manera que sabe.
La miro de arriba abajo, creo que lo hace sinceramente y cedo tragándome mi enfado.
―Disculpas aceptadas. Menos mal que no sois tan locas e histéricas como me había parecido.Espero que nos podamos llevar mejor y que lo de anoche no se repita.
Después del mal trago que ha pasado al tener que venir a pedir las disculpas, recupera el sosiego y me regala un esbozo de sonrisa.
―Muchas gracias, ahora que ya está todo aclarado tengo que irme. ¡Adiós! ― y se va en busca del ascensor.
Hoy trabajo desde casa y el día transcurre con normalidad. A media tarde vuelve a sonar el timbre. ¿Quién será ahora? No suelo tener visitas y menos a estas horas. Abro la puerta y vuelve a ser la vecina.
―He pensado que sería mejor empezar de cero, quisiera que olvidaremos olvidando lo sucedido en la mañana― me dice tratando se ser amable y convincente.
―Estupendo, pasa… pasa por favor. Nos tomamos un café y charlamos un rato― le respondo como un buen vecino haría.
La conversación va saltando de un tema a otro con viveza. Ella es una buena conversadora y no se corta por nada. Es divertido hablar con ella. Poco a poco nos vamos conociendo, coincidiendo en algunas cosas y discrepando en otras. Lo que si que es cierto es que nos hemos ido acercando uno al otro, movidos por una fuerza que nos atrae sin saber por qué.
Tras un rato de charla hemos pasado de ser dos desconocidos enfrentados entre sí con una agria discusión, a dos personas que tienen mucho más en común de lo que pudiera parecer al principio. Me siento fuertemente atraído por su forma de ser y por su hermoso cuerpo. Creo que a ella le pasa algo parecido conmigo. Cuando ya estamos lo suficientemente cerca, la cojo por la cintura, corto su discurso con un beso profundo que la hace callar. Al terminar, ella se revuelve y contraataca con otro beso igual de intenso.
A continuación, nos abrazamos con fuerza, como si dos trenes chocasen a toda velocidad. Instantes después nos encontramos en la habitación follando como dos locos. Me ha obligado a tumbarme boca arriba, ella ha tomado posesión del trono, sentándose a horcajadas sobre mi pubis, tragándose la polla hasta el último centímetro.
Luego se pone a trotar suave sobre mi, pronto cambia el ritmo y cabalga rápido y fuerte. Sube y baja con decisión y también culea y se restriega sobre mi, haciendo que mi polla frote en su interior muy intensamente. Esto le gusta mucho, muuuucho… no deja de gemir y suspirar.
La dejo que salte y brinque alegre, sé que en esta postura gusta mucho a las chicas en sus primeras relaciones. Pueden determinar el ritmo y la intensidad de la penetración, les gusta ver la cara descompuesta de la pareja y se sienten poderosas. También es la postura en la que más caricias reciben, en la que más conscientes son de lo que están haciendo y en la que se sienten más dueñas de lo que sucede.
Mi nueva amiga muestra algunos síntomas de cansancio. Empieza a sudar bastante, consecuencia de su ajetreado baile sobre mí. A pesar que la he visto disfrutar mucho y que ha hecho todo lo que le ha dado la gana, a mi me parece que está un poco molesta. El no haber conseguido su principal su propósito la ha descolocado un poco. Quizás pensó que me íbamos a hacer un rapidito y que conseguiría doblegarme a las primeras de cambio con su enérgico trote sobre mi.
Mi resistencia para llegar al orgasmo y correrme la ha encabritado bastante. Sus movimientos se han hecho exagerados y amplios. Salta y brinca enloquecida, se recoge los pechos y se los aplasta, se pellizca y me los ofrece para que beba de ellos. Yo los veo botar y eso me agrada mucho, siento como al fín mi polla da los primeros síntomas de quererse derretir… a pesar de todo yo aguanto… y aguanto “su impetuoso ataque”.
Es ella la que se adelanta, se deshace de placer dejando ir una bocanada de flujos que mojan todo mi pubis y corren hasta colarse entre mis piernas mojando mis huevos. Se deja caer hacia delante, apoya sus manos a ambos lados de mi cabeza en busca de un merecido descanso.
¡No me puede dejar a medias!. Antes de que se relaje demasiado la agarro por las caderas y muevo las caderas arriba y abajo haciendo que mi polla entre y salga a toda velocidad en su vagina húmeda y sensible.
―Ahhhh, Ahhhhh… me viene…me viene otro ― grita sorprendida y dichosa.
Termino por correrme yo también. Mantengo mi pubis apretado al suyo y mis manos sujetándola fuerte por la caderas para que no pueda moverse ni un milímetro.
―¡qué gustito tan rico!― confiesa ― menos mal que hemos arreglado nuestro mal comienzo.
Aunque tengo sus pezones al alcance de mi boca no hago nada. La dejo reposar y recuperar el aliento.
―Me ha encantado el baile de tu cuerpo sobre el mío. ¡Eres una estupenda bailarina!...El principio ha sido desastroso pero lo has arreglado de maravilla.
―A partir de ahora no debes preocuparte por tus vecinas. Lo de anoche fue una excepción. Con mi compañera de piso tampoco tendrás ningún problema. Conmigo ya has visto lo fácil que es convencerme― me dice mientras retoza a mi lado, satisfecha de la nueva amistad que ha surgido entre vecinos.
―En cuanto a Mariona, (su compañera “estudiosa”), no te preocupes por ella. Primero no va a decir nada y segundo es una buena chica…tan buena que algunas veces parece tonta.
―¿por que lo dices? ― me intereso por ella
―Pertenece a una congregación religiosa rara, de esas que hacen pacto de pureza, un compromiso de virginidad hasta el matrimonio.
―¿todavía hay chicas así?― le pregunto sorprendido
―Aunque no lo tengo del todo claro, no sé si es solo la virginidad pura y dura o es la castidad, abstención del goce sexual como virtud.― me responde haciendo ver que no lo tiene claro.
―¿te imaginas vivir sin sexo? ¡qué locura!... yo pienso todo lo contario…cuanto mas sexo, mas feliz me siento ― me dice mientras juguetea con mi polla ahora desinflada.
―Creo que nos vamos a entender bien… cuando necesites un poco de sal o se te termine el café solo tienes que bajar un piso y venir a pedírmelo― le digo acariciando sus hombros
―A tu compañera dile que soy un chico amable y buen vecino, sin más, sin contarle nuestro secreto. ¿por qué preocuparla con nuestras cosas?― le propongo
―Jajaja ¿te imaginas si le cuento lo que acabamos de hacer lo que pensaría de mi de mi?― dice riendose
― Calla, calla y ¿si le pica el gusanito y le entran ganas de probar cosas?…el sexo no se limita a la penetración…tendriamos que poner a prueba sus creencias― ahora soy yo quien la azuza.
―Uhhh, eso es muy difícil… no lo creo, no lo creo… no me lo imagino…― afirma con una gran sonrisa de incredulidad.
―No te creas…cosas más difíciles he visto― le respondo.
―No puede ser, eso es imposible― replica.
―¿No lo crees? ¿te apostarias algo? Yo puedo ser muy persuasivo y la jodienda no tiene enmienda.
―Si lo consigues…vienes me lo cuentas y seré tu esclava durante un mes. Haré todo, todo lo que me pidas y si no lo consigues, lo mismo pero tu seras mi esclavo
―¡hecho! La apuesta está hecha, si no lo consigo seré tu esclavo y cocinaré gratis para vosotras durante un mes entero.
Deverano.
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