Xtories

Inesperada tarde de vacaciones

La rutina matrimonial la había vuelto invisible, hasta que una tarde de verano, la mirada de un desconocido le devolvió la sensación de ser deseada. Ahora, con los niños jugando en la playa y el marido lejos, la barrera entre la amistad y el deseo se ha roto.

coco12K vistas9.2· 13 votos

Aprovechando que Jaime tenía que volver a la ciudad un par de días por trabajo, mi mujer hizo el viaje con él y así solucionaba unos temas de trabajo. Jaime y Pilar son padres de uno de los amigos de nuestros hijos, y este verano como estábamos cerca nos vimos algún día en las vacaciones en la costa. Como mi mujer se había marchado, insistieron los niños en pasar la tarde en casa de Jaime y Pilar, una bonita villa entre la playa y el monte, de tal modo que fuimos dispuestos a bañarnos y disfrutar de una bonita tarde.

Nada más llegar, los niños en apenas minutos se marcharon a la playa y nos dejaron a Pilar y a mi a solas. Ella es una mujer por la que no había sentido nada en especial, pero que en absoluto resultaba indiferente, era lo que podría decirse imperfectamente perfecta, es alta, morena, un culete redondo, bonito para sus 42 años, piernas largas, pechos medianos tirando a grandes ya con su caidita y una simpática cara, siempre me gustó sus dientes, con las palas algo separadas, que le otorgan personalidad, una mujer bonita y mediterránea,

Nada más marcharse me ofreció un vino blanco fresquito, que no rechace y tras sentarnos tranquilamente al pie de la piscina, terminamos dándonos un baño, ella llevaba un bikini blanco que me permitió adivinar sin complicación la forma de sus pezones y como su coño se marcaba en la braguita del bikini, lo cual tuve que observar hasta el momento con cierto disimulo, se tumbó al sol y seguimos hablando, un poco de todo, de trabajo, ella es profesora, de la pareja, de los niños, de viajes, nada en particular. Mientras ella entraba a ducharse, baje a la playa, a escasos cinco minutos andando y les lleve a los niños víveres y di vuelta, todo correcto y disfrutando. Al volver Pilar se había duchado y cambiado, y ahora llevaba un camisero corto, de color rosa, que sin dudar permitía que se adivinaran unas braguitas azul oscuro, y me permitían especular con sus pezones cuando rozaban el ligero vestido. Aprovechando que su marido le había llamado me dispuse a hacer lo mismo, y al finalizar nos reímos cuando ella dijo: “expediente cumplido, que pesado es...” motivo por el que nos reímos y nos sentamos a tomar otra copa, ella me dijo: “al final se me subirá a la cabeza” y le respondí. “no intentes aprovecharte de mí, eh”, por lo que esbozó una sonora carcajada. Seguimos hablando, ella sentada sobre la hamaca, con las piernas estiradas, eran unas piernas firmes y largas, con las uñas pintadas de un gris oscuro, me gustaba ver sus pies desnudos entrelazándose y moviéndose sin precaución alguna de que pudiese acertar a ver sus braguitas en varias ocasiones, parecía relajada y poco preocupada por ello, se levantó en un momento determinado para recoger las copas, y al agacharse su vestido flotó, permitiéndome ver su culete a escasos centímetros, ya había dejado verle con ojos neutrales y me estaba encantando compartir la tarde con ella.

Volvió con algo de picar y otra botella de vino, y esta vez se sentó a mi lado para contarme algo que le resultaba divertido.” Mira a Judith (otra mamá del cole), mira su Instagram, se ha operado!!”, y efectivamente, junto a mi empezó a pasar las fotos de esta madre del cole, en la que sacaba buen redito de su operación de pecho, tenia decenas de posados y nos reíamos, Pilar dijo: “la verdad es que ha quedado bien, sexy diría”, mientras nuestras piernas rozaban, habíamos roto la barrera de la distancia, le conteste: “¿me dejas opinar?, creo que tu estas mejor”, y ella entre risas y comenzando a rozarme el brazo al hablar, respondió, con tono de falsa humildad: “¿qué dices?, mírame, me estoy haciendo mayor”, a lo que respondí de inmediato: “estas de escándalo!!”, ahí ya había echado mi órdago y subido la apuesta, y sin duda ella recogió mi mensaje. Pose la mano sobre su muslo y casi tembloroso le susurre:” mírate, eres preciosa”, ella dio un largo trago a su copa y me dijo: “sigue contándomelo, me gusta”, hace tiempo que ella no se sentía tan excitada y adorada, como otras tantas parejas la rutina le había abducido, y a pesar de ser una mujer preciosa, su marido, como tantísimos, prestaba atención a todo menos a ella.

Seguí con mi mano posada sobre su muslo, recorriendo despacio la pequeña distancia hacia su sexo, hasta encontrar las braguitas, con las que comencé a juguetera con el objeto de llegar a su codiciado coño, ella me pedía que no parase de hablarle, y le susurraba:”mira cómo me estas poniendo” mi erección era imposible de ocultar, “tengo muchas ganas de besarte” mientras me acercaba a su cuello para besarle sutilmente y mi mano ya adivinaba su humedad, a la vez mi otra mano rodeaba su cintura y palpaba su culete despacio, sin prisa. Ella reacciono y dijo:” estoy muy cachonda también, ven, ven, vamos dentro”, pregunte por los niños y me respondió que tenían que llamar a la puerta, que no había riesgo de que nos sorprendieran.

En silencio, medio cohibidos y excitados fuimos hasta la habitación, de la mano dejándome guiar por ella, y al llegar al planta de arriba, ya le agarre desde atrás y mientras besaba y mordisqueaba su cuello, comencé a palpar sus pechos por debajo del vestido, ella dijo entre gemidos que era la primera vez que hacia esto, para callarle le gire y empecé a besarla a la par que le pegaba contra mi y le hacia participe de mi erección. La casa era luminosa y con bonitas vistas, desde la planta de arriba pudimos divisar a los niños, tres diminutos puntos en la arena detrás de un balón, eso nos permitió calcular nuestras posibilidades. Le tumbe en la cama y arranque las braguitas, la verdad es que sin cuidado, y enseguida empecé a mordisquear ese coñito jugoso, adornado por una estrecha línea de vello, parecía gustarle por sus movimientos, le di la vuelta y continúe con su culito, primero lamiéndolo y después introduciendo un dedo ante su estupor inicial, que enseguida se convirtió en un contoneo sensual. Apenas pude preguntarle cómo iba, ella llevó de nuevo mi cara hacia su culo para que prosiguiera, estábamos muy excitados pensaba que iba a reventar, le pregunte si tenía lubricante y me dijo que no, que eran aburridos. Con mi erección me levante hasta el baño, cercano a la cama y vi un bote de aceite corporal, lo cogí y le puse junto al agujero de su culo un buen chorro y sin dudarlo me metí dentro de ella, primero se sacudió de la impresión y gimió:”nunca lo había hecho así”, “¿estas bien’” le pregunte y me agarro con fuerza contra su cuerpo, entendí que sí. Ella me decía “es muy grande”, le dije “¿sigo?” y respondió, “te mato si paras”, así que tumbado sobre ella explote dentro de su culito que comenzó a rebosar mi cálido semen. En apenas segundos tendría que recuperarme, porque se giró y me pidió:”fóllame por favor, fóllame”, su vagina estaba húmeda, muy húmeda, entre con facilidad y casi exagerando hinque mi verga, no parábamos de movernos, ella gemía, yo quería todo su cuerpo a la vez, sus tetas, su culo, su boca, me había enloquecido esa mujer, ella gritó: “Correte, correte” y casi de forma sumisa, e inesperada por el breve intervalo, obedecí y me corrí de nuevo en ella.

Parecía que había pasado una manada de elefantes por la habitación, pero no parecía preocuparle, nos quedamos el un junto al otra tumbados, mientras ella me decía que nunca la habían follado el culo y que le había encantado, sonó el timbre, y poniéndose el camisero sin nada debajo me dijo: “no te vayas, tranquilo me encargo”, volviendo en apenas un minuto, les había dado dinero y despachado de nuevo. Pilar se sentó sobre mi cara y casi ahogándome, dejó que le comiese el coño mientras enloquecía. Nunca me había fijado en ella y resultaba ser una estupenda amante.

Continuara