Pensando en las amigas de mi mujer
Teresa vuelve a casa con el alma de fiesta y la lengua suelta. Mientras baila sobre él, le susurra los secretos más sucios de sus amigas, usando cada confidencia como un anzuelo para arrancarle un orgasmo. Pero la verdadera sorpresa no está en lo que cuentan ellas, sino en lo que ella está dispuesta a hacer con él.
Hoy Teresa se ha puesto un vestido de verano de tela vaporosa, decorada con pequeñas florecillas, cerrado en el pecho, anudado al cuello dejando sus hombros y espalda desnudos. Entallado a la cintura, falda circular justo por encima de la rodilla. Zapatos de tacón y un pequeño bolso de mano completan una imagen fresca y desenfadada de una mujer joven y feliz. La observo con admiración y con orgullo de tener una mujer así a mi lado. Está preciosa, mientras la miro siento muchas ganas de retenerla un rato conmigo y que se vaya a su reunión “bien servida”.
Amago con meter mano por debajo de la falda para tocar sus piernas y su culito, y así tentar a la suerte y si todo sale bien ella se ira contenta y yo me quedaré disfrutando de su recuerdo.
―¡esa mano quieta!... que se me hace tarde… Si estás despierto cuando vuelva, tratamos “ese asunto que te preocupa tanto”…jejeje. Ahora el tiempo es para mi y mis amigas― sentencia dejándome una amplia sonrisa como prenda de su compromiso.
Una vez al mes, mi pareja y sus amigas se citan para ir a cenar juntas. Este encuentro es un pequeño paréntesis en sus vidas que lo dedican a charlar sobre temas diversos y a ponerse al corriente de todo aquello que les interesa. Al regresar a casa, a veces me comenta algún asunto concreto que ella considera que puede compartir conmigo. Puede ser que le interese que yo vea lo que sucede a nuestro alrededor o porque quiere que tome nota y siga ciertos ejemplos que considera oportunos. El resto de temas sobre los que han hablado permanece oculto bajo la capa de discreción que han pactado entre ellas.
...
Un poco más tarde de lo habitual regresa a casa. Viene directamente a la alcoba, ensayando unos pasos de baile de una famosa coreografía. Se le nota que viene “achispada” y bastante animada. Seguro que ha habido más chupitos de lo habitual. Juega con el vuelo de su falda para enseñarme sus bonitas piernas, con descaro me deja ver sus bragas por delante y por detrás. Parece que va a cumplir su promesa.
Yo he cumplido su exigencia, estoy despierto velando las armas y esperando su regreso. La cosa promete.No se anda con tonterías, sin quitarse los zapatos de tacón, da un salto sobre la cama y se sitúa sentada a horcajadas sobre mi cuerpo. Por un instante, queda paralizada como una estatua, con los ojos cerrados, los brazos extendidos por encima de los hombros manteniendo su melena recogida entre sus manos y sus posaderas firmemente apoyadas sobre mi vientre.
De repente recobra toda la energía y se pone en marcha. Es como si tras el reset todo su cuerpo se hubiera reiniciado, volviendo al animado baile que traía. A mi muñequita le han puesto pilas nuevas. Todavía lleva puesto su vaporoso vestido, pero la piel de sus muslos y nalgas la siento en contacto con la mía. Su entrepierna despide un suave calorcito que me llena de emoción.
― ¿te acuerdas de Belinda?― me pregunta como si se tratase de algo confidencial que nadie debe oír.
―Si hombre, si…claro que te tienes que acordar de ella ― me dice ―mi amiga de los tiempos de facultad… si aquella morena y cara de buena nena, con gafas de pasta y pelo largo.
―Ah… si, ahora lo recuerdo ― le respondo haciéndole ver que no me interesaba el tema nada y que yo estoy por otras cosas
―¿Pues sabes qué?... me ha dicho que lleva cinco meses divorciada― me informa como si fuese una importante noticia.
―Lo siento por ella…seguro que lo debe estar pasando mal – le digo a Teresa pensando que eso es lo que espera que yo diga.
― ¡Que va!, todo lo contrario― me corrige al tiempo que acelera su cabalgar sobre mi verga erecta.
No se ha quitado las bragas y yo llevo el boxer puesto, sin embargo Teresa se sabe mover para que mi polla frote intensamente con su rajita. Me gusta mirar como lo hace, así que levanto la falda que tengo sobre el vientre y miro como nos rozamos. Hoy lleva una bragas lisas, sin brocados, donde se distingue claramente la mancha que provoca su humedad.
―Hoy las chicas hemos ido a un pub a bailar y nos hemos tomado algunas copitas, ji…ji…ji― se nota que viene contenta― y todavía tengo muchas ganas de seguir bailando ¿te apuntas?― me dice con voz animada.
Bajo el vestido, cerrado por delante y la espalda descubierta, Teresa llevaba un sostén de esos adhesivos que no precisan cierre ni tirantes. No queda ni rastro de él por lo que sus pechos se mueven con libertad bajo la tela y marcan con sus pezones su posición exacta. La falda reposa sobre mi barriga e impide que vea como su pubis se restriega una y otra vez sobre mi cuerpo desnudo.
―Mira como bailo…esto lo he aprendido hoy― me dice ondulando el cuerpo adelante y atrás sin tiempo para el descanso.
―Siii…me encanta ― le contesto esperando que de un momento a otro se eche la braguita a un lado, busque mi polla debajo de la falda y se siente sobre su trono, como una reina. Quiero ver mi verga incrustada en su cuerpo, que sea el eje sobre el que girar, subir y bajar… como tantas otras veces ha hecho.
―Hoy ha estado genial… nos hemos soltado un poco y… ¡Qué bien lo hemos pasado! ¡noche de chicas!― continúa diciendo sin dejar de moverse.
Es el momento que elige para contarme algunas cosas que han comentado sus amigas. El alcohol le está soltando la lengua mucho más de lo que es habitual y más alla de lo que tienen pactado entre ellas.
―Mi amiga Regina… la enfermera… si hombre…la rubia, alta de pechos grandes… dice que con su pareja últimamente buscan sitios públicos donde hacer el amor. Nos ha dicho que eso le da mucho morbo y que se lo pasan muy bien…También dice que han estado a punto de ser descubiertos en varias ocasiones y que eso todavía les pone mucho más.
He recogido su falda, la mantengo elevada a la altura de sus caderas porque quiero seguir viendo como sigue frotando su conchita sobre mi polla y como las bragas se van mojando cada vez más.
― Marcela nos ha confesado que le van mucho los juguetes eróticos. Dice que tiene tres vibradores de distintos modelos. Lleva uno pequeñito en el bolso y nos lo ha dejado probar a todas…¡uy…cómo vibra!... es muy divertido…jejeje ― me dice poniéndose la mano bajo la braga para tocarse en recuerdo al juguete.
El ir hablando no la distrae lo más mínimo, no deja de moverse sobre mí, de tocarse y de vez en cuando arreglarse el vestido como si tuviera la impresión de que lo tiene mal puesto. Tiene un cerebro multitarea que me seduce. Yo oigo, miro y siento como desliza su pubis una y otra vez sobre el bulto que genera mi polla erecta en el boxer. En mi mente solo hay sitio para ese único pensamiento.
Teresa se eleva y se planta sobre las rodillas, eleva su pelvis, pone la mano entre las piernas,hecha la braga a un lado con una mano y con la otra saca mi polla del boxer, la mantiene vertical y la apunta hacia sus labios. Desciende poco a poco hasta que mi verga se empieza a hundir en su cuerpo lentamente. Resopla, sube un poco y luego continúa bajando hasta que sus nalgas vuelven a quedar completamente apoyadas sobre mi vientre. Da unas cuantas sacudidas con sus caderas, adelante y atrás, como si quisiera acomodar mejor mi polla entre sus carnes. Yo noto como la cabezota de mi verga contacta intensamente con el fondo de su cueva. Ya me tiene a a mil.
―Belinda también ha venido hoy. Tanto tiempo sin saber de ella y ahora parece que está deseando volver con sus amigas de siempre― dice siguiendo el relato de confidencias que hoy me está haciendo.
Culea varias veces para sentir mi polla bien alojada antes de continuar con su baile. Luego se eleva liberando parcialmente la polla para a continuación dejarse caer con fuerza sobre mi.¡qué culadas tan intensas me está dando hoy! ¡Uhmmm, que ricoooo! No tiene ningún miramiento conmigo, sube despacio y luego se tira hacia abajo con fuerza, casi con violencia…hace que nuestro cuerpos reboten uno contra el otro, que se produzca un chasquido con cada aproximación y que la punta de mi polla sienta el impacto con la cerviz de su útero.
―Después de varias copas nos ha dicho que ha conocido un hombre casado, y que este le ha hecho la mejor comida de coño de su vida. Ya te dije que se estaba desquitando de varios años de aburrimiento y que es peligrosa…¡tú debes tener mucho cuidado con ella!… Si las ves venir… tu te alejas de ella…¿entendido?
Se detiene un momento estando elevada sobre mi y luego se deja caer sin avisar como queriendo decir: “aqui hago lo que quiero porque soy la dueña y señora”.
―Todas le hemos dicho que eso hay que aprovecharlo…los casados no quieren compromisos y te dejan que vivas tu vida. Por otra parte son mas considerados, saben que sin ataduras se tienen que esforzar mas si quieren repetir― me dice mientras trota intensa y rápidamente sobre mi pubis.
―¡Vaya con tu amiga Belinda!… y eso que según tú era la “menos lanzada” de todas vosotras… no me lo puedo ni imaginar― le digo tratando de poner una voz exenta de cualquier emoción que pudiera dar alguna señal a mi mujer.
―Por lo que nos ha contado, el tío tiene una técnica muy depurada… es el “come coños” ideal… está muy bien “adiestrado” ― me confía ― debe ser muy parecido a ti…― dice con un tono que hace disparar mis alarmas.
Ha hecho el comentario como quien echa el anzuelo a ver si pesca algo.
―¿en serio?... ¿eso piensas?...yo soy el mejor…y lo soy porque tú me has enseñado bien ― le digo fingiendo malestar por su comentario.
Teresa detiene su cabalgada por un instante, se inclina hacia mí y me da un beso pastoso en la boca como si quisiera reconciliarse conmigo y así olvidar su comentario anterior que parecía deslizar cierta duda sobre mi comportamiento.
―Claro que si, cari…tú eres el mejor― a continuación recupera la verticalidad, apoya las manos sobre mis rodillas poniéndolas por detrás de su cuerpo y mueve las caderas de atrás adelante con mucha fuerza, para que mi polla frote rabiosa en las paredes de su vagina.
―Estaba deseando volver a casa para sentir esto― me confiesa al tiempo que se agita sobre mi como una poseída.
Mi polla se mantiene firme ante sus enérgicas embestidas que no consiguen doblegarla y que lo que hacen es agrandar la dilatación de su vulva permitiendo que sus flujos salgan con suma facilidad hasta llegar a mi pubis.
―¡Uy, cómo estás hoy!... ¡Qué caliente vienes!... me gusta mucho verte así de cachonda― le digo mientras ella trata de recobrar el aliento tras su intensa cabalgada.
―y tú ¿qué les contaste?... a tus amigas les gustaría saber alguna cosita de ti… estoy seguro que te lo preguntaron
Me produce cierta preocupación que algo de nuestra intimidad haya salido a la luz, que sus amigas sepan cosas sobre mí o sobre mis gustos, que esto pueda ser utilizado después. Se que Teresa es discreta y reservada, que no va contando por ahí nuestras cosas. A pesar de todo, pienso que en un entorno amigable, con unas copas de más y habiendo sido partícipe de otras confidencias similares donde salen a relucir las cosas íntimas, no estoy del todo seguro que no haya contado algo más de lo deseable.
―Nada, nada… tranquilo…no hay nada de lo que tengas que preocuparte― y sigue botando alegre sobre mi sin preocuparse de los crujidos de la cama, de sus gemidos y del ruido característico de su piel mojada impactando con mis muslos.
Poco a poco va acelerando el ritmo y la intensidad, pronto vendrá su orgasmo y la quiero ayudar a conseguirlo. Pongo las manos por debajo de sus nalgas y le ayudo al acelerado sube y baja de sus caderas. Teresa para un instante para coger aire. Aprovecho para mover rápidamente mis caderas para hacer que mi polla se mueva veloz en un mete y saca sin fin.
Me incorporo para acercarme a ella, la abrazo por la cintura. Teresa apoya su barbilla sobre mi cuello, me abraza y se desborda mojandome la entrepierna. Comparto con ella las contracciones, se estremece mientras permanece insertada por mi polla. Disfruta de un orgasmo descomunal, me mordisquea la oreja, revuelve el pelo de mi cabeza y sube y baja varias veces, lentamente, recreándose en el roce de su coño extra sensible atravesada por mi miembro erecto.
Después se abraza a mi cabeza y descansa. Con mucho cuidado levanta las caderas, se echa hacia atrás haciendo que mi polla aparezca recubierta con todos sus jugos, gorda, brillante…inmensa… insatisfecha…palpitando…suplicando su atención.
Durante unos instantes su respiración entrecortada, luego se normaliza y tras la pausa, me dice:
― ¿sabes lo que yo les conté a mis amigas?... quieres saberlo, ¿verdad?
Me ha cogido la polla con su mano izquierda y con la otra me acaricia la mejilla.
―Si dime…tengo curiosidad… cuéntame― le digo al tiempo que la libero de mi abrazo.
Me vuelvo a echar sobre la cama, ella sentada sobre el trono, mi polla está más gorda que nunca y quiero que Teresa me libere de la excitación que me está torturando.
―Les dije que a los tíos no les gusta que les hagan pajas. Siempre pensais que eso es un sucedáneo para no hacer otras cosas y que las pajas cada uno se la hace mejor, a su manera.
―¿eso le dijiste? ¿y que respondieron ellas?¿estuvieron de acuerdo contigo?― le digo acompañando su mano más torpe para que inicie su deseado sube y baja.
― En eso estuvimos de acuerdo todas. Cuando añadí que esto era totalmente cierto salvo en una circunstancia, todas me preguntaron…ah, si… ¿en qué situación?... dinos, por favor.
―Entonces añadí: “Tenéis que hacerle la paja mejor que ellos mismos…si lo conseguís los tendréis contentos y dispuestos a compensarnos de todas las formas posibles”― les confesé― yo a mi marido se las hago, le hago sufrir un buen rato y luego le saco hasta la última gota…lo dejo agotado y muy satisfecho.
―¿Eso les has dicho?― le contesto un poco contrariado
―¡Claro, que se lo he dicho!... y además les he comentado que sirve para esos días del mes. También para cuando quieres conseguir algo en concreto y necesitas poder hablar mientras lo haces y para asegurarte que no le quedan ganas de irse por ahí con los amigotes… Se rieron mucho al oir esto que les decía…― me confiesa.
Ahora, haciendo gala de sus habilidades aumenta progresivamente el ritmo, maniobrando con sabiduría la muñeca para ofrecerme un rico repertorio de frotes, tanto en el tronco como en el capullo. Es muy consciente de su poder, lo ha adquirido practicando y también siguiendo mis indicaciones explícitas o tácitas. Siempre ha sabido leer mi cara y sabe lo que me gusta y cómo conseguirlo.
―Todas han pedido que les diera una “master class”. Hemos quedado que la próxima vez llevaré una polla de goma para hacerles una demostración en vivo― añade mientras sigue machacándome la polla hasta llevarme al borde del orgasmo.
―¡qué vergüenza cuando las vea!... ¿Cómo has sido capaz de contar nuestras cosas por ahí?― le reprendo pero sin quejarme demasiado, “necesito” que termine la faena de la mejor manera posible.
―No te quejes…Ha habido alguna que ha sugerido que en vez del dildo te trajera a ti y que hiciera una demostración lo más real posible… con carne real. Yo les he dicho que no, que todavía no estás adiestrado del todo…tú ¿qué opinas? ― me pregunta interrumpiendo momentáneamente el sube y baja de su mano.
―No, no… eso no. ¡qué verguenza! ¡Dios, que cosas se os ocurren!... por favor, sigue, sigueee…
―A ti bien que te ha gustado saber “ciertas cositas” de mis amigas. Ellas piensan que todo debe tener su compensación― sentencia mientras me amasa el capullo en su puño cerrado.
―Si, si…tienes razón… sigue. Sigue que ya estoy a punto― le digo mientras aprieto los músculos de las piernas viendo venir mi orgasmo sin darme cuenta que explícitamente estoy aceptando sus condiciones.
En mi cabeza resuena la afirmación que ha hecho hace unos instantes: “También para cuando quieres conseguir algo en concreto y necesitas poder hablar mientras lo haces”. Soy consciente de la trampa pero el señuelo es tan apetitoso que no me puedo resistir. Quiero que finalice la paja y por fin correrme hasta vaciar mis huevos doloridos por completo.
―Así me gusta “cari”… vamos a ver como corre mi campeón… a ver si es cierto lo que les he dicho a mis amigas. Les he dicho que sacas leche para llenarme todo el pecho
Con una mano toma mi polla, la pone alineada con mi vientre y con la otra rodea mis testículos amándolos como si quisiera ayudarles a expeler la leche que han acumulado.
―Ahhhh, ahhhh― me quejo mientras salen varias andanadas de leche para depositarse alrededor del ombligo.
―Vamos, vamos…mi macho…dale a tu mujercita el premio por un trabajo bien hecho― me anima mientras observa complacida como me vacío por completo― y tal como les he dicho: “está deliciosa”― dice al tiempo que pasa un dedo sobre mi vientre, recoge una buena porción y se la lleva a la boca.
Con el dedo todavía en la boca, me mira, en su cara se dibuja la expresión de “eureka… lo encontré” y a continuación me dice con una expresión en su cara que no espera una negativa:
― La verdad es que creo que ya estás listo…¿te atreves? ¿Quieres ser mi maniquí para la demostración? Lo vas a pasar genial y quizás haya practicantes voluntarias.
Deverano.
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