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Familia ( De nuevo en la ciudad ) 4 parte

Emi necesita que alguien la haga sentir como ese hombre la trata. Miguel acepta el desafío, pero no imagina que la noche que pasará con la madre de su novia será solo el comienzo de una dinámica que involucrará a toda la familia.

dulceymorboso10K vistas9.2· 29 votos

Aún no había acabado el documental cuando recibió un mensaje. Cogió el teléfono pensando que sería de su chica diciéndole que lo echaba de menos pero vio que era de Emi.

Emi: “Hola, cielo! Perdona que te escriba a estas horas pero necesitaba desahogarme. Si estás con mi hija no hace falta que contestes. Quería decirte que me siento fatal porque ayer volví a caer como una tonta. Quiero pedirte perdón porque te pedí que me ayudarás a alejarme de ese cabrón y en cuanto lo tuve al lado no pude evitarlo. No sé que me pasa con ese hombre. Voy a tirar por la borda mi matrimonio por él. Lo siento, eres un cielo. “

Leer aquel mensaje le sentó como una puñalada. Había mentido y engañado a Carolina por ayudarla y todo para nada.

Le escribió preocupado.

Miguel: “Tu hija quedó con Cintia y no está en casa. Tirar por la borda tú matrimonio por culpa de ese hijo de puta? Follaste con él? “

Emi: “Puedes hablar? “

Miguel: “Si “

Al momento Emi lo estaba llamando.

Desconsolada, le contó lo ocurrido la tarde anterior y del video que le había mandado. También le contó lo de esa tarde y de lo que le había dicho.

—Pero para un momento, Emi —le pidió sin dar crédito a lo que estaba escuchando —¿En serio dejarías a tu marido por estar con ese viejo?

—Si, cielo —contestó entre lágrimas —. Sé que nadie puede entenderlo pero lo haré si me lo pide.

—Emi…, ¿no te das cuenta que ese hombre lo único que quiere es follarte y tenerte a sus pies?

—Lo sé, pero no sé que me pasa. Mi cuerpo cuando estoy a su lado me pide a gritos que me deje llevar ¡Dios, no se que hacer!

—No llores, por favor ¿Está tu marido en casa?

—No. Está en la casa de la playa.

—Tu hija aún va a tardar que iba a cenar y seguramente salga de fiesta un rato. Quieres que vaya hasta ahí?

—Si, por favor.

Después de contarle todo lo ocurrido de nuevo, Emi lo abrazó en el sofá.

Poniéndose de pie, desató el nudo de la bata roja de seda que llevaba y dejándola caer al suelo se quedó desnuda delante de Miguel.

—Solo si encuentro alguien que me haga sentir como él podré alejarme —le dijo —. Trátame como ese viejo me trata.

—Pero Emi…—La miró excitado —… ¿Que es lo que te hace?

En la habitación matrimonial, Emi a cuatro patas sobre la cama gemía excitada mientras Miguel le follaba el culo con fuerza.

—¡Dios! Pégame en las nalgas fuerte, por favor —pedía con la cara hundida en el colchón —. Trátame como una zorra.

—¡Joder! —Excitado le azotaba las nalgas y veía en ellas las marcas de los dedos —. Me encanta follarte el culo.

—A mi que lo hagas —Gemía entre temblores —. Así. Dame fuerte como hace él.

A escasos cien metros, en aquel viejo dormitorio, Carolina se estaba corriendo mientras Faustino le follaba el culo y un nuevo azote impactaba sobre sus nalgas.

—Eso es, perrita. Te voy a dejar el culo como un tomate por hacerme esperar un año para poder follártelo de nuevo.

—¡Dios! —Gemía excitada y sorprendida por la sensación de estar siendo azotada —. Dame otro azote, por favor.

Miguel se metió en cama a las tres de la mañana.

Jamás imaginó que una mujer como Emi pudiera pedirle esas cosas, y lo que más le había impactado era la cara de placer de ella cuando había accedido a follarle la boca mientras le retorcía los pezones haciéndola correrse.

Todavía tenía la imagen grabada mientras se vestía, de las nalgas rojas y la madre de su novia mirándolo agradecida desde la cama.

—Gracias —le había dicho —. Necesitaba sentirme así, cielo.

—Prométeme que te irás mañana unos días a la casa de la playa para evitar encontrarte con él.

—Solo vendré aquí cuando quedemos tú y yo.

—Si, por favor.

—Si te hago caso, ¿me prometes que me tratarás así de nuevo?

—Si, te lo prometo.

Cuando Carolina llegó a casa a las cuatro, agradeció que Miguel estuviera dormido. Todavía sentía el escozor en las nalgas y el ano le palpitaba de la follada que le había dado el viejo.

Se metió en cama con cuidado para no despertarlo y pensó en su madre. Ahora mejor que nunca la entendía y sabía porque estaba enganchada a ese viejo.

Al despertar, Carolina vio que Miguel ya se había levantado.

Fue hacia el baño y se bajó el pantalón del pijama frente al espejo. Se sintió aliviada al girarse y ver que la rojez de las nalgas había desaparecido. Ahora ese tono rojizo adornaba sus mejillas al recordar lo que había pasado en casa del viejo.

Jamás hubiera imaginado que podría algún día llegar a pedirle a ningún hombre que la azotara de esa forma, y lo que no conseguía asimilar es que, no solo se lo había pedido, sino que había llegado a correrse mientras lo hacía y le follaba el culo de forma tan fuerte.

Se refrescó la sofocada cara y fue hacia la cocina.

—Buenos días, mi amor —le dijo acercándose a él y abrazándolo por la espalda.

—Buenos días, cariño —Giró la cabeza para besarla —¿Qué tal ayer?

—Muy bien. Llegué a casa a las cuatro pero ya estabas dormido.

—Si —La miró —Ayer estuve hablando con tu madre por teléfono.

—Ah, ¿si? ¿y eso? —preguntó nerviosa.

—Estaba bastante mal, cielo. Logré convencerla que lo mejor sería que fuera una temporada para la casa de la playa y alejarse un poco de aquí. Pensé que quizás si se aleja del viejo todo volverá a la normalidad.

—¿Pero le dijiste que sabemos lo de Faustino y ella?

—No, ¡claro que no!. Puse como excusa que le vendría bien un cambio de aires.

—Eres un cielo —le dijo besándole la espalda —. Yo también pienso que sería buena idea que se alejara de él.

—Si, amor ¿Quieres? —le señaló hacía las tostadas que estaba haciendo.

—Si.

Sin decir nada, los dos sabían que Carolina había conseguido olvidarse del viejo gracias a haber puesto tierra por medio y ahora le tocaba a Emi hacerlo.

—Ojalá yéndose una temporada a la playa tu madre pueda olvidarlo —le dijo mientras desayunaban —. A ver si hay suerte y el viejo prefiere a la zorra con la que quedó ayer.

—¿!Que zorra!? —Casi se atraganta al escucharlo.

—Una con la que quedó el viejo ayer para follar en su casa. Me lo dijo tú madre.

—Ah, ¡vale!

Ella misma había escuchado a su madre llamarla zorra sin saber que era ella la mujer que había quedado con Faustino para que la follara. Era la primera vez que sentía a su madre tan celosa y estando dispuesta a cualquier cosa con tal de que ese hombre la eligiera a ella. Ahora al escuchar a su novio decir ese “zorra” de forma tan despectiva le hizo sentir mal.

—Igual esa mujer no es ninguna zorra —le dijo intentando sentirse mejor —No sabemos quién es ni porqué quedó con él.

—Cariño, hay que estar muy desesperada para irse con ese cabrón.

Lo miró molesta y respiró profundo. Aquello le había dolido.

—¿Acaso piensas que mi madre y yo estábamos desesperadas cuando caímos en sus juegos?

—Pero lo vuestro fue distinto, cielo. Él supo como haceros caer en sus brazos y luego no podíais salir de ahí. Mira tu madre como está.

—¿Acaso sabes porqué la “zorra “de ayer cayó en sus brazos? —dijo alterada —. Igual Faustino supo como hacerla caer en sus brazos y ahora le gusta mucho como la folla.

—Perdona, cariño —Levantándose de la silla la abrazó —. No quería decir que estuvierais desesperadas.

—Pero lo dijiste ¿Crees que estaba desesperada cuando caí con él?

—No, mi niña. Estabas bien conmigo pero te daba morbo.

—Ya viste lo que me pasó y lo mucho que me costó alejarme. Ese hombre hace que el sexo con él sea adictivo ¿Crees que si no fuera así, seguiría masturbándome recordándolo?

Se quedaron en silencio. Él abrazándola por los hombros y ella sentada, abrazada a la cintura de él.

—Si, mi amor —dijo ella —Si te estás preguntando lo que me imagino, la respuesta es si. Sigo masturbándome pensando en él —reconoció avergonzada —. Ver a mi madre con él, hizo que todo volviera a removerse en mi interior.

—¿Y por qué no me lo dijiste, cielo?

—Porque sé que te fastidia y no entiendes que pueda darme morbo —Pegó con fuerza la cara en el pecho de su chico —. Y también por vergüenza.

—¿Lo haces a menudo? —preguntó asustado.

—Si, cariño.

Después de hablar un rato más sobre lo que sentía, se fueron a la habitación cogidos de la mano.

Miguel la miraba mientras ella se quitaba el pijama y la vio tumbarse en la cama desnuda.

Con los ojos cerrados, Carolina abrió las piernas y se empezó a tocar el coño.

Se acercó a la cama y se sentó a su lado mirando como tenía los pezones duros y el sexo cada vez más mojado.

—¿Qué piensas, mi amor? —le preguntó al escucharla gemir.

—En su polla, cielo.

—¿Tanto te llama la atención?

—Ya sabes que si. Siempre te lo dije.

Carolina con los ojos cerrados, recordaba como ese hombre la había follado en el sofá. Gimió al recordar lo que había sentido cuando el gordo glande había traspasado por primera vez los labios de su coño y como se había meado del placer que había sentido.

—¡Dios! —exclamó al recordar los azotes.

—¿Qué acabas de pensar?

—Recordé cuando me folló el culo, cielo.

—¿Te gustó mucho?

—Si.

Lo que no sabía Miguel al escucharla, era que su chica estaba hablando de la tarde anterior y no de hacia un año como se imaginaba él.

—Si no estuvieras conmigo, ¿dejarías que te lo volviera a follar?

—Si no estuviera contigo, volvería a dejarle follarme el culo —Movía los dedos cada vez más rápido —¡Joder, mi niño! Si no estuviera contigo le pediría que me follara también el chochete.

—¿Te estás tocando pensando que te folla el chochete?

—Si, cariño —Comenzó a temblar —. Me corro, cielo. Me corro pensando que me folla el viejo.

—Córrete, mi niña.

Cuando los temblores fueron desapareciendo y la respiración normalizando, abrió los ojos y lo miró con timidez.

—Gracias por comprenderme, cariño —Se abalanzó sobre él y lo besó —. Eres el mejor novio del mundo.

Sin darle tiempo a reaccionar, le quitó la camiseta y el pantalón del pijama. Tenía el pene erecto y lo miró sonriendo.

—¿Quieres pensar en alguien mientras te hago una paja?

—¿Qué?

—Si quieres pensar en alguna chica mientras te masturbo ¿No te gustaría?

—A mi me gustas tú, cariño.

—Uff…. Estás muy cachondo. Túmbate, cariño. Déjame follarte.

Aunque la polla de su chico fuera tan diferente a la del viejo y a la del padre de este, a Carolina le encantaba y disfrutaba muchísimo cuando lo follaba sentada sobre él.

Mientras lo hacía, gemía excitada y cada vez se movía más deprisa.

—No cierres los ojos, cariño —le pidió Miguel.

—Tranquilo, cielo —Gimió —. No estoy pensando en él.

Echando el cuerpo hacia adelante apoyó las manos en el cabecero de la cama para ofrecerle las tetas y Miguel se las chupaba con deseo.

—¡Dios, me voy a correr! —Aumentó el ritmo de las caderas que las movía hacia arriba y abajo.

—¡Joder! Yo también, cariño.

Estaban abrazados en la cama cuando sonó el teléfono de Carolina.

—Hola, mamá.

—Hola, mi niña ¿Puedes hablar o te pillo en mal momento?

—Estoy en casa con Miguel. Si que puedo hablar.

—Estuve hablando ayer con él, te lo dijo, ¿verdad? Me comentó que te lo diría.

—Si, ya me lo estuvo contando.

—Estoy en la casa de la playa con papá ¿Queréis venir a comer?

—Espera —Tapó el micrófono del teléfono con la mano —¿Comemos con mis padres en la playa? —le preguntó a Miguel.

Este asintió con la cabeza.

—Vale. Vamos a junto vuestra a comer. A las dos y media como siempre?

—Genial, cariño. Si, a las dos y media.

Sentados a la mesa que su madre había preparado en el jardín, Carolina miraba a sus padres y le encantaba cuando les veía hacerse alguna muestra de cariño por pequeña que fuera.

Andrés, el padre de Carolina, estaba feliz. Miraba a su mujer sin poder creerse que esa mañana le hubiera llamado para decirle que iba a pasar una temporada con él en la casa de la playa. Lo había llamado llorando diciéndole que lo quería y necesitaba intentar salvar su matrimonio.

Emi parecía contenta y Miguel se preguntaba si era porqué estaban ellos allí, o si el motivo era que después de lo ocurrido durante la noche, por fin veía la posibilidad real de alejarse del viejo. Lo miraba de vez en cuando intentando que las miradas pasaran desapercibidas para su hija y su marido y en la miraba había agradecimiento y por supuesto, deseo.

Cuando estaban recogiendo la mesa, Emi y Miguel coincidieron un momento en la cocina. Carolina había subido a ponerse el biquini para disfrutar de la piscina y Andrés había ido al coche.

—Todavía me duelen las nalgas —le dijo en voz baja acercándose a él.

—Tú me lo pediste —contestó mirando hacia la puerta por si aparecía alguien.

—Si. Y me encantó, cielo. Fue una liberación para mí. Mira.

También miró hacia la puerta y se subió la camiseta verde que le llegaba hasta la mitad de los muslos para mostrarle las nalgas. A Miguel le puso nervioso verla así y le sorprendió ver sus dedos marcados en la piel.

—No podrás ponerte en biquini.

—Lo sé, pero no me importa. Me gusta saber que tengo estas marcas —Se acarició la nalga.

—¿Te excita?

—Mucho —Metió la mano por dentro del biquini —. Mira como me tienes —le dijo mostrándole los dedos mojados.

—¡Joder! ¡Para! Me estás poniendo cachondo.

Nervioso, se puso a lavar los platos al escuchar que su chica bajaba después de haberse cambiado.

Ya con el biquini puesto, Carolina bajó las escaleras intentando tranquilizarse. Al llegar a la habitación había visto el teléfono y tenía un mensaje de Faustino.

Faustino: “Hola, zorrita! Qué tal estás? Menuda paja me acabo de hacer viendo tus fotos y recordando como anoche me pedias que te azotara mientras te follaba el culo.”

Ella al leerlo cerró la puerta y le contestó.

Carolina: “Aún no entiendo cómo pude correrme de esa forma mientras me azotabas. No puedo escribir que estoy con Miguel y mis padres. “

Se desnudó para ponerse el biquini y sentándose en la cama abrió las piernas y se hizo una foto.

Carolina: “Archivo adjunto “.

A pesar de acabar de hacerse una paja, Faustino se empalmó al ver la foto que le acababa de mandar Carolina.

Faustino: “Menudo chochete tienes, cabrona. Cuando podré follarte otra vez? “

Carolina: “Mañana no estará mi madre en casa. Quieres follarme otra vez? “

Faustino: “Si. Haré que te mees de gusto otra vez. “

Carolina: “Tengo que bajar. Un beso. “

Faustino: “Besos “

Al llegar abajo se sentía excitada. En la cocina, Miguel fregaba los platos mientras Emi preparaba café y al ver a su hija le sonrió.

—Que bien te queda ese biquini, cariño —le dijo la madre.

—¿Te gusta? —le preguntó.

—Me encanta, ¿es nuevo?

—Si. Lo compré para ir de vacaciones al pueblo.

El biquini, rojo y bastante pequeño, le quedaba espectacular y recordó como la miraban tanto Rosendo como Mariana cada vez que se lo ponía.

—Para llevar a la playa me da bastante corte pero aquí estamos en confianza.

—Nada de corte, tonta. Aprovecha ahora que eres joven para lucir tipo, mi niña ¿A ti no te gusta que se lo ponga? —le preguntó a Miguel.

—Claro que me gusta. Le queda perfecto y ese color es muy chulo —contestó mirándolas.

—Vamos a tomar el sol, mamá.

—Ir vosotros —contestó Emi intentando aparentar tranquilidad —. Deja eso, Miguel, ya lo termino yo y vete con ella a la piscina.

Miguel entendió la indirecta. Se secó las manos y acercándose a Carolina la cogió por la cintura.

—Vamos. Tengo ganas de darme un chapuzón.

Emi, al salir se sentó al lado de su marido que estaba mirando a los jóvenes dándose un baño.

—¿Qué tal estás, cielo? —le preguntó a Andrés.

—Bien —contestó —. Pensaba en como pasa el tiempo. Mírala, hace nada era una niña aprendiendo a nadar en esa piscina y ahora es toda una mujercita.

—Nos hace mayores —le dijo apoyando la cabeza en el hombro de su esposo.

—A mi me lo vas a decir —Sonrió —. Tú estás más hermosa que nunca, cielo.

—¿En serio lo piensas?

—Si. Cuando te conocí eras preciosa pero ahora con los años has ganado.

—¡Vaya! No me esperaba eso —Estiró el cuello para besarlo —. Tú también eras guapísimo pero ahora, como los vinos, has ganado y eres un madurito muy sexy.

—Te adoro, cariño —La besó en la boca.

—Lo sé, mi amor. Yo también a ti y espero que todo este bache pase y nuestro matrimonio se fortalezca.

—Es lo único que deseo.

Carolina los miraba emocionada y abrazó a Miguel.

—Gracias por aconsejar a mi madre que se viniera para aquí, mi amor. En lo que podamos, tenerlos que ayudarlos.

—Si, cielo. Cuando pasamos aquella mala racha ella también me ayudó mucho.

—Ah, ¿si?

—No sabía a quién pedir consejo. Entre tu madre y mi madrastra me supieron aconsejar.

—Pero… —Lo miró avergonzada —¿Mi madre sabe que entre el viejo y yo…?

—No, cariño. Eso no se lo dije.

—Con todo esto, si mi madre lo supiera me mata. Y mi padre lo mata a él.

—Ahora ya está, cielo. No tienen por qué enterarse de algo que pasó hace un año y, si todo va bien, tu madre no volverá a ver a ese viejo. Él es el único que podría decírselo.

A Carolina le calentaba la idea de poder tener la casa de sus padres vacía. Por la mañana, mientras Miguel trabajaba en el taller, aprovechó para ir a la universidad a hacer la matrícula del nuevo curso.

Apoyada en el mostrador de la secretaría de la facultad, recibió un mensaje y era del viejo.

Faustino: “Buenos días! A qué hora vas a venir? Estoy impaciente por estar contigo.”

Al sentir la impaciencia del viejo se sintió halagada y le contestó.

Carolina: “Tantas ganas tiene de estar conmigo? Voy en media hora. Mi madre no estará en casa.”

Faustino: “No la he visto salir de casa. Estás segura? “

Carolina: “No la vio porque va a estar una temporada en la casa de la playa.”

Faustino: “Perfecto, entonces. Tú no tienes ganas de estar conmigo?”

Carolina: “Claro que tengo ganas. Me excito al pensar que volverá a follarme”

A Faustino se le pusieron los ojos como platos cuando vio a Carolina entrar en el portal.

Aquel pantalón ajustado de cuero rojo se incrustaba en la entrepierna y podía verse perfectamente el sexo de la joven dibujado en la tela. Por arriba llevaba una camiseta blanca también ajustada que se adhería a los pechos.

A ella le gustó ver la cara que puso y le sonrió.

—Voy a cerrar la portería —le dijo saliendo de esta.

—Buenos días, ¿no? —le recriminó su mala educación sin dejar de sonreír.

—Buenos días, cariño. Perdona, es que me vino toda la sangre a la polla y ni pienso.

—Ya veo —Al mirar hacia abajo miró el pantalón abultado.

—Vamos.

Había estado ya bastantes veces con ese viejo pero aquel día estaba especialmente ansioso. Ya en el ascensor, la abrazó y le acarició las nalgas con ambas manos mientras la besó en la boca.

—¿Que le pasa hoy? —le preguntó sintiendo como se apretaba contra ella.

—¿Ya me vuelves a tratar de usted?

—Perdona, cielo —Le acarició las mejillas y lo besó —. Yo también estoy nerviosa.

—¿Y por qué estás nerviosa?

—Porque me va a volver a follar y desde el sábado llevo deseándolo.

Cuando bajó todavía le temblaban las piernas y sentía el coño especialmente sensible.

En aquellas dos horas que habían estado follando, había perdido la cuenta de las veces que la había hecho correrse y no podía evitar avergonzarse al recordar como se había meado otra vez de gusto mientras la follaba en la cama de sus padres.

Una vergüenza que se veía incrementada al pensar en como le había pedido que la azotara otra vez mientras le follaba el culo y como él le había dicho que tenían que ser responsables y no podía dejarla marcada para que su novio no se enterara.

“No quiero que tu novio se dé cuenta que ya no le perteneces a él en exclusiva “, le había dicho mientras la seta torcida barrenaba el culo dilatado.

Y es que Carolina, cuando estaba con ese viejo perdía toda noción de la realidad y desaparecía cualquier atisbo de cordura. Cuando la follaba no pensaba en nada más que en el placer inmenso que le hacía sentir.

—Mañana puedo volver, cariño —le había dicho abrazada a él mientras le besaba el pecho y le acariciaba los gordos testículos.

—Cuando empiezas el nuevo curso?

—Dentro de quince días.

—Te voy a follar todos los días, zorrita.

—Si —Lo había mirado y se había acercado a su cara para besarlo —. Te prometí que podrías follarme siempre que quisieras a cambio de que no estés con mi madre.

—Lo haré —Metió la mano entre las piernas de ella —. Este chochete me trae loco.

—Y tu lo traes loco a él —Gimió —. Desde aquel día que me lo tocaste por encima del pantalón, mi chochete está loco por tus caricias.

—¡Joder! Está lubricando otra vez.

—Ya te lo dije. Fóllame otra vez antes de que me vaya.

Y la había follado hasta hacerla abrazarse a él y que le comiera la boca hasta correrse juntos.

De camino a casa llamó a Miguel para decirle que se retrasaría un poco pero el teléfono estaba apagado y le escribió un mensaje para que lo leyera cuando lo encendiera.

Carolina: “Cariño, me retraso un poco que había mucha gente en la universidad. Te quiero.”

Ya estaba llegando a casa cuando recibió mensaje de Miguel.

Miguel: “Yo también. Salgo ahora del taller que tenía que dejar un coche listo.”

Emi se estaba subiendo las bragas y miraba a Miguel escribir en el teléfono.

—Ya está —le dijo el novio de su hija —. Ya le avisé que voy ahora para casa.

—Gracias por venir conmigo —le dijo besándolo —. Ayer me quedé con las ganas de que me follaras.

—Debemos tener cuidado —Miró hacia fuera y los coches pasaban algo cerca —. Si alguien nos ve la cagamos.

Y es que Emi lo había ido a buscar al taller y habían metido el coche en un rincón detrás del polígono y a esa hora había bastante movimiento de coches por la zona.

Habían follado en el coche y Miguel se había puesto muy cachondo al escuchar como la madre de su chica le pedía por favor que la volviera a azotar mientras ella lo cabalgaba entre gemidos.

—Mañana si quieres podemos ir a un hotel —le dijo ella —. Mi hija tiene entrenamiento.

—Si. Es martes y tenemos tres horas.

—Gracias por ayudarme a llevar mejor esto de alejarme de Faustino..

Por la tarde, tanto Carolina como Miguel se buscaron uno al otro para tener relaciones. El sentido de culpabilidad de los dos era grande y eso les hizo entregarse uno al otro.

(Continuará)