Xtories

La Tomboy del Dojo

El dojo se vacía, pero la lección de Catalina apenas comienza. Ella desafía su autoridad con golpes y miradas, sin saber que el castigo que le espera no tiene nada que ver con las artes marciales.

Ginoyama20002.8K vistas

Yo soy Jose Charbel, el ogro, tengo 25 años y soy dueño de un dojo, desde hace un año he estado enseñando artes marciales a personas de todas las edades pero siempre he tenido una debilidad por las jovencitas (al menos cuanto Artes Marciales se refiere). Hace un mes, una de mis nuevas alumnas me llamó la atención, se llama Catalina, tiene 18 años pero su cuerpo es el de una diosa. Sin embargo le gusta vestir y actuar como Tomboy. A menudo se la veía jugando a juegos de pelea en su celular, hablar con los chicos con tono fuerte y cierto grado de lesbianismo (le gustaba soltarle comentsrios morbosos a otras alumnas) por esto último a veces me tocaba llamadle la atención.

Sin embargo, también notaba un cariño especial conmigo donde se podía desprender que esa marimacho era una mujercita como cualquier otra:

La miraba con frecuencia, siempre se me acercaba a saludar y un día incluso se cambió su uniforme de gi para usar un más ajustado.

El otro dia, después de la clase, todos se marcharon menos Catalina. Se me acercó con un tono jocoso y me dijo. "Maestro, yo le voy a dar un castigo a usted, pero si me gana puede hacerme lo que quiera". Me sorprendió, pero también me dio risa y acepté. Se quitó su chaqueta y se puso en posición de pelea.

La verdad es que la vi muy segura, pero no sabía que tan dura me la iba a dar. Empecé a darle golpes, pero los bloqueaba muy bien, luego empezo a darle una patada en el abdomen, que la lanzó a contra la pared. Luego me acerque y la tumbé en el piso. Me coloqué sobre ella y le dije que se rindiera, pero ella comenzó a gritar y patalear y se me escapó. Entonces volví a darle una vuelta y a tumbarla, pero esta vez la puse sentada y le puse mi rodilla en su pecho.

Ella no se rendía. En una oportunidad me dió un golpe en mis testículos y me lanzó un puñetazo en la nariz. Yo me puse furioso, pero mi furia no era por el dolor, sino por ver sus ojos brillar. Así que la tumbé y esta vez la coloqué debajo de mi. Me acerqué a sus labios y comencé a besarla. Sus ojos se abrieron, pero solo me miraban, luego sonreí y le dije: "¿Es que no me dió castigo suficiente?". Eso la hizo reír y comenzar a besarme.

Comencé a bajar y me puse a lamer sus pezones, que se pusieron duros y rosados. Luego continué hacia abajo y comencé a besarle su pantalon del gi, mientras reía. Pude sentir sus gemidos y sus caderas moverse. Luego le quité su pantalon, y sus braguitas de Hello kitty y pude ver un coño peludo como la selva, pero tan jugoso. Le chupé un rato más hasta que comenzó a sacudirse.

Entonces le dije, "¿Ya se rinde?", a lo que ella me dijo: "No, maestro, siga". Y con sus dedos me agarro el cuello de mi gi y me puso mi polla en su boca. Lo chupó un buen rato, hasta que mi polla estaba dura. Luego le dije que me sacara el gi y lo hizó.

Me sente encima de ella de espaldas a sus pies, y le dije que chupara. Se notaba su ansiedad, lo que me hacia reír. Entonces empecé a meterle mi polla a su boca y pronto estaba profundamente adentro de ella. Me miraba a los ojos y se notaba su placer. Luego, comencé a metérsela más rápido, y pronto escuche un sonido como si estuviera tragando. Así que le dije que no tragara. Le di un rato más de polla en la boca, y luego la coloque sobre la pared y la cogí de sus nalgas. Empecé a meterme en ella, y escuche sus gritos.

Luego comencé a empujar mi cadera y a meterme más, hasta que llegue hasta su tope. Luego me quede ahí un momento y la hice gritar al mover mis caderas para dentro y fuera de ella, no se podía creer como me había follado tan rápido y con tanto placer. Luego escuche su voz susurrando: "Maestro, puedes decirme Putito? Es que me gusta sentirme un griego antiguo…Aun si soy mujercita biológica” Esa petición me era rara, pero en em trance ni lo pensé. Me coloque detrás de ella y la agarré de las caderas, luego le dije. “Si, eres un Putito”. Escuche un susurro de placer y continué a follármela.

Luego me agarre de sus senos y comencé a masturbarla, pude sentir sus gritos y su vagina moverse en mi polla. Entonces escuche sus últimos susurros y su cuerpo se sacudió. Luego vi como su jugo corría sobre mis piernas, me reí, y la hice un masaje en la espalda. “No te preocupes, Putito, te sacare la mierda a la tina". Y fue así como follé a una de mis mejores alumnas en mi dojo. Y ahora siempre me pide que le llame Putito. Aunque debo admitir que, a pesar de que su aspecto es lesbiano, es una mujercita muy loca en la cama. Hasta el día de hoy sigue asistiendo a mis clases y de vez en cuando follamos en el dojo. Aunque ya no nos reímos tanto, porque también me gusta follársela fuerte. Pero eso es una historia para otro momento. Sabe Dios cuantas historias más tengo que contar sobre mis alumnas, así que esperen a la próxima…