Familia ( Madrastra y novia ) 5;parte
La visita a la casa rural prometía ser un descanso, pero la distancia entre las generaciones se disuelve bajo las sábanas. Cuando el silencio de la noche se rompe, los límites de la familia se borran y lo prohibido se vuelve la única regla.
Ya estaba anocheciendo cuando en la cocina escucharon el sonido del motor del coche de Rosendo.
- Ahí viene! – dijo contenta Carolina – Voy a darle la noticia – besó a su chico y se levantó para salir afuera.
Cuando aparcó y se bajó del coche, Rosendo vio que Carolina corría hacia él. De un saltó se agarró de su cuello y rodeó con las piernas su cintura.
- Miguel me dijo que se lo iba a pensar – le dijo feliz antes de besarlo en la boca.
Rosendo la agarró poniendo las manos en las nalgas de la joven y la miró con una sonrisa.
- Esto es un recibimiento y lo demás son tonterías – dijo sonriendo - En serio se lo va a pensar?
- Si. Volveremos a la ciudad y me pidió que allí lo pensáramos – le acarició la cara – No está contento?
- Mucho, pequeña – la miró sonrojado – Como no dejes de saltar me vas a poner malo, cielo.
- Ah, si? – lo miró y siguió moviéndose – Quiere que nos duchemos juntos ahora?
- Quieres?
- Si – lo volvió a besar – Tengo ganas de usted.
Carolina entró en casa mientras Rosendo sacaba del coche lo que había comprado y pasó por la cocina antes de ir al baño.
- Voy a prepararle la ducha – les dijo.
- Vale, cielo – le respondió Miguel.
Al llegar al baño, Rosendo vio que lo esperaba desnuda.
- Deje que le desnude yo – le pidió acercándose a él.
Le desató el cordón del bañador y se lo bajó. Le sonrió al ver que tenía la polla hinchada. Luego le quitó la camiseta y lo abrazó apoyando la cara en el pecho.
- Me estás acostumbrando mal, pequeña.
- Me gusta ayudarle – contestó besándole – No para todo el día de trabajar.
Agarrándolo de la mano, lo llevó hasta la ducha y se metió con él bajo el agua. A la joven le excitó enjabonarle todo el cuerpo mientras lo miraba fascinada.
- Veo que a usted también le gusta – le dijo mientras enjabonaba los testículos haciendo que la polla cabeceara.
- Sabes cómo volverme loco – suspiró.
Apoyada contra el pecho de Rosendo, ahora era ella la que se estaba volviendo loca al sentir como la enjabonaba las nalgas. Desde el primer día que había estado en brazos de ese hombre, le había impactado sentir como aquellas manos callosas podían agarrarle por completo las nalgas y las tetas.
- Hoy su mujer me lo masturbó delante de Miguel – le dijo al sentir la mano llena de espuma entre los glúteos.
- Todavía lo tienes algo dilatado – el dedo pulgar se deslizaba lentamente por el agujerito.
- Quiere follármelo esta noche? – gimió al sentir la incursión del dedo.
- Sabes que me encanta hacerlo – le besó la cabeza.
- Y a mí que lo hagas.
- Vaya! Me acabas de tutear?
- Si, no te importa? – lo miró.
- Me encanta esta confianza que nos tenemos, cariño.
Antes de salir de la ducha le hizo una mamada hasta hacerlo correrse en su boca. Él también le comió el coño haciéndola explotar de placer.
Mariana masturbaba a Miguel en el sofá del salón.
Minutos antes, estaban hablando cuando escucharon los gemidos que llegaban del baño y se habían mirado nerviosos.
- A mi también me excita escucharlos, mi niño – le dijo al ver el bulto del bañador y llevó la mano hacia él – Es extraño pero es muy excitante esto que estamos viviendo.
- Si – suspiró al sentir la caricia.
- Deja que te alivie – le bajó el bañador hasta las rodillas – Me gusta tanto tu polla…
- Y a mí tu coño – él también metió la mano por dentro del pantalón de ella – Estás empapada.
- Ya te dije que me da mucho morbo todo esto, cielo – gimió al sentir la mano de Miguel.
Cuando Rosendo y Carolina salieron del baño, al pasar por el pasillo camino de la cocina, vieron que Mariana estaba sentada sobre Miguel y lo estaba follando.
- Te gusta verlos así? – le preguntó Carolina.
- Creo que no estoy preparado para eso – contestó viendo como su mujer se movía rápido y gemía excitada.
- Vamos a la cocina – le dijo ella – Te prepararé la cena.
Los gemidos de Mariana eran cada vez más fuertes y los dos supieron que estaba teniendo un orgasmo.
Estaban cenando cuando Mariana se asomó por la puerta.
- Miguel y yo nos vamos para cama, vale? – les dijo algo avergonzada.
- Vale – respondió Carolina – Espera! – se acercó a la puerta y le dijo algo al oído.
Rosendo las vio besarse y Mariana se acercó a él.
- Te amo, mi vida – lo besó en la boca.
- Yo también te amo, cielo.
La joven, cuando Mariana se fue, se sentó en las piernas de él y también lo besó.
- Es la primera vez que cenaremos solos – le sonrió.
- Si, es verdad – rodeó con el brazo su cintura.
- Mañana será el último día – lo miró triste – Pero en Navidades vendremos de nuevo. Ojalá sea para quedarnos.
- De verdad quieres venirte a vivir para aquí?
- Si. Creo que mi sitio está aquí y no en la ciudad. Tú no quieres?
- Claro que quiero. Este año eché mucho de menos a mi hijo y ahora contigo sería maravilloso teneros aquí. Has traído a esta casa la alegría que nos faltaba.
- Pero tú y Mariana no erais felices?
- Claro que lo somos, pero yo soy un hombre reservado y me paso el día trabajando. Muchas veces pensaba que Mariana se terminaría cansando de esto y me abandonaría, pero ahora la veo contenta de nuevo y estamos mejor que nunca. Y todo gracias a vosotros.
- A mi me encanta la vida aquí – lo besó – Creo que de la ciudad solo echaría de menos a mis padres y el patinaje. Allí la vida es un agobio – se quedó pensativa – Contigo y con Mariana encontré el complemento perfecto a mi relación con Miguel.
- Lo amas?
- Con locura. Creo que me enamoré de él el primer día que lo vi. Es guapo, trabajador, responsable… Quiero casarme con él y tener tres hijos.
- Es un chico maravilloso. Estoy muy orgulloso de él.
Los gemidos de Mariana volvieron a escucharse en la cocina.
- Creo que quieren aprovechar el tiempo que queda – lo miró con una sonrisa – Nos vamos para cama?
A Carolina, uno de los momentos que más vergüenza le daba era cuando le mostraba el cuerpo totalmente excitado. Se sentía vulnerable, expuesta. Y ese momento lo estaba viviendo ahora cuando tumbada en la cama desnuda, Rosendo le pidió que abriera las piernas.
- Ábrete de todo para que te vea – le dijo mientras se desnudaba.
Ella abrió las piernas y al hacerlo sintió los flujos resbalando hacia el colchón.
- Me excita verte tan excitada, pequeña – los ojos de Rosendo recorrían su pequeño cuerpo – Estás empapada y tienes los pezones tiesos.
- Me da vergüenza que me veas así – le dijo.
- Por qué, cariño?
- Porque estoy muy cachonda y siento el coño empapado.
- No te avergüences. Yo también estoy cachondo – le dijo mostrándole la polla que parecía que iba a reventar.
- Siempre me gustó verlo tan excitado por mi culpa.
Colocándose entre sus piernas, Rosendo le acarició los muslos y subiendo las manos le abrió el coño con los dedos.
- Que bien huele – acercando la cara se lo olió.
- Dios! Me muero de la vergüenza pero me da morbo que lo huela.
- Disfruta de este morbo, cariño – de un lametón le recorrió ano y coño – A mi también me lo da.
Los lametones, caricias y que le oliera el coño la arrastraron a un orgasmo que Rosendo al verla sintió la imperiosa necesidad de follarla.
Aquel grito de placer al sentir la polla clavarse de golpe en el coño, retumbó en toda la casa y hasta Klaus que estaba en el porche levantó las orejas sorprendido por aquel sonido desconocido para él. Carolina lo abrazó asombrada por la manera como la estaba follando y lo miraba sintiendo que en esos momentos se sentía una muñeca. Las manos de Rosendo le apretaban las tetas y estas desaparecían entre los dedos.
- Joder! Me corro otra vez, Rosendo.
- Te follaré toda la noche, pequeña. Llevo dos semanas cachondo por tu culpa.
- Y yo… Yo también llevo cachonda desde que lo vi el primer día. Fólleme… Así, fuerte… Follaremos toda la noche.
Miguel dormía profundamente y Mariana se levantó nerviosa. En silencio se acercó a la habitación donde estaba su marido y Carolina. Al abrir la puerta despacio, vio a la joven que lo estaba follando. Parecía una amazona cabalgando a un caballo recién domado.
- Me encanta follarte, Rosendo – escuchó que le decía con voz entrecortada.
Se acercó a la cama y besó la espalda de la joven. Esta, al sentirla, giró la cabeza y la miró con ojos encendidos por el deseo.
- Ya estoy aquí, mi niña. Dios! Está la cama empapada – dijo al ver la sábana.
- No se cuántas veces me corrí ya.
- Me encanta que lo disfrutes, cariño.
Se subió a la cama y se puso detrás de la joven pegándole las tetas en la espalda.
- Mira como lo tienes, cielo – le dijo besándole el cuello y mirando la cara de placer de su marido.
- Si – le besó la boca – Ya se corrió dos veces y la vuelve a tener durísima.
- Fóllalo. Así, mi niña, fóllalo bien que hoy nos dejó estar juntas con Miguel.
- Si. Ya le dije que hoy se merecía un premio.
- Quieres hacer lo que me dijiste antes al oído en la cocina? – le preguntó Emi a Carolina.
- Si. Y tú quieres?
- Si, cariño.
Sin dejar de moverse sobre Rosendo, Carolina sintió que Mariana le iba besando y lamiendo la espalda desde los hombros hasta la cintura. Después sintió aquellos besos en las nalgas y se estremeció al sentir las manos separándoselas y como los labios le besaban con ternura el ano. Besos que enseguida fueron acompañados por la húmeda y suave lengua.
- Joder! – exclamó al sentir como el húmedo músculo se iba adentrando en ella.
Mariana, excitada, iba alternando la lengua y los dedos. Suspiraba cada vez que veía como el agujerito se iba dilatando y los dedos cada vez iban entrando más fácilmente.
- Oh, cariño! – le dijo excitada a la joven – Es delicioso tu ano tan suave.
- Me encanta como me lo masturbas – gemía sin dejar de moverse.
- Quieres que mi marido te lo folle, mi niña?
- Si, por favor.
Fue la propia Mariana, quien agarrando la polla de su marido, la llevó hacia el agujero dilatado y fascinada vio como el glande desaparecía en él.
- Que morbo, Dios! – exclamó viendo cómo el hinchado tronco se iba adentrando.
- Que gusto me da! – les dijo – Fóllame el culo, Rosendo.
- Está toda dentro, cielo – le besaba las nalgas y a su marido los testículos.
Mariana se adelantó hacia su marido y lo besó en la boca.
- Así, mi amor. Fóllale a la nena el culo! Mira que carita de placer tiene.
- Joder! Me encanta follar con ella, cariño – suspiró agarrándole las tetas a Carolina.
- Lo sé, cielo – le acarició la cara – A mi también me gusta.
Todavía se puso más cachondo cuando vio que, al detener los movimientos de cadera, fue Carolina quien con desesperación se movía para sentir la polla entrar y salir del culo.
- No seas malo – le dijo – Muévete. No ves como está la pobre deseando que se lo folles fuerte?
- Quieres que te lo folle fuerte? – le preguntó Rosendo.
- Si, por favor – contestó excitada – Fóllamelo fuerte!
El gallo comenzó a cantar y ellos seguían follando. Como bien le había prometido Rosendo a Carolina, habían estado toda la noche teniendo sexo y la luz del nuevo dio se empezó a colar por la persiana cuando Mariana estaba recibiendo la polla de su marido en el ano mientras ella le lamía el coño a la joven.
- Me corro, Mariana – le decía mirándola con entrega.
- Si, mi niña. Haz que me corra otra vez – le pidió a su marido – Fóllamelo fuerte a mí también, mi amor.
- Quiero correrme también en tu culo – excitado aumentó el ritmo de las embestidas.
- Si…si. Llénamelo de leche como hiciste con el de Carolina.
Un cúmulo de sensaciones se adueñaron de la joven. Estaba feliz por aquella noche en la que la habían hecho sentir tan deseada y querida y, por otra parte, se sentía triste por tener que regresar a la ciudad.
Abrazada a Rosendo con la cabeza apoyada en su pecho, sentía en la espalda a Mariana que la abrazaba por detrás.
- Yo también te echaré mucho de menos – siguió diciéndole Mariana intentando consolarla – Me has hecho descubrir tantas cosas bonitas…
- Y vosotros a mí – las lágrimas corrían por las mejillas hasta perderse entre los vellos del pecho de Rosendo.
Le costó separarse de Carolina y de su marido, pero tenía que ir a junto de Miguel que estaría apunto de despertar.
Al llegar a la habitación lo vio despierto.
- Llevas mucho despierto? – le preguntó metiéndose en la cama y abrazándolo.
- Un rato – contestó acogiéndola entre los brazos.
- Está desconsolada la pobre. Cariño… - lo miró – Dime qué te vas a pensar lo de veniros a vivir para aquí.
- Crees que sabremos llevar esta situación si nos venimos a vivir para aquí? Me lo llevo preguntando varios días.
- Seríamos muy felices, mi niño. Tu padre y yo lo hemos hablado también y me ha dicho que si os vinierais podíais arreglar la casa que era de tú abuela. Sabemos que toda pareja necesita un hogar.
- Te acuerdas cuando me fui a la ciudad, el enganche que teníamos tú y yo?
- Si, cariño. Claro que lo recuerdo. Por eso me cuesta tanto volver a verte marchar. No te imaginas lo mal que lo pasé. Y ahora al haber conocido a Carolina aún peor.
- Te gusta ella?
- No sé explicarlo, mi niño. He descubierto que me encanta estar con ella y es preciosa. Te gustó estar con las dos ayer?
- Fue como vivir un sueño. Sois las mujeres que amo y poder teneros a la vez fue increíble.
- Pues veniros a vivir para aquí, cielo. Podrás vivir ese sueño muchas veces – le sonrió.
- Lo sé.
Mariana estaba preparando el desayuno para los cuatro y escuchó los gemidos de Carolina.
Sonrió al pensar que solo esa joven había podido conseguir que su marido aún estuviera en cama siendo las nueve de la mañana.
Miguel salió de la ducha y se sintió nervioso al escucharlos también. Al acercarse por el pasillo, vio que la puerta estaba entreabierta y a pesar de no querer mirar hacia dentro, la curiosidad le empujó a hacerlo.
Su novia estaba sobre su padre y se movía con rapidez.
- Me encanta follarte, Rosendo – le decía mientras le acariciaba el torso desnudo – Tu polla me vuelve loca.
La vio inclinarse y como lo besaba en la boca con deseo.
Era la primera vez que los veía follando y besarse de esa manera tan ansiosa. Las manos de su padre se veían enormes mientras le agarraba las nalgas y el contraste del color de las pieles era llamativo.
Los gemidos de Carolina eran acompañados por los suspiros de Rosendo y le impactó ver sus caras de placer. Pocas veces había visto la cara de ella tan desencajada y su padre parecía entregado al cuerpo de su chica.
- Dios! Me corro otra vez, Rosendo.
- Córrete, cariño.
Ensimismado con lo que estaba observando, ni se dio cuenta que Mariana se había acercado desde la cocina.
- Te gusta verlos, mi niño?
- Es tan extraño verlos así… - respondió sin poder apartar la mirada de ellos – Son mi novia y mi padre y me sorprende que no me moleste. Se está corriendo otra vez.
- Si, cariño. Mírala como tiembla de placer – llevando la mano al bañador vio que estaba excitado – Te has puesto cachondo, cielo.
- Si – reconoció sonrojándose – Nunca los viera así.
Mariana metió la mano por dentro y le acarició la polla.
- Nene, estás excitadísimo. Quieres entrar?
- No. No me atrevo.
- Tranquilo – lentamente le bajó el bañador, se arrodilló y comenzó a hacerle una mamada.
Comenzó a correrse en la boca de su madrastra mientras veía a su padre follar a su novia desde atrás. Esta, con la cara hundida en la almohada, gemía mientras Rosendo la penetraba con fuerza haciéndola correrse de nuevo.
Al mediodía la comida fue triste pero prometieron verse de nuevo en la Navidad.
- A que hora os iréis? – les preguntó Rosendo.
- Saldremos a las seis y así llegaremos sobre las ocho y media – respondió Miguel ante la mirada triste de su chica.
- Es una hora bastante mala por la gente que vuelve de los pueblos a la ciudad. No sé si pillareis mucho tráfico.
Después de pensarlo bastante, decidieron que saldrían antes y así evitarían la caravana que se formaba en la entrada de la ciudad.
Mariana tenía agarrada por la cintura a Carolina y miraban como ellos cargaban el coche con las maletas.
Los vieron abrazarse y las dos se emocionaron. Se abrazaron entre lágrimas y se besaron.
- Os voy a echar tanto de menos… - Mariana estaba desolada.
- Y yo a vosotros, Mariana. Han sido los quince días más maravillosos de mi vida.
Rosendo se apartó de Miguel y lo miró. Este, por primera vez en la vida, sintió que su padre le demostraba lo orgulloso que estaba de él.
- Piénsalo, por favor – le pidió el padre – Antes de que empiecen las lluvias voy a arreglar el tejado de la casa de tú abuela.
- Siempre consigue lo que quiere – le dijo mirando hacia Carolina y sonrió.
- Es una chica maravillosa. Nunca te viera tan feliz como estos días.
- Lo es.
Las vieron besándose y parecía que no habría manera de separarlas. Ellas, al sentirse observadas, los miraron y también sonrieron entre lágrimas. Carolina soltó las manos de Mariana y fue hacia el coche.
Miguel también quería despedirse de su madrastra y fue hacia ella dejando que su padre y Carolina también se despidieran.
- Gracias por todo, Rosendo – lo abrazó y buscó su boca con la suya – Eres un hombre maravilloso. Y pensar que me daba miedo al principio…
- Gracias a ti por hacerme ver que no todo en esta vida es trabajar – le acarició las mejillas – Tú también eres maravillosa, cariño.
En el porche, Mariana también estaba abrazada a Miguel.
- Te quiero, mi niño.
- Y yo a ti. Te quise como madre cuando era niño y ahora te quiero como madre y como mujer.
- Ay, cariño.
Carolina y Rosendo. Mariana y Miguel. Los cuatro se besaban deseando que aquella fuera la última vez que tuvieran que despedirse.
(Continuará)
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