Xtories

La vecinita es mi.... I

Lucía siempre supo que él la miraba. Pero cuando Marcos bajó la persiana y la invitó a cruzar el límite, la curiosidad se convirtió en una necesidad insaciable. Ahora, con el marido roncando a centímetros, el riesgo es la única excusa que necesitan.

Sr Lex24K vistas8.9· 28 votos

Esta es la historia de Marcos, un chico joven de apenas 30 años.

Él vivía en un barrio lujoso de Madrid y había conseguido una plaza en un hospital como médico adjunto, era soltero y tenía ingresos abundantes, lo que le daba acceso a una vida de lujos y disfrute.

A pesar de recibir cada mes una buena cantidad de dinero por trabajar en el hospital, Marcos no se dedicaba a derrochar el dinero, por lo que se dedicó a amasar una fortuna bastante buena, de ese modo en caso de que llegue una mala temporada, no pasaría penurias.

Marcos era un chico alto, de 1’85, cuyo cuerpo era atlético debido a que todos los días salía a correr y entrenaba 1h en el gimnasio, sus abdominales se marcaban con solo respirar, todo ello junto a sus ojos verdosos, una cara bonita y un buen gusto para vestir, hacían de él un hombre bastante atractivo para las mujeres.

Cada que salía por la calle, era inevitable que ciertas mujeres se giraran al verlo y fantaseasen con follar con él.

En cuanto a su vida social, era un hombre extrovertido, muy sociable y que le gustaba pasarlo bien cada que salía de fiesta, nunca se había emborrachado porque odiaba la resaca desde aquella vez que casi se muere, ocurrió en un verano hará unos años.

En el hospital tonteaba mucho con las enfermeras, pero nunca había llegado a follarse a ninguna por miedo a que le echasen del trabajo.

Una noche, tras un intenso día de trabajo, estaba en su casa, cuyas vistas eran impresionantes a la ciudad madrileña, su casa colindaba con otras casas, su habitación tenía vistas a la casa de al lado y estando en su cama, con el móvil decidió ponerse un video porno para masturbarse.

Hacía mucho tiempo que no estaba con una mujer y justo esa noche tenía ganas de follar con alguna, se puso un video porno, pero en seguida lo quitó, prefirió tirar de fantasías, se imaginó follando con una enfermera en una habitación vacía, poco a poco su polla se fue poniendo dura.

En su imaginación, la enfermera le chupaba la polla con pasión mientras él disfrutaba, luego le bajó el uniforme blanco, dejando a la vista su culo hermoso, un culo bastante grande y bien perfilado, se notaba el trabajo en el gimnasio por parte de la enfermera, le quitaba el tanga y le chupaba el culo.

Toda esa fantasía era acompañada por una paja bastante gratificante, por un instante abrió los ojos y le pareció observar por la ventana que alguien de la casa de al lado estaba mirando, por lo que se puso de pie, bajó la persiana y procedió a terminar la paja, tras ello se quedó profundamente dormido.

A la mañana siguiente, se despertó temprano para realizar su rutina de entrenamiento, empezaba con unas cuantas flexiones, abdominales y salía a correr 5km.

Cuando se marchó de su casa, recordó creer que alguien de la casa de al lado le había pillado pajeándose, esa casa estuvo por bastante tiempo en venta, pero nunca llegó a darse cuenta de que fue vendida hace un mes, los compradores fueron un matrimonio con sus 2 hijas, Alicia y Natalia.

Alicia era la típica niña de 20 años, rubita de ojos verdes, con un cuerpo de escándalo, tenía un pecho bastante grande y un culo bien gordito, de gimnasio, se notaba que se cuidaba.

Natalia, era pelirroja, tenía 5 años más que su hermana y sus ojos eran marrones, a diferencia de Alicia, tenía el pecho más pequeño y su culo no era tan gordito, pero aún así, ambas estaban muy buenas.

Marcos salió de su casa y se estaba amarrando los cordones cuando oyó que se cerró la puerta y salió una mujer.

- Hola vecino -dijo la mujer

El chico se acercó a saludar y entablaron una conversación.

- Hola, soy Marcos ¿Vives aquí?

- Me llamo Lucía y sí, vivo aquí con mi esposo Raúl y mis dos hijas, hasta ahora no nos habíamos cruzado y tenía curiosidad por saber quién vivía ahí vaya -dijo señalando a la casa de Marcos.

- Últimamente no salgo de casa y si salgo es temprano para ir a correr o al trabajo.

Lucía era una mujer no más mayor que él, a lo mucho tendría unos 40 y tantos, físicamente estaba muy buena, no medía más de 1’70, de piel morenita, cabello liso y rubio, de ojos azules, en cuanto a su pecho, era un pecho normal, de tamaño mediano, era una mujer con curvas que se hacía desear.

Vestía bien, llevaba una blusa bastante elegante de azul oscuro, a juzgar por las apariencias, debía trabajar en algún despacho o algo por el estilo, a lo mejor era abogada o arquitecta.

Ambos se despidieron con dos besos y Marcos procedió con su rutina de ejercicio antes de ir al hospital.

Durante su turno, no paraba de darle vueltas a quién le había estado observando la noche anterior mientras se masturbaba, era consciente de que era alguien debido a que cuando miró por la ventana, en una fracción de segundo se escondió tras el muro del balcón.

Podría haber sido Lucía o cualquiera de sus dos hijas, pasó la tarde y salió cuando ya estaba de noche, ese día decidió ir caminando y no en metro como solía hacer cada día.

Era viernes, por lo que se paró en un bar que había de camino a su casa y se tomó una cerveza, el ambiente era tenue, no había mucha gente y solo había una camarera que no le quitaba el ojo de encima.

Llevaba tiempo sin follar así que decidió seducir a la camarera, que estaba de buen ver, cogió su cerveza media vacía y se acercó a la barra.

- Hola, ponme otra bombón.

La camarera vio la cara de Marcos, que desprendía una vibra un poco desoladora.

- Qué te ocurre guapetón, ¿día duro en el trabajo?

- Sí, bastante duro…

- ¿En donde trabajas? -se interesó la camarera

- En el hospital, hoy me ha tocado asistir a la unidad de cuidados de cáncer, pero no quiero hablar del tema, ¿Cómo te llamas preciosa?

- Me llamo Clara ¿y tú?

- Marcos.

Ambos empezaron a hablar y se poco a poco se fueron quedando solos en el bar, la camarera cogió otra botella de cerveza y se sentó al lado de marcos y siguieron hablando, poco a poco el ambiente se fue poniendo tenso y Marcos decidió ir a por todas, puso la mano en la pierna de la camarera y empezó a acariciar su muslo, ella seguía contándole un poco su vida mientras se iban acercando poco a poco.

- Espera, bajo la persiana para que no entre nadie más.

Clara bajó la persiana lo justo como para volver abrirla desde dentro, cerró la puerta con llave y se acercó a Marcos, que estaba de pie observando a la camarera mientras bebía de su cerveza.

Clara era una mujer joven, tendría a lo mucho 25 años, era morena, de ojos marrones, piel blanca, por su acento parecía que era del sur, su pecho era lo suficientemente grande como para llenar una mano, su culo era bastante grande y con las mallas que llevaba, se le contorneaba mucho más.

- ¿qué me miras? -preguntó la camarera entre risas

- Lo buena que estás jodida

- ¿Ah sí? A que tengo buen culo

- Sí, tienes buen culo

Y se besaron apasionadamente, Marcos le agarraba el culo, le sobaba las tetas, le besaba el cuello y todo eso provocaba en Clara una excitación enorme.

Le metió la mano dentro de las mallas, buscando la calidez de su coño hasta que la encontró, estaba muy mojada y bastante cachonda, al primer frote la camarera gimió de placer, siguió masturbando a la camarera y ella le abrió el pantalón y le sacó la polla, la tenía dura y empezó a frotar.

Se arrodilló y empezó a chuparle la polla, se la metió en la boca y la empujó hasta el fondo de su garganta, Marcos notó un placer inmenso, hacía mucho tiempo que no se la chupaban, la camarera se esforzó mucho en chuparle la polla a ese hombre semi desconocido.

Marcos la levantó y la sentó en una mesa, desnudó a la camarera y procedió a comerle el coño, la camarera gemía y eso excitaba a Marcos, le agarraba las tetas, le lamía el culo, el coño, le metía dedos.

- Métemela. -le suplicó Clara

Y se la metió, empezó a follarle con saña y rapidez, los huevos le chocaban en el chocho y Clara gemía, seguía follando como un poseso encima de la mesa, la camarera gritaba de placer, ambos sudaban por la acción frenética, Marcos le sacó la polla y de golpe salió un chorro líquido del coño de la camarera, la muy hija de puta había tenido un squirt.

- Dame por el culo -le ordenó.

Levantó las piernas de la camarera y se la metió de golpe, hasta el fondo y Clara gritó de placer, empezó el bombeo y volvió a expulsar un chorro de su chocho. Ambos estaban echando el mejor polvo esporádico de su vida, Marcos estaba cerca de correrse.

- Me voy a correr.

- Échamelo en la boca, quiero tu leche calentita.

Marcos le sacó la polla del culo y la camarera se esmeró en la felación, metiéndose la polla hasta el fondo mientras pajeaba a Marcos, le chupaba los huevos y cuando estaba a punto de correrse, metió la polla hasta el fondo de la garganta y Marcos echó toda la corrida en el interior de su garganta.

Salió del bar super relajado, la camarera se había despedido de él dándole su número de teléfono y ambos se fueron a sus casas.

Al llegar a la casa, Marcos se percató que su vecina Lucía estaba en el balcón fumando, se cruzaron las miradas y se saludaron.

Cenó algo que tenía en la nevera, se duchó y se fue a la cama, estando acostado recordó lo que había hecho con la camarera y se volvió a excitar, esta vez no bajó la persiana y dejó la luz encendida, para que, sea quien sea la persona que le observó la otra noche, le vuelva a observar.

Y como era de esperar, aquella persona se asomó al balcón que daba a la habitación de Marcos. Él empezó a frotar su polla tiesa poco a poco, apuntando con el capullo al techo y en ocasiones apuntaba a quien le estaba observando, pudo entrever que era una mujer la que le espiaba.

Le produjo tanta excitación sentirse observado que se corrió enseguida, se levantó con la polla aún dura y se acercó a la ventana, la mujer que le observaba se escondió rápidamente y Marcos bajó la persiana, limpió la corrida y se puso a dormir.

A mitad de la noche le entraron ganas de mear y se fue al baño, a la vuelta pasó por la cocina a beber agua y por la ventana pudo ver que una parte de la casa de su vecina tenía luz, era la 1 de la mañana y se quedó observando, se alcanzaba a ver una sombra que subía y bajaba, era su vecina que estaba follando, se le hinchó la polla de imaginar a su vecinita follando, pero dejó el vaso y se fue a dormir.

A la mañana siguiente repitió su rutina de entrenamiento previo a salir a correr, se fue a la cocina y observó por la ventana, veía a su vecina con una taza en la mano mientras hablaba por teléfono, a los minutos la vio salir por la puerta y forzó un encuentro casual para hablar con ella.

- Buenos días vecina -le dijo Marcos sonriendo

- Hola corazón, ¿qué tal?

- Bien, he descansado bastante bien y ahora me voy a correr antes de irme a trabajar, ¿en qué trabajas Lucía?

- Soy abogada y mí marido es contable, trabaja en un banco.

- A ver si un día de estos os venís a cenar a mí casa y nos conocemos -sugirió Marcos

Lucía aceptó encantada, al fin y al cabo, Marcos era un chico guapo y encantador, parecía buena gente. Pactaron en quedar ese fin de semana, el sábado.

Pasó la semana sin novedad alguna, alguna paja esporádica, pero sin su espectadora.

Llegó el sábado y Marcos se vistió de manera elegante, llamó al catering de su amigo Jorge y encargó una cena bastante elegante, sacó de su bodega un vino bastante caro que le había regalado un paciente (dueño de una bodega) en agradecimiento por su buen cuidado cuando le tuvieron que operar tras un accidente.

Llamaron a la puerta y abrió.

Lucía, su esposo Raúl y sus dos hijas saludaron, entraron en la casa y se sentaron a cenar, la cena fue con tranquilidad, pero percibió una mirada un poco llamativa por parte de Lucía, las dos niñas estaban disfrutando de la comida mientras Raúl contaba batallitas de contable.

Raúl era un hombre gordito, bajito, un poco feillo pero que, con su personalidad y su forma de ser, le era fácil engatusar a cualquier mujer para echar un polvo, Marcos no tenía duda de que le debía serle infiel a su mujer, seguramente iba de putas.

Alicia y Natalia se despidieron porque habían quedado con sus amigos para irse de fiesta y eso, se quedaron los tres en la casa y Marcos sacó otra botella de vino y se la terminaron, el marido de Lucía quedó redondo en el sofá y Marcos se dedicó a hablar con Lucía.

- Oye, si te quieres ir a dormir, te acompaño a tu casa eh. -dijo Marcos con preocupación al ver al marido de Lucía.

- No, tranquilo, mejor cuéntame de ti, hombre misterioso. -le dijo Lucía con voz picarona.

- Bueno, qué quieres saber.

- Me parece curioso que en toda la casa no haya ninguna foto de alguna novieta tuya…

- No he encontrado a la indicada, pero ya aparecerá.

- Claro, todo llega a su tiempo, además que eres joven y tienes este casoplón, te lo tienes que pasar bien eh JAJAJA

Lucía ya iba un poco achispada por el vino y empezó a soltarse y a hablar con confianza, al fin y al cabo, estaba ante un chico muy guapo y bastante atractivo, todo lo contrario, a lo que era su marido.

- Sabes una cosa Lucía, me parece curioso y me hace gracia, pero tengo una admiradora todas las noches. -dijo Marcos.

- ¿A que te refieres?

- Pues verás, soy hombre, no tengo pareja y hay algunas noches que me masturbo -le dijo poniendo la mano en la rodilla de Lucía, el marido pegó un ronquido, pero Marcos no apartó la mano. – y hay alguien que me observa desde tu casa, ¿sabes que eso está mal verdad?

- Yo… bueno… esto… -Lucía se puso nerviosa.

- Entonces eras tú la que me observaba -Le dijo mientras subía y bajaba su mano de la rodilla.

Lucía no hizo amago de apartarle la mano, estaba caliente, su vagina ardía en deseos de follarse a ese chico. Era cierto, ella observó a Marcos por primera vez tras un polvo mal echado por parte de su marido, en ese aspecto, la vida sexual de Lucía era muy monótona, le entraba el calentón y su marido la complacía a medias, siempre con la excusa del trabajo y del estrés se corría muy pronto, muchas noches se tenía que masturbar tras haberse tragado la corrida de su marido sin que ella se llegara a correr, lo más excitante de su vida sexual, fue cuando su hija Alicia se llevó a la casa a un chico una noche que salió de fiesta. Se despertó por un portazo que dieron y salió a ver que había pasado, salió al pasillo y oyó un murmullo proveniente de la habitación de su hija, se acercó con sigilo hasta que llegó a la puerta de la habitación.

Pegó la oreja a la puerta y oyó con claridad los chasquidos de piel con piel y los gemidos de su hija, como le decía al chico “Dame más, dame duro, estírame del pelo, métemela por el culo”.

A su niña le iba el sexo anal y eso le sorprendió, ella ni siquiera lo había probado con una polla, siempre se limitaba su experiencia a su marido metiéndole un dedo en el culo y dejar de hacerlo porque le daba asco.

Recordó esa noche y como se masturbó en la puerta de su hija, todo por los gemidos que desprendían del interior, llegó a tal punto de excitación que se armó de valor y abrió la puerta, necesitaba mirar.

Abrió la puerta con máximo cuidado para no delatarse, la luz estaba encendida, su hija estaba en la cama, montada encima del chico dando saltos y gimiendo, cuando se inclinó a darle un beso, sus nalgas se abrieron y pudo ver la polla del chico metida por el culo de su hija, la madre se masturbaba como una posesa hasta que, en un salto, se le salió la polla del culo de su hija y pudo ver su ano muy dilatado y el enorme pollón que había provocado tremendo ensanche en el culo de su querida hija.

Lucía ya no estaba en sus cabales, deseaba ser ella la que estuviera dando saltos en esa polla y no su hija, sintió celos de aquel polvo tan gratificante que echaba su niña, se quedó mirando como echaban ese polvo hasta que el chico le sacó la polla del culo de Alicia, ella se bajó de la cama y se arrodillaba ante la polla, en cuestión de segundos la cara de su querida niña fue impregnada de semen, semen que la madre deseaba tragarse, ella a su vez se corrió casi al mismo tiempo que el chico le echaba la leche en la cara de su hija.

Esa fue la experiencia más excitante que había tenido, hasta esa noche que salió al balcón tras un medio polvo de su marido y observó a Marcos haciéndose una paja, desde entonces salía de vez en cuando a mirar si su vecino se masturbaba para alimentar su fantasía.

Marcos seguía acariciando la pierna de Lucía y ella cada vez se iba poniendo más y más cachonda ante tal situación.

- No voy a confirmar ni a desmentir tal cosa… -dijo con tono juguetón

- ¿Ah no? -dijo Marcos mirándole a los ojos, de manera desafiante

- Marcos…. Que el vino es malo JAJAJA

- ¿Seguro que es el vino? Igual lo pones de excusa para justificar lo que quieres hacer ahora mismo sin tener remordimientos…

Entonces Marcos subió la mano muy cerca de su entrepierna y apretó, Lucía suspiró ente la excitación que tenía encima, pero debía controlarse, su marido estaba dormido al lado.

- Tú solo déjate llevar Lucía….

Y Marcos le plantó un beso en la boca, Lucía no se lo rechazó y se lo devolvió, él le metí la mano en su entrepierna y empezó a frotar por encima del pantalón, Lucía abrió las piernas, quería sentir más esa mano, la manera de besar de Marcos, de tocarle el coño por encima del pantalón, la pasión y fogosidad que desprendía era algo que no había llegado a tener con su marido.

Le agarró las tetas y le quitó la camiseta, dejando sus tetas al aire, tan solo el sujetador las tapaba, su marido se dio la vuelta, pero seguía durmiendo profundamente, ni se daba cuenta.

Marcos se sacó la polla y empezó a frotársela.

- Ahora la puedes ver de cerca, vamos, chúpamela.

Y Lucía se metió la polla de Marcos en la boca, se esmeraba en hacerle una buena mamada, el tamaño de la polla era como la polla que vio cuando su hija se folló al chico de la fiesta en su casa.

Marcos le empujaba la cabeza y eso le provocaba arcadas ante tal presión en la garganta, ella mismo se desabrochó el sujetador y se quitó los pantalones, quedándose en tetas y en tanga.

Las tetas de Lucía eran muy hermosas, de pezones rositas y duritos, se subió encima de Marcos, se hizo a un lado el tanga y se metió la polla en su coño, que estaba muy mojado.

Disfrutó de la dilatación que le provocaba esa polla y del placer tan inmerso que le subía por la vagina, empezó a saltar y a gemir, su marido no se percataba de lo que estaba pasando a su lado, estaba tan borracho que su sueño era muy profundo.

Lucía se corrió con un enorme gemido e impregnó los huevos y la polla de Marcos de jugos vaginales, se puso de rodillas frente a él y le chupó la polla, probando sus jugos vaginales y Marcos no tardó en correrse en la boca de Lucía.

Tras el polvo que echaron, Lucía se vistió rápido y se fue corriendo a su casa, con un lío en su cabeza… acababa de ponerle los cuernos a su marido, con su vecino, estando él en el mismo sofá en el que habían follado.

Llegó a su casa, se duchó y en la ducha se tuvo que masturbar porque le venían los recuerdos del polvo que echó con su vecinito.

Sin darse cuenta había destapado una faceta suya que pensaba que nunca llegaría a abrirse, todo ello le daría un cambio a la vida de ambas familias, un cambio que acarrearían muchas consecuencias, algunas de ellas eran graves.

Continuará…

SR.LEX

Muchas gracias a todos por leer este relato, quiero pedir perdón si hay algún fallo o cualquier cosa por el estilo.

Si todo va bien, seguiré publicando relatos de este estilo y de algunas vivencias que me van pasando.

Un saludo.