Jenny (1)
Jenny siempre supo que su marido la engañaba, pero no esperaba que la tentación llegara de la mano de quien la escuchaba. En la oscuridad de un rancho, entre el silencio de la noche y el peso de la traición, la amistad se quiebra para dar paso a un deseo que nadie podía detener.
Jenny
Este es el relato de una aventura que tuve con una amiga. Es una compañera de un grupo de natación que se llama Jenny. Mujer de 38 años, 1.60 de estatura, trigueña, pecosita, delgada, acinturadita, bonito culo y tetas pequeñas. Siempre usa ropa que le favorece mucho, faldas largas, camisas de botones, botas altas. Pero en traje de baño se ve increíble, nalguitas redonditas y duras (siempre que puedo le doy un arrimón), pechos pequeños pero firmes, de pezones que se ponen erectos en cuanto le da una corriente de aire. Por contactos en el baño de mujeres me he enterado de que usa tanga de hilo dental, (lo que les adelanto, después pude comprobar) Tenía un cabello largo que me encantaba. Se lo cortó hace cerca de un año, y la verdad es que no le favoreció mucho el cambio, aunque claro que le dije que se veía muy bonita; ahora ya le ha crecido abajo del hombro y ahora si le queda increíble.
Por cierto, que su marido cometió el error de decirle que no le gustaba el corte. Si, es casada. Aparentemente se lleva bien con su marido, también va a nadar, pero últimamente han tenido muchas diferencias, que han ido aumentando a mi favor. Y el cabello fue uno de los primeros problemas de los que me entere que tenían.
Nos llevábamos bien a secas, aunque siempre me ha puesto cachondo. Aunque últimamente nos hemos hecho cada vez más cercanos. Mas plática, más complicidad, abrazos más apretaditos, besos en el cuello, miradas más largas y sonrisas más coquetas. Y más confidencias. Entre plática y broma, ha dejado entrever que su marido ha dejado de buscarla para el sexo. El típico comentario de “así me gustaría que fuera mi marido”, cuando alguien presume de tener mucha actividad sexual, o “me empiezo a sentir fea y vieja”, lo que sé que es el momento para empezar a echarle piropos: “como crees Jenny, es muy tonto si no te quiere cenar todas las noches”, o “pues ya sabes que cualquiera le ayudaría con la tarea si él no puede”, lo que por supuesto le digo cuando nadie nos oye y siempre saca la sonrisa con un “gracias, que lindo eres”, lo que si tengo suerte va acompañado con un roce de su mano en mi pierna o en el cuello, o un beso cerca del labio, lo que por supuesto, no es lo único que busco.
Así, además de enterarme que había vivido en Ecatepec, que una sobrina se había embarazado a los 16 años, que su hermano tenía una aventura, y montón de cosas que no me importaban, también empezó a comentarme, y yo a tirarle de la lengua, que cuando conoció a su marido el sexo era bueno, lo que llevo a la pregunta que si había tenido relaciones con él antes de casarse (éso era muy obvio, se casaron a los 35 años), contestando que sí, desde un año antes. La siguiente información que conseguí ya mucho más interesante, después de un poco de esfuerzo y en un intercambio de intimidades que se fueron haciendo costumbre, algunas de frente, y las que le daban más pena por chat, es que la habían desflorado a los 20 años, un profesor de la carrera de turismo que es lo que estudio en el IPN. Mala experiencia, “el idiota me estrenó, se corrió y me dejo completamente decepcionada del sexo, pensé que así era siempre”. Más adelante lograría que me contara esa y otras experiencias en detalle, algunas de ellas serían una historia por derecho propio. Y la verdad es que una vez que entramos en completa confianza, no se guarda absolutamente ningún detallito. Había tenido sexo con 4 hombres más antes de conocer a su marido, (él únicamente sabía que no era virgen, no con cuantos se había acostado, pensaba que era el 2°) 2 de ellos de un solo acostón que no le hicieron un buen trabajo, y 2 una temporada, uno de los cuales fue el que le enseñó a disfrutar el sexo. Le gustan grandes, aunque solo le ha tocado una así; hacerlo de perrito, ella arriba y también subir las piernas a los hombros; que le hagan el sexo oral, pero lo piensa mucho para hacerlo ella. No ha engañado a su marido (no había), le gusta con el pero no ha sido lo mejor que ha vivido, lo ha hecho en la playa, en un jacuzzi, sus fantasías son un trio MHM sin su marido, una doble penetración, aunque no sabe cómo porque no le gustaría estar desnuda con dos hombres y hacerlo en el mar frente a la gente, y tras mucho convencerla de que me dijera lo más morboso que ha hecho, confesó que tener relaciones con una prima, sólo una vez, que le gustó, aunque el lesbianismo no es lo suyo.
Como se imaginarán, cada vez que me platicaba algo, me imaginaba lo que me iba platicando, y que era yo el que se lo hacía, y terminaba fatal de lo caliente que me dejaba, cuantas veces tuve que recurrir a la manogamia para desahogarme, o me tiré a alguna pareja pensando que estaba con Jenny. Cuando era mi turno contarle algo, procuraba que fuera de frente para ver su reacción, se chapea de inmediato cuando se apena, y luego me enteré de que también cuando se excita, se le enrojece todo el cuello, hasta los pechos y las orejas se le ponen super rojas.
Finalmente empezamos a fantasear (por chat, nunca logre llevar esa conversación de frente), a que nos seducíamos. A veces me tocaba ser el que proponía, a veces ella era la que llevaba las riendas de la plática.
Durante algún tiempo no pasamos de eso. Fuimos un par de veces a tomar un café, pero ya de frente no aceptaba esa dinámica. Algunas veces la fui a dejar a su casa después de la alberca cuando iba sola. En esas ocasiones me recompensaba con un beso rápido (aunque más húmedo conforma pasaba el tiempo) en la boca mismo que yo trataba de prolongar, pero siempre se retiraba un par de cuadras antes de llegar a su casa, que era donde la dejaba. No más.
Hasta que, por fin, un día llegó sola a la alberca, con cara de pocos amigos, muy callada a pesar de lo cual me acerqué a saludarla. A la pregunta de que le pasaba me contesto con un “luego platicamos”. Me imagine que había tenido un problema con su marido porque llego sola, y él nunca llegó. Esto no era inusual, pero era la única pista que tenía.
Al terminar la clase le ofrecí llevarla a su casa, lo cual aceptó. Rehusó la plática, no me contestaba cuando le preguntaba que le pasaba. Rechazó la invitación a ir por un café diciendo que era tarde, así que me dirigí a su departamento. Cuando llegamos me pidió que pasara frente a su edificio, en vez de dejarla donde acostumbraba, una vez ahí, me indicó que me siguiera de frente, mientras murmuraba “este cabrón aun no llega”, entonces me preguntó si seguía en pie la oferta del café, y por supuesto que le contesté que si mientras me dirigía a un Toks que queda cerca de su casa. Ya me imaginaba con ella en algún hotel después del café.
Tenía una erección enorme que además de incómoda e inútil, no sabía cómo iba a disimular cuando nos bajáramos del coche. Al bajarnos se dio cuenta e inmediatamente bromeo conmigo diciendo que venía pensando que le iba a hacer. Que ni me hiciera ilusiones. No supe que pensar, nunca había sido tan directa al verme la entrepierna. Mas confundido me dejó cuando me abrazo antes de entrar y froto su pubis contra mi paquete un momento, mientras me daba las gracias por estar siempre que lo necesitaba y bla-bla-bla. Un besito en la boca y separándose de mi me dio la mano para entrar.
Una vez con la taza de café y unos molletes enfrente de nosotros, empezó a desahogarse: “Mi esposo me está engañando”, yo lo imaginaba por su actitud, pero pensé que era algo hipotético, una duda por algún cambio de actitud de él. No esa seguridad con que lo dijo. Y aunque yo tenía la sana intención de acostarme con ella, no pude evitar solidarizarme al enterarme que la engañada era ella. Unas preguntas bastaron para enterarme de todo. Dejó de tocarla, siempre cansado, llamadas a escondidas, entraba al baño con el celular, mensajes todo el tiempo. Todo circunstancial, le decía. Hasta que me dijo que lo había visto entrando a un hotel con la mujer que resultó ser una prima de Jenny, que había estado hospedada con ellos una temporada, había recibido su apoyo al separarse de su pareja, y así. No sabía si le dolía más lo que había hecho él o lo que había hecho ella.
“No, no lo seguí”, contestó a mi pregunta. “El par de idiotas se veían en el hotel que está en la esquina de X y Y, a tan solo 2 cuadras de mi casa, así que ayer los vi cuando llegaba del trabajo, no quise hacer una escena en el hotel y él no llego a casa, así que no lo he visto”. Ups, en ese hotel estaba pensando llevarla si la convencía después del café.
Estuvimos platicando hasta que sonó su celular. Era el. Contestó al tercer intento que hizo su marido por comunicarse. No sé qué le haya preguntado pero ella solo contesto:
“Te vi entrando al hotel con Sara”. Silencio. Le rodaban las lágrimas.
“Estoy con xxxxx”; ¿maldición, que piensa al decirle que está conmigo? (inmediatamente apagué mi celular previendo que me empezara a llamar.)
“Pues porque me vio mal y le pedí que me llevara por un café” silencio,
“No te importa dónde estoy”. Colgó
“Y ahora, (le pregunte) ¿Quieres llegar a tu casa? (Pregunta con doble intención).
“No quiero, pero sí voy a ir, además, ¿a dónde más puedo ir?”
“A donde quieras ir te llevo, y si quieres compañía la tienes”
Una sonrisa y un “gracias, que lindo eres” (diablos, otro que lindo y la echo a la cajuela).
Un rato más de platica; “no, no lo sospechaba, aunque si lo veía raro, hasta ayer que los vi entrando al hotel me di cuenta de todos los cambios. Llegue a casa y busqué entre sus cosas y me encontré condones (no los usa con ella, tiene dispositivo y no me había platicado de eso, aunque me platicó que con una de sus parejas había sufrido un susto por un retraso, de lo que asumí que antes dejaba que se la tiraran a pelo y que usaba pastillas), ropa interior de mujer entre la suya (que chingaos pensaba ese idiota), un par de cartitas amorosas de ella para él…y una de él para ella que aún no terminaba pero que no dejaba duda que llevaban meses con esa relación, además de que planteaba la posibilidad de dejar a Jenny para ir a vivir con ella (jajaja, la mentira más vieja).
Un par de insinuaciones más de que no tenía que llegar a su casa hasta que finalmente la llevé.
La esperaban en la puerta. Me saludo y su marido me dio las gracias por cuidarla, si supiera. Entró él primero y al despedirse Jenny me dio un beso rápido en la boca, nunca se había arriesgado a darme uno con su marido tan cerca. “Ahora es todo lo que puedo darte” ¿Qué significaba? ¿Que si pudiera me daría más? ¿Que después podía esperar otra cosa?
No fue a la alberca un par de semanas. Unos mensajes diciendo que estaba con su mamá fue todo lo que supe de ella.
Cuando regreso, el entrenador estaba planeando una fiesta en un rancho en Jilotepec, a 30 km del Distrito Federal.
Me saludó muy seca. Traté de buscarle la plática, pero ella no estaba de ánimo. En determinado momento me dio la mano abajo del agua y me sonrió mientras me preguntaba si la podía llevar a su casa, ya regresé. Por supuesto que acepté.
En el camino hablamos de tonterías, esperaba que ella sola se soltara, y así pasó. Me dijo que había regresado a su casa, pero que se había cambiado de cuarto, no hablaba con su marido, lo ignoraba por completo a pesar de que él se disculpaba 10 veces al día. Decía que su prima era la que lo había buscado (idiota, la prima la busco para disculparse y le dijo que él era el que la había acosado cuando estuvo en su casa). Juraba que ya no la veía, que cambiaria y todo el recetario para que lo aceptara de nuevo.
Ella no sabía qué hacer. Por lo pronto ese fin de semana se la pasaría sola porque no quería ir de nuevo con su mamá, muchas presiones. Inmediatamente la invite a la fiesta. Pasaría por ella, si quería nos regresábamos el mismo día o….
“Mm…nos regresamos o….. ¿Qué otra opción?” Me pregunta, con una media sonrisita.
“Pues podemos quedarnos en el rancho, hay muchos cuartos, o hacemos camino de regreso, nos quedamos en algún lugar y al otro día temprano salimos de regreso. “
“Bueno” dice por fin, “vamos, pero nos regresamos. No quiero pasar la noche fuera de casa”. Nos pusimos de acuerdo donde nos veríamos, a qué hora, le sugerí que llevara una muda y me dijo que no creía que fuera necesario.
Me sentí un poco decepcionado, aunque al menos había aceptado que pasáramos el día juntos.
El final de esa plática lo tuvimos a 2 cuadras de su casa, donde siempre la dejaba, pero con el coche estacionado. Antes de bajarse me dio un beso en la boca, muy suave y húmedo, con calma, no con las prisas de siempre, al alejar su cara me acerque para prolongar el beso, cosa que ella acepto sin más trámite. Fue un beso largo, húmedo, empezaron a jugar nuestras lenguas, mientras se caldeaban los ánimos. La acerqué hacia mí, la abracé y empecé a mordisquearle el lóbulo de la oreja, el cuello, su barbilla, de nuevo nos comimos las bocas. Metí la mano bajo su blusa, sentí su piel desnuda mientras la oía con su respiración jadeante, me permitió que acariciara su pecho, que jugueteara con su pezón. Pase la mano bajo la cinta de su sostén mientras ella me decía que parara. Busque la orilla de su pantalón, recorrí por encima de él la mano acaricie su pierna, su nalga, mientras ella me abrazaba. Al pasar mi mano por el interior de su muslo, y dirigirla a su entrepierna, se quedó inmóvil. Me dio un beso más y se separó. Me dijo muy rápido, ya me tengo que ir. Sin darme tiempo a más, bajó del coche y empezó a caminar a su casa sin voltear a verme. Siempre volteaba 2 o 3 veces a despedirse. Pensé que era mala señal. Un rato después, recibí un mensaje: “Ya en casa, todo bien” Un mensaje neutro por si le revisaban el teléfono, que siempre me mandaba. Y 5 minutos después, otro que decía “Me encantó el beso, pero aún no estoy lista, me entiendes, ¿verdad? “Claro, fue mi respuesta, toma el tiempo que quieras”. Y en la madrugada otro más: “me encantaron las caricias, pero si dejo que sigas no hubiera podido parar todavía me siento arder”.
Pase el sábado temprano por ella, iba muy ansioso porque no respondió mis mensajes en varios días, y no sabía si había cambiado de opinión. Nos quedamos de ver cerca de su casa, y solo respire tranquilo cuando la vi parada en el lugar de la cita; di un par de vueltas antes de que se subiera para asegurarme que no la seguían, eso era planeado así que no le extrañó.
Al subirse, note que llevaba la mochila donde guardaba sus cosas de la alberca en vez de la bolsa de mano que siempre usaba cuando nos habíamos visto fuera de la alberca. Cuando me le quede viendo solo me dijo que “por si las dudas sí llevo muda”. Excelente. Ella llevaba un vestido que le llegaba a medio muslo negro con una raya diagonal blanca, ajustado que le resaltaba el culo y las tetas muy favorablemente, un escote muy discreto, zapatos de piso, medias, apenas algo de maquillaje en los labios, y una cinta blanca en el cabello. Se veía muy bien.
Sin que le preguntara me dijo porque no me había contestado los mensajes. Marcaje personal todo el tiempo, fue su explicación. Creo que vio que no me convenció mucho, porque también ella sola siguió diciendo: y pues cuando estaba en el trabajo… bueno…pues… mmm… cada vez que recibía uno de tus mensajes o lo iba a contestar… mmm… pues me acordaba de ese beso y… ¿Crees que estuvo bien? No, no me contestes, bueno, sí dime… es que estoy confundida…nunca habíamos llegado a tanto…y entrando a la casa mi marido quiso que habláramos y yo no quería, pero insistió mucho, así que él me decía y yo no podía pensar más que en lo que paso en el coche y cuando quiso que fuéramos juntos a la habitación yo no podía ni recordar en lo que me había dicho ni en lo que contesté, y me quiso abrazar y besar, y sentí que si respondía realmente lo estaría engañando, o te estaría engañando a ti…no sé qué pensar…y así un buen rato. Dejé que se desahogara y cuando la vi más tranquila le dije que no se preocupara, que por mí se tomara el tiempo que quisiera y si finalmente decidía que quería darle la oportunidad a su marido que estaba bien. Si no y quería que solo fuéramos amigos, también. Con esas palabras se tranquilizó, al menos aparentemente, porque estuvo muy callada y viendo por la ventana un rato. Paramos a comprar unas golosinas y cuando subimos de nuevo al coche ella estaba como si nada. Platicando como siempre, y de paso tranquilizándome a mí.
Llegamos a la fiesta y se sorprendieron de vernos llegar juntos. Tontamente hasta ese momento nos percatamos de que todos nos conocían, así que inmediatamente empezaron a preguntar por su marido, y al confirmarles que no iba a ir, comenzaron las bromas acerca de porque íbamos solitos. Afortunadamente eran más amigos míos que de él (que no es muy apreciado), pronto dejaron los comentarios y pudimos disfrutar la fiesta. Se empezó a prolongar, como yo esperaba hasta que se hizo de noche cerrada. Los que planeaban irse fueron disuadidos de ello; el camino de regreso es muy obscuro, con baches y ha habido algunos asaltos. Algunas parejas fueron retirándose a los cuartos, pero aun había mucha cuerda, comida y alcohol para pensar en desaparecer. Además, Jenny no parecía muy dispuesta aun, preguntaba si habría alguna mujer con quien compartir cuarto, si en los cuartos habría 2 camas, y así, un tanto en tono de broma, pero tanteando el terreno, y evidentemente apenada de que nos vieran si compartíamos cuarto.
Tomamos algo de cerveza, y ella algo de vino. Tal vez un poco de más pues empezó a arrastrar las palabras, a reír de cualquier tontería, y a tropezarse. Me dijo que si la acompañaba a caminar para despejarse a lo que accedí. Nos dirigimos a la zona donde dejamos los coches. Sin luz y alejada unos 50 metros de donde estaba la fogata y algunos focos, hasta que solo veíamos nuestras siluetas. Al principio le tome la mano y después de la cintura, argumentando que no quería que se cayera.
Al llegar a los coches la abracé, a lo que no opuso resistencia. Recargo la cara en mi hombro mientras yo con un brazo rodeaba su cintura y con el otro acariciaba su cabello y su hombro. Le trate de dar un beso que no acepto, así que empecé a besar su cuello y su hombro. Ella me dijo que parara y le pregunte que si era porque no le gustaba que la besara, a lo que respondió que al contrario, que era porque le gustaba mucho. Así que con algo más de confianza seguí repartiendo besos en su cuello, en su oreja y de nuevo busqué sus labios. Esta vez no me rechazó, sino que lo correspondió con entusiasmo. Mordió mis labios y empezó a buscar mi lengua con la suya, acaricié su espalda y fui bajando mis manos a su cadera primero y después a sus nalgas. Las acaricié y luego las masajeé por encima del vestido sin que ella rechazara mi manoseo. Bajé las manos hasta la orilla de su vestido y lo fui levantando para acariciar sus nalgas duritas y suaves, esperando encontrarme el obstáculo de sus calzones, pero no había tal, al principio pensé que no se había puesto, pero al aumentar la zona de mis caricias me di cuenta de que llevaba una tanga de hilo dental misma que tenía enterrada en el culo. Subí mis manos hasta el resorte y metí una entre él y su piel para sacarle la tanga del culo, momento en que me pidió que no hiciera éso, pero sin mucha convicción, más bien pegando su pubis a mi miembro que ya estaba más que duro.
Después de estar acariciando sus cachetes, de separarlos y meter mis dedos lo más que podía entre ellos mientras ella cada vez suspiraba más y hablaba menos, intente bajarle la tanga, momento en que ella reaccionó un poco y me lo impidió. Sin embargo, permitió que la volteara para que me diera la espalda, y continúe mis besos esta vez en su cuello, mientras mis manos se dirigían una sus pechos y la otra mantenía su vestido levantado de manera que podía acariciar con mi paquete sus nalgas prácticamente desnudas, mientras a ella la tenía recargada contra un coche. Acaricié sus pechos, sentí sus pezones duros bajo la tela, besé su espalda, mordisqueé sus orejas mientras mis manos masajeaban sus pechos. Bajé una mano hacia su entre pierna y un poco más abajo, otra vez a la orilla de su vestido y subí la parte de adelante; acaricié en medio de sus muslos y finalmente puse la mano en su pubis, protegido aún por el pequeño triangulo de su tanga. Bajé esta para acariciarla sin barreras mientras pegaba un respingo, pero no dijo nada esta vez. Acaricie su monte de Venus, toque su vello casi rasurado, una capa de medio centímetro apenas era lo que sentía. Pasé un dedo por su raja mientras ella suspiraba. Toqué su botón, rodeándolo con dos dedos ya lubricados por sus jugos. Mientras, retiré la otra mano de sus pechos y la dirigí a mis pantalones para desabrocharlos, al sentir eso, separo sus brazos que estaban acariciando los míos y los puso entre sus nalgas y mi pubis. Pensé que iba a ofrecer algo de resistencia, pero lo que quería era ayudarme a desabrochar mi pantalón. Con algo de trabajo desabrochó el cinturón, el botón y bajo el cierre. Rodeo con su manita mi miembro a través de la tela de mi bóxer, acariciándolo por encima de ella mientras yo seguía estimulando su botón, besando su cuello y tocando su pezón. Ella, tornándose más atrevida, metió la mano por entre la tela y mi miembro y rodeó éste con sus dedos, empezando a mover su mano de arriba hacia abajo con un ritmo suave y cadencioso; en determinado momento empezó a apretar y aflojar la mano, excitándome cada vez más, hasta que mi calentura me llevo a meter un dedo a su vagina, momento en el que dio un grito de sorpresa, soltó mi miembro y trato de que sacara el dedo de su interior. Lo que logro en cambio, fue que mi pene ya libre de mi bóxer y de su mano, toco sus nalgas desnudas, lo que me provoco una calentura que iba en aumento, aunque ya no lo creía posible. Me froté contra ella tratando de meter el miembro entre sus muslos, lo que logré después de unas embestidas, quedando mi miembro rozando su raja húmeda, me moví de adelante hacia atrás, para aumentar la sensación, con las dos manos tome sus caderas para ayudar al movimiento, hasta que en un momento que ella agacho el tronco parando un poco más su culo, pude penetrarla; yo jadeaba como loco al sentir su calor y su humedad, mientras ella trataba de ahogar sus pujidos, pero en ese momento no lo logró y casi gritó, tardando un par de segundos en controlarse y solo decir: “ahora si ya me chingaste”. Seguí bombeando, hasta que en determinado momento sentí que ella dejaba caer todo su peso sobre mis brazos, para no salirme de adentro de ella, seguí su movimiento y quedamos yo hincado, todavía penetrándola, y ella unos instantes de rodillas, tras lo cual apoyo las manos en el pasto quedando de perrito. La oscuridad no había dejado ver más que su silueta, pero imaginármela exponiéndome sus nalgas era increíble; mientras ella movía sus nalgas para atrás y para delante, seguí bombeando, tomándola de la cadera, tocando su espalda y tratando de alcanzar sus pechos, cuando sentí que ella apretaba la vagina unos segundos y se quedaba flácida, y dejaba de moverse; le pregunte si ya, y entre suspiros me contesto que por eso se le desguanzaron las piernas y se arrodilló, lo demás fue inercia. “Pero termina, se siente riquísimo todavía” dijo. Seguí moviéndome un par de minutos hasta que eyaculé dentro de su sexo. Me agaché un poco para abrazarla, aunque la posición era un poco incomoda, pero no quería salir de ella. Lo hice hasta que, perdiendo la erección, salí de su interior. Cuando me sintió fuera, se empezó a incorporar. Se acomodó la tanga que tenía en las rodillas, regresó sus pechos bajo su sostén y acomodo su vestido. Mientras, yo trataba de ver su desnudez en medio de la oscuridad, pudiendo solo contemplar su silueta. Me pare y me empecé a acomodar el bóxer y pantalones mientras sentí que su mano acariciaba un momento mi pene ya flácido. Ya vestidos, la abracé un momento y nos besamos ya más tiernamente que con la calentura de hacía un rato.
Nos dirigimos a la fogata tomados de la mano. Al llegar nos vieron un poco extrañado, pero nadie comentó nada.
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