El encargado del parking espabilado 2
Marta creía que el parking era su refugio secreto, un lugar donde el riesgo alimentaba su deseo. Pero esta noche, la tensión no viene solo de la posibilidad de ser descubierta por extraños, sino de una mirada fija y silenciosa que la observa desde la oscuridad, esperando el momento exacto para romper su mundo.
Esta historia es la continuación de este relato: https://www.todorelatos.com/relato/219883/. Es importante haberlo leído previamente para entender el contexto de este relato.
Habían pasado ya cuatro meses desde aquel primer encuentro entre Carlos y Marta en la caseta del parking. Desde entonces, la situación se había repetido en seis ocasiones más. Marta, aunque al principio se había mostrado reacia, había encontrado en estos encuentros clandestinos una fuente inesperada de autoestima. El sexo con Carlos no solo la había revitalizado, sino que, paradójicamente, había mejorado su relación con su marido, a quien ahora miraba con nuevos ojos. Sin embargo, la conexión con Carlos era algo que no quería dejar atrás. Aunque seguía considerándolo feo y por debajo de sus expectativas físicas, el morbo de la situación la excitaba más de lo que estaba dispuesta a admitir.
Marta llegó a casa más temprano de lo habitual. Había tenido un día largo y, al entrar al salón, vio a su marido cómodamente sentado en el sofá, con una cerveza en la mano, viendo un partido de fútbol. Se acercó a él lentamente, con una mirada juguetona, y comenzó a acariciarle el hombro y el cuello.
—Cariño, hoy tengo ganas de tema… —dijo con una sonrisa seductora, mientras sus dedos recorrían su brazo.
—Mmm, espera un momento, que están a punto de tirar un córner —respondió él, sin apartar la vista de la pantalla.
Marta insistió, sentándose a su lado y apoyando su mano sobre su muslo, deslizándola hacia arriba. Sabía exactamente cómo encenderlo, pero hoy no parecía ser suficiente. Él seguía concentrado en el partido.
—No me haces caso… —murmuró ella, tratando de atraer su atención, pero su marido solo asintió con la cabeza, sin despegar los ojos del televisor.
Frustrada, Marta se levantó, ya sin disimular su molestia. Se dirigió al dormitorio, sintiendo cómo la ira se mezclaba con el deseo insatisfecho. De repente, una idea le cruzó por la mente. Buscó su teléfono y, sin pensarlo dos veces, envió un mensaje a Carlos.
Esa noche, Carlos estaba en la garita del parking con su amigo José. José era un hombre colombiano de 53 años, con panza, incipiente calvicie y una dentadura algo amarillenta provocada por el tabaco. Compartían una amistad basada en la confianza y la camaradería, forjada a través de las largas horas de trabajo en experiencias anteriores.
—Tío, no me puedo creer la suerte que has tenido con esa chica —dijo José mientras se acomodaba en una de las sillas de la caseta—. Una mujer como ella, ¡y contigo! Vaya genio que eres.
Carlos sonrió con satisfacción, inflando el pecho.
—Lo sé, tío. Me lo curré mucho para que cayera. Pero al final valió la pena. Es una bomba en el sexo, y encima se cree que soy el único que la puede hacer sentir así. Es increíble cómo una buena táctica de engaño puede hacer maravillas.
José, con una sonrisa pícara, añadió:
—Te envidio, hermano. No es fácil encontrar una mujer así que esté dispuesta a... ya sabes, hacer lo que ella hace contigo.
—Tienes razón, no es fácil —respondió Carlos—. Pero el truco está en saber cómo manejar la situación. Hay que saber jugar con sus inseguridades y deseos ocultos.
—¿Y nunca te ha dado miedo que te descubran? —preguntó José con curiosidad.
—No, porque soy muy cuidadoso. Marta se siente tan segura conmigo que ni siquiera se lo plantea. Además, su marido ni se entera, y yo me aseguro de que todo quede entre nosotros.
—Eres un maestro, Carlos. La verdad, me encantaría tener algo así en mi vida —dijo José, suspirando.
Carlos iba a responder cuando su móvil vibró en la mesa. Era un mensaje de Marta.
"Carlos, ¿puedo pasarme esta noche por el parking?"
Carlos leyó el mensaje y se le ocurrió una idea. Reflexionó sobre lo que podía hacer y pensó en la posibilidad de hacerle una encerrona para un trío. Sabía que Marta podía ser persuadida si usaba la táctica correcta. Compartió su idea con José, quien lo miró con entusiasmo.
—Oye, José, ¿qué te parecería si intentamos un trío con Marta? —propuso Carlos, con una sonrisa maliciosa.
José abrió los ojos sorprendido, pero una sonrisa de pura emoción se dibujó en su rostro.
—¿De verdad crees que accedería? —preguntó, casi sin creerlo.
—Pues, mira, ya he jugado con su mente antes. La primera vez le dije que algunas de sus amigas ya habían estado conmigo y eso la empujó a lanzarse. Esta vez puedo hacer lo mismo. Le diré que iba a quedar con una amiga suya para algo especial, pero que al final no pudo. Seguro que eso la pica.
—¡Adelante, tío! A ver si te sale bien la jugada —dijo José, animándolo.
Carlos rápidamente respondió el mensaje de Marta.
"Había quedado con Laura para esta noche, pero me acaba de decir que no puede venir. Y teniamos algo especial previsto"
Marta respondió casi al instante, con un toque de celos en su mensaje.
"Entonces voy yo. No puede ser que tuvieras previsto hacer algo especial. ¿Qué es eso tan especial?"
Carlos sonrió, sabiendo que había captado su atención, tenía muchos celos de sus amigas y se veía como propietaria de Carlos, aunque ellas no sabían nada de la existencia de la historia.
"No es eso, neni. Es que habíamos planeado algo un poco más... especial."
"¿Especial? ¿Qué tienes en mente, Carlos?"
"Bueno, estoy aquí con un amigo. La idea era hacer un trío con él y Laura. Pero no te lo había dicho porque nunca hemos hablado de esto. Con Ana ya lo hemos hecho alguna vez y pensé en llamarla por si quería ya que esta mi amigo aquí, pero como tú y yo nunca lo hemos comentado, no sabía si te atreverías. Por eso nunca te lo he propuesto"
Hubo un momento de silencio antes de que llegara la respuesta de Marta.
"¿Por qué no me lo ofreciste a mí? ¿Qué pasa, que no me crees capaz?"
"Es que nunca lo hemos hablado, neni. No quería ponerte en una situación incómoda."
Marta se sintió desafiada. Si sus amigas se habían atrevido, ¿por qué no ella?
"Me ducho y voy para allí."
Carlos miró a José con una sonrisa satisfecha.
—Esta noche va a ser épica, amigo. Te debo una por esto.
Antes de que Marta llegara, Carlos y José decidieron calentar el ambiente. Se tomaron una foto de sus pollas y se la enviaron a Marta. Al cabo de unos minutos, Marta respondió con una foto suya desnuda frente al espejo, mostrando que acababa de salir de la ducha, con su piel aún húmeda y brillante.
A la hora acordada, Marta llegó al parking. Carlos salió a recibirla, acompañado de José. Marta, visiblemente nerviosa, sonrió tímidamente al ver a los dos hombres. Marta venia vestida con una camiseta algo ceñida y una minifalda. No llevaba sujetador por lo que iba marcando los pezones en su camiseta y con un tanga de color negro.
—Marta, este es José —dijo Carlos con una sonrisa traviesa—. ¿Estás lista para una noche especial?
Marta asintió, y los tres se dirigieron a la garita. La tensión en el aire era palpable y Carlos empezó a besar a Marta mientras Carlos se quedó mirando sin saber cómo continuar. En este momento Carlos le quito la camiseta a Marta, quedándose con les pechos al aire. Carlos empezó a besar los pechos de Marta, y en este momento ante la mirada de aprobación de Marta, José se acercó y empezó a besarse con Marta mientras le acariciaba el culo que dejaba libre el tanga por debajo de la falda.
En este momento Carlos se puso de rodillas y le bajo la falda y el tanga a Marta dejándola totalmente desnuda ante los dos hombres. Carlos cogió de la mano a Marta y la acercó al sofá y la puso a cuatro patas dejando su coño y su culo al descubierto. En este momento Carlos se acercó y le empezó a lamer el coño por detrás e iba intercalando algún lametazo en el ano, antes los gemidos de placer de Marta y un leve movimiento pélvico acomodando la lengua de Carlos. En este momento, José aprovecho para sacarse la ropa y quedarse desnudo y se acerco a la cara de Marta y esta al instante le empezó a chupar la polla mientras Carlos le seguía lamiendo el coño por detrás. Tras dos minutos en esta posición, Carlos se apartó para desnudarse también, en este momento estaban los tres desnudos.
Carlos le dijo a Marta que sentara en el sofá y le puso la polla a la cara, en este momento Marta dejo de chupársela a José para pasar a la de Carlos, mientras iba acariciando y masturbando la de Carlos. Estuvieron así unos minutos intercambiando mamadas de uno al otro, mientras ambos le iban masajeando las tetas a Marta. Ante la excitación Carlos cogió de la cintura a Marta y mientras él se sentaba en el sofá se la puso encima, quedando Marta sentada encima de Carlos y penetrada por él. En este momento Marta empezó a mover las caderas y montando a Carlos, con un vaivén en que ambos no paraban de gemir ante este movimiento sincrónico. José se acercó y se puso al lado de Marta y esta introdujo su polla en su boca. Quedando la escena en que ella cabalgaba encima de Carlos mientras se la chupaba a José.
En medio de la acción, mientras los tres se entregaban a sus deseos, el sonido de un coche entrando al parking interrumpió el ambiente.
—¡Mierda! ¡Qué mala suerte! —murmuró Carlos, levantándose rápidamente—. Nunca viene nadie a estas horas, ¿por qué ahora?
Carlos se levantó y se vistió para investigar quien venia en estas horas, dejando a Marta sola con José. Aunque al principio se sintió incómoda al quedarse sola con él, aunque le estaba comiendo la polla, pronto José reaccionó la volteó y la puso a cuatro patas encima del sofá. Marta sintió la penetración de José, su polla era más grande que la de Carlos y la de su marido. Rápidamente se sincronizaron ante las embestidas de José a lo que Marta iba respondiendo con gemidos de placer, estaba ja desinhibida y descontrolada.
Carlos se acercó a donde había aparcado el coche tras una esquina cerca de la puerta principal y era algo oscuro. Una vez allí no vio a nadie, en este caso imaginó que la persona había aparcado y salido rápido del coche hacia la salida. No le dio más importancia.
Carlos regresó poco después, tranquilo a la garita y se encontró la escena en que José estaba follando a cuatro patas a Marta, y ambos gimiendo como si no hubiese un mañana. Se quedo un minuto observando la situación en que ambos se habían percatado de que él ya había regresado. Cuando se acercó hacia ellos, ambos lo miraron y el dijo:
—No os preocupéis —dijo—. Es un coche que aparcó al otro lado, ni siquiera he visto al conductor.
Con la tensión disipada, Carlos de desnudo de nuevo y los tres volvieron a lo suyo, entregándose a una pasión que parecía no tener fin. Carlos se unió a la escena en la que Marta era penetrada a cuatro patas por José, se puso delante de Marta y esta le empezó a chupar con una pasión descomunal su polla. Marta estaba tan excitada ante las embestidas de José que le provocaba que le chupase la polla a Carlos de una forma desenfrenada, todo eran vasos comunicantes.
Tras unos minutos en esta posición, José no podía aguantarse más y gruño que se iba a correr. Carlos sintiéndose propietaria de Marta le dijo que se podía correr dentro. Y justo Carlos en este momento también se corrió dentro de la boca de Marta, hasta ahora nunca lo había hecho y no veía rechazo de Marta. Los tres emitieron un gemido bastante a la vez como dando por finalizado el acto.
En este momento, ambos hombres se sentaron en el sofá con la respiración entrecortada. Y Marta se fue rápidamente al pequeño lavabo que había en la garita y escupió los restos de semen que le quedaban en la boca y se la enjuago. Mientras ambos hombres se chocaban las manos como si fueran unos campeones, de hecho, lo eran, al conseguir semejante mujer para compartir ante ambos hombres maduros y poco agraciados.
El trío fue una experiencia nueva para Marta, llena de sensaciones y emociones encontradas. Salió del lavabo y mientras se vestía, aún jadeante por el esfuerzo, Marta sonrió levemente.
—No ha estado tan mal... Quizás repita otra vez —dijo Marta.
Carlos y José intercambiaron una mirada de complicidad mientras Marta se marchaba rápidamente como hacia siempre cuando acababa de hacerlo con Carlos, sabiendo que esta noche había marcado un nuevo capítulo en su relación clandestina.
Mientras caminaba por el pasillo hacia la salida, pasó junto al coche que había aparcado antes, durante el trio. Marta no se fijó en el coche, pero era el de su marido. Obviamente al salir rápido, no pudo ver quién estaba dentro, las sombras lo cubrían todo y de hecho paso de largo porque ni se fijó. Lo que Marta no sabía es que, dentro del coche, su marido la había visto. Había seguido sus sospechas y ahora estaba allí, escondido en la oscuridad, descubriendo la infidelidad de su esposa.
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