Un reencuentro perfecto
Leo desapareció de su vida, pero no de sus sueños húmedos. Meses de silencio y mensajes ignorados no lograron apagar el fuego que él encendió. Ahora, él está frente a su puerta, y la resistencia se derrumba ante la primera caricia.
✩✩✩ Hola, estoy de vuelta. Había estado mega ocupada estos días y entre otras cosas terminé con mi pareja.
Continúo relatando mis intensas experiencias, recuerda que si eres nuevo leyendo mis relatos te sugiero que leas todo en orden, desde el primero, es toda una serie y este ya es el relato número 12. Así que ve y lee los anteriores antes de iniciar este. ✩✩✩
UNA NUEVA ETAPA ¿LA MEJOR?
Tantas veces que mi hermana me había llamado "puta" durante las sesiones de tríos que solíamos tener y ninguna había sonado con tal dureza y convicción.
»Eres una puta. Una puta de mierda»
En esos tríos locos me había acostumbrado a que ser llamada puta se limitaba al contexto sexual, el ser buena en la cama y superarme en cada nueva jornada, derribando uno a uno cada acto considerado tabú. Jamás pensé que tal calificativo me haría sentir como una traidora, una falsa e hipócrita, una desleal, una sinvergüenza. Esas fueron las sensaciones que me invadieron en ese momento.
Fueron pasando los días y se me hacía increíble cómo todo había dado un giro tan drástico al mismo tiempo que sabía que algún día iba a explotar la bomba. Sentí odio hacia Leo, convencida de que toda la culpa la tenía él por buscarme y hacerme caer en su trampa seductora. También era culpa de Laura, pues, siempre estuvo en sus planes la idea de involucrarme con ellos. Mi única culpa fue callar como tonta y dejarme llevar por los deseos de la carne, alimentados durante meses de voyerismo.
Se sentía una inmensa soledad en casa, lloré muchas noches como una estúpida, odiando a Leo al que también amaba, el dueño de mis sueños húmedos, el hombre que me hizo mujer, el único hombre en quien pensaba cada día aun sabiendo que era ajeno, que no estaba bien enredarme e ilusionarme con un hombre casado, pero como dice una frase:
"Lo que no se puede tener se desea más".
Y sí que lo deseaba pero también lo odiaba. Por su culpa se había terminado todo, por no hacerme caso las miles de veces que le pedí que fuera cuidadoso, que no tomáramos riesgos innecesarios, que tuviera cuidado con el teléfono, que borrara siempre los mensajes, le pedía no capturar fotos de nuestros momentos íntimos. Pues, hizo todo lo contrario, dejó pruebas siendo muy descuidado. No solo guardó fotos, también hubo videos de nosotros copulando y todo eso lo vio mi hermana, además de los mensajitos de texto y de audio.
Algunos usuarios me preguntan por correo que por qué mi hermana se molesto si igual teníamos sexo los tres de formas tan intensas.
¿Es en serio? Se nota que no sabéis lo complicadas que podemos llegar a ser las mujeres y con toda razón.
No pienso explicar el por qué mi hermana se molestó tanto como para romper con Leo, es tan obvio que deberíais captarlo de inmediato. Además, eso solo fue uno de los motivos, había detalles de los que me enteraría más adelante.
Me fui enterando que mi hermana se fue a vivir a casa de una de sus amigas y tiempo después a un apartamento propio, de Leo supe que volvió a la casa de sus padres. Papá y mamá intentaron mediar pero fracasaron, me enteré porque me contaban detalles a la hora de la comida sin yo atreverme a preguntar nada por miedo y pánico a llevarme la sorpresa de que Laura me hubiera expuesto.
Quise buscar a mi hermana y hablar con ella pero aborté todas las veces que pensé tan siquiera llamarla para quedar con ella, simplemente debía dejar que el tiempo transcurriera y sanara las heridas.
De una cosa estaba segura, mi hermana no me quería ver ni en pintura pero agradecí su silencio para con mis padres de no contarles lo que sucedió entre nosotros tres durante meses en la casa, tal vez porque ella sabía que no quedaría bien parada si decidía exponer todo e intentar culparme de su situación con Leo. Estaba manchada de tanto sexo libertino, no le convenía retratarme a mi como la mala de la historia, puede que también pensó que de hablar, yo también me defendería y expondría detalles.
Aproximadamente cuatro meses después me enteré de que Laura tenía nueva pareja, un moreno alto. Con eso di por terminada toda posibilidad de que Laura y Leo pudieran reconciliarse, además, se rumoreaba que tanto Leo como Laura se habían sido infieles el uno al otro durante su corto matrimonio y en esos chismes sí que me interesé, pues, temía que se hablara de mi pero no fue así. Mi nombre no fue mencionado; se hablaba de una tal Natalia y por parte de Laura eran dos hombres.
¡Dios mío bendito!
Pasaron como dos meses más y también me fui de casa, renté un departamento y me esforcé en pasar desapercibida. Pedí a mis padres que fueran discretos, ni siquiera Laura debía saber sobre mi nueva residencia. También me fui alejando de mis amigas, la mayoría cristianas y perdí total comunicación con la iglesia, durante ese tiempo había hecho nuevas amistades en la universidad y del trabajo, quería estar lo más alejada posible del entorno cristiano y de chismes sobre mi hermana o Leo.
Y precisamente Leo, pocos días antes de mudarme a lo que sería mi nueva zona de confort, me escribió un mensaje, un simple Hola pero con hashtag: #Hola. Suficiente para saber con toda seguridad que era él quien me escribía.
Pase todo ese día debatiéndome entre escribirle o ignorarle y al final, cuando ya estaba a punto de dormirme le puse: No me escribas más.
Pero lo hice con sentimientos encontrados. Parte de mi lo odiaba, otra parte de mi lo extrañaba, se me encogió el corazón al escribir el mensaje, como si tuviera el presentimiento de que jamás volvería a saber de él o al menos lo haría desistir de siquiera escribirme.
Me equivoqué. Al día siguiente otro mensaje, luego otro, otro, otro y otro. No respondí pero sabía que volvería a escribirme, ya le conocía. Me agradó volver a saber de él pero seguía odiándole por todo lo ocurrido y por los rumores de los que me había enterado últimamente. "Te extraño", "Hablemos", "Me haces falta", "Pienso mucho en ti".
En todo ese tiempo transcurrido me di la oportunidad de conocer a otros hombres pero me sentía tan desubicada con cada uno de ellos y todo se debía a la experiencia vivida con Laura y Leo. Muchachos lindos, guapos, altos, veían en mi una futura bella novia y tal vez esposa. A mi me pasaba todo lo contrario, los veía ingenuos, inocentes, a pesar de que la mayoría eran chicos mayores.
Así que cuando Leo volvió a escribirme de nuevo, yo podía notar ese contraste, el trato diferente de un chico tal vez con cierta experiencia sexual y Leo, un hombre que podía presumir de una experiencia sexual muy amplia. Cualquier hombre no se puede permitir presumir de follar a su esposa y cuñada, ambas jovencitas y de las formas en las que Leo nos hizo suyas decenas de veces, pervirtiéndonos hasta más no poder.
Me llegué a besar con par de ellos, ambos universitarios pero la huella que Leo había dejado en mi mente había sido tan marcada que se me hacía super complicado enfocarme en otro pretendiente. Leo se había metido tan en lo profundo de mi que iba a ser difícil que cualquier muchacho por muy simpático y por muy buenas intenciones que tuviera para conmigo lograra su cometido.
Lo irónico es que comencé a tener todo tipo de fantasías y sueños húmedos muy locos en los que me veía en situaciones morbosas o actos sexuales con algunos de esos muchachos que me pretendían y al despertar me sentía mal conmigo misma, pues, con quien yo deseaba encontrarme en sueños era con Leo.
Pero a medida que pasaban los días y se sucedían mis sueños húmedos, la sensación de malestar por fantasear o soñar con otros hombres que no fueran Leo fue menguando y hasta disfrutaba de esas fantasías pero no pasaban de ser solo eso, fantasías, sueños sexuales.
Luego fueron apareciendo en mis sueños personajes como vendedores ambulantes en los alrededores de la universidad, profesores y hasta compañeras de clase o sus novios. No comprendía por qué me atacaban tantos sueños locos y casi a diario, sin exagerar.
Leo no dejó de insistir. A los mensajes se le sumaron llamadas, lo hacía de números variados y al no hacerlo todos los días siempre me tomaba por sorpresa.
"Extraño tu voz gimiendo mi nombre"
Yo colgaba de inmediato pero me sonrojaba, me sacaba una sonrisa y me hacía extrañarlo, cada llamada sorpresiva significaba una nueva frase hot que él sabía, surtía efecto en mi.
Comencé a contestarle las llamadas solo para decirle que me dejara en paz y respondía:
"Extrañé tu dulce voz", "Tú y yo vamos a estar juntos".
Me odié ese mismo día bajo la ducha recordando sus frases casi convincentes mientras me masturbaba pensándole. Lo desee, lo desee tanto sin dejar de odiarle y me corrí como una pervertida insaciable como el solía llamarme, dos, tres, cuatro, cinco orgasmos seguidos gimiendo como una perra bajo el agua auxiliada por el vibrador, mis dedos o dildos, deseando que apareciera como muchas veces lo hizo en el baño de mi habitación y me hiciera suya como solo él y nadie más ha sabido hacerlo y hablo en tiempo presente, pues, no ha habido otro hombre que me haya hecho sentir tan bien como él.
Transcurrieron par de meses, la comunicación con Leo se mantuvo a ese nivel, mensajes y llamadas, a veces lo ignoraba y otras veces era medianamente receptiva, realmente deseaba que dejara de molestarme, quería convencerme de que sí podría hacer una vida normal, enamorarme de un buen hombre, terminar mis estudios y en un futuro casarme y tener una pequeña familia.
Pero no podía engañarme, no dejaba de pensar en Leo, además de que últimamente me había vuelto una enferma de la autoestimulación, el vivir sola y evitar las propuestas serias de algunos muchachos por tener a Leo entre ceja y ceja me llevó a ser presa del estrés y la ansiedad, noté que dependía demasiado del sexo, no podía pasar un día sin tocarme y estimularme, usando el vibrador, mis dildos, mi ropa provocativa y pensando no solo en Leo, que eso era lo más morboso, sino que también me sobrevenían pensamientos con amigos e incluso desconocidos y terminaba comportándome como una sedienta del sexo.
A veces me quedaba rendida en la tina del baño, exhausta de tanta masturbación, adolorida y ansiosa de volver a vivir las experiencias pasadas con Leo en casa de mis padres, incluso extrañaba los tríos en los que Laura y él me trataban como sumisa, abofeteándome, atándome con sogas, esposas, tirros, cuerdas, vendándome, pegándome, castigando mis pezones con pinzas, llamándome puta, zorra, perra, cerda, pecadora, indigna, llevándome al clímax desesperante de la doble penetración, mi hermana con un dildo de goma en mi coño y Leo martirizándome analmente encima de mi, llevándome a la locura, a orgasmos uno tras otro, a querer gritar y no poder, a suplicar que dejaran de menearse para disfrutar del orgasmo.
Mientras me doble penetraban Laura solía decir: "Quieres dos vergas de verdad, dilo, zorra, te gustaría que este pene de goma fuera otro hombre, anda, admítelo, te gustaría que fuera Andrés o Miguel" (muchachos de la iglesia).
Mi hermana estaba loca, muy loca como para decirme tantas barbaridades y lo peor es que lograba excitarme al máximo con sus fantasiosas ideas que no dudo en el fondo deseaba algún día hacer realidad, tanto con ella como conmigo y sí que tenía razón aunque yo no me atreviera a expresarlo, la idea de tener a dos hombres dentro de mi se me hacía extremadamente morbosa y excitante, algo que me resultaba impensable e irrealizable pero que no dejaba de parecerme una idea muy emocionante la cual imaginaba como la mejor de las experiencias.
Lo cierto es que al final de cada jornada de autoestimulación, cuando mi cuerpo ya no daba para más, a solas en mi apartamento, me quedaba rendida deseando a Leo, lo deseaba tanto. Desperté muchas veces acostada desnuda en el baño o en la sala, aún con mis agujeros ocupados por largos penes de goma, mi clítoris y labios vaginales adoloridos aun llevando uno o varios ganchos de ropa, también mis pezones, con mi abdomen, pechos, brazos y nalgas enceradas del esperma de velas de varios colores, ya que ponía tan cachonda sentir la quemazón de las gotas calientes cayendo en diferentes partes de mi piel, ah y una mordaza en la boca y a veces yo misma me vendaba los ojos.
Estaba enferma, pensaba yo, me estaba volviendo loca si es que ya no lo era.
Un domingo a punta de 5pm viniendo del supermercado saludo al conserje de turno que por cierto era un morboso que no perdía oportunidad en saludarme con muchísimo interés y repasarme de arriba abajo sin disimulo. Se ofreció a ayudarme a subir las bolsas pero me negué a pesar de su insistencia. Subí las escaleras hacia el 3er piso, recuerdo que estaban fuera de servicio los ascensores. Puse las dos bolsas en el suelo y cuando estoy abriendo la reja sentí un beso frío en mi cuello y obviamente me asuste.
Era nada más y nada menos que Leo, EL AMOR DE MI VIDA.
Tremendo susto que me dio que casi se me sale el corazón por la boca.
—Qué haces tú acá —pregunté intentando mostrarme con carácter.
Leo fue atrevido en todo momento, como si aun viviéramos en casa de mis padres y se acababa de levantar.
—¿Con que acá vives, no? —preguntó sonriente
—Sí y no deberías estar acá
—¿Por qué no? quería verte
Tomó las bolsas y me pidió abrir la puerta y de paso le hice caso pero al abrir no lo dejé entrar sino que le dije que me diera las bolsas pero forcejeó conmigo y logró pasar.
Fue un forcejeo inútil, él sonreía al tiempo que lograba tomar el mando de la situación, por otro lado yo dizque me negaba, queriendo parecer decidida a no dejarlo ingresar a mi apartamento pero ya lo había hecho.
Dejó las bolsas encima de la mesa tipo bar de la cocina y volvió a mi, que me había quedado en la puerta
—Ok, gracias, ahora vete —le dije
Se me acercó e intentó besarme y yo como pude lo evité pero él continuó, me sujetaba de las manos y buscaba besar mi cuello, yo trataba zafarme pero él era más fuerte.
De repente quedamos frente a frente mirándonos y me besó con lengua y yo no quería pero sí quería.
¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que nos besamos? Se me salió un suspiro, Dios, qué zorra soy, pensé.
Me eché a perder con su largo beso, dejé que metiera su lengua hasta el fondo y hasta pude sentir como mi coño reaccionaba.
Entonces reaccioné
—No, Leo, déjame.
Me lo quité de encima e inconscientemente cerré la rejilla con llave y luego la puerta grande pero cuando estoy cerrando me doy cuenta de que hice todo lo inverso y eso fue gracioso.
Cuando volteo, Leo se estaba riendo, pues, se suponía que él debía salir antes de yo cerrar.
—Te extrañé —dijo Leo y volvió a besarme, ahora detrás de la puerta.
Quería reclamarle tantas cosas, lo odiaba, debía pedirle que se largara pero no, solo sucumbí a sus besos y él supo de inmediato que me tenía comiendo de su mano aunque hubieran pasado meses y aunque él supiera que estaba molesta por como todo había terminado y por las cosas de las que me enteré.
En cuestión de segundos estábamos en mi dormitorio, sin charlas, sin introducciones y yo ya enloquecida por sus besos y como si supiera lo que iba a pasar me lo imaginé todo antes de tiempo, podía sentir mi coño a punto de estallar de todas las emociones y sensaciones acumuladas durante meses.
Él andaba muy bien vestido, bluejean, camisa de cuadritos, yo andaba de lo más normal, también con bluejean y una franela blanca sin mangas, con mi cabello suelto.
Leo me recostó a la cama y me besaba como nadie más sabe hacerlo, como si solo él conociera las formas de hacerme suspirar y gemir y mojarme toda sin siquiera penetrarme, me quitó la franela y continuó besándome, yo estaba a punto de llorar, imagínense, llorar de tanto que había estado deseando a ese hombre al que en parte seguía odiando pero ahí estaba recostada a la cama, disfrutando de sus besos, gimiendo y tomando aire, pues, sus besos me lo quitaban. Leo se quitó la camisa y continuó desnudándome, bajó por mi abdomen besándome hasta despojarme de golpe el bluejean y la panti. Nos reímos.
Y así me dejó a medias el bluejean a la altura de las rodillas, pues me hizo levantar las piernas y yo tuve que sujetarlas. Comenzó a chupar mi coño y por primera vez gemí con todas las ganas, estábamos al fin solos como muchas veces lo desee y aunque en casa de mis padres lo hicimos muchas veces a solas en esta oportunidad era totalmente diferente, estábamos a solas, en otro ambiente, en mi propio apartamento, sin la idea de que pudieran llegar papá, mamá o Laura. Gemí deliciosamente y me corrí a los pocos segundos, así serían las ganas que tenía de Leo y Leo se dio cuenta y continuó comiéndose mi coño haciéndome gemir en voz alta.
Leo no aguantó más y terminó de jalar de mi jean y mi pantaleta de golpe y tiró las prendas por los aires, se bajó el jean y no es que me penetró, me clavó su pene ya erecto de golpe y empezó a penetrarme.
Qué bien se sentía tener de nuevo dentro de mi a mi hombre, de repente noté que estaba más gordito e igual de buen mozo, tenía la barba crecida con ese aspecto árabe que en algunos hombres se ve sexy.
Leo me penetró a un ritmo delicioso y yo entregada en cuerpo y alma a lo que él dispusiera.
—Mastúrbate, mastúrbate mientras te cojo —dijo
Y así llegué a mi segundo orgasmo, masturbándome mientras Leo me penetraba, luego él continuó, me llevaba y me traía sobre la cama, se subió y me empaló como si tuviera demasiada hambre de mi hasta que se corrió en mi abdomen y mis tetas, gimiendo en voz alta lo rico que la había pasado conmigo, luego se pegó a mi sin importar llenarse de su semen y me volvió a besar, besos tiernos mientras nos mirábamos a los ojos, sudados, exhaustos pero felices de volver a vernos.
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