Todo puede suceder... 2
Siempre supo que la tentación estaba a solo un mensaje de distancia. Pero cuando él cruza el umbral de su casa, la rutina se quema y el deseo acumulado estalla con una fuerza que ninguna excusa laboral puede contener.
...Cuando por fin mi corazón volvió a la calma y ese inmenso caudal de electricidad dejó de atravesar mi cuerpo, terminé de ducharme, me sequé y me fui directamente para cama, durmiendo por fin como hacía tiempo que no lo hacía!
De vuelta a casa volví a la rutina, esta semana me tocaba teletrabajar, así que todo sería más fácil y no andaría tan apurada. Para mí era mucho más fácil programar todo mi tiempo cuando me pasaba la semana en casa. Además, esta semana la tenía enterita para mí, sin los niños que estaban fuera, podría dedicarme más tiempo, que también lo necesitaba!
El miércoles, a media mañana aproximadamente, me llegó un mensaje de mi compi de trabajo, diciéndome que estaba a punto de llegar "él" a la oficina, que tenía que recoger un producto y que si iba a tomar un café con ellos.
Le dije que se lo agradecía, pero no me era posible en ese momento, porque estaba a mil por hora cerrando cosas del trabajo, así que le comenté que le dijera que si quería, que me llamase para tomar un café al salir, que le enviaba la dirección de casa y que me avisase al salir de la oficina. El simple hecho de haber recibido ese mensaje y saber que era posible que él viniese a casa, hizo que mi cuerpo notase como poco a poco me invadía el nerviosismo. No quería que él lo notase, pero estaba ya como un flan.
Al rato, debía ser ya sobre la 1 de la tarde, recibí un mensaje de él que me decía "bueno, ya que Mahoma no va a la montaña, tendrá que ir la montaña a Mahoma!"
Entonces simplemente le envié un emoticono con una sonrisa y el enlace de Google Maps de mi casa.
En menos tiempo del que yo pensaba, sentí un coche acercarse y como apagaba el motor, entonces me asomé a la ventana y allí estaba él, saliendo del vehíñculo. Como de costumbre cuando venía por la oficina vestía de traje y corbata, y así como cerró la puerta, miró hacia arriba y me sonrió. Yo le hice un gesto con la mano para que subiese, mientras mi corazón se aceleraba un poco más. Durante el trayecto en el que él venía hacia casa, me quedé ensimismada viendo como caminaba, siempre con ese buen humor que lo caracterizaba y con esa sonrisa dibujada en sus labios, labios que en ese momento me encantaría tener pegados a los míos. Yo ni me había cambiado, estaba de andar por casa, con un vestido cómodo y fresco, ya que esa semana estaba haciendo ya bastante calor, y para trabajar era lo más cómodo, junto con el ventilador para mover el aire.
Abrí la puerta, nos saludamos y nos dimos los dos besos como siempre, y esta vez también me abrazó como la semana anterior cuando se despedía en la casa de la playa, volviendo a empaparme de su olor y trasmitiéndome esa sensación de calma y calor corporal de sus abrazos.
Nos dirigimos directamente a la cocina, y le pregunté que qué quería tomar, café, cerveza, un vino... y me dijo que un café estaba bien.
Le invité a que se sentase, y mientas me dirigía a la cafetera para hacerme un café para mí y otro para él, le preguntaba que como iba todo, que tal semana... cosas banales para que no se me notase lo nerviosa y extrañamente excitada que me encontraba ya.
Él se sentó en la cabecera de la mesa, un poco separado de ella, con las piernas cruzadas y siguiéndome con la mirada en cada paso que daba. Seguía con esa media sonrisa en esa boca y en mi crecía ese deseo irrefrenable de que se lanzase a besarme!
Apenas hablaba, sólo me observaba con detenimiento cada movimiento y cada cosa que yo hacía y decía.
Terminé de poner los cafés y me senté a su lado, mientras seguíamos hablando y riendo como habitualmente hacíamos en nuestras conversaciones. Al cabo de un rato, le dije que lo invitaría a comer con gusto, pero como no sabía que venía no tenía nada en casa para poder convidarlo, porque mi comida la había ya medio preparado el día anterior.
"Claro no avisas y me pillas completamente desprevenida, encima así vestida, de cualquier manera, sin arreglarme..." a lo que él respondió "Estas perfecta, cuanto más natural mejor, que más necesitas?"
Entonces, no me digas porqué, pero mi cabeza hizo como un click o notó como una señal invisible que su cuerpo intentaba transmitirme y me decidí a dar un paso más y ser mas directa a ver qué pasaba.
"Ah sí? Me ves atractiva así, de cualquier manera?"
Y entonces él, con esa seguridad pasmosa que normalmente transmite, me soltó "la sensualidad no hace falta disfrazarla, cuando se tiene el cuerpo la transmite!"
Así, sin más! Tenía ese don de descolocarme con una sola frase. Entonces noté que me ponía mucho más nerviosa, incluso supongo que mi cara se sonrojo más de lo habitual, me había dejado sin palabras y no sabía muy bien que hacer, entonces casi instintivamente, me levanté para coger las tazas de café y le dije, quieres otro o que te ponga otra cosa?"
Y justo cuando estaba alargando la mano para tomar su taza, él me agarró por la muñeca, y atrajo hacia su cuerpo, me sentó en su regazo y me besó!
Diossssss!!!! Que sensación, por fin tenía sus labios en los míos!!!
Que ganas tenía que pasase ese momento! Él ni se lo imaginaba... o si!
Yo directamente me deje llevar. Nos besábamos con intensidad, nuestras bocas se abrieron y nuestras lenguas comenzaron una lucha sin cuartel demostrando la pasión que teníamos acumulada!
Estaba a horcajadas sentada en su regazo, con los brazos rodeando su cuello y las manos entre su pelo, mientras seguíamos besándonos y él con las manos en mi cintura, bajando sobre mis piernas, subiéndome el vestido y alcanzando mis nalgas por encima de mis braguitas.
Notaba como su sexo estaba ya como una piedra. Lo sentía contra el mío que a esa altura estaba deseoso de sentirlo dentro.
Él iba más rápido que yo y me había sacado el vestido ya por la cabeza, entonces yo también le desabroché la corbata y le saqué la camisa poniéndola sobre la silla contigua a la nuestra, donde antes había estado yo sentada.
Me bajó las dos tiras del sujetador, y me sacó primero mi pecho derecho, lo cogió con delicadeza entre sus manos y se llevó el pezón a la boca.
Yo dejé escapar un pequeño gemido, estaba sintiendo todas las emociones que recordaba mientras me masturbaba en la casa de la playa, pero ahora eran reales, mi pezón estaba en su boca, lo lamía, lo chupaba, lo cogía con delicadeza entre sus dientes y lo apretaba un poco, sin morder, regalándome sensaciones de placer que me subían desde mi sexo por la barriga y recorrían todo mi cuerpo!
Yo estaba abandonándome completamente a él. Me gustaba mucho esa iniciativa que había tomado, y quería que fuese él quién me guiase a mí.
Lo único que quería era cerrar los ojos y sentir cada una de esas sensaciones que hacía tiempo que deseaba.
No quería abrirlos, no quería verlo y sentir vergüenza, solo quería abandonarme al placer. Lo necesitaba, y sabía que no podía desaprovechar aquel momento especial.
Él seguía castigándome los pezones. Los tenía tan duros y excitados que podría perfectamente cortar el vidrio de la ventana con ellos.
El bulto debajo de su pantalón estaba aprisionado entre mis piernas y me encantaba sentirlo, pero tenía miedo a manchar su traje, así que le dije que era mejor que se desnudase.
Entonces sin mediar palabra, se levantó, y me dejó sobre la mesa. Yo aparté las tazas y todo lo que estorbaba a nuestro alrededor, mientras él dejaba perfectamente doblados sus pantalones en la silla, y todavía con sus boxer negros puestos y un eminente bulto bajo ellos, se volvió a acercar a mí, me separó las piernas y me tumbó sobre la mesa.
Entonces comenzó a besarme las rodillas, los muslos y seguía subiendo mientras una ola de calor comenzaba a invadir todo mi cuerpo. No sé la temperatura que habría ese día fuera, pero en aquella instancia debía da aproximarse a los 100ºC porque estaba a punto de entrar en ebullición.
Mi respiración era cada vez más profunda y los latidos de mi corazón estaban en pre-taquicardia.
Sus labios habían recorrido ya ambas piernas, y los muslos, pero mi cuerpo se tensionaba y subía la pelvis indicándole el camino que quería que cogiese...
Al rato, sus labios se posaban encima de mi sexo, por encima del textil de mis braguitas, él me echaba su aliento y entre su calor y el que yo tenía podría provocar una combustión espontánea.
Estuvo jugando así un ratito, y poco después separó la braguita hacia el lado, y su maravillosa lengua se hizo hueco entre mis labios... que sensación más divina por Dios!!!
Esa humedad recorriendo todo mi sexo, de abajo hacia arriba, y luego de nuevo hacia abajo... no se dejaba nada por explorar, desde mi ano hasta mi clítoris todo mi sexo era recorrido por su lengua, a veces se paraba en el perineo, luego se paraba otro rato jugando con mi clítoris, y mi cuerpo se abandonaba en cada jugada al placer infinito que me provocaba.
Mis manos no sabían dónde posarse. A veces agarraba fuertemente las esquinas de la mesa, otras las posaba en su cabeza para ejercer toda vía más presión sobre mi sexo, acompañándolo de pequeños movimientos con la ingle hacia arriba, indicándole los puntos de placer que me devoraban lentamente.
Luego introdujo primero el índice y luego índice y corazón dentro de mí. Estaba tan mojada que no le costaba penetrame con los dedos.
Sabía lo que hacía, porque cada movimiento de sus dedos dentro de mi, mientras que con sus labios sujetaba mi clítoris y su lengua lo castigaban, significaban olas de placer que no hacían más que descontrolar mi cuerpo que a esa altura estaba completamente abandonado a él y los gemidos que mi garganta no dejaba de exhalar, no sé si simplemente de ese placer o de la falta de oxígeno que mis pulmones notaban que empezaba a escasear.
Así que, al poco rato, sentí como una bola de fuego, que junto con una ola de placer empezó a secuestrar todo mi cuerpo. Yo ya no era dueña del mismo, me quedé unos segundos sin respirar, no era capaz de llenar los pulmones de aire, mi cuerpo no respondía a mi. Clavaba mis manos entre su pelo aprisionándolo sobre mi sexo y comencé a convulsionar por tan agradable e indescriptible orgasmo que hacía tiempo que no sentía de esa manera tan natural.
Entonces, sin saber aún hoy como, fui capaz de decir 3 palabras... "Ven, fóllame ya!"
Así que vi como se bajaba los bóxer, y como emergía su sexo brillante y con fuerza...
Lo tomó entre las manos, lo puso frente al mío, subió y bajo entre los labios un par de veces, y con un pequeño movimiento lo introdujo lentamente dentro de mi.
Estaba tan caliente y mojada, que era como enterrar un cuchillo ardiendo en mantequilla.
El me preguntó "Te hago daño?" y yo solo pude decir "No, clávamela entera, quiero sentirla toda dentro"
Y sin decir nada más dió un pequeño empujón a su pelvis hacia delante y me la clavó todo lo que pudo.
Estuvo un pequeño rato así, como queriendo sentir como mi calor lo invadía y su sexo se acomodaba en el mío.
Él me miraba, pero yo no quería mirarlo a él. Sólo sentirlo. Quería recordar aquel momento con cada sensación que su cuerpo provocaba dentro del mio.
La verdad es que creo que el orgasmo que había tenido todavía no se había desvanecido del todo, porque a cada empujón que él daba, cada embestida, era como una corriente de mil voltios atravesándome.
Mi cuerpo se abandonó completamente al placer, y mi mente no era capaz de discernir otra cosa que no fuese ese placer intenso recorriendo todo mi cuerpo.
No me llegaba el oxígeno, y no paraba de gemir. Él estaba ahora completamente concentrado en sus embates, pero yo no era ni capaz de acompañarlo...
En un momento dado, no sé ni como, él se salió de dentro de mi... entonces abrí los ojos dándole a entender mi sorpresa, pero él ni se inmutó.
Me bajó de la mesa, me dio la vuelta con las manos apoyadas sobre ella, y me la metió desde atrás.
Ahora los embistes eran cada vez más fuertes, más que antes todavía.
Notaba toda la fuerza que hacía en cada uno de ellos, y como su miembro llegaba al fondo de mi vagina inundándome de placer una, otra y otra vez.
Mis piernas casi no eran capaces de aguantarme, y entonces noté como se tensaba su cuerpo, como se salía de mí y como derramaba su leche sobre mi espalda y mi culo, lo que provocó que otro gigante orgasmo me invadiese fallándome ya por completo las fuerzas y doblando las rodillas mientras mi cuerpo temblaba y convulsionaba de placer.
Él se dio cuenta al instante, me cogió por la barriga, y me sentó de nuevo en sus rodillas, mientras yo continuaba temblando.
Me cogió entre sus brazos, con ese cálido abrazo, y me besó en la frente y en la sien, mientras yo intentaba retomar mi pulso y capacidad respiratoria...
...To be continued?
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