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El viejo de Playa Cárdenas Parte 2

Mikel creía conocer a su esposa, pero esa noche en Playa Cárdenas, el baile con un viejo desconocido despierta en él una excitación prohibida. No imagina que su propia inconsciencia será el escenario perfecto para que Ana explore sus fantasías más oscuras.

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EL VIEJO DE PLAYA CÁRDENAS Parte 2

En realidad no sé qué dijo Don Chepe, pudo haber sido eso o cualquier otra cosa, pero si pude ver su expresión anhelante, volcado hacia adelante, su mirada ávida de deseo, comiéndose a Ana con los ojos. Y los otros viejos también casi se caen de los taburetes donde estaban.

Y nosotros no sabíamos para donde ir y fue como una atracción natural que fuésemos hasta la barra y allí estaban ellos, los únicos que conocíamos en ese lugar.

_ ¿Cómo está mi seño? Como se nos vino hoy mi señito_ dijo don Chepe

_Pero como está_ dijo afirmativamente el albañil que ahora llevaba una camisa chillona de color morado

_Hola, don Chepe_ dije yo y Ana me miró, extrañada de que yo supiera el nombre de aquel sujeto.

_Como está don Mikel, le presento a mis compadres, este es Memo y aquel Ramón, pa lo que mande usted_

Memo era el albañil y Ramón era precisamente aquel que me había parecido igual a don Ramón el del Chavo del 8.

_Mi esposa Ana_ dije yo, ellos le extendieron la mano de forma muy ceremoniosa, don Chepe se llevó la mano de ella a sus labios.

_Es usted una muñequita mi seño_ dijo Ramón, también llevaba una camisa chillona, suelta sobre la ropa, todos ellos llevaban una camisa así, la de don Chepe era de color rojo con flores blancas estampadas. El olor de colonia barata se mezclaba con el de alcohol y tabaco

_No mames pinche pendejo, es una diosa, una princesa_ dijo el Memo

Con mi esposa estábamos alelados del descaro de estos viejos, todos tenían un color cobrizo pero la piel de don Chepe era más cetrina y apagada.

_ ¿Y qué tal la casita? ¿Se encuentran bien a sus anchas?_

_Sí, estamos muy bien_

_Bebemos un tequilita, eh_ dijo don Chepe.

Todas las mesas estaban ocupadas, hombres y mujeres seguían mirando a mi esposa, aunque más disimuladamente ahora.

_No sé….._dijo ella, incomoda

_Venga mi reinita, yo invito_ dijo Chepe

_Siéntese, muñeca, ándele_ dijo Ramón, y le cedió su taburete junto a la barra.

Todos ellos eran bajos de estatura, Chepe y memo no pasaban del 1,65 y don Ramón estaría por el 1,70, quedaban enanos ante Ana y yo. Don Chepe estaba de pie al lado de Ana, ella sentada en un taburete junto a la barra.

Había un platito de gajos de limón y un salero.

_Esto se hace así, Anita, mire, se pone un poquito de sal en la manito y le pasa la lengüita, debe lamer, mi seño_ dijo él y se puso sal en su manota cobriza.

El mismo puso sal en la delicada y larga mano de mi esposa.

Por primera vez, creo, comencé a sentir más fascinación que incomodidad, el ver a ese viejo coger la mano de Ana y verter sal en el dorso, sus dedos gordos y gruesos sobre los dedos finos de ella, me produjo un asombro y una expectación difícil de explicar.

Y luego la fascinación con que miraban a mi esposa inclinarse sobre su propia mano y lamer la sal que estaba en el dorso de la mano y vi como ellos contenían la respiración cuando la lengua de mi esposa se lamió a la sal sobre la mano.

_Usted también compadre_ dijo Memo, era el que más cara de indio tenía, la nariz muy aguileña y la chiva blanca en el mentón y su coleta.

Puse sal en mi mano y lamí.

_Y ahora el tequilita, pero no lo trague mi reina, manténgalo en la gargantita_

Y entonces, con ese gusto de sal en mi boca, lo supe, me fascinaba que ese viejo estuviera pendiente de ella, que le diera ordenes, que lo intentara con ella, que estaba tan lejos de su alcance, completamente, que no tenía la más mínima chance con ella y aun así la persiguiera, como un perro viejo y tuerto husmeando en el culo de una perra joven y bella y los otros viejos eran la manada que los siguen como poseídos.

Y observé como ella se llevaba el chupito de tequila a la boca con ese grácil movimiento de su brazo y los viejos pendientes de ella, fascinados, encantados.

Y luego yo mismo bebí y ya sabía que debía chupar el gajo de limón a continuación.

_Y ahora chupe este limoncito, mi reina, muérdalo_ dijo don Chepe y le puso el limón en la mano y los pechos de esos tres viejos se agitaron cuando ella chupó y mordió ese gajo de limón con los ojos cerrados y su fina naricita por encima del gajo de limón en la mano y entonces los viejos aprovecharon para mirarla entera, sus tetones haciendo presión sobre los breteles del vestido, su ombligo al desnudo, la curva de su culazo.

_Y ahora tráguelo, pa dentro, princesa_ dijo Don Chepe y ella frunció la carita perfecta y por dios, yo tenía una erección, estaba sorprendido ¿Qué era todo esto?

¿Era que ella seguía las órdenes de ese viejo mejicano en ese bar de mala muerte?

¿Tanto podía ponerme eso?

_Ah que fuerte es_ dijo ella haciendo un gesto de desagrado con la cara

_Tómese una chela pa refrescarse pues_ dijo Ramón y le acercó un vaso de cerveza y ella bebió.

El tequila me quemaba la garganta y rápidamente el efecto del alcohol, cálido y agresivo a la vez recorrió todo mi cuerpo de los pies a la cabeza.

Y entonces vi la mano de don Chepe en la espalda de mi esposa y la mano cobriza resaltaba en el blanco del vestido, por arriba de la línea del culo, allí donde la espalda se arqueaba y la pompa de ese culo asomaba hacía afuera.

Pero el toque era tan leve que no sé si ella lo advertía.

_ ¿Me la presta don Mikel? Pa bailar solamente_ dijo Don Chepe y la sonrisa en su rostro le daba un aire Mefistofélico, diabólico.

Y Ana me miró, extrañada y comprendí que ella también estaba sobrepasada por la atención de esos sujetos, por ese baile de cortejo a su alrededor que rozaba el acoso liso y llano.

Y yo sabía que Ana no se opondría porque le gustaba bailar, porque se había vestido para bailar, porque a sus 37 años quería volver el tiempo atrás, a un tiempo que yo no conocía en realidad, no sabía de la vida de Ana antes de mí, antes de que fuera una abogada joven y luego una madre primeriza y preocupada y luego el trabajo y las responsabilidades.

_Ponga esa rola que me gusta a mi_ dijo don Chepe a Ramón y este fue hasta la rockola y puso una moneda en la máquina y comenzó a sonar un corrido o música ranchera.

_ ¿Baila usted conmigo, mi reina?_ dijo Chepe

_Si…si, como no_ dijo ella y me miró intencionadamente y hasta divertida me pareció

Y ya Don Chepe llevaba a mi esposa hasta la pista de baile, cogida de la mano y otras parejas que bailaban desganadamente los acogieron, haciéndoles lugar.

Y esa extraña música, alegre, festiva, con un acordeón marcando las melodías y que se bailaba un poco dando pequeños saltitos pero abrazados y la mano de don Chepe en la baja espalda de mi esposa y la otra mano entrelazada a la de ella y los cuerpos tan pegados y tan contrapuestos y la pierna del carnicero en medio de los muslos de mi esposa y no podía decir que se estaba propasando pues el resto de las parejas bailaban así y seguía sintiendo esa extraña sensación de excitación sexual, mi erección persistía, y de alejamiento de mi esposa, sentía como Ana se alejaba de mi indefectiblemente, dando esos cortos pasitos, saltarines, abrazada a don Chepe y él le decía algo en la orejita y sonreía y ella muy seria, pero……notaba que ella estaba bien, que hasta lo estaba disfrutando.

_No mames wey no puede estar más buena esta vieja_ dijo Ramon

_Que nalgotas y que chichotas, me estoy quedando ciego, carnal_ dijo el Memo

_Yo le daba hasta que chille la rata, wey_

_ ¿Tú crees que el Chepe se la tira a esta vieja?_

_Cuando ella sienta esa lagartija que tiene el compadre entre las piernas se enamora, carnal_

_ Órale, lo que debe ser estar dentro de esas nalgotas, hacer el delicioso con esa nena_

Decían estas frases soeces sobre mi esposa en voz baja, pero yo no podía dejar de escucharlas y bebí otro trago de cerveza y ver ese cuerpazo estilizado de ella bailando, pegada al cuerpo voluminoso de ese viejo, con su ridícula camisa estampada de flores blancas sobre rojo y la mano de él estaba sobre la cintura y a veces bajaba un poco y ya estaba sobre el nacimiento del culo.

Don Chepe llevaba unas botas tejanas con arabescos dibujados en ellas y un pequeño tacón que elevaba un poco su estatura

Y alguien puso otra música en la rockola, una cumbia norteña y los cuerpos seguían pegados,

Y comencé a aturdirme, a obnubilarme y por momentos sentía enojo hacia Ana por seguir bailando con ese hombre.

_Mírele mi cuate como está esa muñeca, pegadita con don Chepe_

_Lo que debe ser tener las manos en ese cuerpito, compadre_

_La neta, deben temblar esas nalgotas cuando baila_

_La verga de don Chepe debe estar como hierro al rojo vivo_

Y ahora el mentón de Ana se apoyaba en el hombro de don Chepe y su hermosa mano en la espalda seboso de ese hombre, e imagine el tacto húmedo de la camisa sudada y ya los cuerpos era un escándalo de lo pegados que bailaban y la pierna gorda del carnicero entre las piernazas de ella y esa mención que habían hecho los otros dos de que tenía una gran polla, una lagartija entre las piernas.

Y las canciones se sucedían alegres, festivas, aunque la voz que cantaba a veces era lastimosa, como una queja.

Y la última canción acabó y por fin se separaron y las manos estilizadas de ella se apoyaron en los hombros sebosos de él y sus ojos rasgados se entrecerraron y sonrió.

¿Y cómo interpretar esa sonrisa apenas esbozada y ese entrecerrar de ojos?

Y luego él la cogió de la mano y la trajo hasta la barra y ella caminaba con paso lánguido y felino detrás de él ¿Y desde cuando ella era capaz de caminar así?

Me estremecí ¿Realmente conocía a mi esposa? ¿Conocía realmente cual había sido el motivo de la tensión y el desgano y la tristeza de ella en los últimos meses?

Y luego este deseo de soledad, de aislamiento y vida natural para acabar poniéndose un minivestido infartante, marcando culo y tetazas y estar bailando pegada a este viejo ligón en un bar de carretera.

_Pues que bien ha bailado la música ranchera, mi seño_ dijo Ramón, mostrando una boca donde faltaban dientes.

_Don Chepe es un gran bailarín_ dijo ella

_Es que con una reina como usted cualquiera se las hace_ dijo Chepe

Y si, realmente estaba sudado, los chorros de transpiración caían por su frente y sus mofletes de gordo y sacó un pañuelo y se secó con él.

_ ¿Quieres que bailemos tu y yo, cariño?_ dijo ella, su flequillo liso, lucia impecable sobre su frente

_No sabría cómo bailar esta música, cielo_ dije

_Ven, vamos a movernos un poco_ dijo ella

Y salimos a la pista y fue penoso, no sabía cogerle el ritmo y mis movimientos eran tan torpes comparados con lo que había visto antes y acabamos bailando con los cuerpos separados y por Dios, noté cierta frustración en ella.

Y veía como los viejos comentaban entre ellos y se sonreían y las cosas que estarían diciendo de nosotros.

Ella acercó su boca a mi oído, pude sentir su aliento denso y perfumado.

_Vámonos de aquí, estoy cachondilla_ dijo entrecerrando nuevamente los ojos.

_ ¿Te ha puesto cachonda bailar con ese viejo?_ dije

_Me ha puesta calentita la música y el tequila ¿y a ti?_

_Me ha puesto lo pegada que estabas a él_ dije

_Vale, cariño_ dijo ella sonriendo y me dio un beso en la mejilla y noté que estaba un poco empitonada, sus pezones se marcaban en la tela del vestido.

Y al fin al cabo a eso habíamos venido a estas tierras de sol y playa, a calentarnos, a encendernos a recuperar la fogosidad perdida, solo nosotros, sin las preocupaciones, sin siquiera lo que más amábamos en el mundo que eran nuestras hijas.

Y al llegar a la barra, notamos que Ramón no estaba allí.

_Vamos a beber un submarino, parejita_

_ ¿Cómo es eso? _

_ Ya verán que cosa más chido_ dijo don Chepe

Se trataba de arrojar dentro de un vaso de cerveza, un shot de tequila, el pequeño vaso con tequila era arrojado desde cierta altura dentro de la cerveza y mi esposa lanzó un gritito cuando el vaso de cerveza se derramó y ella se hizo para atrás y otra vez la mano de don Chepe en su espaldita y bebimos ese extraño coctel.

Y conversamos un poco más y mientras yo le preguntaba a Memo si era albañil y este me respondía que sí, don Chepe hablaba al oído de Ana y esta sonreía y negaba con la cabeza.

_ ¿Y Ramón a que se dedica?_ pregunté mientras veía la mano de don Chepe en la pequeña cintura de mi esposa.

_Es mecánico el cabrón_ dijo Memo y él también estaba mirando fijamente los tetones de Ana.

Y ella se sacudió la lisa melena hacía atrás y su piel levemente dorada por el sol, brillaba bajo las luces difusas del lugar.

_Vamos a irnos ya_ dijo ella

_ ¿Tan prontito, mi reina?_ dijo don Chepe

_Si, no puedo dejar que mi esposo siga bebiendo, debe conducir_

_Pues si se emborracha nosotros la llevamos, señito_ dijo el Memo

_Gracias, pero no será necesario_ dije

En eso regresó Ramón, querían invitarnos a otra ronda de chupitos pero finalmente conseguimos irnos de allí.

El aire fresco de la noche me despejó súbitamente, me parecía un sueño lo que acabábamos de vivir, miré a mi esposa ¿había sido ella la que había bailado con ese viejo? Parecía un poco avergonzada y cohibida.

Fuimos hasta el jeep.

_Debí haber traído un abrigo_ dijo Ana

_ Que personajes ¿no?_

_Si, que ambiente había_

_Tendremos algo que contar, yo creo_

Ella me miró como diciendo ¿A quién vamos a contar esto?

Comencé a conducir por la carretera fantasmal y desierta, dejamos atrás las pocas casas, el mar era una cinta de plata a mi izquierda.

_ ¿Qué te decía ese viejo mientras bailaban?_ pregunté a mi esposa

_Tonterías_ dijo ella

_ ¿Si? ¿Groserías?_

_Tú has visto como son, ese modo de hablar tan meloso, me exasperan, siempre al borde de la….._

Ella no llegó a acabar la frase, el motor del jeep hizo un ruido extraño.

_ ¿Que fue eso?_ dijo ella

_No lo sé_

Y luego el motor volvió a toser, como si se ahogara.

Pareció recobrarse y seguimos como cosa de un kilómetro en silencio, miraba las fantásticas piernas de mi esposa, las sandalias con su fino tacón, esos increíbles muslos, parecía pensativa y reconcentrada en sus propios recuerdos.

Y luego ese ruido extraño del motor otra vez, como si fuera un animal moribundo pugnando por seguir adelante sin conseguirlo.

_Algo no va bien_ dije, estábamos a mitad de camino ya.

El jeep comenzó a morirse entre mis manos, tosió secamente varias veces más y luego el motor se extinguió con un ruido sordo, aproveche el impulso que llevábamos y el camino en bajada para dejar ir al jeep al costado de la carretera y de repente todo fue silencio.

_Que putada_ dijo mi esposa

Bajé del vehículo, la luna nos iluminaba con su luz lechosa, levanté el capot del jeep como un acto reflejo, no sabía nada de mecánica, iluminé con el móvil, todo parecía estar bien.

_No hay señal aquí_ dijo mi esposa con el móvil en la mano.

Miré la carretera desierta, episodios de robos violentos en las carreteras de Méjico vinieron a mi memoria.

_ ¿Qué hacemos?_ dijo mi esposa

_Esperar que alguien pasé y pueda ayudarnos o comenzar a caminar hasta la casa_

_Dios, no puedo creerlo_ dijo ella con fastidio

_Creo que no fue una buena idea haber ido a ese bar_

_ ¿Por qué lo dices?_ dijo ella desafiante

_Por esto, Ana, por lo del motor_

_Vale, pensé que te referías a otra cosa_ ella seguía sentada en su butaca

_ ¿Lo dices por lo del viejo? No me molesta que hayas bailado tanto con él_

_No sé…..tal vez no estuvo bien que bailara…tanto como dices tú_

_Lo estabas pasando bien y ya_ dije

_Es que no se explicarlo….pero era una sensación como de ser otra persona_ dijo ella

_ Lo entiendo, además era un buen bailarín, no como yo_

_Ven aquí bobo_ dijo ella

Me acerqué a su lado, yo de pie y ella todavía sentada, nos besamos.

_ ¿Tienes miedo?_ dije

_Si, pero estamos juntos, nada puede salir mal_ dijo ella

Entonces vi la luz de unos faros que descendían por la lomada. Creo que no tenía opción, debía confiar y hacer señas para que se detuvieran, crucé los brazos por sobre mi cabeza, el coche comenzó a detenerse.

Y luego el corazón me dio un vuelco cuando el conductor descendió con cierta torpeza.

_Que onda mis amigos ¿Qué les pasó, pues?_

Era don Chepe, con los otros dos, en un viejo Volkswagen.

_No sé qué le sucedió al motor_ dije

_Ah que suerte que hayamos pasado por aquí entonces, hay mucho bandido por esta zona_ dijo don Chepe

Ramón se acercó al motor, lo inspeccionó, mi esposa se puso al volante.

_Dele arranque, señito_ le decía él

_Pise el embriague, mi reina_

El motor quiso volver a toser una vez más pero se ahogó definitivamente.

_Podemos acercarles a su casa, no se van a quedar aquí, es peligroso_ dijo don Chepe

Mi esposa dudaba, comencé a pensar si todo esto no era una trampa, si querían violarnos y matarnos, estábamos perdidos

_No tenga miedo, mi seño, somos gente honrada_ dijo don Chepe

Y abrió la puerta del coche a mi esposa, caballerosamente.

Ella alargó una larga pierna musculada y se deslizó en el asiento del copiloto.

Memo me dio paso y de pronto me encontré en medio de los dos hombres en el asiento trasero del pequeño vehículo.

Nos pusimos en marcha, sorprendí la mirada de don Chepe sobre mi esposa, sus piernas estarían expuestas a sus ojos en toda su largura.

Memo llevaba una nevera portátil entre sus piernas, sacó de allí unas cervezas, me pasó una y otra a Ramón.

_Beba compadre, a su salud_ dijo, me llevé el botellín a los labios, no me quedaba otra cosa por hacer, bebí un buen trago y sentí un gusto amargo pero seguí bebiendo, los cuerpazos de los viejos me comprimían como una sardina enlatada.

_Que piernas tiene usted, mi reinita, hace mucho deporte, seguro_ dijo don Chepe

_Fui atleta de pequeña_

_Ya me parecía a mí ¿Y nunca trabajó de modelo?_

_Nunca fui tan flaca como para ser modelo _

_ Claro, las modelos son unas flacas escuálidas y usted, mi princesa, tiene la carne justa, en su sitio y bien puesta_

Ramón pasó unos botellines para adelante, mi esposa bebió también, la intimidad entre don Chepe y ella me dolía y me atemorizaba otra vez.

_Ya estamos llegando, pero yo mirando sus piernas viajaría hasta Sinaloa mismo_ dijo el viejo

Ella no respondió.

El coche entró en nuestra propiedad, sentí un poco de alivio, aunque tenía la cabeza pesada y comenzaba a estar soñoliento, estas últimas impresiones me habían agotado.

_Mañana a primera hora voy a por su jeep y lo reviso en mi taller, no se preocupe don Mikel_ dijo Ramón.

Si, tal vez eran realmente buenas personas y honradas, todo estaba bien.

_Bueno, supongo que nos invitarán un traguito antes de que continuemos viaje_ dijo don Chepe

_Si, por supuesto_ dijo mi esposa

Entramos a la casa, el ruido de las olas al romper era la música de fondo, mi esposa encendió las luces.

_Pero que chingón está esto, compadre_ dijo Memo

_Solo tenemos un poco de vodka y zumo de naranja_ dijo mi esposa trasteando con largos pasos en la cocina, escuchaba el abrir y cerrar de las alacenas.

_Pues eso estará muy bien, mi reina_ dijo don Chepe

Quise decir algo pero notaba mi lengua como de trapo, no podía articular palabra, me dejé caer en el sofá, Memo se sentó pesadamente a mi lado, tenía un botellín en la mano.

Don Chepe sonreía cómplice con Ramón, mi esposa preparaba los tragos en la cocina.

_Me quedé con ganas de bailar una última rola con usted, mi princesa_ dijo Don Chepe alzando la voz.

Ella apareció trayendo una bandeja con los tragos, sus tetones y sus piernas y su ombligo denudo con esa fuente de tragos era algo obsceno y esos viejos en nuestra sala y yo que me caía de sueño.

_ ¿Estás bien, cariño?_ me dijo ella

Y entonces comenzó a sonar una música desde un móvil, era una ranchera muy lenta, distinguí un acordeón y una tuba con sus sonidos graves y profundos que me recordaban una procesión religiosa que parecía venir desde mi infancia.

_Esto quería bailar con usted, mi seño_ dijo don Chepe

_Creo que no es momento_ dijo ella, alcanzándole un trago color naranja

_Ándele princesa, escuche lo que dice la letra_

“La verdad no pensamos ni imaginamos todo lo que pasaría” cantó una voz grave.

Don Chepe bebió de su trago.

_Que rico, bien fresquito_

“Solo con una mirada” siguió cantando la voz.

Ana me miró con temor, Ramón cogió su trago de la bandeja, muy cerca de mi esposa

“te acercaste de una forma misteriosa y en ese preciso instante” cantó la voz

¿De dónde viene esa voz? Me pregunte y esa tuba marcando el compás y el acordeón

_Ándele, muñequita, esto es pa bailarlo con una nena como usted_ dijo don Chepe y cogió la mano de mi esposa y se acercó a ella

“te confieso me gustabas” cantó la voz, mis parpados se cerraron, volví a abrirlos, don Chepe y Ana bailaban ahora con los cuerpos muy pegados, la mano cobriza de ese hombre en la cintura pequeña de mi esposa.

Volví a cerrar los ojos, me dormía indefectiblemente quise gritar y no pude.

“Y es que ya estaba escrito que me tocaban tus besos” cantó la voz, miré por última vez a la pareja que bailaba, el mentón de Ana estaba sobre el hombro de don Chepe y la mano de él casi en el culo redondo y prieto por el vestido blanco.

_Que culazo tiene esta vieja_ escuché susurrar al Memo para sí mismo y cerré los ojos y todo fue tinieblas y me dormí.

Luego la voz de Ana y su rostro en primer plano, el maquillaje corrido.

_Cariño ¿Estás bien?_ decía ella, había luz natural, estaba amaneciendo

_Tengo mucho sueño_ dije y volví a cerrar los ojos

Luego me despertó el romper de las olas, mi cabeza pesaba una tonelada, la sala estaba desierta, vi sobre la mesilla al lado del sofá los vasos vacíos, el olor del tabaco, alguien había fumado allí, recordé los sucesos de la noche anterior.

Me incorporé, mi cabeza iba a salírseme del cuerpo de un momento a otro, miré un reloj colgado en la pared, eran las diez de la mañana, el sol penetraba todo con su luz.

Caminé con paso torpe hasta el cuarto, lo primero que vi fueron las sandalias tiradas en el suelo, una lejos de la otra y luego el vestido blanco hecho un guiñapo, arrugado, arrojado al suelo sin miramientos y en la cama el cuerpazo de mi esposa, durmiendo boca abajo.

Estaba completamente desnuda, su pequeña cintura y el culazo redondo y pleno y las nalgas opulentas y parte de su coño rosado y abultado se veía también y el pelo liso le caía por los hombros y parte cubría su carita y sus piernazas interminables despatarradas, la pierna derecha flexionada y la izquierda extendida y las arruguillas de las plantas de los delicados pies, un brazo doblado bajo la cabeza.

Respiraba acompasadamente en forma tranquila y serena.

Volví a la cocina, puse a hervir agua para hacer café, regresé a la sala, las olas seguían golpeando rítmicamente en la orilla, debajo de la mesa había una mancha blanca, fui hasta allí, me agaché a recoger la prenda, era el diminuto tanga blanco de mi esposa, abandonado y arrugado bajo una silla.

Continúa en