Trato con mi jefe (2)
El ascenso tiene un precio que no esperaba pagar. Daniel no pide favores, exige obediencia. Y en su despacho, las reglas del juego las pone él.
Henar salió de trabajar horas después, tras comerse un par de miradas de asco de Silvia, la rubia secretaria, y se fue sin mirar atrás.
Vaya día había tenido: se la había chupado a otro hombre que no era Carlos, su novio desde que tenía 17 años, para que la ascendieran de puesto y no la echaran de la empresa. Qué sucia se sentía, qué guarra era. Al subirse al coche se miró en el espejo y no fue capaz de sostenerse la mirada a sí misma, así que la apartó y arrancó su Opel Corsa rojo pensando si le diría algo a Carlos o se quedaría callada.
Decidió evidentemente no decir nada y darse una ducha de mientras llegaba su novio. Lo cierto era que Carlos y ella no follaban desde hacía meses, pero él no le decía nada al respecto y ella no quería preguntar. Eran las seis de la tarde y se estaba arrepintiendo ya de la cena con él, así que decidió enviarle un mensaje de que mejor se vieran otro día que se encontraba indispuesta, y sin esperar contestación llamó a Carlota.
-¿Henar? Holaa.
-Carlota, necesito quedar contigo hoy y salir, además te tengo que contar.
-Sí claro que salimos, es lunes ya… pero no trabajo yo tampoco mañana ¿qué ha pasado?
-Bueno tía, pff… le… le he hecho una mamada a mi… jefe.
-¿Qué? Pero serás zorra -Carlota se rió tras el teléfono-, ¿y Carlos? ¿Cómo ha sido todo?
-Ven a mi casa, nos preparamos y te cuento.
-Venga chica, hasta ahora.
Henar no paraba de pensar en Daniel y en lo mucho que quería follárselo, pensó en cómo sentir su rabo pero esta vez dentro de su coño, que ya se empezaba a humedecer. Se tumbó en el sofá sin bragas y sólo con una camiseta puesta y posó sus dedos en la apertura de sus labios vaginales, humedecidos por la lubricación de pensar en su jefe. Recordó como la había llamado “puta”, y se le endurecieron los pezones de pensar en lo ávidamente que se la había metido en la boca. Con sus dedos masajeó su clítoris suavemente, disfrutándolo; viró los ojos hacia arriba y empezó a ir más rápido, pasando a meterse los dedos en el coño y hacerlo tan fuerte como pudiera, progresivamente. Empezó a gemir del placer sin cuidado de que la escucharan los vecinos.
-Ah… ah-a-ahh ¡aaah! -y cuando se iba a correr llamaron al timbre: había olvidado que Carlota y ella eran vecinas.
Se puso el tanga rápidamente y abrió la puerta con fastidio, estaba chorreando de sudor y su vagina quería una polla para desahogarse.
-Venga tía mueve el culo -dijo Carlota con entusiasmo-. Hay que celebrar que has vuelto a follar después de siete putos meses…
-No me le he follado Carlota -dijo Henar con resignación. “Ojalá” pensó, pero no lo dijo.
-Con todo lujo de detalles Henar…
Hablaron mientras se maquillaban entre risas y pero pronto ella se volvió a sentir culpable por haberle puesto los cuernos a su pareja, aunque no le había contestado a las llamadas en toda la tarde; la frase de Carlota “Tu novio es maricón, anda que no haber tocado tus tetazas en siete meses tiene delito; de verdad que pienso que es gay, además tía, tú tienes tus necesidades… si él no te atiende, normal que caigas con otro, no te sientas mal”.
Cenaron, brindaron y a las once salieron de casa al centro de la ciudad a tomarse unos vinos. Se dieron el capricho de ir a una de las bodegas más caras. Henar iba con un vestido rojo oscuro y largo, con un escotazo en V y encaje, sin sujetador a petición de su amiga y con un tanga del mismo color que el vestido, además de unos tacones de aguja negros que disimulaban su baja estatura. A medida que andaban, el pecho botaba, lo que no pasaba desapercibido en la mirada de la mayoría de los hombres. Sus rizos caían sobre sus hombros y espalda hasta el culo, lo que la hacían aún más atractiva.
Al entrar, visualizaron el panorama: una barra con varios hombres sentados, mesas alrededor, y sobre todo hombres con dinero.
-Por gastarnos el dinero una vez en el mejor sitio de la ciudad no pasa nada -sonríe Henar y se dirigen a la barra a pedirse un Rioja.
-Invitamos nosotros a las señoritas -dos hombres puestos al lado de unos cincuenta años las sonreían con lascivia, y ellas le devolvieron la sonrisa.
-¿Y qué trae por aquí a dos mujeres tan exuberantemente bellas? -preguntó uno de ellos, y acto seguido manoseó el culo respingón de Henar, que lo apartó de un manotazo.
Una mano se posó en el hombro de Henar.
-¿Pasa algo? -se giró ella viendo un rostro familiar.
-No Daniel, nada -dijo tuteándole.
Él la miró de arriba abajo con una mirada lujuriosa que supo disimular a los ojos de todos menos a los de Henar que se había puesto roja. Carlota la dio un codazo al ver que se había quedado embobada mirándole y reaccionó apartando la mano de él de su hombro.
-Nunca te había visto por aquí -miró fugazmente a la amiga que se había quedado mirando de hito en hito; se inclinó a la oreja de Henar para susurrarle:- estás más que guapa por cierto -provocando en ella un endurecimiento de pezones al sentir su boca tan cerca de su oreja y sonrojada por el cumplido.
-Tengo novio, mejor será cada uno por su lado.
-¿Ah sí? -volvió a susurrarle dándole un mordisco en su lóbulo antes:- cuando me la mamabas esta mañana con esa cara de guarra no lo tenías en cuenta -le miró los pechos con los pezones en punta que se le marcaban detrás del vestido “Y sin sujetador la muy puta, les pegaba un mordisco hasta hacerle moratones”.
Henar estuvo a punto de soltarle un bofetón pero no lo hizo, notando cómo su cuerpo reaccionaba mojándole el tanga; él se puso cara a cara con ella, sus respiraciones fuertes al unísono, y se acabó apartando ligeramente para ver a Carlota sentada en una mesa hablando con tres hombres vestidos con camisa y traje.
Daniel la agarró de la cintura conteniéndose delante de la gente, pero volvió a susurrarle:
-El pintalabios rojo que llevas quedaría muy bien manchando mi polla, ¿no crees?
Henar sí lo creía, pero no le iba a dar el gusto.
-Que te la chupe tu novia, Silvia ¿no?, que a esa la tienes bien catada -y se dio la vuelta para irse hacia donde estaba su amiga conversando, pero él la agarró fuerte del brazo, no estaba dispuesto a dejarla marchar.
-No es mi novia ni nada parecido. Dos polvos y poco más -de repente Daniel se dio cuenta que le estaba dando explicaciones a una empleada a la que ni siquiera le importaba, sólo quería follarla ahí mismo, encima de la barra delante de todos y disfrutar de ese culazo que tenía apretado contra su polla-. Deberías relajar esa lengua antes de hablar.
Se quedó callada durante dos largos segundos, y acogió a su favor la situación: sacó su lado más seductor poniéndose los rizos en un hombro y dejando el cuello al descubierto, para después retorcer su culo en el bulto que tenía el en los pantalones, que parecía una piedra de lo dura que estaba.
“Joder Henar, sigues así y te arranco el vestido y te follo el culo encima de la barra”
-Vamos fuera -dijo sin embargo besándole la clavícula descubierta-. Necesito follarte ya.
-Te he dicho que tengo novio -después de haberle calentado la polla lo mejor que ha podido, le sonríe con picardía y le mira el bulto durante unos segundos descaradamente-. Deberías irte al baño a bajar eso.
“La pedazo de guarra me rechaza y me dice que vaya a hacerme una paja al baño, tiene cojones. Y no me disgusta” pensó Daniel apretando su mandíbula.
-Tú te vienes a mi casa.
-No -le dio con toda la confianza un beso en la mejilla, dejándole marca del pintalabios rojo y se marchó contoneándose.
La noche pasó sin más dilación, risas, de bar en bar y cada una en su casa. Daniel, por otra parte en cuanto se metió a la cama tuvo la necesidad de mirar la foto de Henar que le había hecho por la mañana; le dolía el pene de verla con las tetas al aire, la lengua fuera, los ojos cerrados y su lefa caliente repartida por su cara.
-Joooder -su polla se salía de los boxers y cogió el ordenador para ver el vídeo grabado con la cámara del despacho.
Daniel lo miraba expectante con su pene en la mano haciéndose una paja: esas dos gemelas chocando entre sí mientras él le agarraba el moño con las dos manos y le follaba la garganta.
-Puta puta puta. Te vas a cagar cuando te vea en el despacho otra vez -se hacía la paja con fuerza y rabia viendo como Henar en el vídeo le agarraba la polla con la lengua afuera y le daba golpes a su lengua con ella-. Puta zorra, te voy a poner contra el suelo y te voy a follar la boca mientras me suplicas que pare hija de puta.
Chorreó semen por todos lados y se relajó “esta tía va a ser mía las veces que a mí me de la gana, lo juro”. Poco después se relajó y se durmió derrotado.
El miércoles llego sin imprevistos y Henar llegó a trabajar a la hora, ni más ni menos. Daniel no la había dicho nada todavía sobre su ascenso, pero no se quiso impacientar demasiado con eso después de la nochecita del otro día. “¿Me habré pasado de calientapollas?” Henar se mordió el labio pensando en lo dura que la tenía aquella noche y en como ella le había calentado hasta que se escabulló del percal. Tenía un gusto culposo por Daniel, había que admitirlo, pero se sentía sucia al recordar la mamada de polla que le hizo en su despacho.
-Estoy más perdida en esta vida… -resopló con fuerza y se puso a escribir. Cuando vió de reojo a Silvia taconeando hasta su escritorio-. ¿Qué quieres ahora?
-Bájale dos tonos eh, guapa -sonrió de manera muy forzada y sin enseñar los dientes-. El jefe te quiere en su despacho a las once en punto. Y que no tardes.
A Henar se le iluminaron los ojos sin querer.
-¿No ha dicho nada más?
Pero la rubia de bote no respondió y se fue a su puesto sin dirigirle una última mirada. Siguió escribiendo hasta acabar de revisar el artículo de hoy y se dirigió al despacho. Había elegido ropa ajustada aposta: una camisa beige con dos botones sin abrochar dejando a la vista el canalillo, y unos pantalones blancos que le apretaban el coño dejando entrever su raja, así como se metían por el culo. Se sentía segura de sí y más atrevida incluso que aquella noche, ¿qué estaba pasando con la Henar de siempre? ¿Seducir a su superior? No se le ocurriría en la vida, y ahora mientras caminaba hacia él, sólo pensaba en calentarle.
Entró puntual y se encontró con él recorriéndola la figura de reloj de arena que Henar gastaba y de la que estaba tan orgullosa. Se sentó en la silla sonriendo y notó como el pantalón se hundía más en su clítoris y se acomodó.
-Buenos días, señor.
-Tutéame, que aquí ya nos vamos conociendo.
-Buenos días Daniel -enfatizó ella sonriendo.
-He estado revisando tu trabajo los últimos meses -dijo él mirando el ordenador-. Y sinceramente sí que eres buena, sabes enganchar.
-Gracias -dijo sonriendo y jugando con un mechón rizado que se le escapaba del moño.
-Te voy a dar el ascenso, pero no gratis.
-¿Qué quieres? -se hizo la inocente, con ojillos que hacían que Daniel se pusiera cachondo.
-Quiero que ni se te vuelva a ocurrir dejarme como la otra noche -se levantó y se puso tras ella-. ¿Me oyes?
-No entiendo… -él la agarró del moño y tiró de su cabeza hacia atrás, “vuélvete a hacerte la tonta” pensó su jefe con creciente cabreo.
-¿Lo vas pillando o no, guarra? -ella ponía una mueca de dolor, pero asintió con la cabeza-. Vale, ahora te vas a arrodillar mientras te quitas los pantalones.
Ella obedeció y se quitó los pantalones sin decir ni una palabra, pero su gesto dominante la hacía chorrear sin quererlo. Una vez dejados en el suelo y sin él decir nada, sonrió y se colocó a cuatro en el suelo dejando su despampanante culo redondo en pompa, y miró hacia atrás para verle a él desabrochándose los pantalones y acariciando su bulto erecto.
-Ese tanga sobra -Daniel se acariciaba la polla por encima del pantalón-. Te mereces un castigo por haberme calentado la polla el otro día…
Se sacó el cinturón y la pegó con fuerza sin hacerla sangre ante sus ojos de terror, emitiendo Henar un gemido de dolor. Otro golpe, y otro. Daniel lo estaba disfrutando, esa puta no le iba a humillar ni una vez más.
-Para por favor… espera…
-Que te quites el tanga. Vienes aquí con el pantalón apretando tu coño para que lo vea, con los botones de la camisa desabrochados, y te piensas que no te voy a follar… Estás muy equivocada -le soltó otro golpe con el cinturón dejándole el culo rojo y lleno de marcas.
Henar con dolor se quitó el tanga y lo tiró. Sentía un extraño placer entre la culpa, los golpes, y ponerle como un burro. Se giró hacia él con ojillos de cordero.
-¿Te tengo que suplicar que me metas la polla en la boca?
Daniel no se lo pensó dos veces y se bajó del todo los calzoncillos dejando su polla recta hacia ella, palpitante. “Cómemela ya Dios”.
Henar le miró y jugó con el glande, un buen capullo, y una polla gruesa y grande. Se sentía guarra y a la vez esta nueva faceta suya le gustaba. Sacó la lengua y mamó la punta haciéndose de rogar, para después mirarle mientras la succionaba lentamente y bajaba hasta un poco más de la mitad. Cogió ritmo.
-Eso es Henar… ahhh… mama ahí… -gimió Daniel con ganas-. Quiero verte las tetas… -suspiró del placer, mientras guiaba con una mano posada en la cabeza de su empleada suavemente y observaba desde arriba esos dos balones bien juntos y puestos para él.
Completamente desnuda Henar se sentía una presa ante un cazador mientras la chupaba con gusto. La agarró del pelo y la subió para ponerla contra la mesa. Daniel se quitó la camisa y la agarró del culo para subirla al escritorio. Las dos piernas de Henar envueltas en su cintura le volvían loco, esos muslos carnosos contra él, el coño depilado y grande cerrado ante él. Ella le miraba expectante a ver su próximo movimiento.
Fue directo hacia las tetas de ella mientras le daba mordiscos y se las dejaba llenas de marcas, chupándoselas y hundiendo su cabeza entre ellas.
-Joder… -suspiró ella-. Deberíamos… parar…
-No quieres que pare -le recorrió el abdomen con la lengua, bajando hasta su clítoris que palpitaba ante la llamada. Comenzó a succionar sus fluidos y su clítoris, mientras le metía un dedo por el coño, que para su sorpresa estaba bastante cerrado. “¿Cuánto hace que no follará? Si parece hasta virgen de lo apretado que está” pensó mientras le tapaba la boca con una mano, con la otra le pellizcaba un pezón y ella que gemía como si le fuera la vida en ello, ahogados esos gemidos en su mano. “Qué buena está la cabrona, y cómo me gusta”.
-Voy a follarte como nunca te lo han hecho Henar -dijo colocando su polla en la entrada del coño de ella, mientras ella con la mirada le suplicaba que la embistiera.
-Demuéstramelo.
Comenzó a embestirla y abrió el orificio de una estocada, miró su cara todavía con la boca tapada por la mano de él, y no sabía si interpretar dolor o placer en su mirada hacia arriba. Empezó lento, disfrutando, no paraba de gemir, y él temía que los escucharan.
-¿Te gusta? -sonrió Daniel.
Ella asintió con la cabeza suplicante, con esa cara de guarra que le volvía loco, como ninguna otra mujer lo había hecho así. Qué ojos, que cara, qué tetas. La penetró más fuerte, una y otra vez, y sintió el chorro de ella, como una cascada correrse en su polla, y sonrió.
-Como disfrutas pedazo de guarra -Daniel obtuvo como respuesta más gemidos cada vez mas fuertes, mientras su coño se contraía ante el orgasmo. Le pegó una bofetada, y otra, y siguió follándola más fuerte, sus huevos chocando cada vez más rápido contra su coño. Subió una de sus piernas encima de su hombro y observó cómo esas tetas le botaban con rapidez, chocaban entre sí. Le mordió una, mientras ella se moría del placer. Estocada tras estocada sintió la corrida al borde.
-Me voy a correr dentro de ti, para que tu coñito chorree de mi semen y hacerte mía.
Comenzó a salir su lefa dentro de ella, caliente, dentro de ella, no paraba de salir, y ella giraba los ojos hacia arriba del placer.
-No pares… que… me corro joder… -pero Daniel terminó, y antes de que ella tuviera otro orgasmo la sacó bruscamente, dejando un hilo blanco saliendo de su coño.
Ella le miró dolida, sorprendida y fastidiada al mismo tiempo.
-Eres una calientapollas, pues hoy te quedas sin terminar. Límpiame la polla, putita.
-No.
-Ven y hazlo -a él le resultaba divertido este pique entre ellos, y a Henar también.
-No -y se metió un dedo en el coño y volvió a sacárselo con semen, para después chuparlo y provocarle más.
La cogió del moño deshecho y la tiró al suelo.
-Abre la boca -ordenó, y ella obedeció sumisa. Se la metió en la boca mientras ella estaba tumbada hasta que quedó reluciente-. No te soporto.
Se tragó lo que quedaba de semen y sonrió con ganas:
-Ni yo -respondió Henar con picardía; él se agachó para coger su tanga y se lo guardó en un cajón del escritorio:
-Esto me lo quedo yo.
Se vistieron y Henar sonrió una última vez en el umbral de la puerta, sudada y con la máscara de pestañas corrida por los ojos:
-Gracias por el ascenso, jefe -y cerró la puerta tras de sí para ir al baño a retocarse. Iba a dar saltos de la felicidad: qué follada, que cabrón, que calentón se había llevado a último momento que no la dejó terminar. Que se vaya a la mierda Carlos por ahora, Henar se sentía liberada.
Daniel se quedó mirando por la ventana: le encantaba esta chica.
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Lo dicho, cualquier crítica constructiva, consejo, es bienvenido; gracias por leer:)
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