Xtories

Mi vida como Swinger. Vacaciones

El chalet está vacío, el sol brilla y las reglas se quedan en la ciudad. María se quita el bikini y te invita a romper los límites en el césped, donde el único testigo es el mar.

Eric Salazar8.9K vistas8.3· 6 votos

Por fin llegaron nuestras vacaciones de verano. Antes de irnos con los niños, habíamos preparado un fin de semana en la costa, en el chalet de Jordi y Carla. Queríamos una vacaciones muy activas sexualmente hablando y ese era el lugar idóneo para ello.

Cuando estuvimos con Carla y Jordi, aceptamos su ofrecimiento de dejarnos su casa en la Costa Dorada.

Nos dejamos guiar por ellos y fuimos a L Ampolla, cerca de la desembocadura del Ebro, un lugar tranquilo y lejos de las zonas masificadas.

El chalet estaba cerca de un acantilado. A dicho chalet, solo se podía llegar, por un camino de tierra que estaba a casi cinco kilómetros de la ciudad. No teníamos vecinos y la casa más cercana estaba a más de quinientos metros de nosotros.

El chalet era de lujo, contaba con piscina y jacuzzi en la parte que daba al mar. Desde la parte baja del jardín, salía un sendero que conectaba con una cala a la que solo se podía acceder por ese sendero. Lo que la hacía inaccesible para el público en general.

Carla y Jordi, se iban a descansar allí. Era su lugar favorito de vacaciones e iban bastante a menudo. Allí lograban estar islados y en total contacto con la naturaleza.

Una vez que acabamos de instalarnos, nos cambiamos de ropa y salimos al jardín a tomar el sol. Habíamos viajado de madrugada y llegamos a la hora de desayunar. Llevábamos comida para todo el fin de semana, de manera que nos preparamos unas tostadas de aguacate con tomate y jamón.

Al terminar el desayuno, decidimos salir al jardín a disfrutar del clima y de las vistas. Yo fui el primero en bajar y cuando llegué, lo primero que hice, fue tumbarme en una hamaca. Llevaba tres minutos tumbado, cuando María apareció por la puerta. Llevaba un bikini rojo, que le quedaba de escándalo. Lo primero que hice al verla, fue piropearla:

—Te sienta muy bien ese bikini rojo. Ahora mismo te lo arrancaría a mordiscos y te follaba en el césped.

—Hazlo. Estoy en modo vacaciones y en vacaciones me apetece todo, a todas horas.— Dijo María, mirándome bajo sus gafas de sol.

Una vez me dijo eso, la llevé a la hamaca más cercana y quitándole el tanga rojo, la hice tumbarse en ella.

—Espera un momento.— Dijo María, interrumpiendo mi maniobra—. Ahora salgo.

Entró en la casa y entonces fui yo, el que se sentó en la tumbona a esperar.

Cinco minutos más tarde, salió con dos copas de balón, llenas de sendos gin-tonic.

—Antes de empezar las vacaciones, hay que brindar como Dios manda.

—Por supuesto. Muy buena idea.

El brindis no tuvo desperdicio:

—Por nosotros y por… ¿Quién sabe, quién más?— Dijo mi mujer, justo antes de dar un buen sorbo a su copa.

—Por nosotros y por no ponernos sin límites.— Respondí, imitando su gesto.

Nos abrazamos después del brindis y dejando las copas en una mesita que había entre las tumbonas, seguimos donde lo habíamos dejado.

Invité a María a tumbarse, cosa que hizo de buen grado. Ella misma fue la que abrió las piernas, invitándome a invadir su intimidad.

—Me encanta como me comes el coño, más al aire libre y mejor con este sol.

No obtuvo respuesta a su comentario. Mi boca estaba demasiado ocupada degustando su intimidad, jugando con mi lengua en sus labios y tentando el agujero de su vagina, el cual, cedía produciéndole un gemido de placer.

Las manos de María, fueron a parar a mi cabeza, la cual presionaba aún con más fuerza contra su entrepierna.

La sensación de sus manos tirando de mi pelo, hicieron que mi polla se tensara bajo el bañador. Tenía una erección que me empezaba a molestar.

Me puse de pie para quitarme ese trozo de tela que tanto me incordiaba. Momento en el que María se sentó en la tumbona, de manera que su boca quedaba exactamente a la altura de mi erección.

—Ahora, déjame a mí.— Dijo, agarrándola con una mano, a la vez que comenzaba a jugar con la punta de su legua.

—Dios, que bueno.— Respondí yo, mientras María engullía mi verga hasta la garganta.

Me encantaba cuando hacía eso, era la mejor en hacer garganta profunda. Tenía la capacidad de meterse entera mi polla. Eso unido a la sensación de libertad, me estaba haciendo llegar el éxtasis demasiado rápido.

—Si sigues así, me correré enseguida.— Dije, mientras le ponía una mano en la cabeza y la separaba un poco.

—Pues córrete y lléname la boca de leche.— Dijo ella, a modo imperativo.

Al terminar de decir esto, volvió a su cometido, aún con más ahínco.

Cuando notó palpitar mi erección dentro de su boca, María se separó un poco y masturbándome, hizo que acabara encima de sus pechos.

—Mmmmmmm. Sí, que tenías acumulado. Mira como me has puesto.— Dijo, relamiéndose, mientras daba las últimas sacudidas a mi verga.

—Me has puesto muy cachondo, que esperabas.— Respondí llevando una de mis manos a su mentón hasta levantarle la cabeza, justo antes de bajar a darle un beso—. Que bien me sacas la leche. Mmmmm.

—Échate en esa tumbona, que tienes que reposar.— Ordenó mi mujer, con una sonrisa de satisfacción en su cara.

—Bueno, tu todavía te tienes que correr.— Dije a María a modo de ofrecimiento.

—Me correré ahora, no te preocupes.

Dicho esto y tras echar otro trago a su bebida, se tumbó y comenzó a masajearse los pechos, embadurnándolos con mi reciente corrida. Se puso a jugar con sus pezones, a la vez que su otra mano bajaba hasta su vulva y empezaba a jugar con su botón del placer.

Le di la vuelta a la tumbona y me puse enfrente de ella, para no perderme detalle. Cogí mi copa de la pequeña mesita y dando un buen sorbo, sonreí ante la escena que tenía ante mí. Era digna de una película porno.

María no tardó en alcanzar el orgasmo. Esta vez no se contuvo. No había nadie alrededor y un grito salió de lo más profundo de su garganta en el momento de alcanzar el clímax.

Su manera de contonearse al llegar al orgasmo, era deliciosa. Sus caderas se elevaban con impulsos involuntarios, mientras sus piernas se cerraban, atrapando entre ellas a la mano que habían sido la autora de esa masturbación tan magistral. Su boca se abrió, para liberar sus gemidos ahogados y un grito de placer escapó de su garganta. Sus pupilas se dilataron debajo de sus oscuras gafas de sol, mientras se mordía el labio inferior.

—Me encanta esta sensación de libertad. Así podemos disfrutar sin problemas y sin que nadie pueda oírnos.— Dije, mientras María volvía a su estado normal.

—Buffff. Vaya vacaciones nos esperan.— Añadió, despojándose de sus zapatillas y quedando así totalmente desnuda.

El resto del día, transcurrió sin más. Fuimos a comprar algo más de comida y organizamos todo lo de la casa. Ya estábamos preparados para afrontar los cuatro días de vacaciones que íbamos a disfrutar en ese paraíso.

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