Su carita feliz y nuestro negro
Patri siempre supo que su marido era demasiado pequeño para saciar su hambre. Cuando Edson llegó con el pedido, la curiosidad se convirtió en necesidad, y la casa se transformó en el escenario de sus fantasías más prohibidas. ¿Podrá Pepe soportar ver cómo otros hombres dominan a su esposa, o terminará perdiéndola por completo?
Patri es pelirroja y buen cuerpo. Sus padres querían llamarla Hyapatia porque admiraban a la actriz porno que les inspiró para engendrarla pero en el Registro no se lo admitieron y el nombre más parecido pensaron que era Patricia.
Nos conocimos, a sus veinticinco años y mis treinta y uno, en el establecimiento de la cadena de supermercados en que ella era cajera y yo el encargado; tuve que irme cuando acaeció lo que contaré porque nos miraban entre risitas como “el jefe cornudo” y “la calentorra” pero a Patri no le importó, se quedó, y ascendió hasta Directora de RRHH con lo que ya nadie la mira mal allí. Ni se les ocurre.
Esto ocurrió hace ya veinte años; nosotros seguimos unidos pero hablamos poco de ello aunque siempre está en mis fantasías y mis onanismos.
Realmente no éramos una pareja abierta aunque nuestro sexo, impulsado más bien por Patri, era imaginativo y desenvuelto pero pasados cinco años ella necesitaba claramente más; paseando un día por el barrio del Carmen, y creo que me llevó ella, nos decidimos a entrar en un sex-shop allí ubicado y Patri se detuvo sin reparos en la sección de consoladores y vibradores escogiendo uno grande y negro que, con un pícaro guiño, me hizo pagar en caja. Interpreté entonces que mi miembro -muy normalito de tamaño- no la satisfacía totalmente y quería experimentar otros tamaños y posibilidades.
Fué por entonces cuándo Edson ingresó en el super como reponedor y repartidor; era “el Negro” un caribeño de buena planta, trabajador, serio y cumplidor que despertó un gran revuelo entre las féminas, empleadas y clientas, pero que no parecía intimar con ninguna.
Nuestro propio pedido semanal, que realizábamos los fines de semana, Patri lo organizó, por su peso dijo, para que nos fuera entregado el sábado a última hora. Nunca he sabido si mi “cornudismo” empezó ahí, si ya lo lucía de antes o si Patri lo organizó astutamente porque, ya en casa, cuando llegó Edson con el pedido fué inevitable hacer que se quedara a tomar algo con cierto nerviosismo que observé en ambos.
Trás un par de copas y en conversación provocadoramente abierta, Patri la fué conduciendo hacia el sexo, la habilidad masculina, el tamaño de nuestros miembros ysu influencia en la satisfacción femenina. El patente y visible tamaño en el pantalón de Edson disparó a Patri:
-Siempre me he preguntado si es un bulo el gran tamaño del pene de los negros o si es una realidad-.
-Desde luego -intervine yo dirigiéndome a Edson- que si es por las películas porno disponéis de buenas herramientas y en el polo opuesto de las mingas de los orientales-
Patri se acercó a mi oído susurrándome: -Quiero verla, quiero vérsela, ayúdame por favor- que me dejó tenso, curioso y excitado.
-¿Qué tal funcionas Edson? -pregunté- ¿qué te dicen las chicas?-.
-No sé bien -respondió y ante los abiertos ojos de Patri continuó- aunque las chicas me dicen que les duele.
A mi mujer le faltó tiempo para intervenir diciendo: -Pues es fácil salir de dudas midiendo ahora que es algo que podemos hacer aquí e… incluso hacer comparaciones- y sacó, no sé de dónde una cinta métrica de costurera.
Estaba lanzada, quizá por el alcohol, y su curiosidad era ya imparable; nos puso firmes aflojando cinturones y dejándonos vergonzosamente desnudos de cintura para abajo. Yo estaba algo cortado pero Edson no tardó en despojarse de su camiseta y lucir un torso “tableteado” y un culo de admirar.
-¡Vaya Edson! -exclamó mi mujer trás sus manejos de medición- ¡Tienes una preciosa y gran polla! Es como el doble de la de Pepe y eso que la tienes colgante y él la tiene ya morcillona porque parece que esto le gusta a mi marido, 27 cm. contra 13 cm, pero la prueba no es completa si no las activamos en su máxima expresión -añadió, con lo que se abalanzó a nuestros penes y dictaminando que estaban resecos empezó a mamármela a mí y, sin embarazo alguno continuó con la de Edson.
-¡Pues alcanzan 35 cm para Edson 17 para Pepe!- dictaminó imposible ya de pararla cuando vi que se desnudaba mostrando su coño rasurado, apetecible y ya muy mojadita.
Edson estaba observando pero, buscando mi aprobación con una mirada y consiguiéndola, no tardó en tumbarla sobre la alfombra y, entre gemidos de ambos, comenzó a penetrarla. Se la estaba comiendo a pollazos con su enorme verga y ella, pegando grititos de satisfacción decía:
-¡Métemela Edie, hasta el fondo y dámelo, dámelo!- Me dí cuenta que no era la primera vez y que ya lo habían hecho a menudo cuando un intenso beso con lengua los unió largamente y su chupeteo fué desvelador de anterior confianza. Abandonado como mero espectador y envidioso yo pero enormemente excitado, no pude evitar hacerme una paja observando la cara de felicidad de Patri que se movía como una loca bajo esos caderazos mirándome hacerlo.
Sentado sobre el sofá y ellos en el suelo a mi alcance, dejé caer mi mano izquierda sobre las nalgas de Edson e inicié el avance de mi, chupado previamente, dedo pulgar en su ano hasta su próstata mientras con los demás dedos aferraba sus testículos con energía y delicadeza alternada como si no hubiera hecho otra cosa en mi vida. Poco después noté en mi mano las pulsaciones de la inacabable eyaculación del Negro dentro de mi mujer a la que oía expresivos “no pares no pares”, "fóllame más y más” y su angustioso “no te salgas y dámelo dentro” mientras abrazaba su cintura apretándole con las piernas y acariciaba con pasión sus costados y sus glúteos. Yo pensaba:”te estás tirando a mi mujer pero te tengo cogido por los huevos”.
Recuperando la dureza de mi miembro con ese espectáculo y aprovechando que se dieron la la vuelta y antes de que él descargara nuevamente (que lo hizo) con Patri sobre él, coloqué mi polla en su agujero negro admirablemente acogedor sin que todavía Edson la hubiera sacado de la vagina. Ambos explotamos en blancas inundaciones que se desbordaron sobre las sábanas mientras la feliz cara de Patri sonreía iluminada.
¡Qué ganas tenía de esto! -me confesó la muy zorra, y añadió- Es que no sabía cómo decírtelo y pensé que en caliente ibas a tragar mejor.
Una hora después todavía andábamos en pelotas por la casa, Patri transida de felicidad y nosotros siguiéndola como perros.
Sólo me faltaba una secreta fantasía y tomando la iniciativa porque para eso eran mi mujer y mi casa, acostándome en la alfombra boca arriba solicité de Patri un 69 y que el negro la penetrara a perrito que es la inmejorable posición para un gran cornudo voyeur: mi lengua en clítoris, testículos golpeando mi nariz y el periné de ella, además de una polla enorme entrando alternativamente en un coño distendido y en mi mamadora boca. Yo chupaba y mamaba hasta que me dieron calambres en la lengua. Patri, entre lametones y tragos hasta las amígdalas de mi propia polla, me decía; -¡Pepe, se la estás mamando, no serás marica pero te estás aficionando!-.
Edson se corrió como una fuente y yo aguanté como pude a riesgo de ahogarme.
Nuestro negrazo era y es un hombre educado y cuidábamos mucho la higiene; gustábamos de una buena ducha previa y varias veces les sorprendí, Patri y Edson, con envidia y deseo de incorporarme a brillantes cópulas bajo la ducha. Él la cogía levantándola con fuerza y la ensartaba por el coño hasta correrse. También me pedía a menudo en la cama que, “por favor”, pellizcara sus huevos mientras follaba a mi mujer, que cogiera su polla como manguera para ayudarle en la penetración o que le ayudara en la colocación de un anillo en la base de su pene para prolongar la erección mientras Patri aplaudía el espectáculo. No puedo negar que todo era tan excitante que yo ya le esperaba tan ansioso como mi mujer.
En otra ocasión ataron mis manos al cabecero de la cama porque les distraía que me pajeara mientras follaban; mi eyaculación, sin poder tocármela fué difícil y algo dolorosa pero de las más satisfactorias que recuerdo. Utilizábamos mucho lubricante pero llegué a pelarme algo la polla de tanta ansiosa paja y tuve que descansar unos días de tanta manola.
Pero Edson encontró un trabajo en Barcelona y se nos fué. Yo trabajaba por entonces de encargado de noche en una empresa de securatas y Patri no tardó en pedirme que, puesto que ella no podía por su mucho trabajo, me ocupara yo de encontrar algún “negrito”.
Mis esfuerzos resultaron infructuosos porque no puse mucho interés al principio pero, cuando ella compró un masajeador Hitachi de gruesa cabeza y yo ví que observaba arrobada películas porno de Blacked con desmesuradas pollas chocolate, comprendí que estábamos en un camino sin retorno; a Patri lo que le gustaba eran las pollas negras grandes y cuando Edson dejó de venir, utilizaba el consolador aquel que habíamos comprado aunque se le había quedado pequeño. Intentaba yo, en esos casos, hacerle una doble penetración vaginal pero el consolador era para mí muy duro y para esa experiencia tuve que esperar a que, alguna vez, consiguieramos algún negro que no se opusiera en absoluto aunque ella sí fué la que entonces se quejó y no pudimos repetirlo.
El masajeador fué un paréntesis a pesar de mi intensa colaboración junto con el manejo manual de aquel vibrador grande negro que había permanecido en el cajón de la mesita de noche de mi mujer. Intentamos también un exhibicionismo filmado para alguna página pública de Internet pero, aunque salió muy bien, no nos atrevimos a publicarlo porque no queríamos salir de nuestra cómoda y excitante burbuja,
Los primeros intentos de colaboradores folladores no resultaron, bien por zafiedad, por falta de talento o porque no aceptaban mis intervenciones de manos ni de mi boca ni de mi polla. Los negros no resultaban muy exigentes porque su ilusión era “hacerse una blanquita” aún a costa de un cornudo mirando o interviniendo, cosa ésta que siempre acababa intentando.
Fuimos disminuyendo nuestra loca y sumisa actividad e incluso Edson nos visitó con una negraza que traía de Barcelona, pero no nos hizo mucha ilusión que ella interviniera a pesar de su ahínco y notable vocación. Su coño era rosadito y dulce pero su bocaza y aliento cuando la besábamos a tornillo la eliminó como aspirante. Edson seguía en forma y quisieron despedirse a solas mientras la negra y yo esperábamos en el salón aguantando los excitantes gemidos de mi mujer que luego salió con los ojos como platos como hipnotizada.
Ya dije que esto fue hace veinte años más los cuatro que anduvimos en estos trances y ahora a Patri le ha dado por comprar ligueros, antifaces, cadenas y fustas.
Me llama con la voz algo ronca… no sé qué querrá aunque lo intuyo porque seré cornudo pero no tonto… o también porque me parece que se ha ha traído al vendedor del sex-shop para alguna demostración.
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