My best friends mother - Parte 2
La humillación pública encendió una chispa oscura en su mente. Cuando la madre de su rival lo ayudó a bañarse, el límite entre la amistad y el deseo se desvaneció bajo el agua tibia. Ahora, atrapado entre el deseo prohibido y la ruina familiar, no sabe si fue un sueño o una invasión real.
La señora Mariví se acercaba, y me daba un abrazo, mi rostro reposaba en sus bustos, lo cuáles sostenían firmemente mi cabeza, sentía asfixiarme por momentos en un cálido lugar.
Percibí un cosquilleo en mi zona íntima, una leve presión que por momentos se hacia más intensa a la vez que surgía de mi zona baja, su mano acariciaba los alrededores como inspeccionando algo férreo, inmediatamente me lo puso como el Burj Khalifa. En medio de ese estado un tanto esponjoso y nubesco, busque su rostro, quería ver la expresión que tenía la señora Mariví, hice un esfuerzo por levantar la cabeza pero no lo conseguí, entonces como si de un cambio de canal de televisión ochentera se tratara, ¡Me desperté!
¡No podía creerlo!, como era capaz de soñar algo así, mi mente divagaba, definitivamente yo no era un pervertido. ¡Que pensaría la señora Mariví si se enterase!
Recordé que hoy era el gran día, satisfecho revisé el calendario, encerrado en un círculo y marcado como el día D.
Sí, hoy era el cumpleaños de Andrea, cogí la carta que había preparado con anticipación. Estaba feliz, nada podía salir mal....
Durante el día recibí reprimendas de mi.madre por lo distraído que me encontraba, y es que no podía ser de otra forma, hoy pensaba en el futuro. Rápidamente me bañé y me puse mi mejor prenda, una pulcra camisa sin lineamientos a la vista, ropa de vestir a lo italiana, el mejor perfume de mi padre, gel para el cabello, y listo. Por si acaso le añadí perfume a lo más importante, la carta. Salí repitiendo varias veces lo que iba a decir, no vaya a ser que me trabe hablando, por lo que procuraba memorizar las frases románticas.
—¡Ey! Te llamé varias veces.
Era Daniel, el hijo de la señora Mariví, mi ex mejor amigo.
—Veo que te diriges al cumpleaños de Andrea, por nuestra amistad pasada te pido que desistas, verás a mi también me gusta Andrea.
—¿Porque haces esto? -le corté.
—Mira una vez mi padre me dijo que en el mundo hay muchas mujeres como estrellas en la noche, pero también sé que no todas están cerca a la Tierra, ¿Me entiendes?
No le respondí, solo tenía un odio profundo.
—Para mi Andrea es la Luna y yo el Sol que la complementa, tu estás aquí en la Tierra —señaló con un dedo el suelo– solo podrás observar pero nunca estarás cerca.
—¿Cuántos años pasamos juntos en diversas aventuras, nos conocemos desde pequeños? ¿Por qué tengo que ser yo el que de el paso al costado?
—Por la ley de la selectividad, soy el mejor partido. Pero también soy un caballero, te doy la opción de dar un paso al costado. Si no recibe las consecuencias.
Me llene de coraje y empuñé las manos dispuesto a darle un derechazo, pero su compañero que lo seguía me agarró por los hombros imposibilitado cualquier acción que me propusiera. Me quito la carta, la leyó y se echó a reír mientras lo rompía en pedacitos que cada vez se hacían tan pequeños como mis ilusiones.
–"Un sapo queriendo comer carne de cisne".
Dijo esto último mientras me lanzada un puñete en la boca del estómago, su compañero me lanzo hacia un charco de lodo que estaba cerca.
Y así con mis sueños frustrados me quedé inmóvil, perdido en pensamientos cada vez más contradictorios.
No entendía porque tenía que ser tan cruel, yo nunca le había faltado el respeto y yo le consideraba uno de mis amigos a los que le tenía mucha confianza. Entonces recordé unas palabras que me dijo mi abuelo que en paz descanse:
No subestimes el poder de una mujer, recuerda que por Helena se incendió Troya.
Hoy lo comprobaba, pero que importaba ahora cuando mis objetivos habían sido cortados y de una manera tan ruin.
En seguida pasaron varias personas que me miraban con curiosidad, seguidamente algunos susurros y pequeñas risas algunas burlescas sin reparo.
Una pequeña luz se encendió en mi cerebro, como si de una bombilla se tratara, un halo de esperanza surgió en mi mente. Podría ser está mi oportunidad para destruir a Daniel, sonreí en mi interior al ver la cámara en el segundo piso de una casa cercana, y apunta directamente a este lugar, pensé. Con esto las cosas a mi favor inclinaban la balanza, después de todo:
¿Porque tenía que morir como culpable un inocente?
Pero antes tenía que ir a la casa de Andrea y explicarle lo sucedido, desenmascarar las patrañas de Daniel, incluso podría demostrar mi amor por Andrea, luciría como un justiciero del oeste. Existe una reflexión que dice: ¿Cuántos hombres perdieron a la mujer de su vida solo porque no se animaron a encontrarla?
Llegué al local donde se desarrollaba el cumpleaños, curiosamente una hermosa melodía tocó mis oídos: ¡Matrimonio de amor de Richard Clayderman!
Las notas provenían de un pianista que tocaba con manos expertas en una esquina. Seguidamente varías personas sacaban su celular mientras grababan la escena que se veía en los medios.
Un joven llevaba un gran peluche y este tenía una carta en sus frondosas manos, procedió a decir palabras románticas cuyas letras conocía. Las chicas a mi delante gritaron de emoción ante este suceso, se escucharon los flash de las cámaras y algunas palmas sonaron al compás de la música.
Todo, absolutamente todo me lo había copiado desde la canción, la carta, incluso las letras.
Nadie se percató de mi presencia, y tal como llegué me fui, De fondo se escuchaba los vítores cargados de emoción por los nuevos novios, la realidad te golpea muy fuerte y en ese momento morí por dentro. Llegué a mi casa y no me importó ni tomar la cena o los reclamos que me daría mi madre por haber estropeado el traje. Pero de una cosa estaba seguro y es que ya no sería el de antes...
Los siguientes días fueron un martirio, me sentía como un zombie, estaba seguro de que si fuese al médico, exclamaría de manera rotunda:
¡Señora, su hijo es un zombie!
Mi madre estaba preocupada con mi aspecto, y es que no podía de ser otra forma, el apetito se me había ido, no podía ingerir más de diez cucharadas, cuando intentaba dar una más, sentía unas náuseas surgir de mi vientre. Y por si no fuera poco, un dolor pulsante en la zona frontal de la cabeza afligía mi existencia.
—No sé que es lo que te sucede. Te pasas el día sin hacer nada, no me escuchas, y lo peor es que no me cuentas que es lo que te ocurre —se acercó e hizo una mueca de asco– ¡Hace cuánto que no te bañas!
En ese momento sonó el timbre de la casa.
—Debe ser Mariví...
—¿Que hace aquí? —pregunté sorprendido.
—Le pedí ayuda sobre tu caso.
No quería verla, así que traté de escaparme.
—Mamá, voy al baño...
Con pesar, me dirigí a la ducha, y procedí a bañarme monótonamente
¡Pum! ¡Pum! ¡Pum!
Escuchaba a mi cerebro bombear con un dolor palpitante.
¡Flash!
Resbalé, sentí la caída en cámara lenta, momentos después mi cuerpo estaba estirado y mi cabeza mirando al techo.
Escuché los pasos de personas acercándose.
¡No puede ser! ¡Estoy desnudo!
Intenté levantarme pero parecía que había perdido fuerza en los brazos. Mi madre y la señora Mariví entraron raudamente, revisaron mi cuerpo y al ver que no tenía lesiones se calmaron.
—¡Que susto! Solo fue una caída —mencionó mi madre.
—Le ayudo a terminar de bañarse, se ve que está adolorido –propuso Mariví.
—¿En serio? —cuestionó mi madre.
—Si, para eso vine, tengo que ayudar —respondió Mariví.
—No sé cómo podré pagarte... —dijo mi madre preocupada.
—No tienes por qué pagarme, somos amigas, recuerda.
Debí de haber tenido una cara de atontado por lo que no preguntaron mi opinión. Si bien era agradable sentir el agua tibia, no podía estar más avergonzado.
—Quédate quieto —me dijo la señora Mariví al ver que trataba de cubrír mis partes íntimas.
—No importa, no te preocupes —lo decía mientras se reía.
Sus manos recorrieron mi espalda, por un momento sentí que se detenía demasiado tiempo en algunas zonas, cuando llegó a mi abdomen y peligrosamente sus manos fueron descendiendo con parsimonia, me puse más nervioso.
—Tranquilo, Yo te lavaré las piernas y tú te encargarás de tu "compañero" —propuso la señora Mariví mientras soltaba una carcajada.
El baño terminó sin más contratiempos, me ayudó a secarme y me dirigí a mi cuarto a descansar, la señora Mariví se puso a dialogar con mi madre, el tenue sonido de la conversación llegó a mis oídos. La señora tranquilizaba a mi madre planteando que mi problema se debía los cambios hormonales, supuestamente una característica era la rebeldía. Pero unas palabras de mi madre alarmaron mis sentidos:
"Su padre llega mañana".
Tal como llegó la jaqueca, se fue, ahora entendía porque muchas personas prefieren baños con hidromasajes o aguas termales. Y es que el murmullo del agua, sumado al cómodo colchón me envolvió en un ambiente sereno, sentí el abrazo de Morfeo y con ello la proyección de mi perspectiva de vida se encogía gradualmente.
En aquel estado de trance, camino a otra dimensión, sentí unos pasos acercarse, seguido de un extraño silencio que me rodeó completamente, pronto se vio interrumpido por el delicado roce que sentí en mi vientre, casi imperceptible, como queriendo encubrir cierta culpa. Suaves toques de tanteo continuaron por diversas partes de mi anatomía a modo de inspeccionar mi estado.
Parecía coger más seguridad, y una vez más, una extraña sensación inundó mis sentidos cuando una aureola de calor rodeó mi entrepierna, solo la fina capa de tela de mi bóxer actuaba de frontera, sentía que esa barrera un tanto endeble podía ser derribada en cualquier momento. Pronto mi pronóstico se hizo cierto en el momento que la temperatura incremento sustancialmente, y un calor mucho mayor me ahogó.
Las murallas de Constantinopla habían caído y sin lugar a duda me encontraba a merced del invasor.
Mi entrepierna ya hacía tiempo que estaba como hierro caliente y era moldeada constantemente al antojo del invasor. Parecía que iba a alcanzar un punto de quiebre antes desconocido para mí y una ola de calor tan grande como un tsunami se originó de lo más profundo de mi ser. Y de pronto se puso blanco, y comprobé que lo que profetizó Buda era cierto, había alcanzado el Nirvana. Era extraño porque una fontana fluía de mi interior.
¡Ah!
Un quejido de asombro rompió la escena y mi curiosidad alcanzó el Everest, luché con todas mis fuerzas pero solo conseguí ver bajo una capa nublosa una silueta que se alejaba sigilosamente. No pude más y esta vez con seguridad traspasé a la otra dimensión. Me desperté al otro día, una vergüenza envolvió mi cuerpo al comprobar que mi ropa interior estaba mojada
¿Me había orinado?
Recordé lo que había pasado y no sabía si era un sueño o realmente había sucedido. Si esto último fuese la verdad, la señora Mariví, una mujer decente y casada tendría alguna responsabilidad, rápidamente entre en un dilema y como diría Hamlet:
"Ser o no ser, esa es la cuestión".
Los momentos que pasaba con la madre de Daniel estaban relacionados con los extraños sucesos, el de ayer fue el más intenso, tanto así que parecía real, una señora recatada y sobre todo casada no podía haberlo hecho ¿O si?
Con un auge de dudas me dirigí a la cocina para preguntar a mi madre sobre esta cuestión, tal vez podría averiguar alguna pista. Pero no fue a ella a quien encontré.
—Buenos días, padre.
Normalmente me responde con una afirmación, pero estaba pensativo, con la mirada fija en un punto, solo abría la boca para terminar el desayuno. ¿Qué le dijo mi madre? ¿Acaso conversaron sobre mi situación? Pensando un poco más, de seguro llegó en la madrugada, él trabaja como técnico en una mina de cobre, de las más importantes del país, razón porque no lo veo mucho tiempo debido a su complicada jornada laboral.
¡Ejem!
Hago un ruido obligatorio para no ser ignorado, obtengo lo que busco y me mira fijamente.
—Has preocupado a tu madre. ¿Cómo estás?
—Solo fueron unas jaquecas —intento suavizar la situación. — Ahora estoy mejor.
—Bien, no necesitamos más preocupaciones en esta casa.
Intento obtener más explicaciones, por lo que pregunto dubitativamente.
—¿Por qué?
No responde, un silencio incómodo inunda la sala. Trato de preguntar de nuevo pero él se levanta como un autómata. ¿Acaso también es un zombie?
Termino de servirme el desayuno y escucho pasos tras la puerta, la comida está salada, pero tengo hambre después de mucho tiempo y no me importa lo que entre en mi boca. Ya habrá tiempo de quejarme por el estado del desayuno. Los sonidos de los pasos tras la puerta aumentan, como una danza mal coordinada vienen y van. Parece que mis padres discuten en el pasillo, al principio en voz baja pero ahora puedo distinguir algunas palabras. Al final escucho un portazo proveniente de la puerta que da a la calle.
Termino de comer y me acerco al pasillo, oigo gemidos al otro lado, mi madre está llorando. Me congelo, me siento mal por lo que he causado, hice mal en guardarme todo, decido pedirle perdón por la preocupación de estos días, hablar con ella sobre todos los problemas que tengo, contarle sobre Daniel, Andrea y, ¿Los sucesos de la señora Mariví?
Está hincada en una esquina, con el rostro entre sus brazos. Su estado me preocupa.
¡Ejem!
Levanta la cabeza, corren cántaros por sus mejillas, cojo valor y cuando estoy a punto de abrir la boca, ella me gana y lo que dice a continuación me deja en estado de shock.
—Tu padre fue despedido.
No hablo por la sorpresa, ella continúa.
—Se está quedando sordo y no pasó las pruebas médicas. Lo consideraron, no apto.
—Eso no es todo, verdad —respondo finalmente.
—La deuda que sacamos para construir la casa sigue en pie, la próxima cuota no podremos pagarla.
—Debe haber una solución —propongo sin saber la respuesta.
—Si, ya lo hemos discutido, en estos tiempos de crisis afortunadamente tenemos amigos, tu padre acaba de reunir el poco dinero que nos queda para comprar un regalo para el día de cumpleaños del esposo de Mariví.
Esto último me descoló completamente, no podía creerlo. Mi madre al ver mi aspecto mencionó con un rostro esperanzador.
—Recuerda que el esposo de Mariví trabaja como superintendente en la compañía minera. Él podrá ayudarnos.
Sentí un nudo en mi cuello, no podía contarle nada. ¿Qué le iba a decir? ¿Que tenía problemas con Daniel? ¿He de decirle que estaba enamorado de la novia del hijo de su amiga? Ni que decir sobre cuestionar los actos de la señora Mariví. Así que tragué todo y cerré la boca.
—Tranquilo hijo, tu deber es estudiar y salir adelante —mencionó a la vez que empujaba con su mano para que no la vea más en ese estado.
Consternado, me fui con pasos lentos, llegué a mi cuarto y me puse a estudiar de verdad.
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