Xtories
Dominaciónjul 2024

Fantasías I (1/2)

Sabe que cada mirada en el restaurante es una sentencia. Sabe que su plato no es comida, sino su propia degradación. Y aún así, con la lengua lista para lamer el plato vacío, ella no puede negarse a obedecer.

Raquel306.1K vistas9.4· 7 votos

En una de estas fantasías mi Señor me lleva a pasar el día a una localidad no muy próxima a la nuestra, donde sea difícil (si no imposible) encontrarnos a alguna persona conocida. Para esta jornada Él elige mi atuendo: una falda corta, sin tanga, con plug, una camiseta escotada, un sujetador que deje fuera mis pezones y unos zapatos altos. En el coche debo sentarme con la falda levantada para dejar a vistas mi coñito (que ya luce reluciente) y en ocasiones voy dejando al aire mis tetas para deleite de mi Amo, que es quien conduce.

Al llegar a la localidad y aparcar el coche se coloca en los asientos traseros (donde tenemos las lunas tintadas) y se saca la polla indicándome que también debo ir a la parte trasera para hacerle una mamadita; la postura que debo adoptar es de rodillas sobre el asiento trasero, con el culo en pompa, la falda levantada y mis domingas al aire. Cuando mi Dueño lo cree conveniente nos recolocamos la ropa y salimos a pasear. Durante el paseo me lleva cerca de su cuerpo, pasándo la mano sobre mi trasero, amasándolo y haciendo que la falda se levante accidentalmente mostrando mi culo a todo el que lo quiera ver.

Después de caminar durante un tiempo busca una terraza en la que hayan mesas altas con taburetes para tomarmos una cerveza, escoge la mesa de mayor visibilidad para los viandantes y hace que me siente sobre uno de los taburetes, me recuerda que entre mis rodillas debe haber un espacio mínimo de un palmo (unos 20-25 centímetros) y me recoloca las piernas en abertura que Él cree la apropiada para mi, también me recuerda que debo sentarme bien erguida, lo que hace que mis pezones resalten y se marquen sobre la camiseta; mi Esposo se sienta junto a mí, pero sin tapar las vistas a quien quiera verlas, de vez en cuando me acaricia piernas y brazos pasando accidentalmente su mano sobre mis pezones. Terminadas las consumiciones volvemos a pasear hasta llegar al lugar donde comeremos y nos acomodamos en la mesa que se nos indica, cuando el camarero que nos va a atender pregunta:

Camarero: ¿Qué desearan tomar los señores para beber?

Amo: para mí una cerveza para mi puta el agua bastará por el momento, gracias. Y, por favor, diríjase únicamente a mi, en singular -remarca-.

Obviamente yo en esos momentos no sé donde esconderme y agacho la cabeza, en cuanto el camarero se retira mi Amo me dice levantándome la barbilla y haciendo que le mire a los ojos:

Por avergonzarte de ser mi puta te has ganado 400 azotes, dependerá de cómo sigas comportándote a partir de este momento que te dé una pausa cada 100 o 200 azotes. Te sugiero que le pidas disculpas al camarero en cuanto vuelva y agradezcas todo lo que te traiga.

En cuanto el camarero llega con nuestras consumiciones:

Yo: Lo siento señor. Muchas gracias por su atención -le digo con una amplia sonrisa-, es usted muy amable.

Camarero: ¿Ya sabe el señor qué desea para comer? -dirigiéndose a mi Esposo y casi pareciendo que yo no existo-.

Para mi un crep de marisco de primero y un entrecot con guarnición de segundo. Para mi esposa una ensalada mediterranea sin cebolla será suficiente, ya sabe, debe guardar la línea -le responde mi Amo guiñandole el ojo al camarero y con una gran sonrisa-. Por cierto, por favor, no nos traiga la comida hasta que me acabe la cerveza, pues deseo una copa de vino blanco para el crep.

Camarero: Claro señor, como usted desee.

Han pasado 15 minutos cuando nos traen la comida y vuelvo a agradecer al camarero su atención, en cuanto éste se gira para marcharse mi Dueño me formula la siguiente orden en un tono de voz que estoy segura que él ha podido escuchar al menos el inicio de la oración:

Putita, mientras yo como tú observarás cómo lo hago, sin poder tomar nada hasta que yo lo considere oportuno.

Sí Señor -respondo de forma inmediata y enérgica-, como usted disponga -añado con una sonrisa- (y noto cómo mi coño sigue emanando fluidos y mojando mi entrepierna).

Unos 20 minutos más tarde mi Amo ha finalizado con su entrante y esperamos a que venga el camarero a retirárselo, cuando lo hace:

Amo: Gracias, no es necesario que se den prisa en traerme el segundo, me vendrán bien unos minutos para acabarme esta copa de vino (la cual está prácticamente llena) y así me traerá después una copa de vino tinto para la carne.

Camarero: Por supuesto señor, como usted desee.

El camarero no puede evitar poner cara de sorpresa al ver mi plato intacto, mi Esposo se da cuenta y le comenta:

Amo: Mi puta no merece comer a la vez que yo, así que esperará hasta que yo finalice mi comida para poder hacerlo ella -le responde con una sonrisa irónica- no le he avisado con antelación porque quería que igualmente le sirvieran el plato, debe aprender a no tocar nada hasta que yo le indique que puede hacerlo. Estoy seguro que se sorprendería de lo que le gusta que la trate así ¿a que sí, putita mía? Dile a este amable caballero cómo te sientes.

Sí Señor, me gusta mucho la forma en que me trata, me encanta ser su puta esposa sumisa. Me pone muy cachonda el ser la putita obediente de mi Señor. - Respondo mirando a mi Esposo con una gran sonrisa-.

Amo: ¿A que estás tan cachonda que tienes la entrepierna chorreando?

Yo: Sí Señor, usted conoce muy bien mi cuerpo.

El camarero, ojiplático, se retira. Ya nos hemos percatado de que hemos levantado la curiosidad tanto de los comensales de diferentes mesas que nos rodean como de otros de los empleados del local, pero mi Dueño hace como si nada, así que yo intento actuar de igual modo.

Pasados unos 15 minutos mi Señor finaliza con su copa de vino blanco, le hace un gesto a nuestro camarero para que no se dé prisa, de manera que pasan otros 10 minutos hasta que viene a retirarle la copa vacía.

Muchas gracias por su atención -le digo yo con una sonrisa al camarero en el momento en que le retira la copa a mi Esposo.

El camarero al no saber qué o cómo responder se limita a hacer una inclinación con la cabeza y da media vuelta. Mi Señor sonríe con suficiencia.

Al momento el camarero pone ante mi Amo el plato con la carne y la guarnición que ha pedido así como la copa de vino tinto solicitada anteriormente. Le vuelvo a dar las gracias y él vuelve a hacer el mismo gesto.

Pasados otros 30 minutos mi Dueño da por finalizado su segundo plato y hace venir de nuevo al camarero.

Camarero: Sí señor, ¿qué desea? -le pregunta éste a mi Amo-

Amo: ¿Podría traerme la carta de postres, por favor? -responde mi Señor.

Camarero: Por supuesto, en seguida la traigo.

Amo: No te apresures, no tenemos ninguna prisa, ¿verdad putita? -me pregunta mi Amo mirándome al realizar esta última pregunta.

Yo: Por supuesto que no, mi Señor. Estaremos aquí hasta que usted decida. -Respondo con mi mejor sonrisa (aunque por dentro estoy muriéndome de hambre, el plato de ensalada lleva ante mí algo más de 1 hora y antes de salir de casa tomé la lefa de mi Amo por desayuno)-.

Amo: Pues ya has oído, no hay ninguna prisa por nuestra parte -dice mi Amo dirigiendose al camarero-.

Camarero: De acuerdo, volveré en unos 15 minutos -anuncia el camarero-.

Amo: Que sean 20 -le dice haciéndole nuevamente un guiño al camarero-.

Pasados algo más de 20 minutos regresa de nuevo el camarero con la carta de postres entre las manos:

Camarero: Aquí tiene, señor.

Amo: ¿Alguna recomendación?

Camarero: Todos los postres de la carta son caseros, están todos buenísimos, aunque a mí los que más me gustan son los que llevan chocolate.

Amo: Gracias, lo tendré en cuenta. Déjeme unos minutos y ahora le digo por cual me decanto finalmente.

Camarero: Sí señor, como desee.

El camarero nuevamente se retira hacia la zona acotada para el servicio (al pobre chico le estamos haciendo dar más patadas que en un partido de fútbol). Pasados otros 10 minutos aproximadamente mi Señor le hace señas para que venga:

Camarero: ¿Sí, señor? ¿Sabe ya qué postre va a tomar?

Amo: Sí, me decantaré por un brownie con helado de vainilla. Muchas gracias.

Nuestro camarero emprende de nuevo la marcha y cuando a penas ha dado un paso:

Amo: ¡Oh! Disculpa, ¿podría indicarme dónde están los aseos?

Camarero: Por supuest señor, si viene conmigo hacia la barra verá que la puerta de los aseos está al finalizar ésta.

Mi Amo se levanta, mi guiña un ojo y se va hablando con nuestro camarero -aunque no logro escuchar nada de la conversación-. Pasados unos 10 minutos mi Amo regresa a su lugar y al poco tiempo nuestro camarero regresa con un plato portando su postre.

Camarero: Aquí tiene. ¿Café?

Amo: Gracias. Pues aún no lo he decidido, ¿puede volver cuando haya finalizado mi postre, por favor?

Camarero: Desdeluego. Buen provecho.

Otros 20 minutos más tarde mi Señor da por finalizado su postre, aunque se ha dejado casi la mitad del mismo. Le hace una seña al camarero y éste acude rápidamente a su llamada:

Camarero: ¿Sí señor? ¿No le ha gustado el postre? Veo que se ha dejado casi la mitad.

Amo: ¡Oh! Sí, sí que me ha gustado, pero ya estoy lleno y no puedo más. ¿Has conseguido lo que te he pedido?

Camarero: Sí, claro

Amo: ¿Los 4?

Camarero: Sí señor, los 4.

Amo: Bien, pues ahora voy a necesitar otros 4 más ¿será algún problema?

Camarero: ¿Problema? ¡Qué va! Ninguno.

Amo: Pues bien, si no le importa, cuando pueda -pero recuerde, sin prisas-, me trae un café sólo y una copa de ponche, por favor. Lo otro lo traerá en cuanto me acabe el café y la copa.

El camarero afirma con una inclinación de cabeza hacia mi Esposo y vuelve a emprender la marcha hacia la zona de la barra, pero no sin antes mirarme de una manera lasciva, la cual me sorprende e incomoda a partes iguales. Cuando se gira y se va miro a mi Señor y veo que está sonriendo con diversión en sus ojos, pero obviamente no me dice nada y se limita a encogerse de hombros como si no supiera de qué va el tema.

Unos 15 minutos más tarde le sirve el café, la copa y un par de bombones de chocolate a mi Señor y vuelve a marcharse sin mediar palabra. Mi Señor invierte otra media hora en ingerir sus últimas viandas. Nos hemos quedado como únicos clientes del local y algunas de las personas trabajadoras también han salido ya, pues desde que hemos entrado sobre las 14:15h han pasado algo más de tres horas y ahora son pasadas las 17h, hora de que cierre el local para el descanso del personal hasta la hora de las cenas.

Cuando mi Señor finaliza

Amo: Por favor -dice levantando la mano-, si es tan amable ya puede traer los condimentos para la ensalada. Gracias.

Al momento llega el camarero portando una bandeja en alto, en cuanto la baja veo que hay cuatro preservativos usados y anudados con semen dentro.

Camarero: Aquí tiene, señor.

Amo: Putita, nuestro camarero y algunos de sus compañeros han tenido una gran consideración hacia tí y te han preparado el condimento que más te gusta para tu ensalada. Coge uno por uno, vacíalo sobre tu plato y después chúpalo bien para no desperdiciar ni una gota del semen que tan amablemente te han preparado.

Yo: Sí, Señor -respondo con la cabeza baja.

En seguida empiezo a realizar la tarea que me ha encomendado mi Amo. Chupados los cuatro preservativos como si de las cabezas de las mejores y más sobrosas gambas se trataran comienzo a tomarme mi ensalada. Cuando me he acabado hasta el último trocito de lechuga mi Esposo me reprende:

Amo: Putita, no te lo has acabado todo… Aún te quedan restos del semen que tan amablemente te han preparado. Lame el plato como tú sabes y, por supuesto, no utilices tus manos para levantarlo.

Yo: Sí, Señor.

Me puse a lamer el plato con las manos tras mi espalda (sé que cuando mi Amo me pide que no haga uso de las manos le gusta que las coloque de este modo). Mientras me tomaba mi ensalada se colocaron próximos a nuestra mesa nuestro camarero -de unos 20-22 años) y dos hombres más (de unos 50-55 años). Cuando finalicé de lamer el plato, dejándolo lo más reluciente que pude, levanté la cabeza para mirar a mi Amo. Éste me acercó el plato con el postre que le había sobrado y le volvió a hacer un gesto a nuestro camarero, quien se fue rápidamente hacia la barra y volvió de nuevo con una bandeja en alto. Al bajarla volví a ver cuatro preservativos, usados, llenos y atados sobre ella.

Amo: Putita, ya sabes qué has de hacer.

Yo: Sí, Señor.

Volví a escurrir sobre la comida que iba a tomar y chupar como si de cabezas de sabrosas gambas se trataran los cuatro preservativos llenos de semen. Una vez finalizada esta tarea comencé a tomarme el postre, aunque me sentía muy observada (además de mi Amo estaban los otros tres hombres que no me quitaban el ojo de encima y no cesaban de tocarse sus pollas por encima del pantalón. Una vez acabé de tomarme el brownie y lo que quedaba de helado miré a mi Señor, Èl con un gesto de cabeza me indicó que no me había acabado el plato: faltaba que lo lamiera con mi lengua tal y como había hecho con el de la ensalada. Finalizada la tarea mi Señor me dijo:

Amo: Muy bien putita, ¡veo que tenías hambre!, jajaja. Ahora debes agradecer a estos tres señores el que se hayan quedado después de su jornada laboral para que la putita pudiera comer. Arrodillate ante el camarero que tan amablemente nos ha servido y hazle una buena mamada.