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Vacaciones en la República Dominicana. Día 8 (fin)

Fran nunca imaginó que sus vacaciones de bodas serían el escenario para dejar atrás los tabúes y entregarse a una lujuria sin límites. Entre playas desiertas y camarotes secretos, la línea entre la amistad y el deseo se desdibuja hasta convertirse en una orgía de sensaciones prohibidas.

Ella con otros9.4K vistas8.7· 6 votos

Día 8

Fran apenas durmió. Esa noche había hecho demasiadas cosas que nunca se había planteado, sin duda Melissa era como un diablillo provocador y se habían dejado arrastrar.

Jamás pensó que su mujer hubiera ido pasando de mano en mano, de boca en boca entre cuatro auténticos sementales dominicanos, ni mucho menos que se atreviera a provocarles, a todos, el mayor calentón de sus vidas. Ni siquiera pensó nunca que haciéndose la borracha podrían escapar de un peligroso juego como ese. Pero de todo, lo que para él había traspasado todas sus fronteras era como habían follado aquella noche con Joao y Melissa. Nunca pensó en que acabaría comiéndose una polla, la de Joao a medias con las dos mujeres, y ni de coña, que acabarían haciendo “el tren del amor” con su mujer y con Melissa, y por supuesto Joao. Recordó como se había follado el culo de Joao, mientras follaba el de su mujer y Belén tumbada en el suelo les comía los bajos a todos matándoles de placer. Recordó como se lo habían follado a él y él había hecho lo propio con Belén, mientras Melissa ocupaba su lugar. Ni se arrepentía, ni se avergonzaba de nada, simplemente se había dado, pero aquello le tenía desvelado.

“Buenos días amor” le dijo Belén al ver que ya estaba despierto.

“Buenos días” la digo abrazándola como queriéndola sujetar para que no saliera de la cama. “Anoche nos pasamos dos pueblos y medio, no” continuó.

“no es normal la gilipollez que hicimos calentándoles a todos y haciéndonos las borrachas para librarnos de ellos, nos podía haber salido muy mal. Imagínate que os dan una paliza y acaban violándonos o algo similar” dijo la Belén seria y racional que no había aparecido hasta ahora en todas las vacaciones y continuó “Anda que como me va a mirar ahora Oswaldo durante todo el viaje de vuelta!”

“¡Hostia si es verdad! Se me había ido la bola por completo” cayó Fran en la cuenta de que esa mañana tendría que dejar el hotel, ni lo había vuelto a pensar.

“Joder y ni siquiera hemos pensado ni reservado nada para las dos noche que nos quedan, ¿qué hacemos?¿nos quedamos aquí?¿nos vamos a otro sitio?¿donde?” Continuó Fran. De repente todas sus preocupaciones sexuales todo eso que quería compartir con su chica sobre la noche anterior se esfumó por completo.

“No lo sé. Hacemos lo que tú quieras. Aquí la verdad es que lo hemos pasado muy bien y seguro que con los brasileños seguimos pasándonoslo igual, eso sí, bajando el ritmo, lo de anoche no se puede repetir o acabarán cruzándonos la cara” dijo Belén.

“¿Por el sexo entre los cuatro o por los otros?” Dijo Fran

“Lo uno lleva a lo otro, seguramente si no hubiéramos tenido un calentón tan bestial, no hubiéramos acabado follandonos de esa manera tan salvaje”

“¿Te gusto?” Le preguntó Fran.

“Calentarles en el bar mucho, follarnos como lo hicimos mucho más. Nunca te había visto tan suelto, tan relajado y desinhibido, que quieres que te diga” dijo Belén.

“¿Nos quedamos? Con Melissa y Joao seguro que montamos alguna parecida.” Apuntó Fran.

“A lo mejor por eso mismo nos deberíamos ir a la otra punta del país” dijo ella “para parar un poco, recordar todas las aventuras, no solo la de anoche, la de antes de ayer en la playa, la de antes de antes de ayer con Aris, la de antes de antes de antes de ayer con Carlos… ¡Fran, no hemos parado!” dijo ella muy comedida.

“Ya pararemos cuando lleguemos a casa, ¿no crees?” Dijo él. “Lo de anoche es insuperable, y si, tienes razón, no hemos parado desde que llegamos, pero ya me conoces quiero vivirlo todo. El polvazo que echamos en aquella discoteca después de lo de Carlos o con Aris, también eran insuperables y mira el otro día en la playa, jamás se nos hubiera pasado por la cabeza o anoche, por dios, me dieron por culo y yo dí,… amor, hicimos el tren del amor, jajajaja, con la de veces que lo habíamos nombrado sin ni siquiera incluirlo en ninguna de nuestras fantasías… ¿qué más puede ocurrir? Ni idea, solo se que aquí es tan imprevisible que me apetece seguir así. Anoche, por ejemplo, saliste sin ganas de nada y la que acabamos liando!” Argumentó Fran.

“Un poquito maricón si eres amor” apostilló Belén.

“Y tú muy puta, jajaja” apuntó él “En casa todo esto nunca se dará, lo sabes, Melissa es una zorra de cuidado y Joao y yo somos como una fotocopia”

“Te gustan ¿verdad?” Dijo ella.

“Me gustan porque son como tú y yo en versión salidos, y mira que a nosotros es difícil ganarnos” respondió él.

“Vale nos quedamos una noche más” dijo Belén y Fran lo celebró “pero a ver qué hacemos con Oswaldo, él contaba con irse hoy para Santo Domingo, y con el resto de su familia, que anoche dieron por hecho que nos les íbamos a follar”

“Si, esa es otra. A Oswaldo no creo que le importe retrasar un día la vuelta, seguro que lo ve como una oportunidad más para follarte, y si no pues mira, ya le trajimos hasta aquí. Al resto de su familia, es otra historia” contestó Belén.

“Oye y cómo os salió lo de calentarles hasta decir basta y luego dejarles con la polla bien tiesa” preguntó Fran.

“Melissa, que es una lianta de narices. Cuando volvimos del baño se dió cuenta de que algo nos pasaba, y básicamente me dijo “a ti te gusta calentar pollas para que tu marido disfrute con lo zorra que eres, a él verte zorrear. Pues hazlo, a nosotros también nos encanta, y oye que luego no hay que acabar follandoselos, ya veremos la manera de escaparnos de ellos y aprovechar el calentón. Sinceramente, a mí no me apetecía liarla y acabar con todos en el hotel, ya te lo dije, pero un poquito de juego” acabó diciendo Belén.

“Joder un poquito de juego, amor, pusiste muy muy burros a 4 auténticos sementales. Bueno entre las dos. Menuda película se debieron montar los pobres” dijo Fran.

“Pues eso, a ver cómo salimos de esta, porque si nos quedamos aquí seguro que nos buscarán para rematar lo de anoche” dijo Belén.

“Aris no, se iba de madrugada, había venido solo a follarte” dijo Fran.

“Uno menos, pero quedan tres, y no pienso follarme a ninguno, bueno a Oswaldo tal vez” dijo Belén.

“Eso, si se queda” dijo Fran.

“¿Nos quedamos entonces? Pues vete pensando qué hacemos” Preguntó Belén.

“Siiii! Y de eso ya se ocuparán Oswaldo y Melissa, jajaja. Ya verás que alegrón y que plan nos montan para hoy.”

“Te amo, loco cornudo mío y un poquito maricon” le dijo Belén mientras buscaba su boca.

“Te amo zorra mía, la más calientapollas de todas las mujeres y comechichis” dijo Fran antes de besarla.

Cuando se encontraron en el desayuno con Melissa y Joao, estos celebraron la noticia. Una noche más de locuras, puesto que Fran y Belén habían decidido que la última noche se irían a dormir a La Romana, más cerca del aeropuerto.

Fran le mandó un mensaje a Oswaldo, que también lo celebró y no tuvo ningún inconveniente en aplazar un día su vuelta. En poco menos de 30 minutos, antes de que les diera tiempo a terminar de desayunar, ya le tenían allí.

Oswaldo les habló de un amigo que tenía un catamarán, podrían alquilarlo para ese último día e ir de playa en playa. Lo malo era que ninguno tenía la titulación para navegar y también había que pagar al patrón. A todos les entusiasmó la idea y cuando Oswaldo dijo el precio, Joao dijo que él se encargaba y no dio alternativa, debían estar forradísimos porque ni titubeo con los más de mil euros que les pidieron.

Regresaron a sus bungalow para prepararse para un día de barco y playa y justo antes de salir Belén le dijo maliciosamente a Fran “Aprovecha es la última… y yo lo voy a hacer”, con solo eso y guiñarle un ojo Fran se empalmó.

Cuando se encontraron en la puerta del hotel con Oswaldo, que les estaba esperando fuera mientras hacía las gestiones con su amigo, y Melissa y Joao, Melissa le debía haber dicho lo mismo a Joao, porque este también estaba empalmado y Melissa al ver a Fran igual dijo en alto: “madre mía como salen de casa estos dos cornudos” a lo que todos, incluso Oswaldo que obviamente se había dado cuenta también, se partieron de risa.

El catamarán está fondeado en Las Terrenas, por lo que ni movieron el coche y en tan solo 15 minutos estaban embarcando. Como todos los hombres que han aparecido hasta ahora en el relato el capitán no iba a ser menos. Un holandés, errante, de casi dos metros, rubio de pelo largo y aspecto rudo, de marinero curtido, que les recibió encantado de llevar a “dos mujeres tan espectaculares a bordo” y, comprobando como lo hizo con solo un vistazo el empalme de ambos maridos y sin cortarse un pelo en indicarlo “a sus bravos maridos”, a lo que todos se rieron.

Parecía conocer bien a Oswaldo, pues se saludaron efusivamente, después supieron que llevaba más de 15 años afincado en Las Terrenas y Oswaldo fue grumete suyo en la anterior embarcación que tuvo, infinitamente menos lujosa y pequeña que la actual.

Muy amablemente, por no decir que descaradamente, acompañó a las señoras a un camarote para que dejasen sus cosas y se pusieran cómodas, casi ignorando por completo a Fran y Joao, que se quedaron en cubierta. Fueron dos minutos, lo suficiente para que Fran ya pensase que se las estaba follando acrecentando su ya de por sí empalme.

Al poco de salir del puerto, y a pesar de que las chicas lucían unos bikinis minúsculos, el capitán les dijo que ya se podían poner más cómodos todos. “Como buen holandés adoro el nudismo y en este país, mi barco es el único sitio donde puedo practicarlo, aquí no hay prohibición que valga. Si no tenéis ningún invonveniente” dijo ante la aprobación y atenta mirada de Belén y Melissa, que ya se lo estaban rifando al ver lo excesivamente dotado que estaba “para ser blanco”. Obviamente el resto hizo lo mismo.

Les anunció que hasta llegar a la primera de las playas que quería llevarles tardarían no menos de una hora, allí fondearían y comprarían a algún pescador langostas y otros pescados para encender la barbacoa, de la que se ocuparía Oswaldo. Tranquilamente, dejó el timón a Oswaldo y preparó unas bebidas de su creación (con poco alcohol, al ser todavía temprano) a base de lima, soda, hierbabuena y ron. No dejaban de ser unos mojitos, pero nadie le dijo nada.

El tío preparó un par de colchonetas con unas toallas en la red central del catamarán y ayudó a las chicas a llegar para que pudieran tomar el sol. Fran y Joao supieron enseguida que ese sería el picadero donde se las acabasen beneficiando, ya que no tardó ni dos minutos más en ofrecerse para “proteger sus delicadas pieles del sol caribeño con crema solar”. Que arte tenía, a dos manos Belén a la izquierda, Melissa a la derecha, las fue metiendo mano descaradamente “las zonas íntimas suelen quemarse más que ninguna otra porque nunca las llevamos tan expuestas” les dijo mientras untaba a base de bien el interior de sus muslos y nalgas.

Fran no lo pudo resistir “Jurgen” que así se llamaba el holandés “te importa que haga unas fotos”. A lo que él respondió posando con las manos en el interior de las nalgas de ellas y mostrando su ya más que avanzada erección.

Cuando las chicas reaccionaron, al unísono y perfectamente coordinadas como dos gemelas, fueron directas a su polla, y comenzaron a comérsela entre las dos… “no penséis que esto está incluido en el precio del alquiler, pero me habéis puesto muy cachondo desde que os vi en el muelle”. Poco después era Melissa la primera en montarle, mientras Belén le ponía su coño en la boca para que se lo comiera. Tras correrse la una y la otra intercambiaron sus posiciones y nuevamente volvieron a hacerlo, todo esto antes de que Oswaldo anunciara que estaban llegando al destino, y tanto Fran y Joao, sin llegar a correrse se masturbaron con la escena.

Todos se pusieron el bañador y salvo Oswaldo que se quedó en el barco, saltaron al mar y fueron a nado hasta la orilla, donde Jurgen negoció con un par de pescadores para conseguir las mejores langostas. Mientras Joao acompañaba a Jurgen, Fran se dedicó a hacer fotos y más fotos a las chicas, para regocijo de los pocos bañistas y pescadores que había en la exótica playa.

Regresaron al catamarán nuevamente a nado, primero subieron los hombres, ya que ellas insistieron en bucear un poco más, nada, ni dos minutos y cuando subieron primero lo hizo Melissa y después Belén, a quien ayudó Oswaldo con los últimos peldaños: “Que ganas tenía de que volvieras” le dijo a Belén “tenerte cerca es toda una provocación y verte follar pura lujuria” le dijo un Oswaldo visiblemente empalmado.

“Después del calentón que nos dimos anoche, esto está a punto de explotar” le dijo ella agarrándole la polla con las dos manos, y cuando se estaba agachando para comenzar a chuparsela dijo en alto “Melissa, ven aquí, necesito tu ayuda con Oswaldo”. Melissa les agarró a los dos de la mano y se los llevó al picadero de antes, donde nuevamente, aunque en diferente orden, las féminas volvieron a alcanzar un par de orgasmos cada una, justo cuando Jurgen les anunció que ya había llegado a la siguiente playa.

En esta ocasión bajaron solo los 4, el capitán y el marinero se quedaron preparando la barbacoa y el resto de comida. Ellos nadaron hasta la orilla. La playa era completamente espectacular, muy pequeña, no tendría más de 100 metros de largo y de imposible acceso si no era en barco, puesto que la bordeaba un gran acantilado. Al ver que era para ellos solos se despojaron de los bañadores y los cuatro se tumbaron al sol a descansar de tantas emociones.

Estuvieron no más de una hora y volvieron al barco donde los dos marineros le esperaban, sorprendentemente con el bañador puesto para comer.

La comida fue exquisita, regada por un par de botellas de vino francés que Jurgen guardaba para sus mejores ocasiones y después el capitán les indicó que navegarían aproximadamente una hora para llegar a una pequeña isla y después volverían a puerto. Les aconsejó a todos echarse una buena siesta, consejo que todos siguieron a rajatabla y al llegar al islote, porque era realmente pequeño se despertaron.

Para llegar, en esta ocasión, Jurgen botó una pequeña fuera borda, pues tuvo que fondear bastante lejos por lo peligroso que era aproximarse más, debido a la barrera de coral que bordeaba la isla.

Al llegar, el capitán dió una vuelta a la isla, buscó la boca de una caverna y conociendo muy bien el camino entró hasta el fondo. Aquello era alucinante una auténtica cueva de piratas, según él y el decorado perfecto según Fran para una sesión de fotos única.

Sorprendentemente, gracias a la colaboración de Melissa, Belén accedió, y posaron las dos, juntas y por separado como auténticas modelos, tanto que Fran y Joao estaban alucinados de las fotos de sus chicas.

Salieron de la cueva y anduvieron un rato por la isla, era de película de Robison Crusoe total, no tendría más de un kilómetro de diámetro, con una leve elevación en el centro, donde debía estar la cueva y mucha vegetación. Como era de esperar Fran no dudó en seguir pidiendo fotos, a lo que ambas accedieron después del resultado de la sesión anterior, y ellos, ya que Jurgen se ofreció como fotógrafo. Un recuerdo inolvidable de los que se ponen como foto del WhatsApp para presumir durante años con los amigos.

Volvieron al barco, y Oswaldo que se había quedado vigilando, ya que el conocía bien el islote, les esperaba.

Debía ser ya media tarde y el sol no pegaba tanto.

Tanto ellas como ellos venían visiblemente excitados por haber descubierto ese mini paraíso y así se lo contaron. Se desnudaron todos de nuevo, el capitán preparó unos mojitos mientras zarpaban de nuevo… hay que decir que se lío de nuevo, y esta vez fue Belén la que lo provocó.

“Fran, Joao, coged el timón y el móvil que te vas a hinchar a hacer fotos” le dijo a su marido “hay que agradecer a estos dos marineros” agarrándoles la polla “este viaje tan espectacular”. Ni corta ni perezosa, y sin dar pie a que Melissa se apuntase, Belén primero se pegó un buen morreo con Jurgen y después con Oswaldo, para poco a poco tenerles a los dos a su vera, y empalmados, lo que aprovechó y a dos manos comenzó a cómeles la polla a los dos.

Jurgen le dió un par de instrucciones a Joao para que mantuviera el rumbo paralelo a la costa, porque Fran más cachondo que en todo el día al ver como se había lanzado su mujer, no paró de hacer fotos de su esposa, más zorra que nunca, mientras iba alternando una polla y otra en su boca.

Melissa se puso junto a su lado y comenzó a masturbarse mientras contemplaba absorta la maestría con la que su amiga no paraba de comerse las pollas de los marineros…

Oswaldo fue el primero en correrse, echándole unos buenos chorros de semen por la cara, el cuello y las tetas. Jurgen no tardó mucho más, dejándola completamente bañada en semen.

Fran estaba alucinado, no daba crédito de las espectaculares y absolutamente pornograficas fotos que le había regalado su mujer.

Melissa que también se había corrido se acercó a su amiga y comenzó a limpiarla de arriba abajo todo el semen que había esparcido los marineros sobre ella, acabando en un morreo bestial.

Belén miró Fran y a Joao “capitán, por favor, puede tomar el timón, seguimos teniendo dos mástiles demasiado erectos” y acto seguido, agarrando a Melissa de la mano para que la acompañase se acercaron a Joao y a Fran e intercambiándose maridos procedieron a una mamada que les dejó secos y a ellas más pringadas de lo que estaban.

“Ahora si que me daba un buen baño” dijo Belén encaminándose a las escaleras y bajando para poder limpiarse en el mar.

Cuando subió de nuevo las escaleras, buscó primero a Jurgen le pegó un buen morreo y le dijo “Gracias capitán por descubrirnos este paraíso”, después buscó a Oswaldo y después de un nuevo morreo “Gracias por traernos hasta aquí, has sido una compañía maravillosa”, después buscó a Joao y repitió el morreo y “Gracias por compartir con nosotros estos días”, después a Melissa, a quien también morreo “Gracias amiga por sacar lo mejor de mí y compartir estos días a tu cornudo y cuidar del mío”… y cuando todos se pensaban que le tocaría a Fran, se dio media vuelta y dejándole, muy a propósito, de lado, como ella sabía que le gustaría les dijo a todos “ahora amigos, continuemos con los mojitos” mientras con la mano en la espalda, para que Fran lo viera, le ponía los cuernos a su marido. Melissa la miró como advirtiendo que se había olvidado de su marido, a lo que Belén dijo “uy si, te olvidaba” se acercó a Fran le morreo y “Gracias amor, por no hacerme caso, por seguir insistiendo día tras día, por no permitirme que me olvide nunca de lo cornudo que eres y lo zorra que soy yo” y le volvió a morrear antes de unirse a todos con los mojitos”

Y, a pesar de que esa noche, y a modo de despedida de sus nuevos amigos brasileños, se volvió a repetir la misma orgia a cuatro que tanto disfrutaron la noche anterior, aquí se acaba el relato para todos los lectores.

Los dos dias siguientes fueron para ellos solos. Para rememorar y gozar en pareja de todo lo que habían experimentado en las vacaciones de sus bodas de plata, celebrando la ocasión de haber podido revivir sin miedos ni tapujos una sexualidad libre, salvaje, sin complejos ni prejuicios que no hacía mucho habían compartido y vivido.

Fin.