Xtories

Tu mujer, la guarrilla descubre que puede más

Bea creía que solo iba a una fiesta, pero su marido tenía otros planes. En cada curva del taxi, la tensión crece hasta que el destino revela un escenario donde su sumisión será puesta a prueba frente a extraños. ¿Está lista para convertirse en lo que él siempre quiso ver?

darneb19K vistas8.7· 6 votos

Este relato se puede leer solo o bien leer el relato anterior "Tu mujer resultó ser mucho más que una guarrilla". Puedes hacerlo antes o después. Disfrutad en cualquier caso.

María vino a despedirse de Bea, ocasión que provecho para robarle un beso más.

- Estarás divina esta noche, serás la puta entre las putas, le dijo dándole un azote más.

Desde que salimos de la tienda hasta la mitad del camino Bea no abrió la boca, lo que me desconcertó un poco. Quizás se estaba arrepintiendo, esta parada la habría enfriado en lugar de provocarla. Pare un taxi y no subimos en él, no estaba lejos pero tampoco cerca.

Yo me mantenía algo distante, eso siempre había funcionado desde el principio. Sin mediar palabra Bea se giró hacia mí y sus labios buscaron los míos, fue un beso retenido, fruto de lo acontecido en el tren, en la tienda, durante los meses pasados. Pude notar como toda ella entraba en mí y se entregaba, todas mis inquietudes se desvanecieron. La tenia exactamente donde quería y en el momento idóneo.

- No sé qué hay para esta noche, pero gracias de antemano, tu puta está a disposición, me susurraba.

Mi cuerpo me pedía subir su vestido y en ese taxi abrumarla, masturbarla, abrirla para que el mundo y el conductor supiese lo zorra que era. Pero conseguí no hacerlo y provocarla aún más, tensarla aún más, para que su putandad creciese en su interior.

- Sé que quieres que te folle aquí mismo, puta mía pero no será así. Vas muy bien pero sabes que te lo vas a tener que ganar si quieres que te folle en un taxi. Lo sabes verdad.

- Eres un cabrón, necesito correrme como una perra, te lo ruego.

- ¿Y qué te lo impide? le pregunte. Tienes un plug en tu culo y dos manos, a qué esperas

Bea me miro y dejo caer una de sus manos para buscar su placer.

- No, no, no, putita levántate la falda y deja que el señor taxista disfrute, dije en voz alta

A Bea le importaba poco el taxista a estas alturas, al contrario por su mirada entendí que ese desafío la excitaba.

Ante la mirada incrédula del conductor Bea se subió el vestido, separo sus piernas regalándole un fantástico primer plano de su sexo, sus dedos se deslizaban entre sus labios y sus jugos. Una mano la dedica a su lujuriosa vagina y la otra empujaba con ahínco su plug hacia dentro.

No se dio ni cuenta que llevábamos parados delante del hotel como dos minutos, pero ella cegada por sus vicios seguía regalando su alma.

- Puta mía lo vas a tener que dejar por el momento, estamos delante del hotel, dije seco y distante.

Esa mirada no contenía ningún vicio, era odio puro, se colocó el vestido y salió por su lado.

Hasta que no llegamos arriba no dijo ni una sola palabra, lo mismo me había pasado, pero una imagen vale más que mil palabras.

Cuando Bea vio encima de la cama el vestido que había dejado preparado, junto con las medias y los zapatos todo el enfado desapareció.

- Que sepas que eres un cabrón, un cabrón con muy buen gusto pero un cabrón. Me dijo con la cara llena de luz

- Vístete, que no querrás llegar tarde a tu fiesta

Mientras Bea se acicalaba yo hice lo mismo, pero con algo más de rapidez, no quería perderme el espectáculo. Cuando termine me senté para disfrutar de las vistas, y ver como saboreaba su premio, como incorporaba a su cuerpo desnudo cada elemento. Las medias que casaban perfectamente con su corsé, los zapatos que aunque elegantes le daban ese aire de putón señorial, el vestido la convertía en una zorra de alta alcurnia. Me miro y se giró sobre ella misma buscando mi aprobación.

- Estas divina, le decía mientras me acercaba a ella,

La rodee con mis brazos desde atrás y la susurre al oído.

- Veo que te has quitado el collar de María, putita mía, te has quitado también tu amigo del culo, decía mientras levantaba su vestido para comprobarlo.

- No, el amigo sigue allí, contesto

- Y veo que sigue haciendo su efecto, dije mientras mis dedos notaban su calentura.

Le coloque de nuevo el collar, la ayude a ponerse la gabardina y le puse en el bolsillo la correa.

- Ahora sí que estas lista zorra mía.

Bea no sabía dónde se dirigía, y eso provocaba que su corazón palpitase como nunca lo había hecho, su sueño se estaba cumpliendo, vestida como una puta, marcada como una puta y enculada como una puta estaba rumbo a lo desconocido.

El taxista se había quedado en la parada del hotel, vaya pillo, nada más salir le hizo una seña al botones, que era el siguiente y se le ilumino la cara. En cuanto nos subimos y le indique la dirección volvió a mirar a Bea de arriba abajo por el retrovisor, nos dirigíamos a un local muy conocido de la ciudad y aunque quizás no habría entrado nunca sabía perfectamente a lo que allí se iba.

Podía notar como esta vez sin enseñar nada, este estaba disfrutando casi más que el anterior con el numerito Bea, muchas veces lo que uno se imagina es mucho más que lo que ve.

- Mira cómo te mira, le susurre, hasta el taxista sabe que te van a follar como a una puta

- Estoy tan cachonda que te la chuparía ahora mismo, cabrón

Me estaba conteniendo tanto para ni tocarla, que me dolían los huevos, menos mal que en un abrir y cerrar de ojos habíamos llegado.

Desde fuera no dice nada el local, de hecho no hay ni cartel, es tan solo un chaflán con una puerta.

- Buenas noches Darneb, dijo el portero abriendo la puerta.

Nada más entrar Bea entendió que era un local muy especial, a un lado de la barra había un cuadro que lo dejaba claro, era una pareja de tres.

Tras la Barra estaba Jennifer, exuberante como siempre, era una mujer llena de misterios y vicios.

- Buenas noches, habéis llegado pronto nos dijo,

- Buenas Noches Jennifer, te presento a Bea es la homenajeada.

Jennifer salió de detrás de la barra para hacerlo como dios manda, se acercó a Bea y tomándola por la cintura la beso en los labios, dejando que su pasión se notara.

- Lo vas a pasar genial Bea, que queréis tomar mientras llegan los demás invitados.

Jennifer no sirvió unas copas de cava muy frio, acompañado de unos aperitivos. Aunque aún no habíamos entrado en materia notaba como Bea estaba realmente nerviosa, habiendo llegado hasta aquí, no podíamos fallar en la última curva.

- Jennifer por qué no le enseñas el local a Bea y le dices donde dejar su gabardina y su vestido. Dije mirando a Bea con descaro. No te olvides de ponerla la correa a la perra.

En manos de Jennifer sabía que Bea no se enfriaría seguro y necesitaba esa tensión extra mientras llegaban los demás.

Bea pensaba que habría tres hombres y yo, aunque no iba mal encaminada lo acordado con Fran iría un poco más allá. Los tres hombres más estaban, pero para tensar más la cuerda estarían Jennifer y su novia. Aunque ya había probado a María y no parecía haberla disgustado ni mucho menos, con Jennifer y Mayra sabía que disfrutaría aún más, eran realmente especiales y únicas.

Mario, Javier y Juan entraron acompañados por Mayra, con una sonrisa de oreja a oreja. Aunque no la conocían en persona no era la primera vez que la habían visto. La conocían por sus fotos, los videos que habíamos grabado e incluso en alguna sesión de skype habían asistido con el consentimiento de Fran.

- El maestro se ha vuelto a superar, dijo Juan, no pensaba que lo consiguieras.

Mientras que Jennifer preparaba a la homenajeada, yo daba los últimos detalles, a nadie se le podía escapar nada antes de tiempo.

- La puta esta lista señores, dijo Jennifer entrando con ella llevándola con la correa

Bea andaba felina y lujuriosa, sus ojos brillaban y estaban llenos de vicio, estaba colosal con su corsé realzando sus pechos, sus pezones duros y desafiantes, su sonrisa pícara y malvada, la presa estaba orgullosa de serlo y eso lo hacía aún más sensual. Jennifer y Bea migas habían hecho, el plug ya no estaba en el culo de la meretriz.

Esta noche incluiríamos algún fetiche más al juego, por lo que le coloque una sensual máscara veneciana, así podría ver y chupar a su antojo.

- Así tus vecinos no te reconocerán cuando te vean, le dije ajustándole el antifaz, si Putita te vamos a filmar, para que todos vean lo putísima que eres.

Jennifer tiro de la correa llevándose a Bea hacia el interior

- Señores y señoras vayan pasando, que el espectáculo está a punto de comenzar.

La sala era como un pequeño teatro, con un alto justo en medio donde habíamos colocado una silla muy especial para nuestra invitada. Jennifer la ayudaba a sentarse en ella, era una silla que recibía sus dos glúteos y en el medio dejaba ver un mecanismo. Bea noto como al sentarse sus posaderas se abrían irremediablemente, Jennifer dio un pequeño tirón a la correa para que se inclinase hacia delante dejando así a los espectadores de atrás una visión más directa de sus nalgas y sexo.

Al echarse hacia delante noto que la silla era como una especie de columpio y que al moverse ese mecanismo seria parte de su tortura de esta noche.

Bea está sentada en medio de la habitación, rodeada por cinco desconocidos, su cuerpo entero expuesto pedía guerra. Mientras deseaba ser poseída, no podía aguantar más.

- Buenas noches queridos amigos y amigas, comencé diciendo, tal y como hemos venido hablando durante las últimas semanas esta Putita, Bea quiere dar un paso más y convertirse en nuestra Puta. No es así Bea.

- Si así es, quiero convertirme en vuestra puta y con el consentimiento de mi marido serviros solo mirando por vuestro placer.

Sabía que diciendo estas palabras, si quedase una barrera esta se estaba desvaneciendo.

- No seremos tan egoístas queremos que disfrutes tanto o más que nosotros, por eso veras que si te mueves unas lenguas de silicona desde abajo acariciaran tu sexo.

Jennifer utilizando la correa la movía a su antojo, dejándola que notara las lenguas en su sexo.

- Lo notas pregunte retóricamente.

Su cara valía más que lo que respondió, miraba llena de deseo a mí y al resto de su público.

Jennifer acariciaba sus nalgas mientras Bea seguía buscando que ese ritmo siguiese abriendo sus labios.

- Hoy nuestra putita, dije, se ha comido su primer coño y no veáis como lo disfrutaba, si a Jennifer no le importa creo que Mayra se muere por que se lo coma.

Las manos de Jennifer seguían jugando con su presa mientras le susurraba

- Vaya, vaya la putita quiere comerse un coñito para nosotros entonces.

Mayra fue despojándose de sus ropas sin prisa, dejando su tanga, sus zapatos y sus medias, se acomodó frente a Bea sentada con las piernas abiertas, lista para ser devorada.

Jennifer le dio un azote a nuestra putita para estimular su circulación y su lujuria.

- Vamos enséñanos como te la comes, dijo Jennifer acompañando su cabeza hacia los labios de Mayra.

Sin quitarle las bragas Bea hundió su cabeza entre las piernas, pero por la cara de Mayra no lo estaba haciendo nada mal.

- Huy esta putita es una viciosilla, le está comiendo el culo, dijo Jennifer

Mario, Javier y Juan ya tenían sus pollas mucho más que listas, y Jennifer sin decir palabra les hizo señas para se acercaran por detrás.

Mientras que Bea seguía devorando a Mayra, los tres desde su retaguardia se preparaban para atacar.

Jennifer como un auténtica mamporrera preparaba a nuestra putita para ser domada. Bea noto como su sexo iba ser invadido y dio un pequeño respingo.

- Putita tu sigue con lo tuyo, le dijo Mayra sujetando su cabeza con las manos.

La polla de Juan entro sin llamar, y bombeo a bombeo hizo que Bea trabajase con más fervor los bajos de Mayra, su lengua saboreaba su sexo, su ano, su clítoris haciéndola perder los papeles.

Bea flotaba entre embestidas y flujos, una polla tras la otra la invadían prolongando su placer como jamás lo había sentido, esos cambios de ritmo la estaban matando, abriendo su sexo como nunca lo había notado de abierto.

Quería correrse pero no quería que pararan, sus caderas solo querían más y más. Mientras Mayra se corría en su boca una y otra vez, los tres se turnaban sin tregua, cuando pensaba que llegaba al orgasmo era abandonada momentáneamente para ser llevada de nuevo hacia el clímax.

- Dios que me estáis haciendo, Bea gemía y volvía a enterrar su cabeza entre las piernas de Mayra para darle el mismo placer que ella recibía.

Era un espectáculo ver como los chicos se entregaban a ella, como ella se entregaba a Mayra pero lo mejor estaba todavía por llegar.

Sabía que Fran querría verla así, sabía que ella deseaba ser vista por Fran así, y quien era ella yo para privarles de tal cosa. Mientras Bea seguía devorando su nuevo placer y era bombeada como no lo había sido en su vida, Fran entraba sigilosamente para sentarse a mi lado. Los dos con wisky en la mano disfrutábamos de nuestra creación, estaba a punto de convertirse en la tan deseada puta.

Bea tardo en darse cuenta, estaba demasiado ataviada para poder entender todo lo que estaba ocurriendo. Pero cuando su mirada se dirigió hacia mí y vio a Fran, sus ojos se llenaron aún más de luz y nos dedicó la sonrisa más sensual que jamás había visto, complicidad, vicio y lujuria en estado puro.

No cruzamos ni una sola palabra, pero no era necesario. Jennifer medio desnuda se movía felina entre nosotros, disfrutando como nosotros del momento.

Pero Jennifer era mucho más que una mujer de armas tomar, escondía una sorpresa que no tardó en marcarse en su tanga, era un cuerpo de mujer con una tremenda polla.

Los ojos de Bea se convulsionaron al verlo, por su cabeza pasaron mil imágenes, que pretendía con eso, para quien era esa sorpresa. ¿Sería para Fran? ¿Sería para ella?

Ni si quiera el coño de Mayra o las pollas que le penetraban por turnos la distraían de Jennifer, sus ojos no podían dejar de mirar esa escultural mujer con semejante rabo.

- Fran mira la puta de tu mujer como se quedado, decía Jennifer mientras tomaba en una mano la polla de nuestro anfitrión.

Fran cómodamente sentado disfrutaba del masaje y del espectáculo, mientras los ojos de los tres jugaban a encontrarse.

Podía notar como a Bea le hacía efecto el ver a Fran masturbado por nuestra amiga, su boca dejo de devorar a Mayra para ocuparse de ella con los dedos para así no perder detalle de la paja que le hacia Jennifer a su marido.

Ahora sí que la tensión estaba casi en su punto álgido y entra yo en escena, tenía a nuestra puta justo donde quería, lubricada, abierta, lujuriosa y sorprendida.

Mis manos acariciaban su espalda al ritmo que era poseída y poco a poco coqueteaban su culo.

- Toma puta mía, le dije dándole otro plug anal, abre el culo de Mayra para nosotros como nosotros abriremos el tuyo.

Esto fue lo único que le hizo perder por un instante la atención sobre Fran y Jennifer, lo miro con deseo y respeto, el plug era de tamaño considerable y entendía que otro se adueñaría de su culo y eso la provoco un escalofrió.

Sabía que mis manos sabrían meterle semejante plug pero podía notar como esa dilatación no sería sencilla, antes de notarlo en ella su respiración ya se entrecortaba con solo imaginarlo.

- Huy parece que la puta de tu mujer se hace la remolona, dijo Jennifer, seguro que en ese culo le cabe eso y más.

Jennifer sin dejar de clavar sus ojos felinos en Bea pasó de masajear con las manos a hacerlo con los labios, comiéndose la polla de Fran como si no hubiera un mañana.

Una sensación rarísima recorrió su cuerpo, Bea se estaba poniendo cachondísima al ver a su marido siendo mamado por un travesti, Dios pero como puedo ser tan puta pensó mientras que para desahogarse comenzaba a jugar con el plug y el esfínter de Mayra.

El sexo de Bea seguía llorando de placer sin descanso, mientras yo hábilmente introducía el plug en su ano, rasgando su alma y su vicio, como ella lo hacía con Mayra. Sus gemidos contenidos y los de Mayra se aunaban como si fuesen las voces de un corro, a las que no tardo en unirse Fran.

- Fran vas terminar siendo su putita también, dijo Bea entre respiración y respiración.

- Quieres que sea mi putita, le contesto Jennifer con mirada desafiante, eso es lo que Puti Bea quiere, que me folle a su hombre, pregunto.

Bea estaba llegando a su límite, el plug abría su culo, las tres pollas no le daban descanso, Mayra gemía con cada milímetro ganado a su esfínter, Jennifer chupaba la polla de Fran con glotonería, sabía lo que quería contestar pero le daba miedo hasta pensarlo.