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Vacaciones en la República Dominicana (Día 1)

Fran lleva la excitación encendida desde que cruzaron la frontera. Belén sabe que no es solo por el viaje, sino por lo que están a punto de hacer. En la oscuridad de la habitación, las fantasías sobre otros cuerpos empiezan a cobrar vida, y la línea entre el deseo y la realidad se difumina antes de que amanezca.

Ella con otros18K vistas8.1· 16 votos

Día 1:

“Hay que hacer un gran viaje por nuestro aniversario. Las bodas de plata no se celebran todos los días.”

A pesar de que su situación económica no era tan bollante como en otras ocasiones, algo decente se podría permitir y Fran, se puso a trabajar en ello.

Siempre había querido ir a la República Dominicana, hacía años estuvieron en un par de ocasiones en el Caribe, en Cuba y en la Rivera Maya, y tenía muy buenos recuerdos de aquellos días, de las playas, del mar Caribe, de la comida, de la gente local y el ambiente tan acogedor de los caribeños.

Primero buscó un resort de los de pulsera y todo incluido, era lo que a primera vista más le apetecía. Una semana tocándose las narices a dos manos. Vuelta y vuelta, un mojito y otra vuelta y vuelta tirados en una tumbona en una playa típica de hotel, pero a medida que buscaba la idea iba perdiendo fuelle. Todo el dia rodeados de la misma gente, turistorros americanos alcoholizados, sin mezclarse con los locales ¡menudo coñazo! A pesar de que el cuerpo y la edad es lo que le pedía, días de relax y descanso absoluto, el nunca había sido así, tenía ese punto aventurero y inconformista que tan bien le había sentado a su relación. Y que coños que en ninguno de sus viajes por el mundo, en otra época se lo habían recorrido de punta a punta, habían ido en ese plan.

No tardó mucho en convencer a Belén con su nuevo plan. Llegar a Punta Cana, dormir allí la primera noche y después coger un coche y recorrerse la isla de playa en playa de cabo a rabo. ¿He dicho rabo? Dominicanos, aventura, mezclarse con los locales, calor, ropa ligera, mojitos y si, rabo.

No lo podía negar, siempre le había llamado la atención la República Dominicana, de joven por las aventuras sexuales que narraban los conocidos que alguna vez estuvieron por allí, y de más mayor, ya casado con Belén desde que conocieron a Leny. Un dominicano más majo que las pesetas, moreno, de casi uno noventa, con un cuerpo y unas abdominales que jamas había visto y con un rabo, si rabo, tan espectacular como el resto de su cuerpo.

Le conocieron hace ya 15 años, cuando a Fran le dió por meter cien mil fantasías sexuales en la cabeza de su mujer, a base de relatos como este, y proponerla tener sexo con otros. Si, Fran y Belén hace años ya, tuvieron su etapa liberal, y Leny fue uno de los primeros hombres que llevaron a su cama. No una, ni dos, la verdad es que el chico era tan majo, que cada vez que se lo habían encontrado con él, siempre había terminado regalando, sin perder la sonrisa unos cuantos orgasmos a Belén, y un espectáculo digno del mejor porno, con su mujer como protagonista, a Fran.

Y es que el chico no podía ser mejor tío, siempre atentísimo con los dos, súper educado, alegre y muy divertido, un donjuán caribeño, un guarro de cuidado, como lo eran ellos dos, y un fiera en la cama, capaz de follarse a Belén durante horas y horas con ese maravilloso rabo negro de dimensiones, como diría yo, más que pornográficas, inconmensurables. Ni Belén, ni Fran eran capaces de abarcarlo con su mano. Si, si Fran, a pesar de ser hetero, no pudo resistir la tentación de agarrárselo en más de una ocasión.

Pero esa, la de Leny, es otra historia que formaba parte de una época de su vida que habían ido dejando atrás poco a poco. Con algunos traumas, los propios de “el que lo prueba ya no puede prescindir de ello”, más por parte de Fran que de Belén.

El caso es que, volviendo al episodio que nos toca, Fran hacia conseguido organizar el viaje, justo a su medida. Estarían diez días en la República Dominicana, recorriéndosela en un 4x4 de cabo a rabo, durmiendo no más de dos noches en el mismo sitio, alternando hoteles en la Punta Cana, la capital y airbnb y pequeños hotelitos por las zonas más alejadas del turismo de pulsera y mojito. Todo el norte y el este, Fran no quería dejarse ni una sola de las playas paradisiacas que había ido descubriendo en internet. Ni Belén tampoco.

Hicieron las maletas, más ligeras que de constumbre, por el tipo de viaje que iban a hacer, colocaron a los niños, aunque ya eran mayorcitos como para quedarse solos, y rumbo a las merecidas vacaciones.

Viaje y día 1:

No pasó nada del otro mundo, salvo la sobre excitación que sintió Fran desde que salieron de casa. Una sensación que no era nueva para él, en la que vivió inmerso mientras fueron liberales.

Belén se quedó dormida nada más despegar, mientras él no paró de montarse películas, todas sexuales, sobre las vacaciones.

Después de más de 8 horas, y media más esperando las maletas, cogieron un taxi que les llevó al hotel que tenían reservado para la primera noche en Punta Cana.

El hotel no era gran cosa, normalito, lo justo para dormir ese primer día y al siguiente emprender el recorrido por la isla. Llegaron sobre las 21:00 hora local, más las 5 horas de diferencia horaria, y se fueron directos a la cama.

A pesar de lo agotados que estaban, Fran llevaba cachondo todo el día y Belén lo notó, hacía tiempo que no se la sentía tan dura.

“Vaya, como estás!” le dijo.

“Llevo así desde que salimos de casa” respondió Fran.

“Y si se puede saber… ¿a qué es debido?” Indagó Belén.

“¿Tu que crees?, no paro de fantasear con estar aquí, con estos días para nosotros, contigo” le susurro Fran girándose hacia ella y apoyando su polla iniesta contra el muslo de Belén “No deberías perdértela, la tengo a reventar”

“Ya veo ya” dijo ella cogiéndosela con la mano y acariciándose “y algún pensamiento en concreto”.

“Todos amor. Me muero de ganas de verte en la playa con esos bikinis y disfrutar viendo cómo te van a mirar los camareros del hotel, los de las hamacas, algún marido que otro”… continuaba Fran diciéndole mientras llevaba su mano al pubis de Belén.

“Uhmm, me gusta” susurró ella.

“Si? Zorrita, ya estás imaginándote como te van a mirar y desnudar” la insinuó.

“Siii, uno de las tumbonas, joven y guapo, alto, mulatito, con un cuerpazo increíble y un bañador minúsculo, marcando un buen paquete, que se acerque a preguntarme algo” decía Belén sin soltar la polla de Fran y mientras este iba comiendo sus pezones y bajando por su cuerpo hasta llegar a su clitoris.

“Le habré mandado yo. Me fijé en él nada más llegar, observé como le mirabas, y como te devolvía la mirada. Me acerqué a él cuando me iba a bañarme y le dije que la zorrita de mi mujer necesitaba un poco de crema para no quedarse”

“¡Uhmm… que manos!” Apostilló Belén mientras Fran devoraba su clitoris.

“Qué cabron, no se corta un pelo, mira como está metiéndola mano y soñándola todo el culo, pensé cuando le vi desde el mar, se la va a acabar follando sobre la hamaca, delante de todo el mundo” continuo Fran.

“Seguro que ya estabas empalmado, como ahora” dijo ella.

“No tanto como estaba él” respondió el.

“Siii, lo noté cuando se me sentó encima, dios que polla. Follame le dije” invento ella.

“Ahí fue cuando te llevo a la caseta donde guardan las tumbonas”

“Si, y nada más entrar me retiro el tanga y me la metió sin más” decía ella mientras Fran la penetraba.

“Uhmm, que dura y grande, Fran, me lleno de polla como hacía tiempo, que gusto” dijo ella.

“¿Así? ¿Cómo estoy haciendo yo ahora zorrita?” Apunto Fran.

“Jajajaj, no me hagas reír, la suya era el doble, gorda, larga y la tenía como una barra de acero. Me dio la vuelta y jodeeer me empotró contra una hamaca” Relataba ella mientras Fran se la follaba como hacía tiempo.

“Sigue así, más dentro, más fuerte”

“Te gusta zorra, seguro que ni te estás enterando” Fran le dio una buena cachetada.

“Si, sigue así, estoy a puntito de correrme”

“Así es como te daba” un nuevo cachetazo sonó “y seguro que tú estabas tan cachonda que le pedías más”

“Siiii, más, más, Ahhhh, me corrrooooo”dijo Belén mientras se dejaba caer rendida sobre la cama y se le salía la polla de Fran.

“Joder Fran que bueno, cómo estabas” dijo ella casi si aliento después del orgasmo.

“Y así sigo, ven chupamela un poco” dijo Fran mientras ponía su polla sobre la boca de su mujer.

“Uhmm, como la tienes, esta a reventar”

“No quiero correrme, solo chupamela un poco”

“¿En serio?, no quieres hacerlo en la boca de tu zorrita”

“No, no quiero que me baje la excitación, quiero que me duelan los huevos y estar siempre cachondo”

“Pero yo quiero lechita” dijo Belen poniendo una cara de zorra increíble.

“Pues tendrás que salir a buscarla mañana, amor” dijo Fran retirándosela de la boca y tumbándose a su lado.

“Amor” dijo besándola y descubriendo el sabor a su propia polla de la boca de Belén “A dormir. Te amo”

No hizo falta mucho más, tras un “Te amo” Belén se quedó frita.

Fran, sin embargo, tardó, con la polla todavía dura no paró de soñar despierto con todas esas oportunidades que les surgirían esos días.

Sabía que ella le seguía el juego cuando estaban en la cama, que continuaba alimentando sus fantasías, pero dudaba mucho de que a la hora de la verdad, volviese a ser la mujer caliente, lanzada y desinhibida que tantas cornadas lujuriosas le había regalado.