Xtories

Tu mujer resultó ser mucho más que una guarrilla

Bea creía que solo era una visita de negocios, pero el narrador tenía otros planes. En una tienda de lencería, una dependienta misteriosa la desnuda, la humilla y la somete a un juego de sumisión que el narrador transmite en vivo al marido de Bea. ¿Qué pasará cuando Fran se entere de lo que su esposa está haciendo?

darneb19K vistas8.6· 7 votos

Este relato se puede leer solo o bien leer el relato anterior "Resulta que tu mujer es una guarrilla". Puedes hacerlo antes o después. Disfrutad en cualquier caso.

Bea me miraba mientras seguía temblando fruto del orgasmo, mi polla no dejo su boca hasta que note que su boca estaba vacía. Su lengua limpio cada centímetro dejándola lista para ser usada.

Le dinos unos minutos a Bea para reponerse y retocarse mientras Carlos y yo pedíamos algo en el bar. Que estaría pasando ahora por esa cabecita, yo llevaba unos días vacilándola, sobre su marido, yo sabía que ella le había contado lo de la convención, y que gracias a eso habían follado como animales. Pero ella no sabía que yo lo sabía, y mi llamada no le aclaro eso, tan solo que parte de las vaciladas podrían ser reales.

El resto del viaje lo pasamos charlando y poniéndole los dientes largos a nuestro follador improvisado, no daba crédito que Bea hubiese sido la que había pedido este fin de semana para poder probar que era la más puta de las putas.

Aunque no le conté con detalles lo que estaba en el programa, sobre todo por quería que fuese sorpresa para Bea, el podía hacerse una leve idea de lo que le esperaba después de este comienzo.

Nosotros seguro que no lo olvidaríamos rápido pero se mezclaría con el resto del fin de semana, Carlos no creo que nunca llegara a olvidar ese momento.

Nos despedimos de el al bajar del tren, la verdad que tanto jugueteo nos había abierto el apetito pero antes debíamos pasar por el hotel.

Supongo que Bea esperaba más de nuestra visita al hotel, pero ese no era el plan. Yo estaba muy acostumbrado a viajar por lo que tarde muy poco en dejar colocada mi maleta y la deje a ella mientras yo bajaba a la recepción, aún tenía que terminar algunos temas.

Bea no tardó mucho en bajar tampoco y sin más dilación nos fuimos a comer algo, sin energías no podríamos llevar a cabo todos mis planes.

La comida fue muy tranquila, pero notaba que Bea estaba tensa, conociéndome se esperaba que la pusiera de nuevo en un aprieto, pero precisamente esa era mi intención tenerla en ascuas y así no poder prever cuando se le venía encima el momento. Llego a preguntarme por Fran, le dije que si le había gustado la llamada, y me confeso que le había confesado lo de haber hecho de puta, y el polvazo que ya me había contado Fran. La llamada al principio no daba crédito, luego se sintió fatal y al final la puso muy cachonda.

Después de comer le propuse dar un paseo, lo que la descoloco aún más, no entendía nada. Paramos en alguna que otra tienda, pero sin más, algún comentario sobre alguna dependienta o dependiente, pero sin apenas malicia.

Notaba como mi puta particular se ponía nerviosa por momentos y su sonrisa nerviosa la delataba.

El escaparte de esa tienda está hecho para la ocasión, y ella ni lo dudo.

- Darneb te importa que entremos en esta, dijo para que le leyera el pensamiento.

El interior era mucho más revelador que el escaparate, corsés, vestidos extremos, lencería, un educado templo a la lujuria.

Los ojos de Bea se iluminaban cada vez más ante tantas posibilidades, podía leer en ellos que cada nueva prenda la atraía más que la anterior.

Hubo una que la sedujo casi dejándola clavada frente a ella, un corsé que dejaría sus pechos al aire y los realzaría.

- Pruébatelo, seguro que te queda mucho mejor que bien.

Su cara era un sí, pero un sí sin ninguna duda.

- Señorita el probador por favor, pregunte.

- Al fondo caballero, contesto.

Bea para poder probárselo debía despojarse del vestido y yo era muy consciente de eso, quedaría prácticamente desnuda en ese cuartito al final de la tienda.

Deje voluntariamente que ella se adelantara, sin llegar a ignorarla pero casi, así se metería en el probador e inconscientemente buscaría su intimidad.

No tenía prisa, no suelo tener prisa, si dejas que las cosas ocurran al final el tiempo siempre juega a tu favor.

Bea se fue despojando de su vestido, ajena a todo lo que pasaba por mi cabeza y a mis intenciones reales para esta tarde. Estaba totalmente confiada, ella había elegido la tienda y desde el tren había dejado una cierta distancia, por otro lado completamente intencionada.

Sus ojos querían cerrar ellos mismos la cortina que acaba de abrir de par en par, tan solo cubierta por sus zapatos y bragas, con el corsé a medio abrochar me miraba llena de ira. Esta vez era ira, pura y dura, con esa misma ira intento cerrarla pero sin parpadear mi mirada le dejo muy claro que no.

Sus ojos dejaron de mirarme para centrase en nuestra atenta dependienta, yo al estar de espaldas tan solo escuchaba sus tacones, pero cada paso tensaba un poco más la cara de Bea.

- Permítame que la ayude, dijo cuándo aún estaba acercándose.

Fue directamente hacia Bea y la giro para poder ajustarle el corsé, realzando sus pechos y turbando su mente. Bea estaba casi desnuda en un probador, nerviosa y ruborizada. Durante estos meses se había visto en muchas situaciones comprometidas pero ella sabía que yo estaba detrás de ese control, ahora era diferente se sentía realmente expuesta.

- Este corsé está hecho para ti, le dijo recorriendo su cuerpo descaradamente con su mirada.

- Perdóneme, piensa que la hace lo suficiente puta, va a ser ensillada por varios machos mañana y quiere estar a la altura.

Los latidos de Bea se escucharon hasta en su casa, que era una puta no quedaba la menor duda, que quería ser tratada así tampoco, pero la pille completamente fuera de juego.

La dependienta se quedó momentáneamente en blanco, eso sí sin dejar de mirar a Bea y disfrutar como yo de su vergüenza.

- Puta desde luego parece, pero quizás para lo que me comenta podría añadirle un toque, dijo desapareciendo.

Aunque Bea no hablo ni una sola palabra mientras que la dependienta se ausento, podía escuchar sus gritos internos en mi cabeza, y sus ojos maldecirme con sensualidad.

Los tacones volvían a sonar acercándose a nosotros, venían con una sonrisa en la cara llena de malicia y complicidad.

- No sé si habrá fijado en los fantásticos pezones de su puta, dijo la dependienta uniéndose a la situación.

Esas palabras sonaron una y otra vez en la cabeza de Bea, pude notar como no la dejaron ni mucho menos indiferente, para ella se convertían en un piropo.

Siempre me habían gustado sus pechos pero no había prestado tanta atención como lo había hecho ella.

Sin mediar palabra la dependienta tomo uno de sus pechos en su mano y engancho en su pezón una pinza de suave goma. Bea quedo muda y sacudida, una señora totalmente desconocida estaba tocando sus pechos y tensando sus pezones casi desnuda y expuesta, todo su cuerpo dejaba ver que estaba disfrutando.

- Lo ve como así parece una puta de verdad, decía la dependienta haciendo lo mismo con el otro pezón y dejando que la cadena colgase entre ambos. Su puta tiene los pezones terriblemente sensibles además, decía mientras jugaba con la cadena endureciéndolos sin que pudiera hacer nada al respecto.

Bea se sentía usada y eso que apenas la había tocado, pero todo su cuerpo era pura tensión.

Aunque no había perdido sus bragas, se sentía desnuda en ese probador, la dependienta la miraba con desdén y hablaba como si ella no estuviera presente, como si fuera un objeto.

- Pues tiene razón asi parece más puta, le dije a la dependienta

- Aunque puedo mejorarla si lo desea, si como usted dice la van a ensillar unos cuantos machos la querrá más puta.

Asentí tan solo con la cabeza y la dependienta fue a por más atrezo para Bea, ella tan solo me miraba con el rabillo del ojo, yo me fui detrás de la dependienta.

Me senté en una silla desde donde pensaba disfrutar de su emputecimiento.

Bea vio como La dependienta volvía por el espejo, y acercándose hasta ella y sin mediar palabra le bajo las bragas. Bea no daba crédito y clavaba sus ojos en los míos a través del espejo y yo clavaba los míos en sus pezones duros.

- A esta puta se la voy a dejar a punto, dijo la dependienta colocándole en una gargantilla en el cuello.

Con las bragas por las rodillas, los pezones tensos por las pinzas, el corsé que realzaba aún más sus pechos, los zapatos de tacón y ahora un collar de puta en su cuello, dejo escapar lágrimas de placer de entre sus piernas. La dependienta no tardó en darse cuenta y tomo sus jugos de entre las piernas para llevárselos a su boca.

- Vamos putita no te hagas la remilgada ahora, le dijo la dependienta mientras le metía los dedos dentro de su boca.

Bea me pidió consentimiento con la mirada y yo como estaba claro se lo di.

- Mira como chupa la puta me decía la dependienta girándose con el dedo metido en la boca de Bea.

La dependienta le puso una correa a ese collar, y así Bea se convertía en una verdadera perra. Estaba tan sensual llevada a cuatro patas por la tienda con su corsé, sus pechos endurecidos por las pinzas, sus zapatos de tacón y sus bragas arrastrándose por las rodillas.

- A tu perra le falta algo dijo la dependienta con un tono mucho más que pícaro sentándose a mi lado. Vamos perra mala date la vuelta y enséñanos tu culo le dijo.

Bea se giró lentamente y como una buena perra se tumbó enseñándonos bien su culo y su sexo húmedo y lujurioso.

Mi nueva compañera de juegos me mostro un plug anal con una cola de perra incorporado, no tenía que decir nada, sus intenciones estaban mucho más que claras.

Bea no tardo en recibir al intruso, su ano no ofreció apenas resistencia, entro como cuchillo en mantequilla, dejando su sexo chorreante y abierto como el de una perra en celo.

- Ahora sí que es una perra como dios manda, le dije a la dependienta

- No sé, no sé, contestó ella

-

La dependienta la giro con la correa, clavo su mirada en ella y la desnudo aún más de lo que estaba, sin dejar de mirarla a los ojos me dijo.

- Me dejarías a tu perra un rato y así te lo confirmo

Pude notar como Bea tragaba saliva y me miraba con mucho temor, la imagen era aterradora sentada a cuatro patas en el suelo, con sus pechos tensados por las pinzas, el corsé aguantando la poco respetabilidad que le quedaba, esas bragas por las rodillas y ese plug invadiendo su culo

- Claro para eso están las perras, disfrútala

Bea estaba tan confundida y caliente que no podía reaccionar, una cosa es ser puta y exhibicionista, otra cosa que te folle un desconocido, pero ya ser la perrita de una desconocida era demasiado hasta para ella.

Un tirón de la correa le dejo bien claro quien estaba al mando.

- No me digas que una puta como tú nunca se ha comido un coño, dijo la dependienta riendo y poniéndose de pie.

Debajo de ese vestido de dependienta casi recto se escondía una zorra de cuidado, yo la conocía bien y hasta ahora el engaño había funcionado a las mil maravillas.

Bea se había tragado toda la historia sin rechistar y ahora se tragaría el resto.

María que era así como se llama la bruja, se había despojado del vestido en un abrir y cerrar de ojos y ya estaba abierta de piernas y tirando de la correa para que Bea le comiese el coño.

Bea me miraba como pidiendo clemencia o algo así, pero mis ojos le decían lo contrario.

- Lo mismo la vas a tener que obligar, que lo mismo no es tan puta dijo María mirándome

María se arrancó las bragas con una mano y con la otra tiraba de la correa para meter la cabeza de Bea donde quería.

Bea era arrastrada por una fuerza motriz imparable, sus vicios. Su cuerpo quería parar y no avanzar pero su lujuria no se lo permitía, ese coño húmedo la llamaba, la hechizaba, la perturbaba.

María tan solo tuvo que azotarla dos veces para que sus labios devoraran los suyos y hundiera su cara en ellos.

Bea solo sacaba su cara de entre sus piernas para dedicarme una mirada tórrida.

- Y dices que es la primera vez que esta putita se come un coño? preguntaba María en tono irónico, pues parece una profesional.

- Pues su marido va estar encantado de saberlo, Fran te paso a María para que te cuente lo bien que come el coño tu señora.

No podías contestar tenías la boca llena de mujer, no sé veía tu cara, pero en ese momento tu cara se dio cuenta que habías caído en la trampa, que la tienda no fue al azahar, y esa dependienta le estaba narrando a tu marido como le comías el coño, y eso te perdió.

María le relataba a Fran con todo lujo de detalles como Bea le comía el coño, los labios y el culo. Desde donde estaba no podía verlo, pero las palabras de María me hacían ser espectador en primera persona.

- Fran pero que puta es tu señora, como me mete su lengua por el culo, decía maría entre gemidos.

María tiraba de la correa con la misma intensidad que era devorada, Bea no necesitaba ningún azote para seguir chupando a su nueva señora, pero María disfrutaba tanto con cada espasmo que notaba en su coño al recibir Bea el azote en su culo, que como se iba a privar de ello.

No podía ver a Fran pero si podía notar por la conversación que mantenía con María que estaba disfrutando tanto o más que nosotros. Las palabras le masturbaban sin poder oponer resistencia, y cada nuevo lametón que recibía el culo de María lo podía notar en su polla.

- Esta perra va a conseguir que me corra, decía María mordiéndose los labios.

No sé cómo conseguí no correrme y poder inmortalizar el momento como se lo había prometido a Fran.

María corriéndose en la boca de su Mujer, ella devorando como buena perra con ese plug en el culo, podía notar como Bea disfrutaba por la cantidad de flujo que bajaba entre sus piernas.

Bea mojada, humillada y disfrutada estaba rebosante de lujuria, desde sus ojos hasta sus pechos pedían a gritos ser follada. Allí y ahora. Pero ese no era el propósito, dejarla lista y abierta para esta noche y que esas condiciones no pudiera negarse a ninguna de las perversiones preparadas.

María se quedó contemplando como Bea se vestía, por llamarlo de alguna manera. Por su cara notaba que no daba crédito que la dejara así. Estaba casi incandescente y turbada, por lo que intentaba acicalarse sin mucho convencimiento.

- Vamos Bea no querrás llegar tarde a tu fiesta le dije.

María sin moverse de su sitio y con sus dedos jugando entre sus piernas por primera vez se dirigió a ella.

- Eres una muy buena puta, puedes quedarte con el corsé, el collar y la correa. Además te he preparado una bolsa con algunos detalles para esta noche.

Bea no sabía muy bien como tomarse todo esto, lo único que sabía es que quería que llegara la noche y poder disfrutar. Sus pezones estaban todavía duros, sus labios estaban húmedos, necesita correrse, todo su cuerpo era un flan.

Como iba a poder calmarse si su boca, sus dedos y ella aun sabia a María, aunque estaba vestida y lista para salir, el plug seguía plantado en su culo y revolviendo sus más oscuras pasiones.