Mi chica me salió un poco puta
Victoria no solo quiere salir de caza; ha traído la presa a su propia cama. Mientras su pareja observa impasible, dos desconocidos descubren que ella prefiere ser usada sin piedad. Esta es la noche en que la rutina muere y el placer prohibido se vuelve brutal.
Desde hace unos meses, mi pareja y yo decidimos dar un importante giro a nuestra vida en común, ya que llevábamos tiempo juntos y empezábamos a caer en esa rutina que solo sirve para romper las relaciones.
Un día, lo hablamos detenidamente, y ambos estuvimos de acuerdo en que era completamente necesario darle algo de marcha a nuestra vida. Sugerimos varias cosas, algunas un poco absurdas, y la verdad es que llegó un momento en que no sabíamos ya qué plantear.
Fue ella la que, en un momento dado, se decidió a poner encima de la mesa la posibilidad de meter en nuestra relación a otras personas. Esa posibilidad a mi ya se me había pasado por la cabeza, pero me daba un cierto reparo plantearla, por si ella se mosqueaba, pero como ahora había surgido gracias a ella, quise aprovechar la ocasión y elogié la medida.
Antes de nada os diré que mi pareja se llama Victoria, aunque familiarmente la llamamos Vicky. Es una chica morena, con melena, de 23 años, bastante simpática, y que tiene un buen cuerpazo. Desde luego, físicamente está muy buena, y eso hace que no pueda pasar mucho tiempo sin que me la folle. Su cara es la de una niña pícara, con buenos morritos, que la hacen muy atractiva. En cuanto a su cuerpo, a mi me parece realmente espectacular, con sus dos buenos melones. Aunque si hay algo que quizás le echo en falta es un poco mas de altura, ya que mide solo 167 cm. A pesar de ello, como casi siempre usa zapatos de tacón, no parece tan bajita, y es frecuente que otros hombres le miren el culo cuando camina por la calle.
Decidimos, después de hablarlo con calma, que cada viernes jugaríamos a un juego, siempre propuesto por el perdedor de la semana anterior, y quien ganara, tendría derecho al día siguiente a ir de caza por los bares de la ciudad. Me pareció aquella primera vez muy interesante, y como no había perdedor anterior pactamos un juego simple: sacar la carta mas alta.
Ese viernes, nos sentamos los dos ante el mazo de la baraja, y tras barajarla dejé que ella escogiera la primera carta: la sota de oros. Luego, escogí yo la mía, el dos de copas, con lo que la suerte estaba echada.
Pasé el día pensando solamente en la noche del sábado. Ella quería ir a unos bares que hay en el centro de la ciudad, y que no suelen estar demasiado concurridos. Yo le pregunté si le parecía bien que también fuera yo, pero cada uno por su lado, y así estaría cerca por si hubiera algún problema. A Vicky le pareció bien, y a la hora convenida nos dispusimos a arreglarnos para partir.
Al momento de vestirse me di cuenta que se había comprado un vestido nuevo, de color negro con tirantes, y bastante corto, tanto de falda como de escote.
No quise darle mucha importancia, ya que un pacto era un pacto, pero al verla así vestida, era evidente que esa noche con seguridad otro se la follaría, ya que era impensable que vistiendo así ningún hombre se fijara en ella.
Nos metimos en el coche y nos dirigimos a los bares del centro de la ciudad. Elegimos uno llamado “la noche”, que no conocíamos mas que de oídas.
Primero entré yo, pedí una cerveza en la barra, y luego me fui hacia unos asientos que había en un lateral, entre la barra y la pista de baile. Mientras esperaba, me fijé en que el bar estaba muy bien decorado, con aires caribeños, a juego con el tipo de música que ponían allí.
Luego me fijé en el tipo de gente que estaba dentro, no muchos debido a que era todavía pronto, y la mayor parte eran latinos.
Chicas había pocas, y parecían que ya estaban emparejadas con algunos de los chicos allí presentes. En cuanto a los que parecían estar libres, me llamaron la atención un par de chicos latinos que hablaban apoyados en la barra del bar mientras se tomaban unas copas.
Vicky entró en el local y se dirigió hacia la barra, mas o menos donde unos pocos minutos antes había estado yo. Enseguida me di cuenta de que la mayoría de los chicos se habían fijado en ella, si bien los ya emparejados disimulaban y giraban sus cabezas hacia otro lado. Pidió en la barra una copa, creo que era una caipiriña, y se sentó en una butaca mientras se la preparaban.
Desde esa posición, dirigió su vista para contemplar el ambiente del bar, lo mismo que antes había hecho yo, y con seguridad, también debió de percatarse que los únicos que parecían aprovechables eran los dos amigos que llevaban aquella animada conversación.
Centró su mirada felina en ellos, y como ya cabía esperar, no tardaron en devolverle una mirada similar, cuchicheando entre ellos algunas palabras, que yo supuse serían sobre ella.
Pasaron unos minutos de todo esto, y al final, uno de ellos se le acercó. Vicky enseguida le habló con naturalidad, poniendo una buena cara de entrada con la intención de que no se le ahuyentara. Tras unos pocos minutos de conversación, en donde con seguridad intercambiaron sus nombres, el chico hizo un gesto a su amigo para que se acercara.
Mi chica estuvo dándoles conversación a ambos chicos, de forma que ésta no terminara nunca, y que ellos se sintieran muy cómodos. Hablaban y se reían los tres con ganas, y Vicky aprovechaba cualquier oportunidad para tocarles del brazo, y así iniciar un leve contacto.
Uno de ellos, el que parecía un poco mas alto de estatura, la cogió en un momento dado del brazo y la llevó hacia la pista de baile, ya que al parecer la canción que sonaba en ese momento era especialmente de su agrado. Deciros que Vicky baila bastante bien, y que le encantan los bailes salseros, por lo que cuando se encontró en la pista puso todo de su parte para pasarlo bien.
El chico, que de tonto ya me di cuenta que no tenía ni un pelo, aprovechaba cualquier instante para poner su mano en la espalda de ella, en su cintura, y de arrimarla hacia sí lo máximo posible.
Ya os he contado antes que ella tiene unas buenas tetas, y mientras bailaban, él acercaba sus labios a su oído con la clara intención de aprovechar ese momento de cuchicheos para poner su mano en la cintura y poder frotarse sus cuerpos.
Ella parecía seguirle la corriente, y cuando podía se reía con la intención de provocarle. Seguro que fue por eso, que después de unas cuantas veces de usar esta estratagema, él se decidió a pasar la palma de su mano por encima de su trasero, para valorar su reacción. Vicky no solo no se inmutó ante el toqueteo de su trasero, sino que esa vez aun se rió mas fuerte, dándole claramente a entender que tenía vía libre con ella. Por parte del chico deciros que esa situación aún le animó mas, y a su primer intento le siguió otro mas descarado, en donde la mano de él le agarraba sin disimulo las nalgas de ella.
Fue Vicky la que debió de querer salir de la pista de baile y volvieron hacia donde se había quedado solo el otro chico, que había pasado el tiempo viendo el panorama del bailoteo de su amigo mientras saboreaba una cerveza.
Tras unos momentos hablando entre ellos, la cara de Vicky se giró hacia donde me encontraba yo, y me señaló con un dedo. Yo comprendí que ella les estaba explicando a los dos chicos que yo era su pareja, y que los tres podrían acercarse hacia mí. Estoy seguro de que el chico mas alto debió de pensar que yo habría visto sus metidas de mano, y que probablemente iban a tener problemas conmigo. Al final, como yo estaba solo y ellos eran dos, decidieron acercarse, y así Vicky nos pudo presentar.
- Hola cariño! – me dijo ella al plantarse ante mi. Te presento a estos dos chicos, él es Paul y este otro es Edgar.
Yo los saludé sin demasiado entusiasmo, sobretodo al tal Paul, que era el que hacía nada había sobado las nalgas a mi mujer. Tenía la piel blanca y era de altura normal, lo cierto es que no parecía sudamericano. En cuanto a Edgar era todo lo contrario, bajito, con cara de indígena, y robusto de complexión.
Tras las presentaciones, Vicky les pidió que se sentaran con nosotros, a lo que ellos accedieron. Tras unos quince minutos de charla absurda sobre lo bonito que era el local y la buena música que ponían, ella les propuso directamente que podríamos cambiar de sitio. Yo sabía perfectamente lo que pretendía, pero claro, los dos chicos le contestaron que ellos mejor se iban a quedar en el local, y así era mejor que nosotros nos fuéramos juntos. La insistencia por parte de ella dio sus frutos, y al decirles que habíamos pensado continuar la fiesta en nuestra casa, les hizo ver a ambos que allí se cocía algo en donde ellos podrían salir beneficiados.
Unos minutos después nos encaminábamos hacia nuestro coche, y desde allí a nuestro domicilio. Durante el trayecto, mientras yo me dedicaba a conducir y a permanecer callado, ellos no dejaban de hablar de tonterías y de cosas sin ninguna importancia, supongo yo que era para así disimular el nerviosismo que la propia situación pudiera generar.
Al llegar a casa, Vicky se dirigió hacia el baño, ya sabéis como son las mujeres, y yo aproveché el momento para ponerles unas copas a cada uno: Un gin tonic para ella, unos whiskys para ellos, y una cerveza bien fría para mi.
Paul se había sentado en el sofá que tenemos en el salón, mientras su amigo permanecía de pie cerca de la chimenea. Ella no tardó mucho en reunirse con nosotros, mientras permanecíamos los tres callados aguardando su llegada.
Cuando entró, lo hizo sin dejar de hablar, rompiendo el silencio que hasta ese momento había invadido la sala, y consiguiendo la atención de nosotros tres.
- Bueno chicos, supongo que tendréis mucha curiosidad de saber por qué os hemos traído aquí, ¿no? – les dijo mientras recogía el gin tonic de encima de la mesa.
- Pues bueno, la verdad es que algo intrigados sí estamos – le contestó Edgar poniendo cara de incertidumbre, mientras su amigo Paul permanecía callado bebiendo su whisky.
Vicky quiso que ellos entendieran rápidamente la situación, y aunque hubiera podido dar mas vueltas para contárselo, decidió que lo mejor sería explicarlo de forma clara.
- Pues veréis, mi pareja y yo queremos darle a nuestra relación un poco de vidilla, y todos los viernes por la noche jugamos a un juego. El perdedor tendrá que fastidiarse, pero el ganador podrá salir la noche del sábado de caza. ¿Comprendéis lo que quiero decir?
- Y ayer ganaste tú, ¿no? – preguntó Edgar con mucho interés.
- ¡Exacto! – exclamo ella rotundamente. Ayer yo gané y por eso hoy he salido a cazar – bromeaba mientras iba mostrando una cierta sonrisa malévola.
- Pero Vicky – intervino Paul- nosotros, somos dos.
- Bueno – se puso a explicar ella – yo creo que eso no será mucho problema, ¿no crees cariño?.
Cuando nosotros habíamos establecido las normas del juego, no habíamos detallado con claridad si la caza era para una o varias personas, y visto así, Vicky no estaba contraviniendo ninguna norma.
- Ésta es tu noche y tu decides – sentencié yo, dando luego un largo trago a mi cerveza.
Al oírme, los chicos se sonrieron, y enseguida sus miradas se dirigieron hacia Vicky. Sin embargo, debieron de tener alguna que otra duda, y quisieron seguir preguntando, para asegurarse.
- Entonces, ¿quieres decir que hoy tu chico solo puede estar de mirón, y que nosotros tenemos vía libre contigo? ¿O solo uno de nosotros? – quiso concretar Edgar.
- No tendrás que preocuparte, ya está todo hablado. Él solo mirará, no puede hacer otra cosa hoy, y yo os he elegido a los dos para esta noche. Como solo puedo hacerlo una vez, los dos estaréis conmigo, ¿vale?.
Los chicos incrementaron sus sonrisas al oír las palabras de ella, y Edgar, después de dejar su vaso en una estantería, se le acercó de forma que se puso detrás, colocando ambas manos sobre su cintura.
- Sabes que estás bastante rebuena, ¿no? – le dijo mientras sus manos le acariciaban la cintura.
Las palabras de Edgar provocaron una sonrisa en el rostro de ella, que él interpretó como una señal de complacencia, y sus manos comenzaron a subir por encima del ombligo, de forma que pronto fueron a manosear sus abultados pechos.
- ¡Qué buenos melones tienes! – exclamó Edgar mientras se los manoseaba.
Sin duda ese momento fue el inicio de lo que sería una excitante noche. Tras los momentos de manoseo, Vicky les guiñó el ojo y salió del salón dirigiéndose hacia nuestra habitación. Los chicos se quedaron un poco parados sin saber qué hacer, hasta que tuve que ser yo quien les dijera que en unos minutos pasaríamos los tres a la habitación, así ella se pondría algo mas cómodo. Dejaron sus vasos encima de la mesa y los tres nos encaminamos hacia la puerta del dormitorio, en donde ella ya había aprovechado para quitarse el vestido y recogerse el pelo.
Vicky nos esperaba sentada en una silla, ya sin la ropa, y solo llevaba puesta una camiseta corta y transparente que a veces se coloca para estar por casa.
Al verla así, los chicos alegraron la cara, aunque Paul mostró cierta desilusión.
- ¡Con el vestido que llevabas antes me daban unas ganas tremendas de follarte! – soltó de repente.
- Bueno, ¡quizás puedas hacerlo así otro día! – le respondió ella burlonamente.
Entramos los tres en la habitación, y yo me senté en una butaca para así poder contemplarlo todo sin perderme detalle, mientras ellos se acercaban a Vicky, de forma que Edgar se colocó en la espalda de ella y Paul lo hacía delante de su cara.
Las manos de Edgar comenzaron a acariciarle la espalda, supongo que para que ella se pudiera acostumbrar al tacto, y su compañero se inclinó hacia delante buscando con sus labios los de ella. Tras un corto beso, sus lenguas comenzaron a juguetear en el aire, mientras por la retaguardia Edgar volvía a masajear las tetas, ya sin vestidos de por medio.
En apenas cinco minutos ya todos nos habíamos puesto a cien, y como la posición de ella no favorecía el ataque de Paul, éste la levanto y la dejó en pie en medio de la habitación. Con la sola intención de provocarles, ella elevó sus brazos por encima de su cabeza, de forma que sus pechos fueran perfectente visibles para los dos machos, que ya estaban quitándose su ropa para quedarse desnudos frente a ella.
- Estás muy buena, ya verás lo bien que lo vamos a pasar – dijo Paul, mientras su amigo asentía con la cabeza, de acuerdo con él. Te dejaremos bien satisfecha de polla, no te preocupes.
Ambos se le acercaron y se colocaron uno a cada lado, y como no parecía que esta situación fuera muy habitual en ellos, mostraron cierta patanería en su ejecución. Edgar se había colocado en el lado del brazo izquierdo de ella, y con una mano la agarraba una teta mientras se la chupeteaba, jugando con su lengua en su pezón. Con su otra mano, le iba acariciando el culo, mientras que Paul, que estaba al otro lado haciendo lo propio con la otra teta, le introducía sus dedos dentro de su depilado coñito.
Yo siempre había alabado el buen par de tetas de mi chica. Desde luego he conocido otras, pero las de Vicky me han parecido siempre espectaculares, tanto por su forma como por su dureza, y eso debió de ser algo que ellos se percatarían desde el primer instante, ya que durante toda la noche someterían a ese juguete a una buena ración de manoseos y lamidas.
- Sí, así, comedme las tetas, moved vuestras lenguas, me estáis volviendo loca, me ponéis muy cachonda – les iba diciendo ella mientras las lenguas de ellos no dejaban de moverse.
Yo ya estaba empezando a notar cómo mi rabo se estaba poniendo duro con solo mirarlos, y al ver los suyos, era evidente que también lo estaban. Decidí que estaría bien que me la sacara por fuera del pantalón, y como yo tampoco estaba infringiendo ninguna norma del juego, decidí manosearme la polla mientras los miraba.
Edgar se colocó detrás de ella, arrodillado en el suelo, y con las manos puestas en la cintura se dedicó a lamerle el coñito mojado. De esta forma, al inclinarse ella hacia adelante, la polla de Paul quedó a escasos centímetros de los labios de ella. Tan pronto como ella la vio, no pudo contenerse y sacó su lengua con la intención de alcanzarla, de forma que con la punta tocó el prepucio, que comenzó a lamer.
- Te gusta mi rabo, ¿eh?, venga, lámelo, luego te follaré de lo lindo.
Las palabras de Paul debieron de gustarle a Vicky, ya que ella intensificó las lamidas en la polla. Ésta era de tamaño normal, algo curvada hacia un lado, y yo creo que mas pequeña que la mía.
Ella la tenía agarrada con una mano, mientras su lengua la relamía como si se estuviera comiendo un helado. Sus chupadas iban desde sus huevos hasta la punta de la polla, repitiendo la maniobra varias veces para incrementar su placer.
Por un momento me pareció que ella se sonreía, al verle al tipo la cara de placer que se le había quedado, señal inequívoca del trabajo bien hecho.
Tras un buen rato lamiéndosela, ella juntó sus tetas con la polla en medio, y las masajeó así durante unos breves instantes. Ella le miraba, mientras él movía su cintura a un ritmo acompasado. Menuda cara de zorra que tenía.
Luego, volvió nuevamente a comerle el rabo, pero ya metiéndoselo dentro de su boca y succionando con ganas.
A veces, tanto ella como él, emitían pequeños gemidos, suficientemente altos para que yo los pudiera escuchar.
Paul movía su cintura para ir metiendo poco a poco su polla en la boca de ella, con pequeñas embestidas, mientras sus manos iban toqueteándole sus tetas, que al estar inclinadas hacia adelante, habían tomado una forma de sabrosas peritas.
Mientras tanto, Edgar estaba trabajando con la lengua en su coñito, y debía de estar haciéndolo muy bien, por la cara de zorrona que iba adoptando Vicky. Cuando en un momento dado Paul retiró su polla de la boca de ella, emitió unos gemidos que delataban una situación de excitación ya avanzada.
Paul la giró, colocando una de sus piernas en una silla, con la intención de meterle el rabo por el coño. Como era de esperar, debido a que estaba muy húmedo, el rabo entró sin dificultad, comenzando ambos a moverse acompasadamente, en unos vaivenes que iban acompañados de los gemidos de ella.
Cada embestida suponía un gemido en ella, lo que provocó que Edgar exclamara
- ¡Esta tía está hecha una auténtica zorra! ¡Oye como gime!
Realmente sus palabras reflejaban una realidad, aunque dichas en ese momento no me gustaron mucho, pero menos me gustó oír cómo ella había recibido de buena manera ese insulto como un elemento mas de excitación.
- Sí, soy vuestra puta, quiero que me folléis, haré lo que me pidáis, pero por favor, folladme sin parar.
Ambos chicos se miraron un poco alucinados por la forma en la que ella se estaba comportando, pero era también evidente de que eso les provocaba una buena excitación y que iban a aprovecharlo independientemente de si yo me encontraba allí o no.
Paul le agarró de la coleta que llevaba en su pelo, y comenzó a trotar sobre ella, embistiéndola, mientras las nalgas de ella chocaban violentamente con sus huevos.
Edgar, que hasta ese momento había tenido una discreta participación, se bajó los pantalones, y dio a conocer su rabo. Era bastante grueso, aunque de largo normal. Como ella estaba relativamente cerca de la cama, él se decidió por tumbarse en ella y de esta forma Vicky podría comerle la polla.
Ella se la agarró con una mano rápidamente, y comenzó a pajearle para ponerla a tono. El latino debía de tener prisa por obtener su cuota de placer, y le dijo:
- Venga, chúpamela, a mí también me gusta.
Ella sonrió, y sintió como él la acercaba con su mano en la nuca hacia su verga. La introdujo en su boca, y comenzó a chuparla con afición.
Era un espectáculo ver cómo sus tetas se balanceaban de un lado a otro, fruto de las embestidas que Paul le daba por detrás. Algún que otro cachete en el culo se llevó también a manos de Paul, que ella aceptó de buen grado.
Edgar estaba materialmente follándole la boca, cada vez con mas fuerza, lo que provocaba dificultades a Vicky para mantener su respiración. Supongo que también sería por eso por lo que ella quiso cambiar de posición, y agarrando a Paul de la mano lo llevó hacia la cama, en donde ya estaba Edgar.
Éste, la cogió y les hizo un hueco, de forma que Paul se tumbara en la cama y ella, en la posición del perrito, le comiera el rabo. Su culo y su coño quedarían de esa forma en pompa, y ese sería el campo de acción para Edgar.
- ¡Cómetela cacho puta!, me pones como un berraco. ¡Que suerte hemos tenido de encontrar a este zorrón suelto!, ¿eh, Edgar?
Su amigo se reía mientras inspeccionaba lo que iba a hacer por detrás. Paul que estaba animadísimo, le indicó:
- ¡Ábrele las piernas y fóllatela! Que esta puta necesita que le des candela!. Te gustan las pollas, ¿eh?
No sabría decir si ella oía o no lo que le decían, pero lo que sí puedo asegurar es que estaba como loca. Por delante, comiéndose el rabo de Paul, como si nunca hubiera comido, y por detrás, Edgar ya la sujetaba por las caderas mientras su verga se iba abriendo paso por el interior de su coñito, y luego, tras entrar en él, la sometía a un vaivén sin parar, que le provocaban algunos jadeos.
Yo miraba la cara de zorra que tenía. Antes de esa noche, no hubiera podido imaginar que llegáramos a esta situación, pero había que vivir el momento, y tanto ella como yo, no lo íbamos a desaprovechar.
Edgar intensificó por un momento sus embestidas desde atrás, y eso hizo que ella dejara momentáneamente el rabo de Paul, y se pusiera a gemir como una loca, mientras miraba hacia atrás en señal de agradecimiento. Él ponía una cara de salido mientras se la follaba, martilleándole por detrás como si de un animal se tratara.
Tras esos instantes de placer, me pareció que Paul quería cambiar el tercio, ya que ella no había gemido tanto con él. La agarró del brazo y la colocó de forma que su polla pudiera entrar por su coño, y así someterla él.
Su coño era una fuente con tanto sudor. Paul volvió a meterle el rabo dentro, y se ejercitó de forma que estuviera a la altura de las circunstancias. Edgar se movió para ponerse frente a la cara de Vicky, y ella mirándole, le dijo:
- Me gusta tu rabo, está muy sabroso. ¡Dámelo! – y luego le abrió la boca, sacando la lengua en busca de su regalo.
Edgar estaba mucho mas desinhibido que al principio, en donde toda la iniciativa la había llevado Paul. Ahora se sentía con fuerzas para dominar la situación, y ésta pasó a su control.
- ¡Chúpala, zorra! Déjame seco! Menudo putón que estás hecha! – le dijo mientras la miraba.
En otras circunstancias, que hablaran así de Vicky no me habría gustado, ni a mi ni a ella, pero tal y como estábamos comprendí que no era momento de tonterías. Ella quería que se la follaran, y estaba dispuesta a pasar por cualquier situación, fuera como fuera, con tal de que esos dos le dieran el mayor placer.
Conmigo nunca se comportó de forma tan guarra. Para mí, esa era una cara desconocida, pero lo cierto es que me sorprendió gratamente saber que sabía comportarse como una auténtica puta.
Paul la colocó encima de él, con su polla dentro del coño, de forma que le diera la espalda, y así Edgar, que estaba subido en la cama, la tenía a su merced ante su amenazante rabo.
- Tengo algo para tu boquita, ya verás, te va a gustar – le dijo mientras se colocaba en posición.
Vicky miraba su verga sin parar, como si fuera un regalo enviado por los Dioses. Seguro que la deseaba, casi tanto como yo a ella verla chupar.
Cuando Paul comenzó a subirla y bajarla con su polla, Vicky dio un jadeo que le hizo abrir su boca, y ese momento fue el mas adecuado para que la polla de Edgar se pusiera a rozarle los labios. Al sentirla, ella cerró los ojos y abrió su boca, de forma que pudiera entrar sin mayor problema.
Edgar le agarró de la cabeza, y la sometió a un vaivén de embestidas de su polla en la boca, de forma que casi pensé que con semejante ataladramiento se iba a atragantar.
Tras él, y mientras ella se recuperaba, Edgar la levantó ligeramente, para facilitar que su amigo pasara su polla del coño a la entrada de su culo. Como estaba tan húmedo, y debido a esa posición, al descender ella se incrustó sin problemas dentro de su ano, lo que hizo que ambos gimieran de placer.
Edgar, que ahora estaba masturbándose la polla frente a ella mientras le toqueteaba las tetas, volvió a metérsela en la boca, si bien ella estaba tan excitada que creo que no fue consciente de ello. Con su mano izquierda, Edgar le movía la cabeza, mientras que con la derecha en su rabo, iba dirigiéndola por dentro de la boca.
Vicky abrió sus ojos y los puso casi en blanco. Menudo placer que con seguridad debía de tener!. Al retirar el rabo, comenzó ella a lamerse sus labios, como si hubiera necesitado mas.
- Por favor, fóllame, rómpedme entre los dos – les dijo
Los chicos cumplieron las órdenes al pie de la letra, y Edgar dejó de meterle la polla en la boca para situarla frente a su coño. Ella seguía gimiendo por las entradas de Paul en su culo, mientras que con la mirada iba siguiendo a Edgar para saber dónde se iba a situar.
Se abrió de piernas, para facilitarle la tarea, y éste no tardó en arrodillarse, mientras se meneaba el rabo.
- Quieres que te folle, ¿verdad? – le dijo
- Sí, sí, vamos, métemela y hazme gozar – le respondió ella.
- Di que eres una puta – añadió Edgar. Una puta blanca que necesita unas buenas pollas.
Ella estaba dispuesta a decir lo que fuera con tal de que la penetrara, y comprendiendo la situación de que a los sudamericanos les gusta sentirse que someten a las europeas, le respondió:
- Soy vuestra puta, vuestra zorra, vuestra fulana, necesito vuestras pollas, metédmelas ya, por favor.
Esas palabras debieron de calar duro en ambos hombres, ya que Paul intensificó su bombardeo por el culo, y Edgar la penetró con tal fuerza que pensé que no lo iba a poder soportar.
Durante medio minuto estuvieron asediándola mientras ella, que miraba al techo, no paraba de gemir.
Al poco rato, Edgar la agarró de la cintura, y yéndose hacia atrás, se dejó caer en la cama, de forma que ella continuaba con su polla incrustada en su coño.
Paul se levantó y decidió volver a metersela por detrás, ya que eso parecía hacerlo bastante bien. Al hacerlo, provocó un nuevo gemido de ella, que hacía ya tiempo que había perdido la noción de la decencia.
Los dos rabos incrustado le provocaron buenos momentos de placer, mientras ella les decía:
- Sí, sí, más, más, partidme en dos, vamos, ¡dadme bien fuerte!
Esas palabras hacían que ellos aumentaran mas y mas su fuerza. Yo no paraba de mirarlos, y con seguridad, si me hubiera acercado a ella y le hubiera metido mi polla en su boca, con gusto la hubiera recibido. Pero no lo hice, ésta era su noche.
En un momento dado, Paul dijo que se iba a correr, y se apartó de su culo esperando que ella se arrodillara en el suelo para descargar su corrida, como así hizo.
Ella le agarró el rabo, y mientras lo meneaba, tenía su boca abierta esperando a que Paul descargara su lefa, que fue a parar a sus ojos, su boca, y su lengua, cayendo algunas gotas hacía abajo y mojándole las tetas. Luego le limpió el rabo metiéndose la polla en la boca, y lamiendo hasta la última gota de semen.
En cuanto a Edgar, que se había colocado en pie a su lado, viendo la descarga de su amigo, le colocó su polla enfrente, y ella, mientras le miraba desde abajo, comenzó a lamerle el capullo con la punta de su lengua, mientras él se la meneaba.
No tardó en correrse, fundamentalmente dentro de su boca, quedándose seco, y tras ello, ella le limpió el rabo mojado tal y como se lo había hecho a su amigo unos momentos antes. Tenía toda su cara entre sudada y llena de semen, con un hilillo que le iba cayendo por su barbilla.
Luego agarró ambas pollas a la vez, y pasó de una a otra buscando un poco mas de semen que llevarse a su boca. Cuando se levantó del suelo, yo me había corrido viéndolos, y eso provocó un comentario de ella
- Si te gusta ver cómo me follan otros hombres, por mí, podemos repetirlo otra vez, ¿no?
- Por supuesto - le dije yo. El próximo viernes tendremos un nuevo juego.
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