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La esposa del cornudo (XXV): Primera noche fuera

Sole siempre supo que su marido aceptaría su infidelidad, pero nunca imaginó que la humillación sería el combustible de su deseo. Esta vez, el viaje no fue solo para follar, sino para entregarle las bragas usadas a quien debería protegerla, y contarle cada detalle mientras él se tocaba. ¿Hasta dónde está dispuesta a llegar para mantener la llama encendida?

MaestrodeJazz13K vistas8.7· 15 votos

Reconozco que para mí fue muy excitante leer todas las reflexiones que Sole ha ido dejando durante todos estos meses en su diario, referidas a su relación con su amante, aunque sus descripciones no fueran todo lo explícitas que me hubiese gustado.

Lo que no puedo explicarme es la irregularidad con la que ella ha escrito esos pasajes, a veces llenándolos de detalles sobre lo que hacía con L, o lo que ella estaba sintiendo en un momento particular. Y otras veces dejando pasar muchos meses sin hacer el más mínimo comentario.

Me hubiese gustado que ella hubiese escrito casi a diario, pues sus encuentros con L se convirtieron en casi cotidianos, aunque fuese de lo que hacían en la escasa comodidad del despacho del restaurante donde cada día ella se dejaba tocar y le hacía sexo oral a nuestro jefe.

No obstante, yo solo he contado con los textos que os he compartido, ya digo que todos muy morbosos y excitantes para mí, y que finalizan con estos últimos que hoy os transcribo y que tratan de su primer viaje con L para pasar una noche juntos, aunque fuese aprovechando un viaje de trabajo que tenía que hacer nuestro jefe.

Aunque en otros capítulos de este relato, os he contado situaciones más morbosas de las que ellos han vivido, como las que ocurrieron recientemente en el viaje de los dos a Torremolinos y Madrid, me interesa especialmente cómo ella ha descrito aquí sus primeras experiencias abiertamente de sumisión, como las nalgadas y sus primeros intentos con las cuerdas.

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Chucrut (col fermentada) 16 de mayo de 2021

Ingredientes: col, vinagre, sal.

Durante todo el primer día que pasamos en El Puerto, L debió dedicar bastante tiempo a los negocios y solo durante la cena y el tiempo que luego compartimos dentro de la habitación del hotel pudimos dar rienda suelta a lo que ambos estábamos deseando. Aunque poder dormir luego juntos fue la auténtica novedad del viaje, no dedicamos mucho tiempo a eso.

Antes, en el restaurante, coincidimos con un amigo que cenaba en una mesa próxima y que vino a saludar a L, confundiéndome a mí con su ex-esposa. "Veo que hoy te has traído a tu mujer..."

L trató enseguida de sacarle del error y, al oirle, casi estuve a punto de desmayarme... "No, no es mi mujer porque de mi mujer me separé hace ya casi tres años... Sole es mi p... mi pareja actual." Como L dudó sobre la manera de referirse a mi... por un momento pensé que iba a llamarme como a veces hace en privado: "mi puta".

Afortunadamente lo que dijo fue otra cosa. Fue la primera vez que me presentaba a un conocido suyo, y la primera vez que se refería a mí de ese modo, como “su pareja”.

Si pienso en porqué le permito a L esa y otras libertades, aunque sea en privado, algo que no he aceptado a otros hombres, con la excepción de Fede y de Carlos, creo que tiene mucho que ver con esos otros nuevos elementos que han aparecido en nuestra relación, más allá del sexo.

No tendría ningún sentido ni podría explicar eso si no pienso en mi faceta de sumisa que L ha redescubierto y que, sin saber entonces lo que era, ya apareció cuando estuve con Fede y sobre todo con Carlos.

Más allá de sus obvias y enormes ganas de disfrutar de mi cuerpo, veo ahora cómo esos tres hombres, y yo con ellos, gozamos también cuando sienten que saben dominarme. Eso, por ejemplo, ni por asomo pasa con mi marido.

No debería mezclar a Andrés en esto, lo sé, aunque él tiene mucha culpa de todo esto que me ha pasado porque, desde el principio, no ha parado de alentarme. Quizás sea por eso por lo que me atrae estar ahora con L y por lo que sigo viéndome con él. Es muy diferente a mi marido, y tan parecido... a Carlos.

Ha sido novedad estar cenando y comiendo con él, casi sin ocultarnos, como si fuésemos pareja. No creo que sea eso lo que somos porque solo nos juntamos para follar pero prefiero que me vean así los demás y no que me consideren su amante, sobre todo, sus conocidos de otros años.

Bueno, no sé si soy su amante exactamente porque creo que es más que eso... como eso que hace ahora de explorar mi sumisión... Incluso en este viaje, aun habiendo tanta gente delante, no se ha conformado con tenerme en público a su lado, y me ha hecho hacer cosas para comprobar… mi obediencia... Hasta en esos restaurantes en los que coincidíamos con otros asistentes a la feria, a los que él ya conocía.

Aunque L parece que intenta cumplir los límites que yo le impongo, siento que debo estar siempre atenta y no plegarme a la primera a sus peticiones. Pero muchas veces, por su tenacidad, consigue llevarme medio metro más allá de donde yo hubiera querido llegar.

Y no sé si decir que eso ocurre en el mejor o en el peor de los casos, porque todavía no tengo claro del todo cómo debo valorarlo, porque mentiría si digo que yo no lo disfruto.

Como cuando empezó con las palmadas en el culo... No me explicaba porqué le excita eso pero ha empezado a hacerlo cada vez más. Y aun entiendo menos porqué yo dejo que lo haga, siendo la que recibe esos golpes en mis nalgas, primero con su mano bien abierta y, desde hace semanas, incluso con la pala.

Supongo que, igual que me pasaba con Carlos, lo acepto por ver cómo él disfruta al hacerlo, y al sentir como ambos sabemos que puede dominarme... Yo también siento cosas, no puedo negarlo... al sentirme tratada de ese modo que no sé definir... pero que nos resulta muy morboso y excitante a los dos.

No son castigos propiamente pero noto que me voy acercando poco a poco hasta ahí. Y aprovecha momentos como este viaje para dar nuevos pasos. Esta vez me ha enseñado unas cuerdas... Y hasta ha hablado de atarme las manos...

Claro que no le he dejado tenerme sujeta así, pero ha habido cosas que antes casi me repugnaba hacer, y ahora las hago. No sé cuánto tiempo podré resistir sin que le deje que utilice conmigo esas cuerdas.

Me ha regalado un juego de dildos anales, dice que para irme dilatando a pesar de mi negativa a plantearme cualquier tipo de penetración por detrás... Solo he probado el más pequeño durante la tarde en que he estado casi sola, y es bastante molesto.

Sobre todo al principio, en el momento de introducirlo, debo concentrarme para estar muy relajada y, hasta haciéndolo así, eso me ha hecho sudar.

Le he dicho seriamente que nunca aceptaría una penetración anal. Pero también le dije que nunca follaría con él y, aunque pude mantener mi promesa durante unos meses, ahora me folla como quiere.

Lo de quitarme las bragas para dárselas dentro de la bolsa a mi marido ha debido gustarle mucho porque hemos hablado de eso durante la cena. Me ha hecho ir todo el día sin ellas, incluso mientras él estaba en sus reuniones comerciales, pero me permitió que me las pusiese para la cena, cosa que me sorprendió.

Pero siguiendo sus instrucciones, en un momento dado y casi al principio, me hizo ir al aseo a quitármelas. Allí me hizo esperar con la orden de que solo debería volver a la mesa cuando él me enviara un WhatsApp, y lo haría para llevarle mis bragas y dárselas de mi mano a su mano,.

Él hizo que, muy conscientemente, eso coincidiera con el momento en que nos estaba sirviendo el camarero, no haciendo demasiado para ocultar lo que iba a suceder. Y no hizo nada para que no se notara lo que yo le estaba dando, que claramente pudo verlo el camarero.

Son estos elementos de obediencia y sumisión los que cada vez incluye más en nuestros encuentros. Como esta vez hemos tenido más tiempo en total que de costumbre hemos hablado bastante rato de eso... "Eres una zorra adorable, sobre todo cuando te sometes sin discutir a todos mis caprichos".

No creo que L piense convertirme en su esclava sexual, últimamente he leído sobre eso, y yo pienso que no me gustaría convertirme en eso. Pero confieso que también es parte de lo que me preocupa, que sea yo misma la que pueda hacerme adicta a esos juegos... y termine aceptando, y quiera más y más.

Después de la cena fuimos a tomar una copa a un local. Y alli L me tocó y me trató de una forma coherente con lo que habíamos estado hablando, y lo hizo como si estuviésemos solos... y yo fuera solo suya... sin importarle que alguien, incluso un conocido suyo, nos pudiera estar viendo mientras él me sobaba por todos lados y me metía mano con total impunidad.

Hace muchos años que no había dejado a ningún hombre tocarme del modo en que L lo hizo esa noche, en presencia de todas las personas que había en ese pub, muchos de los cuales terminaron por mirarnos. Siendo sincera, creo que eso no ocurre por lo menos, desde el tiempo en que estuve con Carlos.

La forma en que L me besaba con toda su lengua dentro de mi boca, o cuando me tocaba las tetas por encima de la blusa… eran sensaciones que tenía olvidadas pero que me removieron entera por dentro hasta notar mi humedad bajando por mis muslos.

Y el modo en que me rodeaba con sus brazos, con sus manos subiendo mi falda por detrás y sobando mis nalgas, con incluso algunas nalgadas allí mismo, eran más propias de haberlo hecho los dos a solas en la habitación que no en un local a la vista del público.

Pero no le recriminé lo más mínimo por haber hecho eso, o por haberme tratado casi peor que a una puta. Me cuesta reconocerlo pero quizás fue eso lo que nos hizo llegar a la habitación del hotel tan excitados a los dos, con él casi queriéndome empotrar contra la pared del ascensor, y yo empezando a desnudarme cuando estábamos aun en el pasillo.

Ya en la cama, y con nuestras ropas por el suelo, L empezó a quitarse todas las ganas que los juegos de todo el día habían acumulado en nuestros cuerpos. Casi como si estuviésemos celebrando que prácticamente hacía un año desde su primer intento por desnudarme allí en su despacho.

Le recordé esa coincidencia y parece que eso le dio aún más ganas, porque incluso aumentó más la intensidad de los movimientos con los que me penetraba. El volumen de nuestros gemidos era alto y seguro que nos escuchaban sin problema en las habitaciones contiguas...

- "Un año ya, putita, has hecho bien en recordarlo… Pues todavía tengo que desquitarme de todas aquellas semanas en que me tenías tan caliente… O luego cuando ya te dejabas tocar pero no había forma de vencer la resistencia que oponías a follar del modo en que ahora lo hacemos..."

Yo enseguida le reconocí allí mismo lo tonta que había sido por no aceptar antes sus calientes propuestas. Y por primera vez se me escapó decirle que, hasta sabiendo que contaba con la aprobación de Andrés, hubiera tenido que dejar que él me follara desde el primer día... como y cuando hubiera querido... hasta allí en su despacho.

Mis palabras lo enardecieron aún más y no tardó en correrse, mientras yo sentía que más que follarme, casi estaba intentando partirme por la mitad, mientras me gritaba lo puta que era y lo rico que era follarme y poseer todo mi cuerpo sin muchas contemplaciones.

No podría escribir aquí todo lo que hicimos aquella primera noche fuera de casa, ni sería fácil para mí contarle todo eso luego en casa a Andrés, por mucho que yo tuviera ese compromiso con él.

Pero no puedo negarme a mí misma cómo me entregué sin reservas a los deseos y caprichos de L, como hacía mucho que no me había entregado a otro hombre.

Todo eso que vivimos me hizo recordar lo que yo ya había vivido otras veces, hace ya mucho tiempo, estando con Fede o con Carlos, esos dos hombres a los que inevitablemente L tanto me recordaba.

Allí no sentí culpa alguna, ni vergüenza por estar toda la noche fuera de casa con otro hombre que no era mi marido, ni miedo alguno por aceptar todo lo que me exigió.

Porque es con hombres así, como ahora me pasa con L, con los que se desbordan mis sensaciones y pierdo la separación entre lo que yo noto como una situación placentera y la mera normalidad, porque todo se convierte en un orgasmo interminable.

Más allá de las explosiones de placer que periódicamente me recorren todo el cuerpo, cuando estoy con L, me convierto entre sus brazos en una mujer que parece incapaz de saciar mis propias ganas mientras ellos no dejan de exigirme que lo haga.

Solo después, cuando veo que los caprichos del hombre que está a mi lado han quedado bien cubiertos, me permito relajarme y solo entonces es cuando yo puedo recuperarme y también descansar...

Por razones que desconozco y sobre las que he reflexionado muchas veces, esto nunca me ha pasado con esa claridad estando con mi marido. El sexo es también muy agradable con Andrés pero, siendo igualmente placentero es tan diferente que yo termino sintiendo otras cosas.

No digo que mis sensaciones cuando estoy con Andrés sean peores pero hace tiempo que no recordaba la intensidad de lo que he vivido anoche estando con L en la cama.

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Macedonia de frutas. 17 de mayo de 2021

Ingredientes: Plátanos, peras, melocotón, manzanas, azúcar y canela para el almibar

Después de haber vuelto del viaje a El Puerto con L y después de haber pensado un par de días sobre ello, debo reconocer que ha merecido mucho la pena hacerlo, aunque tuve muchas dudas antes de aceptar. Mentiría si dijera que no lo he disfrutado, pero eso no evita que haya habido cosas en el viaje que no me hayan gustado.

Y esas cosas no han sido precisamente todas las que hemos hecho estando a solas los dos juntos, L y yo, dentro de la habitación. Que si sigo sin mentir, han sido momentos todos muy excitantes y placenteros, lo que hace que, en conjunto, el viaje haya estado genial.

El incidente de la entrega de mis bragas, que L me hizo quitar nada más entrar a su coche para dárselas a continuación a mi marido, casi antes de salir del pueblo, me preocupó inicialmente bastante.

Ese nuevo paso que L se atrevió a dar, sin consultarme previamente, conllevaba una posible humillación que podía haber sentido claramente mi marido sin que fuese para nada necesaria. Pero, viendo la manera en la que Andrés se lo tomó, mi preocupación disminuyó bastante por no decir que casi enseguida lo olvidé del todo.

Tampoco puedo señalar en negativo a L por otras cosas que hayamos hecho durante el viaje porque no voy a engañarme sobre eso. Han podido ser cosas más o menos nuevas, sobre todo por las condiciones que me ha impuesto, y han sido bastante intensas. Pero la inquietud que puedo sentir de este viaje que he compartido con L tampoco la veo ahí.

Aunque es él siempre quien propone y dispone, como también ha hecho esta vez, yo he podido renunciar u oponerme en cualquier momento. Y sin embargo no he pensado en hacer eso porque todas las cosas que L me ha propuesto, al final, claramente me han gustado y las he disfrutado junto a él.

Si lo miro en perspectiva, es increíble ver como L me ha hecho evolucionar en este año de relación que llevamos. Yo he pasado de mis bloqueos, mis negativas y mis miedos iniciales, cuando me sentía casi abusada por él, hasta el grado de com-penetración que hemos tenido durante este viaje, al que me enfrenté al principio con tantísimas dudas.

Pero quizás sea eso precisamente lo que más me ha terminado asustando, ver cómo yo he sido otra vez incapaz de oponerme a nada de lo que L me ha pedido, como ya viene ocurriendo en los últimos meses.

No puedo negar que, en estos pocos meses, L parece haber conseguido apoderarse de mi voluntad y de mis fantasías para hacerlas coincidir exactamente con todo lo que él quiere de mí.

Así es como se atreve, cada día más, a introducir todos los cambios y propuestas que cree necesarios. Porque está seguro de que cuenta, aunque a veces con algunas dudas por mi parte, siempre con mi obediente cumplimiento. El episodio con las cuerdas en las que ha atado mis tobillos y muñecas pero sin inmovilizarme del todo no creo que pueda verlo como una excepción pues, si él hubiera insistido, creo que me habría terminado plegando como otras tantas veces en que también me negaba al principio.

Y al final, ambos disfrutamos con la mutua excitación y compartimos el placer que este juego, cada vez más caliente, nos produce. Sin que yo piense en la necesidad de ponerle frenos porque siento que soy incapaz de ponérmelos a mí.

Cuando, ya en casa, estaba deshaciendo la maleta, vi la enorme cantidad de ropa que llevaba y que apenas he usado. El montoncito de bragas y tangas destacaba tan bien doblado como cuando lo metí antes de salir, pues apenas me ha dejado llevar alguna por muy sexys que fueran casi todas.

No se si fui ilusa al pensarlo pero, siendo la primera vez que estaríamos tantas horas juntos, pasando una noche entera fuera, pensé que haríamos muchas más cosas de lo que hacemos en nuestros encuentros más diarios. Y han sido muchas cosas las que hemos hecho, en verdad, pero casi todas estando los dos desnudos y, otra vez, dentro de la habitación del hotel.

Se que esta misma noche tendré que contarle a Andrés parte de lo que hemos hecho. Y aunque ya sé mas o menos como puede tomarselo y eso ya no me asusta, no quiero que contarle solo sirva para que mi marido vuelva a ver como algo natural que yo tenga sexo con nuestro jefe, algo además que yo puedo repetir siempre que quiera. Pero que, a la vez, le hará excitarse tanto como para no poder reprimir su "paja", incluso estando delante de mí.

De hacerle caso a lo que L me ha dicho, yo debería eseñarle una de las pocas bragas que he usado, las que me hizo entregarle en su mano en el restaurante de la cena, a la vista del camarero, y que por estar guardadas en una bolsita aun conservan todo mi olor y casi toda mi humedad.

L insiste en que debo empezar a hacer esas cosas, y otras parecidas que se me ocurran, porque en el fondo es lo que Andrés espera de mí y lo que verdad le resulta excitante. Debo preguntarle también qué ha hecho con mis otras bragas, las que L le confió antes de empezar nuestro viaje, y especialmente si las ha utilizado para masturbarse, sabiendo que fue mi amante quien se las entregó, después de hacérmelas quitar, casi delante suya.

Es algo que L casi me ha pedido expresamente que haga pero que yo no tengo nada claro que vaya a hacer. Y no me gustaría hacerlo de ese modo porque no me gusta nada que pueda suponer humillación de mi marido. Pero soy muy consciente que aunque yo le ahorre este episodio, todo lo que hago, aunque él sea conocedor y lo consienta en gran parte, es la mayor humillación que puede sufrir un hombre: que su mujer folla con otro y que lo disfruto de verdad aunque eso suponga hacerlo más cornudo cada vez.

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Mousse de limón. 18 de mayo de 2021

Ingredientes: Nata, huevos, azúcar, limones

Ayer noche hablé con Andrés sobre mi viaje a El Puerto con L. He hecho caso de parte de lo que me pidió L que hiciera, que fuese clara al hablarle a mi marido, sin esconderme ni ocultarle nada pues no tenía que hacerlo,. Y aportándole todos los detalles que él quisiera oir, pues también tenía derecho a saberlos, y encima eso sería lo que más le gustaría.

Pero he obviado algún contenido que pudiera resultarle especialmente humillante, o usar un tono que, conscientemente por mi parte, contribuyera a eso. No he usado expresiones como las que L me aconsejaba que usara, como llamarle cornudo en vez de llamarle por su nombre cuando se lo estuviera contando. Y no lo he hecho porque no lo he considerado necesario ni útil para ninguno de los dos.

En vez de eso, le he contado todo con la naturalidad con la que Andrés siempre me habla de estas cosas, aunque muchas de ellas fueran demasiado morbosas para considerarlas solo así. Al final, solo he callado algunos detalles de los menos relevantes que yo creía que podían herirle sin necesidad.

Andrés sabe que le llamé desde el coche inmediatamente después del episodio en que L le dio mis bragas dentro de una bolsa. Y lo hice para ver cómo estaba y para insistirle en que yo no sabia que L haría eso. No era necesario decirle que lo llamé porque L me dijo que lo hiciera, asegurándome lo caliente que eso pondría a mi marido y sabiendo que yo tampoco iba a oponerme por mucho que intenté una breve protesta.

Al recordarle ese detalle a Andrés, casi lo tomó como parte de un juego en el que L interpretaba el papel de un macho superior y él mismo aceptaba para sí mismo un puesto secundario en cuanto a su capacidad de dominarme y, lo que es aun más relevante, su menor habilidad para satisfacerme en la cama... "Sole, si yo no aceptara esa diferencia entre los dos, nunca te habría dejado ir con L ni le hubiera permitido ese gesto que ne hizo de entregarme tus bragas... pero ya ves que no me cuesta reconocer la verdad..."

Su respuesta me pareció inaudita, que por primera vez mi marido aceptara que yo tuviera sexo con L, no solo como parte de una fantasía realizada o una tendencia sexual suya, sino como la aceptación de una posición casi de sumisión de él mismo hacia mi amante.

No sabía cómo digerirlo pero eso me reafirmó en que yo no debía permitir que tuvieran contacto entre ellos para hablar de mí, al menos sin estar yo delante.

También me di cuenta de que debía abrirle un poco la mano a Andrés para no hacerle reincidir aun más en esa postura tan complaciente y tan sumisa hacia mí. Por eso, el resto de la conversación cambié un poco mi actitud de otras noches.

No solo le dejé tocarse sin que temiera mi reprobación sino que empecé por emitir señales claras de que iba a dejarle que lo hiciera tranquilamente todo lo que quisiera, dispuesta a subir un poco su moral... "mmm, Andrés, me gusta ver lo dura que se te pone la polla, aunque sea porque yo te cuento esto..."

Podría entenderse como que yo reforzaba su condición de cornudo consentidor pero también era una forma de hacerle ver que yo respetaba sus necesidades como hombre. "Yo entiendo que tengas que tocarte, Andrés, porque hace mas de tres días que no hemos hecho nada juntos.."

Animándole enseguida a que él también pudiera tocarme como yo le estaba contando que había hecho L durante esos dos días que habíamos pasado juntos. "Imagina lo caliente que se puso L con el jueguecito de las bragas que, incluso mientras conducía, no dejaba de meter su mano entre mis muslos... para comprobar también si yo ya estaba cachonda..."

Mientras le decía eso, cogí su mano y la llevé hasta mis bragas, animándole a quitármelas para que repitiera con libertad el gesto que mi amante había hecho conmigo en el coche, sabiendo que ya encontraría la humedad que me brota solo por recordar lo que hice con L durante el viaje... "Debió encontrarme algo parecido a como ves que estoy ahora..."

Reconozco que nunca había actuado así cuando le contaba a Andrés mis relaciones con L, como los dos teniamos acordado. Pero vi a mi marido tan encantado con lo que hice que entendí enseguida que posiblemente yo me había pasado restringiendo a Andrés en situaciones como esta. "Anda, Andresito, tócate sin tapujos que se te ha puesto más dura que se le puso a L cuando, al llegar al hotel, nos metimos en la ducha juntos, no se si para refrescarnos... o para calentarnos juntos mientras nos tocábamos, sabiendo que hasta la noche no podríamos hacer mucho..."

Ahí el pobrecillo no se pudo contener sin comentarme algo. "Joder, Sole, que no me creo que L te tuviera tanto tiempo en seco, teniéndote alli toda sola para el... y sabiendo lo exigente que siempre es contigo..."

No tuve más remedio que confesarle que no habíamos podido tener relaciones más o menos convencionales hasta la noche, por falta de tiempo y de condiciones. Pero que tanto dentro del coche, como durante la copa que tomamos después de cenar en el restaurante, me hizo jugar conmigo misma hasta llegar a sentir un buen orgasmo. Cuando le confesé que... "incluso durante la tarde, aunque no estabamos juntos, me hizo llegar por dos veces también..." le vi alucinar y tuve que aclararle cómo habían ocurrido esos hechos que yo le estaba confesando.

"En el coche ya te digo que él me tocaba y luego me hizo jugar con un dildo, Andrés..., sí un consolador que yo me puse dentro... mientras yo misma me acariciaba por fuera... hasta verme y oirme explotar". Omití todo lo que me excitaba oir a L mientras iba dirigiendo mis movimientos sin dejar de conducir...

Tuve que explicarle como, mientras L estaba de reuniones de negocios, yo le escribía WhatsApp diciéndole cómo estaba de caliente. Y cómo recibía instrucciones de él, por ese mismo medio, que yo seguía escrupulosamente para complacerle. No quise ser más clara sobre el contenido de lo que chateamos y las fotos que L me hizo mandarle pero Andrés no es tonto, sabía a lo que yo me refería y enseguida aprovechó, preguntándome si le enseñaría esas conversaciones.

No le mentí cuando le dije que yo borro enseguida esos chats con L para que, por error, no vayan a leerlo nuestros hijos cuando me cogen el teléfono. Pero quise reconocerle que fueron conversaciones muy explícitas y que nos calentó mucho hacer eso. Lo que no le podía reconocer a Andres es que fui yo misma la que le insistí a L en que no saldría de la habitación del hotel hasta que él llegara, que yo no había ido a El Puerto a hacer turismo sino a follar con él y a hacer todo lo que quisiera que hiciésemos.

A esas alturas de mis confesiones, Andrés estaba excitadísimo y se pajeaba con ritmo rápido. Supe que era el momento de sustituir su mano por la mía mientras le seguía contando cómo, ya por la noche, L me metió mano en un reservado oscuro del pub, solo levantando mi falda, porque yo no llevaba bragas desde mitad de la cena.

Mientras yo le seguía masturbando a la vez que le contaba, cosa que habitualmente no le hago a Andrés, le terminé de explicar r como L me hizo algo parecido y me regaló el tercer o el cuarto orgasmo del día, sin importarnos que alguna pareja se estaba dando cuenta de lo que estábamos haciendo en esa zona oscura del pub, porque yo no podía disimular mis jadeos.

Con el movimiento de mis manos deslizándose sobre su polla, y con todo lo que le estaba contando, Andrés se vino enseguida, derramando una buena cantidad de leche que cayó sobre su abdomen y sobre mi mano mientras apenas entendía lo que decía, con su respiración tan agitada después de aquel orgasmo… “Brutal… ha sido brutalllll”

Aproveché la situación para decirle que apagara la luz y que ya seguiríamos al día siguiente aunque, la verdad no tenía demasiadas ganas de contarle todo lo que habíamos hecho.

Como, con toda la razón, Andrés empezó a protestar, no tuve más remedio que pedirle que se bajara a besarme… más abajo, frase que él sabe que significa que me muero porque me haga “cunnilingus”, sabiendo que con eso ya conseguiría pasar de seguir narrándole todo lo que hice esa noche en la cama con L, al menos por esta noche o al menos con muchísimo detalle.

Apenas recuperó un poco su aliento, mi marido se dispuso a complacerme en lo que yo le había pedido, sugiriéndole que lo hiciera despacio. Hizo lo que le pedí y de modo inesperado tuve deseo de seguirle contando… “Unas nalgadas, ahhh…, qué rico cuando me pides que sea yo la que me suba encima y no deje de moverme… ahhh... es que me siento muy clavada en tu polla... ahhhh ahhhhhhh…”

Ese cambio mío y la posterior reacción de Andrés, afanándose aún más en darme gusto con sus labios y su lengua, me volvió a ponerme muy caliente y a soltarme un poco más la lengua… “…cuerdas en mis muñecas… como si quisieras follarme teniéndome bien atada… ahhh ahhhh ahhhhhh…"

Aproveché para seguir pronunciando algunas palabras que le hicieran saber todo lo que pasó sin que ni siquiera él pudiera comentar…”llevo rato con el dildo dentro de mi ano y todavía es incómodo tenerlo, ahhhhh pero wowww cuando me echas sobre la cama y te echas sobre mí… ahhhh…”

Sentí cómo mi marido de nuevo se estaba masturbando mientras no dejaba de lamer y besar en mi clítoris y mi coñito que estaba muy abierto… “….mis piernas en tus hombros, ahhhhh sintiendo toda la fuerza de los pollazos que me das…. ahhhhhh ahhhhhhhh quiero que te corras así y me llenes de tu leche, ahhhh ahhhhh ahhhhh”

Mi orgasmo estaba cada vez más cerca. Cuando nuestros jadeos empezaron a confundirse, yo sujeté la cabeza de mi marido para que no se pudiera separar… “y ahora pónme en cuatro, ahhhhh, dále duro a tu perra y tu puta… ahhhhhh ahhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhh“

Sin haber querido contarle esa noche nada más a mi marido, había terminado haciéndolo, recibiendo a cambio un orgasmo de lo más intenso y delicioso. Acabé permitiéndole que él también terminara de tocarse y lo sintiera de nuevo mientras su lengua todavía se deslizaba entre mis labios, recibiendo de regalo toda mi caliente humedad…