La esposa del cornudo (XXIII): Postres muy dulces
Sole creía tener el control de su cuerpo y sus límites, pero la dominación de su jefe y la complicidad de su marido la arrastran hacia un abismo de placer prohibido. Lo que empezó como un juego de toqueteos en el despacho termina en una penetración que rompe todas las reglas, dejando a Andrés más excitado que nunca y a Sole perdida en una nueva realidad.
La entrega anterior de este relato (cap. XXII) finalizaba con unas preguntas que Sole había dejado en su diario y que parecían referidas para mí, como si de algún modo mi esposa adivinara que algún día yo terminaría por leerlas.
Tampoco puedo negar que, a la vez que ella escribía esas reflexiones en su diario, me planteaba a mí directamente esas mismas preguntas en aquellas charlas nocturnas en la cama en la que ella necesitaba confesarme todo lo que le estaba ocurriendo con Luís, al parecer sin ella pretenderlo y casi contra su voluntad, pero con un avance más que claro tanto de sus actos como de todo lo que estaba sintiendo y de lo que la impulsaba a seguir.
Así que, por alusiones y ya que han pasado tres años y hemos llegado todos mucho, pero mucho más lejos de lo que parecía que sería nuestra meta, creo que ahora debo contestar a esas preguntas con toda sinceridad.
Y me prometo a mí mismo que, igual que me resultará menos difícil responderlas por este medio, ante mis desconocidos lector@s, volveré a hablarlo con ella en cuanto los dos tengamos el tiempo, la calma y también una situación que nos sea propicia.
¿Qué lleva a alguien como yo a no evitar que su mujer tenga relaciones sexuales con otro hombre, incluso siendo un conocido de ambos como ocurre en nuestro caso, sin que en lugar de oponerse… llegue incluso a desearlo?
Supongo que siendo la sexualidad humana algo tan complejo y diverso, mi respuesta no puede ser nada sencilla, y que cada hombre consentidor o cornudo tendrá unas razones o motivos diferentes para querer serlo, pero yo aquí solo trataré de explicarlo respecto de mi experiencia personal.
Desde que la conocí, amo a Sole con todo el corazón y con toda la pasión, porque ella ha sido y es lo máximo para mí. Ese es el comienzo de todo y la razón principal por la que quiero que sea tan libre como es. Por todo lo que ella supone para mí y todo lo que me ha regalado: mi familia, ella misma, un hogar y, sobre todo, mis hijos…
Solo así puedo explicar que mi placer también pueda ser máximo incluso aunque yo no participe directamente en algo que a ella le guste, como pueda ser este caso en que ella quiera estar con otro hombre.
Y puedo sentirlo así solo por el hecho de saber que yo he podido hacer algo para hacerla disfrutar a ella, del modo que sea. No sé si es algo patológico como parece que nos enseñan a sentir a todos los hombres, excluyendo a los que sentimos como yo, porque personalmente yo no lo veo así.
Ojalá tuviera los mismos medios o capacidades que esos otros hombres con los que ella ha estado, que la han hecho volverse loca en la cama, pero sé que mios virtudes son otras. Porque, en ausencia de esas capacidades, tampoco voy a escatimar esfuerzos al intentar eso mismo, el placer de mi muer, con los medios que tengo.
Parece que con mi boca no lo hago nada mal, y no veo nada sucio en hacerla disfrutar de ese modo, acariciando y besando su coño, tan abierto como ella me lo quiera ofrecer para hacerle sitio a mis labios y mi lengua.
Pero, además de eso y todo lo demás que cabe en una relación formal de pareja, en estos últimos años he querido consentir su relación con Luís, libremente lo he hecho, para que ella disfrutara de nuevo y recordara esa forma de sentir que tan bien conocía estando con otros hombres. Y no voy a esconderme ni a sentir vergüenza por quererlo.
Que mi mujer disfrute cuando le hago “cunnilingus”, o cuando estoy con ella en la cama, me da placer a mí, y no solo por lo que siento, sino sobre todo por ver como se pone cuando la hago disfrutar.
Pues lo mismo sucede cuando, en vez de usar solo mis manos, mi boca o mi polla, ha utilizado juguetes o con vídeos como las ayudas adecuadas para excitarla mucho más, y verla así tener orgasmos más intensos y largos.
Por eso no veo malo en que yo pueda usar también a… otro hombre, en este caso nuestro jefe… para ayudarme a hacerla sentir de ese modo, que es lo que deseo… porque ya digo que mi placer es mayor cuando siento como ella lo disfruta. Y ojalá ella me dejara verlos e incluso intervenir de algún modo para poder verla gozando con toda claridad y sin que ninguno tengamos el más mínimo átomo de vergüenza.
Yo me acercaría a su cara o la cogería de mi mano, mientras estuviera follando con Luís o con quien ella quisiera. Y la besaría en los labios, o en los pies, como forma de darle seguridad, de que sepa que, también en esos momentos, yo estoy con ella porque en el fondo yo también quiero y disfruto cuando ella hace eso.
¿Qué os parece mentira lo que digo? ¿O muy cursi? No lo sé… No niego que pueda haber otras razones pero creo que la primera es la que os acabo de exponer, que se lo permito por todo lo que la quiero.
Y el segundo motivo no me gustaría que fuera otro que saber que he ayudado a mi esposa a sentirse tan libre que puede usar su cuerpo para disfrutar con quien quiera y cuando quiera, sin que tenga que pensar demasiado en mí, y mucho menos pedirme ningún permiso.
No se si estoy preparado para pensar que seguro que hay más... esas “otras razones adicionaless”, esos “gustos especiales” de los que alguna vez yo mismo le he hablado a mi esposa. Que esta vez, lo que ella ha hecho con Luís ha sido consentido por mí... porque yo la animé desde el principio.
Ya se lo venía diciendo desde antes pero nunca con tanta claridad, como en estos tres últimos años... Le he hablado de la libertad que tiene por mi parte para que, aunque yo renuncie a poder hacer lo mismo e incluso acepte su imposición para no estar delante, ella sí puede usar esa libertas y tener sexo con quien quiera.
Y aunque con Luís avanzó más rápido de lo que yo pensaba, y ha llegado mucho más allá de lo que parecía previsible, no es justo que diga que ella se portó como una puta o que me pone los cuernos. Porque eso no es. Aunque yo pueda sentirlo.
Porque no puedo esconder la tremenda excitación que sentí cuando ella me contó como tuvo sexo con su exnovio Carlos, solo un mes antes de nuestra boda, casi mancillando su vestido de novia cuando él la indujo a follar, vestida con el traje y los complementos que ella había elegido para el día en que ella iba a comprometerse conmigo.
Si ese fue otro acto más de sumisión para ella, de los muchos que tuvo con Carlos, y que parece que en eso encontraron mucha excitación, no fue menor humillación para mí el saberlo cuando me lo confesó hace unos meses. Y aun así, siendo algo ya pasado, que aquello me resultara tan tremendamente excitante, incluso hasta para llegar a pajearme delante de Sole mientras ella me contaba.
O lo que me contó de su viaje con Luís al club de Torremolinos y luego a Madrid, donde se dejó follar incluso por desconocidos, solo por el deber que sentía de querer complacer a su amante, cuando nunca nada de eso quiso hacer conmigo, ni a mí me habría permitido esas propuestas.
No puedo negar que me excita de un modo difícil de controlar cualquier actividad de mi esposa en la que me retrata como un macho “inferior” por carecer del carácter dominante que ella tanto aprecia en los hombres que han sabido someterla.
Pero también me duele seguir reflexionando en esta dirección. Porque yo no sabría hasta dónde me dejaría arrastrar si fuera ella, o incluso su amante, quienes en lugar de negar mi participación junto a ellos me indujeran a estar delante e incluso a hacer cosas a las que yo, en esa tesitura, me costaría muchísimo negarme.
Antes de seguir por ahí, quiero compartiros algunas entradas más del diario de Sole, de hace unos tres años, las que corresponden a la etapa en que su relación con Luís se consolidó, siempre extraídas de su privado “libro de recetas” y sin que ella lo supiera.
--------------------------------------------.
Flan casero 29 de junio de 2020
Ingredientes: 3 huevos, 6 yemas de huevos, 200 g. azúcar, 750 ml leche entera, caramelo
Me cuesta volver a escribir sobre mi relación con L porque lo que parecía excepcional se está convirtiendo casi en una rutina. Algo muy cotidiano, en atención a la frecuencia con que nos vemos. Sin que eso quiera decir que lo que ambos hacemos ahora sea para nada rutinario.
L me sigue buscando en el trabajo y, aunque ya no tiene mi oposición inicial y seguimos contando con el consentimiento de mi marido, de todos modos yo creo que igualmente lo volvería a intentar por mucho que prometiera de rodillas no hacerlo más. Porque sus ganas lo arrastran a buscarme casi sin pensar en los riesgos que corremos.
Claro que es divertido y placentero lo que hacemos ahora y por eso nos buscamos. Aunque yo no pensara que podría suceder, entre la complacencia de Andrés y la insistencia de L, me han hecho transportarme a los años de iniciación en el sexo durante mi juventud. Y volver a sentir ese intenso cosquilleo al abrazarnos desnudos y dejarme tocar por un hombre, viendo cómo reacciona toda mi piel y el resto de mi cuerpo.
Pero eso no quiere decir que todo sea de color de rosa con L y muchas veces acabamos discutiendo. Puedo entender que, después de todo lo que le ha costado convencerme, no quiera ahora perder ni un solo día sin que nos veamos pero a veces eso no es nada sencillo. Y él tiene que entenderlo.
Pero lo que ha hecho hoy, no me ha gustado nada y he tenido que decírselo de veras. “O cumples las condiciones que yo he puesto porque siento que las necesito… o tendremos que dejarlo”.
Además de la total discreción que le exijo, que entiendo más que necesaria sobre todo para mí, no quiero tampoco que nos veamos, ni siquiera que hablemos fuera del despacho sobre esto. Y por supuesto, aun menos meter a mi marido en esta relación, por lo que ambos tienen completamente prohibido hablar de mí entre ellos.
Pues hoy viene el tonto de Andrés, que es que no se entera, y me dice tan contento que L le ha dicho que, en cuanto pueda, que pase por el despacho y que él se quedará cuidando de la barra. ¡Serán cretinos y borricos los dos!
Cuando yo estaba apenas a diez metros de allí, recogiendo mesas vacías en la terraza, no se le ocurre otra cosa a mi jefe que pasar “ese mensaje” para mí a través de mi marido, que estaba circunstancialmente allí porque hoy la cocinera estaba enferma… Y no era una orden cualquiera el mensaje que me dió, sino precisamente esa, la de que fuera a reunirme con L en su despacho, a la hora en que habitualmente cada día tenemos nuestro encuentro.
Claro que he ido al despacho, sí, pero no a lo que L esperaba, sino a dejarle bien claro lo que puede y no puede hacer si quiere que sigamos adelante. "Si mi marido sabe o no sabe no es asunto tuyo... ¿Cómo se te ocurre decirle eso si yo estaba apenas a diez metros de allí?"
Luego, esta tarde ya en casa, también he puesto a Andrés en su sitio haciéndole ver que no puede tirar por tierra su reputación porque también es la mía. Y que tiene que abstenerse de intervenir en este asunto que solo nos atañe a L y a mí... "Si no es para decirme que deje de hacerlo, en cuyo caso y por mucho que me cueste, enseguida lo dejaré".
Creo que mi marido me ha oído treinta veces decirle que dejo este “affaire” que tengo con L si él no se siente a gusto con lo que hago. Pero que, aunque lo quiera seguir aceptando, eso no le da ningún derecho a intervenir en lo que hago ni a ninguna cosa más que no sea la de estar informado de lo más importante... para que pueda decidir.
Y que entienda, por eso, que hay conversaciones que jamás podrá tener con nuestro jefe porque no le corresponden. Lo que tengan que decir sobre esto ambos dos… solo tendrá que ser conmigo y sobre eso pienso ser inflexible.
--------------------------
Tarta de la abuela 8 de julio de 2020
Ingredientes: 1 L leche, piel de limón, canela en rama, 200 g azúcar, 10 cucharadas Maizena, 6 yemas de huevo, 200 g. chocolate fondant, 200 ml nata líquida 35%,, 50 g mantequilla, 200 g galletas cuadradas, leche para remojar las galletas
Ya hay más actividad en el restaurante, porque tenemos abierta la terraza y, a medias, el salón. Pero L organiza los turnos para coincidir a diario conmigo a media mañana, a la hora en que apenas hay clientes. Y si coincidimos en un turno con otro trabajador, siempre busca un lugar fuera donde pueda mandarle a hacer algún recado a esa hora.
En esos ratos que compartimos, solo dejamos que coincida con nosotros Yeli, la cocinera peruana, por si llega algún cliente. Y mientras atiende a cualquiera que pudiera llegar, nosotros en el despacho estamos cada vez más desaforados, muy seguros de su silencio porque ella es amiga mía y tiene también mucho por lo qué callar.
Porque "las cosas" entre L y yo han seguido ocurriendo... Y desde hace diez días, es siempre muy intenso, y ya casi a diario. No planificamos nada pero ahora los dos ya sabemos que, excepto los fines de semana en que hay mucha afluencia, "eso" va a suceder.
La excusa para que yo vaya a su despacho puede diferir de un día para otro pero ese siempre es el detonante de lo que viene luego. Porque allí pueden pasar cosas que parecen distintas pero el resultado... es el mismo. Quince o veinte minutos en los que nos vamos midiendo como amantes, reconociendo con nuestras manos cada centímetro de piel, para entregarnos después de ese toqueteo a un sexo incómodo y muy incompleto aunque cada vez más desenfrenado, hasta que ambos buscamos y encontramos el final en la forma de un orgasmo. Y muchas veces yo, por partida doble.
No he perdido mis nervios del todo, la verdad, pero ya solo es recuerdo las sensaciones que tenía cuando yo temía quedarme a solas con L en el restaurante, pensando en que aquello que ocurrió de improviso a mediados de mayo pudiera repetirse sin que yo deseara que pasara.
O cuando, en los siguientes encuentros, aun con una insuficiente aceptación por mi parte, yo tenía que pararle las manos a L por no poder aguantar el ritmo con el que me tocaba o intentaba desnudarme. Me parece mentira pero todo eso ya es pasado.
En los últimos días, ni siquiera necesito estar contra la pared al empezar, porque antes él adivinó que me ayudaba mucho a comenzar el ponerse detrás mía y que yo no tuviera que verle al principio. Tampoco en ese despacho hay mucho sitio libre y sea frente a él como ahora, o frente a la pared como empezamos, es allí donde terminamos con mi cuerpo desnudo estrujado por el suyo.
Ya digo que hay muchas cosas que han cambiado, sobre todo en mis sensaciones. Y en los principios que yo creía tener y que he debido cambiar sobre la marcha, porque no estaba para nada en mi mente llegar a hacer lo que hacemos ahora.
El final ahora es siempre la masturbación clara y recíproca, provocada y disfrutada por los dos… Besarnos y tocarnos desnudos para conseguri eso es lo que buscamos en los pocos minutos disponibles… y el final placentero al que eso nos conduce.
Afortunadamente para mí, no llegamos a más por el tiempo tan escaso con el que contamos, por el sitio tan poco adecuado, por el riesgo evidente a ser descubiertos y, sobre todo, porque yo he puesto un límite para no llegar a follar. Para eso todavía tengo a mi marido. Pero sin esas condiciones tan restrictivas de tiempo y de lugar, yo debería tomar más precauciones, sobre todo conmigo misma, hasta saber bien lo que quiero.
Sigo con la costumbre de hablarlo casi todo con Andrés. Porque, desde el principio y aunque suene raro escribirlo, mi marido es quien me relaja cuando siento dudas o me asalta la ansiedad por lo que hago con mi amante. Y porque él, aunque intenta disimular, tampoco deja de animarme y de preguntar sobre lo que hacemos para conseguir calentarse.
Cada noche, cuando le cuento los detalles de lo que he hecho ese día con L, pues mi marido en vez de sentir celos, oponerse o protestar, está cada vez más excitado, algunas veces mucho. Ha empezado a acostumbrarse a que cada noche le cuente lo que haya hecho esa mañana con L. Creo que no exagero si pienso que lo disfruta tanto... que busca que se repita casi tanto como L y mucho más que yo.
Y me sigue exasperando cuando ni siquiera disimula, y veo que se excita y se toca, y hasta busca masturbarse, ya casi delante mía, solo por contarle.
No puedo entenderlo, la verdad, pero parece que hay bastantes hombres asi, “cuckolds” o cornudos, que fantasean con ver a su mujer con otro hombre, o con saber que ellas son libres de hacer eso, y ellas lo hacen como, cuando y con quien quieren, mientras a sus maridos todo eso les excita..
Pues si mi marido es así, no sé si tendré que acostumbrarme, porque tampoco creo que que vaya a ser fácil cambiarle ahora. Y porque, de momento, no encuentro motivación para cortar esta aventura que empezó medio forzada pero que ya no lo es, y en la que todavía continúo enredada con mi jefe.
Y es que ahora empiezo a verlo de otro modo, digamos como más natural, que antes me costaba hasta pensarlo. Me avergonzaba mucho cuando se lo contaba a Andrés, sobre todo al principio. O cuando tuve que decírselo casi todo a Yeli, mi amiga cocinera, para que nos cubriera cuando estábamos en el despacho mientras ella se encarga de atender en la barra. Aunque yo intenté disimular, ella se sonrió y lo entendió enseguida.
También ella tiene una relación de hace años con un chico brasileño, y yo soy quien tapa todas las mentiras que le cuenta a su marido, y le facilito todas las excusas para que ellos puedan verse. Yo en su caso es que la comprendo. Su marido le saca 20 años y anda muchas veces más enfermo de los 60 años que tiene, pero ella me ha confesado muchas veces que no piensa dejarlo.
Fue él quien la acogió en España cuando ella estaba sin dinero y sin papeles, desesperada y a punto de caer en una mafia de prostitución casi forzada. Enseguida se casaron y encontró la estabilidad al lado de ese hombre, que incluso reconoció a la hija que ella había dejado en su país, a cargo de su madre.
Yeli no desea a su marido pero claro que le quiere por todo lo que a hecho por ella y su hijo. Y se conforma con lo bien que se lo pasa cada dos o tres días con su brasileño, un chico de unos 35 años que tiene a su mujer y a su hijo en su país. Hace años que yo le proporciono todas las excusas que ella necesita para tener esa doble vida sexual que la tiene tan contenta. Y sin pretenderlo en su momento, esto me ha venido genial para que ella sea también las que cubre ahora mis “deslices” con L.
Porque, en esto, siento que he cambiado y empiezo a ganar seguridad. Incluso cuando miento o me escondo para poder seguir con esto que no quiero dejar. Y no quiero esconderme en ninguna excusa porque tengo claro que, si yo no quisiera, no lo estaría haciendo.
Pero L me sigue buscando, cada día más. Y mi marido no deja de animarme a repetir con él y continuar mi experiencia, quitándome toda responsabilidad, y ayudándome a que desaparezcan las culpas que todavía siento.
Dejarme magrear por mi jefe, hasta sentir un orgasmo cuando me toca rudamente con sus dedos, sé que no es muy normal. Que lo hagamos en su propio despacho, a pesar de las incomodidades, y de hacerlo de un modo tan acelerado y ya tan continuo... tampoco hace que me sienta orgullosa.
Y que yo trate de devolverle a L un placer semejante al que recibo, haciendo lo que parece obvio y acabe también masturbándole, empieza a parecerme natural. Hace un par de semanas que lo hacemos casi a diario, y eso que ahora van cambiando nuestras condiciones en el restaurante.
---------------------------
Pastel de cabello de ángel 12 de julio de 2020
Ingredientes: Dos hojas de hojaldre, 1 lata cabello de ángel, azúcar, canela, huevo
El COVID no ha pasado del todo aunque afortunadamente muere mucha menos gente. Pero quedan demasiadas incertidumbres todavía y, con eso, no nos llega la prometida renovación larga de nuestros contratos, que creo que ya claro que nos merecemos.
Aunque sea con un horario limitado y con clientes casi solo en la terraza, vamos desconfinando y recuperando algo de normalidad. Por lo menos ya parece que podremos estar medio abiertos para pasar el resto de este verano.
Esto hace que ya no estemos solos en el restaurante como hace unas semanas cuando L y yo empezamos a "vernos". Pero eso no impide que sigamos encontrando un huequito a media mañana para que yo pueda "ayudarle con la contabilidad" en el despacho.
Hace unas semanas yo no hubiera adivinado y mucho menos aceptado que hoy estaría empezando a normalizar todo lo que hago con L. Pero tengo que ser sincera conmigo misma: es lo que me está ocurriendo y ahora no lucho por terminarlo, sino todo lo contrario. Y solo han pasado poco más de dos meses... Es lo que ha necesitado L para darme la vuelta como a un calcetín y llevarme a su terreno.
Incluso en tan limitadas condiciones, L no para de buscar nuevas sensaciones conmigo, y yo dejo que me arrastre, la verdad. Aun con la precariedad de hacerlo en el despacho, las cosas que hacemos son cada vez más explicitas y mucho más morbosas.
Tras desnudarme de un modo lascivo, a veces con su ayuda y otras veces incluso yo sola para que lo disfrute él, me hace sentar sobre su mesa, totalmente enfrente suya, mientras él está cómodamente sentado en su sillón. He necesitado algunos días para responder a todos sus requerimientos, que no son pocos ya, pero es que ya lo hago, y sin rechistar.
Allí sobre su mesa, me quiere totalmente desnuda, con mis muslos completamente separados... con mis tetas y mi sexo ofrecidos y al alcance de sus manos. Me toca despacio pero con total intensidad, invadiendo todos mis espacios con sus dedos. Mientras con su boca lame y mordisquea mis tetas, sin dejar de tocarme... hasta que hace que me venga... En esas inusuales condiciones y bajo sus exigencias, silenciando como puedo los gemidos que me arranca, los orgasmos que siento llegan a ser muy largos.
Aunque a veces L sea bastante rudo, siempre con su actitud cada vez más dominante... e incomprensiblemente es eso lo que logra calentarme... ¿cómo voy a decir que no me gusta lo que hace, cuando yo se claramente... todo lo que siento?
Yo también hace días que le masturbo al final, mientras le dejo tocarme las tetas, intentando que sienta algo parecido a lo mío. Nos dejamos arrastrar por nuestra mutua excitación y el morbo de lo prohibido... Y aunque tomamos precauciones, jugamos hasta con el picante de hacerlo casi a diario en un sitio donde alguien nos podría pillar.
Y él va siendo más exigente y creativo cada vez. Hoy ha llegado a sustituir sus dedos por el cuello largo de una botella, que me ha entrado sin dificultad por lo abierta que me tenía y lo lubricada que ya estaba. Luego le he reñido por hacerlo de ese modo, y sin avisarme, pero en ese momento no le dije de parar.
Una cosa lleva a la otra, casi ya sin pensar… solo como evolución "natural" de lo que hacemos y sentimos, y porque de algún modo yo me sigo dejando arrastrar. Ahora me hace sentir dos orgasmos en los poco más de quince minutos de que disponemos y yo tampoco dejo que se quede sin sentir al menos una vez algo parecido…
Para evitar cosas "peores", he empezado a hacerle sexo oral desde hace dos días, cosa que parece que le encanta y de lo que tenía muy poca experiencia. “Ninguna de las putas que he pagado lo hace mejor que tú… No será con tu marido con quién has aprendido a mamar…”
Sé que soy buena haciendo eso, quizá "culpa" de Carlos, que lo quería a todas horas y que me enseñó a no ver el sexo oral como algo sucio sino incluso aprender a disfrutarlo cuando yo se lo hacía, sobre todo cuando veía todo lo que le gustaba.
Para L, en cambio, ha sido algo casi nuevo porque su exmujer jamás se lo hizo. Ha descubierto sensaciones desconocidas cuando yo dejo que meta su polla dentro de mi boca, para estimularla con mi lengua y mis labios, sin mostrar la menor señal de desagrado sino al contrario.
Esto significaba un nuevo paso para los dos, otro más. No podía dejarlo pasar más tiempo y anoche decidí que tenía que contar eso también a mi marido, pensando que quizás esto de hacerle sexo oral a L ya pudiera no gustarle.
He vuelto a equivocarme en eso con Andrés; no solo ha disculpado de nuevo a L sino que yo he tenido enseguida su más completa comprensión. Y apenas ha podido disimular cuánto le ha excitado oír todos los detalles. Se ha masturbado dos veces, una delante de mi cara sin poderlo retrasar, y otra cuando me hice la dormida.
Eso me ha puesto mala sangre pero también me ha quitado presión de lo que he estado haciendo con L estos últimos dos meses. Que si empecé más o menos forzada, aunque siempre decidiendo que Luis tenía que parar cuando yo así lo sentía, la situación es ahora muy distinta.
Natillas caseras 20 de julio de 2020
Ingredientes: 1 litro de leche, 4 yemas de huevo, 100 g azúcar, 1 vaina de vainilla, 1 cucharadita de extracto de vainilla, 80 g Maicena
Noto que empiezo a necesitar escribir menos en este diario. Casi en paralelo a las fases de desescalada del COVID, lo que hago con L ha ido escalando sin parar, pero ya no me genera tantas dudas como antes, o al menos no me asaltan de continuo.
Ya no hay oposición por mi parte a entrar a diario en el despacho. Y cuanta más normalidad doy ahora a desnudarme ante L, dejar que él me toque con toda la lujuria del mundo o terminar masturbándonos mutuamente, veo como me va pidiendo más, y me trata cada vez de un modo más dominante.
Eso me hace recordar a diario a mi segundo novio, Sergio, cuando me llevaba a las afueras del pueblo para follarme dentro de su coche, yo con tan poca experiencia pero dejándome llevar y él buscando su satisfacción sin siquiera preguntarme...
O mi corta pero intensísima experiencia con Fede y con Sandra al final del instituto; las dos fuimos claramente manipuladas y arrastradas al sexo por nuestro depravado profesor. Pero especialmente, ahora no se va de mi mente todo lo que hice durante los años que estuve con Carlos, y ya no se si todo se lo puedo atribuir al amor que le tuve...
PHe tenido claro hasta ahora que Luis se ha estado aprovechando de mí en estos dos meses y pico. Por su posición como mi jefe... Pero en las últimas semanas, me empieza a hacer sentirme de nuevo con la calentura de mis primeros años, cuando estaba descubriendo el sexo y aprendiendo a disfrutar sin complejos con los hombres.
No quería reconocerlo pero había empezado a disfrutarlo con L y, por tanto, yo también a buscarle sin que él me llamara. Ya no era repulsivo ir a diario a su despacho, ahora para ponerme a cuatro patas, desnuda bajo su mesa y hacerle las mamadas que sé que tanto le gustan y que tanto me reclama. “Vamos, gatita, ya sabes tu lugar… Sabes que te daré... mi regalo”
Mi marido sabe todo lo que hago pero yo me retraso un poco más de lo prometido en contarle las nuevas sensaciones que ahora siento. Andrés sigue disculpando todo y, aunque continúa hablando de nuestros contratos, que ahora siguen siendo todavía solo mes a mes, ya me suena solo a excusa por su parte, para que yo no deje de ir con Luis... para luego contarle.
¿Cómo puede excitarle lo que hago con L, que es nuestro jefe, hasta el punto de animarme a seguir? ¿Cómo puede tolerarlo, y es obvio que hasta disfrutarlo, tanto que ni siquiere puede disimular?
No digo que él sea anormal, pero eso que parece perseguir que yo haga es justo lo que más odian el resto de los hombres... saber que yo, que soy su mujer, hace con otro lo que solo le correspondería hacer a él.
Yo, desde luego, lo veo de ese modo y jamás aceptaría que sucediera al contrario. Andrés sabe perfectamente que permitir, y casi alentar lo que hago, no le da permiso a intentar algo parecido con ninguna mujer.
Mousse de limón 28 de julio de 2020
Ingredientes: 200 ml nata para montar, 375 ml yogur natural, 300 ml leche condensada, zumo de ½ limón, ralladura de 1 limón
Que yo no entienda la forma de pensar de Andrés sobre lo que hago con L no significa que no sepa que debo respetar lo que siente. Y como aun me cuesta mucho aceptarlo, hay veces que puedo ser algo injusta con él. Al fin y al cabo, mi marido no me obliga a hacer nada, y respeta sin discutir todo lo que hago.
Que ya me gustaría muchas veces que su actitud fuera diferente, es verdad, y que reclamara sus derechos de esposo, como haría yo... sin dudar. Por supuesto que sí. Pero mientras, yo también me estoy aprovechando de la situación, imponiéndoles a los dos desde el principio y siempre que puedo mis tiempos y mis condiciones.
Cuando hace más de un mes, L y yo empezamos con nuestros encuentros más o menos regulares y de alta intensidad, quiero decir, pasando de los toqueteos al orgasmo, sentí que tenía que dejarles claro, tanto a mi marido como a L, que yo ya había llegado hasta donde yo sentía que podía llegar.
Tocarnos del modo en que ya lo hacíamos entonces, y llegar a masturbarnos mutuamente no era ninguna tontería. Y puedo incluir hasta las felaciones que empecé a hacerle después y que tanto disfrute le producen a L, pero dejándoles claro a los dos que había llegado a mi límite, y que nada de follar.
De algún modo parece que puede existir una especie de contraprestación en lo que hago con L, porque él es mi jefe. Pero si llegase a dejarme follar, creo que me haría sentir como si fuera una puta. Y no quiero sentir eso.
Es cierto que, antes de este, me había impuesto otros límites a mí misma y el principal de todos era simplemente tener alguna relación de tipo sexual con mi jefe, cosa a la que jamás yo pensé que podría llegar. Y tampoco puedo negar que esos límites han ido cayendo sobre la marcha, pero creo que no los tenía tan claros como ahora tengo este.
Todo, desde luego, ha sido poco a poco, pero lo que más ha marcado mi evolución ha sido ir sintiendo como la personalidad de L se fue imponiendo sobre la mía, sin que ello pueda excluir ni un grano de la responsabilidad que sé que tengo en todo lo que hago. Por eso era importante saber lo que yo misma iba a permitirme o no permitirme hacer, más allá de lo que L pudiera reclamarme o incluso de lo que estuviera dispuesto a aceptar mi marido que yo haga sin protestar.
Ahora L lleva tiempo insistiendo en que nos veamos fuera de su despacho, en un sitio más adecuado, y yo intuyo de sobra los riesgos que tiene eso, aunque tampoco estamos exentos en el sitio donde lo hacemos ahora. Pero lo intentamos ayer y me sentí bastante mal por lo que ya lo he dejado descartado para repetirlo en adelante.
El caso es que durante el sábado y domingo hay ya mucho trabajo en el restaurante y viene resultando imposible hacerlo en esos días allí. Me dijo de ir a su casa el lunes por la tarde, que es el día que cerramos. Lo hablé con Andrés y, como siempre, no vio mayor problema, diciendo que, al final, era lo mismo, incluso prestándose a quedarse con los niños. Pero para mí no lo fue. Salir de mi casa y dejar allí a mis hijos con mi marido para ir a tener sexo con otro hombre me hizo sentir regular.
Aunque solo fuera andar poco más de tres calles, sentía como si todos me mirasen, como si todos los vecinos con los que me cruzaba supieran adónde iba y me juzgaran con sus miradas por lo que yo iba a hacer.
Estuve dos veces a punto de volverme, sintiendo mi corazón muy acelerado. Ya en casa de L, tampoco fue mucho mejor, aunque al menos pude tranquilizarme al no ver a nadie más.
Yo había estado varias veces allí, en su casa, pero siempre cuando estaba su exmujer. Y ese recuerdo me imponía tanto que, en más de una hora que estuve allí, no pude superarlo.
Es de las pocas veces en que, a pesar de tener las mejores condiciones, yo no pude llegar, me refiero al final. Ni siquiera dijimos de intentarlo en su cama. Pero es que repetir nuestros juegos del despacho en el sofá de su salón, por lo que sea, en lugar de ser mejor… no me permitió disfrutarlo.
Tener orgasmos tras los toqueteos de L, en esos minutos diarios llenos de morbo y de tensión, eso que sí podía hacer allí en el despacho del restaurante, no me fue posible en su casa... De algún modo, estar allí me hacía sentirme observada y no pude ni siquiera desnudarme del todo.
Sabía que L tampoco iba a conformarse con que mis sensaciones frenaran lo que habíamos ido a hacer y me dispuse a satisfacer a L con mi boca, todo lo que quiso. Mientras jadeaba me decía lo zorra y lo caliente que era.
Cuando L se vino, intenté que lo hiciera dentro de mi boca. Pensó que no me gustaría y trató de sacarla por lo que su semen se derramó sobre mi cara y un poco sobre mi blusa, que tenía abierta pero no quitada del todo.
Tampoco dije nada de cómo me sentía por lo que L trató de hacer todo lo que hacemos normalmente. Me dejé tocar las tetas hasta que vió que yo no reaccionaba y, finalmente, desistió cuando vio que yo no iba a llegar a nada. Fue de esos días, como los de muy al principio, en que yo no estaba nada excitada. La excusa que busqué para que él no me tocara fue la de que tenía la regla. La despedida fue rápida y necesité volver enseguida a casa con mis hijos.
Creo que no me vieron salir de su puerta, que era uno de los momentos que más me preocupaban, pero el viaje de vuelta hasta mi casa se me hizo infinito. Hasta me encontré dos vecinas y con una de las dos, además de saludarla, me tuve que parar.
No sé lo qué pensaría de la mancha que llevaba en mi blusa pero yo supe enseguida que había sido mala idea habernos visto allí y no lo haría más dentro de esa casa.
Tarta de tres chocolates 14 de agosto de 2020
Ingredientes: 150 g chocolate negro, 150 g chocolate con leche, 150 g chocolate blanco, 150 g galletas maría, 75 g mantequilla, 100 g turrón de Jijona, 3 sobres de cuajada en polvo, 600 ml nata para montar, 900 ml leche
La gente va perdiendo el miedo al COVID y, por suerte para todos, el negocio sigue mejorando. Trabajamos más horas y al fin, L ha podido alargarnos la duración de los contratos. El mío y el de Andrés están garantizados por un año porque, independientemente de lo que tenemos L y yo, él sabe todo lo que nos hemos esforzado y cómo nos hemos adaptado a las nuevas condiciones.
A diferencia de lo que piensa mi marido, nuestro jefe tiene claro que no podemos mezclar ambas cosas. Que si las condiciones son buenas, seguiremos trabajando aunque por lo que sea no pudiésemos seguir con nuestros juegos. Pero que seguir con lo que ahora hacemos él y yo tampoco puede garantizar la continuidad allí en nuestro trabajo.
L nos ha dado una paga extra pero no solo a nosotros sino a todo el personal que hemos aguantado en esos tiempos peores. Y conmigo, aparte de eso, solo ha tenido de vez en cuando algún detalle en forma de regalo. Una gargantilla, un perfume, un conjunto de ropa interior sexy y muy poco más. Yo tampoco habría consentido otra cosa y lo prefiero así para sentirme más libre.
Pero esta vez quiere tener un detalle diferente. Invitarme a un hotel fuera del pueblo para pasar allí juntos un rato más largo. Con bastantes dudas, se lo dije enseguida a mi marido y él otra vez estuvo de acuerdo, pues no ve que sea nada diferente... "Mientras tú quieras hacerlo y L sepa parar si tú se lo pides, sabes que no voy a oponerme para nada."
He procurado insistirle a Andrés que si siente que no le gustaría que yo hiciera eso, no tiene que darme ninguna razón, solo tiene que decirlo. Mi marido me ha asegurado que todo está bien por su parte, y que lo único que le haría cambiar de opinión es si él viese que podía estar surgiendo algo distinto entre L y yo, a nivel de sentimientos.
Pero eso es algo que creo que todos lo tenemos muy claro. Y me consuela pensar que L es el que tiene menos dudas sobre eso… “Esto no tiene nada que ver con que yo sea tu jefe, zorrita, ni supone que nos vayamos a liar para otra cosa que no sea para hacer lo que ya hacemos, hasta que queramos cortar alguno de los dos…”
No digo que yo aceptara enseguida su invitación para ir al hotel pero es verdad que, contando hasta con la “bendición” de mi generoso marido, no he visto más excusas para negarme y hoy le he dicho que sí.
Solo sería media mañana del lunes siguiente, aprovechando que es el día que cerramos, en un hotel a unos 20 km del pueblo, y que L ya tiene reservado. Andrés llevará a los niños a bañarse a casa de sus primos y yo espero estar de vuelta en casa con tiempo para hacer la comida aunque mi marido me ha insistido en que no me preocupe por eso
Sinceramente, pensé que no sería muy diferente a lo que hacemos en el despacho pero con algo más de tiempo y con más comodidad. Quizás vistiendo el conjunto sexy que L me ha comprado y hacerlo todo con mucha más calma y sin miedo a que nos descubran. Pero ya nada más.
Pero ya subirme en el coche de L, y recorrer con él más de 20 km para entrar en un hotel como si fuéramos pareja, me hizo sentir bastante diferente. De hecho era la primera vez que incluso había salido de casa, vestida solo para él, y pensando en lo que haríamos los dos cuando estuviésemos solos.
No soy tonta y por supuesto había pensado en que allí podían suceder otras cosas también, pero yo confiaba tener muy claro que no íbamos a follar, ni allí ni en ningún lado. Y que L me ayudaría con eso, no intentando nada nuevo y manteniendo su palabra.
Tanto a mi marido como a L, le había insistido muchas veces en lo importante que era para mí no llegar a eso. Pero sobre todo era un límite que me había autoimpuesto libremente y que pensaba tener absolutamente claro.
No digo que fuera un error pensar eso pero, claramente yo lo había subestimado… Estando en la intimidad de aquella habitación, con más toqueteos y besos que de costumbre, nos calentamos enseguida, la excitación subió mucho más, y allí… terminamos por hacerlo. Ese sexo completo… con penetración… que durante tiempo habíamos evitado… esta vez sucedió.
Me cuesta escribir los detalles pero pienso que realmente en nuestro subconsciente sí que lo buscábamos... y casi que lo merecíamos los dos. Por eso no puedo decir que fuese solo un "desliz" fruto de la excitación del momento porque lo hicimos... dos veces. Dejándole correrse dentro de mí, sin temos a quedarme embarazada porque yo ya hice cosas para no tener más hijos.
Luego después, al pensar sobre aquello, me sorprendió a mí misma que en el momento no fui consciente de haber hecho nada que no estuviese preparada para hacer, sino más bien de haber hecho algo que, aunque intentaba frenar, yo estaba deseando.
Fuera lo que fuese que yo hubiera llevado muy previsto de antes, allí no hubo nada que pensar. Y todo transcurrió de un modo muy morboso pero muy natural. Solo reíamos los dos, jugábamos, nos tocábamos, disfrutando plenamente de la desnudez de nuestros cuerpos. Solo en el viaje de vuelta empecé a ser muy consciente de todo lo que sí habíamos hecho y de sus posibles consecuencias.
Toda preocupada se lo conté a mi marido esa misma noche, sin decirle nada sobre que me había gustado mucho y que realmente lo había disfrutado, pero sin querer demorarlo. Haciéndole ver simplemente que otra vez la voluntad de L se había impuesto y yo no había sabido oponerme.
Como yo tenía bastante mala conciencia, esta vez no le dije nada mientras le contaba todo lo ocurrido en el hotel y le veía tocarse casi sin disimulo… Estaba tan excitado que se pajeó dos veces seguidas delante de mí, casi sin poder aguantarse.
No me gustaba que Andrés se descontrolara de esa manera. Y menos que lo hiciera solo porque yo le estaba contando que, violando lo que le había prometido a él, y sobre todo a mí misma, había estado follando con L. Pero ese día sentí claramente que, por mucho que él hubiera consentido nuestro encuentro en el hotel, yo sí que había violado una promesa muy clara, y había engañado a mi marido.
Pero al verle hacer eso, masturbarse por lo que yo le contaba, también entendí enseguida que también esto, follar abiertamente con L, era libre de repetirlo si me apetecía de nuevo. Y al escribir esto, aún sigo así de estupefacta al ver su incontrolada reacción.
Por mi parte, claro que me ha gustado... pero no quisiera quedarme solo en el corto plazo y que eso me impida ver si lo que he hecho puede causarme problemas graves algo más adelante.
Realmente ahora no se si esto puede afectar seriamente a mi matrimonio, o todo es tan sencillo como dice Andrés, una cuestión de libertad sexual mía que yo ahora estoy ejerciendo.
Me consuela que ese día los contratos ya estaban firmados y que, si he follado con mi jefe no ha sido a cambio de nada, lo que me habría convertido en una puta. Afortunadamente, lo he hecho porque la situación me ha arrastrado a hacerlo y no por una imposición o por un intercambio de “favores”.
Pero la realidad es que yo le había prometido a Andrés que nunca follaría con L... y ahora lo he hecho... dos veces. Y ahora, ni yo misma tengo claro si eso que nos ha pasado puede llegar a volver a ocurrir.
Lo peor, siendo eso tan grave, es que también me he mentido a mí misma, pues nadie me obligó a poner ese límite que yo misma me puse. Y sé que lo he violado solo por ser otra vez incapaz de controlarme, y sobre eso sé que tengo que reflexionar.
¿Hasta dónde podría llegar si solo me dejo llevar por la excitación y el morbo del momento, como si fuera incapaz de controlarme?. ¿Dónde debo poner mi límite ahora, cuando he disfrutado al experimentar una forma adicional de placer con el hombre que, además de mi jefe, ahora es mi amante?
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Caigo en una trampa bien preparada
La cena era solo la excusa; el verdadero menú era la desnudez y el juego de poder. Mientras su amigo cojeaba en el sofá, Sole preparaba una trampa de…
Comparte:Infidelidad consentidaCuckoldDominacion femenina
- Hetero: Infidelidad
De esposa modelica fiel a puta sin remedio (3)
Eva ya no es la esposa modelo de antes; ahora busca placer donde quiera y con quien quiera, incluso frente a ti.
Comparte:Infidelidad consentidaCuckoldDominacion femenina
- Hetero: Infidelidad
Una esposa complaciente
Eva sabe que Luis la observa. Sabe que él quiere verla perderse, pero también sabe que él no puede evitarlo.
Comparte:Infidelidad consentidaCuckoldRelacion jefe subordinada
- Hetero: Infidelidad
Llego Chorreando Para Darme una Lección
Siempre supo que él se ponía caliente imaginándola con otro. Esta vez, Mónica no solo lo imaginó: lo hizo.
Comparte:Infidelidad consentidaCuckoldErotismo romantico
- Hetero: Infidelidad
Top-less en la playa (2)
Silvia nunca imaginó que su matrimonio terminaría en sus rodillas, grabada por su propio marido mientras un desconocido la poseía.
Comparte:CuckoldDominacion femeninaPoder y control
- Hetero: Infidelidad
Mi primera cita
La nota que le entregó en la oficina prometía una cena, pero lo que encontró en su casa era un juego mucho más peligroso.
Comparte:Infidelidad consentidaCuckoldDominacion femenina