Xtories

La esposa del cornudo (XXI): El diario de Sole

Andrés pensaba que solo leería las recetas. Pero al abrir el cuaderno oculto entre las hojas de cocina, encontró el relato de cómo su esposa fue tocada por su jefe y, peor aún, cómo él mismo se excitó con la confesión. La verdad no es lo que parece, y el deseo de conocerlo todo lo está consumiendo.

MaestrodeJazz8.9K vistas8.7· 11 votos

Vi anoche a Sole poco receptiva para continuar hablándome sobre su viaje con Luís a Madrid, sobre todo al final de la noche, aunque lo que sucedió después fue más que satisfactorio para mí. Compartimos un sexo que habitualmente nunca tenemos cuando ella me está contando y que yo no esperaba. Y mucho menos por lo morboso que fue luego lo que hicimos. Por mi parte, yo también noté menos curiosidad personal por mi parte para conocer el resto de los detalles de lo que ambos hicieron en Madrid.

Sin conocerlos, podía entender fácilmente los motivos que ella podría tener para no querer compartirme el resto de las cosas que había hecho allí con su amante, dado lo potentes y hasta bizarras que habían sido las experiencias que ella ya me había contado de lo que vivieron en Torremolinos, y ya en Madrid, en el restaurante erótico, en el club BDSM y hasta en la propia habitación de su hotel.

Y respecto de que yo también notaba que había descendido mi propia curiosidad, creo que tenía mucho que ver con algunos de las nuevas sensaciones que había experimentado mientras ella me contaba. He notado una mezcla de celos y algo parecido a la envidia hacia Luís que no había sentido antes. Creo que eso puede ser la causa que haya disminuido gran parte de la enorme excitación que venía sintiendo desde hace unos días, siempre en relación con el viaje.

Ya no había sido Carlos, a quien ella tanto quiso y de quien tan enganchada estuvo, el que era capaz de llevarla a cotas tan elevadas en su relación sexual, con las que yo nunca podría intentar compararme. O Fede, aquel profesor capaz de manipularla y de obtener tanto de ella en su adolescencia, aunque fuese en el periodo tan corto en el que coincidieron.

Ahora se trataba de nuestro jefe. A pesar de la resistencia inicial de Sole pero también, es justo decirlo, gracias a mi ayuda, a Luís le llevó solo unos meses hacer que Sole quisiera meterse con él en la cama. Pero es que en los tres años siguientes, no ha parado de hacer evolucionar a mi esposa hasta conseguir que ella haya hecho cosas con él que yo jamás habría conseguido, casi ni siquiera me habría atrevido aimaginarlas.

Y no es porque ella disfrute cuando está con él, que hace mucho tiempo que Sole no lo niega, sino que ha consentido experiencias que me habrían encantado vivir con ella y que, en muchos casos, yo le había propuesto o sugerido hace mucho tiempo sin conseguirlo. Él ya ha podido verla teniendo sexo con otros hombres en su presencia sin que yo haya podido ni siquiera poder verla con él, más allá de lo poco que pude veislumbrar de lejos, y más bien solo oir, el día que me pidieron que la acercara al hotel para que así ambos pudieran disfrutar de su encuentro semanal.

Sé que no estuvo bien, pero cuando encontré la llave de su cajón personal y, espiando entre sus cosas, me tropecé con su cuaderno secreto, no dudé en aprovechar la oportunidad de fotografiar las páginas de esa especie de diario personal que Sole ha estado escribiendo en estos últimos años y que tenía ocultas entre las hojas de su bloc de recetas de cocina.

Ya que, después de lo de anoche, yo no espero grandes confesiones por parte de Sole en los próximos días, creo que es el momento de leer ese diario. Y, ya que he decidido compartir mi experiencia con vosotros a través de este relato por entregas, no puedo negarme a que vosotros también las conozcáis, transcribiéndolas aquí.

Crema de espárragos 29 de abril de 2020

Ingredientes: 500 ml de agua, 400 g de espárragos verdes, 1 diente de ajo, 100 g de cebolla, 100 g de patata, 25 g de aceite de oliva, Sal, Pimienta negra molida

Después de muchos años, siento de nuevo la necesidad de volver a escribir porque no estoy nada bien. Por culpa de este puto COVID que más parece un castigo divino que una enfermedad, y que nos mantiene a mí y a todos los que conozco cada vez más angustiados...

Después de todo lo más duro del confinamiento de las pasadas semanas, sigo aun con los miedos por la salud de mis hijos, y sobre todo por la de mis padres que ya son bastante mayores. Nada parece aclararse del todo y, aunque la cosa ha mejorado algo, yo no veo que esto tenga todavía pinta de acabar...

Pero es que ahora, después de la preocupación por la salud de todos, me empieza a asustar nuestra situación económica... En los meses de invierno, mi contrato y el de Andrés estaban a mitad de horas y, debido al COVID, ahora siguen aun sin renovar. Y, con eso, toda la incertidumbre del futuro se me hace cada vez más pesada de soportar.

El restaurante sigue prácticamente cerrado. Solo hemos ido los últimos días a ordenar y limpiar. Aunque los empleados no hemos dejado de cobrar, con todas las horas extras que ahora no hacemos, y con las propinas perdidas, se nota mucho la bajada en la nómina real...

Los niños también están enfadados, casi todo el día en casa, y empiezo a estar cansada de aguantarlos... Y por si faltara algo, el jefe, que ahora que hemos vuelto no para de empujarnos, como si este problema lo hubiéramos traído nosotros, o fuera sobre los empleados sobre los que tiene que recaer la mayor parte del esfuerzo necesario para la solución...

Yo comprendo que no es fácil ahora para L seguir perdiendo dinero cada día en el negocio. Con todo lo endeudado que está todavía, y sin saber bien dónde está el fin de esta pandemia. Pero los currantes aun perdemos más. Y tenemos menos recursos que él para sobrevivir y adaptarnos ante un panorama tan desconocido.

Ya quedamos solo la mitad de empleados que estábamos hace solo unos meses... En estas semanas de pandemia ya han salido cuatro. Y es que un restaurante que vive de los turistas, en un pueblo pequeño de la sierra, no tiene ningún futuro en un país todavía medio confinado.

Se mantienen las fuertes restricciones para los viajes, por culpa de esta puta enfermedad. Y encima, este insoportable calor, casi antes de que toque, que parece que ya estemos en verano.

Yo se que pensarlo demasiado puede convertirlo en obsesivo, pero tengo necesidad de hablarlo de nuevo casi cada noche con Andrés… ya ni se en cuántas ocasiones durante las últimas semanas.

Mi marido es algo más optimista que yo, y cree que al final todo se arreglará y que, de alguna manera. volveremos más o menos a estar como antes. Pero eso no me vale y yo le pido que me dé más razones, o ver si podríamos hacer algo más.

Sé que a veces lo agobio cuando casi le exijo que me lo intente aclarar y que tenemos que hacer lo que sea... Lo que no podía esperar era la reacción que él tuvo anoche. No se le ocurre otra cosa que decirme que quizás "yo debería ser más amable con L",...con vista a si queremos mantener nuestros trabajos... "¡Perdonaaaaaaaaaa.. pero... ¡¿Cómo se te ocurre decir eso, Andrés?!..., ¡¡Acaso estás tonto o es que no te he oído bien...?!!”

Para mi sorpresa, Andrés siguió argumentando, a pesar de mi inicial sobresalto. "Y que bueno, Sole... que si pasara algo... estando con el jefe... que él... lo entendería".

¡Será cretino! ¡Menuda forma de querer arreglarlo! Yo entiendo que Andrés esté tan preocupado como yo por todo lo que tenemos encima, pero a veces es que tiene unas cosas tan fuera de sentido, que esta vez hemos terminado enfadados.

En fin, habrá que tener paciencia y esperar la solución porque no podemos hacer mucho más ante un problema tan grande.

Crema de zanahoria y jengibre 10 de mayo de 2020

Ingredientes: 5 zanahorias grandes; 1 cebolla;1 patata; jengibre, sal, ajo, aceite de oliva, pimienta negra.

El restaurante ya está unas horas abierto cada día y hemos empezado a trabajar. Pero apenas la mitad de la plantilla, y solo por unas horas. Abrimoos solo media mañana por si alguien viene a por comida para llevar a su domicilio, ya que todavía los clientes no pueden entrar.

Esto es casi nada pero bueno, al menos ya salgo un rato de casa. En el pueblo, sin los turistas de fuera, esto no tiene futuro. Se factura muy poco, y, viéndolo en positivo, ya no estamos cerrados como los meses de antes.

Como todo mejora tan despacio, hace días que sabemos que mi marido, o yo misma, o incluso los dos, podemos ser los siguientes en ir al paro, para volver si es que alguna vez volvemos... no se sabe bien cuándo.

Si es que L sigue también para entonces con el negocio abierto, y no lo ha cerrado del todo, como se encarga de decirnos cada día... "Id buscando otro curro, que yo estoy ahorcado de deudas y a punto de cerrar"... En un pueblo como éste, ¿dónde podremos ir a buscar un trabajo, siendo solo camareros?

Tampoco sería fácil levantar la casa y trasladarnos, con dos niños pequeños... Para buscar otro sitio donde trabajar, pagando alquileres, y con una inseguridad parecida...

El dinero del ERTE solo nos cubre lo justo para los gastos fijos y para pagar la hipoteca y pronto se irá terminando. ¿Cuánto más va a durar esta mierda del COVID sin que se resuelva? O, por lo menos, que empecemos a sentir que entramos en una situación más estable y que ya parezca posible soportarlo.

He intentado perdonar a Andrés por sus palabras de hace unos días. Dice que yo no lo entendí bien, pero sé que no es problema mío porque no había ninguna duda en lo que me dijo. Pues aún así... me sigue insistiendo en que intente ser más "cariñosa" con L.

¡Pero qué se habrá creído... si es así como piensa que lo vamos a arreglar! Al final, todos terminaremos trastornados.

Sopa de zanahoria y patatas 16 de mayo de 2020

Ingredientes: 200 ml nata de cocinar, 1 pastilla de Caldo de verduras, 250 g patata, 500 g zanahoria, 200 g de cebolla, 600 ml de agua, sal pimienta, 2 cucharadas aceite de oliva

Apenas he dormido esta noche y estoy hecha un lío como hace tiempo que no me pasaba. Por mucho que he intentado evadirme, desde ayer solo puedo darle vueltas a lo mismo, y no puedo evadirme porque ni siquiera tengo lucidez para ver TV ni para escribir una receta.

Así que aprovecho esta página, y este rato a solas en casa, para ordenar mis ideas. Y bueno, tampoco lo puedo descartar, por si alguna vez tuviera que recordar con detalle todo lo que me pasó con L, ayer en el trabajo.

Y es que si no tuviera ya bastante con todo lo que nos ha traído hasta ahora el puto COVID, lo de ahora, que aún no sé cómo definirlo, me parece una vuelta de tuerca más que yo no podía esperarme.

Ayer estábamos L y yo solos en el restaurante, cabreados por la situación que apenas mejora y bastante aburridos. Solo ordenando el almacén y limpiando todo un poco, por hacer algo más que nada. Porque hay poco que atender en un restaurante donde no llegan clientes.

Entré en el despacho de L a llevar unas cajas de botellas de licor. Me dijo que las trasladara hasta allí desde el almacén porque se iban a devolver. Con la excusa de ayudarme, y como el sitio es tan estrecho, ha empezado con disimulo a rozarse contra mí.

A la tercera caja, me ha puesto las dos manos claramente en el culo... y yo me he quedado bloqueada... No sé cómo expresarlo... creo que me he dejado "ayudar con la caja"...pero con las manos en mi cuerpo en vez de en el cartón… y dejando que de nuevo se rozara contra mi cuerpo.

Situaciones como esta no es la primera vez que me han ocurrido. Con L y también con algunos clientes que se creen en el derecho de intentarlo. Siempre empiezan de un modo que parece involuntario, pero terminan tocando carne, que siempre es lo que buscan, joder... Aunque yo soy bastante resolutiva y tardo medio segundo en ponerlos en su sitio por lo que enseguida desisten.

Un hombre no va a ponerme la mano encima si yo no quiero que lo haga, por mucho que yo pueda resultarles atractiva, que tampoco lo soy tanto. Pero ayer, en el despacho con L, no sé porqué... yo reaccioné de este modo diferente... quedándome al principio... como bloqueada... No fui capaz de separarme, ni de parar a L, cuando vi claramente cómo me tocaba.

Por eso ahora no puedo dejar de preguntarme qué fue lo que me pasó. O lo que hizo que yo actuara diferente. Me atormenta que yo me quedara quieta esta vez, como si no hubiera querido afrontar lo que estaba ocurriendo. Solo lo dejé pasar sin ni siquiera protestar.. y fui a por la siguiente caja... continuando con el trabajo que tenía encomendado como si todo hubiera sido tan "normal".

L debió notar mi falta de reacción, claramente distinta a otras veces y, al llegar con la siguiente caja, vi que ya me estaba esperando. Nada más entré, L cerró la puerta del despacho e interpuso su cuerpo ante mí, cerrándome el paso, mientras yo estaba aun con las manos ocupadas.

Con determinación, me cogió la caja de las manos, quitando ese último escudo que se levantaba entre su cuerpo y el mío. Consiguió en un segundo arrinconarme contra la puerta, esa que se había encargado de cerrar, solo un segundo antes.

Me cuesta escribirlo pero es lo que pasó... Empezó a manosearme por fuera de la ropa sin que yo acertara a responder. Yo estuve muy torpe, lo sé, y vaya si lo siento... Y él, que era todo manos y absoluta decisión, aprovechó mi vacilación... y avanzaba por mi cuerpo a paso de gigante.

Fue tocarme las tetas, por encima de la blusa, y casi se transformó. Puso su cuerpo contra el mío para que yo no pudiera escapar, y se restregaba suciamente contra mí, para que yo pudiera notar lo duro y empalmado que ya estaba.

Mientras me abría un botón de la blusa, yo solo acerté a decir su nombre, claramente contrariada por algo que yo no estaba buscando, pero sin negarme tampoco de una manera muy clara. "Luis... Luis... Luis..."

Siguió veloz abriéndome más botones… mientras, a la vez, intentaba besuquearme y me mostraba lo caliente y decidido que ya estaba, diciendo encima que eso que él hacía era casi por mi culpa.. "Qué buena estás, joder... mira cómo me has puesto, Sole...".

Me cerró la boca con sus labios, y pude notar enseguida la fuerza de su lengua intentando entrar. Pude ladear la cabeza e impedir que siguiera con su beso, nombrándole de nuevo como única forma de quejarme: "Luisss... Luisss..."

Sus manos siguieron manoseando mis tetas y, en segundos y ya abierta mi blusa, me bajó el sujetador. Fue verme las tetas y me agarró una con fuerza... como si fuera suya desde siempre... y tuviera el derecho a cogerla... así porque sí... y sin más permiso que su deseo de hacerlo así. Mi respiración se entrecortaba y se aceleraba por momentos... yo me notaba al borde de un ataque de ansiedad... "Luisss... Luissss..."

Sin que yo hubiera dicho ni media palabra que demostrara que me estaba gustando, L ya quería hacer de todo...¡Allí mismo!... en el almacén o en su despacho... con la puerta del restaurante solamente entornada. "Luisss... por dios, Luissss..."

Fueron solo segundos, pero sus manos volaban por mi cuerpo. Yo tardé demasiado en reaccionar, lo sé, mucho más que nunca antes. Puso su boca en uno de mis pezones y noté como lo chupaba mientras su mano me tocaba mi entrepierna... "Luiiiissssssssss..."

Nada de eso me gustaba, L había superado todos los límites imaginables… ya era más que demasiado... Pero tuvo que llegar hasta ahí para que yo, al final, pudiera gritarle...

- "Para, Luisssss... por diossss... no sigas adelante con esto... no puedes tocarme..."

Es cierto que L se detuvo enseguida cuando vio que yo al fin sí le dije de parar... Pero, para mi desgracia, esas fuerzas que tuve finalmente para articular ante L una negativa clara solo me habían llegado cuando yo me estaba sintiendo casi a punto de desmayarme... No podía entenderlo...

Quizás todo había durado menos de un minuto pero fue tan inesperado, y me sentía tan mal, que me había parecido una eternidad. Y sabía que, de haber reaccionado a tiempo, como tantas otras veces, yo lo habría cortado antes de que hubiera hecho nada, impidiéndole llegar adonde L había llegado esta vez...

Porque yo... se bien decir que no... Lo he dicho muchas veces. Por mi trabajo, y por desgracia en esta sociedad, siendo mujer es casi normal. Pero siempre que he querido cortar a un maleducado o un tocón, he sabido hacerlo y siempre me ha funcionado... En cambio, ayer con L... yo no...no puedo explicarme.

Igual que yo no esperaba que L se hubiera tomado todas las libertades que se tomó, no sé si por estar solos, o por ser mi jefe, también digo que él se paró en cuanto le pedí claramente que lo hiciera.

Fue oírme decir que no siguiera adelante y, aunque me tenía encerrada en su despacho y ya medio desnuda, enseguida separó sus manos de mi cuerpo e interrumpió su sucio abuso sobre mí.

No le puedo perdonar por lo que hizo antes, pero la realidad fue así... Supe en cuanto paró que tenía que salir cuanto antes de aquella situación pero creo que ya no volví a sentirme forzada... Empecé a recomponer mi ropa como pude mientras le oía disculparse.

- "Sole, no se qué me ha pasado... Perdona, Sole, perdona... de verdad..."

Me pareció poco sincera su disculpa, la verdad, pero él había dejado enseguida de tocarme... y eso me alivió.

- "No te niego que me gustes... pero siempre he sabido respetarte... No sé qué me ha pasado hoy...Ví que no reaccionabas… y yo no he podido resistirme…"

Aun notaba mi corazón salirse por mi boca, y solo le seguía escuchando, de nuevo sin poderle replicar.

- "Quizás pensé al principio... que tú hubieras querido también... hacer esto... Sole... pero si no quieres, por favor, discúlpame".

Mientras yo me sentía avergonzada, creo que sin merecerlo, noté lágrimas bajando por mi cara y fui al baño a secármelas e intentar reflexionar.

No soy ningún pibón pero sé que atraigo a muchos hombres, sobre todo por mis curvas. Se fijan especialmente en mis tetas y es raro que muchos no se paren a mirarlas cuando no se sienten observados...

Pero por mucho que a veces no me importe que lo hagan, y que incluso me guste sentirme un puntito deseada, ellos no tienen ningún derecho a tocarme. Menos aún como L lo había hecho, siendo mi jefe... y en su propio despacho... sin haberle dado yo ningún motivo para nada.

Y aunque yo solo hubiera acertado a decir su nombre en un torpe intento de pararle... "Luissss... Luissss..." era claro que no me había estado gustando lo que había hecho, ni yo estaba preparada para nada de lo que L había querido intentar conmigo. Solo ahora parecía que él también se estaba dando cuenta.

- "Sole... vete a casa, si quieres..., ahora mismo... o dentro de un rato... cuando estés un poco más calmada..."

Yo seguía encerrada pero los dos estábamos solos en el restaurante, y L me seguía hablando, desde fuera de la puerta, intentando serenarme.

. "... O tómate un descanso de unos días... Pero aunque yo me haya equivocado... creo que sería un error sacar esto de aquí…”.

Poco a poco, me fui tranquilizando mientras L me seguía pidiendo perdón y tratando de quitar hierro a lo sucedido.

- "No tiene porqué enterarse ni tu marido ni nadie... Y sabes que no se repetirá..."

Al fin, cuando sus palabras de disculpa empezaron a sonarme creíbles, salí del aseo y pude hablarle, sacando todas las fuerzas que antes no había encontrado.

- "Desde luego, L… has sido un cabrón y un miserable... Pero no puedo consentir que esto se sepa fuera... Porque encima todos dirán que la culpa ha sido mía..."

- "Sole, no se si puedes entenderme y perdonar lo que he intentado... Pero nunca haría eso de culparte..."

- "No lo has intentado, casi has terminado de hacerlo, joder... Y tú eres el único cabrón responsable... Pero esto... no puede saberse... nada de esto ha pasado... ni volverá nunca a repetirse ¿entiendes?... "

- "Sí, Sole, no ha pasado nada... y nunca... nunca se sabrá..."

- Y si se entera mi marido o mi familia... no es que voy a ir a por tí... es que juro que te quemo el restaurante y te mato...".

Viendo lo nerviosa que yo todavía estaba, se siguió disculpando un buen rato más hasta que yo también comencé a tranquilizarme y a pensar si lo mejor era realmente pasarlo por alto, como L me pedía y yo parecía aceptar. Y empezar a olvidarlo cuanto antes, estando muy segura de que no se repetiría de nuevo.

Pero tampoco puedo evitar que yo siga sintiendo internamente cómo crece el peso de la culpa que siento, sobre todo si opto por callar. Hasta Andrés me ha notado que hoy no estoy nada bien, obviamente sin saber los motivos.

Por eso... no es lo que yo tenía pensado hacer... ni lo que le había dicho a L que haría... pero ahora noto que así no podré seguir... Callarme como he hecho otras veces y tragarme esto yo sola, como me pasó con mi primo Jose... creo que no podré resistirlo ni tampoco me conviene...

Así que esta noche, como sea, se lo tengo que contar a Andrés. Y espero que él me crea y me entienda, porque estoy realmente confusa y no se lo que tengo que hacer. Me parece excesivo seguir cargando yo sola con toda esta culpa que para nada me merezco.

Sopa de puerros con arroz 18 de mayo de 2020

Ingredientes: 4 puerros, 1 zanahoria, 2 cucharadas AOVE, 6 tazas de agua o caldo, 180g arroz, Sal, Queso parmesano rallado

Ayer me pasé toda la tarde dándole vueltas sobre la mejor manera de plantearle a Andrés lo que me había pasado. Y no fue nada fácil... pero al final pude arrancarme anoche, ya estando los dos en la cama.

Con alguna duda al principio, luego me fui soltando y fui bastante directa al contarle el incidente con L que tan nerviosa me tenía, intentando además ser muy objetiva sobre lo ocurrido, cosa que era difícil por la situación en la que yo me encontraba.

No quería ocultarle a mi marido que, aunque L empezó sin que yo hiciera nada para ello, y mucho menos sin provocarle de ninguna forma, me había quedado bloqueada un buen rato.

Eso había hecho que las cosas llegaran más lejos de lo debido, pasando de lo que podía haber sido un roce más o menos involuntario a un fuerte y sucio manoseo en el que me ha metido mano como un cerdo y casi me desnuda del todo.

Contarle a mi marido los detalles significó revivir ese momento que ya me hubiera gustado haber borrado. Pero necesitaba hacerlo, tuve fuerzas y lo hice. Fueran cuales hubieran sido las reacciones de Andrés, no me iba a esconder porque sentía que esta vez no debía hacerlo como si la culpa fuese solo mía.

Por suerte, mi marido me dejó hablar y explicarme sin interrupciones, sin reaccionar ni preguntarme absolutamente nada. Y pude decirle sin prisas todo lo que me pasó y todo lo que yo estaba sintiendo.

En mi interior, la vergüenza y la culpa me seguían invadiendo, por no haber salido corriendo, gritando... arañándole la cara a L, o tirándole del pelo... Pero al menos hablarlo con Andrés me había descargado un poco de esos sentimientos.

Si, antes de empezar, yo estaba hecha un lío tremendo, me vino bien de verdad la forma en que mi marido me escuchó sin cortarme. Y cómo luego me habló con mucha tranquilidad y me pareció enseguida que con toda la intención de ayudarme.

Era obvio que yo debía expulsar esos sentimientos negativos que tenía porque en ningún momento yo había hecho nada malo ni mínimamente reprochable. Yo podía sentir eso mismo que él me había dicho, pero oírselo decir a él me tranquilizó muchísimo. Y por lo menos pude dejar de temblar y empezar a sentirme bastante aliviada.

Pero lo siguiente que siguió ya me gustó menos. Andrés me dijo que si L había parado cuando yo se lo pedí... que él tampoco había hecho nada malo... Todo lo que había pasado fue solo a causa de que yo le gusto y le excito... una reacción natural entre un hombre y una mujer que pueden atraerse, fueran quienes fuesen ellos dos, y cualquiera que fuese el sitio donde hubiera ocurrido.

De ninguna manera yo podía aceptar eso. Le dije si no estaba viendo lo mal que yo me sentía y que parecía que estaba justificando la conducta abusona de L, que encima era nuestro jefe y lo hizo en su despacho, adonde yo había acudido engañada….

Andrés me insistió en que lo único que hizo L fue intentarlo... hasta que comprobó que yo no quería lo mismo que él... y que entonces lo dejó, disculpándose.

Que estando los dos solos, y habiendo cierta confianza entre nosotros, pues que era legítimo que él lo hubiera hecho... y también que yo me negara, por supuesto.

Yo me seguía quejando pero Andrés le quitaba toda importancia a lo sucedido y eso realmente me enfadó. Pero enseguida comprobé que esa forma suya de verlo era lo que más había contribuido a descargarme de mi vergüenza y mi culpa. Si L no hizo nada reprobable, mucho menos iba yo a culparme de nada.

Parece que mi marido no veía mayor problema y casi valoraba razonablemente bien lo sucedido. No solo es que nuestro jefe se me hubiera insinuado entre bromas como había hecho otras veces. O que hubiera buscado un roce más o menos involuntario con mi cuerpo, cosas que habían ocurrido en muchas ocasiones pero que yo siempre había cortado de forma radical.

Es que si ahora me descuido un poco más, L casi hubiera acabado de desnudarme del todo y su sucio manoseo se habría convertido en otra cosa. Pero mi marido todo lo disculpaba solo porque L paró en el mismo momento en que expresamente le dije que se detuviera. Es cierto que él no me culpaba para nada, solo faltaba eso, pero yo no podía verlo así.

Él solo lo interpretaba como una interacción entre dos adultos que se sienten libres y que aprovechan una oportunidad para explorar sus deseos y sus instintos… Y eso me lo explicaba una y otra vez. Según él, L hizo bien en buscar lo que deseaba conmigo, y yo por supuesto hice bien en negarme cuando pude o quise hacerlo.

Pero igual de legítimo hubiera sido que yo hubiera aceptado su propuesta porque, más allá de los acuerdos dentro de nuestra pareja, todas las personas podemos ser libres de disfrutar de nuestro cuerpo y de vivir sin complejos nuestra propia sexualidad.

Le dije que eso era muy bonito pero solo una utopía, y que me parecía una trampa en la que yo no iba a caer. Que lo único que había sucedido es que L había abusado de mí en su despacho. Y que no había utilizado gran violencia, que eso era cierto, pero que si no había estado cerca de violarme es solo porque yo pude pararle al final.

Sus últimas palabras seguían justificando que no hubo nada de eso, sino solo un deseo algo incontrolado por parte de L, pero nada de violencia. Y que si se había disculpado de veras, yo debía quitarle toda importancia y pasar de eso cuanto antes.

Yo seguía enfadada pero algo más tranquila que al comienzo de la noche... Quizás la forma de verlo de Andrés, y que yo no compartía, pudo haber contribuido mucho a eso. Haber oído muchas veces de su propia boca que lo ocurrido no había sido nada preocupante… Fue entonces cuando comprobé que Andrés estaba claramente excitado y tocándose la polla, con mucho disimulo.

Apagamos la luz y fue obvio que los dos nos hicimos los dormidos. No pasaron muchos minutos hasta que noté claramente como mi marido se masturbaba mientras me creía dormida.

Yo seguía pensando sobre el incidente con L mientras, en el silencio de la noche, le noté a mi marido acabar lo que había comenzado. Tras sus últimos jadeos y su orgasmo, él ya no tardó mucho en dormirse y hasta en empezar a roncar.

Aunque sabía que Andrés con esta conversación que tuvimos anoche había contribuido mucho a calmar mi ansiedad, no podía entender la forma en que él había disculpado del todo ante mí la sucia conducta de L.

Y encima, lo que yo le había contado, que a mi llevaba casi 48 horas haciéndome sentir tan mal, a él le había parecido de lo más excitante, hasta el punto de terminar por pajearse solo a renglón seguido.

Al menos yo tenía claro que, aunque hubiese tardado más de lo deseable, al final yo había conseguido parar a L. Y estaba segura que él debía haber quedado tan advertido que algo parecido no podría volverlo a intentar conmigo...

---------------------------------------------------------

Hasta aquí, he transcrito las primeras entradas del diario de Sole y no voy a perder mucho tiempo comentando sobre lo que acabáis de leer. Quiero que seáis vosotros mismos los que podáis juzgar y establecer vuestras propias conclusiones.

Respecto de lo que yo pude sentir al leer esas palabras de mi esposa por primera vez, debo decir que ella ya me había compartido casi todo de lo que cuenta aquí en su diario. Vaya, que todo lo que me contó en su momento, hace más de tres años, es bastante fiel a lo que ella dejó escrito en su diario.

No obstante, hay algo que ha atraído mi atención y de lo que no tenía hasta ahora ninguna información. Me refiero a una leve mención que ella hace a uno de sus primos que se llama Jose, pero que más tarde tachó. Ese incidente o lo que quiera que fuese lo que ella había querido describir sobre su primo debió ser algo que la debió desequilibrar bastante en su pasado, por el hecho de haberlo querido borrar justo después de escribirlo.

Pero también por el contexto en que ella escribió sobre eso, relacionándolo con un momento de mayor vacilación y sufrimiento en lo que ella estaba sintiendo, inmediatamente después de narrar el primer intento de Luís para tener sexo con ella.

Posiblemente, Sole nunca llegará en el futuro a contarme nada sobre eso que había querido ocultar sobre su primo si ha tratado de esconderlo hasta en un diario escrito solamente para ella. Pero era algo sobre lo que yo debería estar vigilante por si alguna vez se presentaba una ocasión propicia para tener una conversación que pudiera arrojarme algo de luz, porque algo me decía que en ese pasaje que Sole ha querido ocultar podría haber algo de lo más interesante.