Xtories

Three in a row

El trastero huele a sudor y a peligro. Ella no solo quiere follar, quiere que la vea sucia, usada y rota por otro hombre mientras sigue siendo suya. ¿Estás listo para castigarla por ser tan mala?

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Esperando en el coche a dos calles de su casa no paraba de tocarme. Estaba un poquito desesperado porque la emoción y el peligro tienen eso, me calientan. Cuando ya iba por el segundo video porno (había buscado “extra small girls”, como es ella), recibí la llamada perdida que era la señal.

Ya en la puerta del garaje colectivo de su bloque, le devolví la llamada perdida. La puerta eléctrica comenzó a alzarse y me agaché para poder entrar antes de que se abriera del todo. Fui directamente a su trastero; empujé suavemente y entré. Estaba oscuro, solo entraba un poquito de luz por la claraboya y ella olía a sudor. Cerró la puerta tras de mí y comenzó a besarme.

Iba en bata de casa y no llevaba nada debajo. Comenzó a sobarme la entrepierna y a bajarme la bragueta sin dejar de besarme y de decirme "esto me pone mucho". Se giró de espaldas y se levantó la bata. Ella misma se introdujo mi pene en su vagina. "Dame duro, que ahora mismo me siento muy puta".

Estaba sudada y pegajosa. Con los besos y la calentura no me había dado cuenta de que olía como olía cuando teníamos sexo. Le apreté las tetas mientras nos movíamos al mismo ritmo y me acerqué a mordisquearle la nuca, el cuello y las orejas. Se ponía muy mala cuando le hacía eso. No pude evitar decirle al oído: "acabas de follar, cabrona". El coño le palpitó de adentro hacia afuera y empujó hacia atrás buscando la profundidad. "Estaba no, estoy follando". Se echó hacia adelante. Me la sacó. Le toqué el coño y prácticamente chorreaba. Me apretó la polla con la mano. Me volvió a besar y me dijo. "Vuelvo enseguida. No te vayas, espérame".

Al regresar yo había perdido buena parte de la excitación. Habían pasado unos diez minutos. Rascó la puerta, abrí y se abalanzó. Llevó una de mis manos a su entrepierna y aparte de aquello ya era de inundación, tenía los labios hinchados y olía no exactamente a ella sino a ella y a otro sudor. Me mordisqueaba los labios, yo la tocaba, la masturbaba de pie. "Subí un momentico a casa y me clavaron, papi. Me follaron el bollito. Se clavaron a tu niñita". Se giró nuevamente y mientras se la metía ella misma me dijo con voz aniñada: "ponme el culito rico mientras me singas".

La muy jodida había bajado la primera vez interrumpiendo un polvo. Me había hecho follarla y a continuación había subido a por más. Ahora volvía a qué le siguiera dando y encima, me pedía que le calentará el culo. ¿Qué se habría inventado para dejar al novio caliente, salir de casa, volver a los pocos minutos con el bollo palpitante y tras otro tiempecito, volver a bajar y empezar a perder el control entre mi polla en su coño y lo rico que se movía cuanto más se le dilataba el culo? ¿Un juego de roles? ¿Sabe Dios qué fantasía! ¿Le diría al novio que le ponía mucho dar una vuelta por el edificio, sin bragas y muy caliente a medio follar?

En esas estaba yo, pero no saqué nada en claro porque no me dio tiempo. Volvió a sacársela, se agachó y me pidió que le follara la boca un poquito. Puso los labios y abrió la boca como a mí me gusta, como si fuera su coño y, cuando comenzaba yo a disfrutar, repentinamente se levantó y antes de cerrar la puerta: "me estoy volviendo loca y es por tu culpa. Ahora vuelvo".

Comenzaba a impacientarme porque tardaba más que la primera vez cuando volvió a rascar la puerta. Volvió a guiar mi mano hacia sus nalgas. Señal inequívoca de lo que quería. "Méteme todo el dedo, hasta el fondo".

Como pude, la volví a ensartar dejando espacio entre mi cuerpo y sus nalgas para que mi dedo le entrara por el culo y poder coordinar mis movimientos en aquella posición algo incómoda. Al tratar de colocarla para encentrarla bien, sentí la humedad y la viscosidad en su espalda. Era semen.

Aquello me puso muy caliente. En condiciones normales esa sensación me hubiera producido hasta repelús. En ese contexto, no. Me retiré un poco y le saqué el pito. Me centré en mi dedo metido hasta el fondo en su culo.

Los primeros temblores en sus piernas me anunciaban que se iba a correr y afiné con la puntería. Ella misma se tapó la boca, pero, aun así, el grito ahogado por la mano me revolvió todo por dentro. No se podía sostener de pie y se dejó caer hasta el suelo respirando agitadamente, reponiéndose.

Su móvil sonó. ¿De dónde coño había salido ese móvil? Las piernas mías fueron entonces las que comenzaron a temblar. "Sí, dame unos minutos y te abro. El timbre no funciona bien".

Abrochándome la bragueta salimos del trastero rumbo al ascensor. Señalé el teléfono que ni había visto ni imaginado e inquirí con la mirada. "No te preocupes, fue un rapidito antes de salir para el trabajo. Con la ropa puesta. Salió pitando. Ya iba tarde. No es él ".

La luz del ascensor me dejó verla bien. Despeinada, los labios y la barbilla enrojecidos, los ojitos de fiera en celo, los pezones queriendo salirse de la bata y una expresión de loca que antes no le había visto. La bata parecía sacada de una botella con toda la parte trasera empapada y ligeramente levantada porque se le adhería a la espalda. Tiré hacia abajo suavemente hasta que se le tapara el culo.

El ascensor fue directamente a su planta. Me tomó de la mano y me condujo por el pasillo en dirección a su puerta en la que, lo parecía un técnico de teleco, por el uniforme y la típica maletica se sorprendió y no pudo disimular el gesto de, esperaba que abrieras la puerta, no que vinieras por el pasillo y menos acompañada. No obstante, se sonrió y pude ver que ella le correspondía. Abrió la puerta y el técnico pasó. Desde dentro, con la puerta a medio cerrar extendió la mano y me tocó el paquete que, en aquel momento ya no era paquete. Me guiñó con su carita más puta, me tiró un besito con los labios. "Hace mucho tiempo que tenía ganas de hacer una cosa así; que como ves, no ha terminado y como tampoco sabías, terminará en tu casa en un par de horas. Quiero que me castigues por ser tan mala y por seguir tus fantasías perversas, nuestras fantasías". Comenzó a cerrar lentamente la puerta ya con un tirante de la bata a medio caer que dejaba un pezón al descubierto y, sin dejar de sonreírme maliciosamente se relamía.

"Báñate antes" fue lo único que alcancé a decir.