Xtories

Colaboraciones: Sylke. El reencuentro

Llevan veinte años sin verse, pero la tensión en la pista de baile lo dice todo. Él le propone un juego peligroso: si él conquista a otra, ella debe subir a su habitación. Pero cuando Carla lo encuentra con otra mujer, decide cobrar su apuesta con una intensidad que ninguna de las dos esperaba.

RayFenix5.2K vistas8.9· 7 votos

Por fin nos pudimos apartar del grupo, mientras bailaban y se divertían en la pista como si no hubieran pasado veinte años, Mateo y yo nos quedamos en la barra tomando una copa y recordando aquellos tiempos.

Carla, estás impresionante. - me decía Mateo agarrando mis manos.

Vamos, que tú siempre me llamabas “feucha”. - le dije ruborizada.

Lo cierto es que ambos habíamos cambiado considerablemente y lo peor, después de haber estado juntos desde primaria, hasta acabar la ESO, no habíamos vuelto a contactar hasta que el grupo del cole hizo esa cena. Ambos teníamos un físico que nada tenía que ver con el de entonces, bueno, él seguía siendo guapo, pero yo di un cambio radical a partir de mi adolescencia.

Francamente, estás impresionante. - seguía piropeándome - y de rubia estás para levantársela a un muerto -.

¡Que idiota eres! -.

Es la verdad. ¡Estás buenísima, Carla! -.

Eso es porque me he arreglado. Tendrías que verme de andar por casa con los críos -.

Vamos, no seas modesta, estoy seguro de que en casa estás tan impresionante como ahora -.

Gracias... bueno tú tampoco estás nada mal -.

Eso es por el traje y porque no se me ha caído el pelo todavía -.

Ambos reímos a carcajadas como entonces, en la época aquella en la que hacíamos trastadas propias de la niñez y ahora éramos adultos, tan distintos a aquellos dos chiquillos locos. Mateo estaba buenísimo, con un cuerpo muy bien formado y aquellos ojos que seguían siendo los mismos, pero en la cara de un hombre formado y muy atractivo, con rasgos marcados y atrapantes. Yo también había cambiado, ya no llevaba aquellas ridículas gafas de pasta y había perdido un montón de kilos gracias en parte a mi trabajo como profesora de zumba, que me sigue manteniendo en forma, con unas curvas que, desde luego, no tenía en la época en la que Mateo y yo estábamos juntos.

¿Te acuerdas de cuando éramos un par de mocosos llenos de granos? - le dije.

Joder, sí, vaya dos, siempre juntos a todas partes. Parecíamos Bonnie and Clyde -.

Desde parvulario, inseparables -.

Mateo guardó silencio y me miró a los ojos.

¿Por qué no seguimos juntos, Carla? -.

Bueno, destinaron a tu padre a Canarias, ¿no -.

Ya, pero no me refiero a eso. ¿Por qué no seguimos tú y yo juntos? -.

¿Como pareja o como amigos? -.

¿Te contesto a eso? - dijo jugando con mis dedos entre los suyos.

No hacía falta contestar, había una tensión sexual no resuelta, porque, aunque entonces éramos como hermanos, sí que a medida que fuimos creciendo nos íbamos deseando más y más hasta el día de nuestra separación que fue realmente dura. Ahora, veinte años después, ambos casados, con hijos, parecíamos distantes en el tiempo, con cuatro felicitaciones navideñas y poco más, pero ahora, mirándonos, yo volvía a sentir ese cosquilleo y él parecía estar igual, eso a lo que no hacía falta poner palabras.

¿Te animas a bailar con un patoso? - me preguntó.

No me lo pensé dos veces pues estaba loca por sentirle entre mis brazos, notar su cuerpo contra el mío.

¿Sabes una cosa? -. Me susurró al oído durante esa canción lenta.

Dime -. Respondí coqueta.

Siempre me encantaste.- Me soltó de golpe.

Admito que en ese momento mi cuerpo se estremeció. Siempre habíamos sido muy buenos amigos, casi hermanos, pero Mateo siempre había sido el guapo de la clase, el chico con el que todas querían estar, un macho alfa, un chulo, pero que conmigo siempre había sido muy dulce. Recuerdo que algunas compañeras me miraban raro entonces, como si yo tuviera algo especial con él, aunque nunca hubo nada reseñable, quizás sólo en nuestros pensamientos.

Era solo un niño, pero siempre sentí que debía protegerte, por eso nunca me atreví a decirte nada -. me confesó mirándome a los ojos.

¿Tú? Pero si eras el más chulo de la clase -.

Ya ves, contigo me cortaba -.

Quizá sería el ambiente, o el par de copas que llevábamos, pero le confesé lo que me salió del alma.

¿Sabes una cosa? Yo Solo soñaba con perder la virginidad contigo -. No sé por qué dije eso, pero me salió de dentro, casi sin pensar.

Soltó una carcajada y apretó su cuerpo contra el mío.

Pero ahora ya no eres una niña, eres una mujer preciosa -. Me susurró al oído mientras acariciaba el comienzo de mi culo.

Confieso que sentí una excitación que hacía años que no vivía. Me consideraba una mujer felizmente casada, pero lo que sentí en ese momento me hizo estremecer, volví a ser una adolescente enamorada del que había sido prácticamente mi hermano.

¿Te puedo decir lo que siento ahora mismo? -. Me dijo clavando sus preciosos ojos verdes en los míos.

Miedo me das... Pero dime -. Respondí con la voz entrecortada.

Pues creo que aún tenemos mucho que jugar -. Dijo lanzándose a mi boca. Yo no supe reaccionar, no quise reaccionar, solo me dejé llevar.

Sentir sus labios un instante sobre los míos hizo que todo mi cuerpo temblase.

No, Mateo -. Fue lo único que alcancé a decir empujándole levemente de ese duro pecho.

Pero él sí que tenía ganas de jugar y empujando de mi culo hizo que nuestros cuerpos se juntaran completamente. En ese momento mi cuerpo no reaccionó a mi mente, dejé que pegara su cuerpo al mío, sintiendo como su paquete crecía entre mis muslos. Se me olvidó que era una madre casada y volví a sentirme una adolescente deseosa de disfrutar de ese cuerpo que tantas noches de sueños eróticos me había dado.

Mateo... -. Intenté decir cuando nuestras bocas estaban tan pegadas.

¿Te atreves a venir a mi habitación? -. Me sugirió con su media sonrisa, retándome. Esa puta media sonrisa que me tenía enamorada desde hacía años.

Por un momento miré como una tonta a mi alrededor, pero no había nadie.

¿Te has vuelto loco? -. Le dije –. Ya no somos unos críos... y estamos casados.

Ojalá lo estuviéramos tú y yo -. Dijo acariciando mi mejilla.

No podemos.

Pues juguemos entonces.

Aquello era nuestro juego preferido, el de jugar, el de apostar, el de ponernos retos.

¿A qué? -. Pregunté sabiendo que Mateo tenía miles de recursos.

Apostemos. ¿Ves a la camarera que está sirviendo las mesas del fondo?

Si, claro.

Si consigo darle un morreo, te subes a mi habitación -. Dijo firme.

¿Qué? -. Respondí algo confusa

¿Trato hecho? -.

Trato hecho -. Respondí tímida, pero recordando aquellas veces en las que siempre me dejaba llevar por Mateo.

Ok -. Dijo dejándome allí plantada y se dirigió a la camarera.

No sé de lo que hablaron, pero fueron apenas unos segundos, ella al principio se reía, pero no sé cómo lo hizo que acabó colgándose del cuello de Mateo y besándole con todas las ganas. Me quedé de piedra.

Perdiste -. Me dijo él cuando llegó a mi altura y tirando de mi mano me llevó en dirección a los ascensores.

La mano de Mateo tiraba de la mía y yo caminaba a pasitos cortos con mis tacones, casi a la carrera, pero con miles de miedos acechándome.

Subimos a su habitación y nada más entrar se comenzó a desnudar delante de mí. Ver ese cuerpo tan atlético, con nada de grasa, todo en su sitio y cuando se quitó su última prenda y verle totalmente desnudo hizo que mi cuerpo se tambaleara de nuevo.

Mateo... -. Dije casi sin voz.

Era un sueño ver ese cuerpo que a pesar de la edad aún seguía terso y firme. Estaba muy excitada, notaba mi entrepierna húmeda y estaba loca por hacer lo mismo y tirarme sobre él. ¿Qué me impedía hacerlo?

Ven Carla -. Me dijo sentándose en la cama.

No puedo, Mateo -. Respondí y me di la vuelta saliendo de esa habitación totalmente azorada.

Caminaba por los pasillos de ese hotel, sin creerme lo que acababa de ocurrir y no paraba de dibujar en mi mente el cuerpo desnudo de Mateo, ¿por qué? ¿por qué había algo dentro de mí que me decía que debía volver?

Me metí en mi habitación todavía aturdida por lo que me acababa de pasar y aun apoyada en la puerta, estaba aturdida... instintivamente cogí mi móvil y empecé a ver las fotos de mi marido, algo me decía que no podía hacerle eso, que no debía haberme dejado llevar de nuevo, que ya no era una chiquilla loca, como lo era entonces, que ya había sentado la cabeza... ¿y es lo que quería?

Luego pasé por las fotos de mis hijos, jugando en la playa, disfrutando con su padre, mientras yo los grababa o los fotografiaba... aquella era mi nueva familia y Mateo... Mateo era el pasado.

De pronto, algo dentro de mí, me dijo que era una oportunidad, que quizás era otra locura de juventud, veintitantos años después, pero por qué no hacerlo, por qué no dejarme llevar, volar, aunque fuera una noche, al fin y al cabo era mi asignatura pendiente, era Mateo.

Abrí la puerta y salí al pasillo con mis piernas temblando, decidida a dar otro paso, tenía que olvidarme de esa Carla, la formal, la casada, la amante de su familia, ahora, aunque fuera por un instante, necesitaba volver a ser la de antes.

Llegué a su puerta y tras cierta duda, llamé con mis nudillos, esperando volver a ver el cuerpo de Mateo desnudo... Volví a insistir, pero nada, no hubo respuesta. Llegué a nombrarle a través de la puerta, en un susurro pero lo suficientemente alto como para que me oyese, pero nada se oía al otro lado, hasta que de pronto, dos de mis compañeras del instituto, aparecieron entre risas en el pasillo y parecían algo bebidas.

Hola Carla. ¿Cómo dejaste sólo a Mateo? -. Me dijo una de ellas.

¿Qué? -. Pregunté sin entender.

Si, mujer tu amiguito, menudo lote se está pegando -.

¿Qué? -. Volví a repetir.

Si, con Marián.

El corazón me dio un vuelco y pensé que había sido una idiota. Mateo, tras ese calentón conmigo, debió bajarse de nuevo y encontrarse nada menos que con Marián, la que por entonces era la más zorra del instituto.

Sin despedirme de ellas me fui casi a la carrera al ascensor y bajé hasta el pub del hotel, para empezar a buscar entre un montón de gente a Mateo... casi como loca de aquí para allá hasta que le vi al fondo besándose con esa zorrita, que estaba subida sentada sobre sus piernas y comiéndole la boca.

Perdona, guapa –. Dije empujándola hasta casi tirarla de las piernas de Mateo.

La otra me miraba asustada y supongo que todavía recordaba cuando yo en aquella época era casi un marimacho que imponía con mi chulería junto a Mateo, aunque ahora pareciese una formalita mujer inocente y femenina.

Tengo una deuda pendiente contigo. Perdí mi apuesta. ¿Recuerdas? -. Le dije a Mateo y tirando de su mano le fui sacando de ese lugar.

Prácticamente corrimos por los pasillos del hotel hasta llegar a mi habitación, esta vez fui yo la que empujó a Mateo contra la cama nada más entrar por la puerta y me quedé plantada delante de él. En ese momento me quedé petrificada, sin saber muy bien que hacer, pasaron unos segundos en los que no moví ni un solo músculo de mi cuerpo.

¿Qué pasa Carla? -. Me preguntó Mateo con una media sonrisa.

No sé... -. Respondí casi balbuceando. Mi aturdimiento me mantenía inmóvil.

Sabía perfectamente lo que quería, pero algo en mi cabeza bloqueaba mi cuerpo que se negaba a moverse. Mateo dio el primer paso, levantándose de la cama y acercándose a mí.

Eres preciosa niñita -. Dijo colocándose a mis espaldas.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo al dirigirse a mí con ese término, “niñita” y es que así era como me llamaba siempre años atrás, cuando éramos aquellos inocentes críos y debo confesar que una leve sonrisa se dibujó en mi boca a pesar de los nervios.

Confía en mí -. Me susurro al oído.

A mi mente vinieron un montón de recuerdos de la infancia, de nuestra adolescencia juntos, de esa seguridad que sentía al estar con él, en aquellos días le hubiera seguido hasta el fin del mundo si me lo hubiera pedido. Y en ese momento volví a tener esa sensación de que nada malo podía pasar si estaba con Mateo.

Posó sus manos sobre mis hombros y apartando los tirantes de mi vestido lo dejó caer hasta mis pies, quedándome tan solo con el fino tanga negro que llevaba puesto. Al instante noté como sus manos bajaron desde mis hombros hasta mis pechos agarrándolos con fuerza.

Mateo... -. Susurré suspirando sin saber muy bien lo que sentía, pero mis contradicciones eran superadas por el deseo.

Apartó una de sus manos para agarrar la mía y llevarla hasta su fuerte abdomen. Fue algo instintivo, pero en ese momento no dudé en introducir mi mano en su entrepierna, notando como se ponía cada vez más dura con mis caricias.

Déjame que te vea bien -. Dijo girándome por los hombros y poniéndose de frente a mí, pero sin que yo sacara la mano de sus pantalones.

Lanzando un suspiro de satisfacción se quitó la camisa y se bajó los pantalones dejando a mi vista ese enorme miembro bien depilado.

Siempre imaginé que la tendrías grande -. Logré decir con una sonrisa nerviosa, a la que Mateo respondió con un apasionado beso.

Notaba como mi cuerpo se iba relajando con forme mi excitación aumentaba. Al instante no dudo e introdujo su mano dentro de mi tanga. Hasta ese momento no me había percatado de lo húmeda que estaba.

Joder, Mateo... -. Fue lo único que alcancé a decir.

Noté como sus dedos comenzaban a jugar con mi clítoris, a lo que yo respondí aumentando la intensidad de mis movimientos sobre él. Lo que tantas veces había soñado con tener ese miembro entre mis dedos, me parecía que seguía siendo eso... un sueño.

Seguimos besándonos y masturbándonos mutuamente, con intensidad, pero lentitud, casi como dos inexpertos, como dos novios en su primera cita, sin saber cuándo parar o cuándo dar el siguiente paso. Por mi mente pasaron aquellas conversaciones que ambos teníamos pensando en cómo sería nuestra primera vez, siempre hablando de terceras personas, pero sin decir realmente que lo que queríamos era estar el uno con el otro.

Comencé a gemir al notar como dos de sus dedos se introducían en mi interior mientras notaba como su polla palpitaba en mi mano. Admito que si hubiéramos seguido así por más tiempo iba a terminar por correrme irremediablemente, hasta que en ese instante pasó por mi mente la imagen de mi marido. Entonces paré en seco y solté esa polla dura que se balanceaba frente a mí.

Podemos parar si quieres -. Me dijo Mateo con dulzura como si me hubiera leído la mente.

Mi cabeza era un torbellino de pensamientos e imágenes que se entremezclaban. Por un lado, estaba mi familia, mi marido, nunca había sido infiel, jamás se me habría pasado por la cabeza. Pero por otro lado estaba con Mateo, el que había sido mi amor platónico de juventud y aunque ya no era una niña, es más, precisamente por eso, sabía que quizá no habría otra ocasión. Me tomé unos segundos para respirar profundamente, pero no para valorar el bien o el mal, sino lo que mi propia mente y mi propio cuerpo me dictaban.

No quiero parar -. Le dije a Mateo mirándole fijamente a los ojos.

Me separé ligeramente de él para ver el cuerpo que conservaba a pesar de la edad. La decisión ya estaba tomada y lo iba a disfrutar.

Espera -. Le dije mientras lo terminaba de desnudar completamente.

Notaba mi corazón latir a toda prisa, casi desbocado, como lo eran las imágenes en mi mente, volviendo a aquella época de Mateo y mía... en la que éramos dos y nada más.

Me arrodillé delante de él y sin pensar más me metí esa enorme polla en la boca. Comencé a chupársela con pasión, como alguna vez había fantaseado que lo haría, parando tan solo de vez en cuando para mirarle a la cara y ver cómo me observaba con una sonrisa en la cara mientras me acariciaba el pelo.

¡Uf... Carla!, ¡Si supieras la de veces que he soñado con esto! -. Dijo con la voz ya algo entrecortada y me gustó tanto escuchar eso... porque era exactamente lo mismo que me sucedía a mí.

Aumenté la intensidad de mis movimientos, sintiendo como esa polla entraba prácticamente hasta mi garganta. Noté como el cuerpo de Mateo se tensaba, ya no me acaricia el pelo, sino que apretaba mi cabeza contra su cuerpo.

¡Ah, niñita... si no paras me correré! - Se lamentaba entre gemidos y suspiros.

No iba a parar. Quería que explotara dentro de mi boca. Quería saborearlo completamente. Apreté mis labios fuertemente contra su capullo y masturbándolo con fuerza esperé su inminente orgasmo, el cual no tardó en llegar.

¡Me corro! -. Dijo prácticamente gritando con un fuerte gemido.

Al instante noté como toda su corrida me llenaba la boca, sintiendo todo su sabor, recreándome cada vez que tragaba, no paré hasta que supe que no quedaba ni una gota de semen en esa increíble polla y tragué degustando ese sabor, que era incluso más increíble y delicioso de cuantas veces lo había fantaseado.

¿Te ha gustado? -. Le pregunté con una sonrisa pícara mientras me relamía los labios.

Su respuesta a mi pregunta fue inmediata, me levantó del suelo y cogiéndome en brazos me llevó hasta la cama, me tumbó suavemente y a los pocos segundos ya tenía su lengua jugando en mi entrepierna.

Mateo... -. La piel se me erizó al primer contacto de su lengua sobre mi sexo.

Comenzó a jugar con su lengua recorriendo suavemente mis labios, deteniéndose de vez en cuando sobre mi clítoris a la vez que introducía sus dedos en mi interior. Me notaba completamente empapada. Empecé a gemir sintiendo como mi cuerpo se estremecía. Cerré los ojos y me concentré en intentar no correrme con su lengua, quería alargar esa sensación lo máximo posible, pero él no lo permitió, porque esa lengua me llevó al paroxismo hasta que me dejé llevar por un orgasmo intenso, increíble, acariciando el pelo de mi Mateo soñado... aunque esta vez era el real.

Terminamos sobre la cama, intercambiando caricias y besos, mezclando lenguas con sabor a nuestros sexos, compartiendo al máximo, sin límites, como habíamos hecho siempre... y así permanecimos durante largos minutos, en silencio, tan sólo el sonido de nuestras bocas enredadas y nuestras respiraciones agitadas.

Por fin separamos nuestras caras mirándonos fijamente, sabiendo que aquello necesitaba la culminación.

Dame un segundo -. Dijo Mateo haciendo amago de ir a por su ropa que estaba tirada en el suelo.

No -. Le detuve en seco agarrándole del brazo.

Puede parecer una tontería, pero capté al instante sus intenciones. Supuse que un hombre como Mateo siempre iría bien preparado con un preservativo en la cartera, pero yo no iba a permitir que nada se interpusiera entre nuestros cuerpos. No hizo falta que lo dijéramos, pero ambos lo sabíamos.

¿Estás segura Carla? -. Preguntó con dulzura.

Completamente, Mateo - respondí serena y agarrando sus manos entre las mías.

Se incorporó y pude ver como su polla estaba completamente dura de nuevo. Me agarró de los tobillos, arrastrando mi cuerpo hasta que nuestros sexos se rozaron y suavemente comenzó a metérmela hasta el fondo. Confieso que no, no era mi primera vez, ni mucho menos, a pesar de mi experiencia y seguramente la suya, el miembro de Mateo llenaba completamente mi interior, pero me parecía como si fuera nuestra primera unión.

Comenzó a follarme con dulzura, mirándome a los ojos, mientras yo correspondía a su juego sin apartar la mirada mientras yo me acariciaba el clítoris. Estaba completamente excitada y le miraba a los ojos embelesada, sin creerme que Mateo estuviera dentro de mí.

¿Sabes una cosa Mateo? -. Dije entre suspiros.

Dime -. Contestó él sin cesar en sus movimientos.

Ya no soy una niñita -. Añadí poniendo cara de mala.

Mateo sonrió, captando completamente mis palabras y abriéndome más de piernas, empezó a follarme con fuerza. En ese instante hasta su rostro cambió, su mirada dulce se tornó sería y pude ver al verdadero hombre en que se había convertido. Aquella dulzura era entonces un torbellino de pasión, de pelvis chocando con fuerza, de rudeza, de locura sedienta de sexo salvaje.

Sí Mateo, sí, fóllame duro -. Dije dejándole claro que yo también me había convertido en una mujer experimentada, no aquella niñita inocente, pero además necesitaba sentir que nuestro encuentro fuera así, al límite, a la locura.

Sus fuertes embestidas hacían que la cama crujiera bajo nosotros, todo mi cuerpo se estremecía, mis tetas se movían sin control cada vez que ese pedazo de hombre clavaba su polla en mí. Yo no podía nada más que gemir y gemir mientras me frotaba el clítoris con fuerza.

Joder Mateo... no pares -. Sentía que estaba a punto de explotar y quería alargar aquello hasta la eternidad.

¡Carla! - suspiraba él, con su cuerpo sudado sobre el mío, taladrándome con fuerza.

En ese mismo instante noté como si una descarga eléctrica recorriera mi cuerpo de arriba abajo, solo pude agarrar con fuerza mis pechos sintiendo como mi espalda se arqueaba entre espasmos. Ese increíble orgasmo hizo que gritara de placer como una loca.

Córrete dentro de mí -. Grité.

Lo estoy deseando Carla -. - respondió al verme tan decidida.

Mateo no paró de follarme, alargando mi placer, sentía que mi cuerpo ardía. No sé si fueron dos orgasmos o uno muy largo, pero volví a correrme cuando Mateo, soltando un fuerte gemido, volvió a descargar toda su leche dentro de mí, esta vez en el interior de mi coño. Sentí chorrear todo mi interior cuando Mateo se separó de mí y se derrumbó a mi lado en la cama.

¡Qué fuerte! -. Dije.

Me ha encantado, niñita -. Añadió él sonriéndome, y volví a ver en su rostro a mi amor de la adolescencia.

Mañana iba a ser un día complicado, quizá me tendría que plantear cosas, tomar duras decisiones, aceptar las posibles consecuencias de mis actos, pero eso sería mañana.

Y a mí -. Contesté besándole con toda la pasión y ningún arrepentimiento.

Abracé a Mateo y me quedé dormida sobre su pecho.

NdA: Como siempre, si has llegado hasta aquí. Gracias. Sin embargo en esta ocasión mi mayor agradecimento es para Sylke. Gracias por permitir esta colaboración entre ambos, ha sido un placer compartir esta aventura contigo, espero y deseo que podamos seguir colaborando.

Seguramente la mayoría conocereis a esta excelente autora, pero por si hay alguien despistado os dejo los links a sus perfiles.

Sylke: https://www.todorelatos.com/perfil/786531/ Sylke and Friends: https://www.todorelatos.com/perfil/1473775/

Besos de pico.

"Nada de lo que escribo es mentira, pero tampoco es totalmente cierto.