La esposa del cornudo (XVI): Descubrimientos
La agenda de Luís no miente: cada hora está marcada con un placer prohibido que él no podrá vivir, pero que podrá imaginar hasta el agotamiento. Mientras su esposa sonríe en una foto enviada desde la oscuridad de un club, el marido descubre que el verdadero juego no está en lo que hacen ellos, sino en lo que él está dispuesto a descubrir.
El tiempo había pasado deprisa desde la morbosa noche del martes. Al día siguiente Sole me confirmó que había hablado con Luís para decirle que finalmente aceptaba hacer con él el viaje a Madrid, ese viaje que llevaban tanto tiempo preparando, pero que intentara modificar las reservas para retrasar el viaje al menos una semana.
Parece que Luís lo intentó pero que, antes las dificultades, le dijo que tenían tiempo de sobra para terminar de prepararse y que si no había ningún motivo grave, no debían retrasarlo más. Finalmente acordaron que debían partir el sábado, cosa que Luís me comunicó en privado el mismo miércoles, y que luego Sole me confirmó por separado esa misma noche, mientras yo me hacía de nuevas para ocultar que yo ya conocía la noticia por boca de su amante.
El nerviosismo evidente de Sole durante ese día y el jueves, mientras se iba haciendo a la idea del viaje e iba preparando su equipaje, fue cediendo poco a poco. Los últimos días la notaba claramente decidida y con aparentes ganas de ir.
Esas noches previas al viaje, hice algún intento de que me contara algún detalle más de lo que tenían proyectado pero a diferencia de las noches del lunes y martes, que fueron realmente inesperadas y calientes, Sole volvió a estar con pocas ganas de decirme nada aunque me aseguraba su compromiso de que, a la vuelta, iba a contarme casi todo.
Sabía que no ganaría nada si yo venía con exigencias a mi esposa que pudieran agobiarla pero también empecé a sentir una rara sensación de vacío, casi una mezcla de algo parecido a la envidia, un pellizco de celos agarrado al estómago y, sobre todo, el sentimiento de sentirme apartado.
Pero no podía negar que ese sentimiento estaba provocado por estos nuevos pasos en la relación entre Sole y nuestro jefe y, sin que yo pudiera evitarlo, esa sensación inicialmente negativa terminaba por excitarme.
A pesar de ser su marido, no sería yo el que viviría esas experiencias calientes junto a Sole, pero que lo hiciera con su amante era algo para mí tan largamente deseado que no me avergüenzo al decir que me había llevado a masturbarme varias veces en esos días previos mientras lo pensaba.
Y es que Sole había aceptado finalmente la propuesta de Luís para el viaje, como antes había aceptado otras proposiciones también suyas que la habían hecho ir avanzando en su relación, como en la obediencia y la entrega que le iba mostrando a diario. Era la misma forma en la que, en otro tiempo, ella había reaccionado ante propuestas parecidas de Fede o de Carlos, con las que también había transigido a pesar de todas sus reticencias iniciales.
En cambio, siendo yo su marido, jamás había conseguido algo ni remotamente parecido. Sole había negado casi sistemáticamente todas las propuestas de “sexo diferente” que yo le había hecho durante todo nuestro matrimonio. Nunca aceptó hacer tríos con otros hombres cuando estábamos recién casados. Y tampoco en los últimos años, no conseguí casi ninguna contrapartida cuando empezó la relación con Luís, más allá de contarme algunas cosas.
Ni siquiera ahora, en relación a este viaje, Sole atendía mi lógica pretensión de estar más informado de lo que haría en su encuentro con nuestro jefe en Madrid, teniendo además más que asumido que nunca podría participar como espectador cercano de esos calientes encuentros en los que ambos disfrutaban y me hacían cada día más cornudo.
Finalmente, la mañana del sábado salieron rumbo a Málaga, después de que Luís se pasara a recoger a Sole discretamente cerca de nuestra casa, mientras yo ya estaba atendiendo desayunos en la barra del restaurante. Yo estaba aceptando “de facto”, no solo mis cuernos consentidos, con los que incluso hasta estaba colaborando, sino la diferencia insalvable que Sole establecía claramente entre mí y cualquiera de los amantes a los que ahora o en el pasado ella se había entregado.
Las excusas para ocultarlo todo estaban preparadas desde hacía mucho tiempo. Supuestamente, Luís estaría fuera un par de días porque iba a acudir en Madrid a una famosa feria del vino a la que acude casi todos los años y en la que suele asistir a diversas catas y cerrar numerosas compras de vino con las bodegas. Soy muy consciente de que aunque la fecha coincide, la feria a la que ambos van a acudir es una bien distinta. Y lo que Luís se va a hartar de catar este fin de semana no es otra cosa que el cuerpo de mi esposa.
La excusa de Sole era diferente, y preparada sobre todo ante nuestros hijos y mi suegra que tendría que encargarse de cuidarlos mientras yo estaba trabajando. Había pedido dos días libres en el trabajo para pasarlos en Granada en casa de Sandra que acababa de operarse y no tenía a nadie que pudiera cuidarla. Seguro que hasta su amiga estaba más al tanto que yo de lo que Sole haría en Madrid con su amante, aunque tampoco podía asegurarlo porque realmente mi mujer suele ser muy discreta.
Como os digo, a pesar de mis indirectas, estas últimas noches Sole no me había comentado casi nada del viaje, solamente algunas cosas prácticas en las que yo de algún modo estaba involucrado como llevar su maleta la tarde de antes a casa de Luís para que no la vieran a ella, lo mismo que a la vuelta también iría a su casa a recogerla.
Pero viendo mi clarísimo interés por conocer esos detalles, Sole me ha dejado esta mañana una notita dentro de mi cartera que yo solo he descubierto más tarde. Una especie de resumen maquillado de lo que ambos iban a hacer, con el encargo final de que destruyera la nota nada más leerla, cosa que todavía no he hecho. Aunque no satisface ni de lejos toda mi morbosa curiosidad, acrecentada en estos últimos días cercanos al viaje, incluye alguna cosa que yo desconocía.
“Mi prima me recogerá a las 10 e iremos a Torremolinos. Pasaremos el rato haciendo algo antes de comer y por la tarde iremos a Málaga donde cogeremos el AVE a las 6. Dedicaremos el domingo y el lunes a cosas que mi prima quiere enseñarme en Madrid. Antes de ir a dormir parasemos por “La Pastelería” porque dice mi prima que es un sitio poco conocido pero que de verdad van a gustarme las cosas que hay allí. Volvemos el lunes por la tarde y llegaré sobre las 8 aprox. Besos.”
La letra era mala pero ella sabía que el papelito iba a encontrarlo enseguida y que me produciría excitación. Supongo que era una manera de decirme que también pensaba en mí, y que con eso sabía que alimentaba mi morbo. Sin ser un texto demasiado descriptivo, me enteré de la parada prevista en Torremolinos, que yo no conocía, y también parecía quedar claro que la asistencia a ese club BDSM, La Pastelería, era una de las principales razones del viaje.
Cuando aflojó un poco el trabajo, me refugié en el despacho de Luís, un espacio pequeño donde yo no suelo entrar, y jamás solo, pero donde sabía que todo había comenzado entre ellos. Por las confesiones de Sole, sabía que allí fueron los primeros magreos casi forzados, que yo conocí desde el principio, y los lentos primeros pasos entre ambos.
Nunca antes de ahora había estado a solas en ese sitio y no me costaba nada imaginar esas escenas que Sole me había compartido, y que en vez de acabar fueron haciéndose cada vez más frecuentes y de un contenido sexual mucho más explícito. No os niego lo que me hubiera gustado haber contemplado esos primeros toqueteos o esas primeras veces en que él conseguía irla desnudando y tocarla morbosamente durante los minutos en que ella parecía bloqueada y sin ofrecerle una resistencia evidente.
Sole tardó en asimilar ese comportamiento por parte de Luís, que al fin y al cabo es nuestro jefe, pero ni ella ni yo hicimos nada por impedirlo de verdad por lo que, como resultaba lógico, las acciones fueron yendo a más. En cada rincón de esa habitación ahora yo podía adivinar donde habían ocurrido los hechos que mi esposa me había contado.
Podía imaginarlos de pie en el escaso espacio libre existente abrazándose lúbricamente, con sus cuerpos muy pegados. Tras quitarle cada día la blusa, que seguro dejaría sobre la mesa, Luís la manoseaba y chupaba de sus pechos mientras la seguía desnudando. Sus manos serían cada vez más incontrolables recorriendo todo el cuerpo de mi esposa sin que ella lo pudiera evitar al principio.
En ese tiempo, Sole sí que me contaba todo lo que Luís le hacía sin que ella lo buscara ni lo disfrutara claramente y con poca reacción por su parte. Yo, lejos de oponerme, parecía animarla, casi obsesionado por la excitación que me proporcionaba oír todo aquello que estaba ocurriendo y que antes había buscado que ocurriera sin conseguirlo.
Cada elemento que veía en el despacho tenía un significado para mí muy distinto a su uso habitual, nítidamente ligado a las confesiones de Sole durante esos primeros meses porque todo lo que ocurrió entre ambos en ese tiempo fue allí. Los bloqueos iniciales de Sole acabaron por convertirse, con mi ayuda, en una manifiesta aprobación, y todo en ese despacho era testigo de ese cambio en mi esposa.
La pared del calendario era el lugar donde Luís la arrinconaba para besuquearla y restregarse contra ella, mientras la iba desnudando, para que notase lo duro que ya estaba. La silla junto a la puerta era el sitio donde Sole se sentó para practicarle la primera felación.
Mientras ellos estarían en el coche, casi llegando a Torremolinos para la primera etapa de su caliente viaje consentido por mí, yo seguía revisando obsesivamente cada rincón de ese cuartito donde sabía que tantas veces habían disfrutado.
Me senté en el sillón de Luís, frente a la mesa de oficina. Miré hacia abajo y no solo contemplé mi potente erección sino que mi mente me hizo ver a Sole arrodillada bajo la mesa, con su boca ocupada por la polla de Luís que disfrutaba de la mamada cotidiana que le hacía Sole y a la que tanto se ha aficionado.
Sabía que no tenía mucho tiempo antes de que me reclamaran en la barra pues aparentemente yo había entrado solo a hacer una llamada. Me fijé en que uno de los cajones estaba cerrado con llave pero no me resistí a abrir el segundo y en revisar con cuidado todo lo que guardaba.
Me llamó la atención enseguida una agenda de Luís y enseguida comencé a leerla. Mirase la semana que mirase era indefectible encontrar una anotación cada lunes, nuestro día de descanso, con un significado muy claro para mí: “10.30h: Reservado H. Peluquería”. O Luís se arreglaba mucho el pelo o esa reserva no era otra cosa que la del hotel donde pasa casi todas las mañanas de nuestro día semanal de descanso con Sole.
La mayoría de las notas se referían a citas en la asesoría, recordatorios y otros asuntos del negocio, pero generalmente las anotaciones de los lunes para nada parecían relacionadas con el restaurante: “Comprar regalo S.”… “Ferretería—cuerdas”… “Amzn—Lib. Grey”… “Pedido choker”… “Colonia ferom,”…“Devolver flogger…” y otras cosas así.
Supongo que Luís no esperaba que alguien podría husmear en una agenda que guarda en el cajón de su despacho y por eso tampoco había considerado necesario ocultar demasiado algunas cosas. De hecho había algunos nombres, como “choker” o “nipples nippers”, que me sonaban levemente de los títulos de algunos vídeos porno pero que no sabía con seguridad lo que eran por lo que ahora hacían crecer mucho mi curiosidad.
En las páginas de la semana pasada había muchas anotaciones claramente relacionadas con el viaje: “Reserva AVE”… “Reserva hotel”… “Reserva evento Past.” entre otras cosas cuyo significado no adivinaba del todo pero que solo podían estar relacionadas con el ansiado viaje que pasaría con mi esposa mientras yo me quedaría en casa y en el trabajo, esperando.
Ya en la página de la agenda correspondiente a esta semana había un papelito doblado. Casi siento un colapso cuando lo desdoblo y empiezo a leerlo, sobre todo más tarde cuando pude empezar a interpretarlo por completo.
“Sábado TM: Tentac. Swinger 615 99 49 22
11.30: Live Shibari show.
13.30: Nyotaimori exhibit. Reserv part. S.
17:12: AVE
Hotel LAD Madrid (Hot jungle) 910 40 16 16
20:30 Cena Rest. El templo del plac 911 27 20 50
La Nueva Past: 637 80 55 75
22.30: Sex slave show
00:00: Present. sum.
02.00: Red room. Reserv part. S.
Domingo
14:00 Rest. El ult. pecado. Reservado 635 383 305 - 915 641 231
16:00 Naked Spa & show (Cena temprano - Swinger event??) 914 34 45 48
22.30 LNP: Femdom cuck show o Soft spanking session??
23.30 LNP: Dark room. Reservado part. S.
Lunes
14:00 Comida Rest. Hotel (reservar allí)
16.25: AVE”
Enseguida entendí que se trataba del resumen de actividades que tenían planificado realizar durante el viaje y solo un vistazo rápido ya me permitió entender la enorme cantidad de eventos que tenían previstos. Estaba claro que no iban a Madrid a encerrarse 48 horas a follar en la habitación de un hotel porque eso ya podían hacerlo a pocos kilómetros de casa.
Cuando empiezo a leer más en serio, soy más consciente de la enorme información encerrada en ese trozo de papel y le echo enseguida una foto con mi móvil para poder analizarlo luego en casa con más detenimiento.
Por otra parte, saber que voy a poder saber dónde se encuentran mi esposa y su amante en cada momento del viaje me excita enormemente pero también me hace crecer un sentimiento complejo. ¿Cómo reaccionará Sole ante tal cúmulo de actividades, todas tan calientes, seguramente excitantes y nuevas para ella? ¿Acaso no debería preocuparme?
De momento mi preocupación más cercana era devolver la agenda a su sitio dentro del cajón y esperar a que bajara mi erección para poder salir del despacho de Luís e incorporarme al trabajo sin que se me notara demasiado.
Yo debía doblar turno esos dos días, haciendo el trabajo mío y el de Sole. Siendo además fin de semana, hubo bastante actividad y apenas pude parar en todo el día. Cuando tenía un minuto libre, miraba obsesivamente mi Whatsapp por si tenía algún mensaje de ella aunque apenas entraron tres o cuatro líneas que se fueron poco a poco espaciando en el tiempo:
“11.12 Ya aparcados en Torrem (Borra)”
“11.12 Ya en casa de Sandra”
“17.09 Dentro del AVE. Salimos enseguida. (Borra)”
“17.09 Todo bien por aquí. Besos a ti y los niños.”
“20.45 En el hotel. Saldremos a cenar enseguida. (Borra)”
“20.45 Sandra quiere que te de las gracias y te manda recuerdos.”
Había mensajes que yo tendría que borrar enseguida y eso hice, y otros que debía guardar y que eran para despistar, por si alguien leía alguno de nuestros teléfonos en alguna ocasión.
También habíamos quedado en que yo podía responderle algo pero solo para que ella supiera que todo estaba bien por aquí, sin buscarle conversación ni preguntarle cosas como saber dónde estaban o lo que estaban haciendo en cada momento. Siempre bajo la promesa de que luego ella, a la vuelta, ya me contaría. Al menos, sobre eso, la nota encontrada en la agenda de Luís sí que iba a ayudarme a conocer esos detalles y a mantener casi de continuo mi estado de excitación.
Por mucho que la curiosidad me mataba, no pude pararme a revisar el plan de su viaje con tranquilidad hasta que llegué a casa después de las 12 la noche, cuando los niños y mi suegra ya estaban acostados Estaba claro que parte del día de hoy lo habían pasado en Torremolinos, como la propia Sole me había dicho en su nota, solo que ahora parecía tener claro que sería en un local llamado “Tentación Swinger”.
Tuve que buscar en Internet para comprobar que en ese local habitualmente se realizaban intercambios de parejas y también otras clases de eventos de sexo liberal. A alguno de esos eventos parece claro que ellos tenían previsto asistir, sin que Sole hasta ahora me hubiese comentado nada al respecto. Siendo claro, tampoco yo iba a esperar que estarían haciendo turismo o dentro de alguna iglesia rezando el rosario.
El Live Shibari Show podía imaginarme lo que era porque alguna vez había visto algún vídeo en Internet de “shibari”, esa técnica japonesa en que el cuerpo de una mujer va viendo limitados progresivamente todos sus movimientos mediante una serie de ataduras y nudos con cuerdas, que abrazaban especialmente los brazos, las piernas y los pechos.
Me resultaba muy morboso imaginar a Sole, acompañada de Luís, viendo un espectáculo tan morboso como el de unos cuerpos femeninos desnudos y atados en posiciones de lo más provocadoras, sin terminar de atisbar el propósito que ambos tendrían al haber elegido ese espectáculo.
Mi mente no podía dejar de pensar que el objetivo final de contemplar un show de “shibari” no podía ser otro sino conseguir que a Sole le gustase esa práctica y que ambos fuesen aprendiendo para incorporarla más adelante en sus encuentros.
De la siguiente actividad, que parecía ser una exhibición de Nyotaimori, os confieso que no tenía ni idea de lo que podía ser hasta que no lo busqué en Internet. Es una actividad en la que se presentan distintos tipos de alimentos, como sushi, trozos de verdura o cremas, sobre el cuerpo desnudo de una mujer para que los participantes puedan comer y beber directamente sobre ella, simplemente tomándola con palillos o sus dedos o acercando directamente la boca a su piel.
No voy a ocultaros la tremenda excitación que me provocó leer sobre esto y ver alguna imagen y vídeos, estando yo también desnudo con el portátil cerca. Sobre todo al comprobar que la participación de Sole en esta actividad parecía estar específicamente reservada. ¡Cómo me habría gustado poder verlo y no tenerlo que imaginar!
Sole estaría desnuda y tumbada boca arriba, con sus tetas y su pubis cubiertos de comida, mientras los participantes en la exhibición iban comiendo directamente de ella y lamiendo su cuerpo. Y Luís habría estado allí, participando y disfrutando de la escena, mientras yo estaba en su restaurante atendiendo a los clientes y controlando como podía la excitación provocada por mi condición de marido cornudo.
Tras el viaje en AVE, habrían tomado un taxi para llegar al hotel de Madrid. Pude comprobar que Luís no había elegido un hotel cualquiera para estar con mi esposa. Se trataba de un establecimiento erótico, más apto para parejas de amantes que para matrimonios. La habitación elegida (Hot jungle) tenía una amplia cama redonda, jacuzzi, todo tipo de juguetes sexuales y muchas sorpresas salvajes que excitaron enseguida mi imaginación.
Mientras repasaba las fotos de la web del hotel no podía dejar de tocarme mientras “veía” a Sole esposada a la cama, o sujeta con cueros por sus muñecas y tobillos a la morbosísima cruz de san Andrés, o sentada en el “columpio del amor”, mientras Luís se la estaría follando en cualquiera de esas posiciones.
De llevar alguna ropa, seguro que ella vestiría el conjunto más provocador y picante de los que Luís le había regalado en este tiempo que llevan juntos. Todo ese cúmulo de sensaciones me llevó a pajearme sin poderlo evitar, caliente como nunca antes.
Ahora tenía claro que Sole no me había contado casi nada de lo que iban a hacer en Madrid, y que he tenido que espiar en los cajones de Luís para descubrirlo. Y seguro que ella lo sabía, pues ambos tenían que tenerlo más que hablado.
Pero yo, por mucho que conociera y consintiera ese viaje para los dos, tampoco había sido capaz de intuir el alto grado de intensidad sexual de absolutamente todos los elementos de esta aventura. Hasta la mayoría de cenas y almuerzos van a hacerlos en restaurantes eróticos, locales destinados a parejas solo movidas por el morbo y la pasión.
Ni mi esposa ni mi jefe quieren perder ni un segundo de este viaje que no esté destinado a actividades relacionadas con el sexo que ambos quieren disfrutar, ni siquiera a la hora de comer, como atestiguaban los propios nombres de los sitios elegidos: restaurante “El templo del placer”…; restaurante “El último pecado”…
Luís no había dejado un solo minuto sin planificar. Esto me hacía pensar lo que parecía muy obvio: que él tenía muchas ganas de disfrutar de este viaje con mi esposa, y que precisamente por eso habría presionado todo lo necesario hasta que ella hubiera aceptado.
Pero a la vez, yo me ponía en su lugar y tenía serias dudas de que Sole hubiera hecho lo mismo si esas mismas propuestas hubieran procedido de mi parte, en vez de venir de parte de su amante como ha sido el caso. Como ella misma me había confesado en las últimas noches, hace tiempo que en sus encuentros con Luís… “lo que hacemos es mucho más que follar”.
Mención aparte merece sus dos visitas a “La Nueva Pastelería” en las noches del sábado y domingo, un local para sexo liberal, especialmente dedicado a la práctica del BDSM. Más o menos yo sí conocía que Luís la presentaría públicamente allí de algún modo como su sumisa pero ignoraba que antes asistirían a un espectáculo de esclavos y esclavas sexuales junto con sus Am@s, algo que resultaría de lo más provocador para la primera noche.
La segunda noche aún sería más intensa con una exhibición de dominación de maridos cornudos, terminando con la participación prevista de Sole en la “habitación oscura”, algo que me resultaba casi perturbador a la vista de algunas imágenes que había visto buceando en Internet.
Cuando la noche del martes, Sole me había dicho que no quería venir de Madrid convertida en algo que ella no era, estaba claro que era conocedora de los fuertes estímulos a los que iba a estar expuesta durante estos días y ahora yo también comprendía sus dudas sobre el efecto que eso podía tener sobre ambos.
Ni siquiera la actividad supuestamente más relajante que aparecía en el programa de Luís, la visita a un hotel “spa”, con jacuzzis, saunas y piscinas donde todos estarían desnudos, estaba exenta de un alto contenido sexual, que claramente es lo que buscaban.
Yo pensaba, antes de descubrir la nota, que dedicarían mucho tiempo a estar en el hotel donde se alojarían pero ahora me daba cuenta de lo gravemente equivocado que estaba. No podía hacer ninguna predicción sobre la resistencia de Luís pero, aun con todo el tiempo que pasarían fuera del hotel, estaba seguro que a Sole no le faltarían fuerzas para responder dentro de la habitación como se esperaba de ella.
Era muy tarde ya y a la mañana siguiente tendría de nuevo que madrugar para afrontar un nuevo turno doble. Ya me había masturbado, repasando el contenido de los sitios que visitarían y las actividades que harían allí. Pero haber estado buscando fotos e información sobre lo que a esa hora Sole y Luís podían estar haciendo en “La Pastelería” hacía que esas imágenes relacionadas con el BDSM y la sumisión no se me iban de la cabeza y me habían vuelto a calentar.
En situaciones como esa, suelo buscar algún objeto que me ayudase a conectar físicamente con lo que había en mi mente y me permitiera acelerar una segunda paja, que ahora parecía inevitable. Hubiera ayudado mucho tener a mano una de sus esposas, alguna cuerda o uno de esos juguetes con los que sabía que ellos se excitaban y disfrutaban en sus visitas al hotel de los lunes, pero Sole los tenía guardados en un bolso grande con llave que se habían llevado a Madrid.
Como otras veces, abrí el cajón de la cómoda donde Sole guarda su ropa interior con la intención de elegir una de sus bragas con las que envolvería mi polla. Sería contra ese tejido tan suyo con el que rozaría la piel de mi sexo aunque fuese mi mano la que se encargaría de moverlo, con el movimiento de subida y bajada habitual, hasta hacerme eyacular.
Busqué entre las bragas de más abajo, las más pegadas al fondo del cajón, porque suele usarlas menos y no las echaría en falta si terminaban manchadas de mi semen. Cual fue mi sorpresa al descubrir dos llavecitas pequeñas que suele llevar escondidas en alguno de sus bolsos. Imaginé enseguida que podían abrir los dos cajones de la cómoda que cierran con llave y me dispuse a probar.
Uno de ellos abría el cajón donde guardamos los documentos importantes: escrituras de la casa, contratos de seguro y del banco, y otras cosas así. El otro cajón solo tenía cerradura desde hacía poco tiempo, y supe rápidamente que es donde debía buscar.
De un primer vistazo, no parecía haber demasiadas cosas, y si acaso cosas que no debían de estar allí, pero en cuanto las tuve en mis manos y las revisé, supe que para nada lo que parecían ser.
Dos fundas de paraguas de pequeño tamaño encerraban realmente dos dildos de silicona, uno con pilas y movimiento incorporado. Una caja metálica como de bombones encerraba un juego de plugs anales de distinto tamaño. Dos cuadernos parecían contener recetas de cocina porque esas eran las palabras que figuraban en su portada. Y debajo de todo, alguna ropa muy sexy que apenas tapaba nada. De color negro, eran de tejido transparente o de cuero, y todas ellas nuevas para mí pues yo jamás las había visto puestas sobre el cuerpo de Sole. Me parecieron más propias de juegos de sumisión que de otra cosa, esa faceta de la relación entre ella y Luís de la que yo podía intuir algo pero que Sole mantenía muy privada.
Me faltaba revisar los supuestos cuadernos de recetas y el primero parecía contener eso por lo que seguí sin entender. Seguí pasando hojas ante lo raro de encontrarlos allí, y no en el cajón de la cocina. Pero cuando llegué aproximadamente a la mitad, aunque cada página seguía teniendo el nombre de una receta, noté enseguida que tenían fecha y se trataba de una especie de diario. Y es que eso es lo que era, por diós, un diario de Sole… de estos últimos años, por lo que el contenido estaba más que seguro que podía interesarme.
Las fotos morbosas de la “Pastelería” me habían llevado a buscar las braguitas de Sole, y el descubrimiento de las llaves en el fondo del cajón me había llevado a encontrar estos cuadernos que me habían hecho olvidar por completo las bragas que buscaba y habían multiplicado la fuerza de mi erección y de mis ganas.
Tuve algún problema de conciencia sobre si debía leer esos textos tan privados de mi mujer pero leer un par de párrafos hicieron que se desvanecieran mis dudas éticas, siendo incapaz de dejarlos en su sitio sin acceder a su contenido.
Ahora sí que busqué el principio del diario y vi que justamente correspondía a pensamientos muy personales aunque no muy extensos, provocados tras los primeras intentos de Luís para tener sexo con ella. Yo sí que conocía esa parte y lo escrito coincidía bastante con lo que ella me contó en su momento. Si ya entonces, conocer aquellos detalles me provocaron excitaciones potentísimas y las pajas más morbosas que yo recordaba, volver a revivirlo de nuevo mientras Sole estaba con Luís en Madrid tuvo un efecto parecido y enseguida me corrí, dejando una pequeña cantidad de leche entre mi mano y la braguita de Sole con la que me estaba rozando.
Puse todo en su sitio pero sabía que al día siguiente tendría una noche para leer con más profundidad antes de que las llaves de aquel cajón desaparecieran de nuevo a la vuelta de Sole.
Pensaba que no tardaría en dormirme pero en ese breve tiempo mi pensamiento estuvo ocupado, valorando la importancia de los descubrimientos que había podido hacer en el día de hoy pues ahora yo tenía más fácil preguntarle a Sole sobre el viaje, si ella no me terminaba de contar. E incluso conocer los más íntimos pensamientos de mi esposa si yo terminaba de leer su diario.
En ello estaba, ya con la luz apagada, cuando noto un mensaje entrar en el whatsapp y me dispuse a leerlo. Francamente, no podía esperar recibir nada casi a las 3 de la madrugada pero mucho menos que quien me escribiera a esas horas fuese Luís, acompañando su mensaje con una foto del interior de “La pastelería”. No era muy nítida por la escasa luz del local pero no me costó reconocer a Sole que claramente estaba sonriendo.
- Gracias por colaborar para que Sole haya venido conmigo a Madrid. Te aseguro que ella lo está disfrutando de verdad…
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