Probando nuevas opciones
El anuncio prometía un hombre de dimensiones imposibles y una exclusividad que ella no iba a compartir. Pero su esposo tenía un plan diferente: dejarla sola con el desconocido mientras él observaba desde la sombra. La puerta se cierra, el vino se sirve y la tentación se hace carne.
Quiero agradecer sus mensajes y correos recibidos de aquellos lectores que les han gustado nuestros relatos y sobre todo a aquellos que disfrutaron también de su lectura. Todo lo que hemos narrado han sido experiencias reales, claro, tal vez los diálogos no son tan apegados a lo que fueron en la realidad, han pasado más de 20 años que sucedieron, pero los hechos han sido 100% reales, en algún momento de nuestras vidas hemos tenido fantasías de algún hecho en particular, pero hoy en día consideramos haberlas cumplido casi todas si no es que todas.
No nos presentamos antes, porque la verdad no pensé que llegara a escribir tanto y un relato tras otro fue avanzando esta experiencia que me llena de mucha excitación, es como volver a vivir al recordarlo y no se imaginan como nos ha puesto cuando antes de publicar los revisamos entre los dos, creo que eso es lo que nos ha tomado más tiempo, pues no nos deja avanzar el hecho de excitarnos tanto los recuerdos de nuestras aventuras.
Hasta este punto todos han sido casi cronológicos, es decir lo sucedido ha sido conforme se fue publicando, no sé si seguiremos igual, hay algunas experiencias vividas muy excitantes que tal vez contemos antes, no lo sabemos aún como se van dando las cosas, pero era cierto cuando mi esposo me planteo contarlo todo, era algo que quería compartir con alguien, si bien hoy en día un grupo muy íntimo de amigas sabe de algunas de mis experiencias, algunas me han apoyado, perdí también algunas amistades, según mi esposo envidiosas por no atreverse a hacerlo, pero sigamos.
Somos una pareja real rondando los 50 años, nos conocemos hace más de 25 años que decidimos empezara vivir juntos, hoy en día ya casados, mi esposo 1.85 de alto, 100 kilos de peso y trata de mantenerse en forma yo 1.75 de alto hoy en día 65 kilos. La verdad que siempre he considerado que hay hombres para todos los tipos de mujeres, hay quienes las prefieren llenitas, quinees prefieren que sean flacas altas o bajitas, pero siempre habrá un hombre que quiera tener algo contigo, obviamente mientras más te aproximas al estereotipo creado para lo que consideran la mujer perfecta, definitivamente vamos a tener mucho más opciones y por ese motivo es que hace algún tiempo me he concentrado bastante en el gimnasio, primero por salud, dos por formar mi cuerpo, si soy un poco vanidosa y me gusta sentirme deseada y tres y si lo voy a confesar, para ofrecerme en el gimnasio, que ya les contaré más adelante de algunas aventurillas recomendado por una amiga que se ha convertido en mi cómplice o yo en el de ella, no lo sé exactamente. Después de lo que había vivido y que les he narrado hasta este punto, si no recuperaba mi peso aún, pero eso no significa que no tuviera una muy buena figura que provocara que todos volvieran la cabeza a mirarme, sobre todo mi principal atractivo desde que lo recuerdo que son mis nalgas, varios dicen que tengo un enorme corazón (por la silueta que ven de mi trasero al estar en cuatro) y mis piernas, en este punto de mi vida nunca me sentí presionada o preocupada por que la aguja de la balanza fuera un poco más arriba.
Si, alguna vez por vanidad pensé y deseé ponerme una o dos tallas más de tetas y que no lo hice por el tiempo de recuperación que podría perder de estar teniendo sexo no lo hice, pero igual siempre las he lucido, un buen brasier de empuje o de media copa o se solucionaba el tema
Mi forma de pensar y ver el sexo ha cambiado muchísimo en todo este tiempo, con la naturalidad como debe de ser visto, he sabido disfrutarlo y gozarlo, he procurado no herir a nadie con mis actos y siempre dejando las cosas en claro, solo ha sido sexo por placer. Para ambos todo está claro y esperemos poder seguir disfrutando algunos años más
Despues de esto y volviendo a la historia de los relatos anteriores, quiero contarles que con Adolfo las cosas siguieron en muy buena armonía, a pesar de haberme confesado que a él le gustaban los hombres, sentí que llegué a romper ese muro conmigo y si sentía que lo hacía no solo por complacerme, sino que también él lograba placer haciéndolo conmigo. Lo veíamos prácticamente una vez por semana, si alguna vez fallamos fue por no tener quien cuidara a nuestros hijos o algún otro compromiso, pero fueron muy pocas veces en que no lo llegamos a ver, con el tiempo y gracias al trabajo de mi esposo nos mudamos a nuestro propio departamento y supimos aprovechar el amor de abuela de mi madre hacia mis hijos, ya que al no verlos todos los días como cuando vivíamos en su casa, prácticamente nos rogaba para que dejáramos que fueran a dormir con ella los fines de semana, lo que supimos aprovechar de forma increíble, pues se los llevaba desde el viernes y nosotros los recogíamos de su casa los domingos por la noche.
Dejamos de visitar el hotel para nuestros encuentros con Adolfo, así como muchas veces extendimos el tiempo de convivencia con él, pues apenas se iba mi madre con nuestros hijos Adolfo venía al departamento, donde compartíamos con él hasta el domingo en varias oportunidades.
Igual, mi esposo tenía que ir a trabajar los sábados por la mañana y me quedaba con Adolfo disfrutando de su pene hasta que llegaba mi esposo para estar con nosotros, vamos era una pareja de tres, disfrutamos todo ese tiempo, lo cual nos permitía ampliar las poses y lugares donde teníamos sexo, no eran solo las cuatro paredes de un cuarto de hotel, ahora teníamos más recamaras, sala, cocina hasta en la lavandería, había noches que yo dormía con Adolfo mientras que mi esposo dormía en la otra habitación o a la inversa. Nos permitía más juegos entre nosotros, lo que por ejemplo se hizo necesario mayor cantidad de ropa y no solo lencería, me encantaba escogerle ropa a mi esposo, que iba desde pantalones entallados a cortitas minifaldas, si bien es cierto tiene un porte muy varonil, cuando se viste de mujer es demasiado sexy y provocativa, me excitaba muchísimo ver a mi esposo seduciendo a Adolfo y sí bien todo era dentro de las puertas de nuestro hogar, muchas veces le pedía animarse a salir algún día así vestida a conquistar otros hombres. Esta situación también la aproveché para mí, ya que, si bien no es que vistiera de monja, si empecé a usar ropa más provocativa, faldas cortas y muy cortas y si es que necesito vestir elegante, definitivamente el vestido debe tener una o dos aberturas prácticamente hasta donde termina mi pierna, pantalones muy ajustados, escotes, la diferencia con mi esposo, obviamente es que yo si la usaba de diario y en la calle, el lívido se me había subido muchísimo
Desde que empezamos a buscar compañía en las discotecas algo se había disparado en mi interior, el hecho de vivir en la casa de mi padres me lo impedía, inclusive cuando salíamos a la discoteca me cambiaba de ropa en el auto, para evitar los sermones, pero ahora que estaba ya en el departamento y más con la excitación de lo que vivíamos con Adolfo, la situación era diferente, mi ropa de vestir casi todos los días era así, me volví fanática de zapatos de tacón alto, despues de ver lo bien que le estilizaba las piernas y el culo a mi esposo, no he parado de usarlos, no me gustan de plataforma grande y tosca, tienen que ser lo más finos, creo que me hace caminar más apretadita, todos mis vestidos o falda mostraban mis piernas al menos un palmo por arriba de la rodilla, esas eran las más decorosas, eran a medio muslo, la ropa antigua que tenía la mande a cortar para esa medida, los pantalones cualquiera me los tenía que poner con calzador o con mantequilla de lo apretado que me gustaba usar, se convertían en una segunda piel, tops que cubrían solo mis senos dejando mi ombligo al aire o blusas muy escotadas, las medias y ligueros eran también una parte elemental de mi vestimenta diaria, no importaba si las faldas mostraban el encaje en la parte superior, como ya les había contado, extrañamente usaba tanga o panty, las pocas que tenía las usaba solo para que Adolfo las corriera a un costado o me las arrancara con los dientes, siempre que salía a la calle volvía a casa demasiado excitada de ver en las miradas de los hombres y alguna mujer el deseo de poseerme, sin embargo los únicos que disfrutaban de mi cuerpo eran Adolfo y mi esposo
Sin embargo, simplemente un día el teléfono de Adolfo no contestó, pensamos estaría ocupado y fue una semana tratando de ubicarlo y nada el problema es que ni siquiera conocíamos su apellido para buscar si es que le había pasado algo una semana más y seguíamos insistiendo mañana tarde y noche y el teléfono al parecer se encontraba ocupado.
Esperamos hasta el tercer fin de semana, pensando que le pudieran haber robado el teléfono y no hubiera podido recuperar el mismo número viniera a buscarnos, pero nada, su Facebook también se mantenía sin movimiento donde le dejamos varios mensajes y nada.
Un mes después del último encuentro y revisando su aviso por si había publicado otro número o aviso para poder contactarlo, pero nuestra búsqueda fue en vano.
Sin embargo, buscando a Adolfo, nos encontramos en una de las páginas (que ahora ya se había incrementado la cantidad al haberse hecho más popular el uso de internet en el país) un aviso publicado apenas dos días atrás donde se anunciaba otra persona de origen ecuatoriano, faltaron las palabras y sobró el deseo.
Las fotos mostraban la misma cualidad que Adolfo, un pene descomunal, a diferencia de Adolfo, este era grueso desde su glande hasta la base a diferencia de Adolfo que parecía un cono.
No esperé siquiera que mi esposo me confirmara su mirada lo dijo todo, el aviso esta vez sí decía “Servicio a mujeres, no importa tu estado civil” y por ninguna parte de su anuncio hacía referencia a que pudieran gustarle los hombres, su cuerpo mostraba además el trabajo de varias horas de gimnasio, definitivamente, su apariencia le hacía honor al color de su piel, no soy racista obviamente, los amo y los he disfrutado, pero si, algo tienen en la genética, el color negro siempre ha sido sinónimo de un buen pene.
Marqué por teléfono, impaciente escuchaba el timbre sin que nadie atendiera la llamada hasta que entró la contestadora automática y colgué. Volví a revisar el número publicado en el aviso y volví a llamar, ¿demasiado zorra? Si, definitivamente, esta vez estaba completamente segura de haber marcado de forma correcta el teléfono, así que cuando entro nuevamente la contestadora deje un mensaje:
Hola, vi tu aviso y quiero pactar una cita contigo en cuanto sea posible, llámame.
Me levanté dejando a mi esposo casi sin habla
- Voy a alistarme, si llama mientras estoy en la ducha coordina la cita lo antes posible
- Pero
- Aprovechemos que mi mama tiene a los chicos para poder salir – le dije sin escuchar más peros y fui a la ducha
Me esmeré en mi baño, depilé mi piel por si algo pudiera haber que le incomodara, puse crema en todo mi cuerpo, mi mejor perfume, me peiné y maquillé, busque en mi cajón de lencería, me acordé de que tenía un juego sin usar que me había regalado mi esposo de su último viaje y me dispuse estrenarlo este día. Cachetero, liguero y brasier de media copa (me volví adicta a este tipo de brasier, pues te levantan las tetas y las dejan al descubierto inclusive algunes que he comprado hasta los mismos pezones) en encaje en color negro, medias del mismo color, minifalda plastificada en color rojo y blusa del mismo color con botones en el frente, me vi en el espejo y salí a buscar a mi esposo quien se encontraba en la sala viendo televisión.
- ¿No ha llamado?
- ¿Quién? – preguntó haciéndose el ignorante
- ¿Dónde está el teléfono para llamar nuevamente?
- Tranquila, dice que se llama Javier y nos vemos en dos horas en el Pacifico – dijo viendo su reloj
- ¿Vamos a volver ahí nuevamente?
- Era eso o su departamento
- Está bien, es primera vez que lo vamos a ver. ¿Tu va a ir así?
- Si, vamos a ver qué pasa
- ¿Cómo a ver qué pasa?
- Si, dice que por norma lo hace solo con mujeres, bueno que en realidad no se le ha presentado la oportunidad y que dé momento no podría decir otra cosa, pero que si logras calentarlo puede avanzar con algo mas
Me emocionó demasiado lo que escuché, lo tendría para mi únicamente, ¿Egoísta? Si y mucho, cualquiera que hubiera visto las fotos de su anuncio hubiera pensado igual que yo
- No lo sabía – trate de mentirle – pero si quieres lo cancelamos
- No te preocupes, me imagine que ibas a vestirte como estas, para animarlo le dije que no se preocupara, que yo mismo escogería tu ropa, así que no hay problema
- Entonces vamos avanzando
Iba demasiado emocionada, tal vez más que la primera vez que nos encontramos con Adolfo, claro ya no con el mismo miedo, pero si con mucha excitación, mi panty ya se sentía mojada y yo estaba ya muy lubricada. Paramos en camino por un par de botellas de vino blanco
- Buenas tardes, hace tiempo que no venían por acá – nos recibió la recepcionista del hotel – ¿la misma habitación de siempre?
- Si – le respondió mi esposo – con las mismas condiciones
- Ok, entonces son dos habitaciones
Pago y nos entregaron las llaves. Al llegar a la habitación mi esposo abrió una de las botellas, sirvió dos vasos y tomo asiento, yo tomé el otro vaso. El sacó el teléfono y llamó
- Ya estamos acá, habitación 201. Correcto a la hora que quieras puedes llegar. Listo
Colgó la llamada y le dio un trago al vaso de vino
- Ya viene en camino, estaba libre y va a llegar antes de tiempo, ¿puedo pedirte algo?
- Claro que si
- Desabróchate un par de botones más
Lo hice con mucho gusto, con lo ajustado de la prenda se podía ver más de la mitad de mis senos, casi no hablamos mientras qué pasaban los minutos, el timbre del teléfono de la habitación me hizo dar un salto. Mi esposo se levantó
- ¿Si?
- Que pase por favor
- Claro, no hay problema
Y colgó el teléfono quedándose parado junto a la puerta y haciéndome la seña para que me quedara sentada.
- Me dice la chica, Señor no es la misma persona de siempre – me comentó mi esposo
No llegué a contestarle porque tocaron la puerta, abrió mi esposo y se hizo a un costado
- Pasa, te está esperando
Me quedé helada al verlo, las fotos eran reales, solo que ahora tenía como referencia el cuerpo de mi esposo, probablemente 1.95 de altura, era más alto que mi esposo, definitivamente muchas horas en el gimnasio, inclusive sin quitarse el polo se podían contar los músculos de su pecho y abdomen, ni que decir de los brazos y afortunadamente parecía trabajar también las piernas (si hay muchos hombres que se olvidan de ejercitar las piernas y son dos palos de escoba por mucho músculo que puedan tener en la parte superior).
Verlo me generó el primer orgasmo. Creo que hasta me mordí los labios.
- Tenías razón – le dijo Javier a mi esposo
- Vas a ver que no te he mentido en lo que te dije – le respondió
- Pues hasta lo que he visto ahora, ninguna mentira
- ¿Quieres algo de tomar? Bueno en realidad solo tenemos vino blanco
- Si, te acepto un vaso
Javier seguía viéndome, parado prácticamente junto a la puerta, yo me mantenía sentada, con las piernas cruzadas, la falda que usaba dejaba muy poco a la imaginación, sin embargo, mi postura no le permitía aún ver mucho. Mi esposo le alcanzó el vaso, el cual tomo un poco sin despegarme la vista, tenía una provocación intensa de acariciar mi cuerpo, pero me mantenía firme por momentos nuestras miradas se cruzaban lo que lo hacía sonreír en esos labios gruesos que tenía.
- La verdad es que estoy un poco nervioso – le dijo Javier a mi esposo
- No lo puedo creer
- Como te dije por teléfono, nunca he participado en encuentros así con el esposo presente y no sé exactamente que puedo o debería hacer
- ¿Me permites hacer algo para iniciar? No lo mencionaste en el teléfono, pero vamos a ver qué pasa
- No sé que tengas pensado, pero adelante
Lo sentí algo parecido a la primera vez con Adolfo, verlos ahí conversando de que hacer el conmigo y yo no participaba solo los escuchaba.
- ¿Qué opinas corazón? – dijo mi esposo por fin incluyéndome en la conversación
- Se ve interesante – respondí
- ¿Interesante?
- Si, lo que se puede ver
Mi esposo se acercó a Javier y toco su pierna, mostraba algo bajo el pantalón, pero no estaba segura aún si era lo que me imaginaba, lo apretó con ganas, definitivamente vi su cara de deseo, Javier no hacía nada
- Corazón, mira lo que te vas a disfrutar
No sé si era un musculo de su pierna o su pene, que resalto bajo su pantalón, dudé que fuera su pene pues se veía bastante grande
- ¿Porque mejor no vienes tu y le ayudas a ponerse cómodo? Después de todo probablemente no te pueda ayudar con esto
Mi esposo acariciaba el pene de Javier sobre el pantalón y no pude más, me puse de pie, si me había excitado ver como mi esposo desnudaba a Adolfo, iba a realizar sus mismos movimientos, Javier al verme de pie abrió más los ojos y se chupo los labios, me acerqué a él y mi esposo tomo mi lugar en la silla como espectador tomando el vaso de vino que Javier había estado sosteniendo en sus manos, no pensaba darle ninguna oportunidad de retroceder mucho menos de dudar. Puse mis manos sobre su pecho y levanté mi cara ofreciéndole mis labios, se inclinó y los besó con cierto respeto, pasé mi brazo por su cuello y fui yo quien le comió la boca, aún sentía algo de respeto hacia mí, por lo que tomé su brazo y dirigí su mano a mis nalgas, no hubo necesidad de más, colocó su otra mano agarrando mi trasero mientras que yo con ambos brazos me colgué a su cuello. Se enderezó levantándome con él, mis piernas envolvieron su cuerpo mi falda se enrolló en mi cintura, su lengua violaba mi boca y sentía mi vagina chorrear.
Lo sentí caminar y fue inclinándose hasta dejarme acostada en la cama, sin dejar de besarme, sentí como empezaba a retirar su polo a lo que mis manos presurosas fueron a ayudarlo, su cuerpo era duro, imaginarme como serían sus embestidas con la fuerza de esos músculos no me dejaba regresar a la tierra, mi cuerpo sucumbía al primer orgasmo generado por su lengua en mi boca, aún solo me había besado en los labios y sus manos habían tocado mis nalgas y no habían pasado más de 10 minutos que él había ingresado a la habitación.
Al sacar el polo por su cabeza pudo ver su torso, el que había sentido mi cuerpo ahora lo tenía a mis ojos, mis manos empezaron a recorrer su brazos y su pecho, lo jalé a un costado (que es un decir, pero me entendió) con los pies aún sobre el piso su cuerpo quedo de espaldas a la cama, empecé a besar su cuello, si bien había algún rastro de perfume, definitivamente fue poco el que había utilizado, pero el olor a hombre a sudor me estaba hipnotizando, mis labios pronto empezaron a besar sus pectorales, mis manos no dejaban de acariciar el cuerpo, me monté sobre él, aun había bastante ropa entre los dos cuerpos, me deslice para poder seguir besándolo, lamí sus abdominales y me desmonté de él, mis manos torpemente trataban de soltar el pantalón, mi cuerpo hacía más difícil la tarea pero lo conseguí. Me deslice al piso para quedar de rodillas entre sus piernas mientras que liberaba la ropa que mantenía oculta la promesa de placer, levanto la pelvis para permitirme jalar pantalón y bóxer, para ver ante mis narices un hermoso y prometedor falo negro, duro, el glande brillaba de precum, yo estaba embelesada mirándolo, casi adorándolo, pues estaba de rodillas ante él. Torpemente sin dejar de mirarlo, mis manos buscaban la forma de sacarle el calzado y toda la ropa, una vez que liberé su cuerpo y lance la ropa a algún lugar del cuarto, apoye mis brazos sobre sus piernas y me acerque a su pene, empecé lamiendo sus testículos, el roce de mi lengua en su cuerpo generó un salto excitante de su pene, metí sus bolas una a la vez en mi boca saboreándolas, buscando proporcionarle placer a él, quería tenerlo excitado, mi lengua y mis labios recorrieron su pene que se mantenía vertical, no llegaba al glande antes de volver nuevamente el camino recorrido, no buscaba lubricarlo mucho, la humedad que tenía en mi vagina sería lubricación suficiente para entregarme a él, por fin fui por su glande, olía a hombre, a macho, a semen, pero antes de que lo metiera en mi boca me detuvo.
- Déjame ponerme un condón
Me había olvidado de ese detalle, nosotros no teníamos condones, hace tiempo que con Adolfo los habíamos ignorado.
- Por favor en el bolsillo de mi pantalón hay unos grandes – me dijo rompiendo mi silencio
Busque su pantalón y luego en su bolsillo, me resultaba imposible la idea de poder colocarle un condón, aparentemente leyó mi mente, porque el estiraba su mano pidiéndolo, sin embargo, antes de entregárselo, chupe sus dedos, mi necesidad estaba a mil. Abrió el paquete y sacó el condón estirándolo para colocarlo sobre su pene, cuando terminó me lo ofreció
- Chupa ahora si puta
No lo chupe, lo devoré, imposible decir que lo metí todo en mi boca, era imposible, parecía una boa desencajando mi mandíbula para lograr engullir la mayor cantidad de carne en mi boca, sentía sus manos en mi nuca jalándome hacia él, su cuerpo no se quedaba quieto, pues cuando yo iba al ataque él se movía al frente, copulando mi boca, sabía muy bien el tamaño que tenía de pene y afortunadamente no lo hacía con fuerza de lo contrario me habría hecho mucho daño, hasta que no pude más, me detuve y me lance a la cama, con la espalda en la cama y las piernas ligeramente flexionadas y completamente abiertas
- Quiero sentirte dentro, pero tengo miedo – le mentí – es muy grande
El amenazante movía de arriba abajo su pene como si fuera una macana policial, se acercó a mí, sentí como rompió mi tanga de un tirón, pasaba su glande sobre los labios de mi vagina, a pesar del condón se sentía caliente, sentí el peso de su cuerpo sobre el mío, empezó a besarme, su pene se frotaba sobre mi clítoris y mis labios.
- Por favor, despacio – le pedí – no me vayas a hacer daño
- No te preocupes por eso, te voy a hacer gozar
Sentí como su mano entre nuestros cuerpos movía su pene hasta situarlo en la entrada de mi vagina, estaba demasiado lubricada, lo sentí invadir mi intimidad
- Uff, que rico – le dije al oído
Mis brazos abrazaban su cabeza, quería que mi boca quedara pegada a su oído, que me escuchara él y solo él lo que le decía, su glande me abrió, me hizo gemir para él, sentí como me expandía para recibirlo, empezó mi cuerpo a disfrutarlo, a pesar del peso de su cuerpo sobre el mío, el placer me hizo arquear mi espalda, mis piernas a mi costado no podían estar más abiertas para recibirlo, fue muy despacio, mi orgasmo hizo que sintiera cada centímetro de su piel, cada vena de su pene, sentí como iba abriéndose paso en mi interior, lo hacía despacio como esperando que en algún momento le pidiera que parara, sentí finalmente su cuerpo unido al mío, sabía lo que eso significaba, estaba completamente dentro mío
- Mmmmmm – era lo único que podía decir, el placer empezaba a jugarme una mala jugada.
- Pero que perra puedes ser – me dijo al oído – te ha entrado completa y no has soltado un solo quejido, es más lo estas gozando
Yo solo asentía con mi cabeza, trataba de callar mis gemidos, el empezó a retroceder, no quería que saliera de mí, mis piernas lo abrazaron para mantener su cuerpo unido al mío
- No sé si tu marido sabe lo zorra que eres, ¿no se ha dado cuenta lo abierta que estas? – me preguntaba hablándome al oído aprovechando para jugar con su lengua en ellos
A pesar de la presión de mis piernas sobre su cuerpo, lo sentí retroceder, mi cuerpo lo reclamaba, sentí que su glande me abandonaba también, todo igual de lento, hice mayor presión con mis talones en sus nalgas, no tenía la fuerza suficiente para moverlo, pero creo que me entendió y volvió a mi interior igual, para disfrutarlo, mi espalda seguía arqueada, la ola de placer subía desde mi vagina hasta mi cerebro.
- Eres increíble, estas muy lubricada, que perra eres, nunca pensé que hoy día disfrutaría un chochito como este
Sus palabras me excitaban aún más, ese día descubrí que dándole placer a los hombres yo podía disfrutar de esa situación y que me hacían gozar muchísimo, no paraba de sentir sus labios recorrer mis orejas, mi cuello, mi boca. Retrocedió nuevamente igual, hasta sentir la presión que hacia mi cuerpo contra su glande para no liberarlo y volvió a mi interior, pero esta vez fue con todo, descargo todo su peso centrado en su pene, la intensidad del orgasmo se multiplicó, liberé mi abrazó para extender mis brazos y tratar de agarrarme en algo, en el viento, en la cama, en el espacio, la tercera embestida y era el mejor orgasmo hasta ese momento de mi vida, grité pedí más, cada vez que retrocedía saliendo de mi interior, mis piernas lo empujaban hacía mi ayudándolo a penetrarme con una mayor fuerza.
Tomo mi blusa, la jalo, sentí como los botones salían volando, no sé cómo pensó que regresaría a casa, ya me había roto la tanga y la blusa, afortunadamente el brasier tenía el broche en la parte delantera, lo soltó, no sé cómo hizo, y sin dejar de seguir penetrándome con la misma fuerza e ímpetu, su boca alcanzó mis senos, succionaba y mordía mis pezones dejándolos extremadamente sensibles, abracé su cabeza contra ellos para que no dejara de hacerlo. Mi orgasmo no terminaba y seguía incrementando la intensidad de este, sentía mi ano mojado de la cantidad de lubricación de mi vagina y que con las penetraciones era expulsada al exterior.
- Que rica puta eres – me seguía repitiendo – Nunca imagine que pudiera disfrutar así contigo, nunca había disfrutado de una mujer, es como si fuera mi primera vez, gracias zorra por darme ese placer
No había duda, su voz lo delataba, estaba a punto de correrse
- Que rico – le dije – las ganas que tengo de sacarte el condón para que me llenes con tu semen, que me dejes preñada
Fue lo que faltaba para culminar, sus movimientos fueron realmente rapidísimo, esa bendita juventud, si es que no estaba teniendo un orgasmo hace ya bastante tiempo esto que hizo fue la coronación de mi placer, sentí como de pronto dejaba su pene enterrado en mi interior, como empujaba buscando mis ovarios, a través del latex sentía los chorros potentes de semen y se desplomó sobre mí, su pene siguió latiendo en mi interior, mi cuerpo estaba bañado de su sudor, ¿pesaba? Si, pero quería disfrutar de su pene dentro de mi así no lo moviera.
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