Nora y Carlos, la magia de conocer Panamá
Ella es una mujer de 46 años que no tiene tiempo para juegos, pero la juventud de Carlos enciende una chispa que ella no puede apagar. En la terraza de un hotel, la frialdad profesional se quema bajo el calor de la noche, y lo que empieza como una disculpa se transforma en una noche de placer prohibido donde ella toma el control absoluto.
Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.
Para aquellos que hayan leído alguno de mis relatos anteriores, soy un adicto a las maduritas desde que tengo uso de razón, pero el relato de hoy es una nueva propuesta surgida de un intercambio de opiniones con una lectora de esta web. Para ello, he tomado algunas experiencia de vida y le sumé las sugerencia que ella hizo, espero sea del agrado de todos y si no es así, me lo hagan saber a y través de sus comentarios o correos electrónicos.
Este relato bien podría encuadrarse en cualquiera de dos categorías: Sexo con maduras (por la edad de la protagonista) o bien Hetero general (por razones obvias). Así las cosas, vamos con la descripción de ambos protagonistas y de allí a la historia de ambos.
Nora, panameña, tiene 46 años, figura robusta de formas abundantes, cabello castaño a media melena, ojos claros, labios que resaltan con un color rojo intenso, piel clara siempre regada con Carolina Herrera, que atrapa a los hombres al verla pasearse con su ropa informal, enfundada en pantalones de lycra que realzan su figura y camisas holgadas de color claro que transparentan su ropa interior con puntillas de color blanca o piel, sandalias de tacón. Podría definírsela tan solo verla como “mucha mujer”.
Carlos, argentino, tiene 27 años, no tiene el cuerpo de un adonis pero se mantiene bien practicando deportes (rugby), mide más de 1,80, recién recibido de Licenciado en economía, generalmente viste de manera formal, tiene absoluta debilidad por la mujeres de figuras rotundas y más si son experientes, hijo de una familia tradicional de la provincia de Buenos Aires.
Una vez recibido, Carlos tenía previsto un viaje de egresados con 4 amigos por Centroamérica en busca de diversión y quizá una oportunidad laboral. Los contactos de su padre le abrieron algunas puertas en Venezuela, Panamá y Bahamas. Se reunió con sus amigos y planificaron el viaje de 15 días: tratar de conseguir alguna chance de trabajo en Venezuela y Panamá en la primera semana, y placer en Bahamas en la segunda semana.
Nora trabaja en una empresa (Área Selección de Personal) de Panamá City, con ramificaciones en hotelería y la principal dedicada al comercio exterior. Aprovechaba la época veraniega para supervisar la parte de hotelería y dejaba el resto del año a las referidas a comercio. Tiene un buen pasar y ha decidido vivir en uno de los hoteles, para mayor comodidad pese a ello mantiene su casa en el Casco Viejo de la ciudad.
El paso por Venezuela no dejó buenas sensaciones para los 5 viajeros, difícil conseguir entrevistas y mucho menos oportunidades por ser extranjeros y recién recibidos. La llegada del grupo a Panamá, los alojaría en un hotel all-inclusive desde donde harían base, para luego trasladarse a Bahamas.
Nora tenía un día fatal, dos de las empleadas administrativas del turno del hotel donde residía se reportaron enfermas y no habría tiempo para reclutar personal alternativo siendo las 8:30 de la mañana, por lo que aprovechando su locación, la habían designado para reemplazarlas por el fin de semana. “Maldita mi idea de vivir aquí”, pensaba mientras subía hasta su habitación para vestirse para la ocasión. Se duchó, se enfundó en su clásico pantalón de lycra azul, camisa blanca, zapatos de tacón blancos, se maquilló adecuadamente, colocó el gafete con su nombre y bajó a la recepción.
Los 5 jóvenes llegaron al hotel y quedaron sorprendidos: la recepción fue increíble y más aún cuando vieron donde estarían alojados, la zona de mayor movimiento turístico y casi en el centro comercial de la ciudad. Carlos se dirigió al mostrador para la registración y la vio por primera vez.
Carlos: buenos días señorita, tenemos una reserva para 5 pasajeros
Ella sin siquiera mirarlo, le respondió.
Nora: Aguarde un instante joven, ya será atendido por personal del sector
Carlos: a ver Nora, ¿no estás en el sector de recepción?
Levantó la mirada, con la intención de fulminarlo, ¿quién le había dado tal confianza? Recordó que estaba supliendo a la empleada de turno y tenía su nombre a la vista de todos, eso no impidió que le respondiera de manera tajante.
Nora: soy la supervisora de área, espere a quien debe completar su registración.
Carlos: bueno Norita, no te enojes, una mujer tan linda y con este carácter. Espero.
Si el coraje de Nora estaba por las nubes, escuchar esa frase la puso al rojo vivo, Giró sobre sus talones y se encaminó hacia donde estaba quien debía hacer las registraciones, que preparaba la documentación del turno. La mirada de Carlos se perdió en el cuerpo de Nora, pudo adivinar que debajo de ese pantalón había un hilo dental perdido entre las nalgas de la mujer y todavía flotaba en el aire su perfume, cuando la vio reclinada en el escritorio no pudo evitar dirigir su mirada a ese canalillo que se marcaba entre sus pechos: “qué hermosa mujer, lo que debe ser desnuda, me la comería” pensó mientras la miraba ir rumbo al otro escritorio.
Nora: Ve y atiende al impertinente del mostrador - dijo a la empleada, volvió la cabeza y lo observó no le quitaba los ojos de encima.
La empleada se acercó a Carlos, tomó sus datos y los de sus acompañantes, les indicó que tendrían dos habitaciones doble y una simple, ya que no tenían ninguna triple disponible hasta el lunes.
Carlos: llámala a Norita, esto no es lo que habíamos reservado y como ella es la supervisora, deberá solucionarlo.
La joven, sorprendida por la confianza del pasajero, la miró a Nora y le hizo gesto de que se acercara. “Hay un inconveniente, los caballeros reservaron hace 20 días una habitación doble y una triple y no hay triples libres hasta el lunes. ¿Qué sugiere?”
En el pico máximo de su ira contenida, Nora los miró a ambos y a punto de explotar dijo:
Nora: factura una doble y una triple, que ocupen dos doble y una simple y la diferencia de dinero la pagarán las dos que faltaron, malditas incompetentes.
Carlos esbozó una sonrisa, tomó una flor que había al costado de la recepción y se la extendió a Nora.
Carlos: Gracias Nora, es un gesto muy amable de tu parte.
Por primera vez en la mañana y por la sorpresa del gesto, Nora bajó un poco la guardia, le sonrió, tomó la flor y agradeció el obsequio.
Nora: No tiene nada que agradecer, para lo que guste, estoy a su servicio.
Carlos sonrió y murmuró “si supieras que servicios te pediría, loba”. Hizo un gesto a sus amigos, les comunicó las novedades y se distribuyeron en las habitaciones. Por la gestión, Carlos tomó la individual. “Subamos a darnos una ducha y nos encontramos aquí en el lobby en una hora para la recorrida para dejar curriculums, es viernes y tenemos que movernos para que nos quede la noche libre” dijo a sus acompañantes.
Fue una jornada frenética para los jóvenes, recorriendo oficinas y dejando sus solicitudes. Sólo Carlos se animó a presentar credenciales en el Panamá Group, que regenteaba 3 hoteles y 5 oficinas de comercio exterior. Volvieron pasadas las 18 horas, cansados y necesitados de refrescarse, el verano apretaba mucho, al retirar las llaves de las habitaciones ya había cambiado el turno y no estaba Nora ni la recepcionista que los había recibido, en su lugar estaba un hombre de unos 30 años, al que consultaron por lugares para cenar y salir de juerga.
Se juntaron a las 20 para salir a cenar, después de ello Carlos estaba extenuado y con varias cervezas encima que le impedían seguir el ritmo de sus acompañantes, por lo que se quedó en el hotel.
“Caballeros, si así lo desean, pueden pasar a la terraza del hotel, hay una barra de tragos abierta hasta medianoche, luego queda libre de uso a los huéspedes” dijo el conserje.
“Con las mujeres que vimos en todo el día, ni loco me quedo acá” dijo Jorge uno de los integrantes del grupo. Contó con la adhesión de sus compañeros excepto Carlos.
Carlos: Me quedo acá, me tomo unas cervecitas en la terraza y me voy a dormir
Se despidieron, Carlos subió a la terraza, pidió una cerveza en la barra y buscó donde ubicarse para disfrutar de la noche cálida. Había muy pocos lugares disponibles, pero le sorprendió que en una mesa aislada estuviera Nora. Se encaminó hacia ella, y al llegar a su lado, se detuvo.
Carlos: Buenas noches Nora, ¿cómo está?
Levantó la mirada y lo vio, pensó que otra vez debería soportar su altanería y se dispuso a evitar entrar en mayor contacto.
Nora: aquí lo ve, disfrutando de la noche, antes de irme a descansar
Carlos: ¿me permite unos minutos? No quiero incomodarla
Nora: sea breve, estoy por retirarme
Carlos: quiero disculparme por mi actitud de la mañana
Nora: está disculpado ¿algo más?
Carlos: vamos, no sea tan cortante, es mi primer noche aquí
Nora: inició mal su relación conmigo, los argentinos y sus costumbres…
Carlos: le repito, no debí comportarme así. ¿Puedo ofrecerle una copa? No quiero generarle problemas
Nora: problemas son los que me sobran, acepto la copa, solo si me permite descalzarme y ponerme más cómoda, recién termina mi turno de suplencia, estoy agotada
Carlos: hágalo tranquilamente, solo quiero charlar un rato antes de irme a descansar. Espero no generarle inconvenientes con su familia.
Nora: yo soy mi familia, a nadie rindo cuentas
Casi se atraganta Carlos ante esa confesión, pero decidió seguir allí e ir por más.
Carlos: ¿Nadie la espera? Es tarde para moverse por la ciudad
Nadia: tengo mi casa cerca, pero de lunes a viernes vivo aquí. No hay tiempo para otras cosas
Carlos: Vamos Nora, siempre hay tiempo, además una mujer como Ud., no tendría problemas para conseguir compañía
Nora: vivo para mi trabajo, quizá más adelante disfrute lo logrado, como Ud., que viaja por el mundo
Carlos: viajo en busca de una oportunidad laboral, mi país no ofrece muchas oportunidades
Nora: ¿y que busca?
Carlos: un buen trabajo, buena compañía y quien sabe qué más me depare el destino.
Nora se puso de frente a él, lo observó y disparó sin piedad
Nora: ¿qué opina su novia de este viaje? ¿No sabe que las caribeñas son fogosas?
Carlos: no hay tal, con el estudio solo hubo alguna que otra aventura pero nada más.
Lo miró y se sonrió, por primera vez lo observó como hombre y no estaba para nada despreciable.
Nora: entiendo que le gustan las formas rotundas, lo noté cuando no pudo quitarme los ojos de encima esta mañana
Carlos: es verdad, me gustan las mujeres con buenas formas, carnosas y de experiencia
Le tomó la mano, y la miró a los ojos. Ella entendió claramente el mensaje, hizo una seña al camarero. “Cargue las bebidas a mi cuenta, nos retiramos”. El joven asintió, miró a Carlos y se sonrió. Dejaron las copas sobre la mesa y ella lo guió al ascensor, presionó el botón 4, la puerta se cerró y sin mediar palabra lo arrinconó mientras se hacía dueña de su boca, los besos eran intensos y las manos le Nora lo atraían a su cuerpo. El apenas tuvo unos segundos para aferrarse a la cola de ella y apretarla contra su cuerpo, el ascensor se detuvo, ella lo empujó afuera y tomándolo de la mano lo llevo a la habitación 404, enfrentó la llave magnética, abrió la puerta, lo hizo ingresar y cerró a sus espaldas.
Nora: ¿tanto te gusta mi cola y mis tetas?
Carlos: son hermosas
Nora: no pierdas más tiempo, solo por hoy son tuyas, no hagas que me arrepienta de esta locura
Casi a tirones, le quito la camisa, peleando fieramente bajo el pantalón que prensaba las piernas de ella, un conjunto rojo de corpiño con transparencias y un hilo dental quedó frente a él. No podía creer que esas prendas pudieran sujetar el cuerpo de la mujer. Apartó el corpiño y libero esas tetas gigantes, de pezones oscuros y firmes, las que comenzó a comer desaforadamente.
Nora: si nene, chúpamelas, cómeme bien las tetas, déjalas duras y paradas
Carlos no podía abarcarlas con su boca, y alternaba entre una y otra, mordisqueaba los pezones y trataba de engullirlas hasta casi ahogarse con ellas. Las manos apretaban esa cola de hermosas dimensiones, enterraba sus dedos en la raja que las separaba y las aferraba hasta dejarle marcas. Ella lo separó unos segundos y le desprendió la camisa y pantalón, que arrojó a un costado, en una feroz lucha cuerpo a cuerpo le quitó la ropa hasta dejarlo desnudo, con su herramienta erguida, a centímetros de su chocho que ya empezaba a humedecerse apenas cubierto por el pequeño trozo de tela que lo cubría.
Carlos: quiero ponértela ya, vamos a tu cama.
Nora: vení que voy a sorprenderte
Entraron a la pieza, sobre la cama desalineada, ella se colocó en 4 patas, dejando su terrible cola en pompa, ofreciéndole un panorama hermoso. Llevo sus manos hacia atrás y tomando ambos cachetes, los abrió, poniendo a la vista de él su concha mojadísima, y su culo brillante, apenas cubierto por el hilo rojo, él no dudo y se internó entre esas nalgas poderosas, lamiendo de principio a fin, enterrando su lengua tanto como podía y escuchando los gemidos de hembra en celo que ella prodigaba.
Nora era una experta, abría y cerraba sus piernas sin permitirle intentar una penetración, sólo la lengua de Carlos podía trabajar, recorriendo esa terrible raja, desde la concha al culo, donde se detenía tratando de meter su lengua a fondo. Cada ingreso era correspondido con un bramido de placer de ella, él intentó colar dos de sus dedos en esa concha encharcada y dejó caer saliva sobre aquel prieto agujero anal que lo hipnotizaba, para completar el ingreso con su dedo pulgar.
Las sacudidas de Nora eran potentes, tiraba su cuerpo atrás y adelante facilitándole el trabajo, pero al cerrar las piernas solo su culo se abría más y más, por lo que él decidió cambiar la posición de sus dedos: ahora solo su pulgar hurgaba en la concha y los otros dos se insertaban a fondo en el culo abierto y caliente.
Carlos: cómo te gusta que te taladre el culo
Nora: más que nada en el mundo
Carlos: abrí las piernas diosa, ya te la pongo hasta el fondo.
Se acomodó un poco mejor y le ofreció aquel agujero tan abierto como podía, el no dudó y tras un leve frotado por la concha para humedecerlo, lo enfiló y fue haciéndolo entrar, primero la cabeza, luego medio tronco y finalmente y de un solo empujón hasta el fondo. Ella lo sintió y con sus músculos lo atrapó en su interior, apretándolo por unos instantes para luego relajar y dejarlo libre de entrar y salir. Los movimientos eran lentos, desacompasados, casi hasta salirse, pero cada embestida era violenta y a fondo.
Ambos gemían profundamente, ella controlaba la velocidad, quería que se prolongara eternamente esa terrible culeada que estaba recibiendo, él quería acelerar para llenar sus intestinos de leche ardiente, ella no lo dejaba y manejaba hábilmente el momento. Cuando sentía que el temblaba a punto de explotar, se retiraba y no lo dejaba acabar. En un momento dado ella aceleró, y llegó a un orgasmo que llenó la cama de jugos, pero no le permitió a su acompañante concluir su faena. Lo sacó, provocando la sorpresa en su amante. Le indicó que se acostara, y tras lograrlo, se ubicó sobre él, poniendo su jugosa concha a la altura de su boca, obligándolo a cogerla con la lengua, le restregaba toda su anatomía por la cara, embadurnándolo de jugos, mientras tanto él se ahogaba con la presión de su cuerpo, cosa que lograba superar cuando enterraba sus dedos en el culo de ella. Primero uno, luego dos y cuando el tercero se perdió en sus entrañas, obtuvo el segundo orgasmo de la mujer, más potente y más copioso que el anterior.
Agotada por la posición y el esfuerzo, se recostó a su lado, dejando su culo al alcance de la verga, él logró abrir las piernas de la mujer y decididamente volvió a embestir contra el culo dilatado y enrojecido. Sin esfuerzo entró en ella, y se dedicó a bombearla mientras su mano se colaba en la concha, jugando con el clítoris inflamado. Fueron 15 a 20 minutos de bombeo continuo, ella echando su cuerpo hacia atrás y el forzando el ingreso a fondo, hasta que por fin acabaron en simultaneo, ella volviendo a escurrir jugos notablemente y el llenando sus entrañas con varios chorros de lava ardiente.
Quedaron rendidos sobre la cama, el seguía dentro de ella, perdiendo lentamente su vigor y ella resoplando por la actividad desplegada.
Carlos: por favor, que hermoso culo y que terrible polvo
Nora: tranquilo nene, esto recién empieza. Descansemos un rato y volveremos a la acción.
Carlos: quiero llenar tu concha de leche, mamá
Nora: no esta noche, si vuelves a complacer mi culito esta noche, veremos qué podemos hacer mañana.
Carlos: ¿sólo habrá anal esta noche?
Nora: amo que me cojan bien cojida por el culo, más que la concha.
Carlos: eres el sueño de todo hombre, qué bueno haber elegido este hotel, de otro modo no te hubiera conocido
Nora: si no hubiese tenido un día como hoy, no estarías en mi cama ahora. Pero lo estarás mañana en mi casa y allí seré quien diga cómo, cuándo y de qué manera vas a cogerme.
Se fundieron en un beso y así, desnudos y cubiertos de jugos de ambos tomaron un descanso.
Lo que sigue, será otra historia, si la protagonista y Uds., quieren. Solo deberán decírmelo en sus comentarios y mails.
Saludos.
Alejo Sallago – [email protected]
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