La clínica de masajes de Sonia, segunda sesión
Gabriel creía que solo buscaba alivio para su espalda, pero la clínica de Sonia guarda secretos que van mucho más allá del masaje. Cuando la puerta se cierra y la luz baja, la profesionalidad se desvanece para dar paso a una sesión donde el placer es la única terapia permitida.
La clínica de masajes de Sonia, segunda sesión.
Miércoles, 8 de febrero de 2023
Habían pasado ya unos cuantos días desde mi visita a la clínica, Rafa me llamó posteriormente pidiéndome disculpas por olvidarse de mí. Yo me hice el ofendido con la intención de sacarme unas cañas gratis, táctica que dos días después gratificantemente funcionó. Obviamente no le comenté nada al respecto de la "sesión de relajación" con Sonia. Era un trabajo que le encantaba y mi última intención era hacerle estar incomodo. Pasamos un buen rato recordando viejos tiempos y animando la garganta.
No había retomado las sesiones con él debido a que mi espalda había recuperado su buen estado y el bono se quedó con 6 sesiones. Aunque mi mente no paraba de introducirme una y otra vez la misma idea "los bonos son para gastarlos", y si no es en la fisioterapia tendría que ser en la "relajación". Después de un día de idas y venidas, de dura lucha interior, decidí concertar cita para un masaje relajante vía web. Al poco una notificación pop-up apareció en mi móvil.
"Su cita ha sido concertada. Sábado 11 de febrero a las 12:00. Gracias por contar con su confianza.
Dacosta clínica de fisioterapia y relajación."
Sábado, 11 de febrero de 2023 - 11:45 - 2da sesión.
Pum pum, pum pum, pum pum, ese era el sonido de mi corazón resonando en mi caja torácica, las pulsaciones, algo fuera de lo normal retumbaban en mi cabeza y mis manos estaban ya sin uñas desde que decidiera el momento de concertar la cita. Miles de ideas me venían a la cabeza, desde espectaculares polvos, ordinarios masajes, hasta el peor escenario posible, que ella no estuviera. Ese día, sí que me había preparado. Rasurado completo, ropa que me gustaba y mis calzoncillos de la suerte enfundados. Además, llevaba unos días sin masturbarme con su recuerdo, por lo que mis depósitos de energía estaban bien cargados.
A pocos metros de la entrada pude observar que la puerta estaba cerrada y la verja a medio bajar, cosa que me pareció extraña. En ese momento el pensamiento de que no iba a estar cogió fuerza en mi cabeza... ¡si es la jefa, como va a trabajar un sábado! Llamé con dos toques en el marco de chapa y a los pocos segundos oí girar la llave al otro lado del marco.
Sonia me abrió con una amplia sonrisa, me recibió como de costumbre, con su imagen blanca impoluta salpicada de una nota de color por sus labios color granate. La sensación de desasosiego desapareció y los nervios entraron en su lugar.
¡ya pensaba que estaba cerrado!
los sábados solo abrimos para los clientes "vips" (dijo imitando las comillas con las manos y guiñando un ojo), ¡pasa anda! no vayas a coger frío... y ya sabes dónde está el box, mientras voy a cerrar la verja y a apagar el ordenador, que estaba finiquitando un tema de números.
Pasé hasta el box 2 y seguí las indicaciones de la anterior vez. Me desnudé por completo dejando mi polla al aire, estaba ya algo morcillona debido al nerviosismo y todo lo que había imaginado de camino, así que tuve que colocármela al tumbarme en la camilla, que en el día de hoy sentía un poco más dura de lo normal, menos cómoda que las otras veces, serían los nervios, pensé. Al meter la cabeza por el agujero pude comprobar que era diferente a la anterior ya que esta contaba con la patas de madera de color negro rematadas con unos tacos de goma, en vez de la camilla de aluminio blanco tradicional.
A los pocos minutos oí los pasos de Sonia acercándose a la habitación. Al entrar cerró la puerta e inicio el ritual, bajó la tonalidad de la luz, puso música relajante oriental y encendió una varilla de sándalo para crear una atmósfera "zen".
Bueno, bueno así que te has animado a otra sesión...
Sí, la verdad es que salí bastante contento del trato del otro día...
Jajaja, esperemos que hoy quedes igual de satisfecho... y olvides la semana de trabajo que seguro que ha sido intensa...
Las gotas de un cálido aceite cayeron en mi espalda desde el cuello hasta la zona lumbar, una a una, gota a gota, hasta que las manos de Sonia me palparon por fin. Cada poro de mi cuerpo se activó y mis pelos se erizaron por competo al sentir el tacto de su cálida piel contra la mía. Mi polla se endureció recordando los momentos pasados, aprisionada entre mi cuerpo y la camilla, parecía también recordarlo y la sentía crecer poco a poco con cada movimiento arriba y abajo sobre mi espalda.
La verdad Gabriel, es que me tomo muy en serio que mis clientes salgan contentos de la clínica. Por eso te he guardado un par de sorpresas...
¿Si? vaya no... no sé qué decir...
Abrí los ojos dentro de la abertura de la camilla al escuchar un extraño ruido, la ropa de color blanco de Sonia estaba esparcida por el suelo, alcé la cabeza y la observé vestida de una forma espectacular. Contaba con unos ligueros de color violeta a juego con un sujetador que a duras penas podía controlar sus pechos, carecía de tanga así que a la tenue luz observé su coño rasurado con grandes y apetitosos labios. ¡Ya has visto suficiente! dijo rápidamente cuando con una mano obligó a mi cabeza a meterse de nuevo en el agujero. Mi polla ahora sí estaba en todo su esplendor, la visión había conseguido que estuviera aún más dura, la prisión en la que se encontraba no ayudaba desde luego, ya que el roce del cuero me producía cierto placer.
Como te he dicho, guardo un par de sorpresas... esa, era una... y ahora... (acercó su boca a mi oreja, tanto que note su aliento caliente en ella y dijo) voy a ordeñarte...
Sonia se agachó lentamente, se puso a cuatro patas como una gata pasando debajo de la camilla y abrió otra apertura en ella en la zona central, haciendo que mi polla apareciera de repente por un agujero apuntando al suelo. Mordiéndose el labio empezó con sus manos aceitosas a lubricar lentamente mi nabo y mis pelotas con las dos manos. Arriba y abajo engrasaba la zona provocando que mi cuerpo se estremeciera y mi temperatura corporal se elevara. Aplicando una fuerza desigual fue batiendo mi tallo, propinándole unas sacudidas que pasaron de ser tiernas y delicadas a bestiales. No se olvidaba de mis pelotas con las que jugueteaba y acariciaba intermitentemente, aplicándolas raciones diferentes de presión.
Mis gemidos se escuchaban por encima de la música relajante y mis manos se agarraban con fuerza a las patas de madera de la camilla, aguantando las ganas de correrme. La situación era morbosa y excitante y poco tiempo después Sonia sacó la artillería pesada, noté como sus húmedos labios abrazaron mi capullo con lujuria, paladeando mi polla y haciendo fuerza contra las paredes de su cálida boca.
Lo que me ofrecía la apertura de la camilla era una imagen magnífica... ella, de rodillas, con su liguero violeta, ofreciéndome una apetitosa visión de su culo gracias a la postura, mamando sin piedad de mi rabo arriba y abajo, dándome lametones desde el tallo hasta él capullo mientras que con la mano derecha aguantaba mis pelotas, y con la izquierda me masturbaba. Saboreaba mi glande con su experimentada lengua, sorbiendo cada uno de mis jugos e intercambiándolos por grandes cantidades de saliva que resbalaban por tallo, boca, pechos y tras ello, al suelo. Sonia quería extraer realmente mi jugo, pasó a agarrarse a las patas de la camilla tragando vorazmente mi falo propiciándome una garganta profunda cargada de saliva. El sonido que producía su garganta se juntaba con mis gemidos ahogando el hilo musical de la sala. La calidez y la humedad de su garganta me estaban dando una sesión incapaz de aguantar. Sucumbí al placer y con un grito ahogado la comuniqué que me corría.
Sonia rápidamente cambió su posición abriendo las piernas y echando su cuerpo hacia atrás apoyándose con el brazo izquierdo en el suelo para ganar estabilidad. Con su mano derecha agarró mi polla llena de saliva y la agitó extrayendo unos potentes chorros de leche blanca que cayeron sobre su sujetador violeta y su abdomen. Mi cuerpo vacío de energía se dejó fundir con el cuero de la camilla mientras Sonia jugueteaba con su abdomen lefado, llevándose a la boca uno a uno los dedos de su mano, degustando así el líquido de mi interior.
Bueno, no creerás que me voy a quedar así... Dijo Sonia saliendo de debajo de la camilla y acercándose al mueble para coger una toalla de algodón y limpiarse los restos que quedaban sobre su abdomen.
La verdad es que la imagen que me regalaba era difícil de desaprovechar, vestida con ese sujetador y liguero violeta, dándome la espalda dejando observar su monumental culo, que botaba con cada movimiento que realizaba al limpiarse el abdomen. Mi mente se imaginó por un momento disfrutando de ese cuerpo y no lo pensé, necesitaba complacerla como ella me había complacido a mí.
Mi cuerpo recobró energía y me puse de pie acercándome a ella por detrás. Llegando a su posición me arrodillé, y ayudándola con una mano en la zona lumbar hice que su torso se echara para adelante agarrándose ella a la estantería de madera que guardaba las toallas dejándome así, fácil acceso a su zona baja. Inmediatamente incrusté mi lengua en su ya encharcado sexo, degustando a fondo las mieles que me regalaba. La zona estaba ya candente, altas temperaturas, signo de que lo que había ocurrido hace escasos minutos le había encantado. Con mi lengua recorrí cada pliegue de su vulva, llenando mi boca de sus calientes flujos que se mezclaban con mi saliva. Alternaba profusos lametones en sus labios menores, para pasar a succionarlos después. Aproveché la circunstancia para saborear de igual modo su ano a la perfección, el tremendo ojal con el que contaba no me había pasado desapercibido desde la primera vez que la vi, y desde entonces había soñado con ese momento. Los gemidos de Sonia eran cada vez más potentes y próximos con cada incursión de mi lengua en su cavidad.
Ahh si si, joder si, no pares por favor... Ahhhh sigue lamiendo, ahí ahí...
Mi lengua aumentó el ritmo de las vibraciones y lametones, alternando cada pocos segundos ambos orificios, perforándolos húmedamente. Mis manos, que agarraban fuertemente su cadera, acariciaban ahora arriba y abajo sus piernas y abdomen, pasando por encima de la suave tela del liguero, palpando su cada vez más sudada pero suave piel. Mi polla cada vez más morcillona por la excitación del momento empezaba a endurecerse de nuevo preparada para un nuevo asalto.
Joder Gabriel, ahhh, estoy mojadísima, no aguanto más, métemela por favor, ¡voy a estallar!, ¡métemela!
Me levanté y di la vuelta a Sonia, juntando sus labios a los míos, su lengua a la mía, mientras con mis dos manos me apoderaba de ese monumental culo. Jugueteaba con mi lengua en su boca intercambiando saliva mientras magreaba una y otra vez su trasero. Así, fundiéndonos el uno en el otro, la fui desplazando hacia la camilla y una vez allí la puse de nuevo de espaldas regalándome de nuevo con la vista. Sonia se apoyó con los dos brazos en la camilla y elevando una de sus piernas la apoyó en ella para ganar equilibrio. En ese momento ensarté a Sonia con mi venoso rabo, chocando contra su ardiente cuerpo. Su cavidad recibió mi regalo con facilidad debido a la gran cantidad de jugos que chorreaba y que lubricaban la zona a la perfección, embestí a esa mujer una y otra vez empujando con mis caderas hacia adelante. El sonido de palmadas retumbaba en la habitación, que juntos a los gemidos de ambos enmudecían por completo el hilo musical. Sonia colaboraba balanceando sus caderas hacia atrás para recibir el premio. Teniendo su culo a mi antojo no pude refrenar el deseo de azotarla con la palma de la mano, provocando que gimiera a mi gusto.
Cada penetración nos otorgaba una dosis de profundo placer. Sonia empezó a realizar círculos con sus caderas salvajemente, mientras que uno de sus brazos pasó de la camilla a acariciarme los huevos en las embestidas, sus gemidos se incrementaron en volumen y secuencia, signo de que estaba cerca del éxtasis.
¡Dame más!, ¡dame más!, ¡haz que esta zorra se corra! Gritó Sonia dejando de tocar mis pelotas para acariciarse con saña el clítoris.
Llegado ese punto decidí que era el momento de jugar con su culo y aprovechando la humedad que me regalaba, acaricié su coño con mi mano derecha. Cuando sus flujos recorrían cada uno de mis dedos, llevé mi dedo corazón a su ano y lo fui introduciendo suavemente. Después de un segundo de resistencia, mi dedo se deslizó en su interior a la par que un gemido disonante retumbó en el ambiente, nota que aquel movimiento no le disgustó. Mis embestidas ahora fueron controladas con la intención de no dañarla, sin prisa, pero sin pausa la fui penetrando mientras que mi dedo la enculaba. Cuando noté que la dilatada cavidad se había hecho a mi dedo corazón, cambié y mi dedo pulgar tomó el relevo. Mis embestidas ahora fueron más feroces, al igual que sus gemidos. La lujuria y la excitación nos marcaban las pautas y ambos disfrutábamos, llegado el momento el cuerpo de Sonia se tensó, cayendo en un profundo y placentero orgasmo, los aspavientos de su cuerpo junto con las contracciones de su coño hicieron que una profunda sensación de estrechez recorriera mi cuerpo desde los talones hasta la cabeza. Saqué mi polla del interior de Sonia y apuntando a la entrada de su ano, eyaculé varios chorros de leche en su tremendo culo. No podía haber mejor lugar para terminar ese polvo.
Ambos, derrotados, nos apoyamos en la maltrecha camilla de madera intentando recuperar fuerzas y respiración.
Espero que no hagas esto con todos tus clientes, reí.
Solo tú tienes este trato de favor, ya lo sabes... Espero que el cliente haya quedado satisfecho con el masaje.
Solo te digo, que estoy pensando en sacarme otro bono. Dije dando una última cachetada a su culo.
--Fin--
¡No dudéis en comentar vuestras impresiones!
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