Xtories

La fuerza del pasado y el poder de la rutina

La rutina ha matado su matrimonio, pero el pasado llama a la puerta. Juan y Luz se encuentran en un restaurante, y lo que empieza como un café se transforma en una travesía prohibida. El riesgo de ser descubiertos y la intensidad de lo vivido hace que la tentación sea irresistible.

Will Brown10K vistas9.1· 9 votos

CAPÍTULO 1:

El gélido viento de esta tarde de lunes de enero no es propio de esta ciudad. Hace frío, mucho frío. No apetece estar en la calle. Como a miles de personas a la misma hora, la glacial brisa me empuja a ir directo de la oficina a casa. Excepto no me apetece para nada, porque en casa solamente me espera otro tipo de frío, una atmosfera de abatimiento, pesada y aburrida, que, como la temperatura invernal con los virus, somete cualquier impulso vital.

Observo los bares de esta zona de oficinas y también están a reventar. Muchos estarán como yo, sin prisa por volver al redil, imagino. Así pues, ¿por qué no? Entro en un pub, busco una mesa, y pido una buena cerveza. Nadie se quejará si llego a casa media hora más tarde.

Me pregunto cómo hemos llegado hasta aquí y de quien es la culpa. No tengo nada que reprocharle a mi esposa y, de eso estoy seguro, tampoco ella a mí. Por lo menos, no desde que nos casamos. Y aun así, hace tiempo que la alegría mudó en responsabilidad, las iniciativas en miedo. ¿La amo? Sí, la amo. ¿Me ama? También, lo sé. Pero me siento dejado de lado, olvidado. Mi masculinidad se atrofia, mi juventud se marchita, ahogadas ambas por la seriedad. Intento abrirme paso entre las densas cortinas de obligaciones de la vida adulta y paternal que nos separan, tanto las reales como las únicamente percibidas, pero no lo consigo. Aunque Marisa se desvive por mí y por nuestra hija, aunque se preocupa por ayudarme, servirme, ser digna de mi estima en todos y cada uno de los instantes que integran el día, mis bromas ya no hacen gracia, mis intentos de seducción son mayormente ignorados. Me ahogo en el amor de nuestro matrimonio y, cuánto más ímpetu pongo en nadar para mantenerme y mantenernos a flote, más me hundo, más nos hundimos.

-Hola, Juan, ¿cómo estás? Últimamente me he acordado de ti y pensé que estaría bien quedar. No sé, hacer un café o quear para comer, y ponernos al día… ¿te apetece?

Así, de repente fue como Luz reaparece en mi vida a media cerveza. Mi antigua amante me llama y me propone hacer un café “si me apetece”, como quien no quiere la cosa.

Bueno, como tantas cosas en la vida, “apetecerme” no es la cuestión. Me apetece verla como me apetece la tercera copa de vino después de la segunda, o como me apetece otro trozo de tarta después del que ya me hizo sentir lleno, o como me apetecía salir con los amigos hasta tarde en vez de madrugar para estudiar. Apetecer y convenir son conceptos que no siempre van de la mano.

La vida es a menudo una mierda. Evidentemente, acepto. Tampoco hay nada malo en ir a comer, ¿verdad?

CAPÍTULO 2:

Mi hija de 3 años ya duerme. Marisa empieza a cerrar los ojos a mi lado. Ver una serie cuando la niña mientras tomamos una copita de vino se ha convertido en nuestra rutina, nuestro momento, pero ella siempre es víctima del sueño antes que yo. No me importa, al contrario. Ese ratito de soledad vespertina es mi oasis, el espacio donde puedo saciar mi frustración por el día, a veces con una copita más, a veces con una partidita a la consola (que en el caso de un hombre adulto, un abogado cansado de mantenerse fuerte, constante, ecuánime y en control durante todo el día, tiene un efecto calmante al que no puedo renunciar), y muy a menudo masturbándome al ritmo de alguna fantasía que no intentaré cumplir. Por mi mente han pasado la vecina, las primas de mi mujer, la señu de la guardería, la mujer de la limpieza, alguna secretaria de la oficina e incluso alguna compañera o clienta, pero ninguna de ellas lo sospecharía siquiera. Mi mente es mi templo, pero mi comportamiento es siempre impecable.

Hoy rescato alguna foto que tengo guardada de Luz, de cinco años atrás. Las fotos en ropa interior que me envió en su día las eliminé, que pena, pero conservo las fotos de perfil que se ha ido poniendo a lo largo del tiempo donde aparece especialmente guapa, así como un par que me envió durante nuestro breve romance, vestida pero vestida para matar. Me fijo especialmente en mi preferida: una selfie ante un espejo donde me lanza un beso con su mano libre, ataviada con una falda cortísima y una bonita blusa un pelín transparente. En la foto, Luz está reclinada hacia adelante y, si hago zoom, puedo atisbar por entre el hueco de su escote la forma redondeada de sus pechos y el borde de un sujetador de encaje. Por culpa de esa posición, su cadera y su cintura se marcan perfectamente, estableciendo una línea continuidad de sinuosidad imposible.

Amplío la imagen y la observo de arriba abajo mientras me acaricio por encima del pantalón. Me detengo en sus labios, que me imagino volviendo a devorar. Cuando llego al ya descrito escote mi mano se introduce ya dentro de mis bóxer, agarro mi polla y empiezo a sacudirla fuerte. Sigo bajando. Su cintura y plano vientre que tanto me gustaba agarrar mientras me montaba no se aprecian bien, pero la curva de sus glúteos se manifiesta esplendorosa. Me imagino detrás suyo en esa misma foto. Me imagino tomándola por la cadera, subiendo su falda, liberando mi pene mientras me dirige el provocador beso de la fotografía a través del espejo. Me masturbo con furia visualizando como le aparto su bonita braga para penetrarla. Humedezco mi mano para simular la sensación de estar dentro suyo y sigo subiendo y bajando por encima de mi tronco una y otra vez, tal como si entrara y saliera de su vagina. Entro y salgo, entro y salgo, entro y salgo, entro y salgo… hasta que entro y ya no salgo más. Me corro encima de mi mano como en su día me corría dentro de ella. Uff, ¡que sensación de alivio! El placer por mi reciente orgasmo se confunde con el recuerdo del que sentí durante el polvo que acabo de rememorar, el primero de los tres que nos regalamos la tercer y última vez juntos. Respiro profundamente, me calmo.

Mientras me lavo las manos mi teléfono vibra. Es ella.

L: Qué ganas de verte el jueves.

Medito qué y cómo responder. Me gustaría seguirle el juego y decir “Yo también me muero de ganas”, pero aún no estoy seguro de querer volver a las andadas. Verla en secreto ya es una pequeña travesura, quizás no hace falta ir más allá. Me decanto por una respuesta más neutra:

J: Sí, yo también. ¡El jueves nos ponemos al día! ¡Qué bien!

Quizás mi respuesta haya sido sosa o decepcionante, porque ya no responde, y eso, a su vez, me decepciona a mi.

A la mañana siguiente mi calentura está otra vez en niveles altos. A media mañana la impaciencia me gaya y soy yo quien le escribe:

J: Te dejo que elijas donde vamos. Escoge un sitio tranquilo donde estemos a gusto.

Su respuesta me llega al mediodía, un par de horas más tarde:

Y: Ya lo tengo pensado, no te preocupes. Es un sitio donde se come de lo que quieras y muy relajado, con poca gente. ¿Suena bien?

J: Perfecto. Es justo lo que tenía en mente.

Y: Great minds think alike 😉

CAPÍTULO 3

Por la tarde, cuando salgo del despacho, el frío siberiano persiste. Una vez más, no tengo ningunas ganas de ir a casa. Paseo por el parque central de la ciudad, dejando vagar mi mente por el recuerdo del pasado.

Mi conciencia es ocupada por la imagen de Luz desnuda, cabalgándome en su propia cama matrimonial. A veces me cuesta creer que yo me dejara convencer de ir a su casa sabiendo que acabaríamos en la cama, en su cama. Fue nuestra primera vez y casi la última, porque hacerlo donde su propio marido dormiría pocas horas más tarde me removió por dentro.

Por más que le doy vueltas no soy capaz de entender por qué estamos otra vez jugando al gato y al ratón. En realidad, Marisa es más mi tipo que Luz, de eso no hay duda. Si mi mujer no fuera mi mujer, si por la calle me cruzara una desconocida con su mismo cuerpo, con su figura más generosa, sus pechos llenos y aún tersos a pesar de sus 45 años, me atraería mucho más que Luz. ¿Qué coño me ocurre? Bien es cierto, no obstante, que Luz, teniendo un tipo muy diferente, también me excita. En la vida nada es o blanco o negro. Luz y su cintura fina, Luz y su culito un poquito pasado de peso, perfectamente redondo. Luz y sus tetitas medianas, un poco caídas pero con un pezoncito mágicamente pequeño y redondito, como botones que un niño no puede resistirse a pulsar. El recuerdo me vuelve loco. Mis manos, embutidas en gruesos guantes y dentro de los bolsillos, empiezan a acariciar mi sexo otra vez. Luz y su mirada de pantera, Luz y sus ojazos azules, Luz y su peinado deshecho de tanto botar sobre mi. Solo en este helado parque, me froto cada vez más fuerte por encima de las mil capas de ropa. Luz y su gusto por la ropa interior erótica. Luz y su elegancia, Luz y su sensual manera de flirtear conmigo. Desenfundo una mano para volver a repasar sus fotografías y descubro que tengo otro mensaje.

L: Nos vemos en tan solo dos días... No te pongas reuniones por la tarde, por si la conversación se alarga 😉

J: Seguro que se alargará. Ya he reorganizado mi agenda por si acaso. Pórtate bien y hazlo tú también, ¿eh?

Me voy para casa caliente y frío a la vez. Helado por fuera a causa del tiempo, caliente por dentro a causa de mi calentura.

CAPÍTULO 4

Cuando llego a casa mi mujer está sola. Hoy los abuelos pasaban la tarde con la niña. Me encuentro a Marisa en la habitación sacándose el jersey justo cuando cruzo la puerta. Su imagen en sujetador, con sus grandes pechos rellenando toda la tela y pidiendo aún más, me acelera el pulso una vez más y me hace sentir mal. No sé por qué fantaseo tanto si en casa tengo un bombón de mi gusto favorito. Decido hacer que éste sea nuestro momento.

Ella aún no me ha visto. Ahora se desabrocha el pantalón, se lo baja y se dispone a quitárselo. Sus bragas no tienen nada de sexy, pero su figura me excita. Me acerco por detrás sigilosamente, la tomo de la cintura y empiezo a besarle el cuello. Marisa se sorprende y se ríe, pero me deja hacer. Acaricio sus fabulosas tetas, lamo su oreja. La presiono contra mi cuerpo, sin duda tiene que sentir mi polla bien dura.

-Ay, Juan, ¿¿qué te pasa hoy?? Mi maridito ha llegado juguetón esta noche…

-Te vi quitarte el jersey nada más llegar y… mmm, tu cuerpo, me excita… Vamos a jugar un ratito, princesa.

-Amor, me encanta, pero para, para… ¡que mis padres deben estar al caer con la niña!

-No pasa nada, tenemos tiempo. Al menos tardarán 15 minutos… Voy a darte 15 minutos de gloria, que te los mereces…- Mis dedos se cuelan por dentro de sus bragas y empiezan a acariciar sus labios. Marisa gime, pero aún se resiste.

-Vamos, Juan, seamos adultos… Oh, oh… -protesta, pero el placer que siente es tentador-…amor, venga…, para ya…. mmmm…. madre mía. ¡¡Uf!!

La tumbo sobre la cama, deslizo sus bragas por sus piernas en un segundo, y me tumbo encima suyo.

-Ah, ah, amor, qué haces… vamos, déjame… ufff…

-No te gusta, ¿amor?

-Sí, síí… uff, ya sabes que sí… pero… no tenemos tiempo…

La ignoro y de un salto me pongo a comerle el chochito. Me gusta el sabor de mi mujer, adoro comérselo bien comido.

-Aaaaah, ufff…. Vamos Juan, para ya. Que no me he duchado desde anoche, no me hagas eso, me da vergüenza…

Joder, estoy muy caliente, pero me cuesta creer lo que escucho. Llevamos 10 años follando y de repente le asalta un pudor higiénico. Decido pasar de todo y seguir lamiendo.

-¡Juan!, ufff, como me pones. ¡Métemela, métemela ya!

Me habría gustado seguir, pero decido obedecerla. Me sorprende que le dé tanto reparo, pero por otro lado es cierto que la niña llegará pronto con los abuelos así que esta vez le hago caso, vuelvo a subir y la penetro hasta el fondo. Ella me agarra de los glúteos, me ayuda a metérsela entera. Pronto me pide que me corra. Aunque jadea y disfruta, a penas colabora. No percibo ganas por su lado, no es un gran polvo, así que acelero y acelero, buscando darme mi propio premio. Como tengo la vasectomía hecha, no hay que pensar en peligros. Me corro dentro dejándome ir.

La beso dulcemente, mientras recuperamos el aliento, contento de haberle hecho el amor a mi mujer. No ha sido un polvazo pero las circunstancias no eran las ideales tampoco, al fin y al cabo. Estoy satisfecho de haber orientado mi calentura hacia ella, incluso orgulloso. Creo que he dejado pasar el demonio de la infidelidad. Quizás éste sea el camino, encontrar y aprovechar los pequeños espacios con Marisa, ser espontáneos, recuperar la ilusión de que cualquier momento puede ser especial, incluso si es breve. Me incorporo para mirarla con amor, y me sorprende ver su rostro: parece estar echando humo. No lo entiendo, ¿quizás no estoy viendo bien su cara?

-Te quiero, Marisa. -le susurro.

-Joder, Juan, tenías que correrte dentro, ¿no? Ahora qué, tengo 4 minutos para ducharme otra vez, y limpiarme bien antes de que lleguen. Ya te vale, hombre, ya te vale.

-¿Cómo? – Mientras recoge la ropa desperdigada y el chándal que se va a poner encima, sigue con su sorprendente diatriba:

-No podías esperar al fin de semana, no, ni siquiera a que la niña se duerma esta noche. El semental llegaba caliente y tenía que descargar por encima de todo, no podía portarse como un hombre responsable, el animal tenía que salir primero. -Ya se dirige al baño cuando aún suelta: - Joder, de verdad, ya te vale.

Con la moral por los suelos, yo me arreglo rápidamente y me lavo las manos para hacer justamente lo que me pide: recibir como un adulto a la familia a pesar de no tener ánimos para ello.

CAPÍTULO 5

He dormido fatal. Cuando los abuelos se fueron anoche y después de poner la niña a dormir, a Marisa ya se le había pasado el cabreo y no quiso hablar más del tema, pero a mi la mala sangre no se me va. Me he sentido casi humillado. Siento como Marisa me dirige la silente acusación de ser alguna cosa perversa y fea por el mero hecho de querer hacer el amor con ella. Luz me escribió casi a medianoche, pero no tenía el cuerpo para tonterías y no respondí.

A media mañana, insiste:

L: ¿Todo bien, Juan? - Me pilla en un receso entra un cliente y otro así que respondo al instante

J: Todo bien, Luz. Ayer la niña un poco rebelde para ir a dormir, pero nada que no tuviera arreglo. Ya sabes de qué va. -Luz, cuyas criaturas tienen ya 10 y 12 años, también responde enseguida:

L: Hahahaha, vaya si lo sé. Nada, hombre, unos añitos de paciencia y ese tema solucionado. Otros, no tanto, haha.

J: ¿Qué quieres decir?

L: Nada, que hay cosas que conforme crecen cambian y se arreglan solas, y otras que… no tanto, haha. Ya lo verás ya… o intuyo que quizás ya lo vas viendo.

J: Quizás sí, quizás sí, tienes razón… En fin, tengo que dejarte, tengo un cliente importante ahora.

L: Vale, big boss. Hablamos luego. Ya recuerdo que si tienes tanto éxito no es por casualidad… Pero mañana recuerda que me guardas un poquito de tu atención, ¿eh?

J: Claro, Luz. – Iba a dejarlo aquí, pero finalmente añado: - Me muero de ganas.

L: Yo también, guapo. Hasta luego.

El día pasa sin que piense mucho en mis problemas. El trabajo es, a menudo, el mejor bálsamo. El problema es que tarde o temprano llega el momento de dar por acabado el día y volver a tu vida normal, claro. En casa hoy la situación fluye con normalidad, lo que significa sin conflictos, pero sin mucha alegría, un día más. Por más que pretendamos, aún no está todo en su sitio después del rifirrafe de ayer. Ni Marisa tiene muchas ganas de hablar conmigo ni yo con ella. Mientras la niña está despierta nos sirve de pantalla, pero tan pronto como se duerme, nosotros nos ponemos la serie como de costumbre sin apenas conversar, y a los 10 minutos Marisa declara que ya se va a la cama. Sinceramente, casi mejor, así nos ahorramos esta estúpida tensión.

Solo en el salón, me hecho una partida al GTA para quemar estrés hasta que mi móvil vibra con un mensaje de Luz.

L: ¿Como va la noche? ¿Hoy la peque lo puso más fácil? Yo ya estoy libre para hoy y gozando de mi libertad con un bueno copazo de vino – Me adjunta una foto en la que aparece ella de hombros para arriba, por lo que puedo ver aún vestida de oficina, guiñándome un ojo tras una copa de vino que parece inmensa en primer plano.

J: Same here. Libre para el resto del día. Más bien de la noche, en realidad.

L: ¿Y libre mañana al mediodía, verdad?

J: Yep, todo tuyo. A las 13:00 estaré en el restaurante y hasta las 18:00 no tengo nada.

L: Oooohh, ¿pero tienes algo a las 18:00? Qué lástima…

J: Hahahaha. Sí, pero oye, eso son 5 horas para una comida, haha.

L: Hahahaha. No, pero luego de comer quizás podemos ir a tomar algo, no sé…Ya sabes, hay que dejarse llevar por la vida, haha.

J: Ok, eso lo compro. De 13:00 a 18:00 soy todo tuyo. Hay que fluir, y mañana fluimos juntos un buen rato.

L: Me gusta como suena eso.

J: A mi también. Mañana nos ponemos al día. Buenas noches, Luz.

L: Buenas noches, guapo. – Adjunta, me manda una selfie mandándome un beso.

CAPÍTULO 6

Nos ponemos al día sin muchos tapujos. Su matrimonio sigue igual de bien o de mal, según se mire. Los niños, creciendo y la fuente de su alegría. En lo laboral, nueva oficina, misma historia de siempre. Por mi parte, aún con la novedad de mi matrimonio y mi hija, más de lo mismo. Pero, aunque nos cueste encontrar el camino hasta el objetivo, no era para hablar de esas cosas por las que ni yo ni ella teníamos ganas de volver a vernos. Después de la primera copa ha caído la segunda, y después de la segunda, la tercera. Quizás eso ayude a explicar que de repente se me escape un poco consciente:

-Estás realmente muy guapa, Luz. Parece que era ayer el último día que nos vimos. Se te ve igual de joven o más.

-Será porque me arreglo mucho, haha. Yo me veo mayor…

-Eso habría que comprobarlo con un examen más exhaustivo. La inspección inicial la pasas sin problema y con nota, ya te lo digo yo.

-Jolines, me vas a hacer sonrojar. Bueno, bueno, te lo agradezco. A ti se te ve muy bien también, la verdad.

Mentira. Llevo encima 10 kg más que hace cinco años y mi frente le gana terreno a mi cabello de manera inexorable cada año, pero da igual. Me lo dice mientras me mira con ojos de deseo, y yo me dejo engatusar. Quizás porque esta conversación es lo más excitante que me ha pasado en años. Aunque sería sensato ponerle stop, puede más mi necesidad de jugar. Juguemos solamente un poquitín más, venga…

-Hahaha, gracias mujer, ojalá fuera así. Pero el Juan de hoy no es exactamente como el que conociste hace cinco años.

-Eso habría que verlo, seguro que para lo que importa solo has mejorado, haha. Además, el anterior me gustaba, así que creo que… creo que me gustaría conocer mejor a este nuevo Juan. Hola, nuevo-Juan, mi nombre es Luz García, un placer conocerte.

-Un placer, señorita. Juan De los Olmos, para servirla.

-Hahaha, ¡ya me gustaría volver a ser señorita! ¡Anda que no lo pasaría bien!

-No insinuará, señorita, que no se lo pasa usted bien, ¿verdad? Eso sería una auténtica lástima. No me cabe duda de que usted sabe pasarlo tan bien como nadie.

-Y tú lo sabes mejor que nadie, bandido.

Blusa de seda azul marino, falda blanca bien ceñida. Chaqueta de traje a juego, aunque hace rato plegada a su lado, mostrándome, posiblemente con un botón desabrochado de más, como el fino tejido de su blusa juega con su cuerpo. Curvas suaves, pero bien resaltadas. Medias negras recubriendo estas largas piernas que, sentada de lado en su lado de la mesa, me permite ver mucho más de lo que sería necesario. Zapatos de tacón para exagerar su contoneo al andar. No hay nada que me ponga tanto como una mujer elegante, y Luz lo sabe mejor que nadie. Lo supo hace cinco años cuando nos liamos durante unos meses al conocerlos en el despacho, y a juzgar por su elección para nuestra comida, parece que lo sigue recordando hoy.

Mi esposa también lo sabe, claro está, pero aun así nunca juega a mi juego, o yo no sé entender el suyo, o ambos juntos jugamos dos partidos del solitario en paralelo, no lo sé, pero ni el uniforme de enfermera durante la semana ni la ropa de running los findes ayudan en nada. Como tampoco lo hace su actitud de mujer mayor. Como si el tiempo, la rutina, y la niña no lo pusieran difícil. ¡Coño, solo quiero un rincón de pasión! Estoy caliente, muy caliente, llevo tiempo caliente. Me imagino lo que es volver a seducir y ser seducido, me masturbo en secreto tres o cuatro veces cada semana. Su pasividad me enfurece a menudo, porque yo sí quisiera seguir seduciendo a mi mujer, pero no se deja, y yo no sé dónde guardarme las ganas de volver a desabotonar una camisa, de dibujar con un dedo el contorno del sujetador, de pelearme para desabrochar unos tejanos ceñidos con mis dientes, de acariciar sin prisa un cuerpo de hembra encendida, de quedarme extasiado al verla en ropa interior, incluso de empezar a follarla en ropa interior. En fin…

CAPÍTULO 7

-Cuéntame, pues, ¿qué tal en tu nuevo trabajo? Trabajar en el Edificio Rorschach debe ser increíble, ¿no?

-Bueno, ya sabes, Juan, es lo de siempre. Las apariencias son una cosa y la realidad es otra. Las vistas son geniales, es verdad, todo el mundo me lo dice en cuando se enteran de que trabajo para el bufete Garcilaso&Comillas, y todo lo que la gente espera en cuanto a glamour es totalmente verdad. Pero la realidad es que nos falta espacio. Apenas hay sitio para almacenar toda la documentación, los espacios están sobreexplotados. Hay un baño minúsculo para cada planta… -lo intuyo, ahora es cuando va a aprovechar para lanzar su ataque – En esos lavabos sería mucho más difícil hacer lo que hicimos nosotros, haha.

Suelta una risa de niña buena, de niña traviesa, baja el rostro y me mira de soslayo tímidamente. Está arrebatadora. Tengo que mantenerme firme y portarme bien. Serenidad, Juan.

-Hahaha, ya… algunas cosillas quizás no se podrían no… Aunque mucho se puede hacer con poco, eso también lo descubrimos…

-Hahahaha, por metros sí, pero imagina como me meto en el baño contigo con gente haciendo cola. Oye, que ganas tendría las mismas eh, pero me gusta más hacerlo discretamente, haha. ¿Cómo está la situación en tu oficina?

Parece que me tantea, ¿o solo me lo parece? Vigila, Juan.

-Bueno, en mi oficina igual sería más discreto, pero no más secreto. No hay cola, solo una cámara de seguridad apuntado directamente a la entrada de los baños. Así en directo igual nadie te escucha, pero el de seguridad fliparía un rato, haha. ¡Igual al día siguiente lo sabría todo el mundo! En todo caso, mejor ir a un sitio donde nadie te conoce.

- ¿Como un restaurante con baños amplios y poco concurridos, por ejemplo?

-Por ejemplo… -El restaurante donde estamos, huelga decirlo, cumple con estos parámetros. - De todos modos, Luz, con la experiencia se aprende de todo. También a ser más discreto.

-Un momento, un momento: o sea, ¿me estás diciendo que has tenido mucha más experiencia liándote con compañeras después de hacerlo conmigo? Vaya con el Don Juan…

-Hahaha no. La verdad es que ninguna. Cero. Ni lo he intentado. Pero sí he pensado mucho en lo que hacíamos tu y yo. Joder, que riesgos tomamos… No sé cómo no nos pilló nadie…

Estuvimos cerca, muy cerca de que mi entonces novia nos pillara. Así fue como decidí cortar por lo sano antes de que fuera a más. Y a pesar de que mi decisión unilateral le rompió el corazón a Luz, que fantaseaba con llegar más lejos que yo, a pesar de las muchas discusiones, lágrimas y desencuentros que siguieron, a pesar de que la única manera fuera cambiar de trabajo y cortar comunicaciones por entero, aquí estamos hoy, cinco años después.

-Uff, ya ves… era superior a nosotros… Era algo muy muy fuerte. ¿Sabes?, a veces aún pienso en ello y me acuerdo de algunas cosillas…

-Yo también, Luz… para no acordarse. Fueron algunos de los momentos más sensuales de la historia.

- Haha, ¡brindemos por eso! -Levanta su copa y me ofrece un brindis que gustosamente acepto antes de proseguir: - ¿Qué es lo que más recuerdas?

-Buf, muchas cosas…

-Dime una, una especial…

-Mujer, no sabría qué escoger… todo lo nuestro fue muy fuerte, desde el principio al final. Una auténtica locura.

-Va, dime tú una y yo te digo otra…

No sé si es biológicamente posible hablar de sexo con tu examante sin excitarte. En mi caso particular es evidente que no es posible. Me muero de ganas de llevármela al baño, arrancarle esa finita blusa y amasar sus tetas. De hacerla apoyar contra la pica, sacar su culazo en pompa, y follarla por detrás.

Ahora ya me resulta obvio que, de hecho, ella también. Cada vez que intento cerrar este paseo por el recuerdo y devolver la conversación hacia cauces eróticamente neutros, ella encuentra la manera de mantenernos ahí un rato más, hablando de cómo nos liamos por primera vez en el coche regresando de una reunión, de cómo luego nos enrollábamos cada vez que podíamos en los baños de la oficina, como si fuéramos adolescentes. O cómo luego conseguimos quedar para follar tres veces. O de lo que más le gustaba o lo que más me gustaba. O de lo que más recuerda o lo que más recuerdo. Joder, yo lo recuerdo todo, incluso lo rememoro una vez a la semana mínimo, pero esa no es la cuestión.

Lo noto también por cómo me mira. Sus poses, de lo más estudiadas, me ponen en un continuo aprieto. Deja su mano demasiado cerca de la mía. Se arregla el escote en la frontera entre lo correcto y lo incorrecto. Cambia parsimoniosamente la pierna que cruza sobre la otra. Y yo, que me muero de ganas, al mismo tiempo me siento prisionero de mi propia moral y no se me ocurre cómo hacerlo.

Luz insiste en una copa de vino más, que como ya dije, suele ser mala idea, pero apetece tanto o más que las primeras. Acepto y nos la pimplamos mientras seguimos coqueteando con la locura.

-Luz, bonita, voy a ir al baño. Necesito… ¿Cómo lo dirías tu?

- ¿Mear? Hahaha…

-Sí, eso también, pero más bien… Ehem, necesito echarme agua en la cara… Ya sabes, tanto vino… En fin, voy a ir al baño. Tú estarás aquí, y yo estaré en el baño... ¿Vigilas mi abrigo, por favor? -Le guiño un ojo, no sé muy bien con qué significado, pero le guiño un ojo y me voy para el lavabo. Espero que entienda mi estúpida y desesperante torpeza. No sé cómo dar un paso más claro, no sé cómo hacer patente que quiero lo prohibido, aunque no debiera, que quiero volver a gozarla, aunque diga lo contrario… En fin, ojalá lo entienda y sepa tomar la iniciativa ella. Yo estoy borracho, caliente y hecho un lío.

-Por supuesto. No tengas prisa, guapo. – Me devuelve el guiño mientras me voy.

CAPÍTULO 8

Para llegar al baño hay que doblar una esquina y bajar unas escaleras más bien oscuras. Hay un rellano ancho iluminado tenuemente y cuatro espaciosos cubículos unisex, cuyas divisorias son tabiques macizos, sin aperturas. Es sin duda un buen para dejarse llevar por la llamada del pecado, si se tercia.

Hago mis necesidades rápidamente y me lavo las manos y la cara. Luz no ha venido. Mejor, seguro, pero admito que me siento decepcionado. El corazón me late a mil por hora, y total para nada. Nada ha ocurrido ni nada va a pasar, parece. Bueno, de hecho, mejor. Mi mujer no se merecería que la engañe. Es solo que…

-Hola, guapo. – Se ha abierto la puerta del vestíbulo del baño y Luz ha aparecido en el umbral. Deposita su abrigo y el mío en una banqueta y con su tez arrebolada me hecha una ojeada

-Hola, Luz.

- ¿Me haces un huequecito, hay espacio para mí, por aquí abajo?

-No hay nadie más por aquí, Luz. Estamos solos aquí abajo, solo tú y yo. – Me acerco a ella un par de pasos, aunque sin atreverme a levantar la mirada del suelo, lo cual por otro lado me permite disfrutar de sus piernas. Ella se aclara la garganta antes de responder.

-Que bien, mejor así.

-Perdona, que maleducado… supongo que querrías ir al baño y yo aquí en medio. Si acaso te dejo sola y te espero arriba.

-No, tranquilo… solo quería lavarme las manos. ¿Puedo? No hace falta que te vayas, quédate conmigo. Además, ya he pagado. Hoy invito yo, guapo. – Me planta un beso en la mejilla, apoyando una mano en mi desde su considerablemente inferior estatura, y pasa a mi lado para llegar al lavamanos, dejando que la que se apoyó en mi pecho se recree un par de segundos en descender sin prisa.

La retengo, tirando suavemente de su remolona mano antes de que rompa el contacto. Por inercia se gira y quedamos uno en frente del otro. Doy un paso más hacia ella.

-Oh, ¿me invitas tú? Gracias bonita, pero déjame que te compense, entonces…

-Mmmm… No me negaría… ¿qué tienes en mente?

-Esto. - Acaricio su cara suavemente con mi mano libre. – Y esto. – deposito mis labios sobre su mejilla, y sin apartarlos más que unos centímetros, aún añado: -Y mucho más.

-Aha… ¿Qué más? Dame un ejemplo...

Muy lentamente, recorro con mis dedos el camino desde su mejilla hasta sus labios. Repaso el borde de su carnosa boca con mis yemas. Luz los entreabre y me mira en éxtasis. Tan lentamente como puedo, desciendo mi cabeza hasta plantarle un beso lascivamente provocador.

Ahora ya no hablamos. Sus labios me han entendido y juegan con los míos. Nos rozamos mutuamente, empezamos un beso que no acabamos de concretar. Nos tomamos mutuamente de la cintura, nos empezamos a sentir de un modo más cercano. Nuestras caras siguen jugando a rozarse y buscarse mientras nuestras manos, como partículas cargándose de energía, cogen cada vez más velocidad moviéndose sobre nuestras respectivas espaldas y cintura. Ella gime cuando percibe el calibre del cañón que la espera entre nuestros dos cuerpos, y con una mano intenta con poco éxito acercarse a él.

Yo ya no puedo más. Le doy la vuelta, me abrazo a ella desde atrás. Mi pene en estado de éxtasis se mete entre sus cachetes, mis manos agarran se agarran con fuerza a sus tetas y mi boca, ahora sí, devora su cuello. Tras un gemido apagado, Luz intenta girar el cuello y buscarme con su boca y, por fin, nos damos un morreo salvaje.

Cogemos nuestras cosas y entramos en uno de los cubículos. Aquí es donde va a pasar todo, y ambos lo sabemos. La dejo apoyarse contra la puerta mientras me acaricia, mientras la acaricio, mientras dejamos que la anticipación de lo que viene nos lleva al éxtasis. Dibujo la forma de sus pechitos con mis manos mientras ella hace lo propio en mi entrepierna. Resigo su silueta, juego con el borde de su falda. Luz juega con mi corbata, tirando de mi de vez en cuando para que vuelva a besarla. Es tan pequeñita… Sus 1’55 de altura me hacen parecer un gigante.

-Juan, fóllame entera, no sabes qué ganas tengo.

-Sí lo sé, nena, porque yo también las tengo. No sabes cuantas veces me he masturbado pensando en volver a tenerte para mi…

-Oh, ¿de verdad? ¿Por qué no me dijiste nada?, yo también lo imaginaba sin parar…

-Voy a follarte hoy y voy a follarte muchas más veces, ¿de acuerdo, pequeña?

- ¡Sí!, ¡Sí!, ¡Sí!, las que quieras, Juan, soy toda para ti…

- A ver, demuéstramelo, Lucita…

Luz se desabrocha la blusa, dejando a la vista el sujetador de encaje más sexy que he visto nunca. Morado, como moradas voy a dejar sus tetas de tanto sorberlas, estilo balconette para resaltar sus pechitos de tamaño medio-pequeño.

- Toma mis tetas, Juan, sé que te mueres de ganas de comerlas y yo de que lo hagas… -Luz me hace sentar en el retrete, ella misma toma entre sus manos su pecho derecho y me lo coloca entre mi labios, que no dudan en empezar a lamer la superficie al aire libre, así como a morder su pezoncito por encima de su precioso bra. Con mis manos empiezo a sobar su culo. Pronto encuentro el camino para enrollar su falda hacia arriba y sobar sus cachetes directamente.

El culo de Luz merece un tratamiento a parte. Jamás ha habido una parte de la anatomía de ninguna mujer que me haya puesto tan caliente. En realidad no es un culo escultural, de hecho lo tiene incluso gordito, un poco demasiado grande en proporción al resto de su figura, pero justamente por su generosidad, por su geométrica redondez, y sobre todo por la manera cómo lo menea con sus eternos zapatos de tacón, desde el primer día su trasero me ha obnubilado. He soñado con follarla por detrás, cosa que hice ya en el pasado, y he soñado con follárselo directamente. Quizás pronto lo consiga. De momento, hoy, voy a lo que voy: sigo amasando sus nalgas, al descubierto por un diminuto tanga a juego -como no- de su sujetador, a la vez que presiono su cuerpo contra mi boca para seguir devorando sus tetas. Ella me acaricia la cabeza y me pide más y más.

Me levanto presa de la impaciencia. Tomo su mano, que ya antes palpó mi mástil, y la guío para desabrochar mi pantalón entre los dos. Mi pantalón, con la suave tela del traje, cae al suelo. Luz encuentra la entrada al interior de mis apretados bóxers, a reventar debido a mi excitación, y empieza a manosear mi polla. Lo hace de un modo único, solo ella me lo ha hecho así. Aprieta y deja de apretar intermitentemente, como si las prisas le pudieran. Sube y baja, sube y baja, aprieta y suelta.

-Dios, Luz, qué ganas de volver a sentir como coges mi polla… eres única, bonita, juega con ella… sí, sigue así, bonita mía…

Luz está tan caliente como yo. La parte delantera de su tanga muestra la mancha de humedad que me esperaba. Cuando meto la mano dentro y siento que lleva el sexo totalmente depilado, como hace cinco años, percibo como mi excitación alcanza un nivel más. La dedeo mientras la aprieto contra mi torso. Como puede, me afloja la corbata y desabrocha mi camisa. La americana me la saco yo mismo y la deposito con un poco de cuidado junto a los abrigos. De repente se me ocurre que tarde o temprano tendré que volver a casa con esta misma camisa, así que me la quito del todo también, para no sudarla tanto, mientras Luz hace lo propio con su blusa. Ya estamos ambos en ropa interior y nada más, cuando ella me pide entre besos lascivos:

-Siéntate, Juan, ha llegado el momento que tanto he esperado. Voy a ponerme tu polla en mi boquita, te la voy a chupar y lamer y babear entera, te la voy a preparar para que luego la metas en otro agujerito… Siéntate, amor.

-Claro, princesa. Ven aquí, tómala entera. – Me siento en el retrete y me bajo los calzoncillos hasta el suelo. Mi empalme me impresiona incluso a mi mismo, no exagero. Está dura, gorda, enorme. Y enseguida, está dentro de la boca de Luz, que la deglute desenfrenada.

Escucho a alguien entrar en el retrete de al lado, pero me da igual. En nuestro cubículo, estamos solos y seguros. Nadie nos puede ver. Nadie puede ver como deslizo los tirantes del sujetador de Luz para liberar sus tetitas mientras ella sigue comiéndome el sexo, totalmente entregada. Nadie ve como pellizco sus pezones mientras ahora ella me lame el tronco y me acaricia los huevos. Quizás el vecino la escuche gemir cuando vuelvo a pellizcar sus pezones incluso más fuerte, pero me da igual.

Su mamada me está encantando, pero quiero más. Otro día, con más tiempo, la dejaré que se entretenga con mi falo horas enteras, si quiere, pero ahora ya ha llegado el momento de follarla.

-Luz, ya no puedo más. Ha llegado el momento de follarte. Ven, levántate, bonita.

-Si, amor, fóllame. Métemela toda. He traído condones, ahora te doy uno, déjame que lo co…

-¡No! Quiero sentirte bien, quiero sentirte entera. Te voy a follar así, al natural. ¡Gírate!

Tomando su delicado y pequeño cuerpo de la cintura, fácilmente la hago girar. Apoyando mi mano entre sus omoplatos y presionando, la hago doblar y exponer su culo. El hilo de su tanga apenas es obstáculo, lo aparto lo suficiente y ya está.

-Juan, amor, ¡qué locura! ¿Me vas a follar sin condón ni nada? – ella no se ha resistido ni puesto ninguna pega, pero mientras froto mi glande sobre la entrada de su cueva, se hace la sensata.

-Si, princesa, así es – sus labios vaginales, por cierto, no podrían estar más húmedos. - ¿No te gustaría sentirme de verdad?

-Sí, sí, ¡¡me encantaría!!, pero… joder… No sé si…

- ¡Disfruta, amor! -Se la he ensartado ya. Y sin mucho esfuerzo, ha entrado entera, gracias a su humedad. Podría tranquilizarla contándole que me hice la vasectomía hace 2 años y no hay riesgo alguno, pero me da morbo que no lo sepa. Luz se deja follar por mi polla desnuda creyendo que es una locura y que se puede quedar embarazada, y eso es excitante porque demuestra su grado de entrega.

Me follo a Luz por detrás un buen rato. En el reducido espacio del baño donde estamos, tenemos ambos muchos puntos de apoyo. Primero sobre la puerta, luego sobre la cisterna, Luego contra la pared levantado una de sus piernas por encima del retrete, ambos nos deleitamos sin mesura. Para mi es especialmente fabuloso disfrutar del culazo de Luz ante mis ojos. Mientras la penetro vaginalmente ya puedo imaginar el día en que, con más espacio y calma, con las mismas vistas me deje ensartarla por el ojete, algo que jamás me atrajo hasta que cinco años atrás empecé a fantasear con su culazo de ejecutiva.

Pero también han sido cinco años de fantasear con sus ojos mirándome sensuales en pleno delirio, así que finalmente la giro, me siento de nuevo en el retrete, y la invito a colocarse con una pierna a cada lado. Luz no se hace de rogar y ella misma busca tener de nuevo mi sexo en su interior. Mi pene sigue tan desproporcionadamente inflamado que apunta en perfecta vertical hacia el cielo. Luz juega con mi glande rozando sus labios, y ambos nos sonreímos mientras nos miramos embelesados. Esto que está ocurriendo no debería ocurrir, y sin embargo, cuántas ganas acumulábamos los dos.

-Siéntate, princesa, clávatela…

-Ahora, amor… mmmm… como me gusta sentirla. Ahora me la voy a volver a meter…. ¿quieres?

-Si, Lucita, por favor…

Luz flexiona sus piernas y permite que mi polla vuelva a abrir sus paredes vaginales y abrirse paso hasta su cérvix. Mi rubia amazona empieza a subir y bajar y yo acompaño su movimiento mientras nuestros ojos se miran y se cuentan cuánto echaron de menos el cuerpo del otro. Cuando empieza a coger ritmo, las tetas de Luz empiezan a bambolearse frente a mi. No son las más espectaculares del mundo. Parecen un tanto huecas, de hecho son mayores de lo que parecen cuando está vestida, pero tiene los pezones más curiosos que vi en mi vida, pequeños, adorablemente redondos cuando está caliente y muy muy claritos, y me atraen como un polo magnético. Mientras Luz me cabalga, no dejo de sorberlos y morderlos alternativamente, mientras de la teta libre se ocupan mis manos. Luz es una excelente jinete, y sabe parar justo en el momento adecuado. Así, alargamos el placer, ahora más sosegado, entre besos y más besos. Qué bien besa esta mujer, Dios mío.

Hemos estado dale que te pego unos buenos 20 minutos de penetración, pero ahora ya no puedo aguantar más. Se lo advierto, ya se me acerca el orgasmo. Para ser honesto, hoy no sé si Luz se ha corrido o no, pero si no lo ha hecho, el próximo día la haré explotar siete veces. Sé muy bien cómo hacerlo. Es solo que hoy, el sexo ha sido el más salvaje y descontrolado que he tenido nunca. Sin pensar, sin percibir, sin poder hacer más que gozar de las sensaciones que nos hemos regalado el uno al otro. Ahora ya me viene, ya está muy cerca. Luz está moviendo su cadera en círculos con mi polla bien clavada dentro, y las ligeras modificaciones de ángulo que propician sus vaivenes me están acercando al punto de no retorno.

-Princesa, me voy a correr ya…

-Córrete, mi amor, córrete para mi. ¿Te gusta como se mueve sobre tu polla tu amante?

-Me encanta, bonita, me vuelve loco… Ufff, tantas cosas que te quiero hacer…. Pero ya está cerca, amor.

-Me vas a hacer todo y más, no te preocupes, ahora córrete, amor. Dame tu lechita, dispárala sobre mis tetas, por favor…

-Oh, sí, nena, déjame regarte las tetas… - Luz se sale, me ayuda a levantarme y se sienta ella en el retrete. De pie enfrente suyo, me masturba y me lame el escroto. -Dios, Luz, qué bien lo haces, ¡¡no pares!! – Luz sigue masturbándome cada vez más rápido sin dejar de lamerme los huevos, hasta que exploto: -Ya, bien, ya está aquí, sí,sííiíí….

Justo en el momento adecuado, Luz se aparta, toma sus tetas con las manos y me las ofrece en bandeja para que las bañe con mi corrida. El primer chorro acierta de lleno. El segundo se dispara hacia arriba e impacta en su barbilla, y los estertores posteriores los refregamos por todo su torso.

Desencajado por el esfuerzo, me tengo contra la pared. Debajo de mí, observo a Luz jugar a restregarse mi semen por sus pechos. Sus pezones brillan por el barniz. Su chochito brilla aún más por su excitación. Y sus ojos… sus ojos brillan de satisfacción por el placer de realizar una fantasía prohibida.

CAPÍTULO 9

Nos recuperamos sin prisa. Nos limpiamos tan bien como podemos, aunque estoy tan guarro que voy a pasar por el gimnasio, aunque solo sea para una ducha.

Antes de salir del baño, y ya vestidos, nos besamos y morreamos un buen rato aún.

-Cómo nos cuesta separarnos, ¿eh?

-Pues claro, Luz, ha sido un polvazo.

-Lo ha sido, Juan… Ha sido lo que me esperaba y más.

- ¿Más aún?

-Claro… no me esperaba que me lo hicieras a pelo… y me encantó. De hecho…. ¿cuándo repetimos?

-Pronto, por favor… pero la próxima vamos a un hotel. Quiero comerte enterita, enterita, hay tantas cosas que me quedaron por hacerte hoy…

-Mmmmm, que bien suena eso. Dime una, venga… para que me la imagine estos días de soledad.

-Bueno, hoy no te comí el coñito…. Y son cinco años muriéndome de ganas de volver a lamértelo mientras gritas mi nombre.

-Sí, por favor, Juan. Nadie me lo ha comido nunca como tú… Pero, aunque me muero de ganas que me lo hagas… me gustaría que me hagas cosas que no hicimos… O cosas que nunca has hecho… O cosas que nunca te han hecho…

-Ahá, entiendo…

-Dime una, venga va, amor… Dime algo que me vas a hacer… dame una fantasía para sobrevivir hasta el próximo encuentro…

-Mmmm, ¿sabes cual es mi fantasía? No hace falta que sea la próxima vez, pero algún día…

-Dímelo, Juan…

-Quiero follarte ese culito tan sexy que tienes…

-Hahahaha, lo sabía, amor, lo sabía. Bueno, ¿Sabes qué? Vamos a ir pasito a pasito, pero si te portas bien, va a ser para ti y para nadie más… De hecho, nunca nadie me lo ha estrenado…

-Que bien, princesa, será territorio mío y de nadie más. Ahora tú, dime: ¿cuál es la fantasía que quieres hacer realidad?

-Quiero… quiero que me folles mientras hablo por teléfono con mi marido

-Así será, Lucita. Te voy a follar de todas las maneras que nos podamos imaginar.

-Así me gusta, chico malo. Piensa que a follarme el culo solo llegarás después de cumplir varias de mis fantasías,

-Vaya, que tenemos diversión para rato, ¿verdad?

-Así es. Ahora solo falta buscar un hotel.

-Tú encuentra una excusa el jueves que viene a la misma hora, y del hotel me encargo yo.

NOTA:

El prólogo de la historia de estos dos amantes, el episodio que ocurrió cinco años atrás, fue real y doloroso. Sin narrarlo al detalle, el episodio está descrito en mi relato titulado "Créeme, es mejor si no digo nada más"