Esposa Infiel – Isabel
Isabel siempre había sido discreta, pero esa tarde en la clínica, con la piel raspada y la mirada vulnerable, algo cambió. Ahora, con el permiso tácito de quien más sabe de sus secretos, la tentación se ha vuelto una rutina que neither puede ni quiere detener.
Esposa Infiel – Isabel
Después de una larga estadía en obra, y ya de días libres en Lima, salí a dar una vuelta en mi bicicleta para soltar las piernas un poco, ya con todo listo enrumbe hacia la Costa Verde, con buen ánimo hice mi recorrido, ya de retorno me detuve para tomar un jugo de naranja en la subida de Agua Dulce, luego de hidratarme revise mi app para ver cuanto kilometraje había hecho ese día, continue mi recorrido de retorno a casa, en eso me pasan un grupo de ciclistas, entre ellos un conocido nos saludamos y me presento al resto de sus acompañantes, luego de los saludos respectivos proseguimos con el recorrido, ya que la mayoría pasaba por Miraflores rumbo a sus casas.
Todo normal, pero una de las chicas presentaba problemas con su llanta posterior, la misma que estaba sin aire, me quede con ella para ayudarla, cada vez que veo ciclistas detenidos les pregunto si todo está bien y de ser posible los ayudo. Así fue como conocí a Isabel, menudita, de cuerpo formado y piernas torneadas, no pude apreciar mayor detalle porque el cortaviento no dejaba mostrar más, los demás tuvieron que avanzar, más por la hora y porque tenían que trabajar, me quede con Isabel, como tenía cámara de repuesto se la ofrecí y quedamos en que me la devolvería después. Solucionado el impase, proseguimos la marcha, resulta que vive a unas cuadras de mi depa, ya que la acompañe hasta la puerta de su edificio.
Por la noche recibo un mensaje al WhatsApp de un número desconocido al leerlo, era Isabel que me agradecía por el apoyo brindado y que sí saldría al día siguiente, al final quedamos en encontrarnos a las 06:00 horas en la Bajada Balta para hacer una ruta juntos. Sin nada que perder ni ganar deje mis cosas listas para encontrarnos.
Llegue minutos antes y no la veía, espere unos minutos, cuando a la distancia la veo venir, más forrada aun por la neblina y el frio reinante en esta época del año; los saludos respectivos y enrumbamos a hacer nuestro recorrido, bajamos por Bajada Balta y enrumbamos hacia Chorrillos, subiendo hacia el Cristo, para el retorno me enseño una ruta alterna y la tomamos, cuando estábamos por llegar a la Explanada de La Herradura veo que pierde el control y termina desmadrándose y al piso, tuve que auxiliarla, grande fue mi sorpresa al verla que se había rasgado el short y el culote por el lado izquierdo mostrando un gran raspón, a duras penas se pudo parar, y su mano izquierda también mostraba raspaduras. Le indique que debía de ir al médico, por suerte tiene EPS, me pidió que la lleve a la Maison de Sante. No me hice problema y luego de conseguir un taxi nos dirigimos hacia la clínica.
Ingreso por emergencias, me dejo su casco, aquí fue cuando pude verla mejor, como mencione antes, Isabel es menudita, 1.60 más o menos, blanco leche, de cabello rizado y corto, ojos verdes y parecía rellenita; pero estaba equivocado, ya que al sacarse el cortaviento note las tremendas tetas que tiene, curvilínea y de trasero normal, de unos 40 años promedio; luego me confirmaría esa edad. Mientras la atendían, hizo una llamada y termino discutiendo con la persona con la que hablaba, pude notar que unas lágrimas se le escapaban. Me acerque para preguntarle si necesitaba algo más:
¿Todo bien? ¿Necesitas algo más?
- No quiero parecer conchuda, pero necesito tu apoyo.
¿Para servirte?
- He llamado al tarado de mi marido y no le da gana venir, no he traído efectivo ni tarjetas para poder cancelar el deducible de la atención.
No te preocupes, yo lo puedo hacer y ya después me devuelves.
- ¿En serio? También te debo tu cámara.
Estamos para apoyarnos.
- Gracias, una vez más.
Hoy por ti, mañana por mí.
Mientras ella se arreglaba, fui a la caja para cancelar la atención y de paso a la farmacia para recibir su medicamento, salimos de la clínica tomamos un taxi y a su depa para dejarla, a manera de congraciarse me hizo subir, dejamos las bicicletas en el parqueo, me invito un café recién pasado con un par de panes con queso y jamón, recordando lo ocurrido y viendo la manera de corregir el error que conllevo a la caída. Estuvimos departiendo cerca de una hora, hasta que una llamada a su celular nos interrumpió, era su esposo y bueno terminaron discutiendo otra vez; esta situación hizo que sea prudente que me retire. Nos despedimos y quedamos en que si mejoraba nos encontrábamos en el punto a la mañana siguiente, total sólo habían sido raspones, nada de seriedad.
Por la tarde me llamo para preguntarme por mi número de cuenta y poder hacer la transferencia, se la di, me volvió a llamar para que confirme si me había llegado el depósito, de paso aproveche para preguntar si saldría al día siguiente, pero me dijo que no por precaución.
Termine mis dos semanas de descanso y estaba por volver a obra, mi presencia en Lima fue requerida, por lo que me quedaría más tiempo, por el tema de la pandemia la asistencia a oficina era por horas y a mi tocó dos días a la semana, el resto eran reuniones virtuales. Uno de los días de asistencia a Sede Central, no recuerdo cual, salí y se me antojo un café, me detuve en el Starbucks más cercano.
Ya con mi bebida en la mano y un croissant, buscaba sitio para sentarme, escuche que me llaman, era Isabel, me acerque a ella, nos saludamos y departimos buen rato. Vestía una blusa blanca que marcaba sus grandes pechos y un pantalón negro entallado demarcaba muy bien sus curvas, ligeramente maquillada, estaba muy guapa esa tarde.
Departimos largo rato y nos pusimos al día de las rutas por recorrer y de paso que nos conocimos un poco más, Isabel me sugirió que continuemos la conversa en otro sitio, es más sugirió que vayamos a mi depa, salimos y enrumbamos hacia allá, en el camino me contó que a raíz de su caída las cosas no iban bien en casa, y que sospechaba que su esposo andaba en algo, llegamos y en el parqueo nos encontramos con Aida, resulta que se conocían, se saludaron afectuosamente y no dude en invitarla a que nos acompañe.
Degustamos un par de cafés y una tertulia agradable, Aida nos consultó si teníamos algo planeado, ambos respondimos que no, ¡entonces es motivo para un buen vino – no acepto un no por respuesta, se levantó y se fue en búsqueda de un vino y copas, Isabel me miró con asombro, Aida me pidió que descorche el vino, regresando a la sala con las copar y mientras yo descorchaba y de paso busque si tenía algo para picar, note que ambas cuchicheaban acurrucadas en el sofá.
Encontré algo en la refrigeradora y se los acerqué, Isabel me miró distinto y Aida sonreía pícaramente, se paró para ir al baño, recibí una llamada de ella, Lunatacas, salgo y me retiro, te dejo ese bocadito para que lo disfrutes – colgando, no me dio opción a respuesta alguna.
Aida, hizo el brindis – por los nuevos caminos y aventuras que nos pone la vida, hay que aprovecharlos – ¡Salud! Al terminar su copa, reviso su celular y sin más explicaciones procedió a retirarse.
Isabel la siguió, a duras penas escuche – no seas tonta, aprovecha, no tienes nada que perder, y sé por qué te lo digo, Lunatacas sabe cómo tratar a una dama – dicho esto le dio un beso de despedida y se retiró.
- Esa mujer cada vez está más loca – manifestó Isabel.
Si, te lo aseguro – conteste.
- ¿Qué tanto la conoces?
Mmmmm, digamos que mucho.
- A qué te refieres.
Hemos departido muchas cosas y la conozco bien.
- Me comento que se han acostado varias veces.
Casi me ahogo con lo que me dijo, pero no lo negué.
- Entonces… sí te has acostado con ella.
Con Aida, tenemos una pequeña historia.
- Sabes que ella es…
La interrumpí, bueno ahora a probado los dos lados del pastel.
- O sea, la hiciste mujer.
Antes de que responda, Isabel se acomodó en el sofá, se me acercó sutilmente, mostrando su copa de vino; no pude evitar ver sus grandes y pecosos pechos blancos, Lunatacas, te gusta lo que estas mirando – encontrándome con sus verdes ojos al levantar la mirada, sólo atine a respirar profundo, y encoger los hombros, ella tomo mi mano e hizo que me siente a su costado.
- ¿Te parezco atractiva?
Claro que sí, eres muy guapa.
- Si tuvieras la oportunidad, ¿qué me harías?
De todo, ¡créeme que de todo!
- ¿Por dónde empezarías?
Dicho esto, tome su rostro con suavidad y la bese, ella respondió, y casi de inmediato nos enlazamos en una serie de besos, cada vez más lujuriosos, metí mi lengua en su boca, pero ella respondió tímidamente, continue con el asalto, hasta que nuestras lenguas comenzaron a jugar por sí mismas.
Ataque sus orejas, sus lóbulos, baje por su cuello, besándolo y dándole pequeños mordisqueos, ufffff, ya estaba empalmado y mi ariete pedía que lo liberen, Isabel atino a soltar mi correa para tratar de liberar mi ariete, jadeaba con la respiración cada vez más entrecortada, ufffff, Isabel estaba a mi merced, abrí su blusa para encontrarme sostén de satín blanco, libere la prisión de sus pechos, haciendo volar el sostén por los aires, me separa para poder contemplar sus pechos, blancos, pecosos, grandes y redondos, aureola y pezón rosado, me abalance sobre uno de ellos, para succionar, chupetear y mordisquear, alternando uno y otro, ella tomo mi rostro para besarnos, mientras amasaba sus grandes y blancos pechos, ufffff, su entrecortada respiración mostraba que estaba en camino para ser profanada por todos lados. Disfrute largo rato de sus pechos, dejando completamente erectos sus pezones.
La recogí por las piernas para poder sacarle el pantalón, dejando a mi vista una agradable prenda blanca, que hacía juego con su sostén, Isabel intento bajarme el pantalón; pero no la deje, la puse a cuatro patas, para bajar suavemente su trusa, su blanca piel resaltaba en mi sofá, ufffff, ella colaboró con la tarea, aprecie el panorama que tenía frente a mí, una buena pera de agua, blancas nalgas, las cuales azote sin reparo, Isabel sólo reculaba a cada palmazo y abría la boca, mirándome de reojo, ufffff, no hay nada como un culo blanco para ponerte en fa, besé sus nalgas, ya marcadas por los azotes propinados, mordisqueando un rato, para luego y sin miramiento hundí mi rostro entre sus nalgas, besar su arrugado y rosado asterisco, que ocultaba una joya en el fondo, ahhhhhh, ¿Lunatacas, qué haces?, ahhhhhh – exclamó Isabel, hundí mi lengua lo más que pude, para luego rodear el borde de su asterisco, incontables besos negros, ufffff, a este punto Isabel tiraba la cola para atrás como queriendo ser penetrada lo más posible, un deleite para ambos.
(Al comienzo no lo note, después que me dijo que era su primera vez, nadie la había dado un beso negro antes, o sea fui el primero)
En plena reculada y embestida de mi lengua a su interior, baje mi mano y pude notar que ya estaba empapada en jugos, así que opte por voltearla y sin reparo alguno bese sus labios, pequeños y rosados, ya estaban abiertos como una flor en espera, con una pelambrera muy bien cuidada, sólo por la parte superior, nada a los costados, ufffff, ataque sus muslos a besos y lamidas, saltando de uno a otro, ahhhhhh, ahhhhhh, ahhhhhh, ahhhhhh – gimoteaba Isabel, mis dedos fueron en búsqueda de su clítoris, ufffff, pequeño y lustroso, lo lamí, besé y volví a lamer, en general una buena sopeada, arrancándole gemidos de placer, ahhhhhh, ahhhhhh, ahhhhhh, ahhhhhh, lo encontraste, ahhhhhh, lo encontraste – estas palabras me transportaron en el tiempo, recordé a Dani, cuando la sopeo y me deleito con su clítoris, ufffff, esto me puso más erguido aun.
Sin más que soportar, me baje el pantalón y libere mi ariete, coloque la cabeza en la entrada de su vulva, azotándola con mi ariete, varias veces, Lunatacas, ¡métemelo, ya!, no seas malo, métemelo, roce la cabeza de mi ariete contra su clítoris, ahhhhhh, mételo ya, ahhhhhh, ¡mételo! – acomode sus piernas y suavemente comencé a penetrarla, Isabel abrió la boca ligeramente, demostrando que sentía al invasor en su interior, ufffff, que ardiente interior, lubricada al máximo, el vaivén no se hizo esperar y el chocar de nuestras caderas se dio repentinamente, me atrajo hacia ella para besarnos apasionadamente, gimoteaba cosas inentendibles, mis embestidas fueron incrementando, sus caderas se acompasaron a mis movimientos, el sofá se hizo testigo una vez más de una fornicada más.
Largo rato estuvimos en esa variante del misionero, sus piernas “me abrazaron”, nos acomodamos para mejorar la penetración, luego acomode sus piernas por debajo de mis brazos a media altura para que sienta mayor roce, ahhhhhh, ¡qué me haces Lunatacas!, ahhhhhh, me tienes a tu merced, ahhhhhh – Isabel estaba llena a tope, sin dejar de mover sus caderas, acompasados en el movimiento, no desatendí sus blancos y pecosos pechos, ufffff, los amasaba, los besaba, los succionaba, los mordisqueaba, arrancando cada vez más gemidos, la expresión de su rostro era de película. De repente sentí como la fricción fue disminuyendo, la cantidad de jugos vaginales que emanaban de su interior es indescriptible, unos minutos más y sentí como se arqueaba, un largo y sostenido ahhhhhh, me dio a entender que alcanzaba el primer orgasmo de la tarde.
Isabel, con la respiración entre cortada – no dejes de moverte, ahhhhhh, más rápido, ahhhhhh – le hice caso y embestí con más ahínco, ufffff, largos ahhhhhh, me hicieron notar que alcanzaba más orgasmos, esto me calentó más aun y no deje de embestir, nuestras caderas chocaban y ella apretaba sus dedos en mis brazos, por suerte no tiene las uñas largas, sino me hubiese dejado marcado, ufffff, orgasmos consecutivos la dejaron empapada en sudor y a mi manchado con sus jugos vaginales; sin recuperarse se levantó para montarse sobre mí.
Ella sola cogió mi ariete y lo dirigió a la entrada de su vulva, rozó sus labios suavemente con la cabeza de mi ariete, ufffff, sentándose suavemente comenzó a moverse acompasado y lento, cruzo sus brazos por mi cuello, para tratar de acariciar mi cabello, con los labios entreabiertos y mirada llena de lujuria, ufffff, incremento el ritmo, mientras la tomaba por las caderas, ayudándola en su vaivén, incrementando su cabalgata paulatinamente, ufffff, pegando su pecho a mi cara, aproveche para mordisquear sus pezones, lamerlos y chuparlos, ahhhhhh, así, sigue, ahhhhhh, así sigue – exclamaba Isabel, la tome por las nalgas, amasándoselas en su totalidad, sus caderas se sacudían cada vez más, sintiendo el calor de su interior más que la fricción de nuestros sexos, sentí como la electricidad ya recorría mi espalda, para descargar y llenar su interior con mi esencia, ufffff, que tal llegada, instantes después, Isabel me abrazo con fuerza y un prolongado ahhhhhh – hizo notar que también alcanzaba el clímax.
Los movimientos de sus caderas fueron disminuyendo, busco mis labios para besarme suavemente, ufffff, nuestras lenguas ahora si se encontraron e innumerables y apasionados besos sellaron la primera parte de la faena.
Una vez recuperados, le ofrecí darnos una ducha, la cual acepto; pero una llamada a su celular la hizo volver a la realidad, al ver quien la llamaba, salto y se dirigió a un lado, era su esposo, conversaron unos minutos, Lunatacas, tengo que irme, lo lamento, pero no puedo quedarme más tiempo – asentí con la cabeza, Isabel comenzó a recoger su ropa para tratar de vestirse, la interrumpí,
No te puedes ir así – mirándola fijamente a los ojos.
- ¿Qué haces? No puedo.
Lo entiendo; pero mi esencia ya comienza a recorrer tus piernas.
- ¿Ah?
Al menos pasa al baño para que te laves.
- Si verdad, gracias.
Tome su mano y la guie hacia el baño de mi habitación para que se asee, se dejó llevar y le acerque una toalla limpia, mientras se aseaba yo me metí a la ducha, una rápida bañada y salí para coger una toalla, Isabel se estaba vistiendo, me seque y coloque la toalla por mi cintura, salí a la sala para poder traer su cartera y acercársela, me miró extrañada cuando se la di.
Tu maquillaje debe estar dentro.
- ¿Claro?
Tu marido se va a dar cuenta si llegas con la cara lavada.
- Ese huevón ni me mira.
Bueno, lo haga o no, igual arréglate no debes de llegar a casa desarreglada.
- Está bien, sonriendo pícaramente.
Llame un taxi para que la lleve a su casa, me envió un mensaje para comentarme que había llegado bien y que su marido no se percató de nada, también que no conteste, que los check ya sabría que la había leído. A la mañana siguiente me llamo:
- Lunatacas, me gustó mucho lo que hicimos ayer.
A mí también preciosa.
- Hoy día no tengo que ir a la oficina.
¿Algún plan en especial?
- ¿Tú vas a trabajar?
No, me quedo en casa, hoy no tengo reuniones para nada.
- Entonces, no te molesta que te visite.
Claro que no.
- Llegare en 15 minutos,
Como reloj suizo, nos saludamos con un beso en los labios y la cargué en vilo para llevarla a mi cama, demás esta decirles que tuvimos una mañana de sexo total, durante los días restantes nos encontramos, fornicamos y fornicamos, lamentablemente no pude disfrutar de su ano, ya que tiene problemas en esa zona.
Tuve que volver al proyecto y quedamos en que nos volveríamos a encontrar, pero mi prolongada permanencia no fue de su agrado y al pasar los días se fue enfriando, en un momento me reclamo que no podría estar con alguien que este tanto tiempo fuera. Sin embargo, no hemos dejado de comunicarnos, espero tener una permanencia prolongada para incitarla, pero aun o se ha dado.
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