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Dominacióndic 2023

Mi mujer, mi esclava

Jorge no busca una cita, busca una sumisa. En la oscuridad del reservado, donde el dinero compra obediencia, María descubre que su cuerpo ya no le pertenece. La pregunta no es si aceptará, sino cuánto puede soportar antes de convertirse en lo que él quiere.

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María es mi mujer desde hace solo dos meses. Antes llevábamos cinco años de novios. La conocí en la despedida de soltero de uno de mis mejores amigos. Entramos a la discoteca a eso de las 2 de la mañana y no tarde en descubrir que miraba mucho al reservado en el que estábamos. Pronto descubriréis que tengo un instinto especial para detectar mujeres con carácter sumiso.

Se puede decir que la vida me ha tratado bien, a mis 34 años la tengo prácticamente solucionada desde que vendí mi “startup” a un fondo de inversión alemán. La fundé con 30 años. Una compañía dedicada a la gestión de almacenes de entornos productivos. Tras 10 años trabajando en el Departamento Logístico de una gran multinacional, detecté una serie de carencias en nuestro sistema que me llevaron a crear lo que pronto me hizo millonario. Era y soy, por tanto, asiduo a la discoteca en la que empezó todo con María, donde siempre que aviso con antelación tengo una de las mejores mesas reservadas al lado de la cabina del DJ, con vistas panorámicas a la zona de baile.

Como os contaba, pronto vi que el grupito de María miraba bastante hacia nuestra mesa. Eran cuatro y la que más destacaba era ella. Tetas grandes, una larga melena rubia y tacones de aguja, un mix explosivo en mi cerebro enfermo. Avisé a un miembro de seguridad y le pedí que bajara a donde ella estaba y le dijera que solo ella podía subir si quería, que estaba invitada a lo que ella quisiese en la mejor zona de la discoteca. Le pedí que cuando le dijera esto, me señalara y le dijera que era yo personalmente quien le mandaba la invitación.

Esta vida despreocupada que llevo hace que pueda dedicar mucho tiempo a mi mismo. Horas de gimnasio y cuidado de mi cuerpo, unido a la ropa cara y selecta que suelo llevar me dotan de una seguridad impropia de muchos hombres que me funciona a la perfección con el sexo opuesto.

Dicho y hecho, a los pocos minutos la vi subir las escaleras del reservado mirándome fijamente y acudí a recibirla.

- Buenas, soy Jorge. Pensaba que te costaría más dejar tiradas a tus amigas

- Hola, soy María. Mis amigas son tres y saben pasárselo bien solitas. No todos los días ofrecen a una subir aquí. Las vistas son impresionantes, la verdad

No me gusta disimular, ni andar por las ramas por lo que mirando directamente a su escote le contesté

- Si que lo son sí. ¿Nos sentamos?

- Claro

Había hablado antes con mis amigos y sabían cuáles eran mis intenciones. Ellos pensaban ir a un club de striptease y yo siempre he pasado de esos temas, por lo que en cuanto llegamos María y yo se despidieron de mi haciendo caso omiso a ella y se fueron

- Vaya. ¿Nos quedamos solos?

- Si. Ellos tenían planes diferentes a los míos

- ¿Y cuáles son tus planes?

- Los más cercanos son que te hagas una coleta, tomar una copa contigo y luego follarte en el baño. A más largo plazo no me gusta hacer planes

María se quedó totalmente descolocada y empezó pronto a ponerse roja. Pero me alegró comprobar que lo que sentía era vergüenza y no enfado ni molestia.

- Ostia. Que directo eres. Antes de entrar a valorar si tienes alguna posibilidad o no de follar conmigo. ¿Por qué narices querrías que me hiciese una coleta?

- Porque a las putas tiene que dirigiros un buen macho dominante. Presupongo que nunca nadie te ha tratado como te voy a tratar yo. Así que necesito que lleves coleta para poner cogértela y manejarte a mi antojo. Estoy seguro de que te has comido más de una polla en esta vida, pero también sé que necesitaré agarrarte y soltarte a mi manera para que disfrutes como nunca has hecho.

Ahora ya si que no sabía donde meterse. Miraba a los lados rápidamente cómo tratando de entender que clase de broma era esta. No entendía nada y así lo reflejaba la duda en su rostro. Antes de darle tiempo a réplica proseguí.

- No intentes hacerte la digna y deja que fluya la noche. Hoy vas a descubrir a la puta que llevas dentro. Te vas a correr a chorros y vas a disfrutar como no lo has hecho en tu vida. Además, vas a beber un champagne que no sabías ni que existía. Y si te portas bien te vendrás a dormir contigo y mañana te despertarás en una preciosa mansión con una buena comida de coño de una de mis criadas.

María llevaba un vestido negro bastante corto. Se había sentado de una manera elegante cruzando las piernas y no dejando ver nada, pero eso nunca ha sido impedimento alguno para un buen empotrador. Agarrándola de la frente tiré su cabeza para atrás y empecé a besarla de la manera más guarra posible. Abría y cerraba mi boca mientras le metía la lengua y la seguía sujetando. Aunque hacía pequeños movimientos para retirarse, tampoco es que hiciese mucha fuerza, y pronto ella empezó también a jugar con la lengua. No habían pasado ni 20 segundos cuando su poca negación ya se había convertido en total aceptación. La muy guarra me besaba con pasión, totalmente entregada a mi y pensé para mis adentros que, si de normal me resultaba fácil, esta vez estaba siendo un chiste. Con una mano le sujetaba la frente hacia atrás y con la otra le abrí ligeramente las piernas y comprobé lo caliente que estaba.

- María, María… ¿Qué decías de si podría o no follarte? No he tardado ni un minuto en mojarte enterita pedazo de guarra.

- La verdad es que jamás un tío me había hablado como tú y me estás poniendo a mil. ¿Podríamos ir ya al baño y luego tomamos la copa?

- No. Aquí el que manda soy yo. Yo decido los tiempos, yo decido qué hacemos y lo más importante, yo decido si disfrutas o no.

- Vaya. Pues nada, tú mandas

Su cara ahora era de decepción. Todo estaba saliendo mucho mejor de lo esperado. Esta chica tenía madera de puta y la iba a exprimir al máximo, pensé.

- Hazte la coleta

Llamé a la camarera y le dije que sacara una botella de lo de siempre. Pronto vino ella, Lorena, con un magnífico ejemplar de Cuvée Dom Ruinart Blanc de Blancs, uno de los mejores champagnes del mundo y cuyo precio en ese local es de 2.500€. Se lo agradecí como a mi me gusta, dándole una sonora palmada en el culo sin siquiera mirarla a la cara. María me miró totalmente extrañada

- ¿Tú que pasa? ¿Haces lo que quieres con todas las mujeres o qué?

Había tardado nada y menos desde que se lo ordené en hacerse la coleta con una goma negra que sacó del bolso.

- Las mujeres pensáis que sois muy complejas, pero en realidad sois muy simples. Solo necesitáis una buena polla, dinero y alguien que os sepa mandar. Por cierto, quítate el tanga y dámelo. Te voy a enseñar a disfrutar bien de este champagne.

María era mucho más sumisa de lo que podía imaginar. Con algo de vergüenza y mirando a los lados hizo lo que le pedí y me entregó un bonito tanga de encaje negro. El hecho de estar tan altos y en una esquina del local hacía que nadie pudiese vernos, lo cual ayudaba a crear el escenario que quería.

Detrás del sofá negro en el que estábamos sentados había unos pequeños barrotes negros a los que le até las manos, cruzadas a su espalda con su propio tanga. La cabrona lo tenía yan tan mojado que me costó atarla. Así, con su espalda recta resaltando sus enormes tetas y totalmente a su merced me tenía ya con una empalmada de campeonato. Me estaba costando llevar a cabo este ritual de preliminares, pero esta chica me estaba gustando y sabía de la importancia de estos para marcar el futuro de una posible relación.

Mientras me servía champagne para mí y para ella, empezando obviamente por mí, le dije.

- Como verás no mentía. Esta noche voy a hacer contigo lo que quiera, vas a beber cuando yo diga, vas a disfrutar cuando yo diga, me vas a comer lo que yo te diga y te voy a follar por donde yo diga. Que quede claro que lo único que puedes decidir esta noche es parar. En ese caso te irás por donde has venido y aquí paz y después gloria. Pero mientras no digas de parar, no tienes ni voz ni voto en nada de lo que pase aquí a partir de ahora. Como consejo personal te puedo decir que soy el mejor amo con el que una perra como tu puedas soñar. He hecho esto muchas veces y nunca había visto ropa interior tan mojada como la tuya en tan poco tiempo. Eso dice mucho de ti.

- Jamás había encontrado a nadie que hablase con la seguridad que tu lo haces. Me gusta el sexo y el dinero, encima estás buenísimo, así que de momento no veo el problema en seguir el jueguecito este que tienes.

Me hizo gracia su comentario y empecé a lamer su cuello desde abajo, subiendo lentamente y deteniéndome en su mejilla poco a poco, haciendo pequeños círculos y preocupándome por respirar cerca de su oreja. Ella tiró levemente la cabeza para atrás y se disponía a disfrutar, pero paré pronto. Pocas cosas hay más bonitas que sentir como manejas el nivel de disfrute y excitación de una mujer.

A partir de ahí iniciamos una conversación amena entre dos personas que se acaban de comer que pronto derivó en temas sexuales. Le pedí que me contara experiencias suyas y aunque parecía cierto eso de que le gustaba el sexo y lo practicaba de manera bastante asidua, lo más “loco” que había hecho eran tríos, por lo que había mucho margen de maniobra con esta tía que cada vez me gustaba más.

Disfruté bastante haciendo con ella lo que quería tal y como le había dicho. Sobra decir que con las manos atadas cómo las tenía, solo bebía cuando yo mismo le daba de la copa, e intencionadamente siempre dejaba de caer algo de bebida por encima de ella. A veces se la limpiaba con la lengua chupándola entera con total descaro, pero otras veces la dejaba así tal cual. Me gustaba ver como se secaban las manchas en su vestido que cada vez estaba más lleno de lamparones. Le saqué una teta del vestido y así la tuve un rato. La visión era de lo más morbosa, yo le pedía que siguiera la conversación como si nada, pero cada vez le resultaba más difícil. Atada de manos, con un pecho fuera del vestido y cada vez más sucia y maloliente. Solo me faltaba ponerla un poco más a prueba si cabe para ver si de verdad valía la pena y para ello llamé a mi querida Lorena.

- Lorena bonita, apóyate en la pared, pon el culo en pompa y súbete la falta. Esta putita te va a pegar una buena comida de coño por detrás.

Y así lo hizo Lorena como acostumbrada a recibir órdenes de Jorge a diario, como si aquello fuera lo más normal del mundo se puso contra la pared, se levantó la falda y puso en la mismísima cara de María un culo de escándalo, con un pequeño lunar en la nalga derecha de lo más sexi. Acto seguido Jorge se levantó y mientras alababa lo buena chica que ere le dejó entre las tetas un billete de 100€. María no salía de su asombro, jamás había sentido atracción por ninguna chica, pero esta vez ni se lo planteo. Con gusto bajó una pequeña braga brasileña que cubría sus glúteos y empezó a chupar como si fuera el mejor de los helados. No era el bonito culo de la camarera lo que le atraía, sino el aura de poder que desprendía Jorge. Parecía tener el mundo a sus pies, y aunque las estaba tratando a las dos como a putas baratas, su excitación era mayor con cada uno de sus jueguecitos morbosos.

La imagen empezaba ya a ser demasiado para mí. Por un lado, Lorena contra la pared con un billete colocado por mi asomando por el escote, con ese culo que tantas veces había taladrado en pompa. Y la muy puta de María que no hacía ni una hora que me conocía arrodillada en el suelo comiéndole el coño. Tenía una teta fuera, chorreaba champagne por todo el cuerpo y su cara de viciosa me demostraba que, una vez más, había tenido buen ojo. Mi polla estaba ya a reventar y no podía más, así que la cogí de esa coleta que se había hecho porque yo se lo ordené y retiré su cara del coño de Lorena. Sin soltar la coleta le besé, le metí la lengua hasta el fondo para saborear a Lorena.

- Bien perrita. Buen trabajo, ahora vete a seguir poniendo copas que voy a adiestrar a esta otra

Oír mis palabras sucias provocaban en María justo el efecto deseado. Me miraba con lascivia y se mordía los labios.

Me puse de pie y por primera vez María vio la polla de un hombre. Me bajé la bragueta y sin dejar que se levantara se la puse en la cara. Lo justo para que la oliera, para que la viera y se deleitase con ella.

- Mírala y huélela, pero no la toques aún. Quiero que la admires, que te recrees en ella y que te la imagines metida hasta el fondo de ti. Lo estas haciendo todo bien y ahora viene lo más fácil, follarme como la auténtica perra viciosa que eres. Vamos a ir al baño. Márcate un único objetivo: hacedme disfrutar. Aun no sabes lo perra viciosa que eres. No conoces si quiera a dónde puedes ser capaz de llegar. Pero te aseguro que he visto a muchas aprendices de zorras como tú y veo que puedes llegar lejos. Una sumisa como tú, una guarra sucia como tu solo alcanza el auténtico grado de disfrute cuando hace gozar de verdad a su amo. Tus orgasmos dependen de los míos, tu noche ahora depende de mí. Puede ser la noche de tu vida y el inicio de experiencias que jamás soñaste con vivir o puede ser otro polvo más, solo depende de cómo te portes. Quiero que saques tus instintos más primarios, que solo te centres en mí. Si decides cruzar la puerta del baño ya no tendrás opción de irte. Podrás denunciarme si quieres por violación, por maltrato o lo que te salga del coño, pero harás lo que yo te diga. Besarás el suelo que te diga que beses.

Llegaba la prueba de fuego. No tenía duda después de lo visto que María cruzaría la puerta sin rechistar. La experiencia me ha enseñado a intuir muchas cosas tras una breve charla con una chica, y tenía delante de mi a un precioso juguetito con el que iba a disfrutar mucho. Pero si os soy sincero no esperaba una aceptación tan grande y con tan pocas dudas por su parte como la que tuvo. Era como si alguien hubiera enseñado ya a María. Se puede nacer puta, pero me daba la impresión de que María había nacido puta y enseñada.

La cogí de la coleta con decisión y la obligué a tirarse al suelo. Recogí su tanga y se lo metí en la boca. De rodillas, a cuatro patas y con el culo bien levantado le indiqué donde estaba la puerta del baño. La puerta de su nueva vida. Le di un azote en cada nalga y ella sola entendió que debía empezar a andar. Justo cuando iba a cruzar la puerta le di otro azote. Esta vez fuerte. Sonoro. Le había dejado marca, seguro. Descargué mi mano con todas sus fuerzas en su culo.

- Para. Tu amo tiene que pasar delante de ti. Siempre. Apréndelo para siempre. Jamás cruces una puerta delante de mi o lo siguiente no será este simple azote.

Me miró, aun dolorida y un poco avergonzada y lo que dijo me cautivó.

- Discúlpame, señor. Va a ser un auténtico placer aprender de ti, ser tu puta, tu esclava, la encargada de hacerte disfrutar.

Con una sonrisa triunfal abrí la puerta y entré viendo como ella me seguía mirando al suelo. Sin que ella me viera, rápidamente saqué el móvil y le mandé un whatsapp a mi querida Lorena:

“El show empieza. Graba y disfruta”