Xtories

Toque de queda

La última noche del toque de queda. Sin multas, sin prisas, sin excusas. Cuando Melania cruza su puerta, Héctor sabe que la vieja química no ha muerto, solo esperaba el momento adecuado para estallar.

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La noche del 9 al 10 de mayo del 2021 pasaría a ser histórica en muchos aspectos. Se acabaron las restricciones horarias tras el estado de alarma por el coronavirus y al día siguiente podíamos trasnochar sin tener que hacerlo a escondidas o acostándote poco antes de las 11 de la noche. Esa noche pensaba pasarla en casa, sin más distracción que sacar a mi perro por el vecindario y poder tomar una cerveza sin mayor problema que el acostarme tarde. Hasta que recibí una llamada a eso de las 10 y media que cambiaría mi compañía esa noche. Mientras sacaba a Brutus por una de las desangeladas calles de un barrio de Madrid, mientras los bares cerraban la persiana temerosos a esa última noche de multas, hablaba con mi amiga Melania y me contaba cosas de su vida, hasta que en un determinado momento de la conversación me dijo:

M: ¿Qué te parece si pasamos esta noche con cerveza? No me da tiempo a llegar a casa y estoy cerca de la tuya tras pasar la tarde con una de mis tías”.

No me he presentado aún pero mi nombre es Héctor y vivo en Madrid, en esa época rozaba la treintena y me encontraba en una buena época de mi vida trabajo estable y un piso en un buen barrio cercano al centro. Tengo una complexión física normal, tirando a rellenito, y mido 1,80m. La otra protagonista de esta historia es Melania, mide alrededor del 1,60m con un físico que, sin ser despampanante, llama mucho la atención: pelo largo rizado, pechos generosos y turgentes, vientre plano con unas curvas que invitan a recorrer todo su cuerpo acariciándolo con las manos, piernas largas y torneadas que terminaban en un culo prieto que llamaba al deseo. Para poneros en antecedentes, hace unos años estuvimos liados con multitud de polvos y diferentes situaciones morbosas. Todo eso era pasado, seguíamos manteniendo la amistad pero dejamos el sexo a un lado...

H: Estoy sacando al perro, qué te parece si nos vemos a mitad de camino y venimos juntos. Hay cerveza de sobra en el frigorífico para los dos y tengo una tele nueva para que veamos alguna peli o videos de Youtube de esos de tirar edificios que tanto te gustan.

M: Perfecto, voy por calle Mendoza, y tardaré 10 minutos en llegar a tu barrio, ¿me esperas dónde siempre?

H: Perfecto. Ten cuidado que llevo a Brutus y sabes que siempre se alegra de verte, va a salir corriendo.

A los 15 minutos ya nos estábamos saludando en la plaza donde solíamos tomar café hace unos años, con un gran festival de alegría de mi perro hacia Melania por el largo tiempo que hacía sin verse. Eran las 10:55 de la noche y estábamos a 10 minutos de mi casa, nos jugábamos una multa en la última noche por lo que aligeramos el paso y llegamos pasadas las 11. Preparé un picoteo pequeño con un poco de queso, jamón y unas buenas cervezas. Pusimos la tele y empezamos a discutir qué veíamos:

M: Me apetece ver alguna peli de esas de acción antiguas que te gustan, del Chuacheneger ese.

H: ¿Te parece una que llevo mucho sin ver? Se llama Commando, es una obra maestra que protagonizan Arnold, Alyssa Milano y Rae Dawn. Te va a encantar.

M: Venga, dale.

Todo eso mientras seguíamos bebiendo cerveza, perdí la cuenta de los botellines, mientras ella se recostaba en mi hombro como hacíamos antaño. En mitad de la película hay una escena bastante subida de tono, en la que Arnold está en un motel mientras tiene sexo con la coprotagonista, y mi pene tuvo una reacción muchas veces natural en cada hombre: tuve una erección descomunal.

M: Vaya, parece que a tu amiguito también le gusta la peli.

H: Disculpa, no lo he podido evitar. -Contesté mientras intentaba recolocar mi paquete por debajo del vaquero que llevaba.

M: No pasa nada, es algo que siempre te ha pasado – me dijo mientras me daba un piquito.

Melania se recolocó un poco en el sofá mientras seguíamos viendo la peli. Ella llevaba un pantalón negro, una camiseta lencera muy sexy con un precioso escote en V que le realzaba sus preciosas tetas y una chaqueta blanca de la que se despojó al entrar en casa. Por el contrario mi look era de un vaquero y una camiseta, nada especial. Al terminar la película pusimos algunos videos graciosos en Youtube, que con la ingesta de tanta cerveza hacía que nuestras risas fuesen más altas en volumen. Pasados los minutos, Melania dijo la palabra mágica:

M: ¿Tendrías una camiseta que dejarme para ponerme más cómoda?

H: Claro, sabes que te puedo dejar la que quieras de mi club de baloncesto preferido.

M: Jajajaja. Tú siempre con esas… -Ella sabía que no hay algo que me parezca más sexy que una mujer con una camiseta ancha.

H: Es broma, mujer. Sabes que son las únicas camisetas que gasto para dormir en casa.

Eran las dos de la mañana y fui al armario y le traje una camiseta del Estudiantes de hace varias temporadas, estaba seguro de que estaría guapísima con ella puesta. Lo que no podía imaginar era que iba a cambiarse de ropa en mitad del salón donde estábamos viendo la película. Se descalzó de sus botines, se quitó la camiseta y, por último, los pantalones; dejando ver un precioso conjunto de tanga y sujetador de encaje a juego, produciendo una nueva erección que no disimulé.

M: Bueno, aún quedan varias horas hasta que se acabe el toque de queda, ¿dormimos o seguimos viendo videos? Yo tendría que estar muy temprano en casa porque trabajo, ¿me llevarías a eso de las 7?

H: Yo no tengo sueño, ¿nos quedamos un rato más en el sofá? Podemos seguir viendo videos de estos graciosos.

M: Quizá podamos tener mejores planes.

En ese momento se desató el huracán. Melania se tiró sobre el sofá y comenzó a besarme. No me resistí, sólo pude seguirle el ritmo y darle todos los morreos que llevábamos guardando durante años. Besos en su cuello, en su oreja, en la boca; en un momento dado nos abrazamos y nos tumbamos en el sofá para seguir dándonos esos besos lascivos, hasta que ella empezó a quitarme la camiseta para empezar a pasar su lengua por mi pecho, al terminar de sacarme la camiseta se acercó a mi oído y me dijo lo cachonda que le había puesto ver mi polla erecta con la película.

M: No pensaba hacer nada de esto, pero he visto como se ponía de tiesa y me ha gustado mucho.

H: No lo pude evitar, pero ahora tampoco quiero evitar esto. Bésame de nuevo.

Volvimos a besarnos y, esta vez, la cogí de sus pelos para retirarla un poco y dejarla ante mí sólo con el conjunto de tanga y sujetador. Dio una vuelta sobre si misma, se pegó una cachetada en su culo y dijo las palabras mágicas.

M: Sígueme, que tengo un par de sorpresas que te van a gustar.

Me levanté, siguiéndola hasta el dormitorio y se tumbó en mi cama mientras yo me quitaba los vaqueros. Seguía teniendo una figura preciosa, un cuerpo casi escultural y la misma tensión sexual que en años anteriores. Mu tumbé sobre ella y comencé a besarla de nuevo, pero esta vez de los pies a la cabeza: primero sus piernas, los muslos por su cara externa, le rocé las gomillas de su precioso tanga y pude seguir subiendo por su vientre y sus brazos. Metí varios de sus dedos de la mano en mi boca porque sabía que eso le encantaba, seguí besando mientras le daba la vuelta y desabrochaba su sujetador. Subí, así como estaba de espaldas, hasta su cuello retirándole el pelo y comencé a besarla de nuevo. Se giró para besarme en los labios de forma más cómoda y pude ver algo raro que no había visto antes en ella: tenía un piercing en uno de los pezones.

H: Vaya, ¿ésta era una de las sorpresas?

M: ¿Te gusta? Sabes que me encanta tocarme los pezones y así puedo notar mejor el roce del sujetador para ponerme cachonda en muchas ocasiones.

H: Ahora sólo puedo pensar en devorartelos.

Y ahí que fuí a comerle los pezones para poder ponerla aún más cachonda de lo que estaba. Comenzó a gemir y, con cada chupetón que pegaba, aumentaba aún más su volumen. Empezó a buscar con su mano mi polla, aún cubierta por el bóxer. La acariciaba con ansias por encima del mismo, hasta que metió la mano y empezó a pajearme. Yo quise hacer lo mismo, y empecé a pasar la mano por encima de su tanga y tiré del hilito del tanga por su culo, provocando un nuevo gemido en Melania; le metía los dedos en su ya mojada vagina, ajeno a la otra sorpresa que iba a descubrir en unos minutos. Todo era como siempre: éramos puro fuego y, cuando nos juntábamos, podía pasar cualquier cosa.

Melania es experta en hacer unas mamadas de campeonato, puede haberme hecho las mejores de mi vida, y esa noche lo superó. Mientras estaba tumbado en la cama, comenzó a bajar mi boxer y acariciar los testículos; luego pasó a lamer un poco el glande y a pajearme un poco para acabar metiendosela poco a poco en la boca. Mientras se la introducía, ella le daba vueltas a su lengua sobre mi glande. Era una maestra en esa técnica.

H: Por favor, Mel, déjame que te lo coma, me muero de ganas de devolverte todo el placer que me estás dando.

M: Quítame el tanga, me está empezando a sobrar. -Respondió mientras se sacaba mi polla de su boca y se tumbaba sobre la cama.

Dicho y hecho. Se lo quité y pude ver la sorpresa: un nuevo piercing en su clitoris. No tuve más remedio que ir a besarlo y lamerlo, provocando nuevos gemidos en mi compañera. No podía imaginar lo que provocaba esa pequeña bola de metal en ella con cada roce de mi lengua: arqueaba su espalda, gemía con más intensidad y pedía más.

M: Vamos Héctor, ya sabes cómo me gusta, sigue. Ahhhhh. Méteme los dedos. Sigue así, vamos.

H: Hmprf… -Todo eso mientras podía beber sus flujos. Su coño había pasado a ser un manantial y yo era el único que podía saborearlo.

M: Siiiiiiii. Sigueeeee. Nunca me lo habías comido así antes. Parece que te ha gustado mi sorpresita ahí abajo.

H: Me ha encantado. - Le respondí antes de hacerle un movimiento con mi lengua que le provoca el mayor gemido que pude escucharle esa noche.

M: Hagamos un 69, pero méteme un dedo en el culo porque ya sabes lo que me gusta.

Entramos en ese bucle de querer hacer mientras te dan un placer descomunal. Sólo se escuchaban nuestros gemidos y nuestras lenguas hacer sobre cada órgano sexual. Mi dedo índice comenzó a dar vueltas alrededor de su ano, como sin querer entrar. Le metí el dedo en su vagina para humedecerlo y lo subí un poco para introducirlo en su ano, lo que provocó un gran gemido seguido de un grito.

M: Mmmmmmm. Aahhhhh. Dios, cómo me gusta eso.

Seguí haciendo en su clitoris con mi lengua y un dedo en su culo. Sumé un dedo más a su ano y todo seguía subiendo de temperatura. Pasaron unos minutos y dijo:

M: Fóllame, por favor. No puedo más.

Le di la vuelta y me puse sobre ella. Comencé a rozarle el clitoris con mi verga durante varios minutos, lo que provocó en ella más placer y desesperación llegando a gritar mientras exigía que se la metiese. Lo hice con un ritmo inusualmente bajo, deleitándome con cada centímetro de su coño y provocando en ella oleadas de placer. Llevábamos años sin follar, pero todo era muchísimo mejor que la última vez.

H: Dime que te gusta, putita. ¿Echabas de menos mi polla? -Dije mientras la cogía del cuello y la ahogaba un poco, porque eso le fascina durante el sexo.

M: Siiiiii, siiiiii. Me encanta. No sabes lo que me encanta follar contigo y cómo me gusta tu polla.

Solté su cuello, me tumbé sobre ella, la abracé y aumenté el ritmo. Era un metesaca demencial. Ella pedía más entre gemidos y gritos, se abrazó a mi y comenzó a arañar mi espalda con sus perfectas uñas pintadas en un precioso rojo pasión.

M: Héctor, voy a correrme. Sigue y no pares, no puedo más. Estoy a punto. Dame más fuerte.

H: Síiii. Dios mio, que buena estás.

H: Aaaahhhhh. Me corrooooooo. No pares, sigue.

No paré, pero tampoco dejé que se recuperara. Cambiamos de postura y ahora era yo el que estaba con ella sobre mí. A ella le encanta mandar y tomó el ritmo cabalgando sobre mi pene como si le fuese la vida en ello. Era una buena amazona y todo lo que hacía se sentía el doble tras su primera corrida. La imagen, vista desde fuera, debía ser increible: yo tumbado en la cama mientras ella apoyaba sus manos sobre mi pecho y los suyos botaban con un ritmo endiablado.

H: No puedes imaginar lo que me gusta esto. Me encanta verte las tetas así.

M: Aaaahhhh. Me encanta lo que me dices, no sabes lo cerda que me pones.

H: Disfruta, preciosa. Sigue como estamos que cuando menos te lo esperes voy a follarte el culo.

M: Siiiii

Melania no pudo evitar gemir cuando volví a meterle un dedo en el culo, sabiendo lo que le esperaba. Se dio la vuelta para cabalgarme dándome el culo. Ella quería seguir mandando, pero también quería un dedo para preparar lo que venía.

H: Me apetece darte a cuatro patas. Vamos, muévete.

Se posicionó sobre la cama, ya deshecha y tremendamente sudada tras casi hora y media de frenesí sexual, y yo me puse tras ella. Se la clavé hasta el fondo sin contemplaciones. Tenía ante mi la espalda de la mujer que mejores polvos me había regalado a lo largo de mi vida, coronada con un culo de infarto al que volví a meterle un dedo. Mientras aumentaba el ritmo de las penetraciones agarré su pelo y tiré hacia mi irguiendo su cabeza.

H: Dime, putita, estás deseando que siga, ¿a que si? No tienes bastante con el dedo que tienes y quieres mi polla. -Le dije mientras solté el pelo y le pegué una serie de tortazos en su culo, poniéndolo rojo.

M: Síiiiii, la necesito en mi culo. Aaahhhhh, es increíble todo lo que me haces. Llevo meses deseando un polvazo como este.

H: ¡Pues aquí lo tienes! -Grité mientras le daba otro tortazo y la empujaba hacia el lecho. A su vez, mientras sacaba los dedos de su culo, situé un cojín bajo su vientre elevando un poco su culo.

La imagen que tenía ante mi era increíblemente morbosa: Ella recostada en mi cama y yo con la polla en la mano camino de meterla en el culo. El agujero estaba lo suficiente abierto como para no crear resistencia y, con esa misma fuerza, su culo se tragó mi verga entera de 17 centímetros. Fue increíble notar eso. No le dolía, sólo quería seguir en busca de su orgasmo anal, que ella siempre disfruta porque le producen otras sensaciones.

M: Ahhhhh, me ha entrado entera, estoy super abierta y me encanta. Sigueeeee, Héctor.

H; ¿La notas entera dentro? Te la he metido ya hasta los huevos y me pides más, eres puro vicio. -¡Plas! Otro tortazo bien fuerte, lo que hacía que su culo ya tornase a un color parecido al morado.

M: Dame más, dame más fuerteeeeee.

No podíamos más. Estábamos empapados en sudor y mi orgasmo estaba cercano tras casi dos horas de polvo. La presión de su culito estaba haciendo que gozase mucho más y ella lo notaba. Con ella siempre quise hacer muchas cosas que nunca hice antes, y algunas se quedaron en el cajón por causas del destino. ¿Quién iba a pensar que iba a pasar esa noche?

H: Mel, me voy a correr. No puedo más. Tu culo es perfecto.

M: Aguanta un poco, me queda poco para correrme. Sigue dándome. Hace mucho que no me corro por el culo.

H: Aaaahhh siiii, guarrilla. -No sé cómo, pero aguanté un poco más. Iba a explotar en unos segundos.

M: Córrete en mi culo. Dámelo todo. Yo también me corro. AAAAAhhhhhh

Sin sacársela de su culo, caímos rendidos sobre la cama tras el esfuerzo de un polvo descomunal. Antes de que nos entrase cierta modorra, fuimos a la ducha a limpiarnos de nuestros jugos mientras nos besábamos y dábamos caricias bajo el agua templada. Al salir, cogimos nuestros móviles y vimos la hora: eran las 6 de la mañana. Sin quererlo, había pasado la última noche del toque de queda.