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Destinos cruzados, un nuevo comienzo 4

Marta sabía que el precio de su silencio era su alma, pero nunca imaginó que para salvar a su hermana tendría que convertirse en la villana de su propia historia. Ahora, atrapada entre la lujuria forzada y la venganza, solo queda un camino: destruir a quien la controló, incluso si eso significa perderlo todo.

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Destinos cruzados, un nuevo comienzo 4

Marta no sabía por donde empezar a contarle a su hermana, así que decidió contarle desde el principio. Cuando Marta se enteró de que sus padres iban a adoptar, no le gusto y que fuera una chica de su misma edad menos, hasta ese momento su cuarto había sido suyo y a partir de ese momento tendría que compartirlo. Como era de esperarse, la recepción de Marta hacia Silvia fue glacial, pero Marta desde el principio vio algo en Silvia que le gusto.

Marta sabia que todas sus amigas hablaban de ella a sus espaldas, simplemente porque le gustaba follar tanto con hombres como con mujeres, de hecho tuvo que aguantar excusas peregrinas cada vez que se tenían que duchar después de las clases de educación física. Ninguna de sus amigas quería ducharse junto a ella, como si fuera a saltar sobre ellas. Con Silvia no ocurrió eso, Marta sabía que a Silvia le habían llegado los rumores, pero Silvia no cambio ni un ápice su actitud sobre ella. No se escondía y sin pretenderlo se lo hacía pasar mal a Marta.

El cuerpo de Silvia parecía haber sido cincelado por el mismísimo miguel Ángel, llego al punto de empezar a ducharse con agua fría, para que Silvia no notase que le gustaba. Era su hermana, por lo menos a ojos de sus padres, entonces una de las veces que Silvia y ella estaban en la ducha, Marta llamo su atención.

• ¿Silvia podemos hablar?

• Claro, Marta.

• Te habrán llegado ciertos rumores sobre mí, ¿verdad?

• Va, yo nunca hago caso a rumores malintencionados.

• Los rumores son ciertos, me gustan las mujeres tanto como los hombres – Marta agacho la cabeza, era incapaz de mirar a Silvia a la cara.

• Perdóname Marta, te lo he tenido que hacer pasar mal, te juro que esa nunca fue mi intención – Silvia abrazo a Marta que se puso a llorar.

• Sé que no me ves de esa manera Silvia, pero tengo una duda, si te hubieran gustado las mujeres tú y yo…

• Nos hubieran expulsado del centro por los escándalos que montaríamos en estas duchas – Marta y Silvia no pudieran aguantar la risa.

Esa conversación acercó más a las dos, Marta vio con desagrado el acercamiento que estaba teniendo Silvia con Raúl, había algo en Raúl que la hacía sospechar. Pero la verdad sea dicha, siempre se había portado bien con las chicas del grupo. Marta empezó a fijarse en todo lo que hacían Silvia y Raúl, ella misma se decía que parecía una acosadora, pero no podía evitar sentir que Raúl haría un daño irreparable a Silvia. Raúl siempre anduvo detrás de Marta, sin que esta le diera coba alguna, pero esta vez aprovecharía esta coyuntura para que Raúl se sintiera importante y bajara la guardia.

A Marta le llegaron rumores de que algunas del grupo se estaban acostando con Raúl a espaldas de Silvia, eso hizo que entrara en cólera, intercepto a una de sus amigas a la salida del instituto y le increpo.

• ¡Dime que lo que se rumorea no es cierto! – Marta echaba humo.

• Es todo cierto, Raúl folla con todas, menos contigo y no sabes lo que te pierdes.

• Está saliendo con Silvia, es vuestra amiga, ¿cómo le podéis hacer eso?

• ¿Amiga?, la toleramos porque es tu hermana, pero desde que llego acaparo a Raúl y a algunas no nos gustó.

Marta decidió marcharse antes de cometer una locura, estaba decidida a contárselo a su hermana, pero llego el fatídico fin de semana que todo lo cambio. Fueron a una discoteca donde Raúl bebió más de la cuenta y cuando se quedó solo junto a Marta, se fue de la lengua. Este empezó a contar que trabajaba para un hombre con mucho poder y este reclutaba chicas para cerrar negocios con clientes de mucho poder adquisitivo.

• ¿Para qué me cuentas esto, Raúl?

• Mi jefe ha puesto su mira en ti y en tu hermana – riéndose.

• ¿Te has vuelto loco?, ni Silvia ni yo nos prestaremos a eso – cada vez más enfadada.

• Hablas como si tuvierais elección.

• ¡Sabes lo que voy a hacer, ir a denunciarte a la policía!

• Podrías hacerlo, pero primero échale un vistazo a esto.

Raúl manipuló su móvil y le enseño a Marta dos documentos que tenían la firma de sus padres. Años atrás hubo una riada, el seguro no quiso hacerse cargo, uno de los clientes le comento a sus padres que conocía a una persona que podría ayudarles con las reparaciones. Sus padres desesperados llamaron a ese hombre y por un precio muy asequible les realizo la obra, lo que ellos no sabían es que aquel hombre utilizo aquella obra para blanquear dinero.

Marta temblaba con ese documento en las manos, entonces mirando a Raúl le dijo.

• Quiero hablar con tu jefe en persona.

• Eso está hecho, Raúl se frotaba las manos.

Marta quería hablar con Silvia, pero Raúl le dejo claro que eso tendría consecuencias. Dos semanas tuvieron que pasar hasta que el jefe de Raúl se puso en contacto con ella, lo hicieron en una habitación de hotel. Cuando Marta llego el jefe de Raúl le había preparado una copa que Marta rechazo sin ninguna sutileza.

• Raúl me ha comentado que quieres hablar conmigo – dijo aquel hombre.

• Lo aré, pero mi hermana se queda fuera de esto – dijo Marta, categórica.

• Porque debería aceptar, por las dos pagarían mucho dinero, además yo tengo las pruebas, ¿qué me ofreces? – pregunto el jefe de Raúl.

• Te quedarás el cien por cien del dinero que paguen por mí, también me encargaré de descubrir las fortalezas y flaquezas de todos esos posibles clientes.

• ¿Estás segura?, estás rechazando mucho dinero.

• Mientras mi hermana quede fuera de esto es suficiente para mí.

Silvia tenía cogida la mano de Marta, las dos lloraban, Silvia pensó que su hermana era una cabrona envidiosa y resulta que se había estado sacrificando por ella, durante mucho tiempo.

• Porque nunca me contaste nada, siempre nos lo contábamos todo Marta.

• Esta vez no podía, si se enteraban, mamá, papá y tú estaríais en peligro.

• Por eso planeaste lo de Raúl, ¿verdad?

• Así es, aquel hombre no iba a cumplir su palabra, terminaría abordándote para obligarte como hicieron conmigo.

Silvia se tumbó junto a Marta que lloraba copiosamente, entonces esta siguió con el relato. Durante los primeros meses, respetaron el acuerdo, dentro de este entraba que Marta se dejara follar por Raúl, de esa manera se aseguraban que Marta no tendría un ataque de conciencia. Todo cambio, una noche que salieron todos a divertirse, Raúl se encontró con un conocido en la discoteca, se pasó hablando con ese hombre durante una hora, después se acercó a Marta.

• Este hombre es un posible futuro cliente que le hará ganar mucho dinero a mi jefe.

• A mí eso que más me da – dijo una cortante Marta.

• Os quiere a las dos, esa es su última palabra.

• A mí eso me da igual, llegamos a un acuerdo y más os vale respetarlo – mientras Marta le cogía de los huevos para apretárselos.

• Al jefe le va a dar igual el acuerdo, él siempre se sale con la suya, tendrá a Silvia por las buenas o por las malas – mientras se retorcía de dolor

• No me puedes dar más asco.

Marta salió al exterior, tenía que pensar en algo para alejar a Silvia de aquella ciudad y lejos de las garras del jefe de Raúl, la única manera que se le ocurrió que no levantaría sospechas era que su hermana le pillara con las manos en la masa, Marta lloro durante media hora de rabia, iba a perder a la mejor persona que había conocido por la ambición de algunos hombres sin escrúpulos. Decidió que hablaría con una de sus amigas para que esta se pasara por el restaurante de sus padres y creara una duda en Silvia.

La conocía bien y sabía que esa misma tarde pasaría por el picadero de Raúl, Marta había hablado con Sara y esta la vigilaría, en cuanto viera a Silvia esta le mandaría un WhatsApp para avisarle. Mientras Raúl se descargaba dentro de una asqueada Marta, esta pudo escuchar el sonido de la entrada del mensaje y calculando cuanto tardaría le dio conversación a Raúl, jamás olvidara la conversación con la que hecho a su hermana de sí vida y de la ciudad, por su bien.

• Marta, ¿por qué nunca me pediste salir?, sé que yo te guste desde siempre.

• Sabes lo que me gustan las pollas, porque atarme a una.

• ¿Y si tu hermana se entera?

• No te preocupes de mi hermana, ojos que no ven…

• Corazón que no siente, ¡verdad zorra!

• Silvia – gritaron los dos mientras intentaban tapar su desnudez.

• Sois en las únicas dos personas que había confiado en mi vida, ¡cómo he podido estar tan ciega!

• Silvia – dijo Raúl.

• Ahora iré a casa a recoger mis cosas, te recomiendo que te quedes aquí, porque si apareces por casa en estos instantes tu integridad podría peligrar, ¡me has entendido!

Marta recordó los instantes después de que Silvia se marchó dando un portazo, Raúl se quedó blanco como un folio, sabía que la había cagado y esto le traería consecuencias ante su jefe, a Marta todo le dio igual, como si decidían matarla. Hacer lo que hizo fue lo más duro que había hecho en la vida, Raúl se fue corriendo y ella se quedó tumbada en esa cama llorando hasta que las lágrimas se secaron. Desde aquel día Marta entro en una depresión que la estaba ahogando, no quería ver a nadie, siguió ejerciendo la prostitución para proteger a sus padres, pero lo hacía como un autómata, sin ningún tipo de sentimiento. De hecho, algunos clientes se quejaron, pero a ella le dio igual, si le quitaban la vida en ese momento le hubieran hecho un favor.

Silvia abrazaba con todo el cariño del mundo a Marta, lloraba con el relato que su hermana le estaba contando, jamás la traiciono, siempre velo por ella y eso haría ella. Estaría al lado de Marta hasta que se pusiera bien.

• Marta hay algo que no termino de entender.

• Dime.

• A ti no te gusta correr al volante, era una cosa que me sacaba de quicio, ha sido un accidente o han intentado matarte.

• No lo sé Silvia, lo único que sé, es que he perdido el control del coche yendo despacio en un tramo que conozco igual que la palma de mi mano.

Entonces la puerta se abrió y entraron los padres de Marta y Marcos. Este estaba hablando con alguien por teléfono, según dijo era su jefa. En dos días vendría para hablar con ella en persona, de momento había ordenado que la pondrían protección, Marcos pidió que revisaran el coche de Marta y los técnicos pudieron descubrir que el coche había sido manipulado, Marta estaba agotada, todos decidieron dejarla descansar, la que más le costó separarse fue a Silvia, no sabía como podría agradecerle todo lo que su hermana, había hecho por ella.

Los padres se fueron a una pequeña sala de estar, mientras Marcos y Silvia bajaron a la cafetería, mientras tomaban el café Silvia le fue contando a Marcos todo lo que Marta le había relatado, los dos se quedaron mirándose con la sensación de que habían sido muy injustos tanto con Marta y con Lorena. Marcos escuchaba estupefacto las acciones de su padre, era un monstruo, mucho más peligroso que muchos de los delincuentes que pasaban por el juzgado todos los días. Tenía que pararlo, no podía permitir que siguiera haciendo daño a más gente.

Ya había estado ciego durante demasiado tiempo, durante los siguientes días se pasaron todo el día en el hospital, intento ponerse en contacto con Lorena, para ver si se encontraba bien, pero su jefa se lo impidió, diciéndole además que fuera a buscarla al día siguiente al aeropuerto, quería hablar en persona con Marta. Marcos fue acompañado por Silvia, al verlos Laura los saludo muy sonriente. Se montaron en el coche de Marcos y fueron directo al hospital.

Cuando Marta vio entrar a Laura se quedó sin respiración, Marcos, que conocía bien a su jefa, no perdió detalle y se dio cuenta de que Marta no le fue para nada indiferente a Laura. Laura pidió hablar a solas con Marta, los padres de Marta decidieron salir del hospital y estirar las piernas, Silvia y Marcos bajaron a la cafetería.

• ¿Marcos se puede saber de qué te ríes?

• A mi jefa le ha gustado tu hermana.

• ¿Cómo dices?

• De hecho se fijó en ti, pero cuando vio que entre tú y yo había surgido algo decidió alejarse.

• Es una mujer guapa, seguro que a Marta también le ha gustado, pero me preocupa que eso la distraiga.

• Por eso no tienes que preocuparte, no la llaman la tiburón por nada, para Laura el trabajo es el trabajo y el amor es el amor, de hecho no hará nada hasta que todo termine.

• Muy seguro estas de que tu jefa se puede ligar a mi hermana.

• Ya me contarás.

Los dos rieron, eso aligero la tensión que llevaban soportando desde hace semanas, al rato Laura se presentó en la cafetería.

• Jefa se te ve muy contenta.

• Lo estoy, Silvia, tu hermana, es una mujer impresionante, durante este tiempo ha recabado información de vital importancia, si llegamos a juicio, será un testigo demoledor.

Marcos pensó que siendo su padre tendría que tener dudas, pero no las tenía, estaba seguro de que su padre tenía que pagar y pronto pasaría, algo que le hizo afianzarse más en esa idea.

UNAS SEMANAS MAS TARDE EN LA CIUDAD DE LOS PADRES DE MARCOS

La madre de Marcos tenía que salir ese fin de semana de la ciudad por negocios, se despidió de su marido con un beso y después de ir a la oficina para terminar de preparar toda la documentación se dirigió al aeropuerto. El vuelo lo tenía a última hora de la tarde, entonces decidió sentarse en una cafetería y relajarse hasta que le avisaran. Pasaron dos horas, el vuelo seguía cancelado, según parecía con el mal tiempo no podrían despegar, decidió llamar a sus clientes y contarles lo que había pasado para retrasar el viaje para la siguiente semana, estos no pusieron ninguna pega, entonces se acercó a ventanilla para ver si le podían cambiar el vuelo, le dijeron que si quería tenía una habitación en el hotel del aeropuerto cortesía de la aerolínea, pero ella lo declinó.

Pensó que prefería volver a su casa, para tener una noche romántica con su marido, una de esas noches que ya no habían vuelto a tener desde que Marcos nació. En el aeropuerto había tiendas de todas clases, una de ellas era de lencería, decidió entrar y echar un vistazo. Tal vez podría encontrar un conjunto para estrenarlo esa misma noche, encontró lo que buscaba, un juego de sujetador y tanga semitransparente de color negro, sé lo probo y se veía arrebatadora, se relamió al pensar lo mucho que su marido lo disfrutaría.

Pago y fue rauda a recoger su coche, llamo a su marido, pero este no contesto. Seguramente estaría en su despacho enfrascado con alguno de sus negocios, cuando entraba en su despacho perdía la noción del tiempo. No tardo en llegar, cogió la bolsa con la lencería metiendo el coche en el garaje, al salir de este vio un coche que no conocía de nada aparcado en la acera. Como había partido pensó que tal vez lo aparcaron ahí al no poder hacerlo en otro sitio.

Dejo de pensar en eso y saco las llaves para abrir la puerta, le sorprendió ver que la casa estaba oscura, sabía que su marido estaba dentro, porque la alarma estaba sin conectar, pero normalmente siempre dejaba la luz de la sala de estar encendida. Un mal presentimiento empezó a crecer dentro de ella y ese sentimiento se acrecentó cuando escucho ciertos sonidos al abrir la puerta, estos provenían del piso de arriba donde estaban las habitaciones. Se paró negando un par de veces, su marido no era capaz de hacerle esto, él la quería, pero por cada peldaño que subía esa seguridad se iba desquebrajando. Todo salto por los aires cuando llego a su habitación, la puerta estaba medio abierta, dentro de esta se encontraba una mujer que no había visto en toda su vida aferrada con todas sus fuerzas al jergón de la cama, mientras su marido se la metía con por atrás de manera salvaje.

Se echó las manos a la cara y al hacerlo las llaves que tenía en la mano y la bolsa se cayeron al suelo, la parejita dejo de follar. La madre de Marcos pudo darse cuenta de que esa chica era un poco mas joven que su hijo, entonces miro a su marido que intento vociferar una excusa. Una ira incontrolable empezó a crecer dentro de la madre de Marcos. Echando el brazo para atrás le dio un tortazo a su marido, este se tropezó por el impacto terminando por estamparse contra uno de los armarios.

No dijo nada mas, salió de la que hasta ese momento fue su casa y cogiendo el coche, salió disparada sin tener un rumbo fijo, solo quería estar al lado de la persona que mas quería, su hijo, al venirle su recuerdo no pudo contener las lágrimas, solo un abrazo de él podía consolarla.

Continuará.

Continúa en